El desajuste populista, a plena vista

Miércoles 26 de agosto de 2015 | Publicado en edición impresa

Opinión

Por Rodolfo Santangelo | Para LA NACION

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En períodos electorales, el oficialismo suele lanzar acusaciones contra opositores. Cuando se destinan a economistas, la peor acusación es que promueven un ajuste. Pareciera que peor que la corrupción, que no respetar las instituciones o violar la independencia judicial, es propulsar un ajuste. Pero la mayor curiosidad es que si se piensa que alguien quiere un "ajuste" (sin muchas precisiones sobre qué significaría) es porque implícitamente se reconoce que alguien antes hizo un desajuste. Nadie quiere ni puede ajustar un tornillo que no esté previamente desajustado.

Por eso, antes de evaluar la conveniencia o necesidad de realizar algún tipo de "ajuste", debemos evaluar los resultados del desajuste previo. Viendo números, la conclusión es contundente. El desajuste populista fracasó.

Entendemos por modelo populista aquel que en lo político asume rasgos cuasiautoritarios impropios de una república, que prefiere la discrecionalidad estatal a las decisiones del sector privado en competencia, que cree que las reglas de juego no corren para propios y amigos, que prefiere el consumo a la inversión, que tolera un poco de inflación porque sirve para bajar el desempleo y que cuando los resultados no son los que se pretenden les echan la culpa a las conspiraciones de los enemigos.

En política económica, el desajuste populista asume dos banderas emblemáticas: el aumento del gasto público y la emisión monetaria sin límites. El control de cambios de noviembre de 2011 y sobre todo la nefasta reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de principios de 2012 fueron la plataforma de lanzamiento del "vamos por todo" que caracterizó al segundo mandato de la Presidenta. Como no podía ser de otra manera, los resultados fueron muy malos.

En los cuatro años que pasaron entre 2011 y 2015, el gasto público del gobierno nacional pasó de $ 430.000 millones a un estimado de 1,5 billones este año, un crecimiento del gasto superior al billón (doce ceros) de pesos en cuatro años. Fue la apoteosis del populismo para promover el consumo: ocho aumentos jubilatorios semestrales, asignación universal a los hijos, subsidios para promover el derroche de energía, empleo público sin límites. No faltó nada por subir nominalmente. Simultáneamente, aunque la presión tributaria se mantuvo en los récords históricos, con impuestos por todos lados, la recaudación no alcanzó y hubo que desempolvar la maquinita de imprimir billetes.

El financiamiento monetario del déficit fiscal generó que el total de pesos existente en la economía, ya sea en las billeteras de la gente o depositadas en los bancos, también explote. La definición M3 de dinero pasó de pesos 530.000 millones a fines de 2011 (cuando se impuso el cepo) a un estimado a fines de este año de pesos 1,6 billones. Otra vez una inyección monetaria supuestamente para promover el consumo y el empleo de un billón (doce ceros) de pesos en cuatro años. La mitad de este crecimiento nominal de pesos financió un fenomenal aumento nominal del crédito al sector privado (pasó de $ 240.000 millones en 2011 a un estimado de 750.000millones a fin de 2015) y la otra mitad financió al sector público de diversas maneras. Y, sin embargo, a pesar de semejante inyección, el producto bruto interno en cuatro años no creció nada, cero, estancamiento total. Ni el mismísimo Milton Friedman, padre del monetarismo ortodoxo, hubiera previsto un resultado tan malo. Un 250% de aumento del gasto público y un 210% de expansión monetaria generaron en cuatro años 200% de aumento en variables nominales (precios al consumidor, dólar paralelo, salarios) con dos variables nominales totalmente retrasadas (tipo de cambio oficial y tarifas públicas) y cero de impacto en variables reales. Noventa por ciento de las empresas de bienes y servicios producen y venden en volúmenes lo mismo que en 2011, aunque por supuesto en pesos facturan mucho más en pesos nominales. Apenas algunos sectores producen un poco más (el agro por excepcionales rindes, cemento, consumo de electricidad y gas) y compensan a otros que incluso producen menos (autos, algunos servicios privados). Una parte pequeña de esta mala performance económica tiene que ver con un mundo más hostil que explica la mitad del colapso exportador del cuatrienio que pasó de US$ 83.000 millones en 2011 a menos de 60.000 millones este año. La mayor parte de la responsabilidad cae en el fracaso del desajuste populista.

Vale una aclaración para corregir un error de diagnóstico en que caen funcionarios oficiales. Cuando en una economía con cepo cambiario y déficit fiscal financiado con emisión se festeja que los depósitos crecen rápidamente, ello de ninguna manera refleja que la gente quiere ahorrar en pesos y que la moneda nacional es preferida al dólar. Lo único que muestra es que el Banco Central emite mucho y que los pesos, transitoriamente, no tienen por dónde desagotar y, por lo tanto, crecen nominalmente.

Recalco las dos palabras: nominalmente todo crece medido en pesos, pero lo relevante es qué pasa en términos reales, o sea en la capacidad adquisitiva. Y transitoriamente, porque el ciudadano, cuando quiere evitar que lo estafen por quedar entrampado en los pesos, siempre se las rebusca para encontrar una vía de desagote, para no ver cómo sus pesos pierden valor. En 2011, previo al cepo el desagote monetario, se produjo vía la llamada fuga de capitales o dolarización de portafolios; en 2012/13 poscepo, se produjo vía la suba del dólar paralelo primero y la inflación y la devaluación después. Este año asistimos a la tercera inundación monetaria producida por el déficit fiscal y la emisión monetaria, y nadie debería sorprenderse de que esta vez ocurra lo mismo.

Hubo una época (de 2003 a 2007) en que al ser el punto de partida muy bajo (capacidad ociosa, desempleo, inversiones heredadas, mundo favorable), la expansión del gasto público y la expansión monetaria generaron en partes iguales mejora de variables reales y nominales. Ya entonces el modelo requería un service que no vino. Entre 2007 y 2011, el modelo abusó de la cebada de la bomba y produjo demasiada inflación para muy modestos resultados de reactivación. Sin embargo, como el bienio 2010/11 fue mucho mejor que el previo 2008/09, el oficialismo lucró electoralmente del rebote poscrisis mundial y arrasó en las elecciones. Fue el punto de partida político al fracaso del desajuste populista que vino después. Los argentinos estamos a tiempo de corregir este desajuste. De no hacerlo, no quepan dudas de que el próximo cuatrienio promete ser peor que éste..

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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