Los KK recuperan la tristemente rendidora tesis del enemigo interno para poder usar contra él el poder del Esta do. Porque se sabe: si es adversario no es demócrata.

Ningún adversario es demócrata

El regreso de la tesis del "enemigo interno".

twitter_share.png
7
facebook_share.png
5

3191_20140806b3Xp8r.jpg

De tan gastado, si fuera un chiste ya no causa gracia. Pero como los horribles cucos de la infancia que los padres agitan para amenazar a los niños desobedientes, el truco aún funciona para provocar miedo.

Lo usaron todos: conservadores, radicales, peronistas y sobre todo los militares. El envoltorio que adornaba el paquete fue cambiando según los tiempos, las ideologías y sobre todo las urgencias políticas. El fantasma podía vestirse de inmigrante anarquista, terrateniente conspirador, “contrera” –la caracterización más amplia de todas, que por primera vez era adecuable a la silueta del enemigo del momento– o el más mucho peligroso “delincuente subversivo izquierdista”, rótulo que hace cuarenta años significaba un pasaje hacia la muerte.

La breve primavera democrática que la sociedad respiró en el inicio del gobierno de Alfonsín permitió convertir en sátira el latiguillo preferido con que el enérgico presidente advertía sober las amenzas que pendían sobre su cabeza, que en ese entonces era sinónimo del sistema democrático. Con acidez y desparpajo, la inolvidable revista Humorcreó una tira cómica que semanalmente contaba las peripecias de quienes añoraban a la dictadura recién despedida, y tramaban operaciones y zancadillas contra el gobierno. Con la pluma del humorista Lawry, se llamaba “Los Desestabilizadores”.

Las bromas se acabaron desde la Semana Santa de 1987, cuando Aldo Rico y sus carapintadas amenazaron la autoridad de Alfonsín acuartelándose para relcamar el fin de los juicios por las violaciones a los derechos humanos. Aquel planteo volvió a repetirse dos veces, y una patrulla perdida de la izquierda siguió su huella de reclamos violentos con el sangriento ataque al cuartel de La Tablada en enero de 1989. Todo el país tenía claro que se trataban de desafíos a la democracia.

Pero pocos meses después, los aumentos de precios mutaron en hiperinflación, el dólar saltó por el aire y la City porteña se convirtió en un hormiguero. Los desaciertos del gobierno para afrontar la crisis, y otra compleja red de causas propias y externas que no analizaremos aquí lo obligaron a Alfonsín a renunciar.

Con los años, los mismos peronistas que habían activado aquella bomba comenzaron a referirse a ella con un nuevo giro: “golpe de mercado”. Difusas figuras escondidas detrás de sus escritorios eran capaces de voltear gobiernos como siempre lo habían hecho los tanques. Primero, esos enemigos estaban en el extranjero, y tramaban para quedarse con la riqueza del país. Pero los años fueron cambiando la fórmula, y aquellos confabulados comenzaron a asimilarse con los adversarios políticos locales.

Entonces volvimos al comienzo: si ejercía su lugar en el sistema, el opositor era más bien un enemigo. No un enemigo del gobierno, sino de la democracia.

Esas supuestas amenazas al sistema, siempre gaseosas e indeterminadas, inspiraron la sanción de la polémica Ley Antiterrorista, y reaparecieron ayer en la nueva Doctrina de Inteligencia Nacional. Ambos documentos recuperan la tristemente rendidora tesis del enemigo interno para poder usar contra él el poder del Estado. Porque se sabe: si es adversario no es demócrata.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad. Guarda el enlace permanente.