“El islamofascismo nos declaró la guerra y ni estamos ganando la partida ni estamos frenando el fenómeno”

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PILAR RAHOLA

Si bien en estos días se habla muchísimo de la siempre polémica Pilar Rahola por su ‘baño de realidad’ a Karina Rabolini en la mesa de Mirtha Legrand, y luego algunos ácidos comentarios acerca de Cristina Fernández de Kirchner, ella desembarcó en la Argentina con la distribución de su ensayo más reciente, “¡Basta!”, acerca del crecimiento del “islamofascismo”, la ofensiva del terrorismo jihadista en Europa. (A Pablo Sirvén, del diario La Nación, ella le confesó: “Era una entrevista que duró alrededor de media hora. Cuando acabamos estaban dando la noticia de lo que sucedía en París. Y es en ese momento en que dices qué rabia, que asco es tener razón. Cada día del mundo pido que me equivoque en todo lo que digo.”) A propósito de la filóloga, política, periodista y tertuliana radiofónica y televisiva catalana Rahola, aquí un fragmento muy actual de su trabajo más reciente:

19/11/2015| 06:52

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“(…) Hay que decir BASTA a muchas de las barbaridades que permitimos, que marcan con claridad las líneas rojas de nuestro sistema de valores, y entender que la libertad es una conquista que hay que proteger antes de que sea necesario reconquistarla. (…)”

por PILAR RAHOLA

(….) Los defensores de la sociedad abierta hablaban a las personas sobre los defectos del comunismo. Pero la obra de Marx era objeto de discusión en las universidades, en páginas de opinión de los periódicos y en las escuelas. Los disidentes que huyeron del Este podían escribir, hacer películas, dibujar y utilizar su creatividad para convencer a los ciudadanos de utilizar su creatividad para convencer a los ciudadanos de Occidente de que el comunismo no era ni por asomo el paraíso en la Tierra. A pesar de la censura brutal del Este y de la autocensura de muchos occidentales que idealizaban y defendían el comunismo, al final se ganó la batalla.

Hoy, el reto al que se enfrenta la sociedad libre es el islamismo, una doctrina atribuida a un hombre llamado Mahoma Adbulah que vivió en el siglo VII y que es considerado el profeta. Muchos de sus seguidores son personas pacíficas; no todos los musulmanes son fanáticos, y quiero dejar muy claro que tienen perfecto derecho a ser fieles a sus creencias. Pero dentro del islam hay un movimiento intransigente que rechaza las libertades democráticas y pretende destruirlas. Estos islamistas intentan convencer a otros musulmanes sobre cuál es la mejor forma de vida. Pero cuando quienes se oponen al islamismo intentan denunciar las falacias ocultas en las enseñanzas de Mahoma, entonces se les acusa de blasfemos, socialmente irresponsables e incluso islamófobos o racistas. No se trata de raza, color, ni tradiciones. Se trata de un conflicto de ideas que va más allá de razas y fronteras. (…)

Conclusión

“Les decimos a los adoradores de la cruz que continuaremos nuestra yihad y que nunca nos detendremos, hasta que Dios nos avale para cortarles el cuello y enarbolar la bandera del islam, hasta que gobernemos todos los pueblos y naciones. Entonces solo será aceptable la conversión o la muerte con la espada.”
Consejo Consultivo Mujaidín,
organización global de Al-Qaeda en Irak,
en un comunicado colgado en internet en 2012

Aunque este libro intenta dar un puñetazo a la conciencia, apretar el botón de alarma, ni tiene todas las respuestas para enfrentarnos al fenómeno que nos amenaza no lo pretende. Es evidente que, ante este nuevo totalitarismo, tenemos más interrogantes que soluciones, y aún estamos elaborando la forma más eficaz de defendernos. Pero dado que el fenómenos ya lleva miles de miles de muertos, que no ha parado de crecer, que tiene un poder financiero extraordinario, que cuenta con miles de voluntarios por todas partes y que sabe emplear la tecnología del siglo XXI con eficacia letal, ya va siendo hora de que comencemos a tomarnos muy en serio la amenaza.

En la Torá hebrea hay una frase que es toda una premonición: “Si tu enemigo dice que quiere matarte, créetelo”. Y sin embargo, actuamos como si no nos atañera, como si pasáramos de largo, como si no nos lo creyésemos del todo. Igual que hicimos con Hitler… Y entonces, cuando nos llegan los refugiados por millares, huyendo de la violencia, el miedo y la desesperación vinculados con los conflictos yihadistas, nos quedamos con cara de póquer, sin capacidad de reacción y haciendo lo que hemos hecho siempre: cerrar las puertas. ¿No fue así como actuamos con los judíos supervivientes de los campos de exterminio? Era nuestra vergüenza, pero no quisimos que fuesen nuestras víctimas. Y los abandonamos a su suerte…

Igual que hacemos ahora. Abandonamos a las víctimas del islamofascismo y, al mismo tiempo, no nos preparamos para las dos amenazas que nos acechan por los flancos: por un lado, el yihadismo, que no ha declarado la guerra, que ha convertido el mundo en su trinchera y que acumula destrucción y sangre allá por donde pasa; por otra parte, las dictaduras islamistas, que además de ser a menudo cómplices del yihadismo, dedican enormes cantidades de dinero a promocionar una ideología fascista con base islamista. Y los dos fenómenos tienen vasos comunicantes; por eso tantos jóvenes musulmanes occidentales se van a luchar en la yihad, por eso no es creíble nuestra determinación de parar el fenómeno… Y por eso no los vencemos.

Mientras las dictaduras de Oriente Próximo utilicen la tecnología, la riqueza y el poder para imponer la mirada rigorista, reaccionaria y esclavista del islam, no podemos detener el avance de combate a unos y dar la manita a los otros. Está en juego la libertad, la civilización moderna, 2.000 años de avances hacia una sociedad que estableció las bases de la tolerancia. Y a pesar de que somos altivos y etnocéntricos, nada dice que nuestra civilización, basada en un sistema de libertades, acabe siendo la que se imponga. De momento, hay millones de personas que viven en países enormemente ricos sin que se les reconozca ningún derecho fundamental, y no pasa nada. Al contrario, el islamismo, en todas sus variantes, consolidad sus posiciones en la geopolítca, compa el alma a base de talonarios millonarios y promociona el salafismo más extremo mientras nos da la manita y nos pone buena cara, y espera paciente su momento.

Las bombas de relojería estallarán en cadena un día u otro, mientras nosotros echamos las siestas. Por cierto, insisto cuando utilizo el pronombre nosotros no me refiero a una religión, ni a una identidad, ni a una geografía, sino a un sistema de valores que compartimos millones de personas de todo el mundo, desde los estudiantes opositores de Teherán hasta las valientes mujeres musulmanas en peligro de muerte por defender sus derechos. Desde Malala hasta Taslima Nasrin, desde Wafa Sultan hasta Ayaan Hirsi Ali, desde Salman Rushdie hasta Naguib Mahfuz. Y a todos ellos, a todos nosotros, el islamofascismo nos ha declarado las guerras.

Como broche final, presento algunas conclusiones que plantea ese libro, con más incertidumbre que certeza, con más preguntas que respuestas, pero con una única verdad inapelable: la defensa de la libertad es un compromiso que no podemos eludir si no queremos perderla. Y hoy en día, esta defensa presenta demasiadas fugas de agua.

Éstas son las conclusiones básicas:

1. El islamofascismo, en las diversas variantes que presenta, es el fenómeno totalitario más masivo y peligroso de todos los tiempos. Es Hitler con petróleo e internet.

2. Es un fenómeno que emplea la pobreza, la marginación y el desencanto, peor no es pobre ni marginal, ni está desencantado. Al contrario, está tan motivado que cree poder conseguir la conquista del mundo.

3. La amenaza es de doble naturaleza: la yihadista, con las bombas, los asesinatos, la destrucción patrimonial y la aniquilación de toda conciencia humana; y la institucional, a través de países aliados, amigos de nuestros bolsillos y nuestros intereses, que usan su poder ingente para fanatizar y promocionar una sociedad de dominio y de intolerancia.

4. La cuestión de los derechos de las mujeres musulmanas es clave, porque es el eje sobre el que gira el aprendizaje del dominio, la segregación y la intolerancia. Si las mujeres musulmanas se liberan del yugo al que están sometidas, el proceso de liberación de todo el islam será imparable.

5. En las sociedades democráticas hay que actuar con un doble enfoque: tolerancia, protección y respeto a las diferencias identitarias y religiosas; pero también tolerancia cero a los imanes que secuestran mentes, animan al suicidio e intentan aprovecharse de la democracia para destruir la democracia.

6. Basta de potenciar y dar voz a los imanes salafistas. En su lugar, hay que conseguir que levanten la voz todos los musulmanes que luchan por la libertad.

7. Occidente está bastante desconcentrado, es incapaz de encontrar una actitud adecuada para enfrentarse al problema, perdido en una maraña de intereses económicos y financieros que, en definitiva, acaba siendo una cárcel de voluntades.

8. No basta con atacar a los yihadistas si se mantienen intactas las corrientes internacionales oficiales e institucionales que potencian el salafismo. Es más peligroso que la ONU considere normal un estado que, en pleno silgo XXI, se fundamenta en leyes misóginas, homófobas y xenófobas, que los ejércitos yihadistas que combaten sobre el territorio. Es más peligroso porque es más difícil de combatir.

9. Ni estamos ganando la partida, ni estamos frenando el fenómeno. Al contrario, no ha parado de crecer, de tener victorias y de consolidar posiciones.

10. Hay que decir BASTA a muchas de las barbaridades que permitimos, que marcan con claridad las líneas rojas de nuestro sistema de valores, y entender que la libertad es una conquista que hay que proteger antes de que sea necesario reconquistarla.

El islamofascismo nos ha declarado la guerra. O tomamos conciencia de ello, o perdemos las conquistas de siglos.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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