El kirchnerismo parece haber sufrido esa epidemia de novela. Como el personaje principal de la historia, que asegura: “Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que viendo no ven”.

EDICIÓN IMPRESA ECONOMÍA Y POLÍTICA 15.04.16 | 00:00

Cristina, la vestal intocable

por GISELLE RUMEAU / Subeditora de Política y Economía
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Cristina, la vestal intocableCristina, la vestal intocable

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Un gran maestro de psicología me enseño hace tiempo que las cosas nunca son lo que parecen. Estábamos discutiendo sobre ‘la psicología de las masas y análisis del yo’, obra de Sigmund Freud publicada en 1921, cuando de golpe y sin aviso me sorprendió con una pregunta sobre la mecánica del Universo que nada tenía que ver con el tema en cuestión.

––¿A qué hora sale el Sol? –me interrumpió serio, con la mirada fija.

Alcé los ojos extrañada por su salida descabellada pero ni por un instante pensé que me estaba tendiendo una trampa. Mi admiración por él era tal que no me dejaba ver más allá, así que me limité a responder de manera sumisa y literal.

––Depende de la estación climática– –balbuceé.

––Ahora, en mayo, ¿a qué hora sale el sol?– –insistió.

Hice una rápida revisión mental, no tenía idea de la respuesta pero trate de que mi ignorancia pase desapercibida.

––A las siete– –respondí.

––Error– –se vanaglorió con una sonrisa irónica–– el sol no sale. Parece que saliera pero en realidad es la tierra la que se mueve orbitando alrededor del Sol, mientras este, a su vez, también está en movimiento. Según el lugar de la Tierra en la que uno se encuentra se podrá ver el reflejo del movimiento de rotación del planeta, mientras este gira sobre su propio eje. Si el movimiento nos pone frente a los rayos solares, hay claridad y es de día. Si nos ubica en el otro extremo, hay oscuridad y es de noche. Pero el sol no sale ni se oculta– –me dijo– con una mueca de satisfacción.

Recuerdo que lo miré pasmada. Su explicación me hizo sentir una perfecta idiota. Hasta un niño de diez años hubiera dado con la respuesta adecuada. Pensé que en todo este tiempo había recordado el funcionamiento celeste de manera equivocada. Pero mi maestro me consoló rápidamente. Quería llegar al meollo del asunto y lo había logrado:

––El peso que tiene la percepción por sobre el conocimiento que podemos tener de la realidad es enorme– –exclamó.

Esta anécdota del Sol volvió a mi memoria el miércoles, mientras observaba a los militantes kirchneristas adorar a la ex presidenta Cristina Kirchner como una diosa del Olimpo, una vestal intocable e impoluta. No lo digo yo; el sociólogo y ex titular de la Biblioteca Nacional, Horacio González, señaló que las palabras de la ex presidenta en el acto de Comodoro Py tenían "el aura de una tribuna romana".

Nadie puede contradecir que Cristina Kirchner volvió a la Ciudad de Buenos Aires para declarar imputada en una causa por las pérdidas ocasionadas en la venta de dólar futuro realizadas por el Banco Central. Pero ella, maniqueísta y megalómana, convirtió una declaración judicial en un acto político. Para los 20.000 militantes que asistieron a apoyarla, ella es la fuente de toda verdad. Volvió para salvarlos, de eso no tienen duda.

¿Pero qué pasa por la cabeza de una persona para negar a tal punto la realidad, para desconocerla como tal? Está claro que la realidad es imposible de conocer en su totalidad. Pero el peso de los acontecimientos es abrumador. Aun así, la actriz Nancy Dupláa, fanática kirchnerista, aseguró que en el video de la Rosadita en el que Martín Báez cuenta dinero ‘malhabido’ de manera obscena sólo se ve eso, gente contando dinero, sin que exista allí ningún delito. La mayoría acepta que nunca hubo inflación en la era K, y se grita a los cuatro vientos que no se puede juzgar un proyecto político por la corrupción, porque la corrupción es inherente al ser humano y, por lo tanto, inevitable.

No es que sean ignorantes o menos inteligentes que otros, no, no es eso. Tengo amigos brillantes, a los que quiero y admiro, que han concurrido a esa marcha de locura. Simplemente son personas que le dan entidad a lo que ven como única verdad posible. El sol sale y no hay otra explicación. Mi maestro de psicología hablaba de la proyección de los ideales. Proyectan su ideal interno en ese líder. Un líder como Cristina, que baila en estado de enajenación profunda en el balcón de su casa frente a la militancia hipnotizada, pese a las causas judiciales que se le vienen encima.

En ese punto se podría decir que el kirchnerismo no es una ideología. La ideología es un conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, de un movimiento o de su época pero que se discute, se analiza, se cuestiona. En el kirchnerismo, en cambio, hay una adhesión total e incondicional al proyecto. Como un dogma. La ensayista Beatriz Sarlo ya ha dicho que el kirchnerismo parece una religión porque "pide adhesiones totales". "Tiene una relación más moral, como todo pecador", opinó hace unos meses. Visto así, el kirchnerismo es una cuestión de fe. Para muchos una religión fundamentalista, con una exigencia intransigente de sometimiento a la doctrina, con negación absoluta de la realidad.

En ‘Ensayo para la ceguera’ de José Saramago, una ceguera blanca se expande por el mundo de manera fulminante. El kirchnerismo parece haber sufrido esa epidemia de novela. Como el personaje principal de la historia, que asegura: "Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que viendo no ven".

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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