Batalla entre Cambiemitas y Liberalotes…que paso? Ya eliminamos a los Peronchos de la Tierra Argenta?…miren que los Orcos están simplemente recuperándose…y pueden volver…no gastemos polvora en tonterías…

La propaganda antipolítica de los liberalotes

Los economistas para quienes ningún ajuste alcanza subestiman el problema social y las dificultades que enfrenta el Gobierno

Fernando A. IglesiasFernando A. Iglesias
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PARA LA NACION

MIÉRCOLES 22 DE NOVIEMBRE DE 2017

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Un cuarto de siglo de votar mafiosos para que se hagan cargo de la política ha llevado a millones de argentinos a la creencia en su inutilidad. No. No a la creencia en la inutilidad de los argentinos que por un cuarto de siglo votaron mafiosos para que se hicieran cargo de la política, sino a la creencia en la inutilidad de la política; esa paparruchada que en países más venturosos se cuidan mucho de desdeñar.

Una parte sustancial de esta creencia se basa en la propaganda de una secta, la de los "liberalotes", para quienes todo gasto público es una infamia y un complot. No hay que culparlos. Abrumados por 15 años de cargas fiscales crecientes, choreos monumentales y desquicios generales de la corporación política, los liberalotes han sacado la conclusión de que todo gasto público es una iniquidad. Los abusos cometidos bajo el principio de que la política es digna y hasta heroica, y la economía, una diosa menor, los convencieron de invertir la ecuación. Para el liberalotista, la economía es una ciencia exacta y la política, una superstición.

De allí que los liberalotes propongan recortes draconianos del gasto social, despido de millones de empleados públicos y amputaciones generales del Estado. No importa si la pierna gangrenada o la cabeza. Ahora mismo. A como dé lugar. Son planes excelentes, dicen, que han dado maravillosos resultados en muchos países. Países unificados, claro, por una peculiaridad: la de no ser la Argentina. Países que no tienen un tercio de los habitantes en la pobreza, millones que sobreviven de subsidios, un gobierno que dispone de minúsculas minorías parlamentarias y el peronismo a cargo de los sindicatos y la oposición. No importa, sostiene el médico liberalote, en tanto levanta de la cama al paciente con insuficiencia cardíaca, le desconecta el goteo, le pone zapatillas y lo saca a correr mientras le explica que es la falta de ejercicio la que lo tiene así.

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Foto: LA NACION

Hay que dejar de mantener vagos, sostiene el liberalote. Y de tan justa afirmación extrae la conclusión de que hay que suprimir los subsidios ya. No se le pasa por la cabeza que de un vago suele depender una familia. Mucho menos calcula el enorme impacto de ese pequeño ahorro en el conjunto social: niños que dejan de comer o abandonan la escuela, incremento de las organizaciones piqueteras, ciudades copadas por turbas y más gente que sale de caño de la que ya hay. Si los liberalotes hicieran el cálculo completo en vez de leer por cuarta vez la misma novela de Ayn Rand comprobarían que el resultado total es negativo. Y si de veras creyeran en las cifras ya hubieran calculado que un gobierno que se cae no es el mejor instrumento para reducir el déficit fiscal. Pero no. El liberalote es jugador de ajedrez de una movida sola, el reverso de aquel que puso un cepo porque escaseaban los dólares, pero con doctorado en el MIT.

El liberalote da conferencias sobre eficiencia y competitividad, pero si no logra juntar cuatro mil fichas para constituir el partido liberal que la Argentina necesita la culpa es del sistema solar. Es fácil detectarlo por su obsesión central: el endeudamiento insostenible. Cinco minutos después de explicarnos el fracaso de la Unión Soviética por un único factor -la superioridad intelectual del mercado respecto de cualquier burócrata- el liberalote nos explica que el mercado internacional de capitales se equivoca cuando le presta a la Argentina a tasas cada vez más bajas en lugar de hacerle caso a él, que anuncia el apocalipsis final.

¡La reforma fiscal es insuficiente!, proclama. ¡Esto puede explotar! Ni se le ocurre que el paquete de reformas tiene que pasar por un Congreso en el que Cambiemos dispone de un tercio de los diputados y un quinto de los senadores; y en el que el peronismo es la oposición. Es que el negocio del liberalote es ocuparse de economía política desconociendo la mitad que le desagrada de la ecuación. Por eso aplica en sus recetas para el país lo opuesto de lo que recomienda en las empresas. Si alguien lo consultara diciendo: "Mi compañía tiene un gran potencial pero un sistema de gestión horrible", el asesor liberalote le recomendaría contratar mejores administradores para absorber lo mejor que ofrece el mercado pagando más que la competencia. Exactamente lo contrario de lo que propone para el país: bajar sueldos y suprimir ministerios. No digo que no haya que hacerlo. Digo que al hacerlo habría que evitar empeorar el horrendo sistema de toma de decisiones argentino haciendo que los más capaces huyan al sector privado, como sucede desde 1923.

El liberalote no consigue dormir pensando en lo que gana -digamos- Sandra Mendoza, pero no se da cuenta de que es lo mismo que gana -digamos- Elisa Carrió. Por el contrario, la vota. La votan sin agradecerle que gane mucho menos que -digamos- Jorge Lanata, o de lo que ganaría si pusiera un buffet. Nos votan porque sí, y nos insultan luego, sin pensar que existen infinidad de abusos injustificados en la política argentina, pero ese no es un buen motivo para meter en la misma bolsa a los mafiosos y a los que combatieron a la mafia que se robó el país. Nos votan sin pensar que un diputado gana como un ejecutivo del sector privado aunque su exposición y responsabilidades sean mucho mayores. Nos votan y después de votarnos nos desprecian sin comprender que la carrera política tiene un piso alto, pero un techo bajo; motivo por el cual el Presidente gana 173.000 pesos por mes. Bastante menos que un piloto de avión.

El liberalote no es malvado, sino necio. Como votó a Cambiemos, pretende que Cambiemos sea liberalote y se indigna cuando se da cuenta de que no. Su doctrina se basa en los beneficios sociales del interés individual, pero exige que sus representantes se comporten como Mahatma Gandhi. Y le duele la herida reciente, la del kirchnerismo, mientras que la anterior, la del "Para qué queremos políticos si tenemos a los militares", se le chispoteó. Porque le convenía, dirán ustedes, ya que sus abuelos se dejaron la democracia en un tanque de Videla y sus tíos se olvidaron la república en la butaca de atrás del Menemóvil.

Tiempos pasados, ciertamente. Pero aunque cree en la democracia, el moderno liberalote piensa que el Poder Legislativo es una dilapidación. Con el Ejecutivo, basta y sobra, piensa. Tocqueville y Berlin se desmayarían, pero no es culpa del liberalote. Es que 12 años de estropicio populista han liberalotizado al país. Un país en el que nadie propondría bajarle el sueldo al piloto del avión al que se va a subir, pero en el que el pedido de que los senadores ganen menos que los camioneros es un hit nacional.

Mientras esto sucede, las empresas asesoradas por liberalotes siguen subiendo salarios y benefits de sus ejecutivos. Es que en un mundo de altísima productividad la toma de decisiones constituye el problema principal para toda empresa, explican los liberalotes. Lo que no explican es por qué este principio no se aplica al país. Lo que no explican es por qué ganar una banca como diputado significa someterse a revisiones de cuenta preventivas cuando falta más de un mes para la asunción. Al liberalote ni se le ocurre que ofende. Que ofende a los honrados y no a los chorros, que no viven de sus dietas sino de las rentas ilícitas miles de veces superiores que les provee su posición. Y menos se le ocurre que el efecto inevitable del "todo-es-lo-mismo" y de la prédica antipolítica es que el Congreso se llene de Sandras Mendoza mientras huyen, espantadas, las Carrió.

Diputado electo por Cambiemos

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Respuesta de un "Liberalote" al diputado Fernando Iglesias.

Esto es para contestar a Fernando Iglesias y su nota sobre los “Liberalotes” que es como nos llama a todos los que somos liberales.

Ante todo separo a Iglesias entre persona y personaje. Como persona me consta que es muy buen tipo, a pesar de ser un “cascarrabias” pero es leal, honesto y extremadamente preparado académicamente

Yo le contesto al personaje que tanto le gusta usar y a la vez de quien, con cada vez más frecuencia, se transforma en su esclavo.

Iglesias dice que no se puede aplicar soluciones liberales en argentina porque no es un país civilizado.

Pifie de par a par.

Todos los países “civilizados” de hoy tienen gastos públicos grandes. Desde Estados Unidos a Francia tienen estructuras burocráticas inmensas, sin hablar del gasto militar bancado por emisión de deuda y corporaciones políticas tan solemnes y rimbombantes que parecen monacales.

Pero el camino a la civilización de los actuales “civilizados”, valga la redundancia, no fue a través de ganar récords mundiales de presión tributaria, primer puesto que hoy ostenta Argentina. Mucho menos fue con un déficit fiscal de casi 10 puntos del PBI, cuando 4 puntos se considera “alto”, también primer puesto mundial en manos de Argentina. Muchísimo menos llegaron a la civilización manteniendo la segunda inflación más alta del mundo.

Solucionaron todos esos temas en forma preliminar antes de empezar el camino a la civilización.

Hoy los “liberalotes” como nos llama Cambiemos o “liberaludos” como nos llamaban los kirchneristas, no proponemos cerrar el estado. Al menos en mi caso, nunca termine de leer a Ayn Rand porque me desespera del aburrimiento la forma en que escribía. Lo que me gustaría que se haga es cambiar esta Argentina corporativa, lo mismo que supongo que Iglesias votó en 2015.

Iglesias es humanista, básicamente todo lo contrario que existe filosóficamente al fascismo. Sin embargo su personaje empezó a defender el corporativismo heredado del desastre anterior. Su actual discurso de status quo, al menos el de su personaje, es el mismo que el de los sindicatos, las cámaras, la iglesia católica y por supuesto el 100% de la corporación política.

Ajustar el estado más deficitario del mundo no se trata de “gustos”, ideologías o ganas, es una responsabilidad u obligación de quienes lo gestionan.

Pero vamos más allá y cedamos ante el “gradualismo” propuesto y encarado por este gobierno, supongamos que dado que hay margen para tomar deuda podemos suplir esta situación de todo un país pagando un estado inmenso e ineficaz por la solución lenta de apostar por un crecimiento sostenido por al menos una década para bajar de 10 puntos del PBI de déficit a un 4. Bien, ese plan tampoco se empezó a cumplir por ahora. Porque estos dos años se incrementó el estado de Kiciloff, no se disminuyó en lo más mínimo.

La reforma del estado no llegó, y la nueva reforma tributaria habla de un achique del 0,5 antes de que llegue al congreso, por lo que probablemente y siguiendo la línea de los últimos 70 años, ese achique quedará en la nada y estaremos ante una nueva suba del gasto luego que pase por esa maquina drogadicta de pedir mas recursos.

Iglesias cuando se refiere a los liberales nombra a los “tanques de Videla”, como hacían y hacen los kirchneristas. En la misma línea pide que armemos un partido como requisito para opinar. Hoy en este mundo globalizado, del cual Iglesias es un fuerte militante (al igual que yo), las ideas que imperan son las liberales, no necesitamos hacer un partido argentino porque nuestras reglas de prosperidad fueron tomadas por el mundo civilizado y bajaron la pobreza como jamas se ha visto en la historia. Y no a "golpes de estado" sino a golpe de liberar las funciones que crean riqueza.

Esta discusión trata de ir hacia un estado moderno, pero no “el estado moderno neoliberal que produce pobreza y muerte” como Iglesias, los comunistas y el flagelo ideológico pre kirchnerista llamaban a las flamantes experiencias post caída del muro, donde nadie era especialista en gobernar tras la caída de “Dos mundos” absolutamente diferentes. Fue un escenario único en la historia y ahí la que funcionaba era la experimentación.

Hoy un estado moderno tiene la estructura de los estados modernos de 2017, no los de 1991. Mostrar algo obsoleto del pasado como alternativa para poder mantener el status quo actual es temerario.

Hoy, los estados modernos (los bálticos, Nueva Zelanda, Australia, Singapur, Chile, incluso Peru) no proponen darle de comer a un monstruo enfermo, lo dejan morir para crear un “monstruito” que no haga daño, que su ambición por vivir de los que producen y de los que consumen este atenuado a lo mínimo.

Argentina decidió en esta nueva experiencia seguir alimentando una monstruosidad enferma que se niega a morir porque sus órganos vitales son las corporaciones que destruyeron un gran país como Argentina. Esos órganos hoy serán más críticos, más coherentes, más educados, incluso más honestos como Iglesias, que es intachable en ese rubro, pero “a la fine” son órganos de ese monstruo. Y aparentemente se niegan a cambiar por un monstruito domesticado, que exista, pero que deje al resto vivir sin ser devorados.

Los liberalotes o liberaludos no somos el problema actual, nunca lo fuimos, de hecho los años más prósperos de argentina coinciden con los años que gobernamos al país. Somos la solución, pero a un gran costo para Iglesias y las corporaciones y un enorme beneficio para el pais dentro de este mundo moderno. Lo positivo es que esto se empezó a discutir, en esto si cambiamos.

Publicado por No Envidies en 6:09

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Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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