Prometió que su candidato invisible, al que jamás nombró, hará lo que Ella decida ahora y, luego, si es mand atario, también. Destino poco halagador para un presidente.

DETRAS DEL CANDIDATO

La Madrina

Cristina Kirchner ninguneó a Scioli y con su discurso lo condenó a la subordinación.

‘LA YOLI’

‘LA YOLI’ | Foto: Pablo Temes

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Habló Cristina y mandó parar. Como el comandante. O como la leyenda del comandante. Mandó parar la violenta disidencia de su propio espacio, el enfrentamiento siniestro de su gente afín, la razón por la cual quizás los ciudadanos rechazaron en las urnas el proyecto oficialista el último domingo. No ignora que se votó, en parte, contra una guerra anunciada y entre los mismos presuntos compañeros. Como en el ’83, tiempos en que se atribuyó el Warterloo peronista al nulo carisma de Luder o al cajón incendiado de Herminio Iglesias, cuando la voluntad popular ya se expresaba contra la intolerancia antropófaga del mismo PJ, comiéndose entre ellos, denunciándose, con operativos que fabricaban sus propias usinas, anticipando un futuro encarnizado en el caso de que ganaran. El electorado entonces huyó de esa alternativa.

Ahora pareció repetirse la historia, ninguneando los cristinistas al candidato propio o fagocitándose los sciolistas a su postulante en la provincia de Buenos Aires, ya que ni Aníbal Fernández cree que las desdorosas imputaciones en su contra hayan provenido de la oposición (¿algún día confirmará los nombres que ya difundió más de un periodista?). De ahí que el singular fenómeno de María Eugenia Vidal hoy sea comparable al de Alejandro Armendáriz, ayer, otro impensado ganador bonaerense.

Mandó parar Cristina el cabaret oficialista desatado luego de los comicios (con un Alberto Samid más racional que Carta Abierta, “a todos ellos juntos les gano al ajedrez”, diría el matarife) en medio de la exaltación centroamericana de su fanatizado público, al que pidió superar diferencias con el vicario designado, olvidando que había estimuladoesa discordia a través de sus más dilectos personeros.

Otra grieta en su historia, obvio, casi una coleccionista de litigios. Típico de su naturaleza egocéntrica, lo reconoció en el mensaje sin psicólogo intermediario (“podré ser soberbia, demasiado pagada de mí misma”), en el que dijo que iba al ballottage como si fuera Ella y no Daniel Scioli el protagonista del futuro 22 de noviembre. Desterraba, cree, el plausible imaginario de que el aspirante se podría bajar del duelo por obra de las encuestas desfavorables, la falta de interés de intendentes y punteros con trabajo asegurado y hasta, como ocurrió con Carlos Menem ante Néstor Kirchner, por una eventual rendición al pedido de gobernadores peronistas que no desean acompañar el fracaso. Prometió que su candidato invisible, al que jamás nombró, hará lo que Ella decida ahora y, luego, si es mandatario, también. Destino poco halagador para un presidente.

Se ha convencido la dama de ese poder en su caracterización de la Madrina –en el sentido Puzo del término–, tanto que le advirtió más a Scioli que a Mauricio Macri que si él llegara a triunfar, vivirá con una granada en la oreja (Carlos Zannini, las huestes de La Cámpora, su multitud de gueto en la Rosada) por si se le ocurre pestañear frente a la receta establecida. No le permite ni una mínima desobediencia, castigará el menor acto de autonomía, como el atrevimiento de anunciar sin consultarla el 82% para los jubilados que Ella vetó en su momento y que, seriamente, nadie sabe cómo podría pagarse sin reventar el Presupuesto. Mandó parar a su gente, es cierto, pero en la incontinencia confirmó la razón del voto de quienes la rechazaron el domingo por tres razones al menos: 1) vaticina una masacre intestina de la política si triunfa Scioli, 2) ratifica que el candidato se someterá a su tutela perenne y 3) confiesa la imposición de un cautiverio dorado, formal y sufriente, para ese heredero innominado al que pretende transferir el mandato presidencial por cuatro años. Joya, siempre taxi.

Ni una responsabilidad asumió ante la pérdida de votos, ya manifiesta cuando un intendente sin volumen territorial (Sergio Massa) hace dos años le clausuró la reeleccióny ahora, haciendo de soporte de Macri –con quien algún tipo de entendimiento realizó con anterioridad (¿a través de Diego Santilli u otros espontáneos acuerdistas?)–, impidió un traslado de votos que hubieran consagrado el advenimiento de Scioli. Tampoco aludió a su amateur capacidad para elegir y suprimir candidatos (encumbrar a Aníbal Fernández, postergar a Florencio Randazzo) y, mucho menos, a su egoísta estrategia de amputarle fondos al gobernador bonaerense y distribuirlos en intendencias adictas, idea con la que alguna vez amagó Menem –de ahí su confrontación con Eduardo Duhalde– y por último desarrolló con perseverancia Néstor Kirchner. Inexplicable tozudez: ahogó a quien luego nominó como sucesor, lo obligó a tomar prestado y aumentar impuestos para pagar sueldos y gastos fijos, mientras Macri hacía lo mismo pero derivando recursos para realizar obras.

Con Scioli, como con el Papa, Cristina mandó parar a una discordia que ella misma estimuló

Destrato. A estos números demoledores que pocos miran les añadió una enciclopedia de malos tratos o de ningún trato desde la noche que se escandalizó en el Abasto –en el primer festejo por la llegada de su marido al poder– con los artistas que rodeaban a Scioli, los Pimpinela entre ellos, que excedían su estética. Un absurdo en sus cánones: luego terminó invocando la cumbia villera, que deleita a su hijo Máximo. Durante más de diez años, mientras utilizaba para cualquier tarea que le rindiera al incombustible Scioli (de llevarlo a la gobernación a obligarlo a denostar la protesta del campo: “Con la comida no se jode”), promovió todo tipo de persecución a su socio y familia, le cuestionó decisiones y ministros, lo redujo y por supuesto nunca lo incluyó en el “proyecto” que dice defender.

Una patética conducta. Hasta último momento, hace poco, cuando en una reunión en la cual un entusiasta alabó al hermano de Daniel, Nicolás (hijo de la segunda esposa del padre), considerando en broma que era el mejor de los tres. Ella completó sarcástica: estoy de acuerdo, es medio Scioli.

Como se sabe, Freud consideraba el humor como el ahorro de afectos penosos.

DISCURSO PRE VOTACION

La furia del final

Cristina descargó sus críticas sobre una clase de la que es parte. De banalidades y cortes de luz.

TODO PREPARADO Cristina Fernández

TODO PREPARADO Cristina Fernández | Foto: Pablo Temes

“En estos días que pasaron, la Recoleta y otros barrios estuvieron sin luz. Todavía hay algunos que no tienen luz, y no se escuchó ni una cacerola”.
Cristina Fernández, fanática admiradora de sí misma, no pudo con su genio.
Después de estirar los límites de la veda electoral a su antojo, de poner y sacar del escenario al presidenciable de su partido como si fuera un conejo de galera y dar las últimas puntadas a un acuerdo que amarrará el país a una controvertida alianza con la Rusia imperial de Vladimir Putin, grabó un mensaje para La Cámpora.
Desde la pantalla gigante del Luna Park, en donde los chicos para la liberación cerraban el miércoles la campaña de Axel Kicillof, desplegó sus irónicas referencias acerca de la clase media porteña. Más precisamente, sobre los vecinos de Barrio Norte, la elegante zona de la Ciudad que ella misma había elegido para instalar su segundo hogar cuando la actividad política la trajo desde Río Gallegos hasta Buenos Aires.
Haciendo su habitual despliegue de mohínes, la Jefa ni siquiera se privó de deslizar una antipática (e injusta) comparación entre los sufrimientos “verdaderos”, aquellos que padecieron las víctimas de la dictadura, y los de quienes se quejan por “cuestiones banales” como los cortes de calles y otros infiernos cotidianos. Una vez más partía el mapa a su antojo. Y, sacando provecho de que esta vez la energía eléctrica se interrumpía por culpa de una contratista de la Ciudad conducida por el opositor Mauricio Macri, se le antojó conveniente pasar la correspondiente factura. “Ahora los burguesitos porteños no dicen ni mu”, pareció sugerir la señora, famosa en el mundo entero por su particular devoción hacia el universo Louis Vuitton. “Si la luz se corta por culpa de algunos, no se escucha ningún cacerolazo en la Ciudad de Buenos Aires. En cambio, cuando se corta porque hace 40 grados de calor y todos están usando los aires acondicionados, se viene el mundo abajo”, disparó recargada de rencor. La crisis energética, una de las más pesadas herencias que dejará su gobierno, quedaba así subsumida a los avatares de la guerra popular prolongada.
De tanto en tanto, Cristina parece destilar un elitismo instintivo y primario que se parece bastante al resentimiento. Ella, que logró un meteórico ascenso social, desde una infancia de privaciones en un barrio obrero del Gran La Plata hasta consolidar una fortuna gigantesca y recibir todos los mimos del poder, suele sin embargo perder los estribos con facilidad cuando se siente agredida por sectores que supuestamente deberían rendirle pleitesías. “Piquetes de la abundancia”, descerrajó en 2008 contra los productores agrarios que se sublevaron contra las retenciones al campo. En esa bolsa de adversarios entraban todos, desde un pequeño chacarero hasta el mayor terrateniente argentino. Hiriente, sin dejar el más mínimo espacio para la negociación, la Presidenta fue instalando durante sus dos mandatos la furia verbal como política de Estado.

Origen. Laura Di Marco, autora de Cristina, la verdadera historia, ha buceado como nadie en los orígenes de aquella muchacha platense de carácter volcánico que terminaría marcando a fuego la vida de los argentinos durante doce años, primero como esposa y luego como dueña absoluta del Estado.
Cuando el horizonte se llena de nuevos interrogantes, porque lo único que parecería asegurado es que en pocos días más Cristina Fernández dejará de ocupar el centro de la escena (¿será así?, ¿para siempre?), quizá convenga repasar un par de las perlas halladas por su biógrafa:
“Me recuerdo parada en esa esquina donde nació Cristina –cuenta LDM en La Nación del 8 de agosto de 2014– pensando que es imposible entenderla –y tal vez entender a la Argentina– sin conocer aquella parte de su historia. O sin conocer Tolosa. Porque sólo revisando su vida pre Kirchner, se entiende por qué a esta mujer, que hoy es más rica que Obama, la sigue hiriendo que le digan ‘grasa’, tal como le confesó, en una entrevista a solas, al joven del PRO Pedro Robledo: un término que la conecta con sus vivencias de la adolescencia y su primera juventud”.
A continuación, Di Marco narra el primer romance de la futura presidenta y cómo, al descubrir las mieles del ascenso social fue, simultáneamente, incubando su profundo recelo hacia la clase media. Sucedió cuando tenía 16 años. A esa edad, Cristina comenzó a noviar con el rugbier Raúl ‘el Lagarto’ Cafferata, un muchacho nacido en el seno de una familia acomodada de la Ciudad de las Diagonales. “Aquel noviazgo –explica la periodista–, que duró cinco años, significó para ella un pase a otra clase social, aunque a la vez la convirtió en un blanco de desprecio por parte de aquel círculo de la ‘aristocracia’ local, cuyos miembros se creían más de lo que eran”. ¿Habrá nacido allí ese inocultable deseo por ser temida antes que querida? ¿Ese odio que derrama a toda persona que no piense como ella?
Fin. ¿Fin? A punto de culminar la larga etapa kirchnerista, cabe preguntarse si esta prédica cargada de bronca sirvió para construir un país mejor. Los datos de la estructura social argentina dicen lo contrario. Es que el resentimiento no construye, destruye. Aplana la creatividad, desaloja las ansias de progreso. En definitiva, es profundamente reaccionario.
Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, que acompañó al Gobierno en varias iniciativas, acaba de confesarlo, con cierta amargura, ante el diario El País de España. “Después de tantos años de lucha, no sólo en Argentina, en América Latina, le digo que no hemos luchado para esto. Luchamos por una sociedad libre, más justa, una democracia participativa. No para gobiernos autoritarios donde aumente la pobreza, la marginalidad y la falta de respeto al derecho de las personas y de los pueblos. Hemos arriesgado nuestras vidas, nuestras familias, hemos pasado por las cárceles y las torturas y no fue para llegar a una situación de mediocridad como la que tenemos”.
Triste final de un tiempo cargado de pirotecnia. Ojalá hoy empiece algo mejor.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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