Guerra Fria Siglo XXI

Communism

Dead end

Jul 2nd 2009
From The Economist print edition

Mankind’s biggest mistake

Corbis

The Rise and Fall of Communism. By Archie Brown. Ecco; 736 pages; $35.99. The Bodley Head; £25. Buy from Amazon.com, Amazon.co.uk

WHY did communism take root? Given its sorrowful harvest, why did it keep spreading? And what ever enabled it to last so long? Archie Brown’s new history of communism identifies three big questions, perhaps even the biggest, of the past century.

At first sight, all seem puzzling. Communism was an impractical mishmash of ideas, imposed by squabbling zealots that promised much, delivered little and cost millions of lives. It is striking that 36 countries at one time or another adopted this system and that five—Cuba, Laos, North Korea, Vietnam and the biggest of them all, China—still pay lip service to it.Communism’s first big advantage was that it played on two human appetites—the noble desire for justice and the baser hunger for vengeance. Mr Brown, emeritus professor of politics at Oxford University, traces communism’s idealistic roots in the struggle against feudal oppression and beastly working conditions. The moral weight of Karl Marx’s criticisms of 19th-century capitalism even won him praise from the high priest of Western liberalism, Karl Popper, a Viennese-born philosopher who emigrated to London. But the intoxicating excitement of revolutionary shortcuts attracted the ruthless and dogmatic, who saw the chance to put into practice Marx’s muddled Utopian notions—and settle some scores on the way. “The more representatives of the reactionary clergy and reactionary bourgeoisie we succeed in killing, the better,” wrote Lenin in 1922. Even so, many still resist the idea that the founding fathers of communism were murderous maniacs. Revolutions against corrupt and ossified regimes in countries such as Russia and China stoked a steamy enthusiasm that took decades to dissipate.

The communist block also had two bits of good fortune. The economic slump of the 1930s discredited democracy and capitalism. Then came Hitler’s disastrous attack on the Soviet Union. The victory over fascism in Europe gave the Soviet Union, an ally of America and Britain, renewed moral weight. Given what had happened in Russia under Stalin in the 1930s, that hardly seemed deserved. As Mr Brown notes, Stalin trusted the Nazi leader more than he trusted his own generals. The Soviet Union killed more top German communists than Hitler’s regime did. Yet in some countries, Czechoslovakia for example, Soviet forces were initially welcomed as liberators, and Stalinist regimes took power with a degree of popular consent. In other countries, such as Poland and the Baltic states, it looked different: one occupation gave way to another.

The promised communist nirvana brought a mixture of mass murder, lies and latterly the grey reality of self-interested rule by authoritarian bureaucrats. But it was a bit late for second thoughts. Communist regimes proved remarkably durable, partly thanks to the use of privileges for the docile and intimidation of the independent-minded. Another source of strength was tight control of language and information that deemed most criticism unpatriotic. Cracks came as information spread, especially about the system’s bogus history and economic failings. Nationalism was a potent solvent too, particularly in places such as the Baltic states, that felt they were captive nations of a foreign empire.

Mr Brown deals conscientiously with communism in Asia and the solitary Latin American outpost of Cuba. But his main expertise, acquired over decades of scholarly study, is in the Soviet Union and its east European empire. His account is studded with delightfully pertinent and pithy personal observations and anecdotes: the censors in tsarist Russia decided that Karl Marx’s “Das Kapital” was so boring that it wasn’t worth banning. Lenin thought 1917 was too early for revolution in Russia. At the Battle of Stalingrad, 50,000 Soviet citizens, including turncoats, volunteers and conscripts, were fighting on the German side. An American communist agitator once began a speech with the immortal lines: “Workers and peasants of Brooklyn”. Nikita Khrushchev hated putting things in writing because he couldn’t spell.

It is easy to be polemical about communism. Mr Brown strives to be fair-minded. He gives careful weight to the achievements of the Soviet regime, particularly in bringing mass literacy to Russia, and unparalleled social mobility. But he is sometimes too lenient. Was the Soviet Union under Leonid Brezhnev really just an authoritarian regime, rather than a totalitarian one? Saying that the Soviet Union “repossessed” the Baltic states in the secret Hitler-Stalin pact in 1939 would strike most people there as a glaring misreading of history. And his discussion of economics is skimpy and clichéd.

Yet as a single-volume account of mankind’s biggest mistake, Mr Brown’s book is hard to beat. Readers over the age of 40 will find it an uncomfortable reminder of a dangerous and dismal past. For most younger readers, it will seem all but unimaginable.

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La Verdadera Historia :

Ni Jóvenes idealistas , ni Locos Tira Tiros,ni defensores de la democracia, ni siquiera 30 Mil…

fueron  revolucionarios con el objetivo de tomar el poder e imponer el marxismo-leninismo en Argentina.

Hicieron la Guerra Revolucionaria, y perdieron.

A confesión de parte,relevo de pruebas, es hora de terminar con el cuento de las victimas indefensas…

Es hora que hablen los que hicieron lo que dijeron: los que pusieron su cuerpo a las palabras y los hechos. Estos son apenas un puñado de protagonistas políticos que atravesaron en carne viva los años más calientes de la historia argentina en la segunda mitad del siglo XX. Son sólo algunos de los protagonistas, son apenas un puñado al que IRW tuvo acceso para rescatar sus testimonios de vida y militancia. Son las voces autorizadas porque allí estuvieron. Por supuesto, faltan las otras que son miles, que nunca más podrán hablar porque nos los arrancaron a la fuerza. Estos testimonios pretenden develar de una vez que la generación más rica de militancia eran mujeres y hombres volcados a la política y ese camino debieron transitarlo en circunstancias para nada normales. Simplemente ellos atestiguan que no fue una generación de “locos tira tiros”, sino que fueron personas comunes en condiciones extraordinariamente adversas. Fueron y son revolucionarios.

Roberto Cirilo Perdía – Montoneros
“El poder económico tuvo una responsabilidad directa en promover al Golpe de Estado”
Gabriel Martin , Aníbal Libonati

Roberto Cirilo Perdía nació el 9 de julio de 1941 y empezó su militancia a los quince años cuando comenzaron a crearse los Centros de Estudiantes en Pergamino, el pueblo que lo vio crecer brevemente, hasta que emprendiera un recorrido sin fin de militancia. No era peronista, ni el peronismo era cosa de familia pero para los ’70 integró la Conducción Nacional de la principal organización político militar peronista: Montoneros.
¿Cómo vivió el Golpe del ’55? Tanto en lo personal como en lo (…)

Luis Mattini – PRT ERP
“La respuesta estaba en la clase obrera y el campo popular”
Gabriel Martin , Aníbal Libonati

Tras la muerte de Santucho asumió la conducción del PRT-ERP en condiciones inimaginables, pero reales y no un mito como los 36 Billares que no son tantos en esa confitería de Avenida de Mayo. Se trató de exagerar la puntualidad pero Luis Mattini gana de mano, se lo busca con la mirada en algún rincón pero casualmente están todas vacías. No había llegado, pero un chistido suena detrás de una columna y estaba sentado, esperando la charla con un criollo Fernet agonizante.
¿Cómo se introdujo a (…)

Carlos Flaskamp – FAR
Como había que pasar a la clandestinidad, los frentes de masas estaban expuestos y no se podían sostener
Gabriel Martin

En el 55 en su familia había alguna una cuestión política, se hablaba, había un ambiente, un clima de discusiones o eso lo fue mamando por fuera del ámbito familiar.
Sí, se hablaba. No era que fuera una familia que para lo cual la política fuera algo central no, nadie tenía militancia política y era una familia chica además, mis padres, mi hermana y yo. Pero en general eran personas que se interesaban por la situación política y en el 55 eran antiperonistas, o sea, estaban en contra del (…)

Eduardo Pérez – FAP
“Esta historia termina con la derrota del Pueblo en general, y de la clase obrera en particular”
Gabriel Martin

¿Cómo ve el proceso político de los ’60 y ’70?
Las formas de ver esa historia de tan poco años, fueron diez años que van desde, por poner una fecha, 1966 a 1976, en los que confluyeron un montón de personas y personajes, se van modificando a medida que transcurre el tiempo. Con algunos antecedentes previos, pero que estuvieron muy entroncados con la historia argentina. Todo ese proceso, que fue muy vital -sobre todo en países como la Argentina y el Uruguay- el tipo de prácticas armadas, (…)

Rubén Dri – Mov. de Sacerdotes del 3er Mundo
El plan neoliberal no se hubiese podido imponer sin la dictadura militar
Gabriel Martin

Rubén Dri nació para cura, así lo dice él mismo, la Iglesia era su casa. Pero le tocó vivir los años en que la casa era remodelada y se abre a los movimientos populares con la Teología de la Liberación y el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, donde vuelve a insertarse de lleno en la problemática social. Por esta condición pasó largos años en la clandestinidad y en contacto con las organizaciones político militares, con las que mantenía estrecho contacto sin dejar de ser crítico.
Con (…)

Marisa Sadi – JUP Montoneros
“Los costos en muertes estuvieron relacionados con los objetivos que teníamos”
Gabriel Martin

Demasiado joven, pero no de vida, es lo que impacta de Marisa Sadi. Nació el 11 de septiembre de 1957, durante otra dictadura, “la Fusiladora” de Aramburu y Rojas. De todas las mujeres sentadas en un quijotesco bar porteño, cualquiera podía haber sido montonera; la que menos lo aparentaba era ella. Más joven de lo que ya es. Cualquier desprevenido sólo puede ver una mina sentada en la ventana de un café. En realidad, no es más ni menos que una mujer, bonita, sentada en un café, (…)

Gonzalo Chaves – Montoneros
La Triple A hizo el trabajo de cortar los puentes entre los viejos y nuevos peronistas
Gabriel Martin

Gonzalo Chaves es un caso emblemático de la represión en la historia Argentina: su familia fue perseguida desde 1955 hasta la sangrienta Dictadura, con la catastrófica situación del asesinato de muchos familiares por no hablar de seres cercanos. Combativo desde los frentes obreros, Chaves militó en Montoneros e investiga el nacimiento de la violencia estructural que fermentó la lucha que estalló entre los ’60 y ’70. Siempre apurado y pese a los años, sigue militando por las causas de (…)

Eduardo Astiz – Montoneros 17 de Octubre
La lucha contra la dictadura fue un ejemplo de heroicidad y entrega
Gabriel Martin

Vive en un pueblito cercano al monstruoso México DF, la selva de cemento a la que trata de visitar lo imprescindible. Eduardo Astiz militó en Montoneros sin conocer que su primo Alfredo “El Angel” Astiz peleaba desde el bando contrario como oficial de inteligencia de la ESMA. De toda su militancia se destaca lo que escribió en un libro: su participación en la Contraofensiva Montonera. Hoy disfruta su vida entre cuadros y una galería de arte que lo cobija.
¿En qué año se acercó a (…)

Daniel De Santis – PRT ERP
El PRT y Montoneros apostaban principalmente al movimiento de masas
Gabriel Martin

El barrio es calmo, entre Buenos Aires y La Plata parece un pueblo perdido en la Patagonia, y la llovizna colabora para no haya gente, si es que la hay pese a todas las casa vecinas. Nació el 11 de abril del ’48 en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Daniel De Santis es uno de esos militantes de los ’70 que siguen adelante, reconstruye y construye. Su “cueva de operaciones” dentro de su propia casa está presta para escribir, con una camita al lado del teclado en caso de (…)

Eduardo Anguita – PRT ERP
Teníamos una revolución en marcha y el talón caliente de andar corriendo
Gabriel Martin

Eduardo Anguita nació el 5 de mayo de 1953 y se crió en el barrio de Flores, hasta que se mudó a Liniers y Palermo. Anguita es un extraño hiperactivo serenos, nunca pierde la calma cuando habla, o eso aparenta al menos. Tal vez esa calma la tuvo que aprender a la fuerza por su militancia, y por los largos años de prisión tras participar como miembro del ERP en el copamiento del Comando de Sanidad del Ejército el 6 de septiembre de 1973. Salió en libertad recién en 1984. A lo mejor algunas (…)

Ernesto Salas – JP Montoneros
Walsh reflejó una corriente importante del pensamiento montonero de base
Gabriel Martin

De la lucha en el sur del Gran Buenos Aires a estar rodeado de libros. Así Ernesto Salas trabaja en una librería céntrica mientras se dedica a investigar hitos históricos de la lucha nacional y revolucionaria, como en sus trabajos “La toma del frigorífico Lisandro De la Torre” y “Uturuncos”, además de despuntar el vicio de escribir el pasado crítico de los años ’70. Entra gente a consultarle, otra lo saluda al pasar, hasta que escapa a un café para contar brevemente (…)

Luis Horacio Santucho – PRT ERP
Santucho dio su vida para la unidad revolucionaria con Montoneros
Gabriel Martin

Luis Horacio Santucho se sienta a hablar con la cadencia de su tierra: Santiago del Estero, cuna del PRT-ERP que encabezara más adelante su primo, el mítico Roby Santucho. Nació y se crió con una familia numerosa, característica de los Santucho, con diez hermanos por el monte santiagueño en el pueblo de Granilla. Tiene la fluidez oratoria, propia de su profesión de abogado, pero no pierde nunca el ritmo, ni acelerado ni cansino. Nació tarde para llegar a ser del PRT-ERP, pero se asume como (…)

Luis Mattini – PRT ERP “La respuesta estaba en la clase obrera y el campo popular”Por Gabriel Martin y Aníbal Libonati Publicado digitalmente: 23 de marzo de 2006

Luis Mattini – PRT ERP“La respuesta estaba en la clase obrera y el campo popular”Por Gabriel Martin y Aníbal Libonati Publicado digitalmente: 23 de marzo de 2006Tras la muerte de Santucho asumió la conducción del PRT-ERP en condiciones inimaginables, pero reales y no un mito como los 36 Billares que no son tantos en esa confitería de Avenida
Luis Mattini gana de mano, se lo busca con la mirada en algún rincón pero casualmente están todas vacías. No había llegado, pero un chistido suena detrás de una columna y estaba sentado, esperando la charla con un criollo Fernet agonizante.

¿Cómo se introdujo a la militancia? ¿Qué o cuales fueron las motivaciones que lo empujaron a ese compromiso?

Empecé a militar plenamente a los 17 años, a fines de los ’50. Igual en mi familia había una tradición de inquietudes, mi abuelo alemán había sido anarquista, mi viejo era peronista de la primera época hasta que rompió. En 1958 me incorporo de pura casualidad al marxismo, porque me conecté con un grupo de marxistas, que no era ni trotskistas ni stalinistas, que fue el Grupo Praxis orientado por Silvio Frondizi, y me parecía que por ahí iba la cosa. Y luego viene la Revolución Cubana, y Praxis coincidía en lo que luego la izquierda peronista hizo revaluando al peronismo, mientras que el resto de la izquierda decía que era fascismo y todas las barbaridades, Praxis decía que era un movimiento nacional, burgués, nada que ver con el fascismo sino al contrario, la clase obrera obtuvo conciencia de fuerza y clase. Praxis era un marxismo no gorila, y eso me marcó. Praxis era más que nada de formación de cuadros, aunque de ahí también salieron indeseables. Además, de muy jovencito, ya participaba en la comisión del sindicato en ATE de Zárate, siendo menor de edad; después en gremios navales metalúrgicos y ahí lo sufrí a Vandor durante los ’60. En la década del ’60 siempre intentaba en distintos grupos. El punto en común es que nosotros, los de nuestra generación, en los ’60 se la llamó la “nueva izquierda”, nueva porque era la izquierda guevarista, compuesta por una masa de individuos que venían de las experiencias más disímiles, muchos venían del Frondizismo, la ruptura del Partido Radical, porque la primera frustración fue el gobierno de Frondizi. Hay todo un período de búsqueda, de organización de distintos grupos, que va desde 1958 hasta el ’66.

¿Hicieron alguna evaluación sobre la aparición de Urutuncos como primera guerrilla armada?

Pensábamos que esa no era la manera de empezar, porque nos parecía que no estaban las condiciones dadas, y era un vanguardismo apresurado, pero lo saludábamos, de ningún modo lo rechazábamos. Le podíamos hacer críticas, pero para nosotros eran síntomas de que algo se anunciaba porque siempre en cada inicio hay fracasos, y lo podemos tomarlo como el Moncada de Fidel Castro, porque eso era realmente una Armada Brancaleone, y si Fidel no hubiese tomado el poder hasta el día de hoy estaríamos hablando de un loco que asaltó un cuartel. Ese tipo de cosas, podíamos criticarlas en el sentido táctico. Lo mismo fue cuando los peronistas hicieron la Operación Cóndor y aterrizaron un avión secuestrado en las Islas Malvinas reclamando la soberanía. Podíamos decir que así no era, pero eran de nuestro lado y no de la política de espera.

¿En qué momento piensa que se inicia la espiral que signó de violencia a la política argentina teniendo su pico en la década de 1970?

Hay toda una historia que empieza en 1955 con la caída del peronismo para frenar y aplastar a todo un movimiento y en realidad, lo que hace, es incentivarlo. Con la barbaridad que hizo la Libertadora se creó más peronismo todavía por la indignación que fue semejante sistema implementado. Pero para acercarnos a la historia reciente creo que el punto que determinó a nuestra generación fue el golpe de Onganía. Hasta entonces, la formación política era puramente ideológica, de convencerse de que no había salida por la vía democrática en la Argentina, que la única salida era la revolución armada y eso discutíamos en los ’60, pero no hubiese pasado eso si no se hubiese producido el golpe de Onganía, porque viene a mostrarnos a nosotros que teníamos razón, que no habría salida democrática. En eso coincidíamos todos y se puede sintetizar en tres intelectuales de la época, Silvio Frondizi, John William Cooke y el Che Guevara, cuyo punto común era que no había salida por la vía de la democracia representiva en la Argentina, la burguesía era incapaz de hacer cualquier cosa por el país porque es inútil por definición, y únicamente la respuesta estaba en la clase obrera y el campo popular. Esos eran los tres puntos que caracterizaron a la nueva izquierda, para diferenciarlo del Partido Comunista que había una etapa democrático burguesa, todo el etapismo; y a nosotros nos avalaba la Revolución Cubana como ejemplo paradigmático, que fueron los únicos que pudieron hacerlo porque los demás fracasaron como la Revolución Boliviana, en Guatemala, el fracaso de Chile nos vino a dar la razón, pero ya más tarde.

“El Cordobazo abrió una situación revolucionaria”

¿En qué clima y cuando se incorpora al PRT?

Cuando se da el golpe de Estado de Onganía nos da la razón. Después de todo con Illía, que era democrático, con las libertades garantizadas, pero el peronismo estaba proscripto y lo sacaron de la oreja, por las huelgas y cuando se cedía los militares actuaban y a también tuvieron parte de complicidad de una parte del peronismo. El golpe de Onganía es un hecho que hay que marcarlo a fondo, definió la cosa. También tenemos que marcar una cosa desde nuestro lado, porque si desde el golpe de Onganía surgen los movimientos armados, también había una voluntad de nuestro lado una voluntad de hacerlo. Algunos se lavan las manos diciendo que no tenían su opción, y eso no es cierto. Otra gente siguió, el Partido Comunista siguió y bueno, así otras. Nosotros no, nosotros dijimos “se terminó y ahora es la hora de las armas”, y esa es una opción que adoptamos. Frente a esta decisión yo me incorporo al PRT, recién en 1968, con diez años de experiencia militante en el sindicalismo. Me topé con el PRT, vi que eran trotskistas, y sinceramente no me cayeron muy simpáticos porque como sindicalista tenía mis problemas por el estilo que tienen, y no es que me parecía la maravilla, pero estaba la cuestión de conciencia, era decir basta de coqueteo.

¿Entonces por qué no optó por otra organización o el propio peronismo?

Porque era lo más afín a lo que yo pensaba. La opción que tenía entonces eran los grupos que iban hacia el peronismo, y estaba convencido de que con el peronismo no se podía ir porque no iba a conducir al movimiento con otra organización, nunca me convencí de que se pudiera conducir ese movimiento. Entonces opté por una opción independiente. Pero además, el PRT no era el partido de Nahuel Moreno, era el de Santucho sobre quién tenía mis prejuicios, pero no era exactamente un trotskista y venía de romper con Moreno. No puede decirse que el PRT de Santucho me convenció por el discurso, porque con el discurso revolucionario son todos más o menos lo mismo. Me convenció por la práctica, porque Santucho decía que íbamos a hacer esto y lo hacía, e iba a la cabeza. Y no iba a fundar mi partido ideal, era la hora de las opciones y dentro de esas opciones diría que esta tenía algo de ética, hacía lo que decían y decían lo que hacían. Era así y no me arrepiento de nada. Luego sigue la historia, de cuando nos vamos del trotskismo y todo eso. Luego está la cuestión de la lucha armada, fue lo mismo. Porque yo venía teorizando durante diez años, en Praxis nos preparamos para la insurrección o para la guerrilla, intentábamos tener acceso a las armas, aprendíamos a manejar todo tipo de máquinas, locomotoras, tanques de guerra, pero el ejercicio de las armas no se había dado por condiciones. Cuando el PRT me lo plantea me presenta una pistola y me dice que hay que empezar por entrenarse, y yo hasta ese momento de armas lo único que había hecho fue tirar con una carabina 22. Y lo acepté como un doloroso instrumento, de modo racional y sin euforia pero con decisión. La otra cuestión era mi militancia sindical de diez años, y eso era muy valorado en el PRT, y con respecto a muchos compañeros ya traía un nivel de formación teórico bastante alto. A partir de allí, como yo era de Zárate, allí el PRT no existía, yo tenía muchos amigos de vieja militancia y entonces hicimos una regional que creció y desarrolló muy rápido con respecto a otras. Eso hizo que la regional nuestra resista los períodos de gran represión mejor que en otros lados. Porque como era un lugar chico nos teníamos que cuidar más, porque no tenías el anonimato de Buenos Aires o Rosario. Para operar en Zárate te tenías que disfrazar de mono. Mantuvimos la regional hasta el ’72, cuando el PRT estaba muy golpeado, casi sin caídas. Cuando se fuga Santucho en el ’72 y regresa a fines de año, me incorpora a la Dirección Nacional del PRT, y a partir de ese año soy miembro del Buró Político y empecé a ver las cosas del partido desde arriba más que de abajo.

¿Cómo fue la conformación del ERP? ¿Tuvieron un gran debate, se impuso la idea de armar una guerrilla?

Cuando vamos al V Congreso, que es cuando se forma el ERP, uno se imagina que eran todos cuadros tipo Che Guevara, y en realidad éramos unos treinta muchachos entre los 30 y 40 años que no sabíamos gran cosa, más que nada voluntad. El mismo Santucho no era un intelectual brillante, ni un guerrillero formidable. Era como nosotros nada más que tenía una capacidad de convencimiento y capacidad de hacer que arrastraba a todos los demás, tenía ese don del dirigente. No es que se destacaba en la teoría marxista o tiraba mejor con la pistola. El decía y se ponía al frente, esto en un país donde el hablar al pedo es histórico, él lo hacía.

¿El Cordobazo también lo evaluó como un síntoma mucho más fuerte?

Para ponerlo en términos teóricos, el Cordobazo se puede decir que abrió, lo que se dice en términos marxistas, una situación revolucionaria, que no es lo mismo que una crisis revolucionaria. Una situación revolucionaria es cuando los de arriba no pueden gobernar como antes y los de abajo tomar el gobierno, una situación de puja e inestabilidad. Puede durar, meses, años, y desemboca en una crisis revolucionaria con la toma del poder, una derrota de la revolución, o bien se diluye. Nosotros pensamos que según esa situación revolucionaria había que transformarla en crisis revolucionaria. La lucha armada tenía como elemento fundamental el transformar la situación en crisis revolucionaria y había que eliminar el escollo más grande que tenía la revolución en la Argentina que creíamos nosotros, que era el Ejército. Digo creía porque ahora no lo creo, creo que hay escollos más grandes que un Ejército, considero inclusive que la parte más fácil es derrotar militarmente, la otra parte es más difícil

¿Cuál es entonces para usted el escollo más grande?

La resistencia de los que no están en la lucha armada, la burguesía en su conjunto, el gran capital. Y como veníamos de formar el ERP, teníamos una concepción de que una vez desarrollado el movimiento revolucionario y es tomado por el movimiento popular y tiene un grupo de vanguardia que lo dirija, es indetenible. No hay etapa, se lo come todo y no para hasta la toma del poder. Eso es lo que se llama el paradigma de una época. Teníamos en esto mucha influencia de Mao Tse Tung.

“Cuando se da el Golpe las fuerzas armadas Montoneros y PRT-ERP estábamos fuera de combate”

¿Y ante el auge del ’73? Porque allí la cuestión era totalmente diferente…

Lo que ocurre ese año es que las cosas no son tan así, la burguesía sabe maniobrar, también la forzás y no porque sea superinteligente, hay toda una lucha antidictatorial entonces en vez de ahogar y ahogarse en sangre da una salida, que es política, que fue el GAN (Gran Acuerdo Nacional). Salida política que nosotros denunciamos como “engañifa”, una mentira electoral, que también lo denunció Perón mismo, que decía que era todo una trampa. Pero resulta que lo que ocurrió es que la fuerza que tenía el movimiento de masas en la Argentina, y fundamentalmente las masas que eran peronistas, sumado a las fuerzas guerrilleras que tenían un gran prestigio, hacen que eso que era una engañifa, se transforme en una verdadera salida. Las elecciones que se hicieron en 1973 fueron totalmente limpias, y el triunfo de Cámpora fue absolutamente legítimo. Creó que fueron las elecciones más limpias en la historia nacional. Se dio en la Argentina, con Cámpora, una apertura democrática indiscutida. Nosotros no la vimos, obvio que diferenciamos a Cámpora de Lanusse, pero seguimos mirando a futuro, y no de presente. A término de futuro no nos equivocamos, ¿pero de que te sirve si el presente que hacés define tu futuro? A término de futuro no nos equivocamos, porque seguía siendo válida la tesis de que no había posibilidades en la Argentina de tipo democrático constitucional sin una revolución consecuente, porque las Fuerzas Armadas se retiran ahora pero van a volver. Esa tesis estaba bien, la reivindico, pero el error fue que dijimos que no hay que dejar a las FF.AA. reorganizarse, y nosotros seguimos una guerra con las FF.AA. cuando en ese momento al menos estaban fuera de acción. Y la lucha de clases en la Argentina, a partir de Ezeiza, se definió en el terreno del peronismo. La guerra cobra forma, de modo civil, en Ezeiza, porque la contrarrevolución venía del lado de la derecha peronista, contra la izquierda peronista revolucionaria. Los dos polos donde Perón balanceó en el centro aunque finalmente optó y se hundió en el sindicalismo. En concreto, nosotros hicimos una guerra endemoniada contra las FF.AA. entre 1973-1976, y cuando se dio eso que habíamos previsto, con el Golpe del ’76, volvieron como lo habíamos previsto y teníamos que estar más fuerte que nunca para resistir ese Golpe, en realidad nos encuentra más débiles. Casi diría que para 1976, cuando se da el Golpe las fuerzas armadas Montoneros y PRT-ERP estábamos fuera de combate. Que hayamos seguido un poco más, es otra cosa. Yo llamo fuera de combate cuando vos seguís planteandote la ofensiva cuando tenés que pasar ala defensiva, porque así es una muerte a largo plazo. También nos aislaron políticamente, a nosotros y a Montoneros. Y debíamos habernos detenernos, pasar al repliegue, saber retroceder y estábamos atados a esa idea ininterrumpida hacia arriba. Los procesos revolucionarios van y viene, hay que saber retroceder. Recién en el ’77 leímos un texto de Lenin que decía que un partido no puede aprender a avanzar si no aprende a retroceder. Habíamos leído todo pero ese no lo queríamos leer.

¿Cómo analizaron el Aramburazo?

En general no había un análisis de fondo. Era medio extraño porque Aramburu aparecía como una salida y a todo el mundo le pareció extraña. Si bien no nos pareció del todo adecuado, lo saludamos y lo apoyamos. Después de todo el Aramburazo era justicia.

¿Poco adecuado en qué sentido?

En términos de táctica política, porque Aramburu aparecía como una contradicción dentro de la propia dictadura de Onganía y aparecieron las versiones de que podía ser una operación y todo eso, pero tampoco éramos ciegos y lo tengo muy claro.

Pero en definitiva a Montoneros le sirvió como disparador de acumulación y catapultarse al seno del peronismo…

Sin ninguna duda, eso fue así.

Los acuerdos con Montoneros, de relación, apoyo, discusión, ¿cómo eran?

La defino con una frase gastada del Che que era de luna de miel y divorcio. Siempre era una relación de ida y venida. Había una fórmula que manejábamos tanto nosotros como Montoneros, que era marchar juntos y marchar separados…

Lo dijo Lenin…

Si, no era muy original que digamos la frase. Entonces golpeamos juntos en muchas oportunidades. La fuga de Rawson fue el punto mayor. Después hubo una cantidad de operaciones que hicimos juntos, especialmente en los frentes de masa porque para las bases éramos todos compañeros, entonces ahí las cosas estaban mejor; con la columna Sabino Navarro de Montoneros teníamos muy buena relación. De todas maneras, la organización con la que teníamos mayor afinidad, era con el Peronismo de Base (PB), aunque ellos no estaban de acuerdo con la guerrilla en ese momento.

Porque ellos planteaban armar la cuestión más allá de Perón…

Ellos planteaban la independencia de Perón. La discusión con Montoneros era la dependencia, porque aceptaban la conducción estratégica, aunque ellos te decían que a Perón lo vamos a cagar y cuando se muriera Perón nos ponemos arriba, y nosotros les decíamos que eran unos ilusos porque al Viejo no se lo podía manejar porque era un caudillo, y segundo porque van a quedar lo peor. Y la realidad nos dio la razón en ese aspecto. La gente del Peronismo de Base, que era peronista de todos modos, decían también “el Viejo los va a cagar” a los Montoneros. Tomaban al peronismo como fenómeno social y político pero no a Perón. Y con Montoneros la cosa era así. Ya con el Operativo Dorrego que hicieron Montoneros tomamos distancia, cuando pasaron a la clandestinidad empieza un acercamiento mucho más profundo hasta el ’76 cuando se plantea hacer una organización común, pero ya eran los últimos estertores. Pero la relación podía ser de lo más disparatadas. En las reuniones nos puteábamos, nos decían “Ustedes son regorilas”, y Santucho le decía a Osatinsky “Ustedes están dejando la sangre por la burguesía nacional” y todo tipo de chicanas. Pero también había cosas muy solidarias, y una vez en clandestinidad nos quedamos ahogados económicamente, cosa que era habitual y peligrosa, el dinero era vital, y venía uno de Montoneros a darnos un préstamo de 300.000 mil dólares, sin recibo ni nada, porque préstamo es una forma de decir, la cosa era que si ellos necesitaban algo y nosotros la disponíamos se la íbamos a dar. Lo mismo el intercambio. Nosotros le brindamos mucho apoyo en material impreso porque teníamos un desarrollo de imprenta impresionante; y ellos nos brindaban asistencia en fabricación militar porque lo habían hecho muy bien.

¿En qué términos se plantea la fusión?

A fines de 1975 se plantea. La cuestión de estar arrinconados empieza antes cuando se enfrentan con Perón en la Plaza el 1º de Mayo del ’74, y se acercan posiciones. Ahí empezamos a hablar en términos de armar una organización única, que sin que desapareciera la conducción Montonera ni del PRT, una única organización que en una práctica fuera constituyéndose en un único partido en el futuro, y se la llamó OLA (Organización por la Liberación de la Argentina). Era marchar juntos con eso hasta que llegara el momento en que naturalmente se disolvía el PRT, se disolvía Montoneros y surgía el partido que vaya a saber uno como se iba a llamar. Pero esto se aborta con la muerte de Santucho, porque Montoneros ahí dio por desaparecido al PRT. Pero fue un avance muy importante y muy rico, porque significó que ellos asumían nuestra visión del marxismo y nosotros asumíamos que podían ser revolucionarios más allá de Perón, aunque ya se había muerto Perón.

Igual ya venía toda una relación conflictiva de idas y vuelta entre Montoneros y Perón, este elogiando el Aramburazo y la juventud maravillosa, después Ezeiza…

Lo de Ezeiza fue definitorio, no desembocó en el final porque todavía los muchachos consideraban que se podía seguir. Pero pasó lo de la Plaza cuando Perón los echó de la Plaza como decimos nosotros, o como dicen ellos, que se fueron, eso no importa, la cosa es que se pelearon con Perón y Montoneros se da cuenta que no puede quedarse y se va a quedar solo. Y no es menor que Montoneros estaba compuesto por otras dos organizaciones que eran las FAP y FAR, que venían de tradiciones marxistas, no lo eran menos que nosotros, aunque nosotros creíamos que éramos los únicos marxistas.

¿Y Usted cómo lo veía a Perón?

Yo nunca fui gorila, era no peronista que es bien distinto. No tuve nunca ese antiperonismo epidérmico. En el ’55 defendía a Perón, mejor dicho al peronismo, por solidaridad popular simplemente.

¿Cuándo se murió Perón que evaluación hicieron sobre la situación que se venía? ¿Pensaban que era para peor o que había que seguir la línea porque no se alteraba nada?

No, nosotros estábamos convencidos y no nos equivocamos, porque nunca dijimos que el peronismo sea fascista, pero López Rega era la línea del fascismo dentro del movimiento policlasista y tenía a estos tipos. Entonces pensamos que tras la muerte de Perón actuarían con carta balnca. De todas maneras creo que no correspondía haber actuado de esa manera, después del ’73 tendríamos que haber engrasado las armas, empaquetarlas, guardarlas bien guardaditas, no entregarlas, y dedicarnos a hacer política hasta que los milicos aparecieron de nuevo. Nosotros decidimos seguir con las armas al doble.

“Para 1972 teníamos la concepción de que el proceso armado era en todo el país”

El debate de abrir un foco rural a la par que se desarrollaba la guerrilla urbana ¿qué tipo de discusión abrió? ¿Se lo vio como algo necesario, complementario?

En realidad el PRT de Santucho venía de antes con una idea muy vieja de abrir un frente ruralista, medio guevarista, pero en otro sentido porque tenía el espíritu combativo pero hay que tener en claro que nosotros en el PRT hicimos todo lo contrario a Guevara. El Che consideraba que el terreno fundamental era el campo y que lo fundamental de la dirección de la guerra era la columna guerrillera, y al partido y ese tipo de desarrollo no le daba pelota, y esa fue la pela con Monje, en Bolivia, que planteaba la necesidad del partido. Nosotros planteamos que el terreno no era solamente el campo sino que la dirección debía ser el partido de la clase obrera. Lo que decíamos para justificar que estábamos en otra posición a la del Che Guevara, pero no en contra, era la realidad de que Argentina es un país urbanizado y con una clase obrera determinante. El PRT tiene esta cuestión rural desde adentro por su origen indoamericano, nacido en Santiago del Estero, por lo que más que una discusión teórica se discutió en términos prácticos, de hecho esa discusión la líquido en términos prácticos el Cordobazo, desde donde empiezan a surgir los movimientos armados y que no era rural o urbano sino las dos cosas. Ya para 1972 teníamos la concepción de que el proceso armado era en todo el país. La ciudad y el campo, ambos. Si manteníamos la idea del foco rural, aunque no lo llamamos así, es porque sosteníamos y no equivocados en esa concepción, es que era imposible derrotar a un ejército en las ciudades, y sobre eso hay razones históricas porque nadie lo hizo, no siquiera Tito en Yugoslavia. Donde hubo guerrillas urbanas no fueron determinantes más allá del hostigamiento. En Italia durante la Segunda Guerra la guerrilla de monte liquidó compañías alemanas enteras. Nosotros planteábamos la lucha armada en todo el país, pero teníamos que hacer que el Ejército fuera al monte, porque en la ciudad lo podíamos hostigar, pero en el monte lo podíamos derrotar. Esa era la idea y con esto Montoneros nunca estuvo de acuerdo aunque cuando empezó la unidad incorporaron dos compañeros a la guerrilla rural para ver como era y luego trataron de abrir una experiencia en la zona norte de Tucumán que es donde mataron al hijo del General Alsogaray.

¿Qué balance haría sobre la derrota de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez?

Me parece que son de las cosas más claras que hay. Nosotros fuimos con una estrategia que correspondía a una estrategia agotada porque las Fuerzas Armadas respondieron con un nuevo tipo de contraguerrilla. La guerrilla se tiene que mover evitando todo el tiempo en el cerco, porque la guerrilla cercada no puede evitar la muerte, y la respuesta contraguerrillera era la del cerco. Pero en la Argentina aplicaron la estrategia de los franceses en Argelia, que era novedosa, no era nueva pero sí en aplicación, y no consistía en la cuestión del cerco sino en el de aislamiento político primero y el ataque después. Entonces nosotros destacamos la guerrilla en los montes preparamos todo para evitar el cerco, y cuando llegó el Ejército ni se molestó en cercarnos sino que golpeó sistemáticamente abajo, a la población, los ingenios y todo lo que podía ser sustento de la guerrilla, y al monte nunca iba. Y en el monte se esperaban que subieran y nunca lo hacían e hicimos lo incorrecto: subestimamos al enemigo, y eso nunca hay que hacerlo, pensamos que tenían miedo de subir a combatir. Ellos seguían golpeando a la población, infligimos la primera gran regla de la guerrilla y bajamos a golpearlos a ellos, y ellos estaban en posición. Todos los golpes que le dimos bajando fueron muy complicados porque al Ejército tenés que atacarlo en movimiento y nos esperaban atrincherados. Seguimos en eso y Vilas, que fue el primer General en reprimir, se fue y se llevó todo el odio del pueblo, y llegó Bussi con todos soldaditos con los que empezó a pintar escuelas y obras sociales, que esto tiene que ver con que luego sea gobernador electo. Vilas ya había hecho el trabajo sucio, dejó a la gente aterrorizada y algunos colaborando. Bussi dejó a los colimbas pintando a las escuelas y armó equipos de tarea especiales aprendidas de los franceses en Argelia, de suboficiales para arriba, como comandos para meterse en el monte a buscar a la guerrilla. Y se produce un fenómeno inverso porque en vez de la guerrilla emboscarlos, los que emboscaban eran los comandos a la guerrilla. Nunca hubo un combate que la definiera, siempre fue desangre, un golpe en un lugar con cinco muertos, otro con tres, otro con diez y así hasta que no se pudo sostener más y se bajó a la guerrilla de Monte. Esa fue la misma estrategia que Videla aplicó en todo el país, después del Golpe ocupó fábricas, pero en realidad las tropas de línea estaban acuarteladas o bien cortaban caminos y rutas, pero los que operaron fueron los Grupos de Tarea y de noche. Toda una concepción estratégica basada en la Guerra de Argelia en la que en términos militares estábamos totalmente atrasados, en términos militares. A eso hay que agregarle que luego nos aislaron políticamente.

“Monte Chingolo mostró la pérdida de rumbo”

Ahora el golpe más duro en lo militar fue Monte Chingolo…

Si, por supuesto. No tanto por las pérdidas sino porque Monte Chingolo mostró la pérdida de rumbo. Fue una operación que nos costó muchísimo, pero mostraba una confusión de rumbo, porque fue en un momento en que se venía el Golpe de Estado, y la concepción, entonces el razonamiento fue que había que retrasar con todo al Golpe para dar lugar a que la población y las organizaciones revolucionarias se preparen. El Golpe era inevitable, en todo caso había que retrasarlo todo lo posible. Eso estaba bien, porque toda la política estaba orientada a eso, no se habla de esto pero el PRT ofreció un armisticio después del Rodrigazo para retrasar el Golpe de Estado, porque estábamos convencidos de que no se podía evitar, éramos fatalistas en esto. Pero cuando todas las políticas fracasan, el gobierno de Isabel Perón estaba cada vez más deteriorado y se aceleraban los tiempos. Entonces pensamos Monte Chingolo con dos objetivos. El militar que era porque necesitábamos una cantidad grande de armamento par montar una guerrilla de monte, y para ello se necesitaba muchísimo armamento como el que había en ese cuartel. Y en lo político era porque pensábamos que si le dábamos un golpe fuerte en ese momento a los militares, se iban a desalentar porque si salía exitoso, iban a replegar porque iban a pensar que primero tenían que estar en condiciones de derrotar a la guerrilla. Se hace la operación y los militares lo habían detectado antes, tenían un infiltrado pero diría que esto es aleatorio. La operación fracasa con una enorme pérdida para el PRT y a la inversa se le da mayor prestigio a las Fuerzas Armadas. Ahora no sólo no teníamos las armas sino que le levantamos la moral a las Fuerzas Armadas. Por eso no es cierto que fue sólo una derrota militar, sino que fue tanto derrota militar sino también derrota política.

¿Por qué dice que el infiltrado era una cuestión aleatoria? Porque en definitiva avisó para dónde apuntaba el ERP.

Porque en realidad, el infiltrado pudo hacer lo que hizo había huecos grandes en la organización y no porque era un tipo de inteligencia maravilloso. Nosotros descuidamos, en el sentido objetivo, el aspecto de cómo trabaja un agente infiltrado. Ranier (el infiltrado) no apuntó perfectamente qué cuartel íbamos a atacar, no era un traidor de la organización sino que fue contruyendo, desde su trabajo periférico porque estaba en la periferia, aunque el descuido fue ponerlo en logística, y lo que pasaba eran fragmentos de información, y cuando la información fragmentada se la pone sobre la mesa y se la ordena, procesa y analiza. Entonces los militares tenían la idea era que habían tres cuarteles posibles, uno Monte Chingolo. Hubo una cosa de subestimación, porque dos días antes, había dudas porque había caído uno de los comandantes nuestros, y se mandó al soldado que teníamos en el lugar a investigar y vio que habían licenciado a la tropa, que estaba todo tranquilo, cuando si uno piensa que si tienen información lo primero que hacen es acuartelar. Otra subestimación. Fue una sistemática serie de subestimación.

¿Esta subestimación estaba originada por esa cuestión de autoconfianza?

Creo que sí. Después viendo otras experiencias internacionales uno aprende un montón de cosas, y es cierto que nosotros teníamos un punto débil en nuestra formación. Por un lado el punto fuerte nuestro era que nosotros no sabíamos nada y todo lo aprendíamos de lo chico a lo grande, de lo simple a lo complejo, nadie sabía más que nadie, entonces teníamos la idea de que todo se puede aprender y eso desarrolló mucho la creatividad. Eso era muy sano y es reivindicable. Pero esto era contrarrestado por otro elemento, nosotros éramos marxistas leninistas, y por eso lo sabíamos todo. No sabíamos como se hacía el café, lo tenemos que aprender, no sabíamos como se dispara el fusil o hacer un volante, y lo teníamos que aprender, y todo eso lo aprendimos. Pero desde el punto de vista político, en la visión de la sociedad teníamos un instrumento iluminatorio que no podía fallar que era el marxismo, y no nos podíamos equivocar. Había una soberbia colectiva de que con ese instrumento con una idea no se podía errar, y nos llevó a subestimar al otro, los veíamos a todos como boludos, que los milicos son unos cagones. Nosotros no analizamos el aspecto ideológico de los militares, había mucho más de lo que creíamos. Videla es un tipo muy ideológico, y Videla no es un corrupto cualquiera, hay que hacer una diferencia con Massera que era más delincuente, corrupto y genocida, Videla es un tipo muy católico que se va a morir convencido de que hizo un bien a la Patria. Eso se vio en la guerra civil española, con el fascismo y muchas otras experiencias. La otra faceta fue que a los milicos no le dimos otra chance. Para nosotros las Fuerzas Armadas era el enemigo absoluto, salvo los suboficiales y algún oficial tenía chance, no le dimos la posibilidad de que uno diga “Bueno paren muchachos, yo no tengo nada que ver con esto que hace el Ejército y soy neutral o me paso al bando de ustedes”, por así decirlo. Claro, nosotros veníamos de experiencias muy duras, del Partico Comunista que veía que las Fuerzas Armadas eran corriente positiva, y nosotros veníamos de superar esas cosas del PC. No olvidemos que el Partido Comunista pensaba que Videla era la línea blanda y esas caracterizaciones que hicieron. Entonces, la doctrina francesa era dura, y nosotros le dimos pasto. El antimilitarismo extremo nos llevó a ver a los milicos como enemigo casi único, y por supuesto a las empresas imperialistas. ¿Y el enemigo interno? ¿Los intereses de clase? Los relegamos. La cosa es más compleja que una minoría, porque hay una parte responsable directa, otra desinteresada directa, y otra cómplice por omisión, por eso el Golpe de Videla tuvo más consenso de lo que uno piensa. Y nosotros pensamos que en el Golpe había una minoría reaccionaria, que eran los militares, que las empresas imperialistas, más otras empresas como Bunge & Born y tipos como Mariano Grondona, y esa era el paquetito y todo el pueblo contra ellos, cuando en realidad los intereses vinculados y las ramificaciones era mucho más amplio. Lo veo de viejo, en ese momento era distinto y lo hecho, hecho está.

¿Y cuál era la alternativa?

Creo que tendríamos que haber entendido que en ese momento tendríamos que haber pasado a un repliegue en serio, no abandonar la lucha sino pasar a la defensiva, resguardar la fuerza, hostigar al enemigo arriesgando menos. No se si hubiésemos detenido a la Dictadura porque el contexto era distinto, pero tal vez hubiese pasado algo más parecida al Uruguay donde salvaron dirigentes.

“No subestimamos a la dureza del Golpe”

¿En qué momento tuvieron mayor desarrollo en los frentes de masas y cuándo se dio el mayor repliegue?

Ahí está lo raro, nuestro mayor desarrollo durante el peronismo, entre el ’73 y el ’75. Era un desarrollo que no podíamos controlar, también es cierto en que todo el mundo crecía. Nosotros estábamos muy orgullosos de semejante despliegue y nos engañó porque los éxitos te acostumbran a ver las cosas mal. Cuando triunfa el Camporismo, que son liberados los presos, el PRT era minúsculo, con mucha periferia pero no se si no eran más los presos que los que estabamos afuera. Después del 25 de mayo de 1973 empezamos a crecer de un modo impresionante, y para el ’75 con el Rodrigazo sentíamos que nadie nos podía tocar el culo, con muchos dirigentes en los sindicatos, y a eso sumado a una gran capacidad de combate. Ese fue el período más álgido. Y ahí empieza a replegarse todo, muy golpeados y así hasta la derrota.

Cuando se empieza a producir el reflujo, ¿visualizan que se está en marcha ese proceso?

No la visualizamos porque el movimiento huelguístico siguió siendo fuerte. Recién lo visualizamos tarde, unos meses después del Golpe. Fue la idea de la inercia, de no saber retroceder, no haber frenado ante la ofensiva. No lo visualizamos suficientemente, y lo hicimos tardíamente. En términos de especulación, si lo hubiésemos visto antes hubiese sido distinta la cosa. El Golpe lo consideramos un salto cualitativo. El día del Golpe, ya semanas antes teníamos preparada a la organización preparada para pasar a la ofensiva. Y a las primeras semanas del Golpe al PRT no lo tocaron, en esos meses primero fueron a golpear a la superficie, a los dirigentes fabriles y le dieron con todo a la periferia legal. Cuando ya los tenían a todos presos, empezaron a golpear a las estructuras.

“Nos dicen: Muchachos paren un poco y reflexionen sobre lo que pasa en el país”

¿Pensaron que cuando se produce el Golpe las cosas se ponían blanco sobre negro y se agudizan las contradicciones?

Nosotros consideramos que ese Golpe iba a ser terrible, que no era un Golpe más sino que iba a ser definitivo y no existía más democracia en la Argentina, y que empezaba un enfrentamiento hasta la toma del poder popular, que iba a ser la democracia de consenso. Una lucha que podía durar cinco, diez o quince años. En cambio Montoneros analizó que era un Golpe más, que iba a ser mucho más duro, pero que a la larga iba a tener que entregar el poder. Estas cosas las discutíamos cuando dialogábamos por la conformación de la OLA. De todas maneras estábamos tan convencidos de que la fuerza de la vanguardia revolucionaria y que el pueblo iba a resistir, estábamos convencidos de que íbamos a triunfar. No sabíamos si íbamos a ver el triunfo final, eso está claro, pero no subestimamos a la dureza del Golpe. Pensamos que iba a ser duro.

¿Con qué elementos analizaron que iba a tener una dureza de nuevo tipo?

Porque los elementos era que los militares habían aprendido las lecciones anteriores. No les alcanzó ni las proscripciones ni los niveles de represión implementados. Los tipos no iban a dar tregua porque no iban a dar soluciones económicas, por lo que tenían que reprimir a la población. Sobre la base de que pudieran establecer cierto equilibrio en la sociedad hubiesen tenido chances, pero pensamos que no porque tiene que ver con la idea de que no había soluciones capitalistas en la Argentina. Y en términos de fondo sigue siendo una idea válida.

¿Para el asesinato de Roby Santucho empieza la disgregación?

No, porque realmente lo que nosotros tenemos para ese momento ya eran muchos golpes de compañeros, que culmina con la muerte de Santucho. Pero por extraño que parezca, aún con la muerte de Santucho nosotros sobrevivíamos y pensábamos que íbamos a proliferar. Obviamente pensamos que Santucho era insustituible, eso estaba muy claro. Yo tuve que tomar las riendas de inmediato del PRT-ERP, ninguno se consideraba Santucho, y yo menos. Y lo que dijimos fue una cosa muy sencilla y muy nuestra también y era que a Santucho lo reemplazamos con un colectivo, y con las enseñanzas, el estilo y el ejemplo, había dejado una dirección y se podía como colectivo. Hasta fines del ’77, la verdad era que estábamos bastante optimistas. Santucho había anunciado que dentro de dos o tres años iba a ver un auge de masas, entonces había que prepararse para eso, y en ese sentido éramos muy optimistas. Es difícil entenderlo, porque hay que entender el microclima militante de la organización. Tanto es así que la salida del país se produce de un modo no planificado e inesperada, porque en realidad nosotros decimos que si en un par de años iba a ver un auge de masas y la Dictadura iba a tener que retroceder, va a ser el momento de tener grandes unidades militares y mientras tanto hacer operaciones de hostigamiento. Pero después de la experiencia de Monte Chingolo habíamos llegado a la conclusión de que no podíamos tener grandes operaciones militares sin oficiales, es decir, un cuerpo de compañeros numerosos preparados en términos técnicos, y ya no nos daba el cuero a nosotros solos. Y la salida del país se produce, yo salgo a fines del ’77 para ir a Cuba con un planteo claro: se terminó la democracia en Argentina, ¿nos entrenan o no?. Y sino nos entrenábamos en Cuba, como estaban todas las embajadas socialistas en La Habana, nos iríamos con los vietnamiestas, los coreanos, los palestinos, Khadafi…a alguno le romperíamos las bolas y algo íbamos a conseguir. Incluso me voy con Gorriarán Merlo, porque en ese momento era el tipo más buscado en la Argentina y era una figura de gran prestigio, y mantenerlo clandestino era un peso, y entrenarlo. Y necesitábamos tener unos doscientos compañeros bien fogueados, con experiencia. Así es como salimos y lo que pasó fue que los cubanos nos dicen que paremos un poco, que miremos lo que está pasando adentro antes de hacer todo esto. Entonces decidimos sacar al Comité Central afuera, hacer una reunión de reflexión, y empieza todo un proceso ahí de desgaste, donde una parte del partido se dispersa, unos vuelven a la Argentina, otros por el exterior y se van dispersando; luego no nos ponemos de acuerdo en las líneas de recuperación por distintos planteos, y quedamos en patrullas de ex revolucionarios que nos creíamos un partido.

Usted de Cuba parte a España, ¿por qué razones? ¿qué pudo hacer en España?

Nos fuimos de Cuba porque allí era imposible operar, era un país muy aislado y por eso me voy a España a seguir trabajando. Allá montamos lo que decíamos la retaguardia, organizando la contraofensiva, así como se hizo la contraofensiva montonera nosotros pensamos lo mismo, en otro sentido, con otro estilo más modesto pero todos pensábamos lo mismo. No hablábamos de contraofensiva en esos términos sino de regreso orgánico, pero fracasamos. La única diferencia con Montoneros fue que se regreso de contraofensiva no nos costó más muertos.

¿Tuvieron algún debate con Montoneros con respecto a esta Contraofensiva contra la Dictadura?

No, para nada. Después de la muerte de Santucho Montoneros no nos dio más pelota. La última reunión que tuve con Firmenich nos decía que éramos los restos de un naufragio, y ya fue, que ellos estaban en pleno proceso de Contraofensiva. En realidad el naufragio éramos todos. Pero nosotros también lo pensamos en hacer. Yo estuve cuatro años en España preparando gente para volver a la Argentina, pero por una u otra cosa, discusiones, quedó en nada. Porque la gente no estaba exiliada, no se pensaba en esos términos y ese concepto no existía. Recién en los ’80 se usa esa palabra. Nosotros éramos la retaguardia del gran partido que estaba por retomar la contraofensiva, considerábamos esto. La cosa es que mandábamos gente a la Argentina y nos decía lo deteriorado que estaba todo, y uno desde afuera idealiza más. Entonces empiezan las fracciones, para uno la culpa la tiene el Secretario General que es Mattini, para otro la culpa la tienen los militaristas, y así. Realmente hoy en día, ya no tengo rencor para nadie, y la culpa la tuvimos todo y la culpa la tuvo nadie. Lo peor de estar afuera es que idealizas un país que no es el mismo, estar fuera del terreno de operaciones te dificulta la visión, pensábamos que el movimiento de masas seguía avanzando y en realidad había un terror tremendo en la Argentina. Lo del mundial de 1978 no lo podíamos creer. Esto es en la diáspora.

¿Estaban coordinando con Montoneros la salida de Santucho del país?

Nosotros cuando decidimos que Santucho saliera del país fue una decisión que era muy dura porque la consigna era que el PRT no se exilia. La idea era que fuera a Cuba e hiciera esto que decía de entrenamiento y preparación, que fue lo que intenté hacer yo. Esta decisión se tomó en el Comité Central. Y cuando tomamos esta decisión, dijimos “que se vaya mañana mismo”, y eso era literal porque teníamos la capacidad de hacer documentos y organizar las cosas que en dos días como máximo se hubiese ido del país. Esto fue para el 1º o 2 de julio de 1976. Ahí Santucho dijo que paremos, que quería que esperar hasta el 19 de julio porque estaba la reunión con Firmenich para firmar la OLA. Le contestamos que vaya Benito Urteaga, que era el segundo hombre, pero argumentaba que “No, va a estar el Pepe Firmenich y es justo que vaya yo”. Yo me oponía y la discusión fue muy fuerte y se dio como pocas veces que el Comité Central terminara votando, y los que queríamos que se vaya de inmediato perdimos. Entones Santucho se quedaba hasta el 19, y esa mañana tuviera la reunión con Firmenich, en la casa que ponía Montoneros, y a la tarde ya se tomaba el avión a La Habana, ya teníamos toda la documentación y los pasajes. El asunto fue que para el 17 de julio, estábamos todos en la casa con todo el buró político analizando la salida de Santucho, los planes, dos días de despedida, cómo íbamos a funcionar nosotros y los planes de Santucho en Cuba. Y el día 19 a la mañana el secretario de Santucho sale a tomar contacto con el enlace de Montoneros para coordinar la reunión, y este le dice que está todo en orden para ir al lugar acordado. El secretario de Santucho vuelve y va a la cita antes y no había nadie, pero con la cuestión represiva no era para nada extraño que se levante una cita. Entonces le informa a Santucho que no había nadie y que la reunión se abortó. Santucho se queda en la casa, y luego lo matan. El único vínculo sobre la muerte de Santucho con Montoneros es ese. Años después nos enteramos que el enlace montonero había caído detenido. Ellos se habían disculpado por tener que levantar, y lo que nosotros pensamos es que ese enlace había cantado cuando lo detuvieron. Es otra de las posibilidades. Años después lo hablé con Roberto Perdía fue que no haber avisado de esa detención fue una negligencia gravísima, y lo reconocen. Pero es muy distinto a decir que Montoneros lo entregó, para mí no fue así. Para mi Montoneros no tuvo nada que ver con la muerte de Santucho. Además hay otras versiones. A lo mejor el secretario de Santucho también cayó, pero hay muchas posibilidades, y la verdad absoluta no lo sabe nadie salvo los que lo mataron, pero le hasta le costó la vida al tipo que hizo la operación donde matan a Santucho.

La cantidad de militares que participaron en el allanamiento de la casa fue minúscula…

Eran seis tipos. Loretti fue a buscar ahí información y no a Santucho, porque si sapían que estaba Santucho, por la forma de operar de la represión hubiesen movilizado a todo un comando del Ejército para rodear todo. Hay que tener en cuenta que sabían que era la casa del Gringo Mena, entonces fue a buscar información, para mí. Además Loretti recibió la misión del Ejército de cazar a Santucho, porque era un tipo convencido, le dieron un equipo con todos los recursos. Era un militar convencido, no un patotero porque esos no son eficaces. Ahí siguió la doctrina de Argelia, le dieron la misión, y el tipo actuaba de ese modo, de hecho torturaba a un tipo, le sacaba la información y lo largaba, eso era más eficaz.

La realización del Comité Central ampliado en Moreno, en plena Dictadura donde estaban absolutamente todos reunidos en una misma casa, ¿no fue una negligencia?

Sí, eso es inexplicable, es muy difícil de explicar. Fue en pleno golpe de Estado a pocos días del 24 de marzo y metemos a todo el Comité Central ahí, el que estaba ausente fue por una casualidad. Ahí también creo que tuvo que ver Loretti, porque cuando cayeron creo que no se imaginaron que se iban a encontrar todo eso, no fueron con más de doce tipos, eran tropas buenas, un comando bien entrenado que actuó rápido, pero estaban buscando algo en concreto y a lo mejor la información que tenían era que habían movimientos en esa casa. Por eso fue posible la salida, no nos pudieron rodear, porque si lo hacían la historia del PRT terminaba ahí. Todos salimos a los tiros, lo tengo grabado en la memoria a los tipos llegando a la carrera disparando, cuando la guardia nuestra montó una defensa se tiraron al piso cuando pudimos montar un FAP (Fusil Automático Pesado), y la tropa entrenada sabe con qué le están tirando y se arrojaron cuerpo a tierra. No puedo explicarlo políticamente. Hay que vivir el microclima. El Comité Central ese fue impresionante. Ahí estaba presente el compañero Jorge Enrique del MIR, que tenía una posición muy crítica con el PRT… Sí, sí. Se le permitió discrepar, tuvo un discurso crítico, muy conceptuoso, nos planteaba que el Golpe iba a ser un retroceso muy grande en la lucha en la Argentina, de acuerdo a la experiencia en Chile, y que había que prepararse. Corajudo el tipo porque tenía que plantearlo entre todos tipos del PRT.

El PRT a diferencia de Montoneros tuvo una relación mucho más estrecha y orgánica con las organizaciones armadas de los países de frontera…

Sí porque lo que queríamos armar era una construcción internacional según nuestra visión internacionalista, continentalista. La política internacional de Montoneros era más pragmática, se apoyaban donde estaban más seguras las condiciones, por ejemplo en Europa estaba la socialdemocracia y se respaldaban allí para operar con mejores condiciones, en cambio nosotros íbamos y buscábamos a los más quilomberos. Las mejores relaciones fueron con los Tuparamor de Uruguay, con el MIR chileno, con el Movimiento de Liberación Nacional de Bolvia que era lo que quedó de Guevara, y otras organizaciones en el continente. Teníamos una oficina internacional, y en el ’75 teníamos guita entonces era más fácil. Teníamos relaciones con los sandinistas, con el ERP de El Salvador. Dependía de los grupos. Nosotros apoyábamos todo. Inclusive apoyamos a la Revolución de los Claveles en Portugal, del grupo exremista que apoyaban a los milicos que hicieron la revolución. También con las Brigadas Rojas aunque tomamos distancia. Con los vascos también pero no teníamos buenas migas, no nos entendíamos. Después buscábamos en los países socialistas. Tuvimos muy fuerte una relación con los palestinos. Muchos compañeros nuestros combatieron junto a los palestinos contra el Estado de Israel.

Montoneros también tenía relación con los palestinos….

Montoneros también, pero ellos tuvieron más relación con Libia, y en Libia nunca nos dieron mucha bola.

¿Y esto por qué?

Lo supimos mucho tiempo después. Y es interesante, porque con los libios íbamos de la mano del MIR chileno. Los argentinos del ERP no podían entrar en Libia, y nos enteramos que tenían miedo de la infiltración judía, y Argentina es un país de judíos, sino que además la izquierda argentina se constituyó básicamente históricamente por judíos, el ambiente intelectual fue por el aporte judío, no hubiese tenido el desarrollo que tuvo si no fuera por los judíos, eso es indiscutible. Lo que pasó que cuando aconteció la Guerra de los Seis Días, el hombre que facilitó la información para destruir la aviación de Nasser, el espía del Mossad que se llamaba Kohen, se disfrazó de árabe, vino a la Argentina, entabló contacto con los sirios, se vinculó y luego fue a Egipto como un sirio más que había mucho dinero, y fue el tipo que facilitó la información que fue vital para terminar la Guerra de los Seis días. Después lo agarraron y lo fusilaron. Entonces los libios se quedaron con que la infiltración judía en la Argentina era muy fuerte, entonces desconfiaban porque como éramos los marxistas del PRT, lleno de judíos, que los podíamos infiltrar.

Cuando vuelve la democracia a la Argentina ya en 1983, ¿por qué las organizaciones político militares que tuvieron tanto auge en los ‘70 no pudieran demostrar aquel grado de desarrollo?

La comparación salta enseguida con Uruguay, es inevitable. Allá no se llegó a un enfrentamiento así. En Argentina fue tan sangriento, tan terrible, que además las organizaciones quedaron más dispersas y se pudo armar la teoría de los dos demonios. En Uruguay se preservaron más dirigentes, acá los que no murieron éramos de segundo rango como yo, y otros con mucho desprestigio. Y durante el alfonsinismo era terrible como operaron la teoría de los dos demonios. Acá de alguna manera los milicos, cuando dicen que perdieron la guerra pero perdieron la batalla política dicen sólo una parte de la verdad. Ganaron las dos, la guerra y la política. El problema que a ellos les costó el prestigio de las Fuerzas Armadas, pero el resultado es sencillo, porque la política de Martínez de Hoz continuó, con Alfonsín, con Menem, con De la Rúa y hoy seguimos siendo un país agroexportador, y ese era el país que veíamos en los ’60 y no lo queríamos, y es el país que tenemos. Cuando viene la democracia hubo un auge, e incluso el Partido Comunista agarra la bandera de los setentistas, de un modo de impostura tan falso. Santucho hacía lo que decía y decía lo que hacía, y estos se autocriticaron por el apoyo a Videla, rescataban a la guerrilla, pero no hacían lo que decían. Vos veías a dirigentes en los ’70 del PC, como Patricio Etchegaray o Pereyra salir custodiados con dos Falcon, ¡no jodas! Lo que les pasó después fue que se les cayó la Unión Soviética, entonces se agarraron de Cuba luego de haberlos puteado eternamente. Pero todo lo que viene después en el mundo nos hace relativizar todo, quién pensaba que la Unión Soviética se iba a caer, y eso hay que analizarlo. Relativizarlo que acá, un país capitalista, los trabajadores del Bauen armaron una cooperativa y administran un hotel internacional bastante bien, y el estado socialista cubano le da los hoteles a los españoles, y no lo digo para sacarle el cuero a los cubanos, nada que ver, pero creo que es un punto de destrucción de la Revolución Cubana.

Le parece que el levantamiento de los Derechos Humanos durante el gobierno de Kirchner ¿no es también una estrategia de acumulación de consenso? Esto en el sentido a la par de lo que decía sobre el plan económico. Los militares actuaron como sicarios de Martínez de Hoz y las corporaciones y no se los enjuicia a ellos. Está perfecto condenar a los represores, pero en el otro sentido no pasa nada.

Totalmente, los milicos cuando dicen que perdieron la batalla política no es cierto, porque el país que se proponían es este. Ahora, esto no es lo mismo. No le cuestiono la sinceridad a Kirchner sobre los Derechos Humanos. No le niego el mérito de bajar los cuadros de Videla, entregar la ESMA. Ahora ¿por qué tanto entusiasmo de tanta gente sobre el tema de los Derechos Humanos cuando hoy en día están violados como nunca en la historia nacional? Vos ves la situación espantosa de los campesinos, las calles de Buenos Aires lleno de gente durmiendo sin hogar no es lo que vivíamos en los ’70, las cárceles son tenebrosas, y no entiendo como no se ve eso. Creo que el proceso abierto por el alfonsinismo, la lucha de los derechos humanos cubrió el resto de las cosas y está bien, pero escondió el resto de las cosas, poniendo a los derechos humanos como un fin en sí mismo con respecto a la acción política, pero no se veía la cuestión social de derecho a la vivienda y las demás necesidades. De alguna manera todo el mundo quedó prendido de ese discurso, en el medio Obediencia Debida, Punto Final con los milicos alzados. Pero me llama la atención como se agarra este discurso como si cumplir con los Derechos Humanos del pasado fuera ya la revolución.

Sería como acotar que los derechos humanos en un recorte de lo que pasó en los ’70, y la cantidad de muertos por causas evitables es terrible…

Por supuesto, en todo sentido, hay más muertos por hambre, hay más muertos por la violencia social que durante la violencia política en los ’70. Inclusive hay más muertes en policías que cuando salíamos nosotros a hacer operaciones, la cantidad de chicos delincuentes que son fusilados es mayor. A eso sumale los muertos por desnutrición, los jubilados, los muertos por inacción. Realmente es una calamidad social.

Esa es la victoria económica de la Dictadura…

Tal cual. Y me pregunto como es posible que gente que participó en los ’70 está en el Gobierno, la política esencial no cambia. Es decir, a mi me chupa un huevo si se le paga al FMI o no, el ALCA menos todavía porque para mí es una zanahoria que le pusieron a la izquierda para que se la pasen pelotudeando, porque lo hacen igual, la minería se la llevan toda, hacen de Argentina un país sojero y nada más; la izquierda pide tirar el monumento a Roca por la Campaña del Desierto pero los derechos de los indígenas no existen, más allá de suscribir a todas las leyes étnicas internacionales. La política agraria que da de comer a los ricos del país y al Estado nacional genera una riqueza fabulosa y es una terrible fábrica de pobreza. Eso a Kirchner lo supera, porque no tiene resortes para controlarlo. Y no lo digo de gorila porque no lo soy, ni lo fui. Es imposible decir que esto es lo mismo, en absoluto, esto no se lo puede comparar con Videla ni mucho menos. Pero hay una trampita en este estado de derecho, porque eso lo disfruta Página/12, el resto de los medios, yo mismo porque podemos putear, pero ese estado de derecho no es para toda la población. Creo que hay que poner las barbas en remojo y pensarlo en otro sentido.

“La unidad, se hace en el andar”

¿Y cómo ve a la supuesta izquierda que levanta la supuesta insurgencia del 19 y 20 de diciembre pero como siempre, dice lo que no va a hacer?

Es que el Partido Obrero, y todo eso son lo mismo que fueron en los ’50, ’60 y ’70. Estaban atrás, algo pasa. En esas organizaciones hay una cantidad de militantes, que se rompen el culo militando, desinteresados, pelean. Pero las organizaciones se transformaron en un fin en sí mismo. Además putean al Estado y se financian con los planes sociales, entonces si se les corta ¿qué hacen? Tienen la inmoralidad de financiarse con plata que le sacan a un pobre tipo que recibe un plan asistencial, es lo mismo que hacen los partidos liberales en los municipios, pero “desde izquierda”. Y dicen que lo hacen por la revolución. Antes si se quería financiar la revolución se accionaba contra un banco o empresa capitalista internacional. Me da pena, porque esa militancia termina en una picadora de carne.

¿Dónde ve una luz de reorganización?

Creo que va a surgir de un origen inorgánico, con formas distintas a las tradicionales, desde lugares que no se ven, desde campesinos como el Mocase, fábricas recuperadas, piqueteros como los de Salta, o movimientos puntuales por causas puntuales como el pueblo de Esquel que paró la mina de oro, porque pararon a una empresa que es realmente el imperio. Hay que ver cómo se canaliza. Hay que ver como está funcionando y con qué paradigmas. Ya desaparece esa idea de clase obrera pura como la había antes, porque ahora se saca plusvalía hasta de los desocupados. No soy pesimista, pero soy ácido. Al contrario, creo que hay algo por surgir que no lo podemos ver.

¿No le parece que desde el Estado hace años que vienen manejando políticas para que estas organizaciones no den un salto cualitativo, entonces arma y rejunta organizaciones digitadas para desarticular?

Es totalmente lo que decís, creo hacen eso y hay que tenerlo en cuenta. Te tragan los aliados que tenés aliados y son las formas de dominación actual. Y eso lo hacen todos, en Argentina, Chile, Brasil y Uruguay. Es la lógica del sistema. A mi me preocupa más lo que pasa entre nosotros que lo que pasa con el enemigo. Ya sabemos lo que son los grandes capitalistas y las grandes empresas, pero hacen lo que hacen porque el problema está en nosotros. El imperialismo hace su negocio, pero quién le abre las puertas. El imperialismo no es sólo el aparato militar. Además las organizaciones no se juntan con un afán de mantenerse separados a diferencia de nosotros, que en todo caso marchábamos separados pero golpeábamos juntos. La izquierda sigue gritando desde toda la vida “unidad, unidad”, y ningún movimiento en la historia hizo la revolución, sino que la unidad llega en una práctica, empezaron a caminar y después se dio la unidad. Tenés el ejemplo de Nicaragua. Nosotros en los ’70 marchábamos separados y golpeábamos juntos. Pero la unidad se dio en el Cordobazo por ejemplo la unidad obrero estudiantil, la unidad nadie la decretó, se dio de hecho, sin declamaciones. Fidel cuando hizo la revolución tenía dieciséis grupos distintos en Cuba hasta que se impuso uno. Lenin ni hablar, él era la minoría absoluta. Entonces no hay que hablar sobre la unidad, se hace en el andar.

¿Qué fue lo mejor que tuvo la generación del ’70?

Lo mejor, además del hacer lo que se decía, es la creatividad. Sorprendimos, pero en serio. Se salió de la militancia de comité para salir a la calle, sea del partido que sea, para hacer esa militancia afuera, de conspiración. Dejamos la militancia “deportiva” por la militancia completa, no sólo por la lucha armada. Tuvimos una creatividad impresionante. Nos podemos haber equivocado en un montón de cosas pero creo que eso es lo más rescatable, el ejemplo y la creatividad.

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24 Sep 06 – 11:24

El peronista del paraguas

Sobre José Rucci y los riesgos de la primera persona del plural.
El peronista del paraguas

Tío Plinio querido:

Sabrá que homenajear a Rucci, aquel peronista del paraguas, se convirtió en la manera más plácida de verduguear a Kirchner.
La teoría requiere la perversidad de una explicación.

Ocurre que hay que cuidarse, tío Plinio querido, de la aplicación selectiva de la primera persona del plural.

Sobre todo cuando, la subjetividad del “yo”, se suplanta por el colectivismo sentimental del “nosotros”.
La primera persona del plural sirve para entonar contagiosas canciones del inventariado Víctor Heredia. Pero no sirve menos para tratar ciertos aspectos, relacionados con las grandes causas perdidas.
Se induce, con el “nosotros”, a la tentación del dramatismo. Aunque facilita la nostalgia de la identificación.

Acuérdese, por ejemplo, cuando Kirchner exclamó ¡Volvimos!
Fue en el cotillón reivindicatorio del 25 de Mayo. Con la Plaza llena de funcionarios.
La escenografía, compartida con madres y abuelas, unificadas para la ocasión, complementaba el marco emotivo.

“Volvimos”, dijo Kirchner, perfecto. Pero ¿quiénes volvían, tío Plinio querido?
Los peronistas habían estado, desde siempre. Sin ir más lejos, Ubaldini solía llenarla, hasta para lagrimear.
Kirchner no aclaró quiénes eran los que volvían. Pero cualquiera podía entender que volvían ellos.
La cuestión que, con aquel “volvimos”, Kirchner asumía la primera persona del plural.
Sintetizaba, generacionalmente, la historia, que le había pasado de refilón. Sin embargo se adueñaba. Se hacía cargo. Bancaba. Sobre todo en un momento de altiva celebración.
Con las acciones en alza, en la bolsa de la euforia.
Sin percibir, el improvisado, que la primera persona del plural podía reservarle previsibles bajas accionarias.
Este juego bursatil de los verbos contiene ciertas sutilezas de altibajos, para iniciados

Con decirle que los sofistas presocráticos, luego desprestigiados por el lobby de Platón, se especializaban en captar vulnerables contradicciones. Útiles para demoler estanterías de imposturas.
Con la franqueza del “volvimos”, Kirchner se adjudicaba, sin mayor inocencia, la identidad cultural de los Montoneros.
Por lo tanto, decir “volvimos” significaba también decir “morimos”. Decir “padecimos”, “luchamos”, “marcamos”.
Pero sobre todo decir “matamos”.
Incluso decir “Fuimos soldados”. Como en el libro de Larraquy. Acerca del suicidio de la Contraofensiva.

El peronista del paraguas

Entiende ya por qué homenajear a Rucci es una manera de maltratar a Kirchner.
Trátase del peronista clásicamente leal. Inmortalizado por el paraguas sindical del regreso.
Fue asesinado, aunque aún lo nieguen, por los Montoneros.
No lo reconocen para evitar desgarrarse en autocríticas.
Podrían beneficiar, como dicen, a los sustentores del terrorismo de estado.

La matanza ocurrió hace 33 años, en Flores. El barrio de las chicas de Oliverio Girondo.
Aludir a aquella carnicería produce un escalofrío de indignidad.
Es explicable que el neomontonerismo del retorno prefiera ocultarse en el refugio del silencio. O de la dilación.

Para el oficialismo presupuestario, es preferible que pase inadvertido el 33 aniversario, de la mañana fatídica del 25 de septiembre de 1973.
Aquel catastrófico Operativo Traviata que derivó, tío Plinio querido, en el primer suicidio político de los Montoneros.
El peronista del paraguas fue ejecutado en la calle Avellaneda, por los desequilibrados vocacionales de la Columna Capital.
Héroes potenciales, los comandos, que itaquearon al “burócrata sindical”. Con una estremedora frialdad de killers.
Los eficaces Itakazos se encontraban amparados por irrebatible información de inteligencia. Soplos proporcionados por estetas hipersensibles. De los que aún suelen elogiarse, con admirable unanimidad, en los suplementos culturales.
Aunque los vocablos que se utilizan, más por desconocimiento que por mala fe, se demoran entre los arrebatos florales de la poesía.
O en la fervorosa exaltación del compromiso militante del intelectual.

Los asesinos que remataban a Rucci, en la calle Avellaneda, supieron utilizar la expresividad de la Itaka. Para posicionarse favorablemente, con otro cadáver servido en la mesa de negociaciones.
Los chiquilines pretendían condicionar, con la extorsión de los muertos, al General.
El que venía de ganar, apenas, con el 62 por ciento.
Preferían confundirlo, al General, con el preservativo revolucionario, que iba a conducirlos hacia la gloria del socialismo.
Cumplían, aparte, los asesinos, con la promesa autoincriminatoria de proporcionarle, a Rucci, un destino similar al de Vandor.

Para terminar, tío Plinio querido, es razonable que el Gato Agosto afirme que los asesinos que itakearon a Rucci, apuntaban, en realidad, contra Perón.
Procuraban, con la inconciencia del suicida, la respuesta del Somatén.
El Somatén de las Triple A.
Es el turno de sumergirse, hasta la eternidad, en la década que dejó, a la Argentina, con la imagen congelada del peor teleteatro.

Entonces es preferible que pase, el 33 aniversario, con menos pena que gloria.

Que se limite al homenaje de los panzones acosados por el flamante oficio de estancieros.
En todo caso que el paraguas de Rucci se vuelva a evocar, tío Plinio querido, recién en los días previos del 25 de septiembre del 2007.
Para el 34 aniversario. Que vendrá más caliente, con la euforia de la campaña.
Para continuar con la epopeya del neomontonerismo, que felizmente ya abandonó la Itaka.

Para dedicarse, con apasionamiento de orga, a otra utopía menos altiva, tan pragmática como rudimentaria. Al Sistema Recaudatorio de Acumulación.

Por un amigo que viaja a la montaña se le envían dos botellas de Malbec. Van de parte de Ricardo Santos. Dígale a tía Edelma que se lo sirva, el Malbec, junto con el brie. Y con el queso de cabra, el untable, que viene con el ají.

La frustración de los intelectuales de Carta Abierta: Cuando Rudy Ulloa es Rodolfo Walsh

| 25/07/2008 | 08:20

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El periodista Ignacio Zuleta escribió en el diario Ámbito Financiero:

“Desprevenidos y sin cinturón de seguridad, salen despedidos en el giro los que soñaron con un kirchnerismo como expresión de la centroizquierda. Luis D’Elía y Hebe de Bonafini lucían desconcertados como Cobos en el Día del Amigo; experimentaron con el cuerpo -furtivo entre oropeles distintos- el nuevo aire que se respiró en el Salón Blanco.

Emblema de la nueva era fue la presencia de Julio Grondona, coronel opositor para Néstor Kirchner en el mismo nivel de un Jorge Bergoglio o una Elisa Carrió. Cuando lo notificaron en 2005 de la victoria de su esposa en la elección a senador por Buenos Aires, se restregó las manos y dijo a sus íntimos en el despacho presidencial: “Ahora vamos por Grondona”. ¿Mariano? le preguntó un desprevenido. “¡Qué Mariano! ¡Julio!”, lo despertó. No logró moverlo de la AFA pese a que en aquel momento unía fuerzas contra el dirigente con el monopolio ‘Clarín’.

El giro hacia esa transversalidad que recorrió ya Carlos Menem, buscando referentes en la franja del centroderecha de la que viene Massa, contradice todos los alardes ideológicos que se había permitido Kirchner desde 2003. Lo mandó a explicar a Alberto Fernández en dos oportunidades históricas por qué el suyo era un gobierno de izquierda. Una fue en 2004 a una mesa redonda en la Bolsa de Comercio; la otra, al Hotel Bauen a una mesa que organizó Chacho Alvarez. Si el ex jefe de gabinete lo hubiera hecho en serio se agraviaría ahora de que lo reemplace alguien de la otra transversalidad; como sabe que aquellas fueron simulaciones por necesidad, comprende estas otras simulaciones también por necesidad.

Ni pensar cómo quedan en la banquina los intelectuales que dedicaron cuatro cartas denunciando el movimiento destituyente que estaba detrás de la protesta del campo por las retenciones móviles. Como Alberto Fernández, ese grupo le enrostró que alentase proyectos como el tren bala. Kirchner ya les ha respondido con la salida de Fernández y la designación de Massa, que de apocalíptico tiene sólo al suegro, el mítico ‘Pato’ Galmarini que presume de tener un pasado insurgente que, de paso, no explota en beneficio propio. (…)”.

El comentario lleva a otro, del periodista santacruceño y crítico permanente de los Kirchner, Héctor Barabino, quien desde Río Gallegos, escribió en la agencia OPI Santa Cruz una Carta Abierta a los Intelectuales K, explotando para ello la imagen que de Kirchner y sus colaboradores tiene desde Santa Cruz. Es un llamamiento a los Intelectuales K a no medir con la misma vara a quienes no piensan como el gobierno y adherir a la espasmódica idea de que todos son desestabilizadores y golpistas:

“Que los intelectuales se hayan comido el viaje del progresismo del gobierno, y que abonen su superproducido perfil setentista, defensor de los derechos humanos y de la calidad institucional, vaya y pase.

Que suscriban la eficiencia de gestión, la transparencia, y su bondad distributiva a la hora de cobrarle impuestos a los poderosos para multiplicar panes y peces, es el punto de vista de ellos, los intelectuales.

Que deliren con la sola idea de que se puede estar con el gobierno de los Kirchner y ser crítico y librepensador, es discutible pero respetable.

Que crean se puede ser intelectual y ser K, es incomprensible, pero cada uno hace con su intelecto lo que le parece.

Que se autoayuden justificando que lo que jode al gobierno es el entorno; que a Cristina la atacan porque es mujer; y que ella es mejor que Néstor y “hay que dejarla gobernar”; y que “él tiene que dar un paso al costado”; directamente resultan emanaciones mentales de insomnios febriles.

Que como intelectuales K estén convencidos de que los Kirchner fueron secuestrados, presos y torturados, y que él es Nelson Mandela y ella Minnie Mandela, y que la Carta Abierta de los intelectuales K es la Carta de la Libertad contra el Apartheid del Congreso del Pueblo Africano, es atendible dentro del mismo cuadro.

Que le hagan sentir al gobierno que el tratamiento legislativo del proyecto oficial de retenciones fue un triunfo porque en diputados se ganó…y en senadores se empató… y la traición vale doble… no deja de ser una voz de aliento, combustible para el alma, un “hasta la victoria siempre” comandanta.

Inclusive, que la reserva intelectual del kirchnerismo denuncie que ahora y por culpa del maldito campo se disparó la inflación, y hay mas pobres, mas hambreados en los comedores sociales, se multiplicaron lo desocupados, aumentó la desnutrición y la mortalidad infantil, y encima se incrementó la deuda externa y el riesgo país, por más que sea una chicana oportunista, no deja de ser una cruel radiografía de la actualidad de la Argentina.

Ahora bien, ¿por qué me acusan a mí de desestabilizador, golpista, y destituyente? ¿Qué hice de malo para merecer semejante destrato? ¿A quién desestabilicé, a cuantos golpeé? ¿Qué rompí?

Si solo me dejé contagiar por las miles de almas que estuvieron en Rosario y Palermo demostrándole al enorme poder gubernamental –y a mí- que todavía hay una parte de la sociedad que tiene orgullo y dignidad.

Simplemente me puso bien que el campo haya puesto de rodillas al gobierno y no porque me guste ver a alguien de rodillas sino porque ésa fue la apuesta del Presidente del Justicialismo de la Nación.

Y que, como pocas veces ocurre, en el conflicto con el agro que el gobierno transformó en una velada de titanes en el ring, esta vez triunfó la razón, la civilidad, el más débil; sobre el poder, la locura, y la intolerancia. Y eso, simplemente eso, me hizo sentir bien. Nada mas. Ningún golpe, ni destitución, ni cualquier otra alteración me hubiera producido bienestar. Al contrario.

¿Qué les hace suponer a los intelectuales K que quienes simpatizaron con el campo o repudiaron las bravuconadas de los carperos VIP, defienden los intereses de la Sociedad Rural?

¿En que se basan para acusarme de pro oligarca?

NO señores intelectuales. No me mal interpreten.

¿Es un pecado admitir cierta admiración por la manera en que se manejo Alfredo De Angelis en el marco de uno de los conflictos más mediatizados de los últimos tiempos?

¿Me van a juzgar y sentenciar por ello? ¿Con que autoridad?

¿O acaso ustedes no están convencidos de que Carlos Zaninni es Gramsci; el hacendado camionero Hugo Moyano, Agustín Tosco; que Alberto Fernández ahora destituído, es Williams Cooke, y Rudy Ulloa, Rodolfo Walsh?

Es verdad que me desvelé la noche en que Cobos desempató en el senado.

Y hasta me emocioné.

Quizás me traicionó el mal recuerdo de los duros momentos vividos el año pasado en Santa Cruz cuando el kirchnerismo maltrató a los docentes, y se mostraba inflexible al diálogo e invencible a la hora de negociar. Igual que con el campo. Y sin embargo triunfo la protesta. Todo igual

A pesar de que los manifestantes en Santa Cruz no tenían mas apoyo que el de sus propias convicciones. Como se trataba de la provincia de los presidentes, ¿Quién se iba a atrever a acompañarlos?

Hugo Yasky, por ejemplo, no fue capaz de venir a respaldar a sus representados ni a su dignísima dirigencia docente local que capeó el conflicto abandonada a su suerte por la dirigencia nacional.

En aquella ocasión es cierto, los medios nacionales se alzaron en contra del gobierno mostrando lo que pasaba en la provincia del presidente. Pero ¿saben porqué? Porque desde que el kirchnerismo manda en Santa Cruz la censura y la manipulación de la información no permite ni la mas mínima expresión disidente.

Si no me creen, pídanle al Observatorio de Medios del decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Federico Schuster, que haga un relevamiento y van a comprobar que no hay una sola imagen del conflicto registrada por la televisión estatal o privada.

¿Se entiende ahora porqué me alivió la victoria del campo?

Porque lo que estuvo en discusión fue mucho mas que las retenciones al agro.

Y eso ustedes, los intelectuales, lo saben. Y si no lo saben, es su responsabilidad ponerse a analizarlo.

Porque más allá de su identificación coyuntural con el gobierno, ustedes tienen un rol fundamental dentro de la sociedad, y por lo tanto un compromiso mayor, toda vez que los intelectuales son los que ven y piensan lo que el común no alcanza a observar.

Que Ramón Saadi cobre al contado su apoyo al gobierno no agrega ni quita nada a su deplorable foja política, pero sí habla muy mal de los Kirchner.

Tanto como los asesoramientos de Aldo Rico, o el abogado Sanchez Herrera defensor de represores.

¿O con la excusa de que se trata de “casos excepcionales”, después de cinco años van a continuar justificando lo peor porque ustedes son “adherentes críticos” y como tales van a cambiar las cosas por vía de la seducción intelectual?

Tras haber asistido a dos décadas de gobierno kirchnerista jamás los ví cambiar de opinión. Menos por sugerencias de terceros.

Y mucho menos, si los consejeros son sus dependientes, como lo es gran parte de los firmantes de la carta abierta.

UNDERGROUND, la película de Emir Kusturica, cuenta la historia de un grupo de revolucionarios que son engañados por su líder quien les hace creer que después de veinte años la guerra continúa mientras ellos transcurren sus días sepultados en un sótano desde donde observan la realidad exterior a través de un telescopio que les transmite falsas imágenes de lo que pasa afuera

En rigor el líder es un traficante de armas que hace negocios con la revolución

Comprenderán los lectores el tono de la Carta, y la utilización de la primera persona, pero sucede que antes que periodista, soy ciudadano. Una persona que vive, siente y piensa.

No se a qué se dedican los intelectuales cuando no están pensando en sus asuntos, su ciencia, especialidad, o materia.

Pero una vez más les pido. No me involucren en sus análisis.

Hasta les diría, si no es para echar luz sobre estos tiempos nebulosos, mejor llámense a silencio. Hasta que despejen sus mentes.

De todas maneras, Intelectuales hay muchos. Cientos, que ha dado este país. La mayoría perfectos anónimos, que no andan por la vida reclamando derechos de autor ni exigiendo reintegros sociales, ni reparaciones históricas. Que no dependen de ningún decreto presidencial, ni salen por televisión, y que sin embargo también pueden aportar ideas, pensamientos, reflexiones.

Y de paso les digo, ya que ustedes me sentencian por mis errores, ¿no sería bueno que reconsideren algunos de sus prejuicios?

Si no, va a pasar una vez más, van a hacer un diagnóstico equivocado, y después equivocan las recetas. Y, como ha ocurrido otras veces, confunden al enemigo. Y a los aliados.

¿Acaso no vieron en Perón al gran líder popular de izquierda que presidía la patria socialista y con el cual íbamos camino a una revolución pero en el medio había que arrojar lastre y expulsar a Isabelita y Lopez Rega de la conducción?

Recuerden lo que pasó, terminaron echados de la Plaza y enfrentados como perros.

Y conste que en particular reconozco a Perón como el presidente más importante que tuvo la Argentina en los últimos cincuenta años.

Por su fomento a la industria nacional, su ejemplar sistema de seguridad social, la legislación laboral, los derechos de los más débiles, en fín, “por sus reformas estructurales” diría, poniéndome adusto.

Pero, no los puedo engañar, ¿saben que? en realidad me traiciona el ADN. Porque fui de los que disfruté de los torneos Evita, viajé a Embalse Río Tercero en los contingentes que organizaba el Ministerio de Desarrollo, y hasta conocí la copa de leche que compartía con los pibes del barrio como una bendición.

Y aún recuerdo cuando mi madre nos enseñaba orgullosa “esa mesa se la regaló Evita a tu padre” y contaba que mi viejo había sido afiliado y ferviente defensor de la promisoria década peronista. Tal vez porque era un obrero de Perón.

Se los cuento para que después no me traten de gorila, porque tienen el gorilómetro fácil ustedes los intelectuales K.

Tal vez el mayor punto de contacto con la realidad lo exprese uno de los más ilustres firmantes de la carta Abierta, el filósofo José Pablo Feinman:

“…. Es cierto que hay corrupción en este Gobierno. Eso va en contra de todos nuestros principios. Aquí no rige ni regirá el “roban pero hacen”. Pero tampoco podemos ser tan ingenuos: cualquier otro ha robado y robaría más. La política ya no se ejerce –ni aquí ni en ninguna parte– sin el dinero como arma de convencimiento, de presión o de amenaza. Uno no puede aceptar eso. Yo no podría hacer política.

“Nos interesa encontrar alternativas emancipadoras en los lenguajes” predica Feinman

Otro firmante de la Carta Abierta es Carlos Perez Rasetti actual Secretario Ejecutivo de los Consejos de Planificación Regional de la Educación Superior, dependiente de la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación (SPU. Cuando era diputado provincial denunció al entonces gobernador Néstor Kirchner por malversación de caudales públicos y peculado, por violentar la Constitución, por el manejo oculto de los fondos en el exterior, y hasta llegó a ocupar las instalaciones del Banco Provincial en protesta por la entrega vergonzosa de la entidad al grupo Eskenazi).

¿El lenguaje emancipado? ¿El verbo hecho carne?

Para terminar, la cita a Ignacio Copani que si no firmo la Carta Abierta no es porque no lo merezca:

A vos, intelectual K, “Neuronas de Teflón”,> “no te vi” cuando golpearon a los caceroleros en Santa Cruz.

> “No te vi” cuando explotaron 14 mineros por la desidia del gobierno.

> “No te vi” cuando reprimieron a los estatales o cuando Varizat atropelló a los manifestantes;

> “Neuronas de teflón”, “No te vi” cuando la censura; el saqueo; la entrega;

“no te vi”…”neuronas de teflón” , perdón por la licencia.”

14 Jul 08 – 15:38

Intelectuales entusiasmados

Carta Abierta. La cruzada contra la derecha imaginaria.

Intelectuales entusiasmadosescribe Carolina Mantegari
Editora Responsable del AsísCultural,
especial para JorgeAsísDigital

Que los intelectuales, en los setenta, se hayan entusiasmado con el socialismo nacional, con el “producto Perón”, es generacionalmente admisible. Aunque aún lo extrañen a Cámpora.
Eran los días rutilantes del “compromiso intelectual”. Del riesgo físico. A las palabras, había que anexarles el cuerpo. Coincidían con la euforia biológica.
Cuando Hernández Arregui, o la correspondencia de Cooke, derivaban, con cierta impaciencia, hacia los Diarios del Che. Para desembarcar, dolorosamente, en el ministro Ivanisevich.
Perdieron con la decepción básicamente inicial. Pero persisten, en la angustiosa selectividad de la memoria, las imágenes de los miles que perdieron de verdad.

Preámbulo

Más grandecitos, en los ochenta, que los intelectuales sensibles, con afán gloriosamente participativo, se hayan entusiasmado con la elaboración del producto Alfonsín, resulta, también, aceptable. Vaya y pase.
Consecuencias emocionales del fantástico retroceso. Alfonsín los conmovía. Con la recitación, con ademanes, del Preámbulo. Con alusiones desgarradoras al artículo 14.
Alfonsín implantaba la colonización cultural desde el radicalismo. Incitaba hacia la utopía de reivindicar la democracia, hasta entonces subvaluada. Instigaba a la renovación, hasta de los peronistas eternos.
Saberse, de pronto, un demócrata, después de “la larga noche del autoritarismo”, era -casi- como sentirse, otra vez, un revolucionario.

Patota

Los intelectuales podían integrarse a “la patota cultural”, que encabezaba Gorostiza.
Aunque no se nuclearan en el Club de Cultura Socialista, los intelectuales aún servían para algo.
Podían creer que combatían, desde el pensamiento, al fantasma inagotablemente indispensable de la derecha. Siempre al acecho, la derecha, que aún existía.
En el ensueño alfonsinista, representaban la derecha los militares juzgados. Por vencidos. Condenados.
La ilusión del combate persistente, por cuestiones estrictamente semánticas, brindaba, a los intelectuales entusiasmados, cierta noción de utilidad.
Como se situaban en contra de la “derecha golpista”, los intelectuales aún tenían algo que ver con las nostalgias de la izquierda.
Sublimes textos de Aricó, de Portantiero, de Altamirano y de Ipola. De la señora Sarlo. Ambiciones retóricas que se opacaban, en el mejor de los casos, con el endiosamiento involuntario de Sábato. O con lucimientos potablemente digeribles. Como el de Aguinis. Colaboraban, en definitiva, con la construcción majestuosamente parental del Pacho O’Donnell. Emblema indiscutible de la época.

Hotel Castelar

Cuesta interpretar la veleidad, peor aún, en los atroces noventa.
Transcurría la caída del socialismo real. A los pies, cautivado ante el capitalismo. Que lo vencía.
En el esplendor de la utopía liberal, a los intelectuales se les pulverizaba la visión del “compromiso”. Para colmo, los conservadores planteaban la existencia de su propia revolución.
Nefastas derivaciones combinadas, de las jactancias de Ronald Reagan.
Para colmo, por aquí Menem diseñaba, inesperadamente, un desprolijo supermercado nacional.
Por lo tanto los acosados intelectuales que fueron de izquierda, conservaban las inquietudes participativas. Por suerte pudieron entusiasmarse con la verborragia, excelentemente articulada, del nuevo producto peronista. El Chacho Álvarez.
Fascinaba Álvarez, sobre todo al alejarse del peronismo, a todos los intelectuales sin causas. Con su preparación culturalmente avasallante, propia del vendedor de enciclopedias a crédito.
Aunque tuvieran que votarlo, en principio, junto con el Chacho, a Bordón. Otro peronista. Pero pasablemente viable.

Se explica que los intelectuales, que buscaran referencias legitimadoras, también se entusiasmaran con un producto humanitario. La señora Fernández Meijide.
“Ella”, Graciela, estimulaba las culpas latentes de la sociedad, que venía rescatablemente en banda.
Sofocados por las transgresiones insoportables del menemismo, los intelectuales debían seguirlo al Chacho y a Graciela. Aunque tuvieran, como contrapeso, que sufragar por De la Rúa.
La racionalidad política podía sostenerse con las reticencias hacia el abarcativo fenómeno del neoliberalismo. Justamente cuando el supermercado ya mostraba los primeros efectos residuales.
Reticencias históricas hacia la derecha neoliberal. Que ya no necesitaba, siquiera, ser golpista. Porque la derecha había tomado, de frente, el Poder. A través del menemismo que demonizaban.

Con el entusiasmo de la Alianza, perdieron. Ya sin el menor riesgo corporal. El avance entusiasta concluyó con una capitulación arrebatada, en el Hotel Castelar. Cuando Chacho, entre tanta impotencia, se les escapaba. Porque el Poder es sucio. Es inmoral. Quedaba grande.
Sin embargo sería injusto desmerecer los atributos del Chacho. Porque el equívoco del Chacho también les sirvió, a los intelectuales inoculados con el virus comprometido de la participación, para creer que se encontraban en condiciones de oponerse, aún, al salvajismo capitalista.
Y que algo de coherencia, con el pasado, conservaban. Por resistirse a la derecha.

Naufragio de la izquierda

Como no pudieron construir la Revolución, los intelectuales de izquierda debieron naufragar en la playa, espiritualmente reconfortante, del progresismo. Desde donde podían mantener la pretensión de modelar, en sus alucinaciones, al capitalismo. Debían presentarlo, en adelante, con el mote irrenunciable de neoliberal.
Sensibles solidaridades bastaban, en adelante, para marcar, ya sin ningún riesgo físico, las diferencias con la derecha. Pregonar, por ejemplo, los beneficios del aborto. Entonar de memoria “Sólo le pido a Dios”. Plantear la oralidad redistributiva del ingreso. Contemplar, con simpatías paternales, el etnicismo del Evo. Comprar en Alto Palermo con gesto altivo de culposidad.

Desde el socialismo de Perón y de Cámpora hasta aquí, los productos culturales que consumieron, en la Argentina, los intelectuales políticamente entusiasmados, se caracterizaron por la disminución del control de calidad.
Cada vez los entusiasmos venían más pobres. Peores. Consecuencias del crecimiento, paulatinamente sistemático, de la extendida berretificación.
Con cada entusiasmo, las expectativas de la intelectualidad resultaban más piadosas. Justificaba la pasión firme por la regularidad del derrotero. Por la acumulación de desencantos.
El descenso triste, en materia de esperanzas, mantuvo una antagónica simetría con el ascenso del índice de colesterol.
Para colmo, los intelectuales, aunque se entusiasmen, también envejecen. No sólo se les desgastan las ideas. Tampoco responde el cuerpo.

Carta Abierta

Cuesta, de todos modos, resignarse a la idea de tamaño deterioro. Para atreverse a consumir, ahora, el penúltimo producto. Casi brutal. Kirchner. Precariedad ideológica que, a pesar de las perceptibles contradicciones, a ciertos intelectuales aún les sirve. Como les sirvió, en su momento, Alfonsín, y después el Chacho. Para suponer que, al fin y al cabo, aún combaten a la derecha. Al acecho, siempre. De nuevo, invariablemente golpista.
La nueva derecha fue útil para generar la pedantería conceptual del “clima destituyente”.
Debe entonces aceptarse que los intelectuales progresistas, en la antesala de la desesperación o de la impotencia, consuman a Kirchner. A pesar de las desconfianzas tradicionales hacia el peronismo. Y que lo consuman sin la menor moderación.
El producto Kirchner, que vuelve a convocarlos, nostalgiosamente, para que se movilicen, desde Carta Abierta, en contra de otro potencial golpe de estado. Menos sanguinario que el del 76. Contra la derecha que, caprichosamente, se reagrupa. Ilusión que vuelve a reinstalar, por definitiva vez, el redituable malentendido que calma las conciencias. El de suponer que los intelectuales entusiasmados, a través de Kirchner, mantienen algo en común con aquella izquierda. Con el modelo de redistribución. Aunque lo único que vuelve a redistribuirse es la vigencia renovada del engaño. La proximidad de otra decepción. En el combate ciego contra la derecha imaginaria, que amenaza con un golpe ideal para confirmar identidades. Para consolidar justificaciones existenciales.

Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital

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Notable: A Mempo se le salió la cadena

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Página/12). ¿Qué nos dirán ahora a los que desde hace cuatro meses hablamos de golpe y alertamos sobre el peligro que corre nuestra democracia?

Porque ahora está más claro que nunca: este conflicto no es por las retenciones, ni por una ley, ni por “el campo”, sino por el modelo económico y el poder político.

Hace más de cien días, los que hablábamos de golpe éramos considerados poco menos que locos. Muy bien, no hablemos más de golpe. Pero miren alrededor. Aquí lo que se juega es la democracia. Si gana el No en el Senado y retornan los monstruos del pasado –hoy nucleados con inesperada astucia por la Sociedad Rural, una Federación Agraria que traicionó su historia gracias al señor Buzzi y un movimiento protofascista de pseudo autoconvocados liderado por el actual favorito de los medios del sistema conservador, el señor De Angeli–, pobrecito nuestro país.

Si ganan en el Senado van a pedir la renuncia de CFK. Quizá no al día siguiente, pero seguirán esmerilando al Gobierno hasta que, acaso, caiga.

Y si pierden y sale la ley como está, van a patotear a la Corte Suprema como hicieron con gobernadores, intendentes, diputados y senadores. Y no nos extrañemos si en algún momento son capaces de llamar a una huelga general para “carmonizar” a la República, llevándonos a una venezolanización, pero no porque los K sean como Hugo Chávez sino porque alrededor de la SRA se nuclea lo que ya puede ser considerado el Carmonismo Argentino. Sólo faltará ver entonces quién será el Pedro Carmona vernáculo.

Con ellos, detrás de ellos, desgraciadamente, hay mucha gente honesta y trabajadora, de buenas intenciones, pero fanatizada contra los K, soliviantados todos por los medios que difunden los apocalípticos discursos de Carrió, los Rodríguez Saá, Duhalde, De la Sota, Cecilia Pando, Schiaretti, el coronel Reimundes, Reutemann, la peor izquierda insurreccional y oportunista, el Partido Socialista nuevamente dividido y –para completar el cuadro– los restos de un radicalismo que desdichadamente perdió la brújula política. Porque hoy los radicales deberían estar críticamente del lado de las instituciones, como lo estuvo hace dos décadas Cafiero al lado de Alfonsín cuando los ataques carapintadas. Y no del lado de la destitución neogolpista, como en los peores capítulos de la historia de la UCR.

Es claro que no es políticamente correcto hablar de golpe, pero esto se le parece demasiado. Ni militar, ni de mercado, como tantas otras veces, éste sería un golpe de Estado de nuevo cuño, de accionar inédito, mediáticamente estimulado y con la misma ideología reaccionaria y neoliberal que ya padecimos.

Por eso, todas las concesiones que hizo CFK en estos meses ya no interesan. Lo que quieren es otro gobierno, uno que retroceda 15 años y restituya el modelo neoliberal del menemismo. E incluso muchos –aunque no lo confiesen– preferirían el autoritarismo de 30 años atrás.

Nada de eso quieren las grandes mayorías argentinas, y en particular el pobrerío nacional, que es el convidado de piedra de esta crisis miserable.

Se equivoca Lilita Carrió cuando dice que en contra de la ley que votará el Senado está “el 70 por ciento de nuestra sociedad”. Ese disparate deviene de que no conoce el interior del país y ahora se rodea sólo de la paquetería porteña. Pero más yerra cuando dice que “estamos en manos de un gobierno profundamente autoritario”, porque si hay algo de lo que no se puede acusar a los K es de autoritarismo. ¿Cuál? No ha habido represión en cinco años, ni un solo muerto en piquetes y manifestaciones políticas. Hay, y está a la vista, una libertad de prensa como jamás hubo en la Argentina. Se pusieron en marcha juicios ejemplares que antes se negaban. Se garantizó la expresión de todas y cada una de las protestas callejeras, en todo el país. Y CFK casi no firmó decretos de necesidad y urgencia. ¿De qué autoritarismo habla Lilita? No puedo creer que se haya olvidado del de Menem, o el de su ex correligionario De la Rúa.

No integro la llamada Carta Abierta, pero comparto muchas de sus posiciones. Yo también defiendo en este momento al gobierno K, a pesar de sus innumerables torpezas, de sus incongruencias, de su vocación de suicidio comunicacional, de sus permanentes metidas de pata, de sus necedades y falta de transparencia, y a pesar incluso de figuras irritantes como los señores Moreno, Jaime, D’Elía o De Vido, entre otros.

El fondo de la cuestión es que los patrones rurales y la oposición resucitada no vienen a derogar la 125; vienen por el gobierno que los votos no les dieron en diciembre pasado. Y que no les dan jamás, de hecho, y ésa es la razón única y profunda por la cual siempre acaban promoviendo golpes de Estado. Pero como el mote de golpistas no les gusta, la bestia negra del agrarismo dice que el golpe “es una invención de los K porque no saben cómo gobernar”. Sería gracioso si no fuese un argumento tan cretino y mentiroso.

Es hora de dejar de lado frivolidades como la indumentaria o el estilo de CFK, el gobierno dual o la injerencia del “ex presidente en funciones”, como machaca diariamente desde hace meses el dirigente periodístico Nelson Castro. Todo eso es distractivo, provocador y necio. Lo que hay que discutir es cómo mejorar el presente de un gobierno también necio y encima atontado, y cómo evitar que la República Argentina padezca otro gobierno neoliberal si cae Cristina –digo, es un decir, si cae– que nos retrotraiga a las políticas neoliberales de los ’90, como bien escribió ayer Eduardo Aliverti.

Eso es lo que ocultan los rentistas del agro, y eso es lo que perjudicará y condenará a la inmensa mayoría de los bienintencionados que esta tarde probablemente estén en el acto de Palermo. Ciegos, no ven que mientras la democracia sigue en riesgo, si se cambia este gobierno a muchos de ellos les va a salir el tiro por la culata por apoyar a sus verdugos. Como pasó tantas veces; la última, en marzo de 1976.

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Intelectuales y política

En los últimos tiempos ocurrió algo sobre lo que vale la pena reparar: el retorno de cierta palabra intelectual a la escena pública. Esta es una evidente época antiintelectual. Pensar supone entregarse a un tipo de temporalidad que habitualmente es despreciada por el discurso dominante de los medios audiovisuales y de la política, instalado en la lógica de la falsa urgencia y las operaciones de posicionamiento. Pero lo cierto es que, bien o mal, muchos intelectuales volvieron a tomar la palabra pública.

Por Damián Tabarovsky | 20.07.2008 | 00:27

En los últimos tiempos ocurrió algo sobre lo que vale la pena reparar: el retorno de cierta palabra intelectual a la escena pública. Esta es una evidente época antiintelectual. Pensar supone entregarse a un tipo de temporalidad que habitualmente es despreciada por el discurso dominante de los medios audiovisuales y de la política, instalado en la lógica de la falsa urgencia y las operaciones de posicionamiento. Pero lo cierto es que, bien o mal, muchos intelectuales volvieron a tomar la palabra pública.
En estos días leí varios artículos, debido al reciente encuentro en la Biblioteca Nacional entre Kirchner y un grupo de intelectuales, en los que trataban a Horacio González y a la revista Confines de “intelectuales orgánicos”. En Perón. Reflejos de una vida, publicado hace algunos meses, González escribe: “Se propuso el poder. No, mejor decir: se propuso el mando. El poder ocurre entre estructuras y reglamentos. El mando sólo entre hombres y lenguajes”. Y más adelante: “La paradoja del mando es que no debe manifestarse en la orden (…) su lógica es la del anarquista de Estado”. El de González es un libro extraordinario, cargado de ideas que ponen a su autor en tensión con el universo al que adhiere. A la vez, Confines viene reflexionando seriamente desde hace años sobre el estatuto de lo contemporáneo y sobre una crítica al sentido común mediático. Suponer que tanto González como el grupo que integra Confines son intelectuales orgánicos por concurrir a un par de reuniones u ocupar un cargo menor significa simplemente desconocer qué fue a lo largo de la historia un intelectual orgánico y qué no. Eso no quita que, como es público y notorio, desarrollan un pensamiento al que se podría definir como “pan-kirchnerista”; es decir, una línea que ve en el presente argentino una oportunidad para reponer las herencias obturadas y refundar la política (habría que decir también que de sus textos surgieron frases que luego fueron reproducidas –habitualmente mal– por el discurso político oficial). Es un pensamiento con el que disiento, pero con el que es imprescindible debatir. Discutir implica cuestionar la existencia de una única gran dicotomía entre la derecha y el pan-kirchnerismo, para proponer una reflexión situada más a la izquierda, en la que se percibe al pan-kirchnerismo realmente existente como un sistema de limitaciones para la transformación social, antes que como uno de oportunidades.
Pero la toma de palabra pública de un intelectual no debería efectuarse sin una reflexión crítica sobre ese mismo acto. Criticar el lenguaje mediático reproduciendo ese mismo lenguaje supone una contradicción insalvable que evapora la carga crítica que se pretende llevar. La figura del intelectual pan-kirchenrista defendiendo a D’Elía en bochornosos programas de televisión, declarando en el Senado como perito de parte, o cierta teatralidad sobreactuada en las puestas en escena de la Carta Abierta terminan colocando al intelectual en un lugar levemente caricatural. A esta altura de la historia, no hay casi distinción entre el gesto sartreano y su propia parodia (y además, el intelectual sartreano es hoy un intelectual de mercado: el divulgador peronista del domingo).
Pese a esos reparos, se ha abierto una serie de discusiones clave: sobre la justicia (a la que el Gobierno se empeña en llamar “redistribución del ingreso”, reproduciendo la aséptica jerga liberal que publicita rechazar), sobre la política, sobre los medios de comunicación, sobre el sentido común derechizado y sobre la propia palabra del intelectual (confieso que todavía imagino al escritor como alguien solitario, irónico con el ruido de la época, intratable, erudito, siempre opositor). A diario leemos que la Argentina, a causa del conflicto del campo, estaría desaprovechando una fenomenal oportunidad histórica. No llevar a fondo estas otras discusiones implica desaprovechar una oportunidad aún mayor
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5/28/2007

ladriprogresismo

Se nota en el aire que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires está con grandes chances de cerrar el ciclo del ladriprogresismo que la des gobernó en los dos últimos períodos. En Ramble llamamos ladriprogresimo al choreo vil, anclado en el bochorno gestivo, edulcorado con recitales de León Gieco , marchas por la defensa de las ballenas azules en Groenlandia y entregas periódicas de subsidios y reconocimientos múltiples a la Estela que dejo Aníbal y otros referentes “friendly” del colectivo defensor de los DDHH de las víctimas del Terrorismo Estatal de los años setenta. Tras dos períodos del festival ladriprogresista a los porteños nos quedan entre otras maravillas como saldo: Las brechas de inequidad distributiva entre el 10% más pobre y más rico de perceptores de ingreso más altas de la historia (195 veces con Hannibal, 226 con el Teletubi) sin politicas sociales de compensación de ingresos, capaz de amortiguar el ciclo de participación regresiva. Los mayores niveles de pobreza e indigencia de la historia ( 25% con Hannibal) y la persistencia en el tiempo en un nivel que duplica al histórico porteño , a pesar del ciclo de crecimiento económico inédito en los últimos 100 años (10% con Teletubi en 2007) , sin políticas sociales de compensación que transfieran ingresos y no “contención afectiva” a las familias. La mayor asimetría de todas las existentes entre el Sur y el Norte porteño , construída a la luz de la duplicación de la población en villas de emergencias que pasó de 80.000 habitantes en el inicio del gobierno de Hannibal a los actuales 160.000 residentes en la gestión del histriónico Teletubi, más de la mitad de los cuales provienen ilegalmente de países limítrofes , sin plan de legalización de la residencia o eventual deportación y la elemental urbanización o en su defecto erradicación de villas, frente a la insólita estampida. La multiplicación por tres de la población residente en casas tomadas, que paso de 100.000 almas con Hannibal a los 300.000 residentes actuales, sin planes contingentes de identificación personal y eventual relocalización de los intrusados.
La decadencia del sistema de salud municipal en general y en especial del sistema de “salitas de atención primaria barrial”, localizadas mayoritaria y estratégicamente en la periferia porteña, hoy en estado ruinoso. Institucionalmente , el ladriprogresismo deja la inexistencia absoluta de formaciones partidarias del mismo signo político que el jefe de gobierno que ladriprogresó oportunamente y que en rigor, hoy no posee partido ni un solo diputado propio, con la debilidad insititucional que esto supone. Un juicio político al primer jefe de gobierno ladriprogresista y su destitución, tras la más grande catástrofe en tiempos de paz ocurrida en la ciudad, con 194 muertos y pruebas irrefutables de corrupción gubernamental entre sus causas centrales. La mayor burocracia gubernamental del país, más de 100.000 empleados públicos , donde al menos la mitad son capas geológicas sin determinación de funciones específicas, soportadas por el enorme y vapuleado presupuesto porteño, como herencia de las varipopintas administraciones ciudadanas, ocurridas desde el año 1983 en adelante. En fin, joya, joya, defendamos sin trepidar el “espacio público” , la calesita de “Tatin”, nuestra Pyme insignia, y el hoy recuperado con gran esfuerzo “Trencito de la alegría” , que el neoliberalismo caca , nos lo quiere privatizar. Proletarados del mundo, uníos y defended el currito. Una más y no jodemos más!.

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