Control, Kaos y el Círculo Rojo de Cristina y Mauricio

FERNANDO GONZALEZ Director Periodístico fgonzalez twitter @fgonzalezecc

El teorema de Cristina es simple. Cuando gana las elecciones el motor es un movimiento democrático de ciudadanos y un genuino fenómeno popular. Pero cuando pierde, el origen será siempre un golpe de estado, antigüedad institucional que el kirchnerismo rebautizó como intento destituyente. Así sucedió en el lejano 2009 y así resurge ahora el teorema del disparate permanente. Porque la cuestión se repite. En estos diez años, los Kirchner denunciaron treinta y cinco (sí, 35, leyó bien) movidas destituyentes. Y, al parecer, ninguna tuvo éxito. Porque el poder K mantiene el control absoluto del Poder Ejecutivo y también el mayoritario del Parlamento, que el miércoles votó mansamente las medias sanciones para la reapertura del canje de la deuda y la devolución de ganancias, una pequeña parte del impuesto a los salarios que pagan millones de argentinos.

Atentísima lectora de diarios, pese a las frecuentes descalificaciones que les dedica (balas de tinta es sólo la última), Cristina extrajo de las cuatro páginas del interesante reportaje que Jorge Fontevecchia le hizo el último domingo a Mauricio Macri en el Diario Perfil un concepto que el jefe de gobierno porteño tiró casi al descuido. Habló de un supuesto “círculo rojo” que, en algún momento, intentó convencerlo sin éxito de que fuera candidato a presidente en 2011. Un día después, la Presidenta y algunos de sus patéticos repetidores, tomaron la idea del círculo rojo para insistir con la versión número 35 de la fantasía golpista. Los alcahuetes de menor categoría arrojaron nombres, algunos previsibles por la previsibilidad de la liturgia kirchnerista y otros recuperados del arcón de la efervescente y dinámica historia reciente de la Argentina. Roberto Rocca, Héctor Magnetto y Jorge Brito son nombres habituales de la ficción K. Y a ellos se agregaron los de Eduardo Duhalde y Enrique “Coti” Nosiglia, a esta altura casi dos efemérides del celebrity land del poder que inmortalizó Beatriz Sarlo.

Como si hubieran vuelto los tiempos de Kaos y Control, Cristina y Mauricio se trenzaron en una alucinante discusión sobre los peligros y las potencialidades del círculo rojo. Los líderes actuales de la radiofonía argenta, Marcelo Longobardi y Jorge Lanata, se ríen todas las mañanas del vodevil criollo y los operadores técnicos seleccionan la música de El Superagente 86 como cortina de fondo. Maxwell Smart se convierte así en un protagonista inesperado de la sinfonía del país adolescente.

Ellos, Cristina y Mauricio, creen que la novela del círculo rojo los beneficia. La Presidenta intenta dejar atrás las penurias de la elección del 11 de agosto y los síntomas de agotamiento que evidencian una economía estancada, una política cambiaria nefasta, las bromas de mal gusto de cedines y supercards más un gabinete impotente para encarar cualquier reforma que encarrile medianamente las penurias de un país que se vuelve día a día más inseguro y más pobre. Y Macri celebra haber vuelto al primer plano de un debate por la Argentina que viene, del que había quedado relegado tras la irrupciones de Sergio Massa, Julio Cobos y la sorpresa de UNEN en las PASO, sumado al protagonismo electoral en busca de un destino al que apuesta el voluntarioso Daniel Scioli. Todo muy liviano. Todo muy artificial.

En realidad, todos los países tienen sus círculos rojos. Grupos de empresarios, de pensadores, de tecnócratas que suelen ejercer su influencia en las sociedades modernas para imponer sus corrientes de pensamiento o sus preferencias políticas. Pero sus esfuerzos y ansiedades son casi siempre estériles porque el círculo suele estar lejos de las mayorías que terminan eligiendo a los ídolos o a los presidentes. Ningún círculo rojo eligió a Raúl Alfonsín, ni a Carlos Menem ni a Néstor Kirchner. Ni a Gandhi, ni a Mandela ni a Perón ni a Maradona.

El problema de Cristina, y el de todos nosotros, no es el círculo rojo real o ficticio sino la brecha social que se ha ido ensanchando pese a las declamaciones estatistas y los más de 500 dólares que sigue valiendo la soja en estos tiempos afortunados. La Argentina se merece una discusión en serio sobre el futuro y no esta sitcom que agranda sin remedio las heridas de la historia reciente.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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