Hoy, ya en plena madurez, el peronismo es -sea disfrazado de liberal o de izquierdista- sólo una gran maquinari a que produce a paladas poder y dinero para los que dirigen el movimiento y mendrugos para esos humildes a los que supie ron cantarles Favio y Soriano.

BUSCANDO AL PERONISMO VERDADERO

¡Qué confuso todo, General! (¿Fue a propósito?)

¿Cuál es el peronismo verdadero? ¿Era más peronista Héctor J. Cámpora que Daniel Paladino? ¿Era más peronista José López Rega que Rodolfo Galimberti? ¿Era más peronista José Ignacio Rucci que Rosendo García? ¿Era más peronista Sebastián Borro que Herminio Iglesias? ¿O era más peronista Ítalo Luder que Diego Ibáñez? ¿Era más peronista Leonardo Favio que Osvaldo Soriano? Los kirchneristas dicen que ellos representan al peronismo. Y que el resto -peronistas o no- son todos gorilas. Los peronistas no K dicen que no hay nada mas lejano de Juan Perón que los K. ¿Quién tiene razón?

26/10/2014| 10:58

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"(…) Con el renacer democrático, el peronismo supo renovarse a los nuevos tiempos, pero esta vez lo hizo con más ambición que ideales, debido a lo cual terminó seducido por los que decían rescatar (y prostituir también) viejas banderas. Entonces esos renovadores se conformaron -en su gran mayoría- con ser meros gerentes y administradores de los que sintetizaron lo peor del liberalismo con lo peor del peronismo. Hoy, ya en plena madurez, el peronismo es -sea disfrazado de liberal o de izquierdista- sólo una gran maquinaria que produce a paladas poder y dinero para los que dirigen el movimiento y mendrugos para esos humildes a los que supieron cantarles Favio y Soriano. (…)"

“Soy dueño de mi destino, de todos mis sueños y mi libertad…
Me siento hermano del viento
y si un niño llora me pongo a llorar…
Muchos dicen que estoy loco
y yo no me enojo porque eso es verdad:
loco de amor a la gente, de amor a la vida
y a la libertad…
Amo la vida y el canto,
me gusta gritarlo porque es mi verdad…
Soy soldado de mi pueblo
y estoy orgulloso de mi General”.
Leonardo Favio,
“Estoy orgulloso de mi General”

“Cuando yo era chico Perón era nuestro rey mago: el 6 de enero bastaba con ir al correo para que nos dieran un oso de felpa, una pelota o una muñeca para las chicas.Para mi padre eso era una vergüenza: hacer la cola delante de una ventana que decía: ‘Perón cumple, Evita dignifica’, era confesarse pobre y peronista. Y mi padre, que era empleado público… odiaba a Perón y su régimen… Mientras yo soñaba con islas perdidas y amigos y novias de 17 años… El general nos envolvía con su voz de mago lejano… Creo que todo, entonces, tenía un sentido fundador”.
Osvaldo Soriano,
“Aquel peronismo de juguete”

por CARLOS SALVADOR LA ROSA

CIUDAD DE MENDOZA (Los Andes). El encuentro entre Perón y Balbín de 1972-74 y la despedida fúnebre del político radical al peronista fueron dos símbolos monumentales que dejaron sin significación histórica la dramática dicotomía entre peronistas y antiperonistas.

La reconstrucción plena de la república democrática a partir de 1983 permitió la aparición de una historia no facciosa, de grandes síntesis, en la que las escuelas de investigación fueron confluyendo en busca de la verdad, abandonando los viejos maniqueísmos entre liberales y revisionistas o los que dividían la historia entre buenos y malos.

Lamentablemente, en la última década hemos sufrido un presuntuoso y desmesurado intento de hacer revivir ambas divisiones. Como un ejército de muertos vivos algunos personajuchos con poder claman por el retorno de los viejos y sepultados conflictos entre peronistas y antiperonistas, entre liberales y revisionistas, entre el cielo que dicen ser ellos y el infierno que son los otros.

Pero la historia no sólo no se repite, sino que termina vengándose de los que quieren resucitarla en vez de sintetizarla para que le sirva al presente y proyectarla para que le sirva al futuro.

Hoy la historia liberal tiene escasa vigencia e influencia, mientras que la revisionista sólo se ocupa de prohijar escritores de best sellers que utilizan la simplísima división entre buenos y malos para promover ventas como si se tratara de panfletos novelados al estilo Corín Tellado.

Desde el gobierno sirve para caricaturizar la realidad y para que algunos políticos con ínfulas en demasía pretendan compararse con los héroes del pasado, o peor aún, considerar a éstos como precedentes de ellos. Si Belgrano viviera sería kirchnerista, suelen decir.

En cuanto a la división entre peronismo y antiperonismo pasa algo parecido. Ya nadie sabe muy bien qué es una cosa y qué es la otra como claramente se sabía antes del abrazo Perón-Balbín, pero unos aprendices de brujos han hecho reaparecer el conflicto en los círculos politizados, aunque ello nada tenga que ver con la realidad concreta por abajo.

Así, ante una reivindicación oficialista de las cosas horribles que se creían superadas del primer peronismo (como el culto a la personalidad, el odio a la prensa libre o el adoctrinamiento escolar) algunos han vuelto a reencontrarse con el antiperonismo visceral en reacción errónea pero comprensible frente a esas provocaciones por parte del gobierno.

Para quienes así piensan (o sienten) el peronismo inevitablemente conducía desde sus propios orígenes y desde su propia lógica a estas actuales intolerancias.

Por otro lado, los peronistas no K dicen que el kirchnerismo no es peronismo mientras que los kirchneristas dicen que los peronistas no K son el “peornismo”, en la ingeniosa definición de Horacio Verbitsky, mientras que llaman gorilas a todos los que no son K, sean éstos peronistas, no peronistas o antiperonistas, lo mismo da.

Sin embargo, todas estas discusiones tienen un sabor añejo y avinagrado, como si estuvieran fuera de época.

Hoy el peronismo es todo eso y nada de eso a la vez. Es una tradición histórica respetable y una máquina de construir poder desmedido y vacío. Por eso tal vez todos tengan razón, aunque en un tema que no interesa a los fines del presente.

Quizá el único peronismo verdadero, si queremos seguir por el camino de las síntesis históricas, sea el del encuentro literario, poético y fílmico entre dos grandes creadores de ficción, Leonardo Favio y Osvaldo Soriano, un peronista de toda la vida y otro que dejó de serlo cuando se le fue la niñez.

Cuando Favio le hizo decir a su Gatica en la película del mismo nombre la frase sorianesca de que “yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”, los dos grandes artistas se fusionaron en uno solo. Porque a partir del afecto mutuo fueron sintetizando sus pasiones y sus ideologías.

Para Favio el peronismo es el sentimiento amoroso de los humildes hacia el hombre que los sacó de los subsuelos de la Patria y los dignificó en igualdad de condiciones con el resto de los argentinos.

Para Soriano es la infancia de nuestras generaciones, ese tiempo en que su padre gorila se enojaba a morir con los peronchos que lo obligaban a llevar luto por Evita, mientras su hijo Osvaldito esperaba con ilusión a los reyes magos peronistas.

De grandes, si de veras crecemos, ya no podemos repetir las cosas que hicimos de niños ni creer en ellas, pero sí recordarlas con ternura, aun exagerando lo bueno y minimizando lo malo, que para eso sirve la nostalgia bien entendida.

Así, con Favio viendo al peronismo en los ojos de los humildes y con Soriano recordando en él los bellos días de la niñez, hoy quizá el peronismo verdadero no sea más que una ilusión. De esas ilusiones que suelen estar más cerca de la verdad que la cruda realidad de los mediocres nuestros de cada día.

El peronismo, que hegemonizó (y aún sigue) por décadas la historia argentina al igual que antes lo hiciera el liberalismo, es un cuerpo social y político que evoluciona junto con el país.

Lamentablemente, aún a la Argentina le falta el proyecto que crezca de un modo que pueda evitar la decadencia nacional y evitar así que lo reemplace su modelo contrario para que repita, con signo inverso, los mismos errores del anterior.

Como le ocurrió al liberalismo, el peronismo inicial, con sus pros y sus contras, no maduró bien. Si de niño pudo bien haber sido como lo cantan Favio y Soriano, o al menos haber quedado así en la memoria popular, ya de joven, en los 70, mostró signos muy preocupantes cuando un grupo de muchachones bien -en su mayoría hijos de padres gorilas- se acercaron al movimiento con más ideales que ambición pero con una soberbia, una intolerancia y un desprecio hacia sus mayores y hacia el pueblo real que les impidió asumirse como sus herederos.

Con el renacer democrático, el peronismo supo renovarse a los nuevos tiempos, pero esta vez lo hizo con más ambición que ideales, debido a lo cual terminó seducido por los que decían rescatar (y prostituir también) viejas banderas.

Entonces esos renovadores se conformaron -en su gran mayoría- con ser meros gerentes y administradores de los que sintetizaron lo peor del liberalismo con lo peor del peronismo.

Hoy, ya en plena madurez, el peronismo es -sea disfrazado de liberal o de izquierdista- sólo una gran maquinaria que produce a paladas poder y dinero para los que dirigen el movimiento y mendrugos para esos humildes a los que supieron cantarles Favio y Soriano.

Como que ya debiera fusionarse con la historia en una síntesis final que lo clausure y que abra las puertas a nuevas alternativas, a ver si esta vez es posible dejar de lado la decadencia que no nos deja crecer bien ni vivir en paz.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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