Intelectuales…puaj!

“Mises, Hayek, Schumpeter, Nozick y otros pensadores han tomado nota de que, bajo el capitalismo democrático siempre hay influyentes intelectuales que condenan el capitalismo y hacen  llamamientos para que el Estado  restringa a  los mercados. Dicha actividad no implica ningún riesgo y puede ser muy gratificante. Esto contrasta fuertemente con las consecuencias de criticar al socialismo, mientras viven bajo el socialismo. ”



Leszek Balcerowicz ex viceprimer ministro polaco

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Crítica Digital -El país / Edición Impresa

Polémicas: José Pablo Feinmann, YouTube y K

Cualquier pelotudo tiene un blog

Daniel Capalbo
23.05.2008

El filósofo, antes filoso, y escritor, siempre prolífico, José Pablo Feinmann afirmó en un tono muy pero muy asertivo que cualquier pelandrún sin obras publicadas ni trayectoria ni prosa genial que exhibir y que encima tenga la osadía de postear en un blog sus impresiones, sus quejas, sus textos incipientes, es un pelotudo. “Cualquier pelotudo tiene un blog y ponelo en negritas”, proclamó en un video que se puede ver en YouTube. Una pena, porque Feinmann se quejó con desprecio y una suficiencia que difícilmente merezcan quienes usan los blogs para decir, comunicar y jugar con las palabras que sirven para escribir.

Lo que antes cualquier perejil garabateaba en un cuaderno Arte en La Giralda de Corrientes, por más burro e iletrado que fuera, era bienvenido porque, al menos para los periodistas de mi generación, que de verdad veneraban a la suya, Feinmann, era como poner un pie en el primer peldaño de una escalera que conducía al crecimiento intelectual. Era cosa de entrar en la aventura de la palabra, nada menos.

Puede ser, ¿no? Hay muchos bloggers pelotudos, es probable que la mayoría lo sea. Pero no son los únicos tontuelos en este universo. Hoy existen libertades y recursos tecnológicos que hace apenas unos años eran inimaginables, y también hay un claro abuso de ellos. Pero en todo caso sería bueno sumar a la protesta a otros pelotudos que casi en la tercera edad destilan resentimiento senil o caen en algún tipo de ilusión óptica, más ligada a los deseos que a la razón; algo que, se sabe, siempre nubla el sano juicio y por ende la capacidad crítica. Por ejemplo: el hecho de ver en el ex presidente Kirchner –en pleno ejercicio– a un tipo similar a Jean-Paul Sartre, pero reencarnado en la política, cuando entre uno y otro no hay en común más que su bizquera. Mire, vea, maestro Feinmann, recuerdo que usted dijo eso hace unos años y lo transcribí en una nota cuando a Kirchner apenas se lo conocía por su mal genio adolescente. Hoy creo que aquélla fue una proposición que también podría calificarse de pelotudez, tal vez derivada de una sobredosis de Prozac.

La obra de José Pablo Feinmann es buena. La sangre derramada debería ser declarada de interés nacional, igual que Filosofía y nación. Son libros esenciales. Pero muchas veces me pregunto cómo el intelectual de profesión es capaz de convertirse en la parodia de presentador iluminista de tevé, blandiendo una imagen como de científico loco, en un programa dedicado a la divulgación filosófica que pone en el aire el dignísimo canal cultural Encuentro. ¿Será porque el Estado reconoce y paga? Recomiendo el programa, sin embargo, a los alumnos del colegio nacional. A mí me hubiera gustado tener un profesor así, lo confieso: apasionado, lírico, desgarbado. Y hasta un poco confuso e imperfecto.

Pero una cosa es la filosofía y otra, la acción política. Porque esa confusión la traslada usted a la defensa cerrada de un gobierno que no deja de pedirles adicción a sus intelectuales. Una confusión que lo llevó a concluir apenas una semana atrás que la burguesía sojera estaba urdiendo un golpe en contra de la señora que nos gobierna. Porque, en el fondo, el campo (que para usted es la suma lineal de oligarcas, egoístas liberales y conservadores de ranchería) denostaba a la Presidenta pero para tumbarla, y pensó que todo ese barullo, esta protesta y rebelión frente a un caso de abuso impositivo, escondía el verdadero deseo de cobrarse mal la política de derechos humanos que el Gobierno lleva adelante. Usted lo llamó “protogolpe institucional”.

No dudo de que el ejercicio intelectual, el hecho de dar una vuelta de rosca a lo evidente y superficial, la reflexión como sistema, sean la arcilla que moldea el pensamiento crítico. La pregunta es: cómo es posible que ese ejercicio ponga del mismo lado, bajo la misma bandera, en la misma vereda, a defensores biológicos de un gobierno que miente las cifras de pobreza, de inflación, que manipula la libertad de prensa. Defensores como el profesor Luis D’Elía o como el antes recalcitrante Eduardo Feinmann, periodista de C5N y Radio 10, su primo lejano y ahora habitual interlocutor domesticado de la Casa Rosada.

¿No será por eso, estimado José Pablo Feinmann, que ahora hasta un pelotudo tiene un blog?

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Entrevista a Tomás Abraham:

“La corrupción está aceptada por los intelectuales progresistas”

Junio 8, 2008 · 1 comentario

Hace unos días escribí este artículo sobre el conflicto entre el Campo y el Gobierno Argentino. La tesis era la siguiente: El “modelo de país” que han desarrollado los Kirchner no es económico (han continuado el que heredaron), sino que es un modelo político. Y en este sentido, este modelo ha perseguido un solo objetivo: La acumulación de poder.

En este marco, encuentro esta entrevista a Tomás Abrham, publicada hace dos sábados en la revista adnCultura del diario La Nación.

Me parece espectacular la aproximación que hace al tema del poder y a la aceptación de la corrupción si ésta es favorable a los propios intereses. En especial, me parece una entrevista poderosa por tratarse de un intelectual progresista que se enfrenta sin ningún complejo a sus colegas que, según su posición, han transado con el poder de turno.

Transcribo aquí los párrafos que me parecieron más importantes:

– Pero los intelectuales se indignan con la corrupción

“Se indignan cuando la corrupción viene de la derecha, pero si no, es un medio para obtener un poder necesario para un fin sentenciado como bueno. ¿Vos creés que a Hebe de Bonafini le importan los fondos de Santa Cruz? Si son para la causa. Pero ese es un sector de la sociedad. El otro, el mayoritario, acepta la corrupción como una fatalidad inevitable del país y lo único que le importa es que las cosas avancen. No interesa cómo, pero que avancen. Hay tal resignación”.

-¿Que avance la economía?

“Claro, es lo que más daño produjo en los últimos años. Que no haya una crisis como la de 2001″.

-¿No es comprensible desde el punto de vista humano?

“Es comprensible pero no aceptable porque es un dilema falso. Se cree que se puede hacer una cosa bien sin la otra y en realidad no funciona ninguna”.

“Ahí el poder busca su legitimidad ética y vive de la ilegalidad de 2000, la de los gobiernos que manipulan, y de la legitimidad de los años 70. “Nosotras somos las madres de los que murieron.” Están los políticos que hacen los monumentos a la memoria y todo eso va fabricando una memoria que legitima la ilegalidad de hoy. Aquí falla algo”.

“Hay una apropiación política de los derechos para legitimar una construcción de poder. Ese fue el pacto que hizo Kirchner en 2004 con las organizaciones de derechos humanos: “Yo les abro los juicios y ustedes me apoyan en todo”. Y las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo se sacaron el pañuelo. Estamos discutiendo política y no cuestiones que tienen que ver con los derechos del hombre, sino cuestiones de poder. Y en esas cuestiones de poder ese pacto es para ser denunciado. Eso no tiene que ver con la violación de los derechos humanos en la Argentina. Tiene que ver con un nuevo pacto político. Y con una apropiación no solamente de los derechos humanos, sino de las voces de los que murieron asesinados en la década del 70. ¿Quién puede hablar en nombre de ellos?”.

“Hay una legitimación de la violencia de parte de una capa cultural que la estimula desde afuera, desde los sillones, en donde legitiman cualquier cosa en nombre de que existe la violencia generalizada y hay injusticia y entonces todos los medios son buenos. Hay una fuerte crisis cultural y educativa. No económica, ni política. Por eso la necesidad de otro tipo de políticos. Y no es la cuestión de la honestidad. Es la cuestión de qué tipo de organización queremos. Esta sociedad ha sufrido tantas crisis que tiene anomia institucional. Acá nadie cree en nada. Y es mentira que en todo el mundo pasa lo mismo. No es así en Uruguay. Eso forma parte de la decadencia que no se mitiga con venturas ocasionales en lo económico. Hablan de construcción de poder pero no se habla en serio de una nueva idea de lo que es hacer política”.

-El discurso de los derechos humanos limpia.

“Limpia, y no es solamente un malentendido. Eso muestra otro tipo de corrupción que no es la económica. Es una cuestión de amoralidad o inmoralidad y falta de honestidad y de coraje para decir cosas. Hay mucha gente que tiene miedo de hablar porque teme la descalificación pública y la exclusión. En cierto universo la gente lo que menos quiere es que le digan que es de derecha. Hay mucho miedo a la palabra derecha. Hay un conformismo y bastante cobardía y falta de honestidad”.

“Aprovechó la situación con oportunismo y también sentido de la oportunidad, pero tenés que pensar qué hacer cuando se acabe eso. Si calentás la economía, das más trabajo, bajás la desocupación, después viene la inflación, no hace falta ser un genio. No previeron nada y no pensaron nada para cambiar. Es lo mismo que pasó con la convertibilidad, les salió bien hasta 1995, vino la crisis mexicana, la crisis de todo el mundo y no pensaron nada. Tuvo que reventar. Es la conducta de los políticos argentinos: que reviente, así nadie tiene la culpa”.

-¿La culpa se diluye?

“Vos decís: la culpa de la inflación la tiene la soja. O dejás que el ajuste lo haga la inflación. La gente en la calle, inflación del 30 por ciento y la culpa no la tiene una medida que tomó el gobierno. Cuando López Murphy dijo: “Bajo los sueldos estatales 13 por ciento”, no lo lincharon porque faltó la cuerda y se fue. Pero cuando se hizo la devaluación y bajaron 40 por ciento, nadie tuvo la culpa. Se busca que reviente para volver a estar en el escenario político. Es una conducta suicida”.

-Pero ellos nunca mueren.

“Justamente, porque viven del reviente general”.

(A los Kirchner) Nunca les interesaron los derechos humanos en Santa Cruz.

“No tienen esa formación cultural. Es gente educada para el poder, no para el Derecho. Hay algunos políticos que combinan las dos cosas. Ellos no, para ellos es el poder. Hay un tipo de persona que se dedica a la política y puede llegar a pensar que no vale la pena el poder porque se llega a un punto tal de lo intolerable que se retira. Hay otro tipo de políticos para los que siempre vale la pena, hoy están a la derecha; mañana, a la izquierda. Da exactamente lo mismo. El asunto es acumular poder”.

-La habilidad de este gobierno es que no va nadie, ni dan entrevistas. No entran en la dinámica periodística.

“El otro día leí que querían llevar a la comisaría a un periodista de una radio porque mientras Cristina decía que los colegios privados no aumentaron, él saltó y dijo que el suyo aumentó. Me lo imagino al tipo todo el tiempo sentado sin poder decir nada durante cuatro años, sin poder hacer una sola pregunta, y cuando le dicen cualquier cosa y la que se lo dice sabe que dice cualquier cosa, bueno, el periodista explotó: “¡Cortala!”.

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Nuestros intelectuales y el mito revolucionario

Por haber sido un hombre de izquierda hasta los 40 años y haber compartido con muchos amigos convicciones, esperanzas y fervores relacionadas con el socialismo y con experiencias tales como la revolución cubana, creo estar bien situado para buscar una respuesta a las siguientes preguntas: ¿por qué la gran mayoría de los intelectuales latinoamericanos hicieron suya, sin reservas, en el siglo XX, la causa del marxismo y de sus derivaciones tercermundistas? ¿Por qué han asumido como posición de avanzada los dogmas de dicho pensamiento? ¿ Por qué, de esa manera, han contribuido a errar el rumbo de todo un continente, exaltando mitos y aventuras revolucionarias, en vez de poner su conciencia crítica al servicio de opciones que le permitan acceder a las ventajas o beneficios del desarrollo, derrotar a la pobreza y consolidar la democracia?

Intentaré dar las explicaciones que considero más relevantes a estos desvaríos recurrentes de la intelligentsia latinoamericana. Pero antes no sobra una advertencia: los intelectuales de otras latitudes no han estado mejor encaminados. Analistas e historiadores que han intentado seguir su trayectoria a lo largo del siglo XX se sorprenden de su ceguedad y de su precipitación. En un libro titulado “The fellow-travelers”, el historiador David Caute, profesor en las universidades de Oxford, Nueva York y Columbia, ha hecho un abrumador inventario de todas las tonterías que notables escritores dijeron o escribieron a propósito del régimen soviético, sin duda de muy buena fe, en los años treinta, que fueron por cierto los más terribles del estalinismo. “Mañana dejo esta tierra de esperanza – decía, por ejemplo, Bernard Shaw – para regresar a nuestros países occidentales de desesperanza”. A su turno, los novelistas norteamericanos Theodoro Dreisser y Upton Sinclair alababan al régimen soviético por la ausencia de ladrones y de corrupción en la URSS, en tanto que Waldo Frank percibía allí “una gran energía potencial” y su colega Edmund Wilson situaba aquel país en “la cumbre moral del mundo”. Parecidos elogios a aquel régimen totalitario, responsable de deportaciones masivas, “gulags” , colectivización forzada de tierras, harían los franceses Anatole France , Romain Rolland y los Joliots Curie, así como notables autores británicos y alemanes. Ninguno de ellos perdonó a André Gide que hubiese publicado su “Regreso de la URSS”. Después de la segunda guerra mundial, Jean Paul Sartre, para quien el compromiso fue una elección y una ética, defendió también al régimen soviético e hizo suya las causas de China, Cuba, Argelia, Vietnam basado en dos concepciones igualmente equivocadas: que el capitalismo era el mayor de los males del universo y el socialismo su necesaria réplica histórica. Gide, en un momento de su vida, creyó lo mismo pero acabó dándose cuenta a tiempo de la realidad del régimen soviético. “Tengo que decir la verdad”, dijo, y ello, según lo registra Octavio Paz, le costó “largos y agonizantes debates interiores”. Sartre no hizo esta apostasía. Apenas vio petrificarse en una casta burocrática el socialismo a la soviética, optó por apoyar otros desvaríos: el maoísmo y el tercermundismo más agreste. “Me produjo fiebre – recuerda hoy el escritor y periodista francés Jean Daniel, a propósito del prólogo escrito por Sartre al libro “Los condenados de la tierra” de Frantz Fanon – leer aquello de que un colonizado no podía encontrar su salvación sino en el asesinato de un colono y un negro, en el de un blanco”.

Me apresuro a decir que no era el suyo un caso de deshonestidad. Sartre fue un hombre profundamente honesto. También lo era Julio Cortázar, a quien conocí de cerca: cándido y honesto. Simplemente el francés y el argentino, como muchos europeos y muchos intelectuales latinoamericanos, fueron seducidos por una utopía intelectual que parecía condenar a una muerte cierta a la democracia liberal y la economía de mercado y pintaba con trazos luminosos el camino hacia una sociedad sin clases. No veían ellos, pues, la realidad deplorable de un sistema, sino su exaltación ideológica.

Los intelectuales que tuvieron o han tenido la lucidez de anteponer a esta clase de enajenaciones los valores de la libertad y del individuo como Albert Camus, Raymond Aron, Jean Francois Revel y, en el continente latinoamericano, Octavio Paz o Mario Vargas Llosa, han sido a menudo descalificados en los ámbitos académicos y universitarios como exponentes de un pensamiento de derecha, etiqueta que los ubica al lado de los privilegiados y entre los defensores de un orden social y económico impugnable. Son las deformaciones propias de una ideología que divide al mundo en progresistas y reaccionarios de igual manera que los escolásticos lo dividían entre creyentes y herejes.

MÁSCARAS DE LA REALIDAD

¿Por qué nuestros intelectuales son tan propensos a dejarse embrujar por supersticiones ideológicas? Friederik von Hayek y Octavio Paz han dado buenas respuestas a esta pregunta. Para Hayek la superstición nace cuando alguien cree saber más de lo que en realidad conoce. Y los intelectuales tienden a pensar, por influencia de su propia manipulación de ideas, fábulas poéticas o narrativas, que se puede rehacer el mundo a partir de un proyecto de sociedad teórica. El socialismo, en este sentido, es para él un error de intelectuales; es decir, una creación puramente ideológica, un postulado sin asidero en la realidad, un sueño de sociedad igualitaria, sin clases y sin afanes de lucro. Expresa una nostalgia de la sociedad arcaica y de la solidaridad tribal. Es, en suma, una utopía. En cuanto deja de serlo para convertirse en una realidad política, institucional y económica desemboca fatalmente en un sistema totalitario, regido por un pensamiento único. Su único beneficiario es una casta burocrático-militar. El liberalismo, en cambio, no parte de una construcción teórica. “Ningún intelectual -ha dicho Hayek- decidió un día crear una organización que debería llamarse capitalismo o economía de mercado”. Esta ha nacido de un orden espontáneo en el que concurren tan incontables decisiones, tantas que ningún ordenador podría registrarlas. La pretensión de que el poder político pueda sustituir ventajosamente este juego tan complejo y plural no ha sido sino un desvarío. Y de hecho, las sociedades donde la iniciativa individual es libre han resultado más prósperas que las sociedades de economía planificada.

En América Latina, en forma más acusada que en Europa, los intelectuales toman del socialismo no la realidad fraudulenta y desastrosa que hizo colapso en la Unión Soviética y los países del este europeo sino el postulado teórico, el sueño de la sociedad igualitaria; sueño generoso que confrontan con todos los vicios, desigualdades e injusticias percibidas por ellos en el único capitalismo que hemos tenido: el capitalismo mercantilista en el cual no se juega con las limpias cartas de la competencia y del mercado sino con los favores, prebendas o privilegios deparados por el poder. De esta confrontación, la utopía o las ideologías que la postulan salen siempre vencedoras si hay una disposición cultural o intelectual propensa a sacralizarlas, en vez de verlas como supersticiones. Y esto es lo que le ha ocurrido a nuestros intelectuales por actitudes y hábitos que, según Octavio Paz, nos vienen del tomismo y la neoescolástica.

” Sus abuelos -dice Paz- juraban en nombre de Santo Tomás, ellos en el de Marx, pero para unos y otros la razón es un arma al servicio de una verdad con mayúscula. La misión del intelectual es defenderla. Tienen una idea polémica y combatiente de la cultura y del pensamiento: son cruzados. Así se ha perpetuado en nuestras tierras una tradición intelectual poco respetuosa de la opinión ajena, que prefiere las ideas a la realidad y los sistemas intelectuales a la crítica de los sistemas”.

Entre nosotros, recuerda Paz, las ideas han tenido vida propia disociada de la realidad. Hicimos la independencia en nombre de unos postulados, pero ello no dio lugar a sociedades más libres y modernas como pudo ocurrir con las revoluciones en Estados Unidos o en Francia. “Las ideas tuvieron función de máscara; así se convirtieron en una ideología, en el sentido negativo de esta palabra, en velos que interceptan y desfiguran la percepción de la realidad”. De esta manera, fácilmente, el marxismo se convierte en nuestros intelectuales en una creencia y no en un sistema que, a la luz de los Estados y sociedades a que dio lugar, tanto en Europa, como en la China, Vietnam o Cuba, debería ponerse en tela de juicio.

Pero esta propensión a las alucinaciones ideológicas por atavismos culturales, no lo explica todo. Circunstancias muy especiales de nuestra historia política influyeron en los intelectuales para mirar con simpatía, cuando no para abrasar abiertamente, las llamadas causas revolucionarias en el continente. Me refiero a dos fenómenos que por mucho tiempo estuvieron estrechamente relacionados entre sí: las dictaduras militares y el apoyo que recibieron del Departamento de Estado norteamericano. Para ser justos, debemos decir que no es este el caso hoy en día, cuando prevalecen en América Latina los gobiernos democráticos y cuando no hay luz verde para regímenes de fuerza por parte de Estados Unidos. Pero no fue ésta la situación en las épocas más álgidas de la guerra fría. Entonces, ante la amenaza comunista que se extendía por el mundo, prevalecía en más de un presidente norteamericano y en secretarios de Estado con vocación de halcones como el señor Foster Dulles la idea de que la única manera de conjurar este peligro era con gobiernos fuertes sustentados en las Fuerzas Armadas de cada país. Sabemos de sobra que dictaduras como la de Somoza, en Nicaragua, Leonidas Trujillo, en la República Dominicana, Odría, en el Perú, Batista, en Cuba, Pérez Jiménez, en Venezuela y otras del mismo perfil fueron vistas en Washington en el más benévolo de los casos como un mal necesario, y otras como la Pinochet, en Chile, o la de Videla en Argentina se impusieron con su abierto apoyo en nombre de una cruzada anticomunista.

Muchos latinoamericanos de mi generación, que alcanzaron a padecer este tipo de regímenes y que, al mismo tiempo, fueron testigos de la feroz represión desatada por ellos contra las organizaciones de izquierda, en las cuales militaban centenares de estudiantes, profesionales, artistas, periodistas, sindicalistas y educadores, simpatizaron con su causa y con frecuencia la hicieron suya viendo en la política americana una expresión del imperialismo y en el socialismo su única y efectiva fuerza internacional de contención. La polarización derivada de la guerra fría y de las implicaciones que ella tuvo en América Latina no permitía entonces medias tintas ni evaluaciones más ponderadas de uno y otro sistema. Tal vez la nuestra fue una situación similar a la que vivió España cuando estalló la guerra civil. El franquismo, apoyado por Hitler y Mussolini, puso en el bando republicano a liberales, socialistas, anarquistas y comunistas enmascarando las divergencias sustanciales que podía haber entre ellos en nombre de la solidaridad frente a un enemigo común. De igual manera, frente a la tortura, a las desapariciones y al exilio forzado, la causa del llamado mundo libre nos parecía irrisoria pues no veíamos en ella la defensa real de unos principios democráticos sino la preservación de intereses capitalistas.

En este contexto, la revolución cubana apareció como la única salida veraz a una situación desesperanzada, en la cual los cambios por la vía legal o institucional podían ser anulados por la intervención de las Fuerzas Militares, convertidas en perros guardianes de un orden tradicional acribillado de injusticias. De ahí que, con la aristocrática excepción de un Borges, las figuras más destacadas de la intelligentsia latinoamericana vieran a Castro o a Guevara como liberadores y estuvieran dispuestas a extenderles un cheque en blanco sin poner en duda la honestidad de sus propósitos. Mirando hoy retrospectivamente el proceso de la revolución cubana, uno descubre que a partir de su primero o segundo año muchos de sus desvaríos en el campo de las libertades públicas y del manejo económico, para no hablar de la implantación de un férreo sistema de control policial, eran patentes, como lo revela el extraordinario libro “La lune et le caudillo” de la escritora francesa Jeannine Verdès-Leroux. La ruptura de un cierto número de ellos con el régimen cubano sólo se produjo en 1971, a raíz de la detención en la Habana del poeta cubano Heberto Padilla. Pero son probablemente más numerosos los escritores que expresan todavía su solidaridad al régimen de Fidel Castro, considerando que a él o a la revolución se deben importantes conquistas en el campo de la salud y de la educación y que las penurias de la isla se deben esencialmente al bloqueo norteamericano. Y por parcialidad ideológica, ellos suelen retener de la revolución cubana lo que consideran sus conquistas, sin poner en la balanza realidades abrumadoras como la represión, la penuria generalizada y el exilio de quienes no han querido aceptar un régimen comunista.

LA COARTADA TERCERMUNDISTA

Detrás de estas posiciones, que muchos de nuestros intelectuales comparten con académicos y universitarios, palpita un viejo complejo latinoamericano frente a Estados Unidos, producto de una dolorosa e inevitable comparación. ¿Por qué aquel país es rico y los nuestros son pobres? ¿Quién tiene la culpa? A los pueblos, como a los individuos, no les gusta asumir la responsabilidad de sus propios fracasos. El venezolano Carlos Rangel supo demostrar como el tercermundismo respondía a esta necesidad de transferir la culpa propia endilgándosela a los países ricos del primer mundo y muy en especial a Norteamérica. Es, una vez más, una respuesta ideológica. De acuerdo con ella, la pobreza de América Latina sería el resultado de un voraz saqueo de nuestras riquezas. Nuestras materias primas serían compradas a precios irrisorios. No se nos pagarían por ellos el precio justo. Como afirma Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, en una ingrata división de tareas impuesta por los países ricos, a nuestra región le correspondería el triste papel de sirvienta obligada a atender las necesidades de éstos como “fuente y reserva del petróleo y del hierro, el cobre y las carnes, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos”.

En un capítulo del “Manual del Perfecto idiota latinoamericano” hemos demostrado con Carlos Alberto Montaner y Alvaro Vargas Llosa las falacias y necedades de este victimismo. Así como no se puede derogar la ley de gravedad, tampoco se puede impedir el libre juego de la oferta y la demanda en las transacciones económicas a fin de establecer una asignación de valores justos a los bienes y servicios. Nadie con dos dedos de frente ha podido determinar cuál debería ser el precio justo del café o del azúcar y quien, si no es el mercado, tendría la autoridad para determinarlo. No es el caso entrar a analizar semejante disparate. Lo que importa es señalar que si más de un intelectual nuestro tiende a acreditar la versión de que somos víctimas de una explotación sin entrañas por parte del mundo capitalista desarrollado, la respuesta a semejante situación – durante muchas décadas del siglo pasado – no pudo ser sino el socialismo. Fracasado este modelo en la Unión Soviética y los países del este europeo, muerto por implosión, o sea por obra de sus propios desastres, quedan en algunos intelectuales latinoamericanos residuos de la moribunda ideología marxista. El primero es el sueño de la sociedad igualitaria, que ahora, despojado del lastre del “socialismo real”, recupera su primitiva condición de utopía. El segundo, es de todas maneras el horror al capitalismo ahora identificado con el llamado por ellos neoliberalismo o ultraliberalismo y con la globalización. Y, de todas maneras, la noción subliminal de la revolución, ahora encarnada en movimientos como el acaudillado por el subcomandante Marcos en México. Es más un juego fetichista que otra cosa; quizás un alarde lírico, un simple rechazo amputado de alternativa real, puesto que la realidad ha demostrado que fuera de la economía de mercado, en cualquiera de sus variantes, no existe otro modelo viable.

Convertido en utopía, y en utopía a menudo sangrienta, el sueño revolucionario tan fervorosamente cortejado por tantos intelectuales latinoamericanos, podría pensarse que a éstos no les queda más salida que la resignación. Desde luego, tal actitud ninguno podría aceptarla, pues la realidad del continente a primera vista no puede ser peor. La pobreza de grandes sectores de la población es abrumadora. Las desigualdades son vistosas e inaceptables. La venalidad política, el clientelismo, los privilegios son las llagas de una sociedad enferma. Rebelarse contra todo eso no es sólo legítimo sino saludable e imprescindible. Sólo que esa rebelión ante los desastres de nuestra realidad debe ser lúcida y no enajenada. Las utopías encubren casi siempre un engaño, ya que , apoyándose en aspiraciones legítimas, generan violencia y opresión. Es hora de romper el mito guevarista de que la violencia es la gran partera de la historia. La civilización, el respeto de los derechos individuales y la modernidad no están en la punta de un fusil. La vía más eficaz para afrontar nuestros conflictos y problemas es el ejercicio incesante de un pensamiento crítico. Y es ahí donde el intelectual puede jugar al fin un verdadero papel de vanguardia.

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Cuestionado Coscia, hombre de Carta Abierta, un enemigo de la soja que avanzará con la nueva Ley de Medios

En el archivo hay una frase definitoria del nuevo secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, bajo la lupa judicial por su actuación en el Instituto de Cinematografía: “Estos chacareros que cortan rutas… si se hiciera una encuesta, la mayoría trabaja muy poco porque arrendaron su campo o sembraron soja en un período y después se van a jugar al truco, y ahora encontraron un juego político, que es el corte de la ruta y la figuración mediática, son un engendro nefasto de la soja, el energúmeno de Entre Ríos es un efecto nefasto de la soja. De Angelis, defensor de la soja se hace el tonto cuando la papelera de Gualeguaychu equivale a un inodoro de Bs.As. en relación a lo que la soja mata, enferma a poblaciones con el glifosato, yo diría la maldita soja, es la maldición de la soja”.

| 08/07/2009 |
Jorge Coscia.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El designado nuevo secretario de Cultura, Jorge Edmundo Coscia, quien reemplaza a José Nun, comenzó pronunciándose a favor de “una buena ley de radiodifusión“, antes de advertir: “lamentablemente muchos de la oposición quieren que el gobierno tropiece y lamentablemente cuando pasa esto, lo paga la gente“, y luego fue a fondo, en diálogo por Radio del Plata (de Electroingeniería) difundido por la agencia estatal Télam: “Este Gobierno tiene el mejor proyecto político desde que está la democracia. Yo le digo a la gente que este es un proyecto político que está vivo”, afirmó.

Coscia es integrante del colectivo Carta Abierta, que pretende resultar el laboratorio de ideas de un kirchnerismo crítico del peronismo convencional que, contradictoriamente, intentó liderar Néstor Kirchner como presidente del Consejo Nacional del PJ hasta luego de la derrota electoral del 28/06.

Carta Abierta fue reivindicado por Luis D’Elía en su reciente documento en el que invitó a Néstor Kirchner a girar hacia una suerte de chavización, con ese colectivo de intelectuales como generador de iniciativas.

Personaje a conocer este polémico Coscia, diputado nacional Ciudad de Buenos Aires-Frente para la Victoria, con mandato hasta el 10/12, presidente de la comisión de Cultura, y vocal de las de Comunicaciones e Informática, Libertad de Expresión y de Relaciones Exteriores y Culto.

Coscia se encuentra bajo la lupa de la Justicia por su actuación al frente del organismo estatal de financiación de cinematografía. Hay cuentas bajo sospecha y por mucho dinero.

Javier Calvo lo presentó así en el diario Crítica de la Argentina:

No le agradaba el ladrillo a la vista. Al punto que los albañiles se tomaron todo el tiempo necesario, que fueron muchos meses, para dejarla hecha una pinturita, por dentro y por fuera: ahora luce blanca y radiante. Nadie podría imaginar que semejante casa pertenece a una persona que desde hace años es funcionario público, de ingresos moderados. O no tanto.

Jorge Edmundo Coscia es todo un personaje, pero de la vida real. Director de películas poco rescatadas por la crítica y el público, como Mirtha, de Liniers a Estambul y Luca Vive, fue durante cuatro años el encargado de llevar los destinos del poderoso Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Visuales (INCAA). ¿De dónde viene tamaño poder? Del vil dinero: nadie puede filmar en la Argentina sin los créditos o subsidios del Instituto.

El INCAA depende formalmente de la Secretaría de Cultura de la Nación. Fue el entonces secretario de Cultura de Eduardo Duhalde, el actor Rubén Stella, el que en marzo de 2002 ungió a Coscia. Ese mismo año, el Instituto conseguía autarquía administrativa y financiera. En buen criollo: comenzaba a manejar su propio presupuesto. Y Coscia lo manejó muy bien, al punto que sobrevivió a Stella y a Duhalde para abrazar el kirchnerismo.

Los fondos de los que dispuso mantuvieron una tendencia al alza. Primero, fueron unos tímidos $ 40 millones. Que después pasaron a ser $ 50 millones. Que después pasaron a ser 65. Y terminaron siendo $ 86 millones en 2005.

La prepotencia económica del INCAA acalló casi cualquier desliz crítico hacia la gestión Coscia. Como lo admitió a este diario su antecesor en el gobierno de Raúl Alfonsín, el también director cinematográfico Manuel Antín, “uno debe cuidarse de hacer declaraciones negativas. No sólo por la importancia del Instituto, sino porque definitivamente no es un ambiente donde uno pueda hacerlas”. Está grabado. (…)”.

Juan Manuel Fonrouge, de la Revista 2010, entrevistó a Coscia, quien explicó que estaba preparando una película sobre la vida de Eva Duarte y Juan Perón y un 2do. libro ‘La esperanza sitiada’, continuidad de ‘Del estallido a la esperanza’.

Un fragmento de esta entrevista publicada durante la campaña electoral que perdió el kirchnerismo, es el siguiente:

“(…) -El proyecto de reforma de Ley de Radiodifusión se enmarca en una batalla cultural más amplia ¿Cómo ves este debate?

-Me parece una tarea estratégica, porque lo es para el proyecto de país, hoy la democracia, la justicia, la libertad, está condicionada por el formidable poder mediático que tienen 4 o 5 sociedades anónimas ¿qué democracia es posible cuando hay hechos que no se mencionan o son desaparecidos de la consideración general? el nivel de distorsión de la realidad logrado el año pasado en torno al conflicto agrario no se ha visto ni siquiera cuando el diario Crítica le metía tapas contra (Hipólito) Yrigoyen para voltearlo. Desde hace muchos años en la feria de la Rural el presidente de la Sociedad Rural se queja si hay una política nacional y popular y festeja si hay una política antinacional, pero eso ocurría una vez al año, hoy lo que está ocurriendo es que la Sociedad Rural con (Hugo) Biolcatti y sus socios de la mesa de enlace nos dan 10 discursos por día, y esto no había ocurrido jamás, y cuando esto ocurre estamos en presencia de una verdadera confabulación política, yo creo que esta es la gran tarea, y no para aniquilar a Clarín, no se trata de aniquilar ni siquiera a grupos espurios que acumularon sus riquezas y construyeron multimedios con recursos absolutamente cuestionables, eso es tarea de la justicia, se trata de poner un límite y de permitir nuevos actores, se trata de que otros sectores de la sociedad tengan vos, de otras perspectivas, otras miradas, el proyecto de Ley es una tarea difícil, pero las mentiras tiene patas cortas,¿vamos los argentinos en diez años a volver a ver como nos engañaron como en el ‘55 y como en el ’76? ¿vamos por eso de nuevo? termina la sesión y le ponen el micrófono a diez de la oposición y a uno de nosotros, ¿dónde está la democracia?, además pasa como el cuento del negro en el coliseo romano que lo entierran hasta le cuello y le sueltan dos leones, cuando le comen las orejas el público viva, cuando el negro lo muerde al león lo tratan de asesino, eso nos hacen a nosotros, cada vez que defendemos los valores de la democracia. En los cortes de ruta de los desocupados procesaron a mas de 1.000 personas y a estos tipos le procesaron solo a 6, se murió una chica el otro día en una ambulancia. Mentira que el poder esté en la Casa Rosada, el poder esta hoy en la formidable capacidad de fuego comunicacional que tienen los multimedios.

(…)

-¿Cuáles son los principales debates que se deben dar en estas elecciones?

-Los viene marcando la Presidenta (Cristina Fernández) debate de la Ley de Radiodifusión, redistribución de la riqueza, trabajo y producción, medidas contra cíclicas, priorizar la integración en el Mercosur, políticas de defensa de la soberanía nacional en los grande foros, escuché a unos tarambanas que criticaban que Cristina iba a estar en el G-20 el 2 de abril, ¿Nadie se pregunta qué va a hacer el 2 de abril a Londres?, hay una cantidad de sonzeras… al gobierno podemos buscarle muchos defectos, pero las grande líneas son las líneas históricas de la revolución nacional, después uno podrá decir que se deberían construir mas viviendas, al problema de la seguridad podríamos darle mas pelota, la política cultural podría ser mas intensa, agresiva, pero no tengamos dudas de que este proyecto enamoraría a Arturo Jauretche, pongamos los libros juntos y comparemos, por eso este gobierno tiene los enemigos que tiene, porque hay que ser bueno para tener enemigos tan malos, si alguien se equivoca, y hay muchos como Pino Solanas, que vea si alguna vez se juntaron la Sociedad Rural, los poderes mediáticos, los poderes económicos internacionales, las preocupaciones de alguna embajada, discutamos luego si el tren bala sí o no, discutamos todo, y no nos equivoquemos de que este gobierno tiene en su agenda los valores mas preciosos de la revolución nacional, que comenzaron el 17 de octubre de 1945, claro que son no son idénticos, porque la argentina es otra.

-Algunos con el debate de la crisis internacional parece que buscan marcar la cancha, discutir la crisis de la forma que ellos quieren, donde los ganadores son siempre los grupos económicos…

-Las viejas medidas, que unos llaman keynesianas, que podemos llamar peronistastambién… el gobierno está tomando medidas anticíclicas, que tienen que ver con la protección del empleo, de la producción, el Estado como regulador, ahora después podemos discutir hacia donde mas y hacia donde menos, a mi me parece muy importante reforzar el tema vivienda, la vivienda es una industria de industrias, y ahí matas dos pájaros de un tiro, la multiplicidad de beneficiarios, cuando se transforma una villa en barrio, ahí hay una cuestión que tiene que ver con la salud, con la seguridad, con el trabajo, la justicia, la vivienda debe ser la bandera.

-¿Cómo ves la continuidad del conflicto con las patronales rurales?

Es un capítulo más del viejo conflicto histórico en la Argentina entre un proyecto agroexportador, dependiente, elitista, cipayo, y un proyecto nacional de justicia social, muchas veces nos dicen que somos sectarios los que defendemos un proyecto de país, porque decimos que hay un solo proyecto de país, y si, hay uno solo, en EEUU hay un sólo proyecto de país, porque lo dirimieron en la guerra civil, luego discutirán cosas muy importantes, pero no discuten el partido Republicano y Demócrata si EEUU debe ser un país agroexportador o industrialista, acá gano el sur, pero luego vino el peronismo, y esto generó una situación de empate. El proyecto agroexportador, elitista, casi siempre antidemocrático, cuando están en peligro sus privilegios dejan de jugar a la democracia, hablan de República, pero cuando pierden una elección dicen fraude, o que el que gobierna es autoritario, lo hicieron con Perón, con Yrigoyen, lo hicieron cuando hubo esbozos tímidos e incompletos de proyecto nacional, lo hicieron con Frondizi, con Illia y hasta con Alfonsín. El peronismo le dio un carácter a la revolución nacional de profundización, pero este se interrumpe, y gobiernan muchas veces a través de dictaduras, y hasta por las urnas como con Menem, pero tampoco logran consolidar su proyecto, porque no es viable para las mayorías nacionales, cada vez que hay un proyecto de viabilidad nacional lo jaquean, lo ponen en peligro.

-Pero hay una marcada diferencia entre el proyecto agroexportador del pasado y el modelo sojero…

La soja ha berretizado al proyecto agroexportador, si antes exportábamos comida para los soldados ingleses, ahora exportamos comida para los chanchos de china, es casi una broma, se ha agudizado casi de modo bizarro el proyecto agroexportador, con la particularidad de que cualquier otro proyecto agroexportador era más generoso con la comunidad de lo que es la soja, que excluye poblaciónes, genera concentración y especulación y contamina,la Inglaterra de siglo XV, que era parte de la revolución industrial, el campo se vaciaba y se iban a vivir a las ciudades y era una especie de metamorfosis de una sociedad feudal agrícola a una sociedad burguesa industrial, en nuestro caso es al revés, la soja tiene dientes más grandes que las ovejas, la soja expresa un proyecto agroexportador donde van a sobrar la mitad de los argentinos, ¿Cómo va a explicar la oposición la inseguridad si triunfa el modelo sojero?, (Felipe) Solá, que además es uno de los introductores de la soja, ¿Cómo van a resolver la inseguridad?, ¿Alambrando barrios enteros como hacen con la Franja de Gaza?, creo que no exagero. Yo les digo, si triunfa el proyecto sojero vamos a conocer entonces si la inseguridad. El proyecto agroexportador debe ser controlado por un proyecto de país. Jauretche explicaba que países como Alemania deben con los excedentes industriales subsidiar a su campo, porque de lo contrario serían dependientes de un tema estratégico como los alimentos, en nuestro país debe ser a la inversa, debemos tomar los excedentes agrícolas para generar un modelo industrial, porque el modelo actual excluye a la mita de los argentinos. Estos chacareros que cortan rutas si se hiciera una encuesta la mayoría trabaja muy poco porque arrendaron su campo o sembraron soja en un período y después se van a jugar al truco, y ahora encontraron un juego político, que es el corte de la ruta y la figuración mediática, son un engendro nefasto de la soja, el energúmeno de Entre Ríos es un efecto nefasto de la soja. De Angelis, defensor de la soja se hace el tonto cuando la papelera de Gualeguaychu equivale a un inodoro de Bs.As. en relación a lo que la soja mata, enferma a poblaciones con el glifosato, yo diría la maldita soja, es la maldición de la soja (…)”.

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LOS INTELECTUALES Y LA POLÍTICA

Los dilemas de Carta Abierta tras la derrota

Sus miembros esperan que los K aceiten coincidencias con sectores afines de centroizquierda sin dejar de lado los lazos con el peronismo.

Ricardo Forster (Filósofo y ensayista), Horacio González (Director de la Biblioteca Nacional), María Pía López (Socióloga UBA) y Adriana Puiggrós (Diputada nacional).

Reconstruir por fuera del PJ
Ricardo Forster (Filósofo y ensayista)

“Hay que apuntar a la reconstrucción por fuera de las estructuras del Partido Justicialista, lo que no significa desperonizarse. El PJ nunca fue un lugar referencial ni un lugar natural, sino un mero instrumento que Néstor Kirchner tenía en un determinado contexto histórico. A partir de ahora, se abre otra etapa en la que Kirchner debe contemplar otro modo de construcción política. El Gobierno deberá analizar a qué sectores puede atraer y tendrá que dialogar con sectores progresistas, como Proyecto Sur, Nuevo Encuentro y movimientos sociales. Dar por muerto al kirchnerismo es un deseo de muchos pero Kirchner es un hombre que siempre ha mostrado fuerza política, les guste o no lo que haga.

La Presidenta tendrá que hacer serios esfuerzos por recomponer y construir núcleos de gobernabilidad, para recomponer también su propia figura. El problema del diálogo es que para algunos sectores de la oposición es equivalente a plegar las banderas del kirchnerismo y que se acepten las decisiones de las corporaciones; es casi como un concepto de rendición. La oposición sabe que es preferible que el Gobierno esté débil y languideciendo hasta que llegue 2011.

Debe haber autocrítica real
Horacio González (Director de la Biblioteca Nacional)

Personalmente, nunca tuve ninguna expectativa respecto de la relación que se estableció con el Partido Justicialista. El gesto que se hacía de apoyo en él era sin dudas problemático pero parecía no haber otra alternativa.

Éste es un momento muy diferente, en el que sería conveniente intentar un llamado a la opinión independiente. Pero habrá que evaluar con qué fuerzas. Con respecto a Proyecto Sur, de Fernando “Pino” Solanas, y Nuevo Encuentro, de Martín Sabbatella, es algo complejo, porque no será fácil conciliar: los estilos no son los mismos y se trata de dos grupos que han sido muy críticos del oficialismo.

Respecto del rol que están jugando las fuerzas de la oposición luego del resultado electoral, por el momento, sus dirigentes están debatiéndose. No son todos lo mismo y hay entres ellos figuras muy absorbentes y, en varios casos, antagónicas entre sí.

Pareciera que la oposición está discutiendo sobre cómo exigen al Gobierno sin hacerlo caer; ese oxímoron atraviesa el debate de los opositores.

El Gobierno, entonces, debe explorar una posición valiente, con una crítica efectiva de estos años. Pero una crítica real y con sustancia, para admitir los errores y explicarlos con serenidad. A partir de cómo se dé esta autocrítica, podrán luego convocar a todos aquellos que quieran acompañarlos durante este tramo de gobierno hasta 2011, que puede ser uno de los más difíciles.

Si no se produce la posibilidad de encontrar un terreno en común de trabajo, se abandonará el país a una configuración de la nueva derecha conservadora. Una derecha con algunos tintes de modernidad en algunas formas comunicativas, pero que es secretamente golpista.

Por eso, en estos días, la cuestión de Honduras resultó muy importante como metáfora.

El Gobierno como minoría
María Pía López (Socióloga UBA)

La reconstrucción del kirchnerismo debe transcurrir por fuera del PJ. Néstor Kirchner puso en juego su lugar en la mesa de negociaciones del Partido Justicialista, pero eso no significa que sea por fuera del peronismo. Para eso, debe buscar a sectores que no responden a la estructura partidaria, casi como en un retorno a 2003, cuando Kirchner comenzó su gobierno con un caudal de minoritario de votos. No será sencillo, pero ese intento resultaría en una nueva transversalidad. El Gobierno debe asumirse como una nueva minoría, que puede gobernar en alianza y con distintos apoyos.

Habría que poner en discusión qué es el diálogo democrático y con quiénes debe darse. Democratizar es hacer audibles las voces de quienes no son escuchados, y ésta es una sociedad que todavía necesita procesos de democratización muy fuerte. Si hay algo que podemos discutir en relación con este gobierno –que venía con una dinámica muy cerrada sobre un núcleo de leales– es que con la derrota de la resolución 125 y la convocatoria al debate sobre la Ley de Medios eso giró bastante. Y ésos son los momentos más interesantes que dieron los gobiernos kirchneristas.

La fuerza transversal
Adriana Puiggrós (Diputada nacional. Ex directora de Escuela de Cultura y Educación)

La decisión de Néstor Kirchner de presidir el Partido Justicialista me pareció bien en su momento, porque no se puede armar una fuerza política reformista en la Argentina con perspectiva nacional y popular sin contar con el PJ.

Ahora, creo que la concepción de la transversalidad tiene más fuerza que nunca porque hay coincidencias del Frente para la Victoria con algunos en el PJ pero también con otros sectores de la centroizquierda. Ésas son coincidencias objetivas: muchas veces hemos votado juntos a lo largo del año pasado en la Cámara de Diputados.

En cuanto a la autocrítica, hay responsabilidades del propio kirchnerismo, estamos reuniéndonos para analizar lo sucedido y para mejorar. Creo que podríamos haber presentado las mismas cosas pero mejor abordadas.

Pero insisto: lo valioso es el fondo de las cuestiones. Me interesa que el Gobierno pueda seguir defendiendo, por ejemplo, una postura latinoamericanista en política exterior y esto es lo que la oposición no va a aceptar.

La oposición siempre fue agresiva, porque agresivos son los intereses que esa posición representa.

No quieren reconocer que hay un gobierno instalado que ha asegurado elecciones legislativas normales y transparentes, y sin embargo se han dicho cosas terribles.

El tema principal, de fondo, es que se debe reconocer que cada sector responde a intereses que después se visten como discursos superficiales.

El problema, el centro del debate, es si se estatiza Aerolíneas Argentinas o si se toca la renta agraria y no si Cristina Kirchner es más o menos simpática.

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