Cómplices que callan mientras se pierde el rumbo

La situación judicial de Jaime
Domingo 21 de julio de 2013 | Publicado en edición impresa

Por Jorge Fernández Díaz | LA NACION

A los militantes activos y a los durmientes, a los intelectuales orgánicos, a los actores y actrices, a los artistas de variedades del Frente para la Victoria la lluvia nunca los moja. Bajo el paraguas de la palabra "rumbo", ellos atraviesan la tormenta sin que los salpiquen ni conmuevan los actos de corrupción, las medidas torpes y autoritarias, los yerros económicos, la traición de algunos ideales, las incoherencias y las chapucerías. "Ya sé que últimamente no pegamos una, pero yo defiendo el rumbo político del proyecto", dicen en voz baja los más autocríticos. El resto ni siquiera oye la lluvia. Ya lo dijo Borges: la lluvia sólo ocurre en el pasado.

En el peronismo, en el estalinismo y en otros movimientos autopercibidos como fundacionales y totalizantes ha sido tradicional la digestión a mansalva de sapos. En nombre del proyecto, bajo una excusa denominada "razón de Estado", los militantes de la causa (cualquiera que ella sea) estuvieron muchas veces dispuestos a hacer la vista gorda frente a los desatinos, a festejar los errores, a cerrar filas ante la aberración y a justificar públicamente lo injustificable. El kirchnerismo no escapa a esa lógica. Lo novedoso, sin embargo, es que últimamente el paraguas amenaza con volverse un colador. Por la simple razón de que el rumbo se ha perdido.

Recordemos una vez más cuál era el rumbo: dólar competitivo, superávits gemelos, economía sana sin inflación, crecimiento sostenido del empleo y disminución de la desigualdad; cohesión y coordinación con la "columna vertebral del movimiento", independencia judicial, lucha contra la corrupción y el lavado, y una política exterior que diferenciara sutilmente a la Argentina de Venezuela y que rechazara cualquier contubernio con Estados sospechados de practicar el terrorismo internacional.

Como se sabe, aquel conjunto de ideas, que intentaba alejarse de la prehistoria feudal santracruceña, fue derrumbándose a medida que los genes políticos y la farra populista le ganaron la pulseada al país racional. No sólo fue una derrota del kirchnerismo; en parte lo fue también de la sociedad argentina. Que resultó cómplice por voto, obra u omisión. El modelo, tal y como fue concebido, no existe más. Y en su lugar campea un show serial de improvisación exótica.

A veces me pregunto qué sucedería si pudiéramos viajar en la máquina del tiempo de Wells y lográramos contarles a los Kirchner de aquella etapa los estragos que se han producido en ésta. Sería fácil imaginar el miedo y la repulsa que les provocarían el blanqueo de dinero, la altísima inflación, el cepo al dólar, la dramática caída de las reservas, la parálisis de la industria, la ruptura con la Unión Europea y el acuerdo con Irán. No se reconocerían en ese insólito país del futuro que ellos luego construyeron ladrillo a ladrillo como quien construye sin saberlo su propia cárcel.

Esta semana colocó las cosas en un límite. Nunca antes los kirchneristas habían practicado con tanta vehemencia el menemismo.

Ricardo Jaime, patrocinado por el abogado de Roberto Viola, primo ético y estético de los 90 e íntimo de Néstor, entró en la clandestinidad, fue protegido por el aparato estatal y salvado provisoriamente por la justicia divina. Ningún dirigente importante del kirchnerismo le pidió públicamente que se entregara, ni lo repudió: Jaime es inocente hasta que Cristina diga lo contrario. Y eso ocurrirá solo cuando él ya no pueda dañarla, o cuando no logren controlar su verborragia. El Frente para la Victoria venía a terminar con estos personajes, y no hizo más que volverlos millonarios. ¿Se acuerdan de cuando luchaban contra ellos? ¿Se acuerdan, compañeros, almas bellas y progres, que esa lucha tenía un sentido?

Un silencio complaciente rodeó también la llegada de César Milani a la jefatura del Ejército. No sólo se aceptó mansamente que un hombre de Inteligencia ocupara ese cargo, sino que se habilitó desde el progresismo oficial que los militares se inmiscuyeran en la vida civil de los argentinos. Ésa es la intención de fondo del nuevo caudillo de las Fuerzas Armadas. El cenit, sin embargo, fue la indiferencia que los neosetentistas demostraron frente a las fuertes sospechas de que el hombre elegido por la Presidenta, el representante del flamante "ejército nacional y popular", haya participado del aparato de represión ilegal de la dictadura. ¿No les produce un cierto escozor? ¿No les parece paradójico que quienes bajaron el cuadro de Videla terminen apostando por construir una nueva casta militar de dudoso origen?

Y, finalmente, en este vibrante déjà- vu noventista, llegó Chevron. El Gobierno que lucha dialécticamente contra las corporaciones mientras se asocia con ellas renacionalizó el petróleo al son de Scalabrini Ortiz. Que se revuelve en su tumba. El kirchnerismo había votado a favor de la privatización, en la era Menem, y más tarde hizo todo lo posible desde el poder para destruir la autonomía hidrocarburífera. Y lo consiguió, vaya si lo hizo. Pero esos detalles sin relevancia no les mueven un pelo a los creyentes. Tampoco la película tragicómica que pusieron a continuación, y que consistió en quitarle a Repsol sus privilegios, tirarla por la ventana, orinarse en Europa, sentarse a esperar la avalancha de inversores, fracasar en el intento, buscar con desesperación otra empresa aunque esté seriamente cuestionada, otorgarle más prebendas que a la anterior y celebrar a Mosconi. Que también se revuelve en su tumba.

Ante el seguidismo acrítico de los intelectuales del poder, hubo varias respuestas. La más destacada fue acaso la de Plataforma 2012, un grupo de pensadores encabezados por Beatriz Sarlo, Roberto Gargarella, Diana Kordon y Maristella Svampa. Calificaron tamaña operación de "una entrega llave en mano" y "una verdadera estafa". Axel Kicillof disparó con el inconsciente a flor de piel: "Pasamos de chavistas a vendepatrias en un día". La Presidenta se quejó: "Nos decían que no traíamos inversiones extranjeras. Se parecen a la gata Flora". Ambos hablaban para la tropa, pero se defendían con mala fe. Solo un país serio puede atraer inversiones serias, razonables, sin contratos leoninos de por medio. Un país bananero, en cambio, tiene que pagar con claudicaciones. Si Menem, Macri o Massa hubieran cerrado este fabuloso negocio para Chevron los militantes activos y los durmientes, los intelectuales orgánicos, los actores y actrices, los artistas de variedades del Frente para la Victoria, el profesor Kicillof y la propia Cristina Kirchner estarían repudiando su cipayismo e inoperancia.

Estos casos se suman a otros igualmente desdichados: desde hace dos años el Gobierno no ha hecho otra cosa que infligirse a sí mismo fuertes dolores de cabeza. La cadena de traspiés políticos y gestionarios es increíble y pone de manifiesto que el mismo sistema de toma de decisiones parece estar en crisis. Sin entrar a discutir la ideología ni las metas, un gobierno nacional y popular podría gobernar de otra manera. Tal vez lo haría mejor sin la baba de los fanáticos o la sordera de los simpatizantes: alguien del propio huerto podría de vez en cuando tener la valentía y la honestidad de dar un paso al frente y señalar las impericias del piloto. Lo estarían ayudando mucho, porque el problema se encuentra en la cabina. Ningún factor de poder, ningún dirigente de la oposición, ningún periodista o pensador le hace más daño al avión que quien lo comanda en soledad absoluta..

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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