Elogio de la burrez

Rigurosamente incierto

Norberto Firpo
Para LA NACION

Dado que la escasa, desvariada y casi siempre nula instrucción pública proporciona jugoso rédito al oficialismo, el licenciado Carbunclo Peribáñez no ve la razón para incrementar el presupuesto del ramo ni para adecuar los sistemas de enseñanza a las nuevas exigencias. Un párrafo de su más difundido ensayo filosófico, Los peligros del pensar , es por demás elocuente: "La educación ensancha los horizontes de la inteligencia, y tal fenómeno entraña el riesgo de hacer frente a una caterva de huraños librepensadores, sujetos habitualmente proclives a la rebeldía, muy capaces de proferir ideas opuestas a las de quienes manipulan, políticamente, la sartén por el mango".

A su entender, la docilidad social y la obsecuencia política sólo son posibles cuando las mayorías ciudadanas acreditan fragilidad de entendederas, cuando son adictas a los discursos vacuos y plañideros y ofrecen pautas de candorosa ingenuidad. Los buenos sistemas educacionales liberan a la gente de tan dulce modorra mental y promueven la irrupción de intrépidos pensantes, dispuestos a dudar de cuanta cosa se les dice, de cuanta bonita promesa se les hace.

"En este sentido -reconoce Peribáñez, complacido-, nuestro país transita el camino correcto. En cualquiera de sus niveles, la educación es cada día más deplorable, a punto tal que casi no hay país en el mundo en el que se impartan menos días de clase y en el que la calidad de la enseñanza apenas merezca la etiqueta de outlet .

Nunca como ahora tuvo tanta vigencia aquel sabio axioma que aconsejaba anteponer las alpargatas a los libros. Sin duda, tal aserto halla respaldo en sólidas estadísticas: según LA NACION del lunes 10, "más del 35 por ciento de los jóvenes de 18 a 25 años no completó la enseñanza media", y eso demuestra que la burrez y la semiburrez constituyen ya clases sociales.

Veamos: nunca como hoy, en los últimos cincuenta años, tantos alumnos secundarios deben tantas materias de años anteriores; nunca como hoy, tantos docentes sufren agravios y violencias de sus propios alumnos; nunca como hoy, el ausentismo reiterado y la deserción incumben a tantos chicos en edad de asistir a la escuela primaria; nunca como hoy, tantos chicos van al colegio sólo para matar el hambre y porque allí funciona un comedor escolar?

"Adviertan lo que pasó en las elecciones de junio. Si las regiones del país más alejadas de la enseñanza básica y de una cultura siquiera incipiente fueron las que proporcionaron mayor rédito al oficialismo, ¿cómo dudar de que el desapego al saber y a la escolástica tienen su lado bueno, son valores que conviene preservar?", se pregunta Peribáñez, el más dúctil teórico progresista.

Editorial I

La crisis de la enseñanza media

Hacen falta cambios no sólo parciales, sino de fondo, para una escuela que vive un proceso de decadencia desde hace décadas

Sábado 22 de agosto de 2009

En la actualidad hay en la Argentina alrededor de 400.000 adolescentes que deberían estar en las aulas, pero que han desertado de ellas, al tiempo que existe el riesgo de que muchos otros sigan el mismo camino. Tal cifra, citada, a poco de haber asumido su cargo, por el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, impone la necesidad de hacer algo más y distinto para impedir que eso ocurra.

El titular de la cartera educativa manifestó su interés en priorizar la escuela media como preocupación central de su gestión. En ese sentido, destacó que se debe "terminar con las rigideces del secundario", cualidad a la que destacó como uno de los obstáculos que determinan el abandono de muchos alumnos. En verdad, el hecho cada vez más llamativo es que la realidad de la escuela media, en términos cuantitativos y cualitativos, se ha ido tornando frustrante.

Un dato adicional es la existencia de 270.000 alumnos repetidores, algo más del 10 por ciento de la matrícula, que así se ubican en la antesala de la deserción. Por otra parte, las evaluaciones periódicas han evidenciado un descenso de calidad en los aprendizajes.

Se justifica entonces afirmar que la enseñanza media no responde a las expectativas y se encuentra desde hace décadas en un proceso decadente. En consecuencia, hacen falta cambios no sólo parciales, sino de fondo.

El tema no es nuevo. Con frecuencia ha sido analizado por expertos y ha sido objeto de los comentarios de estas columnas. Debe señalarse que un tratamiento cuidadoso del problema exigiría establecer con precisión el significado que el funcionario otorga a "las rigideces" del sistema secundario y, asimismo, habría que comparar los logros alcanzados en las áreas de la enseñanza pública y privada, las desigualdades de recursos que se aplican, la inequidad de oportunidades que se dan entre las jurisdicciones, regiones y modalidades de escuelas, entre otras causales. Además, cabe recordar que no han faltado intentos parciales y reestructuraciones ambiciosas que, por diversas razones, también fracasaron. Eso ocurrió con la reforma educativa iniciada con la sanción de la ley 24.195 en 1993, que introdujo modificaciones de fondo y concluyó de manera decepcionante. La ley 26.206, que nos rige desde 2006, todavía no se cumple plenamente y puede ser mejor definida como un programa por desarrollar que como una norma para cumplir. Esta mención de antecedentes sirve para señalar que sorprende el énfasis del ministro al plantear el problema y la referencia a algunos aspectos parciales para corregir, cuando se enfrenta una realidad compleja, no debidamente evaluada antes de 1993 ni antes de 2006.

Desde luego, si la actual gestión aspira a introducir mejoras parciales de distinto carácter y con objetivos concretos, merece un crédito de expectativas favorables. En este terreno pueden ser propuestas fundadas las de aumentar la experiencia de las tutorías, la promoción de profesores de tiempo completo, la oferta de otras modalidades de enseñanza y la flexibilización de ciertos requerimientos que sean compatibles con la organización escolar. En lo que se refiere al universo de adultos que no completaron la escuela media, hay pasos positivos dados en los últimos años, que autorizan su ampliación y diversificación.

Ahora bien, está claro que las ofertas educativas deben plantearse sobre la base de las necesidades del protagonista adolescente, de las familias, de la sociedad de este tiempo y de las demandas de la vida económica. En su iniciación, la escuela media se proyectó como etapa intermedia entre la primaria y los estudios superiores; es decir, un verdadero puente en el cual se adquirían conocimientos y capacidades culturales que permitían el ingreso posterior en el nivel de los estudios terciarios. No se ha perdido ese objetivo, pero cuenta la posibilidad de insertar otras orientaciones que, como modalidades profesionales, abrirían el camino al mundo del trabajo para el alumno secundario. De ellas, algunas están vigentes y otras se podrían proponer. Al respecto hay experiencia sobrada.

Como suele ocurrir en la educación, tras los cambios menores se oculta la necesidad de cambios profundos que pueden movilizar las intenciones de construir otra escuela secundaria, aspiración lógica para el mediano plazo, ya que un proyecto de esas dimensiones no puede precipitarse. Hay valiosos antecedentes sobre el tema de autores que han dejado su estela en el pensamiento pedagógico, como Luis Jorge Zanotti y otros, junto a una pléyade de personalidades actuales. Importa que cuanto se haga- y hay mucho por hacer- se implemente con criterios de evaluación periódica y se apunte a elevar el nivel motivacional del alumno y del docente, verdaderos protagonistas de los cambios.

Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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