Dos veces nuestra clase política eligió mal

OPINIÓN

TRIBUNA

POR VICENTE PALERMO

La globalización no siempre da oportunidades. Argentina tuvo dos: en la década del noventa y en la del 2000. En ambas circunstancias, en lugar de sentar las bases para el crecimiento y la equidad, se eligieron caminos cortoplacistas rodeados de corrupción y anhelo de perpetuarse en el poder.

twitter-19x19.png
0
facebook-19x19.png
29

HORACIO-CARDO_CLAIMA20140217_0145_17.jpg

Horacio Cardo

ETIQUETAS

INVESTIGADOR PRINCIPAL DEL CONICET Y MIEMBRO DEL CLUB POLÍTICO ARGENTINO – 17/02/14 – 14:37

Todos sabemos que la globalización ha tenido efectos quizás irreversibles, y muy pronunciados, sobre el modo en que se hace política en cualquier país del mundo. No se precisa ir muy lejos para ilustrarlo en la relevancia de las redes sociales en la vida de los ciudadanos y en la forma en que los políticos han tenido que adaptarse a las tecnologías del ciberespacio, un ejemplo patente de la dinámica del capitalismo globalizado. Pero, sin dudas, la dimensión de mayor impacto en la vida política (y no sólo política) ha sido la globalización financiera. Ésta no solamente impuso a los Estados nacionales fuertes restricciones para la gestión político-económica, sino también trastrocó radicalmente la relación entre la política y el Estado, al hacer entrar en crisis antiguos modos de organización estatal y crear otros nuevos (el mundo político no es el mismo con las empresas públicas y las privatizadas; hasta las oportunidades de corrupción son diferentes).

La constatación de la magnitud del efecto de la globalización sobre la política ha alentado imágenes sombrías en relación al futuro de esta última. Estas imágenes son muy variadas, las hay seriamente formuladas y las hay un tanto frívolas. Sin embargo, una duda sobre estas perspectivas tan pesimistas puede plantearse observando cum grano salis lo ocurrido en varios países de la región, y muy especialmente en el nuestro, en las dos últimas décadas – es decir, ya bajo el pleno impacto del proceso globalizador.

En verdad, la clase política parece haber tenido importantes grados de libertad … para el error. Los políticos tuvieron dos grandes oportunidades para elegir y eligieron equivocarse. En el primer caso, la década del 90, lo hicieron bajo el imperio de tremendas restricciones financieras; urgidos, abrazaron la versión más tosca del Consenso de Washington y consiguieron en el corto plazo neutralizar las restricciones, hacerse de una holgura de capitales y ganar grados de libertad que en general utilizaron muy mal: llevaron a cabo reformas que no incrementaron la competitividad sistémica pero sí las oportunidades de colusión rentística, con las que continuaron sofocando al Estado, y fragilizaron el mercado de trabajo.Cortoplacismo y corrupción fueron las notas dominantes, pero que ello haya sido así no fue el resultado inexorable de la globalización sino de las opciones por las salidas más fáciles y que mejoraran las carreras políticas en el corto plazo (caso paradigmático ha sido el de la reelección de Menem).

En el segundo caso, la década de 2000, el contexto internacional no estaba menos globalizado, pero era bien diferente. Los precios relativos excepcionalmente a favor de los exportadores de materias primas y la caída de las tasas de interés fueron dos de sus trazos más conspicuos. Otra vez, muchos de nuestros países experimentaron significativos grados de libertad. Los Estados volvieron a sentirse “ricos” y la economía volvió a crecer. Y otra vez, la clase política eligió, y eligió mal. En lugar de procurar sentar las bases de un crecimiento económico firme y una sociedad más equitativa, se optó por el cortoplacismo más feroz y por el populismo más malsano (no hay más que considerar la política de subsidios a los usuarios de servicios públicos en Argentina). Es notorio que la globalización no impuso estas políticas: la debilidad de fracciones de la clase política interesadas en perpetuarse en el poder parece una explicación mejor.

No está escrito que no pueda surgir, dentro de los estrechos márgenes de la globalización, un nuevo contexto presidido por apreciables grados de libertad. Esto tal vez pueda coincidir con una importante renovación de la clase política que parece estar en curso en países como Brasil y Argentina. Si esta conjugación de contexto favorable y renovación política fuera posible, los políticos podrían utilizar el margen de acción disponible para actuar virtuosamente. De nada dependería sino de ellos mismos y de la capacidad que tengamos nosotros, ciudadanos de a pie, para aportar, exigir, vigilar y colaborar con ellos. Se trata en verdad de una tarea descomunal, a la altura de la gravedad de los problemas que tenemos delante. La política deberá ser capaz no solamente deconcretar acuerdos interpartidarios para recuperar el Estado y dotar a políticas básicas como la educación y la salud de una dinámica de largo plazo, sino también de encarar conflictos, inclusive con actores económicos fuertemente enraizados en las perversas redes de intereses que han sido resultante de una forma tan peculiar de integración a la globalización como la de los últimos veinte años.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad. Guarda el enlace permanente.