El acuerdo con Repsol, primera estación del fin de ciclo

POR RICARDO KIRSCHBAUM

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22/02/14

Mientras hacia fuera el Gobierno aparenta mostrar que la continuidad de su política es inexorable –el inefable Parrilli habla de una extensión hasta el 2019–, puertas adentro Cristina y su minúsculo equipo se han convencido de que se van en 2015. Se trata de un hecho cultural antes que político: la toma de conciencia de que el poder ya no dependerá de su arbitrio. Han comenzado a cambiar porque la realidad les está obligando a hacer cosas que se debían haber hecho mucho antes o que directamente no se tendrían que haber concretado. Ese pequeño equipo de Cristina, Zannini y Kicillof se han convencido de que las tareas, algunas ingratas, que se deben realizar son imprescindibles para llegar con algún resto al final. Siempre las imágenes de Alfonsín y De la Rúa, en sus postreros días, han sido parte de las pesadillas políticas recurrentes de esta administración.

Algunas de las decisiones, paradójicamente, están trabadas o teñidas por los propios errores cometidos o por los discursos de tribuna que enloquecen a la minoría del Patio de las Palmeras, pero que luego se erigen como índices acusadores de aquellos que deben operar en la realidad.

La necesidad de un ajuste no la discute ya ni el propio Kicillof.

Tampoco la necesidad de contener, en alguna medida, el gasto público, algo que el ministro debe estar convencido de que hay que hacer pero no sabe cómo ni con quién. Los indicadores están mostrando que el parate económico requiere avanzar sobre subsidios suntuarios y contener los reclamos salariales. Las altas tasas equilibran el dólar pero enfrían la economía, algo que el kirchnerismo había prometido que nunca haría.

La agenda de las tareas pendientes ya tiene un tilde: el arreglo con Repsol, reclamado casi desesperadamente por el jefe de YPF, está casi cerrado. El acuerdo lo operó Zannini, urgiendo a los españoles a pactar con una oferta mucho más generosa que la que le habían arrimado los mexicanos. Repsol pidió garantías y el Gobierno se las dio, aunque la índole de éstas se mantiene, todavía, en secreto. Se conocerán pronto: el Congreso deberá aprobar el acuerdo. Los delegados que mandó aquí Antonio Brufau, titular de Repsol, transmitieron sus dudas sobre la actual capacidad del Gobierno para hacer votar rápido el acuerdo.

La respuesta del secretario Legal y Técnico los asombró: “Al Congreso lo manejo yo. En dos días sale…”, se habría ufanado el funcionario tratando de transmitir seguridad.

En diciembre, la cláusula del pari pasu concluye. Es capital: el pago a los fondos buitre, si se supera esa fecha, podrá realizarse sin que el porcentaje –por ejemplo el 100 % del bono– deba extenderse al resto de los bonistas. La impresión es que Kicillof y Zannini están explorando cómo cerrar también ese frente.

El Club de París sería otra estación antes de llegar a la terminal del FMI.

Mejorar la relación con los organismos de crédito, piensan, es otra de las necesidades que están trabadas por la abundante folletería verbal disparada por la Presidenta y sus voceros. En síntesis, la imagen de un león que ruge para ocultar su retroceso es la más adecuada para describir la situación actual. Otros, más mordaces, recomiendan a muchos militantes conseguir copias de “Good bye, Lenin”, una excelente película sobre la caída de Alemania del Este, en la que se mantiene la ficción de un régimen para una militante mientras aquél cambia rápidamente.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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