Macri no es un liberal. Ni cree en ese principio, ni sabe cómo serlo, ni quiere serlo.

OPINIÓN

Macri cumple

Por Dardo Gasparre

22 de julio de 2016

Hace un año, el triunfo de Cambiemos era sólo un sueño imposible. El kirchnerismo metía miedo con la pérdida de las supuestas conquistas sociales que devendría de un triunfo de la coalición, y Mauricio Macri respondía que nadie perdería sus beneficios y que no privatizaría ninguna empresa del Estado.

Con el optimismo y el fanatismo que suelen prologar nuestros grandes errores, preferimos creer que se trataba de un engaño para tranquilizar a los dudosos y que luego del triunfo se procedería a realizar los cambios imprescindibles para el restablecimiento de la sensatez y la ortodoxia en nuestro sistema económico.

Hace justamente un año, en ese contexto, escribí, en esta columna, la nota que titulé "¿Y si Macri no miente?", para explorar la posibilidad de que el entonces candidato no estuviera mintiendo para conseguir votos, ni aceptando forzadamente una agenda que le era impuesta por su rival, sino que estaba siendo totalmente sincero con sus proyectos.

La nota resultó, lamentablemente, profética, y si se vence el tedio al leerla, se advertirá que tal profecía fue exacta y al detalle. Eso no demuestra ninguna condición ni mérito especial del autor, ni su capacidad de emular a Nostradamus o a la Virgen de Fátima. Simplemente, era obvio que Macri pensaba y piensa así. No sólo no es liberal, sino que honestamente cree en el desarrollismo o el proteccionismo en todas sus variantes. Cree en serio en el modelo de industria nacional protegida, en los mercados preservados de la competencia externa, en la generación de trabajo vía el Estado que concede privilegios y defiende "la soberanía industrial".

Cree también que la obra pública debe ser desarrollada por empresas nacionales, como máximo mediante la formación de consorcios con alguna empresa extranjera, pero nunca cediéndole el control del joint venture. También cree en los sindicatos como coprotagonistas de un acuerdo tácito con ese modelo empresario, o como partícipe necesario.

Esa creencia se extiende a las empresas estatales, que no son más que mecanismos para que el Estado actúe de árbitro en la distribución de obras y beneficios, para extender su mano benevolente sobre toda la sociedad (y las sociedades). En ese modelo, es el Estado quien se endeuda, las empresas realizan seudoinversiones o inversiones mínimas, para tener el derecho de empezar a participar del juego de prebendas, contratos, protecciones y asociarse privilegiadamente con empresas estatales.

Justamente por eso el objetivo de su Gobierno es crear una lluvia de dólares, de cualquier origen. El Estado se ocupará luego de administrarlos y distribuirlos, para generar así el crecimiento, el progreso y el bienestar para todos.

El modelo es el que se implantó en el país en los años treinta, al conjuro del admirado Benito Mussolini, que rápidamente el ejército tomó como propio, tanto en su función de gobierno como en su papel de empresario. No es casual que por muchos años las grandes empresas estatales estuvieran en manos de las Fuerzas Armadas, que cumplían esa función de árbitro de distribución de contratos entre privados.

¿Habrá un modelo mejor para Mauricio que el que tuvo y tiene a su familia como protagonista principal durante tantos años? ¿Le será fácil pensar en un país de cielos abiertos con una Aerolíneas desguazada y finalmente cerrada, y un sistema de libre competencia privada con regulaciones razonables en razón de ser un servicio público? ¿Incorporará el criterio de requerir que la obra pública se adjudique en licitaciones internacionales (no con consorcios amañados), que provean su propia financiación, con sistemas modernos de adjudicación y remuneración?

¿Revisará todos los acuerdos de YPF, empezando por transparentarlos, e irá abriendo el mercado petrolero en todas sus etapas a la competencia internacional? ¿Hará lo mismo con las empresas de energía que fueron misteriosamente readjudicadas sin licitación alguna por el kirchnerismo a amigos sin financiación ni conocimiento del área, cómplices mudos de la situación en que estamos? ¿Expondrá a los responsables del caos energético desde el sector privado? ¿Eliminará de cuajo el sistema tramposo y alevoso de Tierra del Fuego, motivo ya de la burla internacional y del desprecio de los consumidores estafados por esta pantomima ridícula y desvergonzada?

Ni siquiera abriré juicio sobre la honestidad de estos protagonistas o los procedimientos, pese a su enriquecimiento sin causa. Me limito a analizar la eficiencia de todos estos mecanismos. O a su ineficiencia. ¿Harán falta muchos años más de persistencia en este modelo, muchos gobiernos más, muchos optimistas más que crean que pueden hacer lo mismo pero bien, aplaudidos por beneficiarios multipropósito?

Es aleccionador ver cómo los mismos nombres aparecen en actividades muy disímiles, como si fueran especialistas. Claro, nuestros empresarios-contratistas-concesionarios-favorecidos no necesitan experticia en las áreas en que participan. Son expertos en mercados regulados, como con cinismo y sinceridad brutal definiera Repsol la incorporación-regalo de Enrique Eskenazi.

El merecido enojo con el kirchnerismo por el sabotaje al país nos hace creer, por oposición, que el Gobierno de Cambiemos será distinto y renovador. Deberíamos ser más racionales. Lo que crea la ineficiencia es el concepto central del Estado protector, benefactor de pueblo y empresas, con expertos en negociar con los funcionarios, en convencerlos y en conseguir su bendición, su financiación y, eventualmente, su salvamento.

No se trata de hacer lo mismo pero mejor. Se va a fracasar en el mediano plazo, como siempre, porque lo malo es el modelo, no los ejecutores. Y Macri cree en este modelo, está en su ADN. Muchos de los empresarios que hoy viven del Estado y que son corresponsables del deterioro nacional son como tíos que conoce desde su infancia y que frecuentaron su entorno.

Ver algunas cercanías y fotos recientes con quienes han firmado convenios con el Estado, que ni siquiera se pueden mostrar, da temor y rechazo. Y también anticipa que el sistema, desde las etiquetadoras de Tierra del Fuego a YPF, pasando por Aerolíneas, no cambiará.

Lo peor del peronismo no es la corrupción. Es el modelo económico que defiende, que facilita esa corrupción, pero que esencialmente destruye cualquier esperanza de sanidad económica. El único traidor a esa idea fue Carlos Menem, pero la corrupción lo llevó de nuevo al redil justicialista.

Celebro con alegría el aporte de Cambiemos y de Mauricio Macri al sacarnos de la satrapía mortal del kirchnerismo. Pero no baso ninguna hipótesis de futuro en la idea de que usando el modelo productivo peronista se terminará estando mejor que con el peronismo. Lo que atrasa a la Argentina desde los años treinta es el modelo, que se lleva puesto a los hombres, por muy buenos y capaces que sean. Y Macri no puede cambiar eso. Lo que se aprende en casa no se olvida jamás.

Espero equivocarme, esta vez.

@dardogasparre

El autor es periodista y economista. Fue director de "El Cronista" y director periodístico de "Multimedios América".

Domingo 26 de julio, 2015

¿Y si Macri no miente?

Dardo Gasparre

Por: Dardo Gasparre

Asesorado por su brujo ecuatoriano, Mauricio Macri sostiene que Aerolíneas Argentinas permanecerá en manos del Estado, que el fútbol será gratis, que YPF seguirá siendo brillantemente explotada con la conducción de Miguel Galuccio, y que seguirán los planes y subsidios.

Los seguidores del PRO, es decir los pro-PRO, han tomado la costumbre de atacar duramente a quienes ponen cualquier objeción a lo que hizo, hace o dice Macri. Esgrimen que su adalid es la única vía para defenestrar al nefasto FpV, ahora reencarnado en Daniel Scioli.

Argumentan que para convencer al conurbano dudoso es imposible decir lo que se va a hacer, so pena de ser sepultado. En consecuencia, hay que engañar a esos votantes y luego aplicar las verdaderas soluciones.

Querría contarles a los pro-PRO que también participo de la agrupación “Voto a cualquiera menos a Scioli” , si se me perdona la parcialidad. Pero con más fuerza defiendo mi derecho a decir lo que pienso. ¿Está claro, señoras?

El concepto de que hay que mentirle deliberadamente al electorado para luego hacer lo contrario me parece repugnante, sea quien fuere el que lo utilizare. Sin embargo, creo que Macri intentará hacer lo que dice, y que no se trata de una estrategia de campaña que luego descartará como un preservativo, con perdón de la precisa metáfora.

Macri no es un liberal. Ni cree en ese principio, ni sabe cómo serlo, ni quiere serlo. Él cree que podrá tomar Aerolíneas y operarla eficientemente. Y hasta cree que a nadie se le ocurrió antes esa idea. Para ser generoso diré que se equivoca. Se enredará en una larga pulseada desleal en la que perderá. La combinación sindical-legislativa-operativa-financiera-contratista-prebendaria le hará perder un tiempo clave en un momento inicial clave.

Seguramente cree que si pudo negociar en CABA podrá hacerlo en varios aspectos en la Nación. Siento decirle que las soluciones en la Capital fueron pobres. Las del Subte casi no son soluciones. La verdadera salida son concesiones a largo plazo a consorcios internacionales que hagan la modernización y ampliación a cambio de ellas. El Metrobus es un paliativo.

El reciclaje con cartoneros es una solución precaria. Nadie puede pensar que es mejor esa variante que un sistema moderno de recolección mecánica y de reciclaje automatizado.

Muchos de los acuerdos logrados en minoría con la oposición se han basado en compartir (repartir) el presupuesto, algo casi inviable en el orden nacional con el presente nivel de dispendio y descontrol.

El transporte aéreo tiene otras soluciones más viables que la idea de eficientizar a Aerolíneas, el actual monumento a la corrupción y la ineptitud. Es preferible librar una batalla para aplicar esas soluciones de fondo, que el desgaste de tener al enemigo adentro durante todo la gestión. Preguntar a Marsans.

Pasando al fútbol, decir que será gratis es invadir de antemano un negocio privado, en el que el Estado no tiene nada que hacer. A menos que Macri, recordando sus tiempos de dirigente boquense, crea que puede tomar tiempo en rehacer desde las bases el negocio del balompié. Es un negocio privado y debe estar en manos privadas. Si pierden o ganan, debe ser un problema ajeno al Estado. ¿Para qué comprarse semejante trabajo hercúleo?

Tiene ganas de comprárselo. Pagará duro precio. Lo que creo es que nosotros también lo pagaremos. ¡Ah! Y la idea de financiarlo con publicidad privada, además de que debe dejarse que eso lo definan los dueños de los derechos, no cierra. Pero parece que hay que creerlo porque eso ayuda a ganar la elección.

El tema de los subsidios da para largo. Desde el modo en que se otorgan, hasta un análisis uno por uno de cada caso. No es lo mismo el transporte terrestre que la business de Aerolíneas, ni al AUH que un plan. Ni los subsidios energéticos son lo mismo que tarifas regaladas. Ni otorgárselos al usuario individualizado que hacerle un cheque a las empresas.

¿Seguirá YPF jugada al fracking? ¿Seguirá Bulgheroni con PAE metiendo sus cuñas en la actividad petrolera y asociada con la estatal? ¿ Qué quiere decir Macri con sus elogios a Gallucio? ¿Seguiremos teniendo precios no competitivos en el combustible?

¿De qué estamos hablando en estas pocas frases de campaña? ¿Son para engañar a “ellos” o para engañarnos a “nosotros”?

El gasto, y todo el presupuesto, requieren un gigantesco trabajo. No unas cuantas frases tiradas según las circunstancias. No bajar fuertemente el gasto condena a un endeudamiento inmediato para financiar gastos corrientes, lo que es simplemente irresponsable, lo que el propio Macri no querrá hacer.

No tener un mercado libre de cambios también tiene un costo muy alto de endeudamiento si se quiere salir del cepo pronto y sin dejar flotar la divisa. La suba del tipo de cambio debe acompañarse con restricciones en la emisión y el gasto para contener la inflación pendiente ahora frenada por la estúpida ancla cambiaria. Los anuncios que involucren cuestiones económicas deben ser fruto de un elaborado estudio de los equipos económicos, no de los equipos de campaña.

Cuando muchos economistas recomiendan un enfoque liberal, no lo hacen desde la mera preferencia ideológica, sino teniendo en cuenta que es el método más fácil para evitar que el Estado tenga que meter la mano en todas las realidades, y que los costos no deban ser pagados al azar, cuando no por los más carecientes.

¿Cree Macri en eso? Creo que no. Él lo llama pragmatismo. Esa definición ya se escuchó muchas veces , siempre con el mismo resultado. Es mejor dar la gran lucha para una solución de fondo.

El riesgo no es ético. O no es sólo ético. El riesgo es que el eventual gobierno de un PRO termine siendo parecido al del FPV, con menos insultos, avasallamiento y robo, pero con más endeudamiento e igual gasto, lo que preanunciaría futuras crisis a corto plazo.

Sería grave que Macri estuviera mintiendo. Mucho peor sería que estuviera diciendo la verdad.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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