La Presidenta, madre de la derrota…Cristina Kirchner desprecia tanto la institucionalidad que violó la veda e lectoral delante de las urnas, el día de la votación…pera ya es historia!

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La Presidenta saliente, sin ser candidata, manejó los hilos de la campaña como una titiritera en las sombras. Un apotegma del PJ, que nadie niega, dice que “el peronismo perdona la traición, lo único que no perdona es la derrota”.

Balotaje. Vota Cristina Fernández de Kirchner en Río Gallegos. (David Fernandez/enviado especial)

Balotaje. Vota Cristina Fernández de Kirchner en Río Gallegos. (David Fernandez/enviado especial)

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Hicieron trampa hasta el final. La Presidenta saliente arrastró a Scioli a territorios que el gobernador y derrotado candidato presidencial no conoce ni siente. No fue su campaña, fue la de ella. Incluso hasta en un episodio inusual que revela hasta dónde Cristina Kirchner desprecia la institucionalidad: fue el de haber violado la veda electoral delante de las urnas, el día de la votación, como ambos hicieron en la jornada de ayer. En particular ella, que se tomó todo el tiempo que quiso para hablar ante micrófonos y movileros que siempre despreció. Un gesto premonitorio de lo que se avecinaba.

Más allá del resultado, la pregunta obligada, en términos de responsabilidad política, es quién en verdad perdió anoche ante el frente Cambiemos para poner fin a la era de poder continuado más extensa de la historia de la Argentina moderna. Daniel Scioli, el candidato formal, fue uno de los derrotados. No el único, pero sí el más visible: puso el nombre, la cara y el cuerpo. Sobreactuó al recitar un libreto escrito por otros que no supo asimilar y tampoco interpretar con convicción. Que pudo cambiar al progresar la campaña, y no quiso. Pagó demasiado caro asumirse como un tardío kirchnerista de paladar negro. Aún así, hay que reconocerle que peleó como un león herido en el tramo final de la campaña, pero no advirtió a tiempo que sus carceleros ideológicos del kirchnerismo duro le tiraban cada día carne envenenada. Scioli aprendió tarde que nadie negocia con el Diablo para que le entregue las llaves del Paraíso. El rival no era sólo Macri, como el creía, sino el propio oficialismo, que lo fue llevando a un callejón sin salida. Fue menos Scioli que nunca. Y el traspié de anoche (había ganado la primera vuelta por poco más de 3 puntos) quizá pueda significar el ocaso de una carrera política de 25 años.

Desde ya, el kirchnerismo, y su adolescente versión camporista, fue el otro gran derrotado: sus dilemas de hierro y sus utopías grandilocuentes se desarmaron como un castillo de naipes. "La derecha", como calificaban al macrismo y sus aliados, al final lo corrió por izquierda, mateando con los pobres del conurbano, en sus casas precarias de chapa o ladrillos sin revoque, que en muchos casos casi no cambiaron su fisonomía en la "década ganada". En verdad, las huestes K venían en retroceso desde antes, pero creyeron que bastaba con la invocación "al modelo" y con la agresiva siembra de miedo en el inconsciente colectivo de los votantes era suficiente. Redujo la diferencia que presagiaban las encuestas, pero no alcanzó. Se van: el kirchnerismo ya no tenía mucho más para dar. Ni plata ni ideas. En el crepúsculo político le quedaron los fieles creyentes, los militantes puros y sinceros, no los rentados que jugaron a la revolución desde los escritorios del poder. Más los barrocos adoctrinadores de Carta Abierta, con Ricardo Forster de abanderado, quienes desde su atalaya jactanciosa habían tachado a la fuerza política de Macri de "partido vecinalista" y a Buenos Aires, la casa original del macrismo, como "una ciudad de tenderos". Ahora comprobaron que eran más los ciudadanos hartos del liderazgo de dominación que impuso el gobierno que se retira que quienes querían enarbolar las banderas de la "década ganada" y su retórica agotada.

Por eso, la perdedora mayor tiene nombre y apellido: Cristina Fernández de Kirchner. Mañana se verá con Macri para avanzar en la transición. La duda es si apelará al silencio público para despegarse de la derrota. Haga lo que haga, no podrá revertir el balance de la historia: ella fue, es y será para siempre la madre de este resultado. Sin ser candidata, manejó los hilos como una titiritera en las sombras, a través de tuits desaforados o con cadenas nacionales que violaron la ley y saturaron oídos a repetición, propias de quien no se resigna al abandono de las marquesinas del poder. Su corset ideológico le impidió otra actitud. A tal punto que instaló una y otra vez en primer plano de la competencia electoral al "modelo", su criatura preferida, pero el "modelo" se devoró a Scioli y Scioli quedó prisionero del "modelo", cuyos pilares repasó incluso anoche en el discurso en el que reconoció el triunfo de Mauricio Macri. Y en el que se pareció más al Scioli sereno que al candidato tenso y agresivo del tramo final de la campaña.

Pero fue la Presidenta quien lo ungió candidato, sin permitirle que se ganara ese blasón en una interna que le hubiese permitido ser un representante con más consenso peronista que kirchnerista. La celada perfecta: la más traicionera de las zancadillas. La decisiva. Fue también quien le armó las listas. Quien le metió a Zannini de vice por la ventana, como cuatro años antes nominó al luego procesado Boudou. Fue ella quien despojó sin misericordia a Randazzo de toda legítima aspiración y quien en sordina alentó a Aníbal para rodear y esterilizar a Scioli en la Provincia, pegadito Sabbatella, un antiperonista travestido kirchnerista, de efímero brillo en el universo del poder.

¿Y el peronismo? Nunca pierde del todo: desde hace 70 años su arte mayor es reciclarse y regenerarse. Fugar hacia el futuro en nombre del pasado de viejas glorias. Y echar lastre en el camino de la supervivencia. Ese destino inexorable es probable que le aguarde a la Presidenta saliente, a Scioli, a la vanguardia iluminada del camporismo y a los bufones del Palacio, los que aplaudían con obsecuencia debida las desmesuras verbales de Cristina desde un atril desangelado.

En esa alternancia de muertes y resurrecciones, el peronismo supo preservar, sin embargo, a los herederos que asoman y pueden liderar el peregrinaje en el desierto. Lo demostró en la primera vuelta con más de 5 millones de votos no kirchneristas que cosechó la rebeldía que sintetizaron Massa y De la Sota. Allí están los abanderados de la nueva generación: Massa, Urtubey, el propio Randazzo, algunos jóvenes alcaldes del GBA que ya vienen haciendo o prometen gestión y transparencia. Ellos van a pisar fuerte en la arquitectura del peronismo que viene, sobre todo Massa, que anoche volvió a mostrar la rapidez de sus reflejos políticos: felicitó a Macri antes que el propio Scioli y puso a disposición sus equipos para sumarlos a la nueva etapa política. Un guiño a un histórico como De la Sota, que jamás pisó comarcas kirchneristas, cuya provincia -Córdoba- arrasó ayer en las urnas. Y a un cuadro técnico de alto nivel y probada capacidad como Lavagna, uno de los verdaderos padres de la recuperación económica tras el 2001. Ahora Macri deberá dialogar y negociar con ese peronismo no kirchnerista en la Nación y en la Provincia.

Un clásico radiopasillo del PJ, apotegma vergonzante que nadie asume, pero nadie niega, y que no aspira a un master en ética, dice que "el peronismo perdona la traición, lo único que no perdona es la derrota." Y desde anoche mismo volvió a entrar en vigencia, pese a que la diferencia fue al final de 3 puntos. Es la tercera caída del PJ en las urnas en elecciones presidenciales. Las de Luder (1983) y Duhalde (1999), antecedieron a la de un Scioli kirchnerizado y cooptado por el cristinismo duro en 2015. De los mariscales de la derrota a la madre de la derrota.

Un joven intendente del GBA, triunfante y reelecto en su distrito, define: "No creo que el kirchnerismo vuelva. Llegó hasta acá. El clima será otro, se viene otra Argentina." Un veterano peronista, ya diputado en el 73, es drástico: "Están muertos y enterrados. Los únicos que no se habían dado cuenta fueron ellos, empezando por la Presidenta que ahora tendrá tiempo para ver crecer a sus nietos en El Calafate. No construyeron política, hicieron caja y sembraron odio. Así les fue. Se van para siempre".

Aún así, Cristina y sus protegidos de La Cámpora lograron lo que hace un año parecía una vana quimera, apenas las ínfulas solitarias de un "creído de Barrio Parque": Mauricio Macri es presidente. No de Boca, no de los "tenderos" porteños. De "los cuarenta millones de argentinos".

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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