extendida confusión entre eso que ellos llaman ‘progresismo’ y el populismo autoritario

Izquierda, ¿qué izquierda?

22-08-13 00:00

Daniel Muchnik Periodista

Hace ya más de treinta años que desapareció la Unión Soviética o por lo menos lo que ésta representaba para un grupo humano que confiaba que un socialismo esclerosado, paralizado económicamente, ganado por la burocracia y la falta de estímulos, estaba en condiciones de salvar al mundo.

Tras la caída, cuando se cumplió inexorablemente el principio de que todo lo supuestamente ‘sólido se desvanece en el aire’, se creyó que los comunistas sectarios, los negadores de la realidad, desaparecerían definitivamente.

Salieron de escena sólo por un momento. Fueron corridos (porque nadie los quería escuchar) de aquellas naciones que estaban en la Europa Roja o sus dirigentes se transformaron en ‘demócratas’. Y regresaron quince, veinte años después, con ciertas añoranzas, pero conservando el mismo espíritu sectario y de sometimiento al autoritarismo. La misma mentalidad verticalista, porfiada, confiada en ser dueña de la verdad absoluta.

No es el caso de Cuba, donde el capricho totalitario cerrado está presente si no en varios países latinoamericanos y en algunos personajes de la actividad política del nuevo continente.
A diferencia de los comunistas, la socialdemocracia europea, una izquierda totalmente diferente, viene aceptando sus errores ( que no son pocos), siempre está dispuesta al diálogo con sus opositores y propone agendas nuevas de actividad, soluciones, alternativas. Es el caso de la socialdemocracia alemana, por ejemplo, que tiene fe en derrotar próximamente, a través de una limpia contienda electoral, a Angela Merkel, conservadora, como jefa de Gobierno.

Buena cantidad de exmilitantes comunistas argentinos ya no integran el viejo y descascarado Partido pero integran las filas del oficialismo, primero kirchnerista y luego cristinista, en algunos puestos o en la militancia. Creen que el gobierno representa las más puras tradiciones progresistas, que son los adalides de los derechos humanos, que han hecho una distribución equitativa de los ingresos, que forjaron el crecimiento, que han puesto en marcha un cambio social y económico fenomenal. No ven otra cosa.Ven fantasmas, un poco perdidos. Hechos que no existen, que no ocurrieron. No admiten contradicciones, no aceptan cuestionamientos. Son fieles adictos.

Siguen admirando a Cuba con su patética administración castrista, plena de impotencia y de fracasos, sin cambios imprescindibles durante 50 años, sin talento como para superar fracasos de arrastre, sin haber podido traer al mundo al ‘hombre nuevo’ que ellos aseguraron estar forjando. Con la clase gobernante y los turistas bien comidos mientras la mayoría de la población pasa necesidades a veces imperiosas Un régimen policial, caprichoso y arcaico.Y sin reconocer que por el narcisismo de sus dirigentes, más su soberbia incurable, inculcaron la formación de focos guerrilleros sin escape frente a Estados parapetados detrás de las armas y el Terror. Gran parte de una generación creyó que era una cuestión fácil, romántica y atrevida pretender cambiar las injusticias del mundo.

En algunos países latinoamericanos que necesitan algún ícono heroico al cual adorar, guardan admiración y amor filial por el castrismo. Uno es Ecuador, con Correa, el otro es Nicaragua con el cuestionado Daniel Ortega y el más decidido de todos, Venezuela, donde se pretende seguir con las veleidades de Chávez.

No faltan otros que no ocultan, abiertamente, cáñidas y sostenidas simpatías con la isla como, Bolivia y la Argentina. Todos se consideran ‘países donde el socialismo está vigente’, donde el ‘pensamiento de izquierda pergeña el presente y un futuro promisorio’. Indudablemente tienen una extendida confusión entre eso que ellos llaman ‘progresismo’ y el populismo autoritario, discriminatorio e injusto que ellos practican. Y que vulnera los más elementales principios de la democracia. Mejor dicho: no les importa la democracia, tal como se la concibe en textos y como forma de poder.

No faltan argentinos, autodefinidos como marxistas, pero plegados al populismo extremo, que siguen haciendo peregrinaje a Venezuela, visitan la tumba de Chávez y le rinden honores. Y en rueda de conocidos o en notas periodísticas aceptan a pie juntillas y con odio la hipótesis del presidente Maduro de que un ‘envenenamiento’ practicado por ‘cipayos imperialistas’ fue lo que mató a su líder. Caracas sigue oficiando de La Meca.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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