Circular hoy por los medios de comunicación es una montaña rusa del mal gusto. De no darle bola a la falta de un submarino con 44 personas adentro, al morbo de preguntarle a un familiar cómo le va a contar a sus hijos que su padr e probablemente esté muerto en el fondo del océano. Sin escalas.

Mejor cerremos todo

Viernes, 24 de noviembre, 2017

Circular hoy por los medios de comunicación es una montaña rusa del mal gusto. De no darle bola a la falta de un submarino con 44 personas adentro, al morbo de preguntarle a un familiar cómo le va a contar a sus hijos que su padre probablemente esté muerto en el fondo del océano. Sin escalas.

No sabemos qué pasó esta semana, pero sí sabemos bien qué es lo que pasa desde hace años. Y como ahora se nos llenó de doctores en submarinismo de la Universidad de la Cadorcha con maestrías en “Tengo un conocido” y “Me lo contó Fulano” que llenarán los canales, las frecuencias de radio, los portales y las tarlipes, me limitaré a hablar de otro aspecto que debería solucionarse de una vez por todas: qué queremos de las Fuerzas Armadas. A la hora de querer reducir el gasto público los políticos no son de ponerse muy de acuerdo, así que vengo a proponer dos alternativas sobre el mismo problema que lo solucionaría de raíz. Opción A: Queremos tener Fuerzas Armadas que funcionen como tales. Opción B: No las queremos y procedemos a cerrarlas.

Comencemos por la Opción B, que a algunos les puede parecer antipática, a otros les generaría un orgasmo ideológico, pero a todos nos debería resultar coherente con nuestro pasado reciente. El primer paso ya fue dado hace tiempo cuando se decidió que cualquier zapato podía estar al frente de los destinos de las Fuerzas Armadas. Desde que a Galtieri se le dio por nombrar a un abogado como ministro de Defensa, hemos tenido al frente de la cartera militar a nueve bogas, tres economistas, un licenciado en administración, un periodista –sí, un periodista–, un médico familiar de un presidente –sí, un médico familiar–, y tres ingenieros. Una tenía idea de cómo funcionaba un arma, otro había ocupado cargos durante la última dictadura y el resto había visto militares en los desfiles.

Obviamente, no es necesario hacer como Estados Unidos, donde el 80% de los secretarios de Defensa han servido en alguna rama de las Fuerzas Armadas. O Rusia. O China. O Japón. Muchos de los países desarrollados tienen políticos en la cartera de defensa. Políticos que se rodean de tipos que saben. En el peor de los casos, políticos que saben que un auto necesita combustible para ponerse en marcha. Con saber elegir el equipo que te va a rodear, alcanza. Pero ni esa tenemos en cuenta. En la última designación, se puso a Aguad al frente de Defensa y éste se rodeó de un gabinete que incluye al ex presidente del Banco Ciudad y una ex diputada sin otro antecedente que una larga carrera municipal en Córdoba. Arquitectos en Ciberdefensa, Ingenieros Agrónomos en Emergencias, todo ideal en la cartera de un funcionario que llegó después de haber tenido una gestión mediocre en el ministerio de Comunicación. No sabía de una, no sabía de la otra. Pero en la otra nadie le presta atención.

El curriculum de Aguad no es la excepción. Fajarlo a él hoy no es injusto, pero tampoco abarca la dimensión real de una larga cadena. Hace mucho tiempo ya que la política ha tenido dos formas de comportarse: o castiga a las Fuerzas Armadas de hoy por sucesos de hace cuatro décadas en los que buena parte de la política de hace cuatro décadas también participó y que, en un país que dice ser republicano, se resuelven en la Justicia; o directamente las ignora.

Por ello es que propongo, humildemente, la Opción B: Que cierren todo.

El mecanismo es sencillo. Candados, tapias, cadenas. Se cierran todas las guarniciones y se manda a todo el mundo a la casa a seguir cobrando el sueldo de por vida. No es complicado, ya que en Argentina tenemos experiencia en eso de pagar a cambio de nada. Incluso es económico el asunto, verá: la parte del desmantelamiento ya fue llevado a cabo con laburo de hormiga durante 35 años.

La medida también es honesta, ya que es una forma de blanquear que no queremos tener Fuerzas Armadas, que no nos interesa tener Fuerzas Armadas, que hasta nos tiene sin cuidado un Comandante en Jefe en joggineta porque al menos pone la cara. Fue tanto el sufrimiento de las dictaduras y tantas las ganas de alejarlas de la política que nos olvidamos para qué fueron creadas las Fuerzas Armadas. Los medianamente informados de la sociedad se dividen entre los que entienden el valor de unas fuerzas de defensa, los que creen que es mejor no tenerlas, y los que prefieren tenerlas con fines decorativos morbosos, como putearlos, o recordarles que son genocidas aunque hayan nacido en 1995, y cosas por el estilo.

A nivel político sucede algo similar. Incluso en la última semana fuimos testigos de ese extraño caso de quien quiere tener a los militares en una vidriera y, al mismo tiempo, gritaron a los cuatro vientos que nuestra soberanía estaba siendo atropellada por la presencia de aeronaves y buques británicos y norteamericanos. Cultores de la educación de la historia que se les antoja, no dijeron nada de los barcos brasileños, y eso que tuvimos una guerra de tres años en la que perdimos una provincia y media. También está el extremo de la izquierda nacionalista que, evidentemente, pretendía ir a buscar un submarino a bordo de un pan relleno guiado por la tecnología de una fotocopiadora. Pero no son ellos y su 5% del padrón electoral lo que preocupa, sino el otro 95% que de las Fuerzas Armadas sólo les importa los brindis de fin de año, los hermosos desfiles, lo bien que se quedan firmes los granaderos, y, de vez en cuando, lo duchos que son para practicar la inteligencia interior.

Obviamente, no se puede dejar pasar el notable rol que han tenido los sucesivos Jefes del Estado Mayor Conjunto y los titulares de cada una de las Fuerzas Armadas, quienes han transitado la democracia en un hermoso péndulo que va desde el planteo golpista hasta la complicidad silenciosa y a veces aplaudidora. Ya ni puedo hablar de permanencia por vocación de servicio, porque con la situación que tienen las Fuerzas hoy, que quieran llegar alto sólo se explica desde la complicidad o la incapacidad de ganarse en la calle el dinero suficiente para tener un secretario que les cebe mate. Hay excepciones tanto en las personas como en intentos de reequipar que terminaron en parches, pero cuando uno escucha casos como el de José Oscar Gómez, desplazado de la Armada por Nilda Garré tras denunciar corrupción en los talleres donde se reparaba el ARA San Juan, se pregunta qué hicieron el resto de los jefes más allá de atornillarse al sillón. Y peor aún: se pregunta en qué mierda pensaban cada vez que autorizaban un nuevo viaje.

Los manejos que han hecho con la reparación de submarinos me exceden, pero viendo lo bien que les fue reparando los ferrocarriles, no hace falta demasiado análisis para suponer que José Gómez tiene algo de razón. Del mismo modo que un tipo no tiene intenciones de matar a nadie al cruzar un semáforo en rojo, pero lo hace, a esta altura habría que crear una nueva figura penal llamada Terrorismo Culposo: no tuvieron la intención de generar una catástrofe pero al chorearse todo la causaron. Es algo más que el Estrago, es el miedo generalizado a que nos pueda pasar cualquier cosa por confiar en que funciona algo respaldado por el Estado.

No logro comprender desde la razón qué les pasa por la cabeza a los que hoy tienen estas cosas a su cargo y autorizan que sigan funcionando sin inspeccionarlas. Yo no me subo a una escalera mecánica que haya sido reparada por el kirchnerismo, quiero creer que ya estarán chusmeando cómo funcionan los reactores nucleares de De Vido, ¿no? Del mismo modo, quiero creer que se va a investigar qué pasó con las denuncias que se hicieron sobre el laburo que celebraron por cadena nacional el 27 de septiembre de 2011. Bien nuestro: investigar qué paso con una investigación.

Argentina es el país que menos porcentaje de su Producto Bruto Interno destina a las Fuerzas Armadas. Peor aún: destina menos de la mitad de su PBI que el país que le sigue en la región. De ese dinero, la inmensa mayoría se va en sueldos. Y es una situación que no ha cambiado en décadas. Hace un par de meses, no más, un Decreto autorizó emitir deuda para comprar doce aviones norteamericanos para entrenamiento. Se llegó a una gestión diplomática para que Argentina libere el pago de la tercera cuota y se frenó el resto del modestísimo proyecto de reequipamiento por falta de presupuesto.

El resto, históricamente, lo que no está podrido, se vende. En el predio que ocupaba el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 General Belgrano en La Tablada, hoy contamos con un supermercado. En Villa Martelli tenemos una feria que nos mostraba un avión que no volaba, un dinosaurio de papel maché y una fiesta de stands de infraestructura puestos por un tipo que hoy escribe cartas desde una cárcel federal. Un predio enorme que dio origen a la localidad de Los Polvorines hoy es un parque. En el Regimiento de los Patricios pusieron dos hipermercados. Hoy están los terrenos en venta para levantar más edificios, a ver si en una de esas conseguimos atraer habitantes que permitan convertir este páramo desértico llamado Buenos Aires en una ciudad.

Por eso pido que cierren todo. Pero todo, eh. Acaben con la lenta agonía, bajen la bandera. Ni siquiera es necesario un debate para abordar la necesidad de hacerlo.

Y como sabemos que nunca el Estado procederá al ahorro de una partida presupuestaria sobrante porque nadie atenta contra su naturaleza, les tiro ideas a la casta política: la comisión especial de las Buenas Intenciones, donde se pueden montar veinte secretarías repartidas entre el Congreso, el Ejecutivo, el Poder Judicial y organizaciones no gubernamentales para la coordinación de los deseos de qué nos gustaría que pase en un mundo idílico en el que la gente no se caga a tiros por un kilo de merca, donde no hay faltantes de recursos, donde el terrorismo no asesina adolescentes en recitales, ni atropella turistas, ni vuela embajadas, ni ocupa países enteros donde terminan lapidando a las mujeres por putas, ahorcando a los putos por putos, decapitando a los judíos por judíos, a los cristianos por cristianos, y al resto por hereje. Reservemos en esa comisión un lugar para la Secretaría de Agradecimiento Internacional, para canalizar nuestras palabras cada vez que alguna superpotencia internacional superior militarmente a nosotros como Estados Unidos, Reino Unido o Chile nos salva el culo por nuestra impericia y abandono.

Clausuremos. Que los aviones que quedan vayan a decorar alguna plaza, que los buques se conviertan en paseos para atraer turistas, y que los campos aún disponibles del Ejército se conviertan en tierras disponibles para levantar más edificios en un país sin lugar para construir viviendas. O más cultivos en una patria que no tiene terrenos cultivables. De paso, auditamos las ventas y acabamos con el curro inmobiliario de algunos ministros y generales con los que todos se hicieron los boludos. Ese sería un negoción: chau gasto en el Ejército y bienvenida recaudación de más impuestos. [Aprovecho, de paso, para aclarar algo: No es contradictorio pedir una baja de impuestos y un aumento en el gasto en Defensa. Contradictorio es que alguien que curra del Estado formando parte de una casta privilegiada con miles de asesores, salarios imposibles y jubilaciones indignantes, desconozca que una de las excusas para que los pueblos se organicen en Estados fue la garantía de la defensa conjunta. Ese es un rol primario del Estado que te mantiene, querido amigo biempensante]

Vuelvo. Después de 35 años de finalizada la última dictadura y a casi tres décadas de los alzamientos carapintadas, con todos los militares repartidos entre la parca y el Servicio Penitenciario, ya podemos cerrar todo. Es hora de blanquear qué es lo que queremos y de obrar en consecuencia. Que las cierren. Y a bancarse las consecuencias. Y si las consecuencias nos parecen insufribles, entonces tengamos Fuerzas Armadas de verdad. Así como están, son un gasto al pedo que encima nos generan angustia y mantienen en vilo a un país siempre acostumbrado a tragedias que nunca se resuelven. Es como el tipo que se compra un auto porque hay que tener un auto y no le da el cuero para mantenerlo: se queda sin frenos y se lo pone de sombrero, se mata o mata a otros. Si no lo querés mantener, no lo tengas.

Sé que algunos sueñan con una humanidad sin ejércitos, sin guerras y sin fronteras, pero Lennon murió cagado a tiros. El mundo es una mierda, siempre lo ha sido, y los deseos de paz mundial son una meta inalcanzable aunque queramos lograrla cantando tomados de la mano bajo un arcoiris de organizaciones no gubernamentales sostenidas por todos. Por eso habría que reconsiderar la Opción A: Las Fuerzas Armadas en forma son necesarias. Lo contrario es suponer que disolviendo la policía vamos a lograr que desaparezca el delito, o que clausurando hospitales no habrá más enfermedades.

No pretendo unas Fuerzas Armadas capaces de conquistar Rusia en invierno ingresando por Siberia, pero si algo ya nos quedó claro desde hace años es que no somos capaces de frenar una invasión ni a hondazos. Así que propongo que ahorremos vidas humanas en tiempos de paz poniendo las cosas en forma.

O que cierren todo.

Publicado por Lucca
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Batalla entre Cambiemitas y Liberalotes…que paso? Ya eliminamos a los Peronchos de la Tierra Argenta?…miren que los Orcos están simplemente recuperándose…y pueden volver…no gastemos polvora en tonterías…

La propaganda antipolítica de los liberalotes

Los economistas para quienes ningún ajuste alcanza subestiman el problema social y las dificultades que enfrenta el Gobierno

Fernando A. IglesiasFernando A. Iglesias
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PARA LA NACION

MIÉRCOLES 22 DE NOVIEMBRE DE 2017

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Un cuarto de siglo de votar mafiosos para que se hagan cargo de la política ha llevado a millones de argentinos a la creencia en su inutilidad. No. No a la creencia en la inutilidad de los argentinos que por un cuarto de siglo votaron mafiosos para que se hicieran cargo de la política, sino a la creencia en la inutilidad de la política; esa paparruchada que en países más venturosos se cuidan mucho de desdeñar.

Una parte sustancial de esta creencia se basa en la propaganda de una secta, la de los "liberalotes", para quienes todo gasto público es una infamia y un complot. No hay que culparlos. Abrumados por 15 años de cargas fiscales crecientes, choreos monumentales y desquicios generales de la corporación política, los liberalotes han sacado la conclusión de que todo gasto público es una iniquidad. Los abusos cometidos bajo el principio de que la política es digna y hasta heroica, y la economía, una diosa menor, los convencieron de invertir la ecuación. Para el liberalotista, la economía es una ciencia exacta y la política, una superstición.

De allí que los liberalotes propongan recortes draconianos del gasto social, despido de millones de empleados públicos y amputaciones generales del Estado. No importa si la pierna gangrenada o la cabeza. Ahora mismo. A como dé lugar. Son planes excelentes, dicen, que han dado maravillosos resultados en muchos países. Países unificados, claro, por una peculiaridad: la de no ser la Argentina. Países que no tienen un tercio de los habitantes en la pobreza, millones que sobreviven de subsidios, un gobierno que dispone de minúsculas minorías parlamentarias y el peronismo a cargo de los sindicatos y la oposición. No importa, sostiene el médico liberalote, en tanto levanta de la cama al paciente con insuficiencia cardíaca, le desconecta el goteo, le pone zapatillas y lo saca a correr mientras le explica que es la falta de ejercicio la que lo tiene así.

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Foto: LA NACION

Hay que dejar de mantener vagos, sostiene el liberalote. Y de tan justa afirmación extrae la conclusión de que hay que suprimir los subsidios ya. No se le pasa por la cabeza que de un vago suele depender una familia. Mucho menos calcula el enorme impacto de ese pequeño ahorro en el conjunto social: niños que dejan de comer o abandonan la escuela, incremento de las organizaciones piqueteras, ciudades copadas por turbas y más gente que sale de caño de la que ya hay. Si los liberalotes hicieran el cálculo completo en vez de leer por cuarta vez la misma novela de Ayn Rand comprobarían que el resultado total es negativo. Y si de veras creyeran en las cifras ya hubieran calculado que un gobierno que se cae no es el mejor instrumento para reducir el déficit fiscal. Pero no. El liberalote es jugador de ajedrez de una movida sola, el reverso de aquel que puso un cepo porque escaseaban los dólares, pero con doctorado en el MIT.

El liberalote da conferencias sobre eficiencia y competitividad, pero si no logra juntar cuatro mil fichas para constituir el partido liberal que la Argentina necesita la culpa es del sistema solar. Es fácil detectarlo por su obsesión central: el endeudamiento insostenible. Cinco minutos después de explicarnos el fracaso de la Unión Soviética por un único factor -la superioridad intelectual del mercado respecto de cualquier burócrata- el liberalote nos explica que el mercado internacional de capitales se equivoca cuando le presta a la Argentina a tasas cada vez más bajas en lugar de hacerle caso a él, que anuncia el apocalipsis final.

¡La reforma fiscal es insuficiente!, proclama. ¡Esto puede explotar! Ni se le ocurre que el paquete de reformas tiene que pasar por un Congreso en el que Cambiemos dispone de un tercio de los diputados y un quinto de los senadores; y en el que el peronismo es la oposición. Es que el negocio del liberalote es ocuparse de economía política desconociendo la mitad que le desagrada de la ecuación. Por eso aplica en sus recetas para el país lo opuesto de lo que recomienda en las empresas. Si alguien lo consultara diciendo: "Mi compañía tiene un gran potencial pero un sistema de gestión horrible", el asesor liberalote le recomendaría contratar mejores administradores para absorber lo mejor que ofrece el mercado pagando más que la competencia. Exactamente lo contrario de lo que propone para el país: bajar sueldos y suprimir ministerios. No digo que no haya que hacerlo. Digo que al hacerlo habría que evitar empeorar el horrendo sistema de toma de decisiones argentino haciendo que los más capaces huyan al sector privado, como sucede desde 1923.

El liberalote no consigue dormir pensando en lo que gana -digamos- Sandra Mendoza, pero no se da cuenta de que es lo mismo que gana -digamos- Elisa Carrió. Por el contrario, la vota. La votan sin agradecerle que gane mucho menos que -digamos- Jorge Lanata, o de lo que ganaría si pusiera un buffet. Nos votan porque sí, y nos insultan luego, sin pensar que existen infinidad de abusos injustificados en la política argentina, pero ese no es un buen motivo para meter en la misma bolsa a los mafiosos y a los que combatieron a la mafia que se robó el país. Nos votan sin pensar que un diputado gana como un ejecutivo del sector privado aunque su exposición y responsabilidades sean mucho mayores. Nos votan y después de votarnos nos desprecian sin comprender que la carrera política tiene un piso alto, pero un techo bajo; motivo por el cual el Presidente gana 173.000 pesos por mes. Bastante menos que un piloto de avión.

El liberalote no es malvado, sino necio. Como votó a Cambiemos, pretende que Cambiemos sea liberalote y se indigna cuando se da cuenta de que no. Su doctrina se basa en los beneficios sociales del interés individual, pero exige que sus representantes se comporten como Mahatma Gandhi. Y le duele la herida reciente, la del kirchnerismo, mientras que la anterior, la del "Para qué queremos políticos si tenemos a los militares", se le chispoteó. Porque le convenía, dirán ustedes, ya que sus abuelos se dejaron la democracia en un tanque de Videla y sus tíos se olvidaron la república en la butaca de atrás del Menemóvil.

Tiempos pasados, ciertamente. Pero aunque cree en la democracia, el moderno liberalote piensa que el Poder Legislativo es una dilapidación. Con el Ejecutivo, basta y sobra, piensa. Tocqueville y Berlin se desmayarían, pero no es culpa del liberalote. Es que 12 años de estropicio populista han liberalotizado al país. Un país en el que nadie propondría bajarle el sueldo al piloto del avión al que se va a subir, pero en el que el pedido de que los senadores ganen menos que los camioneros es un hit nacional.

Mientras esto sucede, las empresas asesoradas por liberalotes siguen subiendo salarios y benefits de sus ejecutivos. Es que en un mundo de altísima productividad la toma de decisiones constituye el problema principal para toda empresa, explican los liberalotes. Lo que no explican es por qué este principio no se aplica al país. Lo que no explican es por qué ganar una banca como diputado significa someterse a revisiones de cuenta preventivas cuando falta más de un mes para la asunción. Al liberalote ni se le ocurre que ofende. Que ofende a los honrados y no a los chorros, que no viven de sus dietas sino de las rentas ilícitas miles de veces superiores que les provee su posición. Y menos se le ocurre que el efecto inevitable del "todo-es-lo-mismo" y de la prédica antipolítica es que el Congreso se llene de Sandras Mendoza mientras huyen, espantadas, las Carrió.

Diputado electo por Cambiemos

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Respuesta de un "Liberalote" al diputado Fernando Iglesias.

Esto es para contestar a Fernando Iglesias y su nota sobre los “Liberalotes” que es como nos llama a todos los que somos liberales.

Ante todo separo a Iglesias entre persona y personaje. Como persona me consta que es muy buen tipo, a pesar de ser un “cascarrabias” pero es leal, honesto y extremadamente preparado académicamente

Yo le contesto al personaje que tanto le gusta usar y a la vez de quien, con cada vez más frecuencia, se transforma en su esclavo.

Iglesias dice que no se puede aplicar soluciones liberales en argentina porque no es un país civilizado.

Pifie de par a par.

Todos los países “civilizados” de hoy tienen gastos públicos grandes. Desde Estados Unidos a Francia tienen estructuras burocráticas inmensas, sin hablar del gasto militar bancado por emisión de deuda y corporaciones políticas tan solemnes y rimbombantes que parecen monacales.

Pero el camino a la civilización de los actuales “civilizados”, valga la redundancia, no fue a través de ganar récords mundiales de presión tributaria, primer puesto que hoy ostenta Argentina. Mucho menos fue con un déficit fiscal de casi 10 puntos del PBI, cuando 4 puntos se considera “alto”, también primer puesto mundial en manos de Argentina. Muchísimo menos llegaron a la civilización manteniendo la segunda inflación más alta del mundo.

Solucionaron todos esos temas en forma preliminar antes de empezar el camino a la civilización.

Hoy los “liberalotes” como nos llama Cambiemos o “liberaludos” como nos llamaban los kirchneristas, no proponemos cerrar el estado. Al menos en mi caso, nunca termine de leer a Ayn Rand porque me desespera del aburrimiento la forma en que escribía. Lo que me gustaría que se haga es cambiar esta Argentina corporativa, lo mismo que supongo que Iglesias votó en 2015.

Iglesias es humanista, básicamente todo lo contrario que existe filosóficamente al fascismo. Sin embargo su personaje empezó a defender el corporativismo heredado del desastre anterior. Su actual discurso de status quo, al menos el de su personaje, es el mismo que el de los sindicatos, las cámaras, la iglesia católica y por supuesto el 100% de la corporación política.

Ajustar el estado más deficitario del mundo no se trata de “gustos”, ideologías o ganas, es una responsabilidad u obligación de quienes lo gestionan.

Pero vamos más allá y cedamos ante el “gradualismo” propuesto y encarado por este gobierno, supongamos que dado que hay margen para tomar deuda podemos suplir esta situación de todo un país pagando un estado inmenso e ineficaz por la solución lenta de apostar por un crecimiento sostenido por al menos una década para bajar de 10 puntos del PBI de déficit a un 4. Bien, ese plan tampoco se empezó a cumplir por ahora. Porque estos dos años se incrementó el estado de Kiciloff, no se disminuyó en lo más mínimo.

La reforma del estado no llegó, y la nueva reforma tributaria habla de un achique del 0,5 antes de que llegue al congreso, por lo que probablemente y siguiendo la línea de los últimos 70 años, ese achique quedará en la nada y estaremos ante una nueva suba del gasto luego que pase por esa maquina drogadicta de pedir mas recursos.

Iglesias cuando se refiere a los liberales nombra a los “tanques de Videla”, como hacían y hacen los kirchneristas. En la misma línea pide que armemos un partido como requisito para opinar. Hoy en este mundo globalizado, del cual Iglesias es un fuerte militante (al igual que yo), las ideas que imperan son las liberales, no necesitamos hacer un partido argentino porque nuestras reglas de prosperidad fueron tomadas por el mundo civilizado y bajaron la pobreza como jamas se ha visto en la historia. Y no a "golpes de estado" sino a golpe de liberar las funciones que crean riqueza.

Esta discusión trata de ir hacia un estado moderno, pero no “el estado moderno neoliberal que produce pobreza y muerte” como Iglesias, los comunistas y el flagelo ideológico pre kirchnerista llamaban a las flamantes experiencias post caída del muro, donde nadie era especialista en gobernar tras la caída de “Dos mundos” absolutamente diferentes. Fue un escenario único en la historia y ahí la que funcionaba era la experimentación.

Hoy un estado moderno tiene la estructura de los estados modernos de 2017, no los de 1991. Mostrar algo obsoleto del pasado como alternativa para poder mantener el status quo actual es temerario.

Hoy, los estados modernos (los bálticos, Nueva Zelanda, Australia, Singapur, Chile, incluso Peru) no proponen darle de comer a un monstruo enfermo, lo dejan morir para crear un “monstruito” que no haga daño, que su ambición por vivir de los que producen y de los que consumen este atenuado a lo mínimo.

Argentina decidió en esta nueva experiencia seguir alimentando una monstruosidad enferma que se niega a morir porque sus órganos vitales son las corporaciones que destruyeron un gran país como Argentina. Esos órganos hoy serán más críticos, más coherentes, más educados, incluso más honestos como Iglesias, que es intachable en ese rubro, pero “a la fine” son órganos de ese monstruo. Y aparentemente se niegan a cambiar por un monstruito domesticado, que exista, pero que deje al resto vivir sin ser devorados.

Los liberalotes o liberaludos no somos el problema actual, nunca lo fuimos, de hecho los años más prósperos de argentina coinciden con los años que gobernamos al país. Somos la solución, pero a un gran costo para Iglesias y las corporaciones y un enorme beneficio para el pais dentro de este mundo moderno. Lo positivo es que esto se empezó a discutir, en esto si cambiamos.

Publicado por No Envidies en 6:09

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El apaciguamiento refuerza a los violentos y abandona a los pacíficos, a los que sólo les queda cruzar los ded os.

ENTREVISTA

Ayaan Hirsi Ali

"Fomentar el islam es independizar a Cataluña de Occidente"

    • CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO
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  • 20 NOV. 2017 08:18

MIKEMYERSPHOTO

146comentariosVer comentarios

"La palabra islamofobia silencia a los occidentales acomplejados"

"¿Cómo es posible que la izquierda haga causa común con los peores reaccionarios?"

No pudimos conversar en persona. La intelectual más crítica con el islam acaba de tener un bebé. Oculta. Blindada. Vive así desde que rompió con su religión. Nacida en Somalia, sufrió el fanatismo en carne propia. Literalmente. Su padre le impuso una boda y ella se fugó. Acabó de diputada en Holanda. Su socio fue asesinado y ella, amenazada de muerte. Pero no se arredró. Ahora vive en EEUU, donde en nombre de los valores de la Ilustración defiende una reforma del islam. Y de Occidente.

La reacción política y mediática al atentado de Barcelona fue: "No criminalicemos al islam. El islam es una religión de paz". ¿Lo es?Cada vez que contesto esta pregunta pienso: "Uf, estoy perdiendo el tiempo". Casi nadie está dispuesto a escuchar. ¡Pero insistiré!

Le agradezco.La clave es distinguir entre los musulmanes y el islam. Entre personas e ideas. Hay 1.500 millones de musulmanes. Por supuesto, no todos son fanáticos ni misóginos ni violentos. Los musulmanes son tan diversos entre sí como cualquier otro presunto colectivo: cristianos, judíos, mujeres, gays, hombres heterosexuales blancos… Y la inmensa mayoría son pacíficos y tolerantes. Otra cosa es el islam. El atentado de Barcelona es la expresión del islam político. Sus autores fueron fieles al Corán. Siguieron exactamente las consignas de la segunda etapa de la vida de Mahoma.

La que transcurrió en Medina.Eso es._La vida de Mahoma tiene dos fases. Primero vive en La Meca. Funda una religión como la entendemos ahora en Occidente. Predica la paz, la piedad y la caridad. Es un guía moral. Pero luego se traslada a Medina, donde elabora un modelo político. Fija la imagen de una sociedad ideal. Dicta cuál debe ser la relación entre dios y el individuo. Entre el marido y la mujer. Entre el creyente y el no creyente. Y dice algo crucial: el califa tiene la obligación de convertir al no creyente, aunque sea mediante el uso de la violencia. Por tanto, el imam que radicalizó a los jóvenes de Barcelona era un fiel seguidor de Mahoma y de los textos sagrados del islam. Los terroristas que cometieron el atentado, también. El uso de la violencia no les convierte en heterodoxos ni locos ni descarriados. El culto de la violencia y su justificación están teológicamente sancionados. El islam, a partir de Medina, ya no es una religión de paz

¿Y en qué se distingue el islam del cristianismo?La analogía es utilísima. Primero: imagínese que la vida de Jesús hubiera tenido dos etapas: la pacífica y la militarista. Los cristianos tendrían que rechazar explícitamente la segunda fase o repudiar el referente entero. Segundo: el cristianismo tuvo sus cruzadas, su Inquisición y su confusión entre política y religión. Pero los cristianos han aceptado que su religión es sólo una de tantas. Han separado la política de la fe. Y son pacíficos. Este viaje es fruto del pensamiento crítico: un resultado liberador de la Ilustración. Primero en Europa y luego en Estados Unidos, todo el cristianismo fue sometido a escrutinio: la Biblia, el Viejo Testamento, el Nuevo, la figura de Moisés, la de Jesús… Se analizó qué parte era religión y qué parte, política. Y se las separó. Nada de esto ha sucedido con el islam. A lo largo de los siglos, han surgido reformistas. Pero han sido silenciados. Incluso asesinados. Este rechazo radical a una crítica honesta y constructiva del islam continúa. A los reformistas nos llaman herejes y nos persiguen. Desde un punto de vista puramente intelectual, el problema no es difícil. Lo que lo complica es la actitud de la izquierda occidental: los progresistas están encantados de hacer la disección y crítica del cristianismo y otras religiones, pero con el islam no se atreven. Callan. Y silencian.

Cataluña es la región de España con más musulmanes. Los gobiernos nacionalistas han promovido su inmigración por motivos políticos. Y, como en muchas partes de Europa, bendicen la creación de mezquitas y centros islámicos.Eso es una locura. Si los nacionalistas catalanes siguen favoreciendo la inmigración musulmana y la creación de infraestructuras islámicas acabarán teniendo una Cataluña independiente no ya de España sino de Occidente. De la modernidad, la paz, la tolerancia y las libertades civiles. En EEUU sufrimos la misma fiebre de las políticas identitarias. Es suicida. Estamos no ya permitiendo sino directamente financiando el dawa.

¿Dawa?Dawa es el proceso que desemboca en la yihad. Si te identificas con el Mahoma político debes seguir sus pasos: viajar de La Meca a Medina. Emigrar para colonizar otra comunidad. Una vez allí, debes establecer una vanguardia. Eso hizo Mahoma. Predicó e invitó a la gente a sumarse al islam. Eso es, literalmente, dawa: la llamada al islam. Esta llamada tiene un límite temporal: llamas y llamas y llamas. Si el no creyente atiende tu llamada, bien. Pero si no la atiende, debes recurrir a la acción militar. A la violencia. Así es como el dawa da paso a la yihad.

Los terroristas de Barcelona eran prácticamente adolescentes. Fueron radicalizados en muy poco tiempo y en el marco de su propia comunidad.Es habitual. Los musulmanes Medina, los que siguen al Mahoma político, penetran en las comunidades con facilidad. Son hábiles. Captan primero a las familias. Muchos padres temen que sus hijos adolescentes puedan meterse en líos -drogas, alcohol, la influencia negativa del grupo- y ven con alivio y gratitud que los imanes se ocupen de ellos y los saquen de las calles. En 1985, cuando yo vivía en Kenia, aparecieron los Hermanos Musulmanes. Mi madre estaba encantada de que hubieran captado a mi hermano, que había abandonado el colegio y tenía malas amistades. Le tranquilizaba que fuera a un centro islámico y a la mezquita. No era consciente de que su hijo podía acabar en la yihad.

¿Y el adoctrinamiento cómo se produce?La fuerza de la doctrina se infravalora. Esto es delicado: ser musulmán significa aceptar que Mahoma es un guía moral perfecto. En los centros te dicen: «Mahoma dijo, Mahoma dijo… Tú debes hacer como él…». Y pocos jóvenes tienen la madurez, los conocimiento o la fortaleza para contestar: «Lo dijo en el siglo VII; sus lecciones ya no son válidas». A una baja capacidad de argumentación se suma una elevada exigencia de obediencia. En las escuelas islámicas no se permite cuestionar nada. Es la anti-educación; el dogma. Y funciona. Y no sólo con varones jóvenes. También con las mujeres, a las que se les incita a renunciar a sus derechos. Y muchas lo aceptan voluntariamente. No hay nada más importante que el pensamiento crítico. La libertad intelectual. El temperamento o el aprendizaje de la duda. Eso fue lo que me salvó a mí.

El terrorismo islámico es nuestra principal amenaza. Pero ni siquiera nos ponemos de acuerdo en cómo nombrar a su principal agente. ¿Estado Islámico? ¿DAESH?El término DAESH pretende separar la violencia del islam. Nos lo ha impuesto Arabia Saudí, nuestro presunto mejor amigo y el gran promotor del dawa. El que financia sus infraestructuras. El que entrena a los imanes en la vía Medina. Y el que difunde su ideología. Es como si la Unión Soviética hubiese adiestrado a los americanos sobre cómo luchar contra el comunismo. Estados Unidos acepta las lecciones de Arabia Saudí por consideraciones políticas. Es decir, por su dependencia del petróleo.

Esa es la parte cínica de Occidente. Pero también está el apaciguamiento. Dos detalles sobre el atentado de Barcelona. El Rey de España puso un tuit que decía: «Son unos asesinos, simplemente unos criminales.» Luego hubo una gran manifestación. El texto final lo leyeron una actriz y una musulmana con velo. La única referencia al islam fue la siguiente: «Sabemos que el amor acabará triunfando sobre el odio. Ni la islamofobia, ni el antisemitismo, ni ninguna expresión de racismo ni de xenofobia tienen cabida en nuestra sociedad».Se protege al islam de toda crítica y se ataca una islamofobia testimonial o incluso inventada… Es un fenómeno habitual en Estados Unidos, Canadá y muchos sitios de Europa. Y el resultado es un divorcio entre la élite y la gente corriente. Porque la gente corriente aplica el sentido común. Ven que los terroristas invocan explícitamente el islam como motivación para sus asesinatos. Ven que invocan el nombre y el ejemplo de Mahoma. Que gritan abiertamente: ¡Allahu Akbar! Que imprimen banderas con el lema del ISIS, que por cierto es el mismo de Arabia Saudí: «Confieso que no hay otro dios más que Allah». En cambio, las élites -los políticos, los medios de comunicación, las grandes corporaciones, ¡hasta los reyes y reinas!- coinciden en la impostura. Intentan ocultar la realidad porque la consideran políticamente incorrecta. No querer que se les acuse de atacar al islam. No quieren reconocen que buena parte de los inmigrantes son musulmanes. No admiten que han permitido -y siguen permitiendo- la creación de infraestructuras de radicalización en sus propios territorios. No quieren ni siquiera debatir sobre la vertiente política y violenta del islam. Viven en un gran teatro: «El terrorismo no tiene nada que ver con islam; islam es paz…» Viven en la mentira. Y la difunden.

A veces a un coste electoral.El crecimiento de la ultraderechista AfD en Alemania es una advertencia clara. También la fuerza de Wilders en Holanda. O episodios dramáticos como el ocurrido en Inglaterra, donde un individuo cogió una furgoneta y la empotró en una mezquita. Los poderosos deben quitarse la mordaza de la corrección política. Si siguen como hasta ahora, habrá más radicalización y más violencia. Hay que encarar la batalla ideológica sobre el islam. Para Europa el asunto clave es la inmigración. Yo no soy contraria a la inmigración. Pero me parece una irresponsabilidad histórica que se permita a personas instalarse en un país sin pedirles que a cambio asimilen los valores propios de la Unión Europea: la libertad individual, el pluralismo, la tolerancia. Las élites europeas creen que el simple contacto con Occidente acabará convirtiendo a los inmigrantes musulmanes en hijos de la Ilustración y ciudadanos modelo. No es verdad. Los datos revelan que los musulmanes se radicalizan más dentro de la propia Europa que fuera.

En su último libro, Heretic, hace un llamamiento enfático a los progresistas occidentales.Yo apelo al egoísmo altruista de los progresistas. Les advierto: «Si me quitan a mí el derecho a hablar libremente estarán poniendo en riesgo su propio derecho a hablar libremente». Pero también denuncio su hipocresía. Les digo: «Ustedes, que disfrutan de la libertad, que dicen defender los derechos humanos y a las minorías, que se proclaman paladines de la igualdad de la mujer… ¿cómo es posible que hagan causa común con los peores reaccionarios, con gente ultraconservadora, machista y homófoba? Ayúdennos a nosotros para que también podamos disfrutar de la libertad.» Pero la hipocresía de la izquierda en torno al islam está prácticamente blindada.

En España, hay un partido, Podemos, cuyos dirigentes compatibilizan las lecciones de feminismo con el patrocinio de IránLa izquierda exhibe una sórdida tolerancia ante la intolerancia. Es el resultado de una combinación de factores. Tendencia natural al apaciguamiento. Defensa del colectivismo. Desprecio por la libertad individual. Miedo a que les llamen racistas. Miedo -incluso físico- a la confrontación. Es decir, un falso pacifismo. Y sobre todo una hostilidad profunda hacia Occidente y sus valores. Se ve en las universidades americanas. La mezcla de postcolonialismo, postmodernismo, multiculturalismo y relativismo ha provocado un socavón intelectual y moral. En_Estados Unidos y en Europa, las minorías se han convertido en tiranías a costa de la primera minoría, el individuo.

Y los islamistas lo saben.Por supuesto. Le doy un ejemplo: el presidente de Turquía, el señor Erdogán. Su objetivo es islamizar Occidente. Conoce nuestra debilidades intelectuales y culturales. Nuestra obsesión con las identidades. Nuestra white guilt, culpa de hombre blanco. Y las explota sin pudor. ¿Cómo? Promoviendo por el mundo el concepto de islamofobia. La palabra islamofobia sirve para callar la boca de los occidentales acomplejados.

¿Y qué consecuencias tiene todo esto para la seguridad? La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, causó indignación al afirmar que las medidas de protección sugeridas por las agencias de Seguridad -los bolardos¬- «coartaban la libertad». Las consideraba represivas y una señal de intolerancia.El desprecio a la seguridad es una actitud narcisista y suele acabar en lágrimas, porque opera sobre una presunción de invulnerabilidad que choca con la realidad. Y la factura de la realidad la pagan los ciudadanos. Con sus vidas. Con la primera libertad.

En la derecha se está produciendo una reacción identitaria al identitarismo de la izquierda: el Frente Nacional. Brexit. El propio Trump. ¿Qué opina de él?Bajo Obama, el relativismo, el posmodernismo y las políticas identitarias crecieron exponencialmente. La victoria de Trump es una reacción contra todo aquello. Un voto de protesta. Nadie ve a Trump como un salvador. Lo han votado como una forma de advertencia al establishment. Y es fundamental que el establishment reaccione. Hay que bajar a la tierra. Hablar con la verdad. En lo que se refiere al Islam, lo que la gente pide es una discusión sincera. Sobre su faceta política e ideológica. Sobre su íntima vinculación con la violencia. Sobre la utilización de la inmigración para exportar un proyecto totalitario. No es una demanda difícil de atender. Difícil es crear cientos de miles de empleos. Difícil es levantar un muro en la frontera con México. Pero abrir una conversación cultural sobre el islam político es fácil. Y urgente.

Esa conversación no asoma por ningún lado. Al contrario. Cada vez se habla más de la identidad. La última polémica: unos reivindican la Confederación, racismo incluido. Otros derriban estatuas y reescriben la historia.Esa es la penúltima polémica. Cualquiera que siga las noticias ahora en Estados Unidos creerá que un tercio de los americanos son transgénero. Es un debate artificial, hinchado. Las políticas identitarias lo han copado todo. Lo han politizado todo. Y especialmente la universidad.

También está el ejemplo de James Damore, despedido de Google por redactar una nota interna sobre la política de la empresa de discriminación a favor de las mujeres.Otro disparate. Pero Google es una empresa privada. Puede contratar o despedir a quien quiera. La universidad es otra cosa. En la universidad hay que aprender a debatir, confrontar puntos de vistas, respetar y ejercer la libertad intelectual. Pero ahora impera la censura. Los alumnos se gradúan con ideas fijas y dogmáticas. Salen al mundo laboral, incluso se incorporan a la administración, creyendo que las personas que tienen opiniones distintas de las suyas son inmorales y deben ser silenciadas o erradicadas. Esto socava la calidad del debate público y político. Y fomenta la polarización. Es una espiral destructiva para la democracia.

¿Y qué se está haciendo para frenarla?Empieza a haber una reacción. Una organización de alumnos ha generado un debate sobre la financiación de aquellas universidades que fomentan la intolerancia. Ya hay un primer caso: la Universidad de Evergreen, en el estado de Washington. Echaron a un profesor -de izquierdas, por cierto- porque se negó a secundar la idea de sus alumnos de fijar un «Día sin hombres blancos». El profesor advirtió, con razón, que eso era racismo y lo echaron. El escándalo saltó a los periódicos nacionales y ahora las matriculaciones han caído en picado.

¡Día sin hombres blancos! Extraordinario.Necesitamos asignaturas sobre el individuo y la ciudadanía. Sobre la Constitución americana. Sobre la civilización occidental. Otra paradoja: hay un movimiento fuerte contra la Confederación y cualquier asomo de segregación racial. Pero a la vez todo el debate público -incluido el movimiento anti-Confederación- contribuye a la segregación. La gente es identificada y por tanto segregada según su aspecto, género, religión. Míreme a mí. Bajo un enfoque identitario yo soy un compendio de minorías: mujer, negra, musulmana, apóstata… Pero no. Yo soy mucho más que todo eso. Soy un individuo. Una ciudadana. Y sobre todo no soy una víctima. Tengo libertad y responsabilidad.

Una liberal clásica.Sí, liberal en el sentido europeo. El emocionante acierto del liberalismo clásico es que se fija en el individuo. No se detiene en el sexo, la raza, la ideología o la religión de una persona. Lo único que le importa es la condición humana. Y la capacidad de las personas para comprender y compartir ideas y experiencias con otras. Y lo primero que compartimos es el deseo de libertad. Y la primera libertad que anhelamos y debemos defender es la libertad frente a cualquier intento de coerción. Esto es una verdad y un valor universal, en Namibia o en Minnesota.

La ley natural: nuestro anhelo de libertad.De ahí la fuerza del liberalismo clásico. Su relevancia y atractivo frente a cualquier ideología religiosa o secular. Los liberales clásicos debemos combatir todos los colectivismos. Señalar la radical debilidad de sus postulados. Y lograr que cada vez más personas los rechacen. En lo que afecta al islam, esa es nuestra misión: hacer un dawa de la libertad antes de que nos sometan al dawa de la sharia.

Usted fue sometida a una ablación de niña y lleva años denunciando esta práctica. ¿Con qué resultado?Mi experiencia contra la ablación es que es más fácil obtener el apoyo de la cadena Fox que del New York Times. La condescendencia de muchas mujeres de izquierdas con la mutilación genital es insólita. Recuerdo una conversación con una periodista de gran prestigio del Times. No había manera de que llamara mutilación a la mutilación. Buscaba eufemismos. Y justificaciones. Lo consideraba la expresión de «una cultura». Esta actitud esconde un fondo de racismo: ninguna mujer blanca occidental sometería a sus hijas a una mutilación genital.

Dice que el Islam necesita una Ilustración. Pero la Ilustración tuvo lugar hace tres siglos. Y el islam no se ha dado por enterado.Y los occidentales se han olvidado… Los herederos de la Ilustración han dejado de promover sus ideas y valores. Se han vuelto relativistas. Y tienen pánico a ofender a los que no los comparten. No se dan cuenta de que esos valores no son mejores porque sean suyos, sino porque son los que hacen posible la libertad, la felicidad y el bienestar de todos los seres humanos. Dicen: no tenemos derecho a imponer los valores de la Ilustración. Es exactamente al revés: a lo que no tenemos derecho es a considerar que la libertad, el pluralismo y la tolerancia son patrimonio exclusivo de Occidente.

Insisto. Usted compara los musulmanes reformistas con los disidentes del comunismo: Sájarov, Havel, Solzhenitsyn. Pero ellos no pretendían reformar el comunismo sino acabar con él. ¿No será que el problema es la religión en sí?La religión es un problema, sí.

¿Cuál es ahora su relación personal con la religión? ¿Es creyente?No. Presido una organización que lleva mi nombre con la que intento que musulmanes escépticos se unan y trabajen juntos por la reforma del islam. Ya no soy hostil al islam, como en los años 2008 a 2010. Entonces creía que la reforma era inviable, que no había nada que hacer. Pero he matizado mi visión de las cosas. Ahora creo que la reforma sí es posible. Si distinguimos entre las personas y las ideas veremos que cada vez son más los musulmanes que rechazan la sharia, la yihad, la cultura de la muerte y la obediencia acrítica a Mahoma. Con el tiempo, la reforma se hará: o separamos la religión de la política, Meca de Medina, o al final todos los musulmanes se volverán agnósticos, incluso ateos, o migrarán a otra religión.

Salvo el de Salman Rushdie o el suyo, los nombres de los reformistas apenas se conocen.Hay muchos y valientes. El problema es que la mayoría escriben en lenguas minoritarias, como el holandés o el danés. Los gobiernos occidentales debería promover la traducción de sus obras.

Volvemos al principio: los gobiernos no quieren hacer nada que pueda ser considerado un ataque a una religión que profesan 1.500 millones de personas.Por eso hay que insistir en la distinción: no es un ataque a los musulmanes sino a una idea. Una idea que incluye la misoginia, la dominación y la intolerancia. Eso es lo que debemos explicar. Para que el Rey de España, por ejemplo, estuviera cómodo al decir después de una matanza terrorista: «Esto es lo que yo condeno. Esta idea. Esta idea reaccionaria, misógina e intolerante». Podemos repetir mil veces: «Islam es paz, islam es paz, islam es paz…». Pero es como decir: «Abracadabra». Pensamiento mágico. No hace que el islam se convierta. El apaciguamiento refuerza a los violentos y abandona a los pacíficos, a los que sólo les queda cruzar los dedos.

¡Rezar!Quizá no literalmente.

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Quiénes orquestaron la creación del mito de “la desaparición forzada” desde el minuto 1. Qué intereses e scondieron. Cómo se organizó el gran engaño que le vendieron al mundo entero

OPINIÓN

Quiénes y cómo utilizaron políticamente la muerte de Maldonado

Por Luis Gasulla 22 de octubre de 2017

Entre las PASO y la elección de este domingo 22 de octubre, Argentina sufrió los vaivenes de un caso que estremeció a la sociedad. Nunca antes, como en los últimos 78 días, parte de la clase dirigente mostró sus miserias y utilizó a un joven desaparecido, para ganar una elección.

Los datos científicos señalaron que el cuerpo hallado el martes pasado en el río Chubut era Santiago Maldonado. Sin signos de violencia, posiblemente, su cuerpo estuvo más de 70 días en el mismo lugar en el que perdió la vida. Este portal adelantó, hace 45 días, que Maldonado podía haberse ahogado. No sabía nadar. Dato que nadie quiso advertir. Desde los testigos y supuestos compañeros de sus últimos días en este mundo hasta las autoridades de un gobierno que –al igual que la justicia- tuvo impericia para resolver un intrincado caso que conmocionó al país.

Lógica Binaria. Malos y buenos.

Nunca como en estos días, periodistas, comunicadores, políticos, dirigentes, militantes y una ex Presidente estuvieron tan hermanados por la convicción de que el Estado de Derecho había desaparecido de la noche a la mañana, llevándose a un joven llamado Santiago Maldonado. A pesar de que sólo existía un video que lo registraba el 31 de julio, día anterior a su desaparición, en el corte de la ruta 40, a la altura del Pu Lof, todos estaban convencidos de que a Santiago se lo había llevado la Gendarmería Nacional por orden de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich quien, a su vez, obedecía a Mauricio Macri.

No había cuerpo ni sangre, fotos, videos o pruebas del “violento accionar de los gendarmes”

Pero lo primero que se necesita para resolver un crimen, es un crimen. No había cuerpo ni sangre, fotos, videos o pruebas del "violento accionar de los gendarmes".Ni siquiera un herido de bala de goma. Diez días después, en los escuadrones de Gendarmería en Esquel y El Bolsón la búsqueda de rastros de ADN -cabellos o sangre- resultaba negativa. "Lavaron los camiones", gritaron los comunicadores de un canal de noticias en el que una de sus estrellas se lamentaba, detrás de cámara, de que el gobierno de Cambiemos hubiera pasado el agitado mes de marzo sin un solo muerto en las calles.

Pero ahora tienen su desaparecido (festejaban)

"Pero ahora tienen su desaparecido", festejaba delante de los caníbales irresponsables de partidos de izquierda que agitan el caos y juegan a la revolución con banderas negras con rostros de jóvenes asesinados en conflictos sociales. Cristina Fernández de Kirchner se olvidaba de "las víctimas del modelo M" y empezaba a preguntarse dónde estaba Santiago Maldonado. La preguntaba cruzaba los Andes, el Atlántico y la Puna.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

Nacía el mito del joven idealista perseguido y desaparecido por un gobierno neoliberal, fascista y de derecha

La cara del joven artesano resurgía en todas las remeras. Escogida, ingeniosamente, una fotografía suya, mezcla entre Jesús y el Che como definió la colega Teresita Dussart, nacía el mito del joven idealista perseguido y desaparecido por un gobierno neoliberal, fascista y de derecha. Un rostro que hacía imposible encontrarlo pues la fotografía estaba retocada y desactualizada. Vaya a saber por qué motivos, Sergio, su hermano mayor, compró desde el primer momento la versión de un sector minúsculo de los mapuches argentinos. Mapuches repentinos que dos años atrás salían a bailar en Palermo Soho, comían sushi, le cantaban el feliz cumpleaños a Cumbio mientras actualizaban su fotolog, se disfrazaban de tangueros o mostraban su rebeldía imitando a los británicos The Clash. "En el 2015 nos corrieron a nosotros, a Jones Huala nadie lo conocía",explicó en Ahora es Nuestra la Ciudad, Jessica Cayecul oriunda de la zona.

Si a Santiago le pasó algo en la protesta, Jones Huala es responsable (Jessica Cayecul)

Cayecul confesó algo imperdonable para muchos: "Si a Santiago le pasó algo en la protesta, Jones Huala es responsable". La familia de Cayecul reclamaba por sus tierras desde hacía décadas. No simpatizaba con ningún gobierno pero desconfiaba de la repentina revolución violenta de la familia de Facundo Jones Huala, detenido por el mismo juez Guido Otranto que había impedido su extradición al vecino país de Chile. Tan "promapuche" había sido el juez que el gobernador chubutense, Mario Das Neves, lo denunció por mal desempeño acusándole de ser "un oportunista de La Cámpora". Meses después, ante la tarea más difícil de su vida, Otranto cometió el pecado de decir la posible, triste y desilusionante verdad: "Maldonado pudo ahogarse".

El 12 de septiembre, Periodismo y Punto publicó el testimonio de un familiar de Santiago que recordó el día que casi se ahoga en unas vacaciones y dijo que no sabía nadar. Alicia Panero y Sebastián Turtora fueron los "canallas" que se animaron a contarlo.

Otranto cometió el pecado de decir la posible verdad: Maldonado pudo haberse ahogado

Pero esa no podía ser la verdad. No. Horacio Verbitsky alimentaba las afiebradas mentes que necesitaban alentar el odio hacia un gobierno opresor que "persigue al que piensa distinto" como denunciaba la mujer que se candidateaba a senadora para gambetear la cárcel y el fin de su interminable carrera política.

¿En qué se basaban? Se lo pregunté a Facundo Jones Huala en Liberman en Línea.Sus respuestas cayeron en slogans repetidos. "Quieren perseguirnos, gobiernan para los ricos, el pueblo se levantará contra estos fachos neoliberales, Santiago era un anarquista". ¿Pero cuándo y cómo se conocieron? Jones Huala jamás quiso responder esa pregunta.

A mediados de septiembre, el grueso del periodismo argentino había dictaminado que el Estado, por acción u omisión, era culpable. Lo discutí con varios colegas de renombre. Los gendarmes que ganan sueldos miserables no podían tener voz. Son contados los programas que relataron su versión. La mayoría sólo daba voz y voto a un pequeño grupo de mapuches que se habían adueñado del colectivo de los pueblos originarios. Matías Santana, o el joven que dice llamarse así, cambiaba su relato sobre la marcha. De la corrida hacia el río pasó a divisar con sus binoculares, que, después perdió, vendió o permutó (según su estado de ánimo), cómo golpeaban al compañero Santiago para subirlo a una camioneta de Gendarmería rumbo a Esquel. Santana es sobrino de Jones Huala, el único protagonista de esta historia que tenía un interés concreto en culpar al Estado y que conseguía lo que antes no había obtenido a pesar de protestas violentas, cortes de ruta, incendios de campos y delitos varios: presencia en los medios e instalación de su lucha. Nadie explicaba cómo un artesano había logrado ingresar al RAM y a una comunidad a la que sólo la familia Huala y un pequeño grupo de su extrema confianza pertenecían.

Todos ellos tuvieron, desde el primer momento, una aversión por la presencia de la justicia en esa tierra sagrada atravesada por un caudaloso y helado río Chubut. Lo más conveniente, para resolver un intrincado caso policial, es mirar y escuchar los dichos de los testigos en las primeras 72 horas.

Ariel Garzi es un personaje clave. Fue uno de los que posibilitaron que Maldonado estuviese casi tres meses desaparecido. Desvió la investigación en sincronía con los integrantes de la comunidad Pu Lof que recibían órdenes del detenido Jones Huala.

Garzi inventó que era un testigo de identidad reservada. Obvió mencionar que había estado detenido con el hermano menor de Huala, Nicolás. "La causa de los siete" –otros siete detenidos por disturbios varios que provocó el terror en el sur patagónico- estaba integrada por los hermanos Seguí, el "docente" Gustavo Jaime y la familia Huala.

Garzi posteó en Facebook que lamentaba que Santiago no hubiera podido atravesar el río a pesar de la ayuda de "Peque" –¿será el famoso arrepentido?- pero, aun teniendo esa información, relató otra historia ante el juez Otranto: a Santiago se lo llevó la Gendarmería. Al igual que los hermanos Seguí, Garzi era un ferviente simpatizante del kirchnerismo y tenía relación con el partido de Martín Sabbatella. Todos se conocían previamente al corte del 31 de julio y el del fatídico día siguiente.

Posteo de Ariel Garzi, amigo de Maldonado, en Facebook
Posteo de Ariel Garzi, amigo de Maldonado, en Facebook

El 27 de julio, fueron a ver a una banda musical en El Bolsón donde tocaban los Seguí. Allí dice haber visto, la docente Adriana Dory Baigorria, al joven artesano. Ella, junto con Fausto Jones Huala, Andrea Yanina Millañanco –pariente de un ex concejal del FPV y pareja del detenido Jones Huala- y Alejandro Morales Godoy, salieron del país en un Renault Sandero AA866ZB, rumbo a Chile. Ocurrió el 15 de octubre. Regresaron raudamente, dos días después, cuando les avisaron que alguien se había quebrado, dentro de la comunidad, y había informado dónde estaba el cuerpo sin vida de Maldonado. Es la información que tenía Elisa Carrió, por la que creía que el artesano podía estar en el país trasandino. Le habían vendido pescado podrido. La dirigente que buscaba a Maldonado con vida mientras otros hacían política con su desaparición y posible muerte, hoy desconfía de que la falsa información haya salido de su propio gobierno para deslegitimarla. Miserias de la irresponsable política local.

Garzi fue el autor de la llamada al celular chileno de Maldonado, un día después de que –según su posteo en Facebook- había visto como su amigo no había podido cruzar el río. ¿Para qué plantó esa llamada? ¿Participó en las pruebas introducidas en la comunidad mapuche como ropa que supuestamente Maldonado había usado en El Bolsón? ¿Quién es capaz de ir a buscar pertenencias de un amigo desaparecido a su casa ese 2 de agosto cuando nadie lo buscaba aún?

Garzi dice que escuchó, en 22 segundo de una llamada al celular de Maldonado, los pasos de botas de un uniformado

En esa única y primera llamada al celular de Maldonado, Garzi dice que escuchó, en 22 segundos, los pasos de las botas de un uniformado. La familia Maldonado no conocía a ese repentino amigo. Él sí conocía a Claudina Inés Pilquiman, mujer que declaró que un grupo de gendarmes cargaron un bulto a una camioneta. Los presentadores de C5N trataban de disimular las increíbles contradicciones que expresaban sus fuentes de información. Elizabeth Loncopan, la agresora de Otranto y protagonista de la toma de la municipalidad de Esquel, le contó a Víctor Hugo Morales que habían rastrillado la zona del río Chubut buscando a Maldonado pero … que se lo había llevado la Gendarmería. ¿Si se lo llevó, para qué lo buscaban en los primeros días de agosto en los márgenes del río? El plan de encubrimiento estaba en marcha…

Tengo que consultarlo con el CELS (Soraya Guitart, Pu Lof)

El lugar donde yacía Santiago sin vida, resultaba inexpugnable para el Estado argentino. Sin embargo, fue ese Estado el que lo encontró por la valiosa información recibida por parte de un integrante de la comunidad Pu Lof de forma anónima. El entorno de Jones Huala no quiso colaborar con el saliente juez Otranto ni con su sucesor. Soraya Guitart, referente de la comunidad elegida vaya a saber de qué forma, se negó a dar los nombres de los encapuchados que habían participado del corte del 1 de agosto y que, posiblemente, habían visto por última vez a Maldonado. "Tengo que consultarlo con el CELS".

Cristina Kirchner, compungida, en una misa por Santiago Maldonado
Cristina Kirchner, compungida, en una misa por Santiago Maldonado

El Centro de Estudios Legales y Sociales parece funcionar como un centro de inteligencia paraestatal, ideólogo de dudosas denuncias contra el gobierno actual, otrora condescendiente del democrático gobierno que integraban Sergio Berni, el proyecto X, César Milani, Jaime Stiuso y Fernando Pocino. Mientras que la progresía internacional –y gran parte de nuestro querido periodismo- debate si en Venezuela se violan los derechos humanos, en la Argentina se había decretado, desde el día 1°, que el Estado era responsable por la desaparición de un ciudadano argentino. A la misma conclusión arribó la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la Nación, Victoria Donda, desde el primer momento. Sus certezas no tuvieron el mismo peso ante la multiplicidad de denuncias contra Milagro Sala que escuchó, personalmente, de sus víctimas.

La mal llamada ideología no resuelve un crimen –haya o no existido. Se da de frente contra el sentido común que no comprende en qué le podía convenir a un gobierno que tenía ganadas las elecciones de medio término descubrir el cuerpo sin vida a cinco días de una votación trascendental. La falsa ideologización de nuestra profesión incitó a decenas de colegas a abrazarse a la teoría del Estado opresor y de una Gendarmería sedienta de muerte, equiparándola con las Fuerzas Armadas de Videla y compañía. Otra vez, los "buenos" de la sociedad, repitieron frases hechas y argumentos vacíos. Todo aquel que trató de informar, de cuestionar sus fuentes de desinformación, fue tildado de malnacido e insensible que no se ponía en el lugar de la familia de Santiago. Extraña compasión ante la víctima que durante 12 años no supieron o quisieron tener ante los muertos de la interminable "década ganada". Allí esperan respuestas Ledo, Alberto Nisman, Cromañon, Arruga, los inundados de La Plata, los caídos en la represión de los saqueos en Tucumán del 2013, los masacrados en el Parque Indoamericano o los 52 muertos en Once. Doble moral. La muerte de Santiago es el peor final. Para los que buscaron la verdad, sea quien sea el responsable y/o asesino, y para los otros, los que lucraron con él.

Artículo publicado originalmente en el blog del autor, Periodismo y punto

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“Como sucede después de los gobiernos autoritarios en los que todo es propaganda o secreto, se está corriend o el velo de muchos de los negocios de los últimos doce años”,

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