El imperio de la ira y la destitución

A 80 DIAS, EL NOVELON POLITICO CONTINUA

Los virajes discursivos del Gobierno contradicen a su tropa. Pampuro, osó: “Ceder no es perder”; y ya cobra por ventanilla por ser conciliador.

Ver Comentarios (8)

Por Roberto García | 05.03.2010 | 23:09

Inevitable novelón, serial, de abultado rating, con estrellas a punto de perecer en cada capítulo. Y que se recuperan, naturalmente, en el siguiente. Una historia de nunca acabar que, iniciada hace 80 días (con la “necesaria y urgente”, también malhadada, transferencia de reservas del Banco Central al Tesoro), ahora su vórtice empezó a desatarse según la medición de un termometro a punto de explotar por el calor. Justo cuando comienza el otoño. Una contradicción, de las tantas a mencionar. Ejemplos:

El Gobierno ahora jura inmolarse por el buen comportamiento de los mercados –convertidos ya en una sacra biblia oficial–, cuando durante años se aburrió de burlarse de esa opinión falseando estadísticas (¿o no les mintieron a los poseedores de títulos con la variable del costo de vida conculcada por el INDEC?).

Convoca a marchas sobre Plaza de Mayo, con Hebe de Bonafini a la cabeza, en las que el objetivo principal –al menos es lo que afirma la mandataria con más enjundia que José Alfredo Martínez de Hoz– debe constituirlo el pago a los acreedores externos, no caer en el default, honrar las deudas. Saludable inquietud que, sin embargo, no parecía figurar en los principios de estas organizaciones.

Mientras la Madre Mayor desfilaba, altos funcionarios (Julio De Vido, Guillermo Moreno y Déborah Giorgi) le reclamaban a empresarios declaraciones que acompañaran, al menos con palabras, el sentido político que albergaban esos gentíos concentrados (y, si fuera necesario, hasta le acercarían el comunicado ad-hoc redactado por el Scocimarro de turno). Aunque, si marchaban con Hebe, la satisfacción sería superior. Pretensión surrealista de incluir, en un mismo combo, a estos sectores opuestos, mientras la Presidenta afirmaba que la oposición es un “rejunte” de ideologías, intereses y personalidades. Parece que nunca se miró en su interior, ni la Plaza.

Por primera vez, como jefe de Estado, Cristina aludió al presunto y vagaroso propósito de “destituirla”, mensaje que ya había diseminado desde algún púlpito su esposo o cercanos de nota al Gobierno. En esas ocasiones, siempre Clarín estaba al frente de la intencionalidad desestabilizante; sin embargo, en su última alocución, Cristina de Kirchner no mencionó al grupo económico-mediático, hizo referencias en cambio a la “baja estofa” parlamentaria. ¿Distracción por el imperio de la ira, se traspapeló una hoja del guión o, acaso, olvido sintomático porque se está a las puertas de una denuncia más espectacular?

Con celo de Otelo, los Kirchner defendieron la permanencia de José Pampurro como tercero en la línea sucesoria presidencial. Consideraban un atentado su remoción al frente del Senado. Este Pampuro, un médico de cabecera en su momento de Hilda Duhalde, gestor de operaciones en su momento entre Domingo Cavallo y Eduardo Duhalde, convertido por la gracia patagónica en un confidente del matrimonio Kirchner en agradecimiento por sus colaboraciones para depositarlos en el poder (como soldado de Duhalde), se atrevió ayer a pontificar frente al periodismo, cuya sola presencia le produce urticaria: “Ceder no es perder”. Era otro frente al obediente de estos últimos años, como si le hubieran cambiado la pastilla en la mesita de luz. Se refería, claro, a la eventualidad de una transacción en el Congreso por la crisis de los DNU. Al rato, se lo desmintió desde el Gobierno, nada representaba ni procedía Pampuro, falta que Aníbal Fernández lo condene en minutos. Le faltaba decir al senador-sanador, agitando una banderita, “aquí estoy”. En alusión, claro, a quienes desde la oposición lo observan como uno de los más felpudistas de la pareja.

Esa voz asombrosa y repentina, la de Pampuro, tropezaba en el breve discurso con la de su colega legisladora Diana Conti, otra que sólo transpira oficialismo, delicada vocera oficial para radios y TV, quien horas antes se refirió a los “patriotas”, a los “no patriotas” y a los “traidores a la patria”. No hizo nombres, falta identificar a éstos y, luego, que los vayan a buscar. Embebida de celeste y blanco, al mejor estilo Videla pero al revés, entonaba la canción sin final “ni olvido ni perdón”, y parecía señalar a la derecha en general como la “traición” (pequeña digresión: ¿esa derecha no quiere pagar la deuda?). Curioso: a ella, ciertos personajes de esa derecha la protegieron, la consideraron –pues la suponen buena persona– cuando ella atravesó un percance parlamentario que ya no vale la pena recordar.

Resumiendo: con este folletín inacabable se ha dado vuelta como una media hedionda la política. Un Migré de última generación, potenciado a la décima. Si cuesta acordarse de que el grotesco empezó apenas hace seis días, el último lunes, cuando la Presidenta en el Congreso encendió un mensaje laudatorio sobre sí misma y su marido, sus prodigiosos éxitos pasados como gobernantes, elogiando también sus propias y máximas condiciones democráticas. Parte de un tablado teatral: a la misma hora, una blitzrieg avanzaba en el Banco Central y procedía unilateralmente a ejecutar una medida ya cuestionada desde el Poder Judicial y el Legislativo, el traslado de fondos del Banco Central al Tesoro que administra la señora. Más de 6.000 millones de dólares al saco.

Un cínico diría que fue una forma de sodomizar a la oposición en público, alegremente y con fotografías, sonriendo y guiñando el ojo como Néstor Kirchner, mientras embolsaban los dólares para su coleto. Demasiada provocación: convirtió de inmediato a todos los senadores fuera de la nómina oficial, sin distinción de colores o pensamiento, en un Michael Douglas cualquiera y enceguecido arrancado del film Un día de furia. La afrenta apresuró el ejercicio de las mayorías en la Cámara alta, citaciones a funcionarios, promesas de apartamientos, eventuales leyes para quitarle atribuciones y distribución de fondos (impuesto al cheque), juicios, el pretendido bloqueo –nulo, sin duda, o abstracto– a los US$ 6.000 mil millones que el Gobierno destina a pagar obligaciones externas (organismos financieros y deudores privados) mientras libera una cifra semejante para menesteres domésticos que no contemplaban ese objetivo en el Presupuesto. Lo que se dice un “double counting”, título para la humillante transferencia del lunes último.

Aunque parezca mentira, el culebrón recién empieza. Y todo partió de un malentendido (Martín Redrado nunca se opuso al DNU, sólo pidió unos días para protegerse judicialmente) y de una incompentencia notable de Olivos dominada por la tontería egocéntrica del ejercicio inmediato del poder: en enero, sin complicaciones y en silencio, el anterior directorio del Banco Central –con mayoría kirchnerista– habría aprobado la transferencia de los fondos. Ni siquiera habría llegado al Congreso.

Anuncios

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad. Guarda el enlace permanente.