Los delincuentes son grandes expertos en derecho penal. Cualquiera que haya conocido criminales, lo sabe. El individuo “canero” sabe trabajar entre las grietas legales.

Martes 18 de marzo de 2014 | 00:20

Pensamientos incorrectos

Crimen y castigo, Argentina 2014

Por Rolando Hanglin | Para LA NACION

Ver perfil
1408522w120.jpg

Comentá46

inShare

Se habla, como nunca, de crímenes. Innumerables asesinatos en Rosario, donde las chicas ya no sueñan con ser botineras, sino narcoteras, o sea novias de un narco. Se habla de extorsiones, negocios ilícitos, grupos mafiosos, asaltantes que, de tan drogados, matan y se olvidan de robar. Entraderas. Kioscos de droga. Cocinas de coca. Salideras. Asaltos. Secuestros. Barras, apretadores, golpeadores.

Se requiere un consenso para poner límites a la violencia en la calle. Y al crimen violento, en particular

Se habla de crimen y castigo. Este desorden en la calle viene a destacar el silencio en las aulas. Otra vez, paro docente. La Presidenta ha dicho (y tiene razón) que la paritaria docente no puede ser un parto todos los años, en febrero, cuando los estudiantes se preparan para ir a clase.

Naturalmente, la huelga no es un crimen sino un derecho. Pero tenemos la sensación de que, en ciertos temas, la Argentina ha llegado a un límite. En lo referente a piquetes y cortes de rutas, que se han convertido en un martirio diario. En materia de huelgas que afectan a servicios públicos esenciales: educación, salud, transporte. No parece haber muchas diferencias entre la Presidenta, Mauricio Macri, Sergio Massa, Daniel Scioli, Elisa Carrió. Esto no es vida. Se requiere un consenso para poner límites a la violencia en la calle. Y al crimen violento, en particular.

Podemos aportar algo que los juristas no tienen. La experiencia de ser despojado, vejado, atropellado

Dicen algunos que la reforma de un Código Penal es exclusiva de expertos. Es decir juristas, penalistas, sociólogos, legisladores. ¿Sólo ellos pueden opinar en esta materia? ¿Y nosotros, que somos "la gente", o sea los trabajadores, los ciudadanos, los que pagan los impuestos? ¿No entendemos nada? ¿Quedamos excluidos? Recuérdese que somos las víctimas de todo crimen y, por lo tanto, podemos aportar algo que los juristas no tienen. La experiencia de ser despojado, vejado, atropellado. Sabemos lo caro que nos cuesta cada impuesto, con el que pagamos salarios de policías, jueces y senadores. En otras palabras: somos el pueblo. ¿Cómo que no podemos opinar? Si las cosas fueran así, la economía la manejarían exclusivamente los expertos en producción y finanzas (los mismos que se equivocan sistemáticamente en todos sus pronósticos) la cultura sería territorio reservado a los académicos y el gobierno lo ejercerían los reyes, que son expertos en el poder. O sea, un retorno a la monarquía.

Los delincuentes son grandes expertos en derecho penal. Cualquiera que haya conocido criminales, lo sabe

Si vamos a vivir en una república democrática -y esa es la idea- el pueblo tiene mucho que opinar sobre crimen y castigo. Aún enloquecido por piquetes y atascos, asaltos y pérdidas, el pueblo trabajador sigue siendo el patrón de todo esto.

Dicen, por ejemplo, que los años de prisión deben tener un "tope". Los 30 años. ¿Y por qué? Los criminales no tienen ningún tope en sus fechorías: pueden balear a una mujer, matar al hijo que lleva en el vientre, saquear su casa, dejar lisiado a su marido o aniquilar a una familia entera. Todo junto. Y vemos que en muchos países civilizados las penas de prisión se acumulan, llegando a los 45 ó 150 años. ¿Por qué nosotros estamos obligados a hacerles "una rebajita" a los delincuentes? Téngase presente que, entre 2005 y 2012, de 15.600 detenidos por drogas sólo fue procesado o condenado el 2%. Ya es suficiente rebaja.

La Constitución establece que las cárceles serán dignas y limpias, para reeducación de los condenados y no para su tormento. Magnífico: pero la Gran Ley habla de cárceles, no de penas sustitutivas. Estas últimas, a lo mejor, consisten en pasar a firmar una planilla, en una oficina judicial, cada tres meses. Sospechamos que así puede funcionar la ley. Para cualquier delincuente profesional, es una invitación a la fuga. Porque los delincuentes no son víctimas de una sociedad injusta. Son profesionales. ¡Están trabajando, cuando asaltan y matan! Caso de sufrir una inoportuna detención policial, son capaces de presentarse a la víctima para reclamar una indemnización. Acaba de suceder en Rosario.

Debemos demostrar al antiguo gremio de los criminales que su faena es mal negocio. Muy mal negocio robar. Pésimo negocio estafar. Y desde ya, matar es…¡Malísimo negocio! Mejor buscar otro trabajo.

Nadie quiere la pena de muerte, porque quitar la vida es un límite moral, y para colmo existe la posibilidad del error judicial

Los delincuentes suelen terminar en la cárcel, donde también se alojan (por inevitable error humano) algunos inocentes. ¿Cómo debe ser esa cárcel? Sana y limpia. Con cursos universitarios, biblioteca, gimnasio, piscina, cine, teatro, cancha de fútbol, salón de baile y visita regular de curas, rabinos, pastores y psicólogos. Con visita higiénica de sus esposas, novias o maridos en lugares dignos. O sea: todo. Pero sin posibilidad de huir. Prisiones seguras. Los condenados deben pasar un período de aislamiento porque hacen daño. Su libertad es indeseable para la sociedad, hasta que sean reeducados, y esto lleva un tiempo que está impreso en la ley. Sin rebaja alguna. Sin apuro. Mientras estén presos, la sociedad puede estar tranquila: no cometerán nuevos crímenes. Se los estará preparando para una convivencia civilizada.

Dicen que las penas más altas no merman la criminalidad. Tenemos, sin embargo una certeza: el criminal preso, mientras se encuentre adentro, no cometerá nuevos crímenes. Nos dejará descansar durante los diez, veinte o treinta años que le toquen. Nadie quiere la pena de muerte, porque quitar la vida es un límite moral, y para colmo existe la posibilidad del error judicial. El inocente ejecutado ya no puede volver. Pero sí necesitamos que el Estado establezca sanciones contundentes. Disuasorias.

Los delincuentes son grandes expertos en derecho penal. Cualquiera que haya conocido criminales, lo sabe. El individuo "canero" sabe trabajar entre las grietas legales.

Antes de reformar el código penal, Argentina debe reestructurar sus cárceles. Para que, realmente, cumplan la misión de reeducar al preso. Al mismo tiempo, invertir nuestros pocos pesos, ganados con el sudor de nuestra frente, en un sistema judicial-policial de excelencia. Y después, sí, tal vez modificar el Código Penal para que no sea un caos de parches y remiendos. Cosa que escandaliza a muchos senadores y juristas de nota, convencidos de que no puede existir un código tan desprolijo en un país como el nuestro, tan parecido a Suiza y Noruega.

Si nosotros los vemos todos los días… ¿Cómo no los ve la ley?

Alguien tenía que decirlo: de momento, el pueblo ansía que los jueces impongan más años de prisión, y no menos: que los policías de Nación, Provincia y Capital impidan los delitos, repriman la violencia, despejen las rutas y protejan a los ciudadanos indefensos. Con fuerza. Sin miedo. Tienen nuestro respaldo.

Por una extraña confusión, se ha establecido desde 2001 que no hay nada ilícito en andar borracho por la calle, botella en mano. O drogarse ante el público. O circular armado y enmascarado. Amenazar, incendiar neumáticos, automóviles, casas enteras. Tentativas de linchamiento, escraches, atentado contra la propiedad pública, ocupación de plazas, calles y solares que pertenecen a la Nación, merodeo, escándalo y hasta ruidos molestos…¡Todo lo que preveían los viejos edictos policiales!

Estamos cansados de ver tipos peligrosos en la calle, "aguaitando" en una esquina o al borde de la ruta para asaltar a cualquiera. Si nosotros los vemos todos los días…¿Cómo no los ve la ley?.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad. Guarda el enlace permanente.