Progresismo = Ladri

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¿Es la izquierda esencialmente corrupta?

Análisis nº 187   |  17 de Mayo de 2007
Auto asignándose a sí misma un papel histórico y aún transhistórico, concibiendo a la derecha como la negación misma del progreso y aún de la misma paz, la izquierda se da a si misma la legitimidad de cualquier tipo de comportamiento con la seguridad de que, fuera de él, cualquier cosa que haga la derecha será incomparablemente peor.
Diríase que la misma pregunta ya presupone cierta respuesta, respuesta a todas luces injusta: la corrupción, el comportamiento deshonroso es independiente de la adscripción política del gobernante. Entendida como utilización para fines privados de los bienes públicos, la tentación está al alcance de cualquiera. Una visión desapasionada y desideologizada de la política sólo proporciona una certeza. ¿Existe una predeterminación política a la corrupción? De ninguna de las maneras. Pero esta constatación antropológica sencilla, no esconde un hecho evidente; hoy, el atento observador asiste con pasmo la vuelta de la corrupción con un gobierno socialista, y las comparaciones históricas se hacen inevitables y dolorosas. La pregunta acerca de la relación entre la corrupción y la izquierda española contemporánea no carece de sentido.
Partido Socialista Obrero Español; to p’al pueblo
En 1996 José María Aznar desaloja de La Moncloa a un gobierno socialista sumido en el pozo de la corrupción; catorce años separaban 1982 de la victoria del PP. Las hemerotecas muestran un torrente de corrupción bajo el mandato de Felipe González; la geografía del fraude se extendía desde el Banco de España hasta la Guardia Civil, la vicepresidencia del Gobierno, TVE, la Cruz Roja. En el peor de los casos, el del terrorismo de Estado, aquel que hizo retroceder el fin de ETA durante años, se robaba para matar y se terminó matando para robar. Desbocada, la corrupción económica, política e institucional recorría de lado a lado la administración de Felipe González.
El mantenimiento del poder durante un tiempo dilatado favorece la corrupción, enseñan los sociólogos; El poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente. Poder cualitativamente absoluto, cuando no existe potencia alguna que limite su capacidad; poder temporalmente absoluto, cuando cualquier otra potencia se ve desgastada por el paso del tiempo. ¿Cómo no convenir en que, a izquierda y derecha, el poder absoluto es la más evidente fórmula de corrupción? En 1996, catorce años de gobierno y mayorías absolutas parecían la causa de toda corrupción política. Pero toda teorización al respecto parece fuera de lugar cuando se observa la historia tal y como fue y no tal y como la sociología y aún el sentido común parecen indicar.
Cualquier recurso fácil a Lord Acton carece de sentido en lo relativo a la historia reciente de España; El 28 de octubre de 1982, el PSOE ganaba las elecciones, y el primer caso de corrupción ocurría menos de cuatro meses después. En febrero de 1983 se produce la expropiación de Rumasa, al glamoroso grito de “!tó p’al pueblo¡”. La expropiación, vía Decreto-Ley del Gobierno socialista, se producía en medio de un ambiente que después sería familiar en la España de los ochenta y los noventa; escuchas ilegales, utilización teatral de las fuerzas de seguridad del Estado, filtraciones a la prensa, escándalos judiciales.
La utilización con fines particulares de los mecanismos del estado, de las fuerzas de seguridad, la presión a la justicia, vendría acompañado del enriquecimiento de quienes se situaban junto al poder; en la reprivatización, “Galerías Preciados” era vendida al amigo de Felipe González Carlos Andrés Pérez por tres mil millones de pesetas, y  a los tres años revendida por más de cincuenta mil millones. En nombre del tó p’al pueblo, la corrupción se hizo real desde el principio mismo del mandato socialista.
¿Corrupción? Más bien “Asalto al poder”, certificaba Jesús Cacho en su célebre libro de 1998. Lo cierto es que, histórica y cronológicamente, la corrupción de los gobiernos socialistas no pareció consecuencia de un poder absoluto, sino parte esencial de éste. El asalto a los mecanismos del Estado y la corrupción económica, aparecieron ya desde el primer momento, desde que Alfonso Guerra defendiera la expropiación, desde el Gobierno y al margen de los tribunales, de Rumasa al grito de tó p’al pueblo.
¿Qué consecuencia sacar de ello, cuando en la primavera de 2007, Felipe González manifiesta su intención de hablar de la derecha? En 1992, el poder de Felipe González podía ser absoluto; en 1983 no lo era de ninguna de las maneras, y eso no impidió que la corrupción rodeara a su gobierno desde los primeros momentos. Lo cierto es que la corrupción acompañó al PSOE desde el principio, y no le abandonó hasta el final. Hoy,  con sorpresa, el expresidente reaparece diez años después para reivindicar su legado al grito de “nunca ordené matar ni siquiera a un hijo de perra”.
Más de veinte años después, Felipe González entra en campaña, cuando la historia se repite: ¿Cómo obviar que las hemerotecas hablan ya del año 2005 como el de las oscuras operaciones y reuniones secretas celebradas a la sombra de otro gobierno socialista? Un gobierno en minoría, dependiente tanto de Izquierda Unida como de ERC, y con un futuro electoral incierto no impidió las maniobras irregulares a la sombra de La Moncloa ya desde el principio: “la nueva beutiful de Zapatero ya estaba manos a la obra apenas unas semanas después de llegar al poder” (Jesús Cacho).
En 2005, como en 1982, el gobierno socialista ni  llevaba años en el poder ni gozaba de un poder absoluto. Eso no impidió que, a la sombra del gobierno de Rodríguez Zapatero, surgieran los casos de corrupción, como antes ocurrió con Felipe González. La experiencia histórica muestra una certeza insoportable para una concepción honrada del socialismo. En España, el asalto al poder y el asalto al dinero han corrido parejos en el caso de los dos presidentes del Gobierno. Y en ambos casos, la apelación ideológica como forma de huir de la realidad parece una constante.
La apelación ideológica y el regreso de González
La justificación de la izquierda ante la corrupción se convierte en una justificación estrictamente ideológica; recibe su sentido desde una concepción ideal de la historia, del hombre y de la política. ¡Tó p’al pueblo! se convirtió en los ochenta en la expresión castiza y popular de una venganza histórica contra el capitalismo, contra la especulación, contra la impunidad del rico. Una historia concebida en unos términos que en la campaña de 2007 aparecen como el pueblo contra los poderosos. Hoy, de manera menos zafia pero igualmente intuitiva y primaria, la izquierda justifica sus propios casos de corrupción acusando a la derecha de unos males peores, y postulándose a sí misma como el mal menor.
En plena campaña electoral de mayo de 2007, Felipe González, el presidente del gobierno bajo el que se cometieron crímenes horrendos, entra en campaña electoral en términos históricos, ligando la suerte de Rodríguez Zapatero a la suya propia;“Necesitamos una derecha más respetuosa y democrática, y para conseguirlo el PP ha de estar en la oposición. No aceptaron lo que ocurrió en marzo de 2004 lo mismo que no aceptaron los resultados de las elecciones de 1993, ellos creían que deberían haber ganado y los ciudadanos que no”. Advirtiendo de que el PP se escora hacia posiciones radicales, el expresidente habla de los casos de corrupción durante su mandato: “hubo casos de corrupción, pequeñas muestras de lo que estoy viendo ahora en los tinglados institucionalizados”(14 de mayo 2007)
“¿Tinglados institucionalizados?” Entre 1996 y 2004 los casos de corrupción que afectaron al PP fueron mínimos, no absolutamente –nunca lo son-, pero sí en relación a los que pudrieron las instituciones españolas entre 1982 y 1996. ¿A qué se refiere González cuando habla de corrupción institucionalizada? En términos concretos, no lo hace, porque lo que interesa al expresidente es alertar de un peligro histórico; “Pepiño Blanco no me deja hacer por mi cuenta una campaña por toda España para que yo vuelva a explicarle a los ciudadanos españoles de qué va lo que está haciendo está derecha”
Sin excesivos miramientos, Felipe González interpreta la historia en clave socialista. La corrupción política y económica de la izquierda palidece ante lo que es la corrupción histórica y política por excelencia, la de la derecha; la derecha que logra el poder antidemocráticamente (1996) y que cuando no lo hace se comporta antidemocráticamente (1993, 2004). Y más allá de eso, la derecha convertida en un poder de facto, al margen de las urnas amenaza siempre la estabilidad democrática. ¿Cómo defiende la honradez socialista el expresidente? Denunciando que los “corruptos, no de maletines, sino de contenedores de billetes, tengan el rostro de poner denuncias por corrupción”.
Felipe González denuncia la corrupción esencial de la derecha; pequeños pecados de la izquierda en relación con el pecado mortal de la derecha, que va más allá del PP, Aznar o Rajoy, y que apunta a su misma existencia. La derecha es antidemocrática, movida por intereses económicos siempre oscuros y por tanto esencialmente corrupta. El 3 de febrero, el presidente Rodríguez Zapatero había ya cerrado intuitivamente el círculo ideológico, del que desconoce lo fundamental pero que no le impide propagarlo. Atacando a la derecha y no al Partido Popular, advertía; “Ellos lo que quieren es vivienda libre, cara, como un bien únicamente de la especulación y del mercado”.
Ya en plena campaña, con sus asesores cercados por la corrupción, con las comprometedoras cintas de Ibiza resonando por las radios, Rodríguez Zapatero aborda en Valladolid (13 de mayo) el tema de la corrupción, para hacerlo en términos inequívocamente ideológicos: “Zapatero arremetió contra la gestión de la derecha en los ayuntamientos, donde “se construye todo y, a la vez, se destruye la ciudad y el medioambiente”, y contrapuso esta política a la Ley del Suelo aprobada esta semana en el Parlamento que, entre otras cosas reserva un 30 por ciento del terreno a viviendas de protección oficial y garantiza el respeto al patrimonio natural.
Criticó, por el contrario, la anterior ley “popular” en la que “todo el suelo era libre” y se construía “sin control, sin dirigir el desarrollo urbanístico racional”, lo que provocó que el precio de la vivienda aumentara “dos veces y media” y se dio el “mayor número de casos de especulación y corrupción urbanística que hemos tenido en este país (Agencia EFE, 13-5-07)
Intuitivamente, Rodríguez Zapatero enuncia la tríada progresista libertad-especulación-corrupción: la libertad de mercado conduce a la especulación, y ésta a la corrupción. En la era de Educación para la ciudadanía y Aquí hay tomate, no por simple y primitiva esta manera de razonar es menos ideológica. Establece un problema, la corrupción; una causa, la especulación; y una responsable, la derecha. Rodríguez Zapatero actualiza en clave electoral uno de los dogmas izquierdistas de todos los tiempos; la derecha es corrupta, porque el mercado conduce necesariamente a la corrupción a través de la especulación. Y en cuanto defensora del libre mercado, la derecha es culpable de corrupción en el más alto grado; una corrupción histórica y aún transhistórica, que une en una misma lógica a los propietarios de todos los tiempos, a los poderosos, a los ricos.
¿Y la izquierda? Sigamos a Héctor Guiretti (Cuadernos de Pensamiento Político, marzo 2004); “La derecha aparece originariamente como todo aquello excluido por la izquierda, sean ideas, hombres, instituciones o movimientos” Hoy, definiendo a la derecha como todo aquello que no es de izquierda, arrojada del paraíso progresista, para Rodríguez Zapatero no es que la corrupción sea de derechas, sino que si la derecha es la corrupción misma, la izquierda es la negación también de ésta.
Desengaño para ingenuos y alegría de desvergonzados, no hay nada que pueda hacer la izquierda que pueda considerarse estrictamente corrupción, en la medida en que ideológicamente la izquierda es su misma negación de la especulación y el libre mercado; ¿con qué derecho critica la derecha la corrupción de la izquierda cuando la historia de la humanidad es la historia del robo institucional ejercido desde la propiedad privada? , se pregunta el progresista convencido. ¿Qué más dá, -en ultimo término-, que Aznar saneara la vida pública, cuando su mismo gobierno, vía Prestige, Irak y 11M, es ilegítimo?, se pregunta el progresista; ¿acaso no hay relación directa entre los intereses económicos, el dinero y las mentiras y la guerra?, se pregunta el comunista que acompaña a Rodríguez Zapatero y González en las críticas a la derecha.
¿Acaso la voracidad liberal no va unida a la mentira? Ésta constituye otro de los pecados originales de la derecha, unida no sólo a la especulación, sino a Irak o al 11M: A la pregunta por el escándalo de la CNMV, de las comisiones en Ibiza y el asalto al BBVA, Rodríguez Zapatero y José Blanco responden con las mentiras de las armas de destrucción masiva y el 11M. A la pregunta por los maletines repletos de millones que circulaban entre los miembros de su administración, Felipe González responde hablando de contenedores de dinero, figura abstracta e ideológica, tan alejada de lo real que impide cualquier posible refutación.
La inocencia eterna de la izquierda
Convertida ideológicamente la derecha en especuladora y corrupta, limitada a ella en sentido propio la palabra corrupción, nada de lo que haga la izquierda en el día a día podrá compararse al pecado original de la derecha, el que se deriva de su propia naturaleza especuladora y por tanto corrupta. Una corrupción que arrastra desde el inicio de los tiempos, y que a los ojos del progresista la inhabilita para denunciar los escándalos de cientos o miles de millones. Puesto que la derecha es responsable de la corrupción en cuanto tal, ¿cómo condenar los pecados veniales de la izquierda cuando se hacen bajo la consigna de tó p’al pueblo?
¿Cómo escandalizarse ante las tramas oscuras de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno cuando éste tiene por misión instaurar la paz en España, hacer avanzar las libertades y los derechos ante la oposición de la derecha? La falta de paz, recuerda el Frente gubernamental, procede de la negativa de la derecha a establecer, en 1978, las reformas necesarias que Rodríguez Zapatero sí está dispuesto a abordar hoy; ¿con qué derecho, se pregunta el progresista, puede la derecha criticar el turbio comportamiento de la izquierda cuando ella misma es en sí misma corrupta y aún antidemocrática?
Lo cierto es que desde una concepción ideológica de la izquierda, cualquier pecado cometido por ella, desde la corrupción económica al crimen de Estado, resulta insignificante al lado del mayor crimen contra la historia que es el que comete la derecha; ¿qué no está permitido a la izquierda, cuando, como dice José Luís Rodríguez Zapatero, es ella la que hace avanzar la democracia ante la oposición de la derecha?
Auto asignándose a sí misma un papel histórico y aún transhistórico, concibiendo a la derecha como la negación misma del progreso y aún de la misma paz, la izquierda se da a si misma la legitimidad de cualquier tipo de comportamiento con la seguridad de que, fuera de él, cualquier cosa que haga la derecha será incomparablemente peor. ¿Cómo no cometer determinados actos cuando sabemos que, en cualquiera de los casos, será peor en manos del adversario?
La izquierda, la corrupción y la ideología
Estamos en condiciones así de volver al inicio; la pregunta del comienzo, ¿es la izquierda esencialmente corrupta? viene acompañada así por la pregunta acerca de su intensidad ideológica; ¿es la izquierda esencialmente ideológica? El progresista creyente en el cumplimiento de la profecía histórica responderá afirmativamente; el socialdemócrata conocedor del carácter prosaico y complejo de la política responderá negativamente, o al menos se lo pensará dos veces antes de anteponer absolutamente sus deseos a la realidad. La tercera pregunta por tanto hace referencia a la existencia de tal izquierda en España y en Europa; ¿existe una izquierda que no sea esencialmente ideológica?
La respuesta a las dos últimas preguntas da respuesta a la primera; en la medida en que la izquierda se guía exclusivamente por la teoría y la visión que tiene de sí misma y de la realidad, más alto sitúa el listón de su aguante moral; cuanto mayor es la misión histórica del progresista y mayor es la perversión política y moral de la derecha, los pecados de la izquierda se convierten en más disculpables; ¿qué pequeño desliz –Filesa, GAL, Intermoney- no le está permitido cuando se trata de hacer avanzar la democracia, otorgar derechos constitucionales y asegurar la paz en Euskadi? Fuera del peor gobierno posible de la izquierda, cualquier mejor gobierno posible de la derecha será, en cualquier caso, más corrupto, puesto que la teoría dice que lo será.
Tal punto de vista no es, al menos teóricamente, necesario en la izquierda; allí donde la ideología no sustituya a la realidad del día a día, allí donde la visión ideal de los gobernantes no se imponga sobre la realidad histórica y política, o al menos allí donde el socialista combine la ideología con los aspectos judiciales, electorales o constitucionales, la corrupción parece menos probable. Cuanto menos intensa es la ideología, otras consideraciones entran en juego, y menos justificadas quedan las acciones por el hecho de ser de izquierdas. El crimen de Estado deja de ser moralmente aceptable, y la financiación y el tráfico de influencias, también.
Pero poca esperanza parece quedarle al español que observa como el pasado de Filesa y los GAL se suma al presente de Intermoney. En la primavera de 2007, difícilmente se podrá obviar el carácter intensamente ideológico del discurso desplegado por Felipe González y Rodríguez Zapatero; uno y otro parecen justificar sus pecados, la corrupción generalizada y el crimen de Estado el primero, la corrupción en las altas esferas el segundo, por el valor democrático absoluto que otorgan a la izquierda y el carácter corrupto y antidemocrático de la derecha. Idea que comparte el Frente de la Paz que los acompaña en la denuncia de la derecha. Los males propios se justifican, al fin y al cabo, por el peligro externo de un mal mucho mayor. Es en este sentido en el que la izquierda española hoy es intensamente ideológica, es decir, intensamente corrupta.
Óscar Elía Mañú es Analista  del GEES en el Área de Pensamiento Político.

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GANAPAN OFICIALISTA SE QUEJA DE EX-CONTERTULIO

El país|Domingo, 19 de Julio de 2009

¡Decencia, canejo!

Por Horacio Verbitsky

El énfasis en el título es un merecido tributo a Marcos Aguinis, cuyo último libro es ¡Pobre patria mía! y cuyo último artículo en el diario La Nación se llamó “¡Hambre cero, ya!”.

Según su página oficial, este enfático escritor cordobés “dibuja con arte a sus criaturas y las torna imborrables”. Es tan diestro “en el manejo de los afectos” que “no deja renglón sin poesía o consecuencias” y su “estilo certero como ballesta” convierte a su última novela “en una de las mejores historias de amor que jalonan el curso de la literatura”. Munido de tan robusta autoestima, Aguinis orienta el grupo Aurora, autoconvocado para salvar la República. Su primer documento planteó que “no habrá desarrollo ni progreso posible en Argentina sin decencia”. El grupo se propone aportar a la reconstrucción republicana y a la distribución del ingreso. Varios de sus integrantes destacaron que ninguno de ellos se apoya en el Estado. En su nota Aguinis atribuyó el hambre al “ineficiente uso que se hace de las multimillonarias cifras que se recaudan”, afirmación con la que no se puede discrepar. En este caso con llamativa modestia, Aguinis omitió su propia parte en este cuadro. El 4 de febrero de 1986, el presidente Raúl Alfonsín lo designó secretario de Cultura de la Nación, a sugerencia del anterior titular, Carlos Gorostiza, quien lo recuerda como un colaborador muy apropiado para la representación oficial en ceremonias protocolares en las que según le informaba Aguinis, “estuve brillante”. Gorostiza también tiene presente una discusión con su asistente, porque Aguinis usaba los vehículos y los choferes de la Secretaría de Cultura para las actividades personales de su esposa, una de las razones por las que “sólo duró pocos meses”. Le pidieron la renuncia el 21 de enero de 1987. Por esos once meses de gestión tramitó una de las jubilaciones de privilegio de la ley 21.121. Hombre bien ordenado en cuestiones institucionales, se le contabiliza el primer pago el 8 de julio de 1989, día de la asunción de Carlos Menem como presidente. En abril de 2003 el candidato a la presidencia por Recrear Ricardo López Murphy, fue interrogado en el programa de radio “Jaque Mate” por estos ingresos de Aguinis, quien era uno de sus principales colaboradores. Luego de un largo silencio dijo que había que preguntarle a él, pero que “eso está dentro de la legalidad. El régimen que estaba vigente era ése. Si usted me dice si yo creo que es un buen sistema, mi respuesta es no”. Pero aclaró que no le pediría que renunciara a esa prebenda. Con todas las actualizaciones, el haber actual de Aguinis es de 6.629,68 pesos. Lo cual en los veinte años transcurridos implica un total de 1.723.716,80 pesos, significativo aporte personal a la distribución del ingreso que propone el grupo Aurora.

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sociedad

Entrevista de Jorge Fontevecchia

Verbitsky y su militancia en Montoneros: “Participé en enfrentamientos armados y, por suerte, no murió nadie”

El periodista afirma que se sentiría “muy mal” si lo hubiera hecho. Se refirió a la distribución de la pauta oficial: “Me parece muy injusto que el Gobierno discrimine a Perfil“. Más información en Edición Impresa.

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04.11.2007

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“Morales Solá o Bonelli tienen mucha más influencia que yo sobre Kirchner”, dice Verbitsky. | Foto: ENRIQUE MANUEL ABBATE

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Horacio Verbitsky, periodista de Página 12 y presidente del CELS, cuenta que mientras militaba en Montoneros participó de enfrentamientos armados, pero asegura que en ellos no hubo víctimas mortales.

“Participé en enfrentamientos armados, y por suerte no murió nadie, porque me sentiría muy mal”, dice Verbistky, en una entrevista con el director de Perfil, Jorge Fontevecchia, en la que recordó su militancia durante los 70, y se refirió, además, a su relación con el gobierno de Néstor Kirchner.

“No fui importante en la estructura de Montoneros. No era el que soy hoy, tenía un nivel bajo”, afirma. “A Mario Firmenich lo vi sólo dos veces en mi vida. Nunca tuve ninguna relación especial con él”, dice Verbitsky.

Por otra parte, el periodista expresó sus críticas al al manejo de la pauta oficial que realiza el gobierno de Néstor Kirchner. “Me parece muy injusto que el Gobierno discrimine a Perfil en su pauta publicitaria, me parece muy injusto que no les concedan reportajes”.

Y aunque admite que desde que Kirchner asumió se ha encontrado con él “unas veinte veces”, también minimizó la influencia que él puede tener sobre el Presidente. “ Morales Solá o Bonelli tienen mucha más influencia que yo sobre Kirchner”, afirma.

Verbitsky también fue crítico con la extensión de las licencias de televisión que realizó el actual gobierno: “Me parece el más grave error de los cuatro años de gobierno de Krichner”.

Aunque Don Horacio no tiene buena Fama…

Carta Abierta a Horacio Verbitsky

Solicitada publicada en el diario Crónica el 14/08/1987

Por esas meras “coincidencias” de la diagramación de los diarios aparecen una al lado de la otra, en

la edición del 31-7-87, una columna suya sobre la situación de Nelson Mandela, líder del Congreso

Nacional Africano, preso en Sudáfrica; una solicitada de supuestos integrantes del Peronismo

Revolucionario que se integrarían al FRAL y gran titular que pretende adjudicar a Mario Firmenich la

absurda proposición de una ley de AMNISTIA bautizada Videla-Firmenich, cuando es público y

notorio que venimos batallando políticamente en forma incansable contra la falaz e infame teoría de

los dos demonios y que, además, sostenemos en documentos públicos: Nuestra Propuesta Política

de Autocrítica y Reconciliación Nacional dentro del Pacto para la Transición Democrática (14 de

junio, 1987). Buenos es recordar además que Mario Firmenich está detenido, pesando sobre él una

condena a 30 años de prisión en primera instancia, que tiene un régimen de visitas restringido y que

Página/12 no se toma el trabajo de consultarlo antes de publicar la noticia.

Esta amalgama, donde se mezcla la carne podrida con sus opiniones políticas, nos inspira algunas

reflexiones: En el contexto de la lucha del Congreso Nacional Africano, Oliver Tambo (quien se ha

entrevistado personalmente con Mario Firmenich en el marco de reuniones de No Alineados y con

quien nuestra agrupación mantiene permanentes y fraternales relaciones) no niega haber

pertenecido al CNA, no niega haber hecho la lucha armada sino que se enorgullece de ello y la

sigue propugnando porque siguen vigentes en Sudáfrica las condiciones que la hacen necesaria. Es

en este contexto de coherencia sin defecciones ni ocultamientos que se da una complementación

entre la honestidad y la consecuencia de Oliver Tambo y la heroica intransigencia de Mandela, que

como Ud. dice, &nunca pidió perdón a nadie por la lucha de su pueblo ni solicitó a Dios que se

apiadara de quienes lo persiguieron atormentando a sus ancianos, mujeres y niños&.

Mandela se negó a cualquier trato que implicara alguna forma de traición a quienes habían caído en

defensa de los ideales compartidos. Aunque sabemos que las analogías nunca son buenas, en su

amalgama y el contexto de persecución penal en que nos tienen inmersos esta democracia (por la

que luchamos en todos los terrenos y que el alfonsinismo bastardea a diario, bastardeo del que Ud.

se beneficia y por eso apologiza) que nos obliga a esta forma semiclandestina de polémica. La

diferencia entre la situación del CNA y la situación de los revolucionarios en la Argentina está en que

la masacre ha posibilitado aquí la falsificación de la historia reciente imponiendo un estilo en la

cultura política actual que condena premeditadamente a las nuevas generaciones al

desconocimiento. Porque no se trata solamente de vencer sino de convencer, si no sabemos de

dónde venimos, difícilmente sepamos hacia dónde vamos, más aún, si desconocemos la historia,

estaremos condenados a repetirla, cosa que Ud. finge que le preocupa, por lo menos así lo indicaría

el título Reflexiones para evitar otra derrota del extenso artículo que publica en el Nº2 de la revista

Fin de Siglo. Pero sin evitar esto Sr. Verbitsky es necesario decir la verdad, TODA la verdad, pero

Ud. que es un periodista brillante y un escritor talentoso se ha encargado de cumplir en la labor de

desinformación la tarea más perversa, porque es el responsable de la exégesis parcial, esa

verdadera operación de mircrocirugía destinada a colocar todo el origen de la violencia que asoló a

nuestra patria, en el seno del Movimiento Peronista. Ese escamoteo de la realidad completa la labor

de exterminio de la Dictadura, que es la de ocultar, mentir, confundir acerca de la verdadera

naturaleza de la lucha que se libró en la Argentina en los años 70. Así, para citar solamente algunos

ehemplos, a Rodolfo Walsh se lo presenta como un intelectual desaparecido, a Héctor G.

Oesterheld como un historietista, a Paco Urondo como un poeta progresista, a Sergio Leonardo

Gass como un joven estudiante, consumándose de esta forma la complicidad con el Proceso en ladoble desaparición de los nombrados, primero como personas físicas y luego ocultando su

compromiso heroico como combatientes montoneros; como bien lo denunció el documento de la JP

del año 85: Ni radicales ni golpistas: peronistas; firmado entre otros por Patricia Bullrich. Usted Sr.

Verbitsky. Que ha decidido terminar la guerra en un campo distinto al que pertenecía cuando la

comenzó, también era activo militante montonero, Ud. se incorporó a los montoneros del

Aramburazo habiendo leído que Mario Firmenich le pedía a Dios que se apiadara del alma de

Aramburu, quien había sido responsable del fusilamiento del Gral. Valle y de la masacre de José

León Suárez, quien había atormentado a ancianos, mujeres y niños del pueblo peronista con la

política del terror desatada con el decreto 4161 y había consumado la desaparición de los restos de

la abanderada de los humildes, compañera Eva Perón, hechos que todos estos en los que hay que

buscar el verdadero origen de la violencia de la que fueron partícipes muchos de quienes hoy se

codean con Ud. en los despachos oficiales.

Ahora no sólo se ha olvidado de que fue montonero, no sólo recrimina lo que antes aceptó a

sabiendas, es decir, la fe religiosa de algunos miembros de su dirección, sino que además, sino que

además incurre en el falseamiento deliberado y en el ocultamiento: Mario Firmenich jamás pidió

perdón a nadie por la lucha que libró, esa es Sr. Verbitsky su caprichosa interpretación de la

Oración por la paz publicada el 6-4-87 ante la llegada del Santo Padre, la cual expresa

sencillamente un sentimiento religioso doblemente respetable porque es el de la mayoría de nuestro

pueblo, en especial de sus sectores más humildes, y que en la que se dice: Señor, algunos de

nosotros, militantes políticos de Montoneros que en determinadas circunstancias empuñamos

lealmente las armas para resistir a la opresión, no estamos exe4ntos de culpas, como miembros de

la Nación Argentina nos caben las generales de la ley. Por eso, como el hijo arrepentido de tu

parábola, te decimos: Padre, pequé gravemente contra el cielo y contra ti, no merezco ser llamado

hijo tuyo (Lucas 15:21). Esto es independiente de la responsabilidad política.

Mario Firmenich ha asumido en todos los foros del mundo, ya sean políticos o diplomáticos, ya sea

en las trincheras como en los vericuetos de la clandestinidad, ya sea en las cárceles o ante los

estrados judiciales que él fue el máximo jefe de los Montoneros, que lo sigue siendo en la actualidad

y que ha participado en la resistencia contra las dictaduras de Onganía y Lanusse, contra la

desviación lopezrreguista y contra el Proceso. Los jefes revolucionarios, como Mandela y Firmenich

no solamente tienen el coraje de enfrentar en las peores condiciones a los enemigos de sus ideales,

sino que también lo tienen para autocriticarse ante su pueblo de sus error3es para intentar

superarlos. Mario Firmenich jamás le pidió perdón a la oligarquía, ni a la CIA, ni al Mossad. Por algo

el diario La Nación, de la familia Mitre, la misma que recompensó al asesino del último Jefe

Montonero del siglo pasado, López Jordán, encabeza la campaña contra él, y por algo el general

yanqui Vernon Walters, se ha lamentado públicamente de que no lo hayan asesinado.

Por otra parte, Ud. se ha olvidado de que la dictadura de Videla y Martínez de Hoz mantuvo como

rehenes a la esposa de Mario Firmenich y a uno de sus hijos durante seis años, y no obstante ese

chantaje permanente Mario Firmenich también se negó a cualquier trato que implicara alguna forma

de traición a quienes habían caído en la defensa de ideales compartidos. Los cargos que Ud.

pretende levantar contra Mario Firmenich son infames y calumniosos, máxime cuando Ud. no tiene

autoridad moral para decir nada, porque no sólo no asume su propia historia, sino que tampoco

tiene el coraje de hacerse ninguna autocrítica. Yo disentí públicamente con los montoneros en el

año 79 cosa que Ud. oculta prolijamente en el artículo que en defensa de Juan Gelman publicó en

El Periodista, ocultamiento que no le agradezco- lo hice, y asumí los riesgos, todos los riesgos,porque los revolucionarios asumimos la polémica frente a las masas sin preocuparnos por las

consecuencias legales o el blanqueo, sobre esa base moral, es que podemos volver a sentarnos

en torno a la misma mesa, como ha ocurrido desde Irlanda a El Salvador y desde Nicaragua a

Colombia. En cambio, Ud. pertenece a la raza de los que no se arrepienten de nada, pero se

borran de todo. Claro, si Ud. tuviera otra conducta, quizás se vería impedido de pasearse por los

pasillos del Ministerio de Defensa, o posar de periodista vedette. Si Ud. tuviera la conducta de Oliver

Tambo, tendría la valentía de reconocer que Mario Firmenich tiene la conducta de Mandela en el

contexto de la actual situación argentina, ¿o Ud. pretende que Firmenich plantee hoy la lucha

armada? En cambio Ud. ha escrito en El Periodista que Videla, Massera, Galtieri, López Rega y

Firmenich pagando condena, son el emblema insuperable de la Nueva Era. ¿De qué Nueva Era

nos habla?, ¿de la misma que Ud. critica en otros textos? (el Plan Austral, el pago de la deuda, la

Obediencia Debida, etc&). Ud. propagandiza la teoría de los dos demonios de manera explícita,

teoría condenada por quienes deberían ser sus maestros (los socialdemócratas europeos) en la

solicitada que menciona el caso de Mario Firmenich entre otros, aparecida en el diario Clarín en

fecha 19-12-86 en la que se destaca el concepto: &estamos preocupados ante el intento de poner

en un mismo plano la responsabilidad de aquellos que han ejercido el terrorismo de Estado y el

accionar de opositores populares durante el mismo dramático período de la vida argentina.

Concepto que Ud. se cuidó prolijamente de mutilar en el reportaje que el hiciera a Didier Motchane,

Secretario Nacional del PS francés (El Periodista, 10-12-86).

Usted que se fue de Montoneros silbando bajito, debería aprender de memoria la frase de Osvaldo

Bayer en la polémica con Alvaro Abós: A los repudios viscerales los reservo para los verdaderos

enemigos de la humanidad& (revista Crisis, noviembre 1986). Usted, sabe que puede seguir

cubriéndonos de agravios, porque desde el exilio, o desde la prisión, nuestra defensa es débil,

mientras que a Ud. lo defiende la policía radical. Sobre todos nuestros actos se puede opinar,

porque todo lo que hemos hecho, lo hemos fechado y firmado, a diferencia de Ud. y muchos otros

que pululan por los meandros de la democracia alfonsinista; durante años nos han calumniado

impunemente pero les vamos a contestar con toda la verdad, veremos si Ud. y otros héroes módicos

de esta nueva década infame pueden tolerarla. Ud. Sr. Verbitsky se atiene a las reglas de la

juridicidad alfonsinista, de esta juridicidad que sirve para mantener presos a Firmenich y Obregón

Cano, y para perseguir a Bidegain, Perdía, Vaca Narvaja y tantos otros impedidos de regresar al

país, como su amigo Juan Gelman, juridicidad que condena a seis años a los presos peronistas del

Austral (González, Langieri y Ortiz) y libera a sus amigos de la Coordinadora que vacían bancos y

financieras, pero que no sirve para juzgarlo a Ud. y a otros como Ud.

Si Ud. repudiase a esta justicia, podría acusarnos de delación, pero Ud., pretendido impoluto,

inspector de revoluciones como lo calificaría Don Rodolfo Puiggrós- que escribe autocríticas en

tercera persona (ver artículo citado de Fin de siglo); Ud., que acepta que esta justicia nos juzgue a

nosotros y lo considera un símbolo de la Nueva Era, ¿por qué no se somete Ud. mismo al

esclarecimiento de esa justicia? Nosotros en cambio no ocultamos nuestra desconfianza y crítica a

esta justicia que, como dijo el juez J. M. Ramos Padilla, &consagra la impunidad&es sólo para

ladrones de gallinas&y les sirve a los delincuentes de guante blanco& (Clarín 17-7-87).

Para finalizar, Don Horacio, como dice Martín Fierro: &No hay mal que dure cien años&ni tiento que

no se corte, y como dijo Marx (Groucho): &Nunca patees a un hombre caído&piensa que puede

levantarse. Hasta que la historia nos permita volver a cruzarnos por las calles de Buenos Aires.

Reportaje a Horacio Verbitsky

“Participé en enfrentamientos armados y por suerte no murió nadie, porque me sentiría muy mal”

El primer reportaje de esta sección después de la veda electoral requiere una explicación al lector. Entrevistado y entrevistador tienen visiones distintas sobre la economía y la violencia pero comparten la misma pasión por el periodismo. Al igual que en el reportaje del director de PERFIL a Raúl Alfonsín, es honesto aclarar que el lector no encontrará la misma actitud incisiva que es habitual. Verbitsky, además de periodista, es abogado y presidente del CELS, organismo que defiende a Editorial Perfil en la apelación ante la Corte Interamericana por la condena que le impuso en Argentina la Corte Suprema de Justicia anterior a favor de Carlos Menem.

Por Jorge Fontevecchia

FAVOR. “Con sus ataques, Menem convirtió en best seller un libro mío que era un ladrillo.”

—¿Cómo le explica al lector joven qué es el setentismo?—El setentismo no existe, no hay nada que, válidamente, se pueda llamar así.

—¿Y a qué cree que se refieren los intelectuales, la gente del propio gobierno, los medios cuando hablamos de setentismo?

—Cada uno se refiere a una cosa distinta.

—¿A qué cree que se refiere el Gobierno?

—Nunca oí que el Gobierno hiciera alguna referencia al setentismo.

—Habrá, entonces, un neosetentismo sentimental porque cuando el domingo le cantaron “la gloriosa JP” a la presidenta electa, pidió que no lo hicieran porque se emocionaba.

—Es un recuerdo de su juventud, evidentemente.

—¿Cuando decimos “setentismo”, hablamos de gente que en los setenta tenía veinte años, y sólo eso?

—Es posible. Yo creo que tiene que ver con los recuerdos de cada uno. En ese episodio que menciona, lo que dijo es una referencia a su juventud.

—¿La gloriosa JP?

—No, a mí me parece que eso tiene poco que ver con la ideología.

—¿Puede explicarlo mejor?

—Yo tengo una experiencia en ese sentido muy interesante. Hace veinte años, estuve en una reunión de periodistas en Venecia, y había dos periodistas españoles que se conocieron allí. El, que era comunista, vivía en Italia, y ella, socialista, había venido desde España para la reunión, y a las tres de la mañana terminaron abrazados cantando Estar al Sol, porque lo habían aprendido en la escuela, en su infancia. No tiene nada que ver con la ideología, ellos eran antifranquistas, pero esos eran los recuerdos de su infancia.

—¿Si a la presidenta electa le hubieran cantado Muchacha ojos de papel le habría producido el mismo efecto.

—Puede ser. Yo soy de otra generación: para mí esa canción no significa nada.

—Alfonsín, en su interpretación sobre qué es el setentismo, lo asocia con la violencia. ¿Qué opinión le merece su reflexión?

—Ninguna.

—¿Es correcta la idea del contrato social por la cual todos los ciudadanos abdican de hacer justicia por sus propias manos y le transfieren ese poder con exclusividad al Estado, o a veces es legítimo ejercer la violencia individual o grupalmente?

—Hay un tema filosófico en el cual, sin dudas, hay situaciones en las cuales se justifica el uso de las armas. Un ejemplo clarísimo es lo que fue el alzamiento de Varsovia, donde, una cantidad de personas se revelaron contra la institucionalidad vigente, contra las leyes, contra las autoridades, y lucharon hasta la muerte en defensa de su vida. Ahora, yo supongo que la intención de la pregunta no es de orden filosófico, sino práctico.

—Los dos órdenes.

—Para hablar de la violencia argentina en los setenta es imprescindible hablar de la violencia argentina en los cincuenta. Yo tenía 13 años en junio de 1955, iba al colegio a dos cuadras de Plaza de Mayo, al turno tarde, salía un poco después de las 12.30 de la boca del subterráneo, cuando vi cómo comenzaban a caer bombas en la Plaza de Mayo. Desde mi nacimiento hasta ese momento, no había visto nunca ningún episodio de violencia vinculado con la política. Ese es el contexto en el cual la generación a la que yo pertenezco y la siguiente (la de la presidenta es la siguiente), nos criamos e ingresamos a la vida política.

—Vamos por partes: en el terreno filosófico, sería la postura de Santo Tomás de que es legítimo matar al tirano pero ¿salvo que haya una tiranía el monopolio de la fuerza lo debe tener el Estado?

—Sí, por supuesto.

—¿La guerra es o no la continuación de la política por otros medios?

—Esas son frases hechas. Me parece que es imposible dar vuelta sobre esa frase sin caer en un lugar común.

—Pensé que usted podía darle una vuelta original a la frase de Von Clausevich sobre que la guerra es política con armas.

—Bueno, para no dejar de ser original contesto lo que estoy contestando.

—¿La violencia es legítima si la ejercen como medio de subsistencia las personas marginadas económicamente?

—No, me parece que está cambiando el eje en una manera que impide un razonamiento con un mínimo de coherencia. Me parece que pasar de la violencia política de los setenta a la violencia del delito es un popurrí que no permite clarificar ninguna idea.

—¿Cómo lo podríamos clarificar?

—No sé. Son temas distintos que hay que separar absolutamente.

—En la violencia de los setenta, ¿había lucha de clases?

—Sí, pero había un componente político que era central. El bombardeo de junio del ´55 es el comienzo del fin de un gobierno popular, cuyo derrocamiento por la fuerza implicó una sustitución de intereses de clases y una transferencia de ingresos muy fuerte de unas clases a otras. Pero el componente político era inescindible del componente de lucha de clases. Pocas veces en la historia argentina fue tan clara la sustitución de un gobierno por otro, por medios violentos, en sus componentes políticos, coincidentes con sus componentes sociales, e intereses económicos y de clase. El ´55 es un ejemplo muy marcado, y el ´76 es otro.

—Veamos si encontramos un punto aunque mínimo de unión: en esto que le parece incoherente. En la inseguridad que se da hoy en el Conurbano bonaerense, ¿cree que hay un componente económico?

—No. Me niego a mezclar esos dos temas. Si es su relato, hágalo, pero no me involucre a mí ni para afirmarlo ni para negarlo. No es mi relato.

—¿Pero sería legítimo apelar a la violencia, grupal o individual, en determinadas circunstancias?

—No en cualquier circunstancia. Dije en algunas circunstancias.

—¿Por ejemplo si el poder del Estado es ilegítimo?

—No sólo que sea ilegítimo. Por ejemplo, el poder del Estado durante el gobierno radical de Illia era ilegítimo, y, sin embargo, no se justificaba el uso de la violencia. Puse el ejemplo del viejo de Varsovia, del golpe del ´55, del ´76, y puedo poner el ejemplo del ´66, que fueron golpes militares, donde no sólo hubo un componente político, sino un componente socioeconómico y un uso intensivo de la violencia contra sectores muy amplios de la sociedad. Frente a esas situaciones, es absolutamente legítima la autodefensa. Ahora, me parece que se refiere a la violencia como lo que yo llamo autodefensa, que en el contexto de nuestro país, y de mi generación, me parece muy claro.

—Hay momentos en los que fue autodefensa pero momentos en los que no: en el ´73 había un gobierno legítimo y legal.

—Por mi experiencia, el origen está en junio y septiembre del ´55. Hay, por supuesto, mil variantes que se pueden discutir una por una, la respuesta que dieron la generación anterior a la mía, la que dio la mía, la que dio la generación posterior. Ahora, lo que me parece que no es discutible es cuál es el origen de la violencia en la Argentina.

—En otros países en los que no existió junio del ´55, en los años 60 y 70 hubo la misma violencia política.

—En otros países ha habido muchas cosas, y habría que ver país por país. Por supuesto que hubo una época, pero la especificidad argentina es mucho más fuerte que el contexto de esa época.

—¿Junio del ´55 puede ser una justificación, pero no la única causa?

—En la Argentina tenemos una cantidad de episodios de resistencia armada contra gobiernos dictatoriales, antes de que empezara esta situación de época que usted define, antes de la Revolución Cubana, antes del lanzamiento de Mandela en Sudáfrica. Sin quitarle importancia al contexto de época, hay una especificidad argentina que a mi generación la marcó muy claramente.

—Repetidamente hace referencia a su generación, incluso marcando diferencias con la de la presidenta electa, ¿por qué no les explica a los lectores, que en su mayoría son aún más jóvenes, cuál fue su participación en Montoneros?

—Ingresé a fines de 1972. Participé previamente en las FAP, que fue una organización preexistente a Montoneros, que entró en un proceso de disolución porque no encontró una forma de inserción política en el contexto creado por el regreso de Perón. Las FAP tenían una lectura ideologista de los hechos de la política argentina por la que no creían que Perón iba a regresar. La definición era: “Perón es de los trabajadores y en consecuencia Perón no vuelve”. El regreso no estaba organizado como parte de una lucha general del pueblo, si no como un componente de tipo político. A partir de esa lectura, entraron en un proceso de discusión ideológica y de autodisolución. Y a fines del ´72, un grupo de gente que quería coparticipar de un proceso político que se abría con el regreso de Perón, pasamos de las FAP a Montoneros. En el ´73, trabajé en el diario Noticias, y luego del golpe del ´76, participé de una red de difusión de información clandestina sobre lo que estaba pasando en el país, hasta que me quedé solo, porque, entre los que habían sido asesinados o secuestrados y los que se habían ido del país, no quedaba más nadie. Y ahí, a fines del 77, terminó mi experiencia.

—Usted dijo en un reportaje de la revista ´”Veintitrés”, en el año 2000, que había participado en enfrentamientos armados. ¿Cuáles fueron esos enfrentamientos?

—No recuerdo ese reportaje.

—¿Participó en enfrentamientos armados?

—Sí participé, y, por suerte, no murió nadie, porque… me lo he preguntado muchas veces, cómo me sentiría, y sé que me sentiría muy mal.

—¿Por tanto, quienes dicen que usted participó en la bomba del Departamento Central de la Policía Federal, mienten?

—Totalmente.

—¿Es cierto que desde Perú, siendo asesor del presidente Velazco Alvarado, en 1974, coordino el envío de los 60 millones de dólares del secuestro de los hermanos Born a Cuba?

—Yo nunca estuve como asesor del presidente.

—Pero estuvo en Perú.

—Estuve entre el ´74 y el ´75, y escribí un libro sobre Perú.

—Y es cierto que participó en el envío de los 60 millones.

—No. Todas esas cosas las inventaron en el gobierno de Menem, entre Galimberti y algunos ex militantes montoneros que estaban trabajando en los servicios de informaciones para perseguirme cuando publiqué Robo para la Corona. Pero no tienen consistencia.

—¿Por qué Galimbertí decía de usted “tira mierda para todos lados como si meara agua bendita”?

—Estaba defendiendo su sueldo en el gobierno de Menem.

—¿Cómo fue su relación con Firmenich en esos años?

—Lo vi dos veces en mi vida, en el ´73, en la redacción del diario Noticias. Nunca tuve ninguna relación especial con él.

—¿Cómo hizo para sobrevivir la represión de la dictadura?

—No hice nada especial. Tuve la suerte de que ninguna de las personas que me conocían me nombraran en una sesión de tortura.

—¿Por qué Galimberti lo acusaba de desertor y contraponía su caso con el de sus dos compañeros más cercanos en Inteligencia de Montoneros, Rodolfo Walsh y Paco Urondo, que fueron asesinados?

—Yo tenía muchas diferencias, y las procesé dentro de la Organización, a medida que iban ocurriendo. Presenté documentos con observaciones, con críticas. Entre los documentos de Walsh que se han difundido, uno es mío. Esas acusaciones de Galimberti ocurren después de la publicación de Robo para la Corona. Es decir, yo estuve, los 15 años que transcurren desde el ´77, cuando me separé de la Organización por diferencias políticas, hasta el ´92, en el momento de la reelección, viviendo en el país. Y a nadie se le ocurrió hacer ese tipo de acusaciones, porque a nadie le hacía falta. Son las cosas que inventaron cuando hicieron falta.

—Con la cantidad de desaparecidos que hubo, usted debe haber pensado mucho sobre su suerte. ¿Cree en el destino?

—Yo no era una persona importante dentro de la estructura de Montoneros. Hay mucha gente que proyecta retrospectivamente, pero yo no era el que soy hoy, tenía un bajo nivel.

—¿Mucha gente con el mismo grado de importancia dentro de la organización tuvo su misma suerte?

—Hubo de todo.

—¿No es excepcional lo que a usted le pasó?

—No, porque el núcleo militante del cual formé parte no era de centenares de miles de personas, sino que toda la fuerza política vinculada con la Juventud Peronista, con Montoneros, era de millones de personas, y en el país hubo treinta mil desaparecidos. O sea que de ninguna manera es excepcional.

—¿Hay algo que quiera decirles a los lectores de PERFIL sobre los 70 que yo no le haya preguntado?

—Mi generación dio las respuestas a todo, aun a la situación de violencia planteaba desde el aparato del Estado. El ´55, el ´66 y el ´76 son claros ejemplos de eso. Y la gente de mi edad, recién después de la última dictadura, empezó a imaginar cómo podía ser una vida política que no implicara el uso de la fuerza. Porque hasta ese momento no lo habíamos vivido, no sabíamos que era posible.

—¿Posible la democracia?

—Quisiera no ser solemne en ese sentido. Yo diría más bien formas de acción política que no implicaran el uso de la fuerza. Recuerdo las movilizaciones de 1962, ´63, ´64… el 17 de Octubre, los actos en Parque de los Patricios, en Once; la represión policial, simplemente, por querer hacer un acto un 17 de Octubre pidiendo el regreso de Perón a la Argentina. No se concebía una forma de hacer política que no conllevara enfrentar con la fuerza a esa fuerza que venía desde el Estado. Hoy estaba almorzando en un restaurante y veía cómo un chico de 24, 25 años pasaba por la calle con bermudas, una mochila sobre el torso desnudo, y nos mirábamos con mi mujer y dijimos: “Este chico ni siquiera sabe cómo era el país cuando nosotros teníamos su edad; cree que siempre fue así”. Hasta no hace demasiado tiempo, el argentino no podía darse un beso con su novia en una plaza porque lo llevaban preso. Hasta el ´83, uno no podía subir al colectivo en bermudas y con sandalias porque el colectivero le decía que se tenía que bajar. Los niveles de represión que vivió la sociedad argentina hasta el ´83 fueron tan altos que quedaron, de alguna manera, incorporados a una cultura general, de la cual participaban absolutamente todos los sectores. La creencia de que los 70 y que Montoneros es la violencia es una distorsión. Toda la política argentina, desde el ´55 hasta el ´83, fue una política de fuerza. La usaron de diferentes maneras: hubo quienes usaron exclusivamente la fuerza y quienes la combinaron con otras cosas. Eso es lo que creo que podemos transmitirle a alguien que tiene 20 o 30 años para que entienda ese fenómeno dentro de su contexto, porque de otro modo no es posible comprenderlo.

—¿Hay una generación pre 1983 y otra post 1983?

—Sí. Y me parece que el ´55 es una frontera más nítida que el ´76, porque el ´76 implicó con la política genocida un salto cualitativo, pero el punto de inflexión fue el ´55. Y el otro punto de inflexión fue el ´83. Pudo haber sido el ´73, con el regreso de Perón, pero en ese momento la sociedad no fue capaz de consolidar un proceso de democracia. Las fuerzas que habían participado en los enfrentamientos los años previos seguían, Perón murió muy pronto, y se precipitó la crisis por otras razones.

—Usted, prácticamente, no votó en elecciones libres hasta el ´83.

—Voté pero con proscripciones. Votabas lo que te dejaban votar, no lo que querías. Y, además, lo que elegías lo derrocaba un golpe militar. Entonces, si uno quería modificar esa situación política, era inevitable pensar en el uso de la fuerza.

—¿Es tan equivocada la teoría de Alfonsín de los dos demonios: no fueron, aunque en distinto grado, responsables de la violencia las dos partes?

—Es que no hay dos. Eso es lo que estoy tratando de decir.

—¿Hay una sola y la otra solo se defiende?

—Además, digo que todas las fuerzas políticas del país usaron una política de fuerza. No es que hubo dos enfrentadas. Era el conjunto de la situación social y política del país la que se dirimía de esa manera. Me parece que la idea de Alfonsín es una simplificación que tuvo una utilidad para su política en determinado momento, pero que, históricamente, no se sostiene. Me parece que es marketing, como el gesto del saludito. Además, porque supone que el radicalismo no formó parte de ese contexto, y eso no es cierto. Digo que hubo organizaciones armadas de activistas radicales.

—¿Por qué Hebe de Bonafini y las Madres de Plazo de Mayo confrontaron con usted porque el CELS recibió dinero de la Fundación Ford?

—En el año 2001, cuando fue el atentado a las Torres Gemelas, me dijo que había brindado de alegría, y contesté con un análisis político, crítico de una lectura que ella, y no sólo ella, hacía por el cual quienes atentaron contra las torres eran comparados con los militantes revolucionarios argentinos, con la generación de sus hijos, digamos. Y a mí me parece un grave error: Al Qaeda y Osama bin Laden no son militantes revolucionarios, son incomparables con lo que fue la juventud argentina que trató de cambiar las cosas en este país en las décadas del 60 y del 70. Y ella contestó con un exabrupto, dijo que yo decía eso porque soy judío y porque me pagaban. ¿Por qué va a querer seguir pelándose conmigo? Me parece que es una polémica que ha quedado claramente zanjada, y ella misma no defendería hoy esa posición.

—¿Qué es ser gorila?

—A quienes tenemos la suficiente edad como para haber vivido distintas épocas nos impresiona mucho la reaparición de una cantidad de estereotipos que se atribuían a Perón y a Evita hace cincuenta años, y que hoy se atribuyen a Kirchner y a Cristina. Es un juicio de tipo estético, ético, se los presenta como gente de baja estofa, de mal gusto, corruptos, y se los desprecia desde una posición supuestamente elegante, refinada, sofisticada.

—Pero Cristina es elegante, refinada, sofisticada.

—La diferencia fundamental es que en el ´55 eso derivó en un golpe militar muy cruento, que causó mucho daño, y ahora son conductas, actitudes dentro de un juego político democrático. Pero es como un estereotipo social. Lo de gorilas surge de una canción que se pasaba en un programa humorístico que había en el ’55, La Revista Dislocada, que en un capítulo decía “deben ser los gorilas, deben ser”. No se aplicaba a nada en especial, pero como coincidió con el golpe del 55, rápidamente, la sociedad lo adoptó para caracterizar al gobierno surgido del golpe. Creo que la actitud de una parte de la oposición hacia el gobierno es un absoluto anacronismo. Casualmente, hice una nota hace unos meses en el diario a raíz de la aparición de Borges de Bioy Casares, y que es muy impresionante en el desprecio aristocratizante hacia todo lo que tiene que ver con Perón, con Eva Perón, con el peronismo, con los peronistas, y encuentro esa misma actitud hacia Kirchner y Cristina. Por ejemplo, lo que leía en el diario de hoy, que Cristina ganó en los lugares donde el voto no es libre porque la gente depende de planes sociales. La idea es que sólo alguien que está muy mal y que no tiene libertad, porque depende de la dádiva, puede votar por este gobierno. Hay gente que lo cree sinceramente, y es alarmante.Me parece que ese es el tipo de cosas que se decían en el ´55.

—¿Esa actitud de desprecio es un fenómeno ideológico, cultural, económico?

—Es un fenómeno cultural, ideológico y de clase.

—¿Es sólo argentino? En todos los países hay distintas clases sociales.

—Bueno, ahí la especificidad argentina. Yo he vivido un año en el Perú y, realmente, hay un nivel de racismo grande. Me acuerdo que cuando hubo un gran terremoto, no cuando yo vivía, sino en los 60, en el que murió mucha gente, y un título de un diario del Perú decía que la mujer del presidente Prado, que era un hombre muy fino, muy sofisticado, había llorado en el entierro de los cholos. Eso existió y existe en otros países. En la Argentina hoy nadie habla de los cabecitas negras, pero hablan de los cartoneros, de la gente que no es libre, de los que viven de planes sociales. Es decir, hay un componente de desprecio social aristocratizante.

—¿Ser gorila y ser antiperonista es lo mismo?

—Históricamente, en la Argentina fue lo mismo. Lo que pasa que el gorilismo ha subsistido más que el peronismo: el peronismo ya no existe y el gorilismo sigue existiendo. Ha tenido más larga vida el gorilismo que el peronismo. Hay más antiperonistas que peronistas.

—¿Cree que la derecha tiene algo que ver con el gorilismo?

—Algo tiene que ver, pero no hay una superposición exacta, porque hay también izquierda y derecha. Siempre parten de una idea de superioridad: “Yo entiendo mejor”, “Yo sé cómo son realmente las cosas”, “La gente no se da cuenta”.

—¿El polo que más lo define es el elitismo?

—Sí, hay mucho de elitismo.

—¿Qué es el populismo?

—Es lo mejor que ha ocurrido en la política argentina: definiciones políticas ideológicas inspiradas en la respuesta a las necesidades populares. Eso es el populismo en la Argentina. La palabra tiene una cierta carga peyorativa que no comparto. Me parece que es lo opuesto a esa actitud elitista, aristocratizante.

—¿Chávez también es populista?

—No he estado en Venezuela desde que Chávez asumió la presidencia, de modo que sólo conozco lo que leo al respecto. Y ahí, evidentemente, hay un grado de polarización y de confrontación muy grande. El día del golpe contra Chávez, el 11 abril de 2002, era un viernes; yo estaba escribiendo mi nota del domingo, tenía el televisor prendido y CNN transmitió durante varias horas el derrocamiento y la asunción de Pedro Carmona. Me alucinaba porque era idéntico al ´55. No me animo a decir que lo de Chávez fue igual a lo del peronismo argentino, pero sí la reacción de 2002: había señoras con tapados de piel y medias blancas, con los cuarenta grados del trópico.

—Ernesto Laclau en su libro sobre el populismo dice que el problema reside en confundir el concepto pueblo con personas de menos recursos.

—Ese es uno de los tantos problemas en el sistema democrático.

—¿El problema no es el clasismo?

—¿En qué sentido?

—En el de que las respuestas sean siempre en un sentido clasista y no integrador. Concebir la lucha social como una lucha de clases. Pueblo somos todos, es un concepto político y no social.

—A mí me parece que esa definición tiene validez en el lapso que va del ´55 al ´83, pero no en la actualidad. En el ´55 se produjo una regresión antidemocrática brutal, por la cual la Cancillería pidió a Italia y Alemania que mandaran las leyes de desnacificación, porque querían aplicar el modelo alemán e italiano en la Argentina. También hubo un decreto que prohibía nombrar a Perón, y hubo programas económicos que trataron de producir transferencias de ingresos en contra de los sectores que habían sido beneficiados durante el gobierno de Perón, con la idea de que para poner en funcionamiento la economía, producir, era imprescindible, básicamente, reducir salarios. Eso hizo que hubiera una resistencia populista contra esa política, identificada sobre líneas de fuerza. Y cuando hubo gobiernos que trataron de cambiar el eje y de plantear situaciones sociales de mayor integración, que no fueran ese tipo de confrontación, como los dos gobiernos radicales de ese período, el de Illia y el de Frondizi, fueron derrocados por golpes militares. Por lo cual, hasta el 83, tuvimos gobiernos electos por orden popular en situaciones de ilegitimidad general, pero que aumentaron la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. Y golpes militares que redujeron el ingreso de los trabajadores en el total del ingreso nacional. Esta ha sido la polarización clasista que la Argentina ha vivido del ´55 al ´83. Estoy hablando en términos generales, de los sectores del trabajo, no de “clases sociales”. A partir del ’83, empezamos a tener gobiernos electos por voto popular (Alfonsín, parte del gobierno de Menem, De la Rúa, Duhalde) cuya distribución del ingreso fue regresiva. Y se revierte recién en el gobierno de Kirchner. Este es el contexto en el cual se da esta situación.

—¿No sería que la Argentina estaba en decadencia, independientemente de quién fuera el gobierno, porque la segunda mitad del siglo pasado los precios de las materias primas que nosotros exportamos cambiaron su valor relativo y recién ahora la relación materias primas versus productos industrializados volvió a ser la de la primera mitad del siglo XX y eso fue lo que produjo una continua pérdida en el ingreso de los ciudadanos?

—De los ciudadanos que viven en el país. Pero hay un fenómeno de fuga de capitales, que es una característica específica del modo de acumulación argentino.

—¿No será consecuencia y no causa del empobrecimiento el que el capital no encuentra negocios productivos en el país?

—Lo que me parece que está claro es que el tremendo endeudamiento externo que tuvo la Argentina estas últimas décadas coincide uno por uno con el dinero argentino fugado al exterior. Si eso es causa o efecto, no me animo a decirlo.

—¿Hubo una actitud anti empresa en el actual Gobierno?

—No, no veo que ocurra eso. Me parece que Kirchner ha tenido una preocupación permanente por la clase media, muy buena relación con los sectores empresariales, en algunos casos mejor de la que a mí me hubiera gustado. La fantasía de la reconstrucción de la burguesía nacional.

—Entonces, ¿a qué atribuiría el discurso hostil del Presidente?

—A mí me parece que en el gobierno de Kirchner hay una reconstrucción del tejido social muy importante, una política de reparación para los sectores más castigados y que hay una respuesta elitista, clasista, de cuestionamiento de la clase media, y no por la política de Kirchner. Entre 2003 y 2007, hay un crecimiento de masa salarial de los trabajadores privados y del Estado del 103%. Sólo comparable con lo que pasó en el primer período de Perón.

Sigue

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—¿No cree que se puede comparar con la primera época de Menem, hasta el ´95?

—No. Hubo una mejoría, al haber frenado la hiperinflación, pero no es comparable. Las cifras históricas que manejan los economistas indican que estamos en un fenómeno muy fuerte en ese sentido. Y si eso va acompañado de la reaparición de ese sentimiento, aristocratizante, elitista, de desprecio, como esa frase de Lilita Carrió, de que la gente no es libre para votar, y de que por eso ganó Cristina…

—En el menemismo no existía ese gorilismo. ¿Estaba latente? ¿Usted dice que surge ahora porque a las clases más altas les molesta el mejoramiento de las clases más bajas?

—Son dos fenómenos paralelos: se dan simultáneamente. Y habría que investigar la relación del uno con el otro.

—¿Por qué cuatro de cada cinco de los votantes de Menen en su reelección de 1995 votaron el domingo pasado por Cristina Kirchner?

—¿Cómo sabe?

—Por los “focus group” de todos los encuestadores y por los cruces demográficos de donde Cristina y Menem de 1995 sacaron mayor cantidad de votos.

—A mí me parece que es una composición totalmente distinta. Me gustaría ver los datos, pero creo que en el caso de Menem hubo una alianza entre sectores muy golpeados y muy marginados y los sectores altos de la sociedad, cosa que es evidente. La gente que hoy vota por Macri, o que hoy vota por Carrió, en ese misma época votaba por Menem, y me parece que el voto por Cristina no incluye los sectores altos de la sociedad.

—Entre el ´90 y el ´95 debe haber mejorado la calidad de vida de los sectores muy golpeados y marginados que usted menciona integraban la alianza de Menem para que lo hayan votado.

—Respecto de la hiperinflación del ´89, sin duda; respecto del desastroso gobierno de Alfonsín, sin duda. La diferencia es que el gobierno de Menem lo hizo enajenando todos los recursos que permitirían consolidar una situación económica, malvendiendo, endeudando, y por el contrario, ahora lo que hay es una recuperación de autonomía, de capacidad de decisión, de ingresos, de desendeudamientos.

—Y también hubo un aumento del producto bruto acumulado del 50% similar al de ahora.

—Pero aquello no era sustentable y exhibía la catástrofe que venía, y en cambio esto sí es sustentable y es un punto de partida para un consolidación que le devuelva un futuro al país. Menem, por el contrario, contribuyó seriamente al deterioro futuro.

—Pero el pueblo lo votó en 1995, y ahí reside el paralelismo: cuando la economía produce beneficios, la gente vota continuidad, como hoy también prefieren que siga esta politica económica.

—Yo estoy seguro de que es por eso.

—Por lo tanto, no es tan paradójica la superposición de los votantes de la reelección de Menem con esta elección de Cristina.

—Esas son inferencias. Yo, realmente, no tengo los datos que menciona. Incluso han pasado doce años, hay una nueva generación de votantes. No me animo a hacer cálculos al respecto.

—¿Esta fue una reelección pingüina? ¿El domingo hubo un plebiscito de la gestión de Néstor Kirchner?

—Me parece que la aprobación a la presidencia de Kirchner es un dato central del voto a favor de Cristina, pero no sé por qué llamarle una reelección.

—¿Cree que va haber más cambio que continuidad o más continuidad que cambio?

—Tengo curiosidad por verlo, no sé. El discurso de ella ha sido oscilante. Por momentos parecía centrando en la continuidad y por momentos en el cambio, y creo que va haber de las dos cosas. Lo que no me animo a decir es en qué proporción.

—¿Qué opina de la frase de Capusotto sobre que “el kirchnerismo es menemismo con derechos humanos”?

—No la había escuchado, es muy graciosa. Es un buen chiste.

—¿Cristina Kirchner habría sido electa presidenta si no la hubiera precedido su marido?

—Es absolutamente imposible de contestar.

—¿Hubo una reelección de un cogobierno marital?

—No, esta no es una reelección, es una elección de una persona distinta.

—Desde un punto de vista formal, sí, pero le pregunto simbólicamente.

—Me parece que es obvio que la aprobación a la gestión de Kirchner tenga una gran influencia en el capital político. Negar eso no es mi intención, me parece que es obvio que es así, y yo no sé si la hubiera votado a Cristina por el antecedente de Kirchner, pero no se puede contestar la pregunta porque es contrafactica.

—¿Superamos los prejuicios de género y se elegió a una presidenta mujer como en Alemania a Merkel o en Chile a Bachelet, o se trata de una sociedad machista y vota a la señora de?

—A mí me parece que este gobierno tiene una política de género muy marcada respecto de todos los gobiernos anteriores. Hay tres ministras en el gabinete nacional, que es un porcentaje alto. Una tropezó en el baño, pero hubo tres. Hay dos ministras sobre siete en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Además, es el gobierno que ratificó el protocolo de la Cedau contra toda forma de discriminación de las mujeres. Me parece que hay un componente de género muy marcado.

—Mi pregunta es sobre los prejuicios de los electores y sobre los del Gobierno que claramente no los tiene.

—A mí me parece que no sólo votaron a Cristina, sino que también hubo un porcentaje importante para Carrió. Si hubiera una cosa machista en la sociedad no habrían obtenido casi el 70% de los votos entre dos mujeres: un hombre habría tenido más del 15% que tuvo Lavagna. Hay un cambio en la sociedad muy marcado, y este gobierno lo interpreta.

—Bachelet y Merkel, los casos que Cristina siempre menciona, son mujeres separadas. ¿Cambia algo el tener una mujer como presidenta la existencia de que su marido sea su predecesor y que, además, sea el jefe del partido por la cual fue candidata?

—Me parece que amplía niveles de participación, que es inclusivo, que da un realce mayor a una parte importante de la sociedad, aparte del género femenino

—¿No hay un componente más arcaico que moderno en este matrimonio en el poder?

—No. Ese componente lo vi claramente en el ´73 con la fórmula Perón-Isabel, pero no lo veo ahora porque Cristina tiene una actividad política propia anterior al Presidente. Tanto usted como yo supimos de la actividad política de ella antes que la él, y la vimos manejarse en situaciones extremadamente difíciles para un mujer, y no sólo para una mujer: la vimos enfrentando a todo un bloque menemista por principios, por valores, por conceptos, no por intereses.

—¿No teme que esta situación sui generis genere situaciones de conflictos, de gobernabilidad?

—No me imagino de qué manera podrían ocurrir situaciones de conflictos o de ingobernabilidad.

—Por algo esencialmente humano: lo mismo que sucede en cualquier familia que trabajando juntos se mezcla lo profesional con lo emocional. ¿No cree que demasiada proximidad puede generar un conflicto político?

—Me parece que no porque siempre va a ser ella. No es un matrimonio presidencial: hemos elegido una presidenta no un matrimonio, así como en 2003 elegimos un presidente, no una pareja. Y antecedente de la conducta que ella tuvo, tan discreta, tan de segundo plano en estos cuatros años, es un buen dato. El gobierno de Kirchner en estos cuatros años no es comparable con el gobierno de los Juárez en Santiago del Estero.

—De cualquier forma, es en hecho sui generis…

—Es un mundo sui generis. Por ejemplo, en Francia la candidata presidencial del Partido Socialista era la esposa del presidente del partido.

—Terminaron divorciados.

—Bueno, tal vez terminen divorciados Néstor y Cristina también.

—El título de su última columna, donde hacía la lista de lo hecho por el gobierno de Kirchner, fue “Una masa”. ¿El gobierno de Kirchner fue “una masa”?

—El título se refiere a la masa salarial que se incrementó el 103% en el gobierno de Kirchner. Pero no con el uso popular que le dan los chicos: yo tengo hijos grandes.

—“Una masa” coloquialmente se aplica al superlativo de bueno. —¿Usted tiene dudas de que a mí me parece que este es un buen gobierno?

—No, simplemente pregunto.

—Yo creo que es el mejor gobierno que ha tenido la Argentina en medio siglo, y lo digo.

—¿Qué opinión le merece el reclamo de Alberto Fernández a la Capital para que no sea una isla y vote como el resto del país?

—Los perdedores se manejan como pueden frente a la cruda realidad.

—¿Se parecen Scioli y Macri?

—Sí, por supuesto que se parecen.

—¿Y cree que van a ser los presidenciables de 2011?

—De acá a cuatro años… hay que ver qué pasa. Todavía no asumieron sus respectivas gobernaciones, pueden ser dos maravillosos o dos espantosos gobernadores; uno puede ser buenísimo y el otro desastroso.

—¿Habría posibilidades en estos cuatros años surgieran figuras presidenciales desconocidas?

—Sí, claro que sí. No es fácil, no brotan en cualquier lado los candidatos así porque sí, pero hay mucha gente joven que ha sido electa para cargos ejecutivos y para cargos legislativos.

—¿Ve algún presidenciable en la nueva generación política?

—Me interesa mucho la figura de Hermes Binner, pero hay que ver, porque todavía no asumió.

—Pero hay un problema de edad.

—¿Qué edad tiene Binner?

—Sesenta y cuatro y en 2011 se acercará a los 70.

—Es un muchacho (N.d.l.R.: Verbitsky tiene 65 años)

—¿La avenida General Paz, incluyendo Vicente López y San Isidro, separan un país de otro?

—Sí, por supuesto. Si trazamos un círculo alrededor de la Capital Federal de dos kilómetros de largo, las principales villas del Conurbano están en ese círculo. También hay dos países, en torno al eje de la avenida Rivadavia, dentro de la propia capital: el Norte y el Sur son muy distintos, hay una fragmentación social grande, fruto de muchos años de políticas que las han producido.

—¿Scioli es de derecha o de izquierda?

—Yo tenía un amigo que decía “como voy a ser neurótico si no sé lo que quiere decir neurótico”; me parece que ese el problema de Scioli. Es como un personaje de Molière que escribe prosa sin saberlo.

—O sea que como no sabe que es de centro derecha puede integrarse al proyecto de centro izquierda del Presidente.

—De hecho, es un componente dentro de ese proyecto.

—¿Qué éxito le augura a Duhalde en su rearmado del peronismo profundo?

—Es una expresión de deseo de él. Igual que Menem, me parece muy patético. Creo que todo este proceso en estos últimos años ha sido muy interesante en la renovación del elenco político. Si uno recuerda lo que era el panorama político a fin de siglo, se va a encontrar con que todas las figuras de primera línea son nuevas. La renovación ha sido vertiginosa. Esto en parte es interesante y en parte es un problema. La Argentina es un país donde la rotación de los diputados y de los senadores es mucha más grande que en la mayoría de las democracias del mundo, y eso es un problema. El radicalismo y el peronismo son dos partidos en vías de extinción en distinto estadio. De hecho, en esta elección no ha habido boleta del radicalismo; ha habido boleta por el Frente por la Victoria, por la Coalición Cívica Libertadora y de la Unión Nacional.

—¿Cómo imagina el sistema político a futuro?

—Me cuesta imaginármelo porque está en un estado coloidal y estamos en medio de una gran transformación, que, me alegro mucho, se está procesando en términos pacíficos, sin episodios violentos.

—Ese es el legado de los 70, la sociedad aprendió del error.

—A mí me parece que sí. Es un cambio muy grande de todo lo que conocíamos: nadie se hizo ilusiones de que pudiera haber un atajo.

—¿Cuándo conoció a Kirchner y cuál ha sido la intensidad de su relación con él?

—Después de su elección presidencial. Lo he visto de dos maneras distintas: como periodista, para conversar de política, como hacen todos los periodistas que pueden hacerlo, y lo he visto como presidente del CELS, para llevarle planteos, propuestas, documentos.

—¿Cuántas veces lo vio en estos cuatro años?

—Lo habré visto veinte veces.

—Kirchner y su preferencia por los fotógrafos porque no preguntan ¿terminó haciendo realidad el título de su libro Un mundo sin periodistas?

—No, a mí me parece que ni Menem ni Kirchner han terminado con los periodistas. Los periodistas tienen un campo muy grande y ejercen permanentemente, tanto entonces como ahora.

—Cristina dijo que se llevará bien con la prensa si “vuelven a ser medios de comunicación y no de oposición”. ¿Qué reflexión le merece ese pensamiento?

—Quiero hacer una aclaración general. A mí me parece muy injusto que el Gobierno discrimine a PERFIL en su pauta publicitaria, me parece muy injusto que no les concedan reportajes, me encantaría que usted le hiciera un reportaje a Cristina, pero lo que no tiene sentido es que vos me hagas un reportaje a mí con las preguntas que tenés ganas de hacerle a Cristina. Yo no voy a opinar sobre cada cosa que opina Cristina sobre los medios.

—¿La prensa es un auxiliar del sistema de división de poderes?

—Sí, a mí me parece perfecto que la prensa sea crítica, me parece que es importante en el sistema democrático y no me molesta que critique las cosas que tiene que criticar del Gobierno. Por el contrario: me parece muy bien aunque se equivoque. El problema es que hay algunos casos en los que se ve que no es que son una prensa de oposición, sino de intereses. El episodio de Kirchner con Escribano del 15 de mayo de 2003 es muy claro. Un medio que está sirviendo la opinión pública y los intereses generales de la sociedad, hoy está llevando adelante una agenda propia de un grupo de interés. Yo creo que si un medio quiere llevar adelante una agenda de interés, tiene todo el derecho de hacerlo; lo que no puede es al mismo tiempo pretender que eso es la objetividad. Eso es falso.

—Usted es muy crítico de la extensión de las licencias de TV.

—Me parece el más grave error de los cuatro años de gobierno de Kirchner.

—¿El más grave no sólo en comunicación sino en general?

—Sí, el más grave porque me parece que reduce la pluralidad de voces en la sociedad, dificulta el acceso de nuevas voces y, además, es una política con nombre y apellido. Es ponerle muchos millones de dólares en el bolsillo a Manzano, a De Narváez, a Hadad y a sus respectivos socios, que estaban en quiebra, y no se salvaban de ninguna manera. Sí, me parece un error grave del gobierno.

—¿Qué reflexión le merece que los medios de Hadad sean unos de los que mejor se llevan con este gobierno?

—En primer lugar, no sé si eso es cierto; en segundo lugar, respecto de las relaciones de los gobiernos con Hadad, el que paga mercenarios sabe qué es lo que compra.

—¿Y qué le parece que el Gobierno pague a mercenarios?

—Mal.

—¿Qué piensa de Papel Prensa?

—Para mí es una de las grandes vergüenzas de la historia de este país, del periodismo de éste país. Es una empresa en la que las acciones fueron vendidas bajo presión de un campo de concentración, en la mesa de torturas, y compradas por los grandes medios de este país en esas condiciones asociándose con el Estado. Me parece un episodio representativo de lo que vivió el país en esa época, ¿no?

—¿Sería bueno para el Gobierno deshacerse de esa sociedad?

—A mí me parece que el origen de esa sociedad está manchado con sangre. Y no es bueno que el Estado esté asociado a un medio de comunicación.

—La influencia que dicen que tiene sobre el Presidente, ¿es exagerada?

—Ese es un invento maravilloso que algunos han usado para tratar de perjudicarlo a él asociándolo conmigo y otros para perjudicarme a mi asociándome con él. Hay otros periodistas que tienen mucha más influencia que yo sobre el Presidente.

—¿Por ejemplo?

—Marcelo Bonelli, Morales Solá.

—¿Tienen influencia ellos como persona o es que le interesan al Presidente las audiencias que ellos representan?

—Eso habría que preguntarle al Presidente. Constato los hechos. Yo he tenido una influencia de la cual estoy muy contento por algunas decisiones del Gobierno. Por ejemplo, la de bajar los cuadros de Mignone y Videla del Colegio Militar es una propuesta que el CELS le llevó al Presidente, y que le habíamos hecho a los presidentes anteriores. No es que se l hice a éste porque soy amigo: desde el CELS les hemos hecho la propuesta a De la Rúa, a Duhalde, que no la tomaron en consideración. Y el Presidente dijo: “Lo hacemos este mismo año”. Lo propusimos creo que en enero o febrero de 2004, y en marzo lo hizo.

—¿Su influencia tiene más que ver con el tema de derechos humanos?

—Sí, pura y exclusivamente.

—Se tiene que sentir orgulloso.

—Y el tema de la Justicia. El CELS es coautor junto con otras seis organizaciones no gubernamentales de un trabajo que se llama Una corte para la Democracia, que hicimos en el verano de 2002. Mientras las cacerolas y los martillos en la puerta de los bancos y el grito “que se vayan todos” ocupaba todas las calles, nosotros hicimos una propuesta de reforma de los procedimientos de selección, de designación y remoción de magistrados de la Corte Suprema, que fueron la base de la redacción de Decreto 222 con el cual se modificó la Justicia, que me parece un aporte fundamental del gobierno de Kirchner. La influencia que hemos tenido en eso ha sido grande, y yo estoy muy contento y muy orgulloso, pero no es una influencia personal mía sobre el Presidente, es un trabajo de seis ONG que un gobierno hizo propio y sobre esa base modeló una política de estado. Lo mismo respecto a la disminución del número de miembros de la Corte Suprema de Justicia, que nosotros también planteamos en ese período de indefinición.

—¿Y respecto del Consejo de la Magistratura?

—Nosotros criticamos la forma en que se planteó la reforma. La directora ejecutiva adjunta del CELS debatió con Cristina en el Senado sobre el tema y conseguimos algunos cambios menores en el proyecto.

—¿Esta sería la parte que está en desacuerdo de las mejoras que hubo en la Justicia a lo largo de estos años?

—Sí. Había muchas cosas para cambiar, no se solucionaron algunos problemas básicos del Consejo de la Magistratura, pero, al mismo tiempo, me parece que el tiempo transcurrido desde esa reforma hasta la fecha también muestra que todas las prevenciones que había en aquel momento tampoco se han concretado.

—Habrá que ver ahora cuando avancen los juicios por corrupción. Yo lo he escuchado ser crítico de De Vido, Jaime y Enarsa. ¿A qué funcionarios Cristina debería sacar del Gobierno?

—Yo no puedo señalar qué funcionarios, no me corresponde. El concepto general es que un gobierno nuevo tiene que tratar de llegar con un período de gracia y sin un desgaste heredado del anterior. Además, a medida que han ido ocurriendo determinados episodios, los he ido señalando. Cualquiera que esté interesado en verlo, está en los archivos, no me he callado lo que opinaba de distintas cosas.

—Las denuncias sobre Skanska, la ex ministra de Economía y la valija con dinero desde Venezuela, ¿configuran un clima de corrupción que lo preocupe?

—No, porque me parece que ha habido una cantidad de hechos de corrupción que en primer lugar bajan la media de lo que conocemos en la política Argentina, y por otro lado veo que hay buena respuesta institucional, porque a Skanska lo descubrió la AFIP. Varios casos han sido denunciados por la Oficina Anticorrupción y por la Fiscalía Nacional de Investigación Administrativas, por funcionarios designados por el actual gobierno. Si comparamos con lo que fue el gobierno de Menem, que llenó la Corte de socios, parientes, con la misión de proteger a los funcionarios de las denuncias, que liquidó la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, que disolvió el Tribunal de Cuentas con este gobierno, que ha designado en la Corte Suprema gente absolutamente honorable y a una persona de la calidad moral, intelectual de Manuel Garrido en la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, me parece que hay una diferencia notable respecto de todo lo que hemos vivido. Y por otro lado hay un reflejo del Gobierno, que yo celebro, que ante la mayoría de las denuncias que ha habido, ha eyectado a los funcionarios inmediatamente. Hay algunos casos en los que no se ha obrado de la misma manera, pero son la minoría.

—¿No teme que en el área de De Vido puedan darse niveles de corrupción más altos de ese promedio para usted aceptable?

—Ha habido algunos episodios en esa área, pero son conocidos a partir de actividades de los órganos de control del propio Estado y, en la mayoría de los casos, con los funcionarios fuera de sus cargos.

—¿Le preocupa que la esposa de De Vido integre uno de los organismos de control?

—Es un mal ejemplo, creo que sería mejor que estuviese en otro cargo y es el tipo de cosas que creo que hay para corregir. Me parece una persona capaz, la he tratado poco, pero gente que me merecía el mayor respeto, como el caso de Héctor Masnatta, de quien he sido muy amigo, hablada con gran respeto de ella. Pero me parece que no es suficiente que ella se excuse de intervenir en las cosas que competen al área de De Vido. También creo que es injusto dejar la idea de que ella está allí ocupándose de los casos de Obras Públicas, cuando no es así.

—Y en el caso específico de Jaime y los subsidios.

—Creo que una cosa es el concepto de subsidio y otra cosa es la administración del subsidio. En el caso del concepto, me parece que en primer lugar eso responde a una ley del interinato del señor Duhalde, no es una ley del gobierno de Kirchner, y ha servido para, de alguna manera, proteger a algunos sectores de la sociedad de los aumentos descomunales de precios, de boletos de colectivos, y cosas por el estilo.

—¿Y respecto de su aplicación?

—Sobre el caso de Jaime tengo muchas dudas, y no sólo yo, lo tienen algunos jueces, y nunca he ocultado que me parece uno de los puntos débiles del Gobierno de Kirchner.

—¿Vota en Capital?

—Si, en Capital.

—¿Por quien votó usted este domingo y, si cortó boleta, por quiénes para legisladores?

—Por Cristina y no corté boleta.

Menem lo hizo… conocido

—¿Para usted el periodismo es un fin en sí mismo o es un medio y el fin es la política?

—Yo soy hijo de periodista, nací periodista, me apasiona este trabajo y es un fin en sí mismo. Lo que pasa es que la política me interesa mucho y es muy difícil escindir una cosa de la otra.

—¿El periodismo crítico de todos los gobiernos cumple un papel necesario en el sistema de división de poderes?

—A mí me parece bien en la medida que el periodismo encuentra cosas que merecen crítica, me parece muy bien que las haga con cualquier gobierno que sea, lo que tampoco es posible pretender es que cada periodista tenga la misma dosis de actitud crítica hacia todo gobierno. Yo con este gobierno tengo un grado de acuerdo mucho más grande que el que he tenido con todos los anteriores, en consecuencia, el nivel de crítica es más bajo porque encuentro menos cosas que me parezcan criticables, y las que me parecen criticables no me parecen tan graves. Hay otros que a lo mejor sí les parecen graves, lo dicen, y hacen muy bien al hacerlo y eso forma parte de la pluralidad de las voces que contribuyen a la vida de la sociedad.

—¿“Página/12” es o fue de “Clarín”?

—Me gustaría saberlo.

—¿Resulta creíble que usted no pueda saberlo si es o si lo fue?

—A mí no me consta. Varias veces he publicado cosas muy críticas respecto del grupo Clarín, y, a la luz de las cosas que he leído sobre la presunta participación de Clarín en Página/12, lo he hecho con la duda de si me lo publicarían o no, y siempre se publicó. Ese test no me sirvió para salir de la duda.

—Usted es abogado, si fuera un juez sajón y tuviera que fallar por íntima convicción ¿diría que “Clarín” fue o es accionista de “Página/12”, o no?

—Creo que no, pero no me animo a jurarlo. No desdeño las afirmaciones en contrario. Todo esto me parece que es parte de un problema general de las dudas que a ellos les surgirán de muchos medios en la Argentina, es un mapa muy complicado, cuesta saber realmente de quién es cada cosa.

—De los medios gráficos se sabe. De Clarín, de La Nación, de Perfil, de Ambito Financiero.

—De La Nación, ¿está seguro?

—Los accionistas que son personas físicas, trabajan en el diario todos los días y todos los conocen.

—Personas físicas y sociedades off-shore.

—Todas las empresas con varios medios precisan de una sociedad holding que aglutine, la mayor empresa de comunicación del mundo News Corporation cuyo propietario Murdoch se reunió recientemente con el matrimonio Kirchner tiene su holding offshore pero no se debe confundir con empresas fantasmas de acciones innominadas. Todos pueden constatar que “News” es de Murdoch y “La Nación2 de la familia Saguier porque consta en sus declaraciones juradas. ¿No sería útil que los accionistas de “Página/12” hicieran una declaración pública de quiénes son?

—Creo que lo han hecho. ¿Le creemos o no?

—Ya explicó su opinión sobre la publicidad oficial y lo que usted denomina como “mercenarios” en los medios (ver cuerpo de nota), mi pregunta es: ¿le conviene al Gobierno comportarse de esa manera primitiva y elemental?

—Yo creo que no. A parte de inadmisible, es un error. No creo que al Gobierno le convenga, así como no creo que le haya convenido a Menem haber hecho lo que hizo con Página/12. Me parece que Menem le dio a Página/12 un realce y este Gobierno se lo da a PERFILque no hubieran tenido sin esas actitudes. Menem me hizo el enorme favor de atacarme de esa manera brutal cuando publiqué Robo para la Corona: convirtió en un descomunal best seller a un libro que era un ladrillo.

—¿Podría sobrevivir “Página/12” sin publicidad oficial?

—Claro que sí.

—¿Qué diarios y revistas lee?

—Leo pocos diarios y revistas, y no leo siempre los mismos. Soy un hombre muy mayor y trato de reservar mis tiempos de lectura para libros. Hago lo mínimo e indispensable para no perderme algo que pueda ser importante para mi trabajo.

—Y en esa selección que hace avara de su tiempo, ¿qué cosa termina leyendo?

—Veo las tapas de Clarín y La Nación, y en función de las tapas busco algunas cosas que me interesen, pero no leo un diario completo.

—¿Y revistas?

—La revista que más leo es Barcelona. Me parece la revista de análisis político más serio que hay en el país.

—¿Qué periodistas respeta?

—(Piensa) Respeto a muchos periodistas. El periodista que con más interés leo en esta época es Alfredo Zaiat, que escribe en las páginas de economía de Página/12. Me aporta cosas, enfoques, información, críticas. Me ayuda a pensar la realidad del país. Además, estoy orgulloso porque yo lo formé profesionalmente: tengo un elemento de satisfacción personal

—Séneca decía: “Mal favor le hace el discípulo al maestro continuando discípulo”. Si él lo ayuda a pensar es que usted hizo un buen trabajo.

—Sí, claro, ayuda a pensar.

—¿Lanata lo hizo famoso dándole el panorama político de “Página/12”, y luego llevándolo a la televisión?

—Es un conjunto de cosas. Pero creo que el salto del “conocimiento público” fue cuando publiqué Robo para la Corona y el orondo de Menem dijo que yo era el enemigo público número uno.

—¿Así que fue Menem el que le tocó con la varita de la masividad?

—Seguro. Sin duda.

‘Perro’ by mail

Al día siguiente del reportaje el autor recibió del entrevistado este mail que se reproduce textualmente.

From: Perro

Jorge:

Te mando unos pocos y breves retoques, en beneficio de la precisión.

En el tramo de los 70:

Dentro de las organizaciones revolucionarias hubo diversas actitudes personales; quienes emprendimos una política de fuerza porque en aquel contexto no había otra forma eficaz de defender convicciones y luchar por una transformación del país y aquellos cuya pasión eran los fierros y no la política. En general los miembros del primer grupo continuaron en alguna forma de militancia, sin cambiar de ideales. Los del segundo se dedicaron a los negocios y al poder, por ejemplo en los servicios de inteligencia del menemismo e incluso en la CIA. La mayoría de quienes yo conocí pertenecieron al primer grupo. El modelo histórico del que más de una vez hablamos entre nosotros era Belgrano, un abogado y economista que se hizo militar por necesidad, no por vocación.

Sobre tu simpática pregunta de por qué estoy vivo:

Por compañeros que estuvieron en la ESMA, como Lila Pastoriza, supe que los marinos consideraron una operación para atraparme siguiendo a uno de mis hijos, con quien alguien contó en la tortura que me veía cuando podía. Pero esos compañeros les dijeron que era una operación difícil y aleatoria y que no se justificaba por mi bajo nivel en la organización. La idea de que con Walsh fuimos jefes de inteligencia es un invento posterior, de Galimberti y Firmenich, para complacer a Menem, que quería destruirme a raíz de la publicación de Robo para la Corona. Tal vez si lo hubiéramos sido, los Galimberti y los Firmenich no hubieran podido hacer tantos desastres y el desenlace hubiera sido menos catastrófico.

Sobre la frase de Fernández acerca de los porteños:

Por un lado, no le falta razón. Por otro, debe ser difícil dar explicaciones desde la isla de la derrota, en medio del mar de la victoria.

Respecto de la corrupción en el gobierno actual, sobre Skanska, además de la AFIP que te mencioné, también hubo un informe demoledor de la SIGEN sobre el Enargas.

Entre la AFIP y Garrido: el dinero en la valija del venezolano Antonini Wilson no lo descubrió el periodismo de investigación sino la Policía de Seguridad Aeronáutica que creó Kirchner y en la que designó a una persona de su confianza como Marcelo Saín.

____________________________POLITICA | SOBRESEIDO POR LA JUEZA SERVINI DE CUBRIA

Horacio Verbitsky, el Señor de la Impunidad

En la Argentina, no es misterio que la Justicia siempre opera en beneficio de los amigos del poder. Y la jueza María Romilda Servini de Cubría mucho conoce de esto. La magistrada, cuestionada por su colaboracionismo con lo peor del menemismo, ahora sobreseyó al ex guerrillero -devenido en periodista de profesión- Horacio Verbitsky en una causa donde fueron acusados de hacer volar el casino de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal en 1976.

Horacio Verbitsky es uno de los personajes más siniestros de la historia de la Argentina, no tanto por su ideología sino porque tuvo participación como ideólogo y ejecutor en la guerrilla que asoló al país en la década de 1970 y que intentó derribar al gobierno democrático de Estela Martínez de Perón.

En la semana, se conoció la noticia de que la ex jueza menemista sobreseyó inexplicablemente a Verbitsky en la causa del atentado contra el casino de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal. El hecho ocurrió el 2 de julio de 1976 y produjo la muerte de 21 personas, todas integrantes de esa fuerza de seguridad. Ese fue el atentado que más víctimas produjo, porque los explosivos estallaron cuando los policías se concentraban en el salón comedor para el almuerzo.

El fallo de Servini de Cubría estuvo guiado por un dictamen del fiscal Jorge Alvarez
Berlanda, quien tiene experiencia en este tipo de casos porque en octubre de 1999 postuló la declaración de la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad en el caso del asesinato del general del ejército chileno Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert, por ese crimen fue condenado a perpetua el ex agente de la DINA Arancibia Clavel. Ese fallo fue ratificado en 2004 por la Corte Suprema.

Pero, en el estallido del edificio de la Policía Federal, Berlanda adoptó un criterio contrario a la teoría que antes firmó con su puño. Consideró que el artero ataque a la dependencia policial no podía catalogarse como delito de lesa humanidad, pues no cumplía con dos requisitos -a su entender-esenciales para esa identificación: 1) participación del Estado y 2) el Estado actuando fuera de los límites del control.

Además, esgrimió que el «terrorismo nacional» difería del «terrorismo internacional», por lo menos en lo que sucedió en la década del 70 en la Argentina, ya que «fue consecuencia de una realidad diferente»: gobierno de facto, discontinuidad constitucional, violación sistemática de los derechos humanos.

En cambio, interpretó que el concepto de terrorismo internacional refiere «a la idea de llevar la acción más allá de las fronteras y puede obedecer a muchas causas diferentes». Por lo tanto, juzgó que «no existe un presupuesto lógico que permita establecer la correspondencia entre ?actos de terrorismo? y delitos de lesa humanidad».

El criterio de Berlanda-Servini de Cubría es un anticipo de la línea que adoptarán los jueces, fiscales y hasta la Corte Suprema cuando les toque fallar sobre expedientes que tengan como imputados a ex integrantes de las organizaciones guerrilleras como Montoneros, algunos de cuyos ex militantes integran el staff del gobierno de Néstor Kirchner.

No es casual, entonces, que este fallo haya beneficiado no sólo a Verbitsky sino también a Mario Eduardo Firmenich, Marcelo Kurlat, Laura Sofovich, Miguel Lauletta, Norbeto Habegger y Lila Victoria Pastoriza, en una docena de acusados en la que figuran además, Rodolfo y Patricia Walsh.

Pero Verbitsky también tomó parte en otros atentados, como el que tuviera lugar contra el edificio del Comando General del Ejército Argentino en marzo de 1976. En aquella oportunidad, Verbitsky -cuyo mote de guerra en Montoneros era “el Perro”- accionó el detonador a distancia de un explosivo de alto poder colocado convenientemente en el ingreso del edificio, a los efectos de provocar el mayor daño posible.

Los resultados del operativo terrorista fueron los esperados : el conteo arrojó cuatro coroneles del Estado Mayor heridos, junto a otros 18 miembros del Ejército, entre suboficiales, soldados y agentes de civil. E incluso falleció el conductor de un camión que transitaba por la avenida Paseo Colón, de nombre Blas García. Su familia -seguramente por no tener relación con grupos de defensa de los “derechos humanos”- jamás recibió indemnización ni compensación alguna.

El dispositivo fue detonado a control remoto por el propio Verbitsky, quien se encontraba situado detrás de una columna sobre la avenida mencionada, punto estratégico desde el cual podía observar con detalle el escenario antes de la explosión.

El currículum de Horacio Verbitsky es ciertamente impresionante. El ahora periodista era una de las cabezas de la célula de Inteligencia de Montoneros y en 1975 participó en el copamiento del Regimiento de Monte No. 29, ataque en el cual terroristas pusieron fin a la vida de numerosos conscriptos que se encontraban duchándose o en sus camastros. Verbitsky también está acusado de haber intentado asesinar al General Juan Domingo Perón en dos ocasiones -junio de 1973 y febrero de 1974-. En la última fecha mencionada, su intención era terminar con la vida del ex presidente argentino y también con la del ex dictador uruguayo Bordaberry.

Pero el temible personaje también ha sido sindicado por sus compañeros de Montoneros como uno de los principales responsables del secuestro de los hermanos Born, y tuvo a su cargo -junto con otros operativos- el envío de los US$ 60 millones obtenidos por el rescate a la isla de Cuba. Dinero que el ahora desahuciado dictador cubano, Fidel Castro, siempre se negó a retornar. En la última visita de la Primera Dama, Cristina Fernández de Kirchner, a Cuba, este dinero fue tema de conversación en la agenda. La reticencia de Castro frente al pedido de devolución de los fondos que se le hiciera, terminó por humillar a Fernández, quien en pocas palabras, había ido para tratar la cuestión de la deuda cubana con la Argentina, y en particular para reclamar el retorno de los “fondos Born”.

Volviendo sobre Verbistky, lo descripto hasta aquí sería más que suficiente, pero sus andanzas se prolongan incluso hasta el copamiento del cuartel del Ejército de La Tablada. En el ataque se sindica su participación en operaciones de inteligencia sobre la base, en fechas previas al accionar de los terroristas comandados por Enrique Gorriarán Merlo. Cabe recordar que los terroristas participantes -que en el operativo ejecutaron a conscriptos sin piedad- fueron indultados por el ex presidente Eduardo Duhalde, en una de las medidas más impopulares que se recuerdan de un primer mandatario argentino en los últimos años. El ex presidente Fernando de la Rúa también recibió numerosas presiones para liberar a los terroristas homicidas, pero por las razones ya conocidas no llegó a concretar la medida.

Verbitsky tiene también un lado oscuro, no conocido : personajes relacionados con el doble juego que enfrentó a marxistas contra militares en tiempos pasados, también se ocuparon de revelar ciertos nexos del ex guerrillero con la Central de Inteligencia americana. Solo en esta sospecha podría explicarse tamaña impunidad. Es, a este respecto, observable la doble moral del supuesto periodista, quien no se cansa de despotricar contra el imperialismo y Estados Unidos, pero que a la vez no tiene empacho en visitar la embajada americana en Colombia al 4300 cada 4 de julio, para participar del cóctel celebratorio clásico que tradicionalmente se lleva a cabo en ocasión de los aniversarios de la independencia de la Unión. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que él mismo dirige, recibe fondos provenientes de la Fundación Ford -Ford Foundation-, creada en honor al ex presidente estadounidense recientemente fallecido. Verbitsky jamás lo ha negado. La Fundación Ford fue investigada en forma independiente en Estados Unidos por supuesta triangulación de dineros negros manejados por la inteligencia americana.

Finalmente, lo interesante acerca de Verbitsky tiene que ver con los relatos que provienen de sus propios camaradas, muchos de los cuales afirmaron oportunamente que “el Perro” nunca fue capturado por las Fuerzas Armadas pues había llegado a un acuerdo con aquellas para salvar su vida, a cambio de entregar a figuras encumbradas del terrorismo local. En el caso puntual del atentado que perpetrara contra el edificio del Ejército, sus ex camaradas tildaron su accionar de “cobarde”, pues luego de la ejecución puso pies en polvorosa, cuando otra de sus responsabilidades era la de coordinar una salida ordenada del resto de los operativos que participaron del ataque.

Ambito Financiero fue el único medio que refirió al sobreseimiento de Verbitsky por parte de la polémica jueza Servini de Cubría, y este detalle no es menor, pues ilustra el estado de la libertad de prensa en la República Argentina. Ahora bien, la Justicia siempre aporta lo peor de sus vicios para solidificar su lamentable relación con la política.

En la espinosa cuestión de sobreseimiento, expertos juristas oportunamente concluyeron que en nuestro país, la vara con que se miden los delitos de lesa humanidad ciertamente no es la misma.

Al respecto del prontuario de Horacio Verbitsky -que también es periodista del impopular Página 12-, sería interesante conocer la opinión de los más encumbrados referentes de los “derechos humanos” en la Argentina. Pero sería gritar palabras al viento, pues ni Hebe de Bonafini, ni Estela Barnes de Carloto, Claudio Lozano, Emilio Pérsico -comprometido en el secuestro de Luis Gerez- y otros elementos del quehacer extremista del país jamás emitirán juicio sobre estos temas, abandonados a su suerte por la “libre expresión” que tanto esfuerzo nos ha costado conseguir.

La noticia también deberá servir a los efectos de aleccionar a la narcotizada ciudadanía argentina, que pocas veces realiza un esfuerzo auténtico a la hora de comprender la calaña de que componen la dirigencia nacional y sus allegados. En este sentido, el rol de la Justicia también peca de gravedad y Servini de Cubría es uno de los íconos del estado actual de falta absoluta de credibilidad que caracteriza a la administración de justicia en la nación.

Fuente: Ambito Financiero y El Ojo Digital Política

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Y por casa como andamos????

Abren una amplia investigación

Escándalo en Chile por errores sobre los desaparecidos

Ya suman cuatro los casos de falsas víctimas de la dictadura; querellarán a los familiares

Carlos Vergara
Corresponsal en Chile

SANTIAGO, Chile.- Tres nuevos casos de falsos detenidos-desaparecidos denunciados durante el fin de semana, que se suman a otro en noviembre, han causado un profundo cuestionamiento con visos de crisis política en Chile, y obligaron al gobierno de Michelle Bachelet a solicitar una investigación judicial.

Los analistas tampoco descartaban ayer la potencial reapertura de las comisiones que, durante los años noventa y comienzos de esta década, recopilaron los casos de personas asesinadas y torturadas durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Ayer por la tarde, la Corte de Apelaciones aceptó la solicitud del gobierno y nombró al magistrado Carlos Gajardo ministro en visita del caso para “despejar todas las dudas”. Además, el Consejo de Defensa del Estado (CDE) estudiará la posibilidad de presentar querellas por los posibles delitos de estafa y fraude al fisco por las pensiones recibidas por sus familiares.

De esta manera, el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Informe Rettig) y la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Comisión Valech) podrían ver cuestionadas sus perturbadoras cifras que indican 3195 muertos, en el caso del primero, y más de 35.000 torturados y apresados, según el segundo.

Al ya conocido caso de Germán Cofré Martínez, que vivió durante los últimos 35 años en Mendoza y que fue descubierto en uno de sus viajes a Chile, se suman ahora los de Edgardo Iván Palacios, que falleció en 2006, en calidad de indigente; el de Emperatriz del Tránsito Villagra, muerta de un infarto en 1955, y el de Carlos Rojas Campos, que viviría en Buenos Aires, según los registros de una huella dactilar entregada en el momento de renovar su DNI en la Argentina.

Este caso, precisamente, fue el que despertó las alarmas, ya que el gobierno chileno asegura conocerlo desde 2005 y haber suspendido las pensiones a su “viuda”, Norma Rodríguez. Ella, sin embargo, dice haber recibido mensualmente la indemnización, la cual ascendería hoy a 600 dólares.

Ayer, después de la última reunión de gabinete de 2008, Bachelet se refirió al amargo fin de año en materia de derechos humanos.

“La verdad es que hoy aquí no se pueden confundir las cosas. La violación a los derechos humanos es una vergüenza nacional que ha quedado grabada para siempre en la historia de nuestro país y no vamos a permitir que se ponga en duda esta verdad histórica. Permítanme decirles que, como mujer que sufrió en carne propia ese dolor, y como presidenta de la República, no voy a aceptar el aprovechamiento ni mucho menos que se juegue con el sufrimiento de muchas familias que aún esperan verdad y justicia”, dijo Bachelet.

“He instruido a todas las autoridades responsables para que se culmine la revisión que se venía realizando desde 2005 para despejar toda duda posible sobre esta situación. Yo espero que todas las fuerzas políticas depongan cualquier intento de manipulación y de sacar pequeñas ventajas de un tema que hemos sabido, creo yo, enfrentar como sociedad, con responsabilidad y madurez”, pidió la mandataria.

Nuevos casos

De acuerdo con la presidenta de la Comisión de Derechos de la Cámara de Diputados y militante de la opositora Renovación Nacional, Karla Rubilar, existirían ocho casos de falsos detenidos-desaparecidos, cuatro de los cuales aún no han sido dados a conocer.

Esta nueva polémica en materia de derechos humanos se suma a la ya vivida por Bachelet a comienzos de su gobierno, cuando se conoció un informe de la Universidad de Glasgow, Escocia, que reveló numerosos errores en la identificación de casi 50 cadáveres enterrados en fosas comunes del patio 29 del cementerio de Santiago.

Cofré Martínez figura sepultado en ese sitio.

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Beneficiario de la publicidad estatal, Roberto Caballero defiende la compra de conciencias que hace Albistur

El semanario Veintitrés es financiado con la publicidad del Estado que gestionan los Kirchner. Sergio Szpolsky surge como el jefe de la maquinaria periodística gubernamental, con excepción de Página/12. ¿No es curioso que los productos de Jorge Lanata terminen integrando el gasto público? Esperamos que no ocurra lo mismo con Crítica de la Argentina… El director de Roberto Caballero es Veintitrés, y no se sabe si firma como periodista ‘privado’ o empleado público. Pero firma.

POR EDGAR MAINHARD | 12/11/2008 | 12:00

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Publicidad del Estado kirchnerista no se acepta en Urgente24. Por supuesto que sería bienvenido para nuestras finanzas un incremento en los ingresos, en especial desde que el Estado kirchnerista devino en gran anunciante. Además, desde que el Estado kirchnerista ha provocado un proceso inflacionario permanente, que intenta negar desde el INdEC desprestigiado.

Sin embargo, ese rechazo permite libertad informativa, algo de lo que carece, por ejemplo, Roberto Caballero, director de Veintitres, un semanario que fundó Jorge Lanata años atrás, luego ocurrieron problemas con sus socios, más tarde quedó en manos de la imprenta que la imprimía y terminó gestionada por Sergio Szpolsky, que la integró a su grupo editorial que integran Buenos Aires Económico, Newsweek Argentina, Diagonales, Miradas al Sur, 7 Días (un título que hubiese querido comprar pero nunca tuve el dinero suficiente, para hacer el producto que Spolsky nunca hará, obviamente), y ElArgentino.com.

De acuerdo a la organización no gubernamental Poder Ciudadano, que indagó en la programación de la pauta de la publicidad y propaganda del Estado, la revista que dirige Caballero es privilegiada por la Secretaría de Medios de la Nación.

Entonces, ¿cuál es la autoridad del semi empleado público Caballero a la hora de defender los actos de gobierno?

Caballero hizo una encendida defensa de la contratación de un grupo de artistas por la Secretaría de Medios, la misma que pauta la publicidad estatal privilegiando a Veintitres.

Caballero cuestiona a Urgente24, entre otros sitios, por difundir las facturas de algunos de esos artistas, y afirma que se trata de una web ‘servicial’, en obvia alusión a que estaría vinculada a lo que los (ladri) progresistas llaman ‘servicios de inteligencia’.

Pero he aquí que los ‘servicios de inteligencia’ hoy día se encuentran controlados por los Kirchner, los mismos que controlan la Secretaría de Medios que pauta en Veintitres.

Los ‘servicios de inteligencia’ (Héctor Icazuriaga, Francisco Larcher, Jaime Stiusso, Fernando Pocino, etc.) tienen como jefe a quien es el jefe de Enrique Albistur, secretario de Medios, el amigo de Veintitres.

Por lo tanto, si Urgente24 estuviese en la órbita ‘servicial’, tal como afirma Caballero, de inmediato habría que despedir a Icazuriaga & Cía. por ineptos. Sin duda Urgente24 aconsejaría una acción similar, pero por otros motivos a los de Caballero.

Caballero, además, hace una encendida defensa del kirchnerismo, afirmando que está realizando una “revolución a la inversa” que apunta a desandar el supuesto convencimiento de que “lo único absoluto es la renta sagrada de unos poquísimos”.

Muy interesante el concepto ya que el kirchnerismo está provocando una abrumadora concentración de las unidades de producción y de la renta, y en los meses recientes de la pobreza (100.000 personas descienden de la línea de pobreza cada mes).

La crisis se ha profundizado, y hay indicadores concretos de ello. Pero los Kirchner, Hugo Moyano, Florencio Randazzo y Roberto Caballero lo niegan.

Es hasta explicable la convicción de los Kirchner y de Randazzo.

La de Moyano es posible de sospechar pero tampoco es llamativa: él es un socio político de los Kirchner, quienes lo hicieron vicepresidente 1ro. del Consejo Nacional justicialista.

Es coherente si la crisis la niega Martín Granovsky, titular de la agencia estatal de noticias Télam, porque para eso es funcionario público.

Pero, ¿cómo se entiende lo de Caballero, si no es porque Veintitres recibe tanta publicidad gubernamental?

¿Alguien podría imaginar que Caballero seguiría recibiendo tanta publicidad gubernamental si se atreviera a profundizar la información sobre la crisis?

¿Quiénes más reciben asistencia gubernamental? Por ejemplo, algunas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, fáciles de distinguir porque son las que defienden al kirchnerismo, y tienen anteojeras para sus errores.

Y algunos artistas, que precisamente aparecen en los actos gubernamentales, frecuentan a los funcionarios y tampoco denuncian los problemas que tiene la Argentina 2008.

Según Caballo, “(…) los artistas Populares, como Mercedes Sosa, León Gieco y Teresa Parodi, que vienen hace décadas cantando los que nos pasó y nos pasa, apoyando todas las peleas que fuimos dando por una Sociedad más Justa y Solidaria. Ellos son los creadores de la música con la que arropamos a nuestros hijos, los que nos acompañaron en nuestros noviazgos y en los divorcios. Para cada momento hubo una melodía creada por ellos con esa generosidad y sensibilidad que les reconocemos. (…)”.

¿Y eso qué tiene que ver con el subsidio estatal y con la falta de objetividad que les quita recibir esa asistencia?

Hay 2 problemas centrales en la Argentina de los Kirchner y de Veintitrés:

> el clientelismo, y

> el desprecio por la meritocracia.

O sea, por un lado, la idea de que aquella conciencia que acepte venderse será debidamente retribuida (y, probablemente, devidamente ¿por qué no?)

Luego, esa espantosa idea de que cualquier esfuerzo será retribuido de igual manera que otro esfuerzo o no esfuerzo.

Resulta digno de mejores causas el esfuerzo lingüístico que hace Caballero para fundamentar la pauta publicitaria que recibe Veintitrés, en su caso específico enojándose con la revista Noticias de la Semana por haber reproducido algunas de las facturas de marras.

Pero regresemos al comienzo: Caballero es el director de un semanario que recibe una importante pauta publicitaria gubernamental, y entonces ¿cuán creíble es la defensa de las políticas y decisiones de esa Administración?

Cuando Caballero lo pueda explicar, lo seguimos. Mientras tanto, seguimos dudando: ¿es periodista o empleado público?

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Ladri progresismo en crisis: El ‘caso Rucci’ vulnera un pilar del kirchnerismo

Hay un cambio de época en progreso, expuesto en la renovada difusión del rol de Montoneros como grupo terrorista antidemocrático en vez de organización libertaria.

POR EDGAR MAINHARD | 09/10/2008 | 13:37

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El cambio de época ha comenzado. El poskirchnerismo no resulta un comportamiento verificable en el peronismo institucional ni en la oposición endeble. La revisión está sucediendo en la sociedad, que en definitiva es el único protagonista que importa. Por eso resulta tan importante la difusión (y repercusión en las ventas) de la investigación del asesinato de José Ignacio Rucci en el libro Operación Traviata, de Ceferino Reato, que complementa los libros Nadie Fue y Fuimos Todos, de Juan Bautista Yofre, durante 2007.

Uno de los pilares del kirchnerismo como fuerza político-social fue el intento de reescribir la historia argentina reciente, dejando de lado la Teoría de los 2 Demonios, que la sociedad argentina había construido por consenso en días de Raúl Alfonsín en el poder.

La legitimidad y credibilidad de esa teoría le permitió a Carlos Menem ordenar los indultos tanto para los jefes militares que reprimieron a las organizaciones guerrilleras como para los líderes terroristas que se levantaron contra el Gobierno constitucional de Perón-Perón y luego mantuvieron su acción contra el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

En su búsqueda (inútil) de alejarse del peronismo (representado tanto Carlos Menem como Eduardo Duhalde, aún cuando fue deteriorado por uno en sus acuerdos con la UCeDé, y por el otro en el Congreso partidario de Lanús), los Kirchner plantearon la construcción de un nuevo movimiento social y político a partir de los acuerdos con las organizaciones que cuestionan la Teoría de los 2 Demonios.

La anulación de las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final, los cuestionamientos a los indultos de los ’90 y el rotulado de toda represión ocurrida a partir del 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983 como ‘crímen de lesa humanidad’, fueron parte de esa estrategia de consolidación de la Transversalidad.

El peronismo no permitió que en esa revisión histórica se incluyera al gobierno de Juan Perón y María Estela Martínez de Perón tal como reclamaban los ‘transversales’, quienes reivindican el breve aquelarre de Héctor J. Campora en el gobierno.

Por supuesto que toda la construcción de los Kirchner resultó ridícula porque ellos no pudieron prescindir del peronismo y terminaron organizando, para los comicios de 2005 y 2007, una incomprensible alianza de clientelismo político entre la burocracia sindical que combatió a ‘la tendencia’ en los ’70 (el caso de Hugo Moyano, según relatos conocidos en Mar del Plata) e intendentes municipales ex duhaldistas (el caso de Hugo Curto, de 3 de Febrero) con Madres de Plaza de Mayo (Hebe de Bonafini) y el Centro de Estudios Legales y Sociales (Horacio Verbitsky).

La preferencia definitiva de los Kirchner por el peronismo agrietó sus acuerdos con quienes creían que, en especial a partir del gobierno de Cristina de Kirchner, heredarían al peronismo en la conducción del Frente para la Victoria que ellos creían que imitaría al Partido Socialista Unido de Venezuela que construyó Hugo Chávez Frías.

Sin embargo, por necesidad de las partes, se mantuvo la doctrina kirchnerista sobre la historia reciente porque es lo único que diferencia a los Kirchner del peronismo tradicional (el que ellos ejecutaron en Santa Cruz).

Pero ha comenzado un cambio en la sociedad, posiblemente harta de un discurso irreal y que nunca compartió.

Porque ni los Montoneros ni el ERP fueron movimientos de masas sino organizaciones de élite, responsables en parte por el golpe de Estado de 1976, siempre impopulares en sus propuestas aún en tiempos de los militares en el poder y que nunca fueron reivindicadas por la población.

El asesinato de José Ignacio Rucci expone a los Montoneros como una organización terrorista -calificación que no comparten quienes reivindican a ese grupo militar (cuyo brazo político fueron sectores de la Juventud Peronista, luego la Tendencia Revolucionaria y más tarde Partido Auténtico)- que intentaba el asalto armado al poder para instalar un gobierno inspirado en la Revolución Cubana.

El relato de Montoneros cometiendo un acto terrorista y desafiando a un gobierno constitucional que había obtenido un apoyo electoral inédito en la sociedad argentina, demuele el discurso laboriosamente articulado por los Kirchner y la Transversalidad.

El cambio de enfoque sobre la tragedia argentina provoca expectativas sobre un debate político próximo donde el kirchnerismo, al menos tal como se lo conoce hoy día, no tiene lugar, como tampoco el peronismo en su versión de ortodoxia populista demagógica que se aprovecha de los pobres.

Por cierto que esto que ha comenzado a ocurrir por estos días es el fenómeno más interesante en lo que va del año de la sociedad argentina.

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La contraofensiva

25 Sep 08 – 16:58

El kirchnerismo ya hizo los trámites migratorios.

Sala de Embarque (I)escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, exclusivo de JorgeAsísDigital

Los decididos a “armar”, para la compulsa del 2009, sostienen interesadamente que, sin hacer una buena elección en las legislativas de referencia, es imposible pensar en las presidenciales del 2011.
Primera idea para discutir. Es el dilema. Pero los más fatalistas, a través de la evaluación dolorosamente pesimista de la actualidad, piensan que es preferible prepararse para el 2008. Para ayer.
Por lo tanto, se considera necesario disponer de un plan de lluvia. Un Plan B, mecanismo alternativo. Menos que por la tormenta. Basta a veces con un soplido.
Los pesimistas fundamentados intuyen que el gobierno de la Elegida no aguanta tanta devastación moral. Que la aventura pesadamente se desintegra. En medio de la parálisis patológica que signa la rutina de su administración.
Por suerte, la debacle personal perfectamente puede diluirse. En la vorágine del caos, alarmantemente generalizado, que se registra en la economía universal. Sirve a los gobiernos de mirada corta, para justificar los propios, los intransferibles fracasos.

Giro compulsivo a la derecha

El compulsivo giro a la derecha del kirchnerismo es ideológicamente arrastrado por la realidad.
El gobierno colecciona concesiones. Originadas en las consecuencias de las calamidades que supieron dilatarse, por la aplicación bartolera del llamado modelo.
Pese a la gestualidad, igualmente se autosepulta. Aunque disminuya el lodazal de los subsidios. O se intente el amague claudicante de pagar. Incluso, pagar de más. Como aquel personaje del tango Muchacho. “Como un chabón”.
Pagar, a la bartola, al Club de París. A la bartola pagar también a los bonistas que se quedaron colgados, desde la jactanciosa liquidación pasada.
Sin que nadie se postule para reclamarle especial coherencia, cada día, el gobierno se torna menos creíble. E infinitamente más débil. Devastado cotidianamente en su ética. Con el discurso deslegitimado, misericordiosamente sostenido por aquellos que nada tienen para perder.
En este contexto, la extensión del Virus Antonini produce un efecto letal. Supera la frontera del prestigio, irreparablemente perdido.

Llevarse puesto

El desmoronamiento, abruptamente indeseable, del kirchnerismo, condiciona las estrategias -en caso que existan- de las diversas franjas de contestación. De aquello que puede calificarse, con optimismo, como oposición.
También condiciona a los aliados, referentes que participan de las franjas interiores. Las que dependen, para existir, de la caja registradora del oficialismo. “Del chabón que paga”.
Aguardan el momento propicio para tomar distancia. O saltar.

Preocupa, tanto a opositores como a aliados, que al gobierno, la sucesión escatológica de escándalos, se lo lleve puesto. Angustia que, en vísperas del naufragio, se ponga solo.
El kirchnerismo se encuentra en la “sala de embarque”. Despachó el equipaje hacia la historia, ya hizo los trámites migratorios. Los papeles están sellados, como la suerte. Tiene los documentos en la mano.
Si es por la racionalidad colectiva de la sociedad, la partida debe demorarse. Producirse, convenientemente, dentro de tres años.

Rotaciones

La incertidumbre, la sensación de inestabilidad, que depara la convalecencia del kirchnerismo, se traslada, directamente, hacia la oposición. Donde brotan los amagues de armados. Los esbozos de vanidosas proyecciones. Las imposturas mediáticamente posicionales.
Los protagonistas principales de esta miniserie son alrededor de una docena. Rotan, se entrecruzan en los episodios, se desconfían.
Cada uno supone que el otro es el funcional al oficialismo.
Queda pendiente la duda planteada en el primer capítulo: si los Kirchner aún podrán recuperarse. Y continúan la recaudación más allá del 2011.

Mientras tanto, en la rotación se lo atiende, prioritariamente, a Cobos. Es quien mantiene el privilegio institucional. Sumada a la perspectiva de resurrección, saludablemente celebratoria, de la Unión Cívica Radical.
Pero inexorablemente debe tratarse también, otra vez, a Duhalde. Sobre todo por la alianza instalada, sigilosamente, con Cobos. Unánimemente quiere saberse si el entendimiento es virtual, o si mantiene visos de realidad. Cuando trasciende que Alfonsín lo recibió a Cobos, en su departamento recuperatorio, por expresa sugerencia de Duhalde.
Ingresa además, por prepotencia de presencia, la señora Carrió. Independientemente, asoma Binner. Desfila Solá. De pronto, desde el desastre agropecuario, Solá logró colocarse en el primer plano. Con la inestimable colaboración de una secta de pelafustanes de Bahía Blanca.
Solá comparte el lote de peronistas presidenciables. Con un estancado Rodríguez Saa. Con el inmanente Reutemann.
En menor medida se lo va a atender también al tenor Das Neves. Al insistente De la Sota. Hasta a Gioja. Aunque parecen haberse puesto todos, injustamente de acuerdo, en descartarlo a Lavagna.
Como si Lavagna, desde aquel paseo infortunado por los jardines de Olivos, hubiera cavado, con imperdonable inocencia, su destino político.

Presentados los personajes, desatado el conflicto del poder, es aconsejable mantenerlo, en primera línea, a Scioli, el titular de la Línea Aire y Sol. Es quien más necesita medir el momento justo del salto. Su irremediable lealtad puede alcanzarle para acompañar, a los Kirchner, hasta la sala de embarque. Sin partir, eventualmente, con ellos.
Debe esperarse. además, que se registre alguna reacción, temperamentalmente política, de Romero. Hasta el cierre del primer capítulo, Romero parece conformarse con un rol secundario. Cuando se preparó para ser cabeza de elenco.
Sin embargo, es Macri quien se destaca en el amontonamiento de la madeja. Porque Macri crece, incluso, a través del silencio. Por su guionista ecuatoriano, lo favorece hasta el perfil bajo.
Nadie registró, hasta aquí, una sola frase memorable de su pertenencia. Pero tampoco le entra, a Macri, hasta hoy, ninguna bala. Aunque estratégicamente lo tienen apuntado. Como si Macri fuera, definitivamente, el blanco.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

Continuará
Manténgase conectado.

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