La hipótesis de Cristina Kirchner fue que si el juicio se perdía, sería después de su mandato…pero le lleg o la hora de garpar sus Kagadas…

Jueves 26 de junio de 2014 | Publicado en edición impresa

El escenario

Un mensaje a tres bandas que encuentra su límite

Por Carlos Pagni | LA NACION

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El genial director Alberto Ure solía enseñar una técnica del teatro inglés que obliga al actor a conversar con tres interlocutores al mismo tiempo sobre distintos temas. El enredo produce, por sí mismo, chispazos de humor. Ure hacía notar que Alberto Olmedo lograba ese prodigio sin saberlo, cuando bromeaba con Javier Portales, Silvia Pérez y Miseria Espantosa en el sketch de Álvarez y Borges.

Cristina Kirchner está exhibiendo la misma habilidad. Sólo que, en su caso, el chiste nunca llega. Su posición frente a la deuda desconcierta a los mercados, que se entusiasman con la promesa de pagar y, al rato, se retraen por el presentimiento de un default. Esa ciclotimia no se justifica porque el Gobierno sea zigzagueante. Lo que sucede es otra cosa: la Presidenta se ha propuesto satisfacer con un mismo discurso a tres audiencias diferentes.

Uno de los destinatarios de la retórica oficial es la propia clientela. La que viene "bancando este proyecto nacional y popular". El kirchnerismo ha confiado, más que otras corrientes, en que los conflictos condensan identidades colectivas. Desde la frustrada segunda vuelta de 2003, en la que Néstor Kirchner era lo "no Menem", jugó un ballottage imaginario con la dictadura, con el campo, con el Fondo, con Clarín, con las "corporaciones". Los holdouts ocuparon un renglón principal de ese inventario de enemigos con los que no se podía transigir.

PATRIA O BUITRES

Un negocio para ambas partes: los holdouts acumularían intereses en un juzgado y el Gobierno cobraría la polarización en el campo electoral. Esa demonización de los holdouts no suponía que se les ganaría el pleito en lo de Thomas Griesa. La hipótesis de Cristina Kirchner fue que si el juicio se perdía, sería después de su mandato. Es decir, quien reconocería los derechos de esas aves de rapiña sería el mismo que se encargaría de devaluar, de ajustar las tarifas, de subir la tasa de interés, de reprimir los salarios o de blanquear la inflación. Pero también en relación con esta deuda Cristina fue víctima del tiempo. El populismo se inventó para disfrutar del poder en períodos más breves.

Mientras promete a su feligresía que seguirá siendo obstinada, la Presidenta también tiene que salvar otro aspecto de su administración. Porque, además de no haber cedido ante los "buitres", el kirchnerismo fue el adalid del "desendeudamiento" con "la quita más grande de la historia". ¿Por qué renunciar a ese mérito y reintroducir al país en las cavernas del año 2001?

Cristina Kirchner se dirige también a quienes esperan cobrar sus bonos el 30 de junio. Les explica que la cláusula pari passu con la que los holdouts se garantizan el reconocimiento inmediato de la sentencia pone en riesgo las reestructuraciones a escala internacional. La defensa más reciente de ese criterio fue publicada anteayer por Martin Wolf, columnista estrella del Financial Times, para quien la limitación a los derechos de los holdouts representaría un salto civilizatorio similar al que dio Gran Bretaña en 1689, cuando se formuló el concepto de bancarrota y los deudores dejaron de ser encerrados en mazmorras.

Estos argumentos son saludables, pero tardíos. La diplomacia local debería haberlos desarrollado cuando todavía no había una sentencia. Pero prefirió jugar al alicate. Además, Wolf consigna un detalle que a veces se olvida: la exasperante severidad con que los jueces custodian los derechos de los acreedores mejora las condiciones de endeudamiento de países con malos antecedentes. Dicho de otro modo: cuando se emitieron los bonos bajo jurisdicción de Nueva York, la literalidad con la que los tribunales de esa ciudad interpretan los contratos fue un subsidio para la tasa de interés que pactaba la Argentina.

La discusión tal vez se vuelva más ardiente. El arbitraje del Ciadi en el reclamo de los bonistas italianos, a pesar de que no incluye la cláusula pari passu, inaugura otra controversia conceptual. Es inédito que el tribunal del Banco Mundial equipare la compra de un bono a una inversión real en otro país. ¿Hasta qué límite el Estado receptor debe custodiar el valor de esa inversión? ¿Es posible ahora que un especulador financiero demande a un gobierno porque con sus desaguisados deterioró el valor de los títulos? ¿Cuáles son los parámetros objetivos para evaluar una política fiscal?

Algunos de estos problemas fueron expuestos ayer por Axel Kicillof en la ONU. Allí habló para la tribuna imaginaria de los bonistas reestructurados y de los Estados que defienden sus reestructuraciones frente a minorías de "buitres". No llegó a hablar de jueces extorsivos. No amenazó con cambiar de jurisdicción. No repitió "no pasarán".

Esa fórmula de Kicillof, que nació en la I Guerra Mundial y popularizaron los republicanos españoles, no podía ser más adecuada. Porque, en su fonología intransigente, historiza una derrota. El pintor Ramón Puyol, que la transformó en emblema de la defensa de Madrid, dijo haber descubierto su valor "cuando todo era irremediable". Es decir, cuando ya se había dictado la sentencia.

Cristina Kirchner está obligada a relativizar su épica. El mensaje a su base electoral y el mensaje a los que entraron a los canjes debe convivir con un tercer mensaje, dirigido al juez y a los holdouts. Para ellos habló el viernes pasado, en Rosario. Tal vez Kicillof le recordó el consejo de Lenin, quien teorizó como nadie sobre el valor de las consignas: "Siempre deben dimanar del conjunto de peculiaridades de cada situación política". En nombre de la soberanía nacional, en el mismo palco donde, hace dos años, había prometido ir "por todo", la Presidenta suprimió la diferencia entre "buitres" y "reestructurados": "Queremos que se cuide al 100 por ciento de los bonistas", aclaró.

La traducción de esta arenga pacifista hay que buscarla en las declaraciones de los abogados que patrocinan a la Argentina ante Griesa. Allí se dirigen "respetuosamente a Su Señoría" para declarar "voluntad negociadora". Daniel Scioli, Miguel Galuccio, Juan Carlos Fábrega festejan. Necesitan un acuerdo porque su éxito depende de que baje la tasa de interés.

Anteayer se preveía una reunión entre Kicillof y Daniel Pollack, el abogado al que Griesa encargó la ejecución de la sentencia. Jorge Capitanich la desmintió, así que tal vez se realice. Pollack está, junto con su esposa, entre los juristas más prestigiosos de Nueva York. Se especializó en litigios financieros ante la Corte. Sus clientes son fondos de inversión. Típico vecino del Upper East, vive awalking distance del Metropolitan Museum, al que destina sus pulsiones filantrópicas. Su entrevista con el ministro de Economía podría representar un choque de civilizaciones. Pero un abogado argentino que lo conoce bien corrige: "La reunión puede ser simpática, porque Daniel verá en Axel al muchacho idealista que él era cuando tenía 16 años".

KICILLOF Y EL SPECIAL MASTER

Kicillof participará de todo el trámite sin ponerse una corbata. Con esa informalidad y su discurso jacobino, intenta disimular el papel que le asignaron en el ocaso de la década ganada: comenzar a pagar la fiesta, sin negociaciones.

Por eso alrededor de Pollack hay un malentendido. No es, en sentido estricto, un mediador. Su rol,special master, está descripto en la regla 53 del Código Procesal norteamericano: es el encargado de ejecutar sentencias de difícil cumplimiento. Sin embargo, la norma abre una hendija a la pretensión de Kicillof cuando dice que el special master "preside las negociaciones del arreglo". La Presidenta y el ministro están en busca de la cuadratura del círculo. Para satisfacer a sus seguidores deben evitar que los holdouts cobren sin hacer concesión alguna. Pero si negocian alguna concesión, un plazo, por ejemplo, activan la cláusula RUFO, que ampara a los bonistas reestructurados.

Para salir de ese dilema Cristina Kirchner debería quebrar el último tabú. Podría tomar US$ 1500 millones en el mercado, a una tasa inferior al 8%, y saldar al contado la sentencia de Griesa. Ya no negociaría una ventaja con los holdouts, sino con el banco que da el crédito. Terminaría, eso sí, con el mito del desendeudamiento. Una encerrona a la que tarde o temprano puede llegar por la crisis de reservas.

Mientras tanto, ella intentará seguir hablando a la vez a tres audiencias. Pero está condenada a traicionar a una primero. A sus propios electores. Es el drama del líder que se queda sin recursos..

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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