crudo y acertado diagnóstico del estado del país post dekada kagada

Un mensaje realista y a la vez esperanzador

El presidente Macri trazó un crudo y acertado diagnóstico del estado del país, al tiempo que convocó a todos los argentinos a encarar juntos el desafío de superarlo

MIÉRCOLES 02 DE MARZO DE 2016

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En su esperado primer mensaje como presidente de la Nación para inaugurar un período de sesiones ordinarias del Congreso, Mauricio Macri no defraudó a quienes le reclamamos una detallada descripción del estado de la Argentina a partir de la calamitosa herencia del gobierno kirchnerista. Tampoco defraudó a quienes esperaban un mensaje propositivo: anunció diferentes iniciativas que, además de ser razonables y factibles, deberán pasar por los correspondientes carriles institucionales, en los que el Poder Legislativo, tan menospreciado en los últimos años, tendrá un papel preponderante.

Fue un discurso claro y conciso, de casi exactamente una hora, en el que destinó alrededor de 25 minutos a hacer un tan crudo como acertado diagnóstico. Y por si alguien no se hubiera quedado conforme con la extensión de sus referencias acerca de la herencia recibida, asumió el compromiso de su gobierno de publicar, área por área, el estado en que recibió la administración pública en diciembre de 2015.

No es algo menor. Así como la confianza en el país fue destruida en los últimos años, en la Argentina se destruyeron estadísticas y hasta archivos y contratos que, en algunas reparticiones públicas, impiden conocer su real situación, por obra y gracia de funcionarios que pretendieron blindar su retirada y garantizarse impunidad.

El mensaje presidencial desenmascaró un relato que llevó a creer a muchos argentinos que teníamos un Estado presente y al servicio de la población. La paradoja kirchnerista fue puesta de manifiesto con claridad: en la década comprendida entre 2006 y 2015, los argentinos pagamos en concepto de impuestos más de 644.000 millones de dólares más que en toda la década del 90, pese a lo cual no se han podido combatir con eficiencia ni la pobreza ni la indigencia, ni se han podido hacer las obras de infraestructura que el país requiere.

Lo particularmente grave es que, a pesar de contar con tantos recursos, durante la última década, el Estado gastó mucho más y financió el creciente déficit fiscal, que ha llegado al 7% del PBI, con una expansión monetaria que fue la causante de una inflación acumulada del 700% en el mismo período, de acuerdo con el diagnóstico trazado por el ingeniero Macri.

Datos señalados por el jefe del Estado -como la existencia de un nivel de pobreza del 29% y de indigencia del 6%, el hecho de que un 42% de la población carezca de cloacas y que más del 40% no tenga conexión a redes de gas- dan perfecta cuenta de la presente realidad social y de todo lo que no se hizo en los últimos años con los enormes recursos generados por una presión impositiva récord sobre el conjunto de los argentinos. Del mismo modo, destacó el Presidente que el desempleo ha sido camuflado con un nivel de empleo público que ha crecido en forma absolutamente desproporcionada en la última década sin mejorar los servicios que presta un Estado carcomido por la corrupción. Ni en materia de seguridad, ni en defensa, ni en una educación, que sigue siendo de baja calidad.

Se trata de algo tan grave como la fuerte caída de las reservas internacionales del Banco Central, que llegaron a rondar los 50.000 millones de dólares en los comienzos del primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y terminaron en unos 25.000 millones, que representan el 6% de nuestro producto bruto interno, cuando las reservas de Brasil ascienden al 25% de su PBI.

La mejor síntesis de la situación recibida, en palabras presidenciales, es la de un Estado que ha sido obstáculo, en vez de ser estímulo y sostén. Un Estado que -como señaló el primer mandatario- "no sólo no te cuida, sino que te falta el respeto".

Constituyen tales definiciones un punto de partida para empezar a superar severos problemas socioeconómicos y sacar al país de un inexplicable aislamiento internacional que lo ha postergado y condenado al atraso. Precisamente, los pasos dados en los primeros 80 días de gestión presidencial han sido productivos en gestos y acciones para reinsertar a la Argentina en el mundo, destacándose el acuerdo con los holdouts para superar un largo default y que deberá ser tratado con sensatez y madurez por los miembros del Congreso de la Nación.

Más allá de reiterar que los ejes de su gestión pasarán por el objetivo de eliminar la pobreza, combatir el narcotráfico y potenciar la unidad de los argentinos, Macri anunció varios proyectos, entre los cuales mencionó la devolución del IVA sobre los productos de la canasta básica alimentaria a los sectores sociales que menos tienen; la ampliación de la Asignación Universal por Hijo (AUH); una ley de acceso a la información pública; una ley de compras públicas; una reforma que comprenda al Consejo de la Magistratura y al Ministerio Público, y una ambiciosa reforma del Código Procesal Penal, tendiente a instituir la ley del arrepentido y el decomiso de bienes provenientes del crimen organizado, entre otras modificaciones.

En conclusión, fue un discurso realista, aunque esperanzador. Seguramente faltaron iniciativas. Algunas quedarán para más adelante y otras deberán ser planteadas por el propio Poder Legislativo, entre ellas la vieja asignatura pendiente representada por las escalas del impuesto a las ganancias para los asalariados. Pero el mensaje de Macri tuvo, en primer lugar, el mérito de cumplir cabalmente con el artículo 99 de la Constitución, donde se establece que, al inaugurar el período de sesiones del Congreso, el Presidente debe dar cuenta del estado de la Nación y recomendar las medidas que juzgue necesarias y convenientes. Y, en segundo lugar, la particularidad de que, a diferencia de quien lo precedió en su cargo, reconoció los principales problemas del país y convocó a todos a compartir el desafío de resolverlos.

La gravísima herencia fiscal

Doce años de populismo y corrupción han llevado el gasto público del conjunto del gobierno nacional, de las provincias y de los municipios a un nivel sin precedente

MARTES 01 DE MARZO DE 2016

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Seguramente en el plano fiscal está uno de los principales problemas heredados de la administración de Cristina Kirchner. Así lo dio a entender el titular de la AFIP, Alberto Abad, cuando en la conferencia de prensa en la que presentó las modificaciones al impuesto a las ganancias afirmó: "Hacemos lo mejor que se puede hacer en un país que heredó una situación desastrosa". Se refería naturalmente a la situación fiscal. Para quienes siguen la información presupuestaria no hacía falta ese llamado de atención. La aritmética es suficiente para ponerla en evidencia.

Doce años de populismo, irresponsabilidad y corrupción llevaron el gasto público del conjunto del gobierno nacional, de las provincias y de los municipios desde un 29% al 46,1% del producto bruto interno (PBI) en 2015. Este último nivel no tiene precedente en la Argentina. El promedio de los 20 años previos a 2003 se ubicaba ligeramente por debajo del 30% del PBI. De acuerdo con información suministrada por la Fundación Libertad y Progreso, basada en cifras oficiales, de ese incremento de 17,1 puntos del PBI, el gobierno nacional contribuyó con 10,3 puntos; las provincias, con 5,6, y los municipios, con 1,2. El actual nivel de gasto no es soportable para una economía como la argentina.

La corrupción ha contribuido sin duda a una parte del crecimiento del gasto estatal. Su cuantificación escapa a las estadísticas documentadas, pero sin duda ha abultado el gasto en obra pública, insumos, servicios y planes sociales. El dinero filtrado a la corrupción está inserto en las cifras anteriores, que podrían haber sido menores, logrando mayor beneficio para la comunidad.

Las causas del incremento del gasto público hablan de las dificultades que habrá para reducirlo. El número de empleados públicos en el país pasó de 2.386.400 en 2003 a 4.232.030 en 2015. El gasto en salarios creció 5,5 puntos del PBI, de los cuales las provincias contribuyeron en 3,8 puntos y los municipios, en 1,2. El aumento del número de jubilados por efecto de las dos moratorias previsionales incrementó el gasto en 3,4 puntos del PBI. Este incremento es absolutamente irreversible. Los fondos entregados en planes sociales crecieron 3,9 puntos del PBI, de los cuales más de dos tercios fueron responsabilidad del gobierno nacional. Finalmente, los subsidios a la energía y al transporte, que antes de 2002 prácticamente no existían, en 2015 sumaron 4,3 puntos del PBI, casi en su totalidad aportados por el gobierno nacional.

La reducción de los planes sociales ha encontrado una fuerte resistencia dentro de la propia coalición de gobierno. La oposición kirchnerista y la dirigencia gremial acusan al presidente Mauricio Macri de estar favoreciendo a los empresarios y castigando a los trabajadores. Alegan la reducción de las retenciones y particularmente las referidas a la minería. Además, critican el no haber modificado las escalas en el impuesto a las ganancias. Estas críticas infundadas prenden fácilmente y son recogidas por la gente sin profundizar en ellas. La consecuencia es una fuerte inhibición en los responsables del Gobierno para corregir este descomunal desliz en el gasto público.

Esta inhibición también alcanzó a las decisiones de aumentar las tarifas de la energía y, particularmente, en el transporte para reducir el gasto en subsidios. En la energía ya se comenzó, no así en el transporte, donde se temen reacciones mayores.

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La reducción del empleo público no se está apoyando en un rediseño del aparato estatal. En el plano nacional, el ministro de Modernización, Andrés Ibarra, ha expuesto medidas de transparencia y eficiencia, pero parece limitar la racionalización de la dotación de personal a los "ñoquis", a los que cobran y no trabajan. No se observa un avance sobre la innumerable cantidad de entes, reparticiones y oficinas que cumplen tareas innecesarias y prescindibles. El gigantismo estatal sigue las leyes de Parkinson, una de las cuales es que la burocracia se encarga por sí misma de expandirse e inventarse tareas. Salvo los más recientes nombramientos de militantes de La Cámpora, es difícil que quien audite una repartición encuentre personas sin tarea. Además, basta que también se les dé un tiempo a estos jóvenes militantes para que sea imposible sorprenderlos sin que estén plenamente activos respondiendo a requerimientos de otras oficinas que también necesitan justificarse.

Una verdadera reforma debe partir de un diseño de base cero que establezca la organización y las dotaciones mínimas para cumplir todas las funciones que debe cumplir el Gobierno, bajo sistemas y reglas eficientes. Por cierto, esa reforma debe contemplar un proceso de transición con todas las medidas para amortiguar el costo social y la reinserción laboral del empleo público excedente. Si no es así, no será posible revertir el injustificado aumento del empleo público y el consiguiente gasto. Téngase en cuenta, además, que la mayor parte de este incremento se ha producido en provincias y municipios. La reforma del Estado requerirá un acuerdo federal. De ninguna manera el gobierno nacional debería continuar transfiriendo fondos por encima de la coparticipación a las provincias que aumentaron injustificadamente su personal.

Al mismo tiempo que creció el gasto, aumentó la presión tributaria. De 27% del PBI en 2003 se pasó a 39% en 2015. Ante la mayor suba del gasto, eso no fue suficiente para evitar que el déficit fiscal se catapultara a un 7% del PBI. Las consecuencias no tardaron en hacerse ver: fuerte emisión monetaria, inflación, uso de los fondos de los jubilados y endeudamiento oneroso ante la situación de default.

La estabilidad y el futuro son incompatibles con este nivel de déficit fiscal, y ni la economía ni la sociedad soportan este altísimo nivel de presión tributaria. De hecho, las primeras medidas de la gestión Macri han sido para reducir impuestos. La solución no pasa por aumentarlos, sino por reducir el gasto. De no hacerlo, el financiamiento del déficit mediante deuda pública tarde o temprano pondrá al Gobierno en riesgo. El mundo mira hoy con optimismo a la Argentina, pero no deja de recordar que es el país que más veces cayó en default.

Es posible bajar el gasto resguardando los efectos sociales. No hacerlo para evitarlos tiene siempre finalmente efectos mucho más dolorosos. El deber del buen gobernante es explicar con verdad y claridad la situación y las opciones alternativas con sus consecuencias.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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