Viaje al pasado. Los años ’70 vuelven una y otra vez en el relato oficialista, que manipula la historia para sa car réditos políticos.

La máquina del tiempo de K

Por James Neilsonnielson.jpg

te.jpg Ilustración: Pablo Temes

Que Cristina Fernández de Kirchner y su marido sientan una nostalgia irresistible por el mundo de cuarenta años atrás no es ningún secreto. Para frustración de quienes quisieran que se preocuparan más por los muchos problemas actuales que aquejan al país que por lo que sucedió o, en su opinión, debió haber sucedido en aquellos días cada vez más lejanos, se niegan a abandonarlo. Si fueran historiadores o novelistas, la terquedad con la que los santacruceños memoriosos se aferran a la Argentina dostoyevskiana de su juventud estudiantil no importaría demasiado, pero por tratarse de la presidenta de la República y del hombre fuerte del Gobierno que ella formalmente encabeza, su manía setentista, una folie à deux que con toda seguridad mantendrá ocupados por mucho tiempo a legiones de psiquiatras deseosos de explicar el porqué del fenómeno, está causando estragos al país.

Podría ser peor –hay miles, acaso centenares de miles, de musulmanes que quieren regresar al siglo VII masacrando a quienes se resisten a acompañarlos en el viaje–, pero el que en otras latitudes la voluntad de retroceder en el tiempo sea aún mayor de lo que es en la Casa Rosada, Olivos y El Calafate, dista de ser un consuelo. Si la Argentina tiene que aprobar todas las asignaturas supuestamente pendientes que le quedan antes de ponerse en marcha, nunca avanzará más allá del lugar poco satisfactorio en que se encuentra.

Cristina y Néstor Kirchner están tan resueltos a reivindicar su propia interpretación de su década favorita que no reparan en los eventuales costos políticos o económicos de sus esfuerzos por ubicar absolutamente todo cuanto ocurre en el penosamente anticuado mapa ideológico que les sirve de guía. Cuando los chacareros protestaban contra las retenciones, vieron acercarse una horda de estancieros riquísimos respaldados por militares golpistas con sus tanques y sus implementos de tortura; puesto que lo que vio la gente fue muy diferente, la retórica de Cristina pareció grotesca y la popularidad de la pareja se desplomó.

¿Aprendieron algo de aquella experiencia? Desde luego que no. Como suele suceder cuando los provistos de lentes ideológicos que les permitían identificar la verdad verdadera chocan contra un obstáculo, atribuyeron la reacción ciudadana a la incapacidad de los mal informados para entender lo que pasaba en el país. Una vez aclarado este detalle, entendieron que era su deber patriótico liberar al pueblo de la tiranía de quienes lo engañaban difundiendo relatos falsos de toda falsedad, de ahí la guerra que han declarado contra “el monopolio” Clarín de Héctor Magnetto y La Nación.

En la Argentina de cuarenta años atrás, el país de los Kirchner, los militares y los montoneros, erpistas y otros que se suponían revolucionarios tenían mucho en común. No fueron “dos demonios” sino manifestaciones terrenales de uno solo. Entre otras cosas, compartían la convicción de que, como señalaba Mao, el poder nace de la boca del fusil y que, para citar un dicho que solía repetir Stalin, para hacer una buena tortilla hay que romper muchos huevos. No sorprende, pues, que Cristina y Néstor, lo mismo que el difunto general Ramón Camps y sus laderos, se las hayan ingeniado para convencerse de que la clave de virtualmente todo está en el “caso Graiver”. Dichos militares parecían creerse frente a una alianza nefasta judeo-bolchevique-mediática urdida por el Magnetto de aquel entonces, Jacobo Timerman, y que si lograran destaparla se explicaría por fin la tremenda crisis que estaba devorando el país. Huelga decir que la paranoia de Camps y compañía tuvo consecuencias devastadoras para muchas personas. Puede que para los Kirchner, el significado del “caso Graiver” sea otro, pero es llamativo que sientan la misma fascinación por un asunto que durante meses fue tomado por una bomba que, al estallar, modificaría radicalmente el panorama político hasta que, por fin, los “investigadores” castrenses y policíacos se dieron cuenta de que les sería inútil seguir intentando aprovecharlo.

Desgraciadamente para los Kirchner, sus propios esfuerzos por sacar beneficios del “caso Graiver” parecen destinados a ser igualmente infructuosos. Hasta que distintos miembros de la familia se encargaron de recordarnos algunos hechos que son de dominio público desde hace muchos años, creían que les serviría para probar la existencia de una alianza nefasta neoliberal-oligárquico-mediática liderada por Magnetto y Bartolomé Mitre que, con la ayuda de torturadores, se habían apropiado de las acciones de Papel Prensa de los Graiver, lo que los ayudó a fortalecer el imperio periodístico que, muchos años después, se permitiría criticar a un gobierno popular decidido a liberar al pueblo de lo que Néstor Kirchner llama una “dictadura mediática”, una que, en un arranque de malignidad apenas concebible, se ha puesto a cuestionar la versión ya oficial de la década que la pareja cree suya.

Y en efecto, últimamente se ha comenzado a prestar más atención a los decididos a mencionar que en aquellos años los Kirchner no eran combatientes heroicos sino buenos burgueses que privilegiaban su propio bienestar y por lo tanto cortaron sus conexiones, las que de todos modos eran meramente casuales, con los sospechosos de albergar ideas subversivas. Y, como acaba de señalar el radical Federico Storani, a diferencia de políticos como Raúl Alfonsín, Cristina y Néstor no aportaron nada a la lucha contra la barbarie represiva y, a pesar de ser abogados, nunca manifestaron interés alguno en los derechos humanos. Ni siquiera procuraron defender su autorrespeto alejándose de cualquier manifestación del régimen; por el contrario, congeniaron con las autoridades militares y se dedicaron a hacer dinero utilizando métodos que, según las pautas progresistas, eran deleznables.

De ser cuestión de ciudadanos comunes, criticar a los Kirchner por su conducta complaciente en “los años de plomo” podría considerarse injusto, ya que en marzo de 1976 el golpe fue recibido con alivio por la mayoría, incluyendo a muchos que antes habían aplaudido a los Montoneros por sus hazañas sanguinarias, y con escasas excepciones los habitantes del país siguieron viviendo de manera más o menos normal. Andando el tiempo, la dictadura se vería repudiada, primero porque no logró enderezar la economía y más tarde por perder la guerra de las Malvinas. La indignación colectiva por la violación sistemática de los derechos humanos vendría después. ¿Es que nadie se había enterado antes de lo que hacían los guerreros sucios militares? Es lo que a muchos les gustaría creer, pero la realidad es que muy pocos querían pensar en cosas tan feas.

Los Kirchner no son ciudadanos comunes. Son gobernantes que por algunos años disponían de un grado de poder que sus rivales denunciarían por hegemónico. De haberse animado a someterse a un examen de conciencia honesto, hubieran comprendido que es hipócrita atribuir el desprecio por los derechos humanos a sectores sociales o ideológicos determinados porque en los años setenta imperaba la lógica del paredón que reivindicaban tanto los “amigos del Proceso” como sus enemigos armados. Pero por motivos que podrían calificarse de pragmáticos, en el 2003 Néstor Kirchner y su esposa optaron por reinventarse, transformándose en paladines de una causa que, por fortuna, se había puesto de moda no sólo aquí sino también en el resto del mundo occidental. Será por esta razón que, con el propósito presunto de dar cierta coherencia a su propia trayectoria para que encajara en el “relato”, se han esforzado tanto por recrear en su imaginación los años setenta y en tratar a sus adversarios como si ellos también representaran papeles en el drama trágico que tuvo al país por escenario.

En comparación con la Segunda Guerra Mundial, la “guerra sucia” librada por las fuerzas armadas contra un conjunto abigarrado de movimientos mesiánicos fue un episodio decididamente menor, pero en 1975 el grueso de los europeos, norteamericanos y japoneses ya había dejado atrás el odio que habían sentido antes de que terminara para concentrarse en temas más inmediatos. Los únicos que se negaban a olvidar que no sólo los criminales nazis y nipones más notorios habían perpetrado delitos horrendos de lesa humanidad eran extremistas de izquierda o derecha que precisaban pretextos para felicitarse por su propia superioridad moral y hablar pestes de quienes no compartían sus sentimientos vengativos, pero la mayoría comprendía muy bien lo peligroso que sería continuar reabriendo viejas heridas. Fue de resultas del consenso de que era necesario dar borrón y cuenta nueva para no recaer en los errores del pasado que los países del Primer Mundo pudieron disfrutar de medio siglo de progreso económico y político sin precedentes en la historia del género humano. En cambio, la Argentina, prisionera eterna de la nostalgia que tantos sienten por alguna que otra bella época irremediablemente ida, y al parecer condenada a reeditar una y otra vez las mismas batallas ideológicas sin que sirvan para resolver nada, se ha estancado tanto que en la actualidad millones son más pobres de lo que eran sus abuelos o bisabuelos. Tal y como están las cosas, todo hace prever que, merced a los Kirchner y sus partidarios más vehementes, el país continuará dando vueltas en círculos, como un perro que persigue a su propia cola, por mucho tiempo más.

Marcelo Larraquy: “Osvaldo Papaleo era uno de los brazos políticos de la Triple A”

El periodista e historiador, autor del libro López Rega, explicó el rol que cumplió el flamante ultrakirchnerista en la década del ’70, antes del Golpe. Escúchelo.

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01.09.2010 | 17:35

Marcelo Larraquy: "Papaleo era del brazo armado de la Triple A" | Fuente:"El club de la tarde" – Radio Mitre AM 790

Con el tema de Papel Prensa en la prioridad de la agenda del Gobierno, el nombre de Osvaldo Papaleo, el hermano de Lidia, la viuda de Graiver, genera hoy una contradicción en el seno del kirchnerismo. Es que el ex secretario de Prensa de Perón es sindicado como uno de los representantes del peronismo de derecha en la década del ’70, facción que no concuerda con la militancia de izquierda peronista con la que comulgan muchos funcionarios K.

Para traer luz a la cuestión, el periodista Ernesto Tenembaum consultó al historiador (y también periodista) Marcelo Larraquy quien sentenció: "Osvaldo Papaleo era uno de los brazos políticos de la Triple A”, por lo que presentarlo ahora como un ‘compañero’ "es un esfuerzo inmenso, dado los antecedentes de lopezreguismo”, señaló a radio Mitre el autor del libro de investigación Lopez Rega, el peronismo y la Triple A.

El historiador señaló que Papaleo estuvo en el Gobierno de Perón cuando se estatizaron los canales de televisión, 15 días después de la muerte de Perón, en 1974, época en la que “se entraba a los canales a punta de pistola”. “Cuando los representantes legales iban a hacer la denuncia los atendía el comisario Villar, uno de los jefes de la Triple A, que los echaba. Era el auge de la Triple A, en el que hubo 200 muertos entre julio y agosto”, relató.

“Papaleo era gerente artístico de Canal 7, donde levanta el magazine ‘Buenas tardes, muchos gusto’, incluso levantan el programa de Mirtha Legrand, que habla con Isabelita pero no logra que vuelva al aire”, explicó Larraquy. “Por la idea de censura y control de López Rega, también levantan el festival de Cosquín por ser representante del cancionario marxista: la censura y persecución es letal y Papaleo estaba inmerso como gerente artístico e interventor de otros canales”.

El periodista señaló que luego Papaleo heredó el cargo de secretario de Prensa, a través del cual cierra La Opinión de Jacobo Timerman. “Papaleo acusa de golpista a La Opinion de Timerman y la cierra. Héctor [hijo de Jacobo y actual Canciller] saca en reemplazo el diario La Tarde, en apoyo al golpe de Estado. Papaleo va preso y es torturado. Y el propio Jacobo es torturado por bandas militares de Suárez Mason y Camps”, describió. “Presentar (hoy) a Osvaldo Papaleo como un militante y compañero es muy impresionante”, concluyó.

A ese punto de la conversación, el Tenembaun realizó una aclaración. “El Gobierno hace toda una cuestión sobre quién se sienta al lado de quién. Es muy difícil encontrar gente que esté más a la derecha que la que se sienta con el Gobierno, como Moreno, Moyano y Papaleo”, dijo. Larraquy manifestó comprender los casos de Boudou -educado bajo el neoliberalismo-, o Moyano -por una cuestión de pragmatismo-, pero lo de Papaleo le parece, expresó, inexplicable. “Cuando hay olor a Triple A…”, soltó.

No es el único punto polémico en medio de la denuncia que encabeza el Gobierno nacional en contra de los accionistas privados de Papel Prensa. La revista Noticias publicó en su última edición la feroz pelea en 1976 entre Lidia Papaleo y Jacobo Timerman por las acciones de la papelera; y el hijo de Tato Bores relató cómo Osvaldo Papaleo censuró a su padre cuando éste era secretario de Prensa y Difusión del gobierno de Isabel Perón. Tampoco se desconoce el manejo de los fondos de Montoneros que realizaban los Graiver: en 1974, la guerrilla peronista le había entregado al banquero 17 millones de dólares, una parte del botín que había obtenido por el rescate de los hermanos Born.

Juan Gasparini: "Los Graiver quisieron negociar con la dictadura"

En una entrevista con Noticias, el autor de la biografía del banquero que fue dueño de Papel Prensa respaldó el informe del Gobierno pero cuestionó a Lidia Papaleo.

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20.09.2010 | 14:49

Versión K. Gasparini dice que la dictadura hizo las cosas con astucia.

Versión K. Gasparini dice que la dictadura hizo las cosas con astucia. | Foto: Cedoc

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Juan Gasparini, el periodista que más conoce sobre la historia de los Graiver, escribió hace dos décadas David Graiver, el banquero de los Montoneros, que hoy fue reeditado en el marco del conflicto sobre Papel Prensa. De regreso en el país para presentar el libro, Gasparini habló con la revista Noticias, respaldó al Gobierno, pero cuestionó a los Papaleo.

Noticias: ¿Conoció personalmente a David Graiver?

Gasparini: Teníamos amigos comunes como el grupo de pintores de La Plata "SI". Eramos "pincharratas" los dos. A mí me fascinaba que un banquero como él se interesara por la guerrilla. Además había tenido un problema muy serio cuando un grupo armado (FAL) secuestró a Isidoro Graiver en 1972. Ahora lo puedo decir porque ya falleció: la persona que dirigió la operación del secuestro de Isidoro fue Marcelino "Cacho" Vázquez, que después fue dueño del Club del Vino.

Noticias: Usted dice que Lidia Papaleo era una persona clave para la estrategia de Graiver.

Gasparini: Ella era la psicóloga del grupo Stivel, de Federico Lupi, de Marilina Ross. Graiver tenía una gran ascendencia sobre ella y la consultaba sobre los perfiles de la gente con la cual él tenía problemas de poder. Ella estaba al corriente de todos los pasos de su marido. En mi libro, sostengo que hubo una inversión de la jefatura de Montoneros en el Grupo Graiver de casi 17 millones de dólares, consentida por la viuda porque es a través de ella que la guerrilla se conecta con David. El primer marido de Lidia, Enriqeu "Jarito" Walker, fue el fundador de la revista Gente que después organizó toda la prensa de Montoneros. Que ahora la viuda venga a decir que ella no sabía es insólito. La inversión más importante que hace Graiver en la Argentina es Papel Prensa. Pone las acciones a nombre de un testaferro de absoluta confianza y de ella como presidenta de la Galería Da Vinci.

Gasparini defiende el informe del Gobierno sobre Papel Prensa. Dice que "lo que ha hecho el Gobierno me parece muy bien. El traspaso de Papel Prensa desde los Graiver a los diarios se hizo en tres etapas. La primera fue cuando mataron al jefe. Yo sostengo que a David Graiver lo asesinaron. La operación fue un regalo de la dictadura porque el Estado quería tener diarios dóciles. Los diarios la compraron con créditos oficiales. ¡No pusieron un mango!".

Lea la nota completa en la última edición de la Revista Noticias.

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Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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