Cada vez es más claro que nuestro problema económico es básicamente de valores:Los argentinos vamos a tener q ue elegir entre vivir en un país en que el ingreso se obtiene saqueando a otros sectores o bien satisfaciendo las neces idades de los consumidores.

OPINIÓN

El problema del modelo económico argentino y cómo el Gobierno podría empezar a resolverlo

Cada vez es más claro que nuestro problema económico es básicamente de valores y la administración Macri lo sabe. ¿Se puede hacer algo al respecto o deberíamos resignarnos?

Por Roberto Cachanosky 17 de mayo de 2017

Cuando uno propone disminuir el empleo público, la respuesta es que no se puede hasta que lleguen las inversiones que permitan absorber la gente que "trabaja" en el Estado. Si se hace hoy habría un costo social, afirman.

Si uno propone ir reduciendo y eliminando los llamados planes sociales, la respuesta es que no se puede porque habría una crisis social. Si la propuesta es bajar la tasa de interés, la respuesta es que no se puede porque se dispara la tasa de inflación. Si uno propone hacer una reforma laboral para que las empresas no tengan miedo de tomar personal, te dicen que no se puede porque habría un enfrentamiento con los sindicatos.
Si se propone abrir la economía para generar competencia, la respuesta es que no se puede porque se fundirían todas las empresas.

En síntesis, no se puede hacer nada porque siempre hay una excusa para no cambiar. El problema es que muchos prefieren vivir de este modelo de saqueo generalizado porque es buen negocio y otros directamente no se atreven a cambiarlo.

Los argentinos vamos a tener que optar entre seguir con este modelo de saqueo permanente o ir a un sistema de cooperación pacífica y voluntaria. Es decir, elegir entre vivir en un país en que el ingreso se obtiene saqueando a otros sectores o bien satisfaciendo las necesidades de los consumidores.

El Estado, que supuestamente debería ser el que se ocupa de defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas, se ha transformado en el principal saqueador que, por competencia populista, le quita a unos para darle a otros sancionando leyes de dudosa legitimidad para un sistema republicano. Dicho de otra manera, en vez de que cada sector le robe directamente sus ingresos o patrimonio a otro sector, cada uno hace lobby en el estado para que éste, utilizando el monopolio de la fuerza, le robe a la gente en nombre de la "justicia social", de los derechos adquiridos o de la protección de la industria nacional. En otras palabras, el estado cede al lobby proteccionista estableciendo restricciones a la competencia para que los productores locales puedan venderle a los consumidores productos de baja calidad y a precios mayores de los que podrían cobrar en libre competencia.

Para que el consumidor no proteste, el Estado suele establecer precios máximos como supuesto remedio a la falta de competencia que el mismo Estado creó o sosteniendo una legislación laboral que puede fundir a una pyme si tiene que reducir su planta de personal.

Vemos que los dirigentes piqueteros presionan al Gobierno con cortes de calles y rutas, amenazando con violencia en la calle a cambio de más dinero y más planes. Supuestamente tienen derecho a ser mantenidos por el sufrido contribuyente, porque El estado no tiene dinero propio, el único dinero que tiene para repartir es el del contribuyente. Así, pareciera ser que el Estado nos dijera: "yo le robo a los contribuyentes para evitar que los piqueteros le roben directamente. Mi robo es más pacífico. Sin violencia física".

Los tres millones de empleados públicos (nacionales, provinciales y municipales) parecen ser las vacas sagradas que no pueden ser tocadas por nadie con su estabilidad de empleo, algo de lo que no disfruta ningún otro mortal. Así, nuevamente el contribuyente tiene que soportar otro peso impositivo adicional para financiar las capas geológicas de empleados públicos que van acumulándose a través del tiempo.

En definitiva, todos recurren al Estado para que le quite a otro y le dé a él lo que no le pertenece. Por su parte, el Estado asume que la riqueza no es algo que se tiene que generar, sino que ya viene dada y solo hay que redistribuirla. Como esto no es cierto y la riqueza hay que generarla, para que alguien tenga estímulo para invertir y generarla no tiene que ser saqueado por el Estado o por los particulares. Nadie invertiría en un barrio en que bandas de forajidos le roban permanentemente con total impunidad el fruto de su trabajo y no puede defenderse. Bien, ¿por qué alguien va a invertir para que el Estado le robe el fruto de su trabajo mediante una carga tributaria que es asfixiante porque hay infinidad de lobistas pidiendo parte de la riqueza que él generó con su esfuerzo personal?

Este sistema en que todos se sienten con derecho a exigirle al Estado que les dé lo que a otros le pertenece es un sistema de conflicto social permanente. No hay una cooperación voluntaria y pacífica en que uno gana sus ingresos haciendo algo que otro necesita y así ambos salen ganando, sino que tenemos un sistema de saqueo generalizado. Por el contrario, mi ingreso depende de cuánto logre que el Estado le robe a otros vía impuestos para que me lo de a mí. El principio básico de toda sociedad que progresa es muy diferente. Mi ingreso mejora si logro mejorar la situación de mis semejantes haciendo algo que necesitan. Que los hace progresar a ellos.

Nuestro problema económico no se resuelve solo modificando el tipo de cambio, retocando la tasa de interés o ensayando por enésima vez una ley de compre nacional. Nuestro problema económico es el emergente de un conjunto de reglas, normas, costumbres, leyes y códigos que establecen un saqueo generalizado, donde producir es castigado por el Estado y el que más presión hace para que el estado saquee al que produce, es premiado. Con estas reglas de juego nunca vamos a poder progresar. Nadie va a invertir para ser saqueado.

Me parece que lo primero que debería hacer el Gobierno es entender este nefasto sistema de saqueo generalizado. En segundo lugar empezar a desarmar este nefasto saqueo y, sobre todo, cambiando el discurso. Me refiero a que no debe insistir con que este Gobierno otorgó más planes sociales que el gobierno anterior, porque eso no es un mérito. Justamente, los logros económicos se muestran si cada vez hacen falta menos planes sociales.

Pero el mensaje principal debería ser que deben cambiarse las reglas de juego, donde termina la cultura de la dádiva y comienza la cultura del trabajo. Donde termina el privilegio de los dirigentes sindicales y comienza el beneficio de los que están fuera del mercado laboral con una legislación que no asusta a ningún empresario a tomar personal. Donde el empresario compite y se gana el favor del consumidor en vez de ganarse el favor del funcionario de turno para que le otorgue alguna protección, subsidio o privilegio. Donde el piquetero deja de extorsionar y es conducido a trabajar.

Si ocho millones de trabajadores en blanco en el sector privado tienen que mantener a 20 millones de personas que mensualmente reciben un cheque, estamos frente a un Estado saqueador en vez de uno que protege al que se esfuerza, trabaja e innova.

En definitiva, se trata de cambiar este sistema de conflicto social permanente donde el Estado es el gran saqueador, por la cultura del trabajo, del esfuerzo personal y de la innovación. Dicho de otra manera, nuestro problema económico es básicamente de valores. O nos seguimos saqueando mutuamente o cada uno empieza a vivir de su propio esfuerzo personal y de su trabajo.

El autor es economista, profesor y escritor. Dirige el sitio Economía para todos

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Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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