País de Historieta: De La Mancha de Rolando a Presidente maldito

AMADO BOUDOU

Si bien ‘678’, el programa televisivo que alimenta la imaginación de los militontos, se esforzó en afirmar que Amado Boudou es una víctima y nunca un victimario, la imagen del Presidente de la Nación interino es cuestionada dentro del propio Frente para la Victoria. Pero Boudou es la expresión de otras cuestiones que han a la identidad del kirchnerismo cristinista, y también explica su debilidad presente.

13/10/2013| 13:01

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"(…) Pero lo que nunca planteó la historieta fue la posibilidad de que Isidoro alguna vez pudiera ser Presidente, aunque sea para suplantar transitoriamente, por la razón que fuera, a Patoruzú. Tal vez los autores no se atrevieron a tanto, ya que si como vicepresidente Isidoro no dejó macana por cometer, siendo Presidente sus locuras escaparían de todo lo imaginable, incluso en la ficción. Pues bien, como la Argentina es un país que también escapa a todo lo imaginable, es que hoy tenemos a Boudou presidente. (…)".

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Amado Boudou como Presidente interino de la Nación es un dato relevante porque él expone no solamente las contradicciones del Frente para la Victoria, sino el errado procedimiento de Cristina Fernández de Kirchner para tomar sus decisiones.

Boudou no consigue transmitir confianza al kirchnerismo ¿cómo inyectaría credibilidad a los que no integran ese espacio político partidario?

Pero Boudou no es sólo Boudou. Boudou supone otras cuestiones, y hay varios comentarios periodísticos dominicales al respecto:

Mariano Spezzapria en el diario El Día, de La Plata, cuenta acerca de la operación Boudou-Hernán Lorenzino con el Banco Mundial, y la oposición de Axel Kicillof y Guillermo Moreno a ese anuncio:

"El próximo 27 de octubre se cumplirán 3 años de la muerte de Néstor Kirchner. Ese mismo día se realizarán las elecciones legislativas en las que los argentinos ratificarán el sentido del voto que predominó en las primarias de hace dos meses, según coincide la mayoría de los encuestadores, minimizando el efecto que pueda tener en el ánimo del electorado la enfermedad de la Presidenta. De allí que la exposición pública de Boudou -de elevada imagen negativa- fuera raleada por la Casa Rosada. Aunque también hay una interna más profunda, vinculada al rumbo económico, que estalló en el elenco gubernamental.

La presencia del ministro Hernán Lorenzino en Washington, donde negoció con el Banco Mundial una línea de crédito por US$3.000 millones a efectivizarse entre 2014 y 2016 -a cambio de la cancelación de una deuda cercana a los US$500 millones con empresas norteamericanas que litigaron contra el país en el CIADI, un organismo del propio BM-, fue el puntapié inicial de una estrategia tendiente a dar señales al Gobierno de Barack Obama para que no le suelte la mano al país en medio del juicio promovido por los “fondos buitre” por los bonos de la deuda.

El plan oficial incluye un acuerdo con el Fondo Monetario. Lorenzino desplegó ante el FMI los “avances” en la construcción de un nuevo índice de precios al consumidor que implementará el INDEC, según definieron las propias autoridades del organismo internacional.

Mientras tanto, en Buenos Aires la oposición difundía en el Congreso su propio índice, que estableció un 2,8% de inflación en septiembre, la más alta para este mes desde 1991, antes de que se implementara el régimen de Convertibilidad. El fallo de la Corte Suprema que revirtió las autoritarias multas de Guillermo Moreno a las consultoras libera ahora a la oposición parlamentaria de seguir exhibiendo los crudos números privados.

Boudou pretendía, en este contexto, anunciar el acuerdo alcanzado por Lorenzino -a quien él mismo recomendó como ministro de Economía luego de que Cristina lo designara como su compañero de fórmula en 2011- en una conferencia en el Palacio de Hacienda, que luego fue cancelada por fallas técnicas en la conexión con Washington. Al menos esa fue la explicación oficial. Otras voces dentro del Gobierno deslizaron que Axel Kicillof y Moreno operaron al máximo nivel para darla de baja, temerosos de que Boudou vuelva a imponer su visión sobre la economía y se descarte la línea intransigente de “vivir con lo nuestro. (…").

Hugo Krasnobroda, en El Tribuno, de la ciudad de Salta, se refirió a la incomodidad que hay en la campaña de Martín Insaurralde acerca de la presencia de Boudou en el proselitismo:

"(…) El vicepresidente Amado Boudou, quien quedó a cargo del Ejecutivo, tiene una celosa custodia ministerial sobre sus actividades y se busca que su figura no despegue más de lo deseado. ¿Temen que la imagen negativa del vice contamine a los candidatos oficialistas? Eso existe, pero no es el elemento principal: lo que nadie quiere es que Boudou aproveche esta larga licencia de Cristina para instalarse políticamente ante la sociedad.

El vicepresidente Amado Boudou, quien quedó a cargo del Ejecutivo, tiene una celosa custodia ministerial sobre sus actividades y se busca que su figura no despegue más de lo deseado. ¿Temen que la imagen negativa del vice contamine a los candidatos oficialistas? Eso existe, pero no es el elemento principal: lo que nadie quiere es que Boudou aproveche esta larga licencia de Cristina para instalarse políticamente ante la sociedad.

El exministro de Economía, que esta semana sufrió varios desplantes públicos, cada vez está más solo en el Gobierno: más de la mitad del gabinete y el propio hijo de Cristina desconfían de él. Un ejemplo del raro clima interno que se vive en el Gobierno ocurrió anteayer en Tecnópolis, donde Boudou encabezó un acto por los cuatro años de la ley de medios acompañado solo por un ministro, Julio de Vido. Allí no estaban ni los militantes de La Cámpora ni los de Kolina que van a todos los actos de Cristina. Todos los presentes fueron convocados por el titular del Afsca, Martín Sabbatella.

Hubo cánticos por la Presidenta y por el exintendente de Morón, pero ninguno por el ahora jefe del Ejecutivo.

El mensaje era inocultable: Boudou, más allá del lugar de privilegio que ocupa, no tiene ningún apoyo en las bases del kirchnerismo. Parece imposible pensar que semejante puesta en escena no haya tenido la venia de alguien en el Gobierno. (…)".

Carlos Salvador La Rosa, en Los Andes, de la ciudad de Mendoza, profundizó sobre la imagen negativa de Amado Boudou, elegido por Cristina Fernández de Kirchner, compañero de binomio para demostrar que ella podía imponer a todos su voluntad:

"(…) en una oportunidad en que el indio Patoruzú fue elegido presidente del país, lo nombró a Isidoro como vicepresidente.

Pero lo que nunca planteó la historieta fue la posibilidad de que Isidoro alguna vez pudiera ser Presidente, aunque sea para suplantar transitoriamente, por la razón que fuera, a Patoruzú. Tal vez los autores no se atrevieron a tanto, ya que si como vicepresidente Isidoro no dejó macana por cometer, siendo Presidente sus locuras escaparían de todo lo imaginable, incluso en la ficción. Pues bien, como la Argentina es un país que también escapa a todo lo imaginable, es que hoy tenemos a Boudou presidente.

Si hoy se hiciera un concurso donde votaran los 40 millones de argentinos para elegir al personaje más desprestigiado e impresentable del país, Boudou encabezaría la lista por goleada, obteniendo ese récord tanto con el voto de antikirchneristas como de kirchneristas.

Y así como la fantasía no pudo no siquiera imaginar cómo sería Isidoro presidente, ahora la realidad supera a la ficción y nos muestra cómo sería tal cosa. Quizá alguna vez se escriba una nueva historieta de Isidoro inspirada en lo que hizo Amado como presidente, de modo que así como con Boudou vicepresidente la realidad copió a la historieta, ahora, con Boudou presidente, la historieta pueda copiar a la realidad.

Lo cierto es que, en lo relacionado al vice, todo empezó esta semana como en una historieta. A nuestro Isidoro lo habían mandado a que recorra el mundo como una especie de embajador itinerante a fin de que ni asome la nariz por la Argentina, ya que demasiados votos se fugaron en las PASO para que Boudou siguiera colaborando en ello. El hombre obedeció y marchó por el globo terráqueo, feliz.

Así, en el mismo y preciso momento en que todo el gabinete nacional se convulsionaba ante la enfermedad presidencial y trataba de ocultarla el mayor tiempo posible, tan bien la ocultaron que ni siquiera el vicepresidente (vale decir -por si no se ha entendido- la segunda autoridad del Poder Ejecutivo nacional) tenía la menor idea de lo que estaba pasando con su jefa. Pero como lo necesitaban, lo fueron a buscar.

Lo encontraron, justamente, cumpliendo sus tareas diplomáticas paseando en una moto con amigos brasileños y próximo a tomar un avión para irse a solazar en Cannes como representante de la cultura argentina. A partir de allí comenzó la comedia que supera la ficción.

Lo mandan afuera del país y lo encuentran paseando en moto. Le ordenan volver y lo primero que hace cuando llega a la Casa Rosada es subirse al atril de la presidenta para discursear, como si fuera Ella. Después dice que Cristina está reposando tranquila, justo en el momento que la internan para operarla, demostrando el grado de información que maneja.

Lo apartan, entonces, de la casa de gobierno y lo llevan a Córdoba donde acusa a los cordobeses del pecado de “cordobesismo” por no arrodillarse frente al gobierno nacional, en particular ante la presidenta. No satisfecho con tamaña “piantavotada” la lengua lo sigue traicionando y afirma, con Cristina en el hospital, que ella tanto como su marido se “preocupan más por el país que por su propia vida”, una de las frases más fuera de lugar de la historia de la humanidad, sólo imaginable en este fabuloso personaje de historieta que hoy está presidiendo el país.

Es que Amado debe haber visto el film “Calígula” y recordado aquella escena en la que el cruel emperador se encuentra rodeado por un grupo de obsecuentes que lo alaba y aplaude a todo trapo, hasta que el más obsecuente de todos le dice: “¡Oh, César!, hasta mi vida daría por ti”. Entonces, sin dudar ni un minuto, Calígula le responde: “La acepto” y lo manda a decapitar. (…)".

Sergio Berensztein, de la consultora Poliarquía, también escribió sobre Boudou, en su caso en el diario La Nación, de Ciudad de Buenos Aires:

"¿Qué hacer con Boudou? Esa fue la cuestión que no pudo resolver esta semana el mínimo elenco presidencial, casi más preocupado por esto que por los partes médicos que llegaban de la Fundación Favaloro. Se trata de una típica situación donde no queda claro qué es peor: esconderlo para hacer control de daño, o mostrarlo para no ceder a las inevitables críticas de los opositores y los comentarios de la prensa independiente. La receta menos adecuada es no tomar una decisión y cambiar todos los días, que es la que aplicó el Gobierno.

El manoseo al cual es sometido Boudou por el propio oficialismo es proporcional a la magnitud de la falta de criterio de Cristina al designarlo candidato a un cargo para el cual nunca debió haber sido ni siquiera considerado.

El peronismo suele ser particularmente abrasivo en estas circunstancias. Un experimentado dirigente por ahora kirchnerista describió la situación con peculiar desparpajo: "Es como un jarrón chino, no sabemos dónde ponerlo. Porque, además, es trucho y ya todo el mundo se dio cuenta".

Es de alguna manera injusto que el foco esté solamente puesto en Boudou. ¿Se trata de una excepción o, en todo caso, de un primus inter pares? Tampoco es el primer vicepresidente conflictivo, aunque nunca antes hubo indicios tan contundentes de corrupción respecto de un funcionario electo tan encumbrado, mientras cumplía aún con su mandato. Casi todos los vicepresidentes fueron parte de alguna trama conflictiva y sospechosos de conspiraciones. Casi todos fueron irrelevantes. Si ese es el común denominador, entonces el problema de fondo no es Boudou.

Más allá de los protagonistas secundarios, circunstanciales y muchas veces marginales de esta saga, es hora de focalizar en las causas y no en las consecuencias de los problemas institucionales del país.

Como ha funcionado siempre en la Argentina, el hiperpresidencialismo atrofia la democracia: impide la división de poderes, anula a los partidos, desdibuja el federalismo, le teme (y por eso intenta limitar) a la libertad de expresión. Se apropia de los recursos del Estado para despilfarrarlos con absoluta discrecionalidad en función de los caprichos del poder, incluyendo la formación de redes clientelares y la compra de voluntades de políticos opositores. Esto desdibuja y entorpece la competencia electoral dada la enorme asimetría de poder y dinero entre el gobierno y la oposición.

Un efecto colateral de este perverso mecanismo está hoy a la vista: para construir carreras políticas relevantes vale mucho más un cargo ejecutivo, aunque sea provincial o local, que una banca en el Poder Legislativo. Sin el manejo de recursos públicos es imposible instalarse en la opinión pública. El "hacedor" desplazó al "orador". La partida presupuestaria derribó a la palabra. Billetera mata galán.

El hiperpresidencialismo no sólo anula la democracia: es el principal obstáculo para el desarrollo equitativo y sustentable. Por eso renace ahora el interés de los inversores, en la Argentina y en el mundo, dado el potencial que sigue teniendo el país: la enfermedad de Cristina acelera el escenario de fin de ciclo. Se precipita la puja por la sucesión. Se pone aún más en evidencia que los pocos actores relevantes y con chances de acceder a la presidencia en 2015 implican un retorno a la racionalidad, la moderación y el sentido común.

Esa ilusión deriva de los nombres que dominan el horizonte de potenciales candidatos. Massa, Scioli, Macri, Binner, Cobos, De la Sota, Sanz o Urtubey implican un potencial de cambio muy significativo respecto del actual gobierno. Por eso los mercados se anticipan y los activos valen más. Cuanto más cerca está el final del kirchnerismo, más potencial de progreso y desarrollo presenta la Argentina.

Sin embargo, como tenemos un profundo problema institucional es imperioso debatir de forma serena y responsable cómo vamos a superar esta trampa perversa del hiperpresidencialismo. ¿Es necesaria una reforma constitucional o puede avanzarse de inmediato con mecanismos efectivos y complementarios a un cambio más de fondo? Los riesgos de no hacerlo son inconmensurables. (…)".

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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