EL “MAL PASO” DE CFK

La clase media acelera la deKadencia: El Fin del ‘modelo’

La clase media pauta tendencias socio-culturales-económicas con expresión política. Y la clase media ha tomado distancia de Cristina Fernández de Kirchner, del Frente para la Victoria y del kirchnerismo en cualquiera de sus versiones (la ‘nestorista’ o la ‘cristinista’). Eso tiene consecuencias electorales. Viejo ‘lobo de mar’ en las lides políticas, el autor (seudónimo de un catedrático, consultor y también veterano de los medios), escribió lo siguiente:

20/08/2013| 10:25

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14/08/2013: Cristina Fernandez de Kirchner en Tecnopolis, proponiendo jugar contra los titulares y no los suplentes. (?). FOTO NA / DANIEL VIDES

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por ALPHONSE DE LUXEMBURGO

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). El “ensayo general” de votación que configuraron las internas abiertas, que derivó en el “mal PASO” de CFK, decantó algunas corroboraciones políticas significativas y el reposicionamiento posterior de los contendientes posibilita hacer avizorar el desenlace que representarán en octubre los comicios de medio turno, así como el devenir hasta el 2015.

Tal como se adelantó en este mismo espacio, ya desde noviembre de 2012, cuando se realizaron las primeras multitudinarias manifestaciones opositoras contra el gobierno pero sin banderías políticas, se estableció la firme constatación de que la clase media, a la que CFK había embaucado para ganar las elecciones de 2011 con el 54 % de los votos (hay que recordar que durante la campaña, adoptó una actitud conciliadora y casi humilde que, tras vencer en las urnas, dejó de lado para asumir una postura de arrogancia, voluntarismo e intolerancia, consagrando un régimen cesarista-bonapartista), había resuelto, en forma inédita, hacerle saber que le había retirado el apoyo concedido temporariamente en aquellos comicios.

Esa expresión masiva, pero apartidaria, reflejaba claramente el alejamiento de la clase media y, se subrayó aquí, "ningún partido político en la Argentina puede ganar elecciones sin su apoyo, un sector que no está encuadrado en ningún partido político (y por eso la dirigencia política oscila entre su adulación, con fines proseletistas, y la denostación)". Tales tumultuosas y pacíficas manifestaciones anunciaban el principio del fin aunque la mayoría de los analistas, quizás al no poder tipificarlas, tendían a subestimarlas.

La implosión

Sin embargo, la defección de la clase media, sin cuyo respaldo al menos tácito no hay gobernabilidad realmente plasmable, se debió menos al cambio negativo de 2011 de CFK que a la combinación de otros factores, en el que el capítulo económico (la inflación o sea el empobrecimiento cada vez más notorio, la escasez de nuevos empleos, menos horizonte por falta de inversión, etcétera) fue crucial pero junto con la inseguridad, sin duda. Un apunte sociológico: al nacionalismo argentino clásico sólo se lo puede comprender bajo el prisma de su necesidad imperiosa de ser validado desde el exterior, a lo que el aislacionamiento retrógrado del cristinismo-kirchnerismo se contrapuso e impidió, generando una frustración social.

Lo cierto es que, la deKadencia irremisible emprendida desde 2011, tras adjudicarse CFK un 2do. mandato, tuvo en las PASO una encuesta premonitoria pero que hace prever la implosión –otro fenómeno previsto desde estas páginas- del esquema político surgido en 2003, al que parece regresar medido en porcentaje de apoyo: en aquel entonces, Néstor Kirchner obtuvo un magro 22,24 % de los votos (Carlos Menem, a pesar de su 24,3 %, le facilitó alcanzar la Presidencia a NK al no presentarse a la 2da. vuelta), mientras que ahora CFK vuelve a aproximarse a ese nivel de votos con su disminuido 26,31%, casi 30 puntos porcentuales menos que hace menos de dos años.

Por añadidura, la debacle de votos de CFK borró los fundamentos de su prepotente modelo de gobierno derivado, según planteó, del plebiscitario 54% con el que arribó a su 2do. mandato presidencial. Su argumento se convirtió, entonces, en un bumerán político, que desnuda la concepción tiránica de su perfil gubernamental.

En otros términos, la idionsincracia del poder de Néstor Kirchner, estructurada sobre el enfoque avasallante, furioso, terco, obsesivo, rupturista, ultra pragmático (no dudó en coquetear con las expresiones de izquierda mientras concertaba con el sindicalismo ortodoxo, el peronismo clásico y el empresariado) pero al final de cuentas negociador de última instancia, mutó en CFK –sin experiencia en dirección ejecutiva- en la credulidad en la alianza con sectores de izquierda y del nacionalismo más pasado de moda a los que reinvindicó, dinamitó todos los acuerdos con el sindicalismo, el peronismo y el empresariado, ahondando además el aislamiento geopolítico del país.

En ese contexto, a CFK ya no le queda más retaguardia que sumergirse en los reducidos grupúsculos que le responden con fanática lealtad, quebrando los vínculos con el poder real (vuelve a su sueño adolescente no concretado por nunca haber sido militante ni de los derechos humanos ni de las expresiones menos teóricas del montonerismo setentista) y así autoinmolando su ambición de poder, bajo la desconfianza in extremis.

La negación

La reacción posterior de CFK, tras haber sido ostensiblemente derrotada en unas elecciones primarias en las que ella misma se puso como estandarte, fue de negación, encubriendo la derrota en un festejo pueril y un fraudulento triunfalismo.

Aunque la apelación a la psicología para explicar desarrollos sociales (a pesar de algunas analogías y ciertos paralelismos) es un recurso epistemológico inaplicable, la focalización personalista extrema del proceso político kirchnerista-cristinista –un reflejo de cualquier otro régimen nazi-fascista- permite el ejercicio, en línea con el diagnóstico del síndrome de Hubris que efectuó el doctor Nelson Castro, para encontrar elementos de análisis.

Sigmund Freud, en 1925, estableció el proceso de la negación, cuyas definiciones hoy, en la Argentina, adquieren una sorprendente vigencia: “El contenido de una imagen o un pensamiento reprimidos pueden pues abrirse paso hasta la conciencia, bajo la condición de ser negados. La negación es una forma de percatación de lo reprimido; en realidad, supone ya un alzamiento de la represión, aunque no, desde luego, una aceptación de lo reprimido. Vemos cómo la función intelectual se separa en este punto del proceso afectivo. Con ayuda de la negación se anula una de las consecuencias del proceso represivo: la de que su contenido de representación no logre acceso a la conciencia. De lo cual resulta una especie de aceptación intelectual de lo reprimido, en tanto que subsiste aún lo esencial de la represión.”

La conspiración

De tal manera, tanto las expresiones violentas, intolerantes y políticamente suicidas de CFK, tras las elecciones primarias (“El odio es la furia de los débiles”, evaluaba Alphonse Daudet), y las de su séquito de seguidores más fanatizados (La Cámpora, Moreno, Kiciloff, Kunkel, Parrilli, Larroque, Conti y otros) contribuyen, curiosamente, en forma decisiva a condensar en los candidatos de alternativa tanto el caudal eleccionario residual de los partidos que no alcanzaron a superar el límite para acceder a competir en octubre como el voto de rechazo a las políticas del Gobierno, acicateado precisamente por funcionarios que se resisten a modificarlas (en realidad, por mandato de CFK) cuando la votación las ha impugnado, así como fomentar en las opciones opositoras el “voto útil” (la polarización, impulsada por los referentes oficialistas, termina por recrudecer el vuelco a los candidatos mejor posicionados para derrotar al cristinismo en retirada). Las encuestas posteriores a las primarias convalidan esa articulación.

En rigor, cuando los gobiernos insisten en sus viejas recetas de gobierno, cuando el resto de las condiciones generales se ha deteriorado, fabrican su propia inmolación, tal como les sucedió a Alfonsín, Menem y De la Rúa.

Asimismo, cualquier manifestación contraria al oficialismo, cuando ponen énfasis en la corrupción (otro factor que inclinó la balanza en las primarias ya que “la experiencia de los siglos prueba que el lujo anuncia la decadencia de los imperios”, decía Francis Bacon), o en la eventual incapacidad directiva de CFK (síndrome de Hubris) desencadena en sus portavoces la acusación y la advertencia de que se ejercen actitudes destituyentes que persiguen generar la atmósfera para un “golpe institucional”. No obstante, en la pérdida de votos del oficialismo son gravitantes los errores de política económica de Guillermo Moreno y Axel Kiciloff, las denuncias de corrupción contra Amado Boudou y Lázaro Báez, el anuncio de eternidad de CFK que suele proferir Diana Conti, etcétera.

En rigor, los principales desestabilizadores del gobierno (los gestores del “golpe institucional”) son sus principales aduladores, quienes lo conducen a un colapso contra el iceberg.

Como consecuencia, el mayor aferramiento a políticas gubernamentales que han perdido el respaldo de los votos conduce, irremisiblemente, a un acortamiento de los plazos de gobernabilidad por cuanto la catástrofe económica, autoinfligida por errores de conducción garrafales, comienza a percibirse como más próxima, generando en los actores económicos la toma de posiciones preventivas. Éstas no hacen más que acelerar aún más los tiempos del proceso implosionador.

Un par de pruebas de que la creciente pérdida de respaldo político empuja al fracaso a algunas controvertidas medidas de gobierno, lo conforman el languidecimiento sin éxito del control de precios y el derrumbe del blanqueo de capitales, que por efecto de este último CFK y Moreno aspiran a extorsionar en directo, el miércoles 21/08 en Río Gallegos, a los empresarios para obtener con el título público BAADE, no ya los míticos US$ 4.000 millones, sino sólo desesperadamente una cuarta parte de eso.

Pérdido el superávit fiscal (principalmente a manos de una creciente importación de combustibles y gasto público desbordado) y sin perspectivas de acceder a financiamiento externo, el último recurso parece consistir en presionar a los sectores del empresariado que aún conservan crédito privado externo.

En ese contexto, el “golpe institucional” de los aduladores kirchneristas está en marcha contra su propio Gobierno, el que será más rápido cuanto más apego tengan a las políticas que las llevan a su propio cadalso.

En esas circunstancias, puede vislumbrarse que el único beneficiado, parcialmente, por esa debacle sería Daniel Scioli, quien sólo así podría acceder, aunque provisoriamente, a la presidencia para procurar reciclarse políticamente para presentarse como legítimo candidato en 2015.

Epílogo

Imposibilitados de perpetuarse en un nuevo mandato presidencial por sí (recuérdese que el plan de los Kirchner era sucederse a sí mismos continuamente), para expandir las bóvedas de la empresa familiar sostenida sobre la base del ejercicio dictatorial de la política, e incapaces de resolver la continuidad a través de herederos de apellido diferente al de la fracasada dinastía, debido tanto a la ultrapersonalización del gobierno como a la desconfianza patológica hacia cualquier adláter que pueda alcanzar promisorios niveles de aceptación popular (Scioli es el caso paradigmático), los devotos sólo parecen hundir más el barco con sus contradicciones flagrantes, detonadas porque ostensiblemente el cristinismo-kirchnerismo se debate en su desmoronamiento, encaminado ya hacia su extinción.

Todos los regímenes y las experiencias políticas desnudan su decadencia cuando las contradicciones propias culminan por corroer pública e impúdicamente, a la vista de sus consternados seguidores de otrora, las bases del discurso (el “relato”, según la jerga de hoy en día), exponiendo la fragilidad de objetivos y concepciones ideológicas, para dejar al descubierto la verdadera meta de enriquecimiento y poder perenne (los “mil años” del régimen hitleriano, por ejemplo).

Por tanto, son las contradicciones, cada vez más ostentosas y graves, las que determinan la implosión de la estructura política en que la que se asientan tales aventuras y fantasías. Y eso se traduce en que las heterogéneas escuadras, antes constituyentes de una amalgama política variopinta, comienzan el éxodo, abandonando el espacio que reunió expresiones antitéticas e ideológicamente antagónicas.

El cristinismo-kirchnerismo es, en la actualidad, la expresión más transparente de ese fenómeno.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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