Sobre Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).

Usando la psicohistoria, Seldon encontró el tiempo y el lugar adecuado para iniciar una nueva sociedad, una que reemplazaría al moribundo Imperio Galáctico en un periodo de mil años. La Fundación, originariamente llamado Términus, es un planeta enteramente habitado por científicos y sus familias. Inicialmente dedicados a confeccionar la Enciclopedia Galáctica, una enorme colección del Conocimiento del Imperio Galáctico que iba a desaparecer.

Como profesor ayudante de matemáticas en la Universidad de Helicón, Seldon visita Trantor para asistir como conferenciante a la Convención Decenal de Matemáticas. En ella presenta un artículo en el que se indica la posibilidad matemática de predecir, de forma teórica, el futuro del Imperio Galáctico. En un principio es sólo un “juego” matemático que plantea muchos problemas que parecen no tener solución, siendo la predicción práctica imposible. Sin embargo, poco después de su presentación, Seldon se ve envuelto en una persecución por las distintas fuerzas políticas de Trantor que quieren utilizar la psicohistoria para sus propio beneficio. Sufre  el exilio y recorre  los sectores del planeta, lo que le permite conocer la compleja y variada sociedad de Trantor. Durante esta huida recompila información sobre cómo puede convertir la psicohistoria en ciencia. Es donde conoce a su futura esposa Dors Venabili, su futuro hijo adoptivo Raych Seldon y su futuro compañero en la investigación de la psicohistoria Yugo Amaril.
En sus últimos años es cuando recibe el apodo de Cuervo por sus fatídicas predicciones del futuro.

En la Saga de la Fundación, la Era Galáctica empezó cuando el Imperio Galáctico se fundó (cuándo es una fecha desconocida, pero se supone que sobre los veinte mil años a partir de ahora). Es originario del planeta Helicón en el sector de Arturo. Su padre trabajaba en una planta hidropónica. De joven ya mostraba habilidades matemáticas. A la vez, aprendió las técnicas de la lucha de torsión que después resultaron serle de mucha utilidad en Trantor. Este arte marcial era muy popular en Helicón y parecía una mezcla equitativa de Jiu Jitsu, Krav Maga y lucha libre. Parece que Helicón es “menos notable por sus matemáticas y más por sus artes marciales.” (Preludio a la Fundación). Su biografía fue escrita por Gaal Dornick.

GlosarioPsicohistoria

Ciencia imaginaria creada por el escritor Isaac Asimov a finales de 1941 como base para su serie de la Fundación. La creación de la psicohistoria se presagia en un relato previo, HOMO SOL, donde la psicología era presentada como una ciencia matemática refinada. Asimov aplicó sus conocimientos sobre la teoría cinética de los gases (moléculas de un gas moviéndose al azar dan como resultado un comportamiento total predecible) a un escenario inspirado en la conocida obra de Edward Gibbon THE HISTORY OF THE DECLINE AND FALL OF THE ROMAN EMPIRE (HISTORIA DE LA DECADENCIA Y CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO), con un éxito tal que la serie de la Fundación se ha convertido en uno de los grandes clásicos de la ciencia-ficción mundial y en uno de los referentes básicos sobre Imperios Galácticos.

Al principio de FUNDACIÓN se nos presenta a Hari Seldon, matemático que predice a través de la psicohistoria no sólo el colapso del Imperio Galáctico, sino también un largo interregno de barbarie de 30.000 años. El plan de Seldon para disminuir el período de colapso a sólo un milenio tiene a la psicohistoria como herramienta predictiva fundamental. Los análisis psicohistóricos son en realidad análisis de probabilidad, aunque en muchos casos alcanzan casi el grado de certeza. La psicohistoria se fundamenta en dos axiomas:

    1. El análisis psicohistórico debe realizarse y es aplicable sólo a un gran número de individuos: la población humana de la galaxia, trillones de personas. Sólo así es posible un tratamiento estadístico válido. La psicohistoria no puede predecir el comportamiento de individuos aislados, igual que aún conociendo el comportamiento macroscópico de un gas no podemos predecir el comportamiento de una única molécula.

    2. Para que el análisis psicohistórico sea válido es necesario que el grupo estudiado desconozca las conclusiones del análisis; sólo así su reacción es realmente casual.

Uno de los puntos más interesantes de la psicohistoria, sobre el que Asimov hace hincapié constantemente, es el enfrentamiento entre el libre albedrío y el determinismo histórico. En varias ocasiones la psicohistoria es capaz de predecir el comportamiento de individuos aislados. Esto parece violar el primer axioma de la psicohistoria. Sin embargo, esas predicciones son consecuencia de lo que Asimov llama la mano muerta de la inevitabilidad social, las tendencias sociales y económicas sobre las que la psicohistoria basa su análisis.

Otro punto destacable es que la psicohistoria no puede predecir acontecimientos fortuitos, por cuanto no pueden deducirse de las variables económicas y sociales. De esta manera, el plan de Seldon se enfrenta a la posibilidad del fracaso con la aparición del Mulo, un mutante que por propia naturaleza es algo impredecible, y por su naturaleza un factor de cambio poderoso. De nuevo se trata del enfrentamiento entre la teoría del líder como motor del cambio social contra el determinismo y la inercia de la sociedad.

© Jacobo Cruces Colado, 6 de noviembre de 1999

La “arrogancia galáctica” de Isaac Asimov

La trilogía de la Fundación (Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación) forma parte de un más amplio “ciclo de la fundación” a su vez englobado en la “saga de la fundación“. En total, unos 16 volúmenes escritos entre 1942 y 1992. Es cierto que el estilo predominante en la saga resulta algo deslabazado y prosaico, que escasean las descripciones detalladas, que los diálogos no pasan de ser modestamente funcionales, o que apenas se encuentran grandes pasiones amorosas, pero no es menos significativa la peculiar ceguera que tradicionalmente han mostrado muchos “críticos literarios” para captar el meollo dialéctico de la narración y terminar despistándose en los lugares más accesorios de la trama. Por eso creo que merece la pena acercarse a sus claves filosóficas, científicas e históricas desde una perspectiva que excede con mucho a la crítica textual o “literaria”.

La Fundación es una institución científica apoyada por un hipotético Imperio Galáctico futuro que contiene unos 20 millones de sistemas estelares administrados desde su centro político en Trántor. Hari Seldon, el principal “psicohistoriador” (el término “psicohistoria” tal y como lo emplea Asimov tiene, por cierto, un significado muy diferente a la “psicohistoria” académica), predice el fín del Imperio y el inicio de una era de barbarie de treinta milenios, que podrían acortarse gracias a un plan elaborado con las leyes psicohistóricas:

Es una predicción hecha por las matemáticas. No hago ningún juicio moral. Personalmente, lamento la perspectiva. Aunque se admitiera que el imperio no es conveniente (cosa que yo no hago), el estado de anarquía que seguiría a su caída sería aún peor. Es ese estado de anarquía lo que mi proyecto pretende combatir. Sin embargo, la caída del imperio, caballeros, es algo monumental y no puede combatirse fácilmente. Está dictada por una burocracia en aumento, una recesión de la iniciativa, una congelación de las castas, un estancamiento de la curiosidad…y muchos factores más. Como ya he dicho, hace siglos que se prepara y es algo demasiado grandioso para detenerlo.

Fundación

Para asegurar el éxito del plan, Seldon establece dos Fundaciones, una a cada extremo de la galaxia. La primera está esencialmente centrada en los presupuestos físicos y tecnológicos de las ciencias naturales (en particular, la energía atómica), mientras que la segunda, la más importante, tiene que ver más con las “ciencias del espíritu”, que la imaginación del autor convierte en ciencias del poder mental, incluyendo facultades bastante extraordinarias e incluso “extracientíficas” vistas desde nuestro paradigma. Aquí, por cierto, aparecen esos límites siempre borrosos entre el género fantástico y la ciencia-ficción; de hecho, Asimov llega a introducir la hipótesis Gaia en Los límites de la fundación, otra idea que está muy lejos de reunir el consenso científico.

No puede pasarse por alto la fecha de publicación de las primeras novelas de la fundación, situadas más o menos en los inicios de la guerra fría, cuando el orden mundial comenzaba a dividirse nítidamente entre el poder de dos imperios alternativos a ambos lados del telón de acero. En este contexto de posguerra, y en plena ansiedad atómica, no era muy previsible un orden geopolítico independiente de la pax imperium. El universo administrado por Trántor se ordenaba en torno a este centro capaz de irradiar su influencia cultural, económica y militar hacia todos los puntos de la galaxia, una especie de trasunto ficticio de la Roma imperial (de hecho, el principal punto de referencia histórico empleado por Asimov es Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, de Edward Gibbon). Fuera de este escrutinio imperial, parecía que sólo podía vislumbrarse anarquía.

Las influencias recibidas por las principales corrientes políticas de la época se dejan notar tanto en el diseño de la “psicohistoria” como en la estructura política del Imperio Galáctico. Por ejemplo, la pretensión del “Plan Seldon” de acortar los años de anarquía resulta ser virtualmente paralela a las visiones marxistas de una furura sociedad socialista precedida por una fase de anarquismo inicial donde, como solía recordar Popper, los revolucionarios serían capaces únicamente de “aliviar” los dolores del parto histórico. Asímismo, las crisis del Plan recuerdan también a las “crisis” del capitalismo pronosticadas por Marx y sus discípulos desde mediados del siglo XIX al penúltimo momento crítico de los mercados asiáticos en 1998.

Es interesante advertir la similitud de la “psicohistoria” con las principales tesis del romanticismo y el idealismo alemán. Al fín y al cabo la propia futurología del materialismo histórico resultó de una suerte de “vuelta del revés” del espiritualismo romántico, en donde los individuos también desaparecían dentro de la gran substancia universal: “Las fuerzas más profundas económicas y sociológicas no son dirigidas por hombres aislados”. Para los románticos, las individualidades históricas sólo eran singularidades en el sentido de que sabían dinamizar un “espíritu de la época” que les desbordaba. Para Hegel, esta substancia se identificaba con el Espíritu Objetivo, allí donde los marxistas hablaban del proletariado como “clase universal”. Como el “científico” hegeliano, Seldon y la psicohistoria son capaces de desvelar los contenidos de la providencia, si bien aún se reserva un pequeño margen de “libre albredrío” a los individuos (a la manera como el jesuita Luis de Molina creía poder salvaguardar la libertad individual, sin perjuicio de la “ciencia media” del creador).

El “Plan Seldon” es, en resolución, una obra monumental de ingeniería política guiada por la “ciencia mental” (con una religión “straussianamente” controlada por la clase dirigente), cuyo propósito consistía en desarrollar un tipo de civilización completamente diferente a cualquiera establecida hasta el momento y -ante todo- que jamás hubiera podido surgir espontáneamente. Una suerte de arrogancia galáctica proyectada después del final de los tiempos (modernos), aunque también podría considerarse la culminación ficticia de las utopías positivistas del siglo XIX.

Hari Seldon: entre Hegel y ¿Leo Strauss?

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