El “pobrismo”, otro credo lanzado desde el Gobierno KK…basura progre para continuar el relato berreta…mi entras tanto bancamos a ChorizoVudú…!!!

Debate. El kirchnerismo habla ahora de “valores villeros”, en un intento de congelar una ideología reaccionaria, en lugar de destinar políticas serias y eficaces para revertir la pobreza.

El “pobrismo”, otro credo lanzado desde el Gobierno

El “pobrismo”, otro credo lanzado desde el Gobierno

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  • Jorge Ossona Historiador, MIEMBRO DEL Club PolItico Argentino

Un proyecto del oficialismo firmado por los diputados nacionales Andres Larroque y Juan Cabandié propone declarar al día 7 de octubre, en homenaje al natalicio del padre Carlos Mugica, “Día de los Valores Villeros”.

La primera curiosidad es el conjunto de valores “villeros” a reivindicar: la solidaridad, el optimismo, la generosidad, la esperanza, la humildad y el valor de lo colectivo.

Así planteados, el conjunto parece responder a la idealización “pobrista”.

Según esa concepción, bien anclada en la tradición católica, los “pobres” son en esencia gente buena, generosa y solidaria que imita el pasaje de Jesús por esta Tierra. Desde la cinematografía contemporánea así lo dejó testimoniado Vittorio de Sica en su memorable película “Milagro en Milán”. Alli se describe la lucha de un barrio popular italiano de posguerra en contra de los especuladores territoriales. Desde una perspectiva opuesta, otro director italiano, Ettore Scola, en “Feos, malos y sucios” exhibía un panorama en las antípodas: en la lucha por la supervivencia, los miserables de un asentamiento vivían una existencia hobbesiana matándose entre ellos y aliándose con sus propios explotadores en contra de otros pobres.

Pobres “buenos” y “malos”. Clases laboriosas y clases peligrosas.

El proyecto oficialista, sin embargo, es menos importante en sí que por aquello que devela. Sin quererlo, sus inspiradores están reconociendo ladensidad no sólo sociológica sino cultural de la nueva pobreza emergente en el país durante los últimos treinta años. Argumentarán que nadie ha hecho más por los pobres, después de Perón y Evita, que Néstor y Cristina. Pero lo cierto es que luego de una década de “modelo de matriz diversificada con inclusión social” y del “crecimiento más impresionante de los últimos doscientos años”, la pobreza se exhibe como un dato estructural que se autoreproduce.

Hasta los cálculos más optimistas y próximos al Gobierno la estiman en un 18 % de la población; otros, con rigurosidad metodológica equivalente la extienden a más del 25%.

Podrá decirse que fue tal el daño motivado por el “neoliberalismo” que diez años no han alcanzado para revertir la situación. Una mirada menos concesiva podría interpretar los magros resultados como un producto de un designio menos económico que político.

En la nueva era democrática y postindustrial, la pobreza fue descubierta como un insumo de primera magnitud para la producción de votos seguros desde bases territoriales sustitutivas de las sindicales.

Llegados a este punto, cabe formular una breve consideración acerca de los valores villeros reivindicados. Comencemos por la “humildad” y la “esperanza”. El pobrismo identifica a los pobres como el polo positivo de la sociedad. Se trata, una vez más, de u na de las vertientes del discurso católico traducido secularmente por el peronismo.

Ambos conceptos, sin embargo, no pueden escindirse del contexto histórico local. En la ”sociedad móvil y democrática” según Luis Alberto Romero, la “humildad” aludía a trabajadores ávidos de seguir, merced al nuevo impulso oficial, la carrera “esperanzada” del ascenso y de la “dignidad”. La “solidaridad” no era sino la fórmula clásica de construcción de lo colectivo desde asociaciones barriales, vecinales y profesionales. Desde los 80, “humildad” fraguó en “pobreza”. La “solidaridad”, en diferentes estrategias de “supervivencia” que responden a organizaciones formales o informales jerárquicas y autoritarias. Dichos grupos o entidades están regidas por códigos subculturales que, sobre la base de la reciprocidad, configuran una ciudadanía menos individual que colectiva; disposición ideal para el diseño de contingentes de votantes previsibles.

La única coherencia posible respecto del idealizado “valor por lo colectivo”.

El mentado “optimismo” –probablemente extraído de una mirada superficial de ciertas actitudes extendidas en la cotidianeidad de los barrios- no deja de expresar un cierto “inmediatismo” festivo procedente de la alegría por el mero hecho de sobrevivir ante la naturalización de la miseria y de una inseguridad que ha reforzado una visión “fatalista” de la existencia.

Hay otro sesgo del proyecto que merece una última reflexión.

El pobrismo procede de inspiradores que no son precisamente pobres; que no viven ni con ni como los pobres, ni probablemente querrían hacerlo. Tal vez, se inspire en cierto romanticismo pseudoprogresista extendido en algunas franjas culposas y frecuentemente acomodadas de nuestras clases medias.

El reconocimiento de la pobreza “ville ra” como fenómeno “cultural”, en cambio, hasta podría interpretarse como la expresión de un neoconservadurismo discriminador y reaccionario contrario a la citada tradición inclusiva perfeccionada por el peronismo histórico. Una suerte de estigmatización resignada, en este caso, de signo positivo; pero como el amor y el odio, siempre a un tris de habilitar otras en sentido inverso. Ciertas militancias iluminadas, bien distintas a aquella encarnada por el sacerdote Mujica, representan –los “pobres” reales bien lo saben- unaversión posmoderna de la caridad filantrópica del siglo XIX.

Una vertiente de los más tecnocráticos “modos estatales de regulación de la pobreza” que renuncian de antemano a erradicar sus raíces profundas.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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