Espionaje K: ciudadanos bajo sospecha

Tribuna.Norma Morandini

Horacio Cardo

Horacio Cardo

twitter_share.png
34
facebook_share.png
42

"Subversivos”. La palabra escrita en letras rojas atravesaba la tapa de la revista Cabildo, la ultraderecha que sustentó políticamente a la dictadura militar. Visible desde lejos, el titular anticipaba lo que incluían las páginas interiores de la revista. En columnas, con el orden típico de los prontuarios, un listado con el nombre de quinientos periodistas, los “subversivos” de la tapa. Estábamos todos los periodistas de la época. Incluidos algunos corresponsales extranjeros.
“Porqué no pedimos a los que no están pidan ser incluidos”, propuse en una reunión del gremio de prensa. Al final, a la que se consideraba subversiva era a la prensa, a la que todas las tiranías han buscado amordazar con la censura. Aún conservo el recuerdo de la mirada de desprecio con la que se recibió mi propuesta. Corría el final de la dictadura y yo podía permitirme la ironía.
Había ejercido el periodismo en libertad y me beneficié de la transición política entre el autoritarismo y la democracia en España, donde la prensa democrática fue un motor fundamental para eliminar el autoritarismo cultural. Una prensa independiente y poderosa que supo que en democracia lo que la jerarquiza y da credibilidad es que sirva a la ciudadanía y deseche la obsecuencia. En cambio, entre nosotros, los periodistas debieron transitar entre la censura y el ejercicio de la libertad, bajo la presión y el temor del legado del Estado terrorista.
Por confundir los Juicios contra los represores con los derechos humanos a lo largo de todo este tiempo, se condenó a la dictadura pero se naturalizaron prácticas y concepciones autoritarias. Se democratizaron las leyes que prohíben a los espías del Estado andar husmeando en las cartas ajenas, sus vidas y sus debilidades. Los ciudadanos tienen derecho a la privacidad al punto que hasta la publicidad no deseada se considera una invasión.
Sin embargo, por confundir Estado con gobierno, no se desechó la idea autoritaria del control. Somos todos ciudadanos bajo sospecha. Por lo que pensamos, decimos o hacemos. Y los nuevos comisarios políticos hacen patrullaje ideológico desde los medios públicos y la prensa adicta es la encargada de presentar como información periodística lo que en realidad obtuvieron los espías del Estado para desacreditar personalmente a todos aquellos que critican, controlan o simplemente ejercen su derecho a decir lo que piensan.
Estrené mi banca de diputada haciéndome eco de la persecución a los periodistas a los que se les intervenía el teléfono y leían sus correos electrónicos. Conseguimos que el espionaje electrónico fuera equiparado al delito de abrir e interceptar las cartas postales. Diez años después, ya no se trata solamente de banalizar o burlarnos de los espías del Estado sino de saber que la democracia es incompatible con el espionaje a la ciudadanía. Nadie puede ser perseguido por lo que dice, piensa o escribe, derechos garantizados universalmente y por nuestra Constitución.
No alcanza con no tener a un uniformado en la Presidencia, votar todo el tiempo para creer que vivimos en una democracia. Todos los demócratas de verdad debiéramos pedir ser incluidos en la lista de los espiados como una forma solidaria y creativa de rechazar lo que no es democrático, un Estado “temorista” que infunda miedo y extorsione a sus ciudadanos. A treinta años del fin de la dictadura ya estamos en la hora de que cada uno de nosotros demuestre su adhesión a la democracia, que no se reduce al acto de votar. Un Estado espía revela un régimen policial, no un Estado de derecho.
Es de esperar que las organizaciones de Derechos Humanos que se erigieron con la autoridad de las víctimas para increpar al poder y reclamar verdad y justicia, sean capaces de condenar el espionaje, porque los Derechos Humanos surgieron como normativa jurídica filosófica para proteger al ciudadano del Estado que no puede de ninguna manera violar los derechos porque es quien debe garantizarlos.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad. Guarda el enlace permanente.