“Los poderes esconden lo malo cada vez mejor”

ENTREVISTA

Paul E. Steiger:

El periodista, que dirigió 15 años ‘The Wall Street Journal’, es el fundador de ProPública, una web de investigación revolucionaria

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ANA CARBAJOSA

7 MAR 2016 – 00:00 CET

Paul E. Steiger: “Los poderes esconden lo malo cada vez mejor”Bernardo Pérez

En el comienzo de su carrera, los conocimientos de economía y su talento le abrieron camino en el mundo de los reporteros políticos, enamorados de los pasillos de la Casa Blanca, pero a los que les daban miedo los números. Paul Steiger acabó dirigiendo la redacción de The Wall Street Journal (WSJ), un templo del periodismo financiero, durante tres lustros.

Así estaban las cosas cuando Steiger cumplió 65 años. Le hicieron saber que las reglas del Journal no perdonan, tampoco a las grandes estrellas, y le invitaron a jubilarse. Steiger no se resistió. Cogió sus bártulos y se marchó con sus obsesiones a otra parte. Le preocupaba la deriva del periodismo, la crisis del modelo de negocio que ha obligado a una legión de medios a cerrar y a muchos a prescindir de la investigación por su elevado coste. Para remediarlo, fundó en 2007 ProPublica, una empresa de investigación periodística sin ánimo de lucro empeñada en defender el interés público y destapar los abusos de poder. Es un modelo novedoso, que nada a contracorriente de la velocidad y los 140 caracteres de un tuit. Dos Pulitzer – uno de ellos, el primero de la historia para un medio digital– son un reflejo del profundo impacto del invento.

Steiger habla sin prisa, como si tuviera toda una vida por delante. Sus reflexiones son un combinado de conocimiento de primera mano, procesado con grandes dosis de sentido común y potenciado con la libertad que conceden la veteranía y el no tener jefes.

Durante hora y media, habla de su trayectoria, de los poderes y las maniobras para perpetuarse, y hasta de la muerte. Ha venido a España a enseñar periodismo de la mano de la Universidad de Navarra y la Fundación Rafael del Pino. Todos le pedimos recetas mágicas que resuelvan los dilemas existenciales de la prensa. No las tiene, porque probablemente no las hay.

“Habrá un ‘revival’ del periodismo basado en los hechos”

Ha coronado la élite del periodismo financiero. Ha sido testigo privilegiado de los tejemanejes del poder. ¿Qué vio allí que le animó a fundar un medio decidido a destapar los abusos de poder? Lo que vi es que la industria [informativa] estaba bajo inmensa presión. Al principio creí que iba a ser cíclico, pero enseguida quedó claro que iba a ser una transformación total y sentí que había dos áreas especialmente vulnerables: el periodismo internacional y el de investigación, porque ambos son muy caros. Yo hacía tiempo que había recibido una llamada de los Sandler, una pareja de amigos millonarios a los que conocía desde hacía años. En los cincuenta compraron una pequeña empresa de ahorros y créditos que luego vendieron a un banco y se hicieron millonarios. La primera vez que me llamaron ofreciéndome invertir parte de su dinero en un proyecto periodístico, recuerdo que apunté un par de ideas en un sobre. Cuando me jubilaron en elJournal recuperé aquel sobre y fundé ProPublica.

¿No cree que los medios tradicionales sean capaces de investigar? Ni de lejos en la medida que eran capaces de hacerlo antes. Hace falta más investigación porque la gente poderosa y las instituciones se han vuelto más sofisticadas vendiendo lo que hacen bien y escondiendo lo que hacen mal.

¿Qué medios utilizan para intoxicar a los periodistas? El nivel de sofisticación de las relaciones públicas, el marketing o la propaganda es infinitamente mayor de lo que era. Cuando a las empresas se les exige hacer públicos sus datos y sus cuentas, responden publicando una cantidad ingente de información para obligarte a encontrar la aguja en el pajar.

Hay menos transparencia. Exacto. Por un lado hay más leyes que garantizan la transparencia y más declaraciones y compromisos, pero a la vez hay más esfuerzos por evitar la transparencia.

¿De quién ha recibido más presiones durante su carrera? De los políticos, porque tienen muchas más herramientas. Recuerdo que hace unos años, Los Angeles Times y The New York Times preparaban una historia sobre cómo el espionaje de EE UU trabajaba en una base de datos internacional para tratar de retrasar el lavado de dinero de grupos terroristas. Primero, el Gobierno trató de impedir que la escribieran, pero no lo logró. Después, alguien del Tesoro nos filtró la historia al Journal y al final la publicamos los tres. Se desató la tormenta. Hubo congresistas que quisieron juzgarnos por traición. Imagínese, ¡por publicar una historia que nos había filtrado el propio Gobierno!

ProPublica es el primer medio informativo que se pasa a la dark web, al Internet subterráneo. ¿Por qué lo han hecho? Porque la vigilancia de los Gobiernos puede poner en peligro a nuestras fuentes, o pueden hackearnos. Eso nos obliga a utilizar nuevos medios. Nosotros recibimos información de fuentes oficiales. En el pasado, sus jefes solo podían tratar de averiguar quién había sido el soplón, pero ahora los jefes tienen medios técnicos para saber quién ha llamado a quién o quién ha enviado un correo electrónico a otra persona o quién ha buscado en la web cierta información. Si queremos que la gente nos mande información de forma confidencial, si queremos hacer fuentes, tenemos que crear los mecanismos que permitan que esas conversaciones sean secretas.

Usted ha sido muy duro con la Administración de Obama y su persecución a filtradores. Es irresistible para un presidente querer impedir que se publiquen ciertas cosas. En el WSJ, cuando había problemas dentro de la redacción, a veces nuestros periodistas hablaban con la competencia y se publicaban artículos que eran embarazosos para nosotros. Los grandes jefes se enfadaban y gritaban: “¿Quién ha sido?, ¿cómo puede estar pasando esto?”. Pero yo les decía: “Mirad, no voy a poner en marcha una caza de brujas. Nosotros vivimos de que la gente nos cuente cosas y no voy a marcar a nadie en mi empresa porque hable con gente de fuera”. Cuando un subordinado hace cosas que te ponen en ridículo, es una reacción natural querer pararlo, pero es que ahora además puedes. Las técnicas que desarrolló la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) para controlar a terroristas puedes usarlas para vigilar a tus funcionarios en el Gobierno. Siempre ha habido documentos secretos, otros muy secretos y otros supersecretos, pero los Gobiernos eran conscientes de que, de vez en cuando, habría alguien que pensaba que lo que se estaba haciendo no estaba bien y lo filtraba. Durante la mayor parte de mi carrera, los Gobiernos no hicieron esfuerzos serios por saber quién filtraba.

Donald Trump ha ascendido al margen de los medios tradicionales. ¿Importan cada vez menos? Conozco a Donald desde hace muchos años. Es una máquina de generar audiencia. Él lo sabe y los medios lo saben. Él no necesita que The New York Times o The Wall Street Journal escriban sobre él. Ahora ya no hay una barrera para entrar. Yo suelo decir que las mejores decisiones que tomé como director fueron sobre historias que decidí que no se publicaran, no sobre las que sí se publicaron. Pero ahora, si los políticos no acceden a un medio, se van a cualquier otro. Antes necesitaban decenas de miles de dólares en periódicos y televisiones si querían hacer oír su voz. Ahora, lo que precisas es un ordenador y puedes convertirte en un medio tú mismo. Los Donalds se graban, se tuitean y llegan a muchos sitios, y creo que eso es bueno. En América creemos en que la gente diga lo que quiera. Él puede expresarse con tan mal gusto que sería capaz de destrozar a cualquier otro candidato, pero como se espera esas cosas de él, no le pasan factura, al revés. ¿Significa esto que el poder de los medios ha disminuido? Sí.

Paul E. Steiger: “Los poderes esconden lo malo cada vez mejor”

Paul E. Steiger nació en el Bronx y creció en Connecticut, donde también estudió Economía, en la Universidad de Yale. En ese triángulo geográfico ha transcurrido la mayor parte de su vida y desde allí ascendió hasta la cumbre del periodismo financiero mundial. Ha dedicado casi medio siglo a informar. Fue director de información de The Wall Street Journal (1991-2007) y fundó ProPublica después. A sus 73 años, este fanático de los deportes aspira a defender el interés público y destapar los abusos de poder. Los que han trabajado con él dicen que le gusta más escuchar que mandar.

Ustedes pagan 2.800 dólares a sus becarios porque creen que el periodismo de calidad cuesta dinero, pero ¿cómo hacer que el lector entienda que la calidad hay que pagarla? ProPublica vive de la filantropía, pero ese es un modelo difícilmente extrapolable a otros países. Hay alternativas, y las fundaciones sin ánimo de lucro tienen que ser una de ellas. Es posible que los ingresos de la publicidad en Internet se recuperen en algún momento y que los medios sean finalmente capaces de sobrevivir. Unos con suscripciones digitales y otros no. Pero claro, habrá una sacudida. A principios del siglo XX había unos 1.000 fabricantes de coches en EE UU y se quedaron en tres. No fue de un día para otro, pero sucedió. La burbuja del puntocom en 2001 obligó a cerrar muchas compañías de Internet, pero las que sobrevivieron son más exitosas. Aunque hay muchas variables, encontraremos el camino gracias a una combinación de fórmulas que hagan posible financiar el periodismo de investigación. Mire BuzzFeed, empezaron haciendo listas de gatitos y ahora hacen cosas muy serias.

¿Qué pasará con los grandes medios tradicionales en esta carrera por la fragmentación? Son ciclos. En algún momento habrá un revival del periodismo basado en los hechos, pero no va a suceder de un día para otro. Los medios que publiquen información coexistirán con los muy partidistas y los consumidores tendrán que tener mucho cuidado con lo que leen y con lo que se creen.

Pese a todo, usted piensa que hoy se hace muy buen periodismo. Sí, lo que ha cambiado es el panorama. Antes, el acceso a los medios era muy restringido, estaba dominado por un número relativamente pequeño. Ahora tienes nuevos medios con distintas estructuras y formas de hacer llegar el mensaje. Piense por ejemplo en la cantidad de información que recibe de un teléfono. Hace decenas de años la recibías de los periódicos, luego fueron los ordenadores y ahora los teléfonos.

¿Cómo cambia el uso de los teléfonos inteligentes la manera de escribir noticias? No sé qué es mejor, pero sé que hay cosas que yo quiero saber de forma inmediata. Esta semana, volando de Nueva York a Madrid, había un gran partido de fútbol americano que iba muy igualado y yo no quería esperar hasta llegar a Madrid para saber el resultado. La azafata me regaló una tarjeta para navegar con mi teléfono durante media hora.

Nos hemos vuelto más impacientes. Sí, claro. Y a veces eso es bueno porque puedes actuar para que tus necesidades se satisfagan pronto.

Ahora se vuelve a hablar del desplome financiero de 2007. El sistema colapsó y los periodistas no lo vimos venir. ¿No se investigó ni publicó lo suficiente o se publicó pero nadie hizo caso? Se escribieron muchas historias sobre los excesos en el mercado hipotecario, pero no entendimos la magnitud de la historia. Tampoco supimos explicar las complejas técnicas que permitían crear los sofisticados productos financieros, que a la vez eran muy tóxicos. Sabíamos que había gente que contrataba hipotecas basura y que no eran capaces de pagarlas. Y que los que les vendían las hipotecas les hablaban de comprar casas que no se podían permitir. Imagínese, firmaban un viernes y el lunes colocaban las hipotecas en Wall Street, salían de su contabilidad y las empaquetaban como productos financieros que se revendían a jubilados en Alemania o en Japón, o a bancos en Escocia. Los empaquetadores ganaban cientos de millones de dólares.

En la película La gran apuesta apuntan a relaciones tóxicas entre reporteros y empresarios, también en el Journal. No hay forma de que el periodismo más perfecto –y este desde luego no lo fue– pueda prevenir recesiones y crisis. Me he pasado 41 años cubriendo estos asuntos, he visto muchas subidas y bajadas. Recuerdo una vez en el WSJ, cuando la Bolsa empezó a subir. El Dow Jones se disparó y en la redacción algunos dijimos que aquello era una barbaridad. Corrían los noventa, enseguida llegó la caída y el mercado perdió el 20% de su valor, más de lo que había perdido el lunes negro de la Gran Depresión. Pero luego se recuperó y los precios se estabilizaron. Recuerdo también una vez que una amiga que trabajaba en Citibank me dijo que creía que las acciones estaban infladas de forma grotesca. Y lo estaban, pero sus colegas no dejaban de comprar y les iba bien. Si no comprabas, parecías estúpido. A lo que me refiero es que cunde la sensación de que siempre habrá alguien que se haga cargo, de que la Reserva Federal [Fed] acabará tomando las decisiones adecuadas, de que habrá rescates y de que la Fed inundará el mercado con dinero. Y eso es exactamente lo que pasó en una variedad de episodios en los noventa. Cuando llegamos a 2006-2007, todavía había gente que pensaba que el Gobierno lo haría bien y que apostaba a que las acciones de los bancos subirían. Y luego estaban los tipos listos que aparecen en La gran apuesta, los que sabían que no era así. Aunque puedes lanzar avisos, la gente dirá: “Sí, sí, pero luego vendrá la Fed y todo irá bien”.

Inventemos nuevos productos financieros. Si sale mal nos rescatarán. No iremos a la cárcel. ¿No hemos aprendido nada? ¿Podría volver a pasar?Exactamente. Solo que la próxima vez será aún peor. No habrá las mismas burbujas, pero habrá otras.

Por un lado hay una cierta demanda de periodismo de investigación. Pero, por otro, no está claro que desvelar un abuso vaya a tener consecuencias ni entre la opinión pública ni entre los políticos. Ha habido grandes revelaciones de torturas, escuchas ilegales… Y a la mañana siguiente, el mundo siguió igual, no cambió nada. Una de nuestras primeras historias en ProPublica, la de las enfermeras [descubrieron que enfermeras con sanciones disciplinarias e inhabilitadas en un Estado burlaban los registros y trabajaban en otros Estados], provocó dimisiones e hizo que el gobernador de California reaccionara. Es verdad que el periodismo de investigación no va a solucionar todos los problemas, pero sin él, la gente intentará cometer abusos que no se atreverían si pensaran que hay alguien observándolos.

Las redacciones menguan y hay menos investigación, pero a la vez hay una intensa actividad en las redes sociales. Cada vez se producen más contenidos, esa palabra que tanto gusta ahora. Contenido e inventario [publicitario] son las dos palabras de moda. La Red proporciona una inmensa variedad de opiniones, algunas de ellas muy valiosas, pero eso es distinto a la publicación de datos, es decir, cuando alguien descubre algo. Si quieres hacer algo como lo de las enfermeras, o como lo del dopaje que hicimos con la BBC, o como lo que ha hecho ahora BuzzFeed sobre los partidos de tenis amañados –también con la BBC–, necesitas un buen equipo de periodistas y abogados. El riesgo para un individuo que tratara de hacer algo parecido sería excesivo. Las redes sociales no bastan, investigar cuesta dinero. Es verdad, sin embargo, que para ProPublica las redes han sido fundamentales para expandirnos, sobre todo Twitter.

Usted cuenta que The Wall Street Journal le mandó a casa cuando cumplió los 65. Acto seguido puso en pie ProPublica, tal vez el proyecto más ambicioso de su carrera. ¿Qué tiene de malo la jubilación? Cuando se acercaba la edad de jubilación en el WSJ, mi esposa me dijo que el primer día que me viera en chándal en casa después de las 10.30 no iba a suponer el divorcio sino directamente el asesinato. Además, a mí me gusta hacer cosas. Tengo 73 años, quién sabe lo que va a pasar. Hay leyes complejas que acaban por salir adelante, pero me temo que hay una que nunca se aprobará: la abolición de la muerte. Solo sé que ahora me lo paso muy bien.

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Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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