La consigna, hacer ruido para tapar el ajuste…era más fácil hablar boludeces en la Facu con los cumpas…el triste destino de patilla Chichilof

25 FEB 2014 00:00h

EN FOCO

Por ALCADIO OÑA

Extraño destino el de Axel Kicillof. Seguramente, siempre soñó ser ministro de Economía y de un gobierno progresista y, cuando al fin llegó a ese lugar, le tocó ser nada menos que el ministro del ajuste.

Kicillof ya suelta, en corrillos cada vez más amplios, que “está obligado” a tomar medidas que jamás habría tomado y, podría agregar, para las cuales tampoco estaba preparado. No tiene cómo hacerlas digeribles, pero espera que desde Olivos vengan en su ayuda y pongan a jugar recursos más potentes que los desplegados hasta ahora.

Encima, debe vérselas seguido con el fantasma del mismísimo Fondo Monetario: tanto porque de afuera se lo meten en la negociación con el Club de París, como por la corrección de estadísticas completamente distorsionadas.

Durante sus tiempos de economista sin cargo, Kicillof atacaba en los peores términos al índice de precios del INDEC y a la propia cúpula del INDEC. Y ahora que el indicador ha sido reemplazado por otro más creíble, no puede sacar ningún rédito personal: todo suena a presión del FMI, igual que un previsible cambio en la metodología de cálculo del PBI, cuyo gran hallazgo fue sobreestimar el crecimiento de la economía.

Mientras tanto, la cúpula del INDEC sigue ahí, donde la puso Guillermo Moreno. Y flota la sensación de que hubo una batalla que Kicillof perdió.

El ministro había convencido a Cristina Kirchner de las ventajas, políticas y financieras, que le reportaría al Gobierno la estatización de YPF y hasta llegó a afirmar que si había una indemnización la tendría que pagar Repsol.

Responsabilidades compartidas, las consecuencias están a vista. Y aún si no existieran clausulas ocultas, por las llamadas razones de confidencialidad, los españoles cobrarán US$ 5.000 millones en títulos públicos limpios de cualquier depreciación en el mercado.

Algunos especialistas consideran que, antes de apurar un acuerdo con Repsol, el Gobierno debió cerrar trato con el Club de París, porque eso atraería inversiones en moneda dura desde los países que integran la organización. El razonamiento suena atractivo, salvo por el hecho de que, entretanto, seguiría abierta una expropiación así de resonante.

Los negocios son siempre negocios, pero valen, sobre todo, cuando existen garantías de que seguirán siéndolos. Otro tanto ocurre con las inversiones externas en el presunto, fabuloso reservorio de hidrocarburos de Vaca Muerta: no es casual que todavía sean una incógnita ciertas condiciones que se le aceptaron a Chevron, aunque la multinacional sólo haya puesto un pie allí para asegurarse estar.

Todo el mundo sabe, ya, que Repsol, la presencia del FMI, el Club de París y el tironeado arreglo con los fondos buitre son movidas que buscan abrir las puertas del crédito internacional y que están empujadas por la urgencia de dólares, aunque barran de plano con el pregón del desendeudamiento.

En 2013, el Banco Central perdió US$ 12.691 millones y 2.851 millones durante enero pasado. Y a pesar del último ajuste cambiario, de la liquidación anticipada de exportaciones de granos y de las divisas sacadas a los bancos, en febrero se han ido 73 millones más. Y eso que todo era para frenar el drenaje.

El problema es que se trata de una avenida de una sola mano: los dólares salen, pero sin que ingresen otros. Y pasa, además, que un stock en retroceso no es la mejor señal, o lo es para quienes buscan pescar en río revuelto.

Juan Carlos Fábrega, el jefe del Central, dice haber hecho su trabajo con la fuerte suba de las tasas de interés, la absorción de pesos y la parte que le correspondió en la devaluación. “Ahora, que otros hagan el suyo, porque eso ya no depende de nosotros”, dicen en la entidad.

Aluden, claramente, al torniquete fiscal. Esa pieza, que según ellos falta, aflojaría la presión monetaria y le pondría el moño a un ajuste con todas las de la ley.

“Si se anima a aumentar las tarifas, y no parece tener demasiadas alternativas, el Gobierno estará enfrentado a un alto costo político en varios frentes”, dice alguien que ocupó cargos importantes durante la gestión kirchnerista. Y agrega, con la ventaja de conocer el paño: “Desde luego, meterán denuncias y anuncios ruidosos con la idea de tapar los sonidos de un apriete sacado de apuro y todo junto ”.

Cristina Kirchner aún dispone de mayorías en las dos cámaras del Congreso, de cierto poder en la Justicia y una buena caja para alinear voluntades; entre ellas, las de gobernadores e intendentes. A simple vista, parece un número de fichas nada despreciable, aunque deberá jugarlas contra otras de un peso tampoco despreciable y en un territorio bastante más hostil.

Y no por culpas ajenas.

Pilar del crecimiento en la era K, el consumo viene en franco declive, los precios ponen en jaque a cualquier ensayo oficial, más si es un ensayo endeble, y la recesión ya luce inevitable. Las trabas a las importaciones, dictadas por la falta de divisas, pegan directo sobre los procesos productivos y las inversiones y, así, el mercado laboral se ha puesto duro.

Este es el clima social que la Presidenta tiene por delante. Y puede animar nuevas fugas desde el oficialismo o profundizar grietas internas, pues, se sabe, nunca faltan dirigentes que andan pensando en su porvenir: en el actual gobierno o en el que fuere.

“Tenemos que ayudar a los chicos, porque para ellos todo se ha vuelto imperioso”, dice un legislador que le puso la firma a un proyecto de ley que refuerza el control de precios. Casi ni hace falta decir que los chicos son Kicillof y compañía, y eso del imperio huele a las órdenes. Le faltó hablar de la conducción política, que siempre está detrás de las decisiones.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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