José Pablo Feinmann: de filósofo seudoprogresista a alcahuete del poder…y todo por unos manguitos del progra ma en Canal Encuentro?…Pais de Ladris

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José Pablo Feinmann: de filósofo seudoprogresista a alcahuete del poder

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Por Luis Majul | 21.12.2009

José Pablo Feinmann.

José Pablo Feinmann. | Foto: Cedoc

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De todos los chupamedias del poder, los que me resultan más despreciables son los que usan su inteligencia y su pluma para ejercer la alcahuetería superficial. Debo aceptar que durante un tiempo me resistí a colocar a José Pablo Feinmann en esa categoría, pero el agresivo artículo que escribió el pasado domingo 13 de diciembre, en Página 12, me terminó de convencer.

Feinmann, uno de los chupamedias K más inteligentes, quien cobra un importante sueldo del muy interesante Canal Encuentro, metió todo y a todos en su misma bolsa de envidia y resentimiento. Así, me colocó junto a Joaquín Morales Solá, Edy Zunino y Marcos Aguinis en el bando de “los enemigos” que escriben libros y a los que “les brota la basura por todos sus poros”. Pareció muy enojado por el éxito de ventas de lo que considera libros “anti-K”. Levantó su dedo (derecho) y dictaminó que todas las obras citadas estaban escritas por “periodistas con un tufillo aventurero. Gente que no ha demostrado talento ensayístico ni atesorado prestigio intelectual a lo largo de los años”.

Para empezar, alguien le debería decir a Feinmann, de una buena vez, que no escribe tan bien como supone. El término “talento ensayístico” me exime de mayores comentarios.

Para seguir, es increíble que un intelectual de su trayectoria no registre la diferencia entre un panfleto como el de Aguinis, un libro de autoayuda como los que citó en su nota, una recopilación de columnas como las de Morales Solá y las investigaciones periodísticas de Zunino y de quien esto escribe. Es más: es inconcebible que no reivindique a la investigación periodística como uno de los instrumentos más nobles para fortalecer el sistema democrático.

Y para completar la idea, confirmé, a través de fuentes confiables, que el estudioso de las ideas ajenas no se tomó ni siquiera el trabajo de leer por arriba "El Dueño". Si lo hubiera hecho, habría comprobado que se trata de una investigación periodística de más de 500 páginas, muy lejos de los instant books con los que quiso emparentar mi trabajo. Eso me sirvió para confirmar que Feinmann no tiene la mínima honestidad intelectual, la que aconseja, entre otras cosas, leer un material antes de calificarlo de basura.

De inmediato me pregunté sobre los verdaderos motivos de su miserable ataque.

¿Qué es lo que hace que un pensador comprometido con esta gestión, de repente, haga el trabajo “sucio” de “tirar estiércol” a periodistas que informan, denuncian e investigan, igual que lo hicieron durante el gobierno de Carlos Menem, Fernando De la Rúa o Eduardo Duhalde?

¿Es solo la admiración personal que un día Feinmann confesó que sentía por Cristina Fernández, cuando lo invité a Hemisferio Derecho, el programa que conduzco en Canal a?

Sabía que Néstor Kirchner no hablaría de "El Dueño" por dos razones. Una: para no generar todavía más revuelo alrededor del libro. Y dos: para evitar responder sobre su presunto enriquecimiento ilícito, entre otras causas que lo comprometen. Sabía también que el kichnerismo tenía pensado utilizar a su bandita de periodistas paraoficiales para desacreditar el trabajo, pero que la movida no había tenido éxito porque la mayoría coincidía en que "El Dueño" estaba apoyado en una larga investigación. Así, cuando la operación basura contra el libro estaba cayendo por su propio peso, irrumpió la intrincada pluma de Feinmann. Incluso, en su desagradable nota, el intelectual termina aceptando que “hay corrupción en este gobierno”.

Pero, entonces ¿a qué obedece la extemporánea reacción de Feinmann? ¿A un pedido de Néstor y/o Cristina? ¿A una necesidad propia de devolver, de algún modo, lo que recibe del Estado que hoy maneja el poder de turno?

Mientras sigo buscando respuestas a su acción, leo que Feinmann termina justificando la corrupción K porque “el horrible fascismo que está armándose es mucho, pero mucho peor” (N del A: ¿Quién le habrá aconsejado a Feinmann que para enfatizar las ideas hay que repetir las palabras?).

¿Qué nos quiere decir, de verdad, José Pablo? ¿Qué un poco de corrupción está bien, solo porque el tipo que la apaña es más parecido a todos nosotros que un dinosaurio como Abel Posee?

Me encantaría que Feinmann usara sus neuronas para responder por qué sigue defendiendo, con argumentos tan retorcidos, a un gobierno que se presenta como de izquierda pero que, en realidad, es de derecha.

Son preguntas muy sencillas:

¿Es progresista un gobierno que tolera y apaña la corrupción?

¿Es progresista un gobierno que ayudo a “incorporar”, durante los últimos tres años, tres millones de pobres?

¿Es progresista un gobierno que le deja la bandera de la lucha contra la inseguridad a la derecha, aún cuando sabe que las principales víctimas de los delitos son los que menos tienen?

¿Es progresista un gobierno que no hace caso a los jueces y que no tolera las críticas y las denuncias que involucran a sus funcionarios?

¿Es progresista un gobierno que reparte los fondos del Estado de manera discrecional?

Feinmann forma parte del nuevo autoritarismo ideológico de la pseudoizquierda, que ve como representante de la derecha a todo aquel que no apoya de manera incondicional a Néstor y a Cristina.

Por si no tiene tiempo de leer un libro de más de 500 páginas como "El Dueño", aprovecho para informarle que participé de las primeras marchas convocadas por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, voté al candidato del Frente para la Victoria en 2003, aplaudí la conformación de la última Corte Suprema de Justicia que impulsó el ex Presidente e ingresé junto a miles de personas a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) el 24 de marzo de 2004, convencido de que, hasta ese momento, ningún gobierno había realizado más para aclarar los delitos de la dictadura que el de Néstor Kirchner.

De todos los chupamedias del poder, los que más me repugnan son los que usan su inteligencia para justificar lo injustificable. Son los peores. Porque se escudan en su supuesto prestigio para decir y hacer cualquier cosa. Y además son baratos: los compran con un programa de televisión, o con una palmadita oficial en la espalda, el toque justo para engordar su enorme ego.

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El recular del filósofo kirchnerista

Lo dice José Pablo Feinmann: “Perón mató a Rucci”

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Por Ceferino Reato (*) | 30.12.2009 | 12:11

Juan Domingo Perón junto a José Rucci, el sindicalista asesinado el 25 de septiembre de 1973.

Juan Domingo Perón junto a José Rucci, el sindicalista asesinado el 25 de septiembre de 1973. | Foto: Cedoc

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Leer para creer. El filósofo, ensayista y novelista José Pablo Feinmann afirmó que Juan Domingo Perón pudo haber ordenado el asesinato del secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, el 25 de septiembre de 1973, y su argumento es un chiste de aquella época ya que “ningún chiste surge sin algún asidero en la realidad”.

No es un chiste: Feinmann señaló eso el domingo en Página 12, en el fascículo 110 de su “Filosofía política de una obstinación argentina”, el peronismo.

En primer lugar, Feinmann sostuvo que “no se sabe ni se sabrá nunca” quiénes mataron a Rucci, e hizo un listado sobre los siete posibles autores de ese crimen, entre los que mencionó a “Perón. ¿O no hay un chiste sobre el tema? ¿Por qué surgió? Ningún chiste surge sin algún asidero en la realidad. Un edecán le dice a Perón: “General, mataron a Rucci”. Perón mira su reloj y dice: “¿Cómo? No, hombre, no puede ser. Si aún no es mediodía”.

Habría sido un verdadero suicidio político: Rucci, como decía el propio General, era el hombre de Perón en el sindicalismo y había firmado el pacto social con los empresarios, la piedra angular del gobierno de aquel tiempo.

Feinmann también mencionó a Montoneros, la Triple A, el Ejército y la CIA.

Hasta hace tres domingos, Feinmann afirmaba otra cosa: que Rucci fue asesinado por Montoneros. Lo escribió, por ejemplo, en su libro “La sangre derramada”, donde sostuvo que ese crimen fue “un acto decisivo en la historia de la organización y en la historia de su asilamiento del pueblo peronista que tanto invocaba”. Y lo dijo en varias entrevistas, como en la revista Debate el año pasado, cuando sostuvo que, en su opinión, la decadencia de la guerrilla peronista comenzó “con el asesinato de Rucci”.

Ahora, Feinmann, uno de los intelectuales más destacados del kirchnerismo, intenta borrar esas afirmaciones con una catarata de conjeturas y acusaciones contra quienes hemos llegado a la misma conclusión que él defendió durante buena parte de su vida. Para eso, apela a todo tipo de argumentos. Por ejemplo, rescata palabras de un tal Salvador Horacio Paino, que en 1983 atribuyó este crimen a la Triple A. Si hubiera leído bien mi libro Operación Traviata, ¿quién mató a Rucci? o la causa judicial, se habría enterado de que el 6 de diciembre de 1984 el juez Fernando Archimbal desechó las afirmaciones de Paino con este argumento: “Los exámenes médicos indican que es un delirante y aconsejan su internación”.

Feinmann teme que el asesinato de Rucci sea considerado un crimen de lesa humanidad y conduzca a Tribunales a sus posibles autores, algunos de los cuales deduce que formarían parte del kircherismo. “Olviden lo que escribí”, parece decir. Provoca un dejo de tristeza el recular del filósofo.

(*) Editor jefe del diario Perfil.

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Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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