Algunas causas de la Pobreza Argentina…

Combatir la pobreza no es sólo una colecta

Hace muchos años, un amigo, banquero, me contó un diálogo con un cliente moroso sistemático, aunque en condiciones de pagar su deuda. En el calor de la discusión, mi amigo, exaltado, le grito: “¡Pero vos sos un h… de p…!”. “Es una opinión”, le respondió el agredido.

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Por Enrique Szewach | 09.08.2009 | 00:25

Hace muchos años, un amigo, banquero, me contó un diálogo con un cliente moroso sistemático, aunque en condiciones de pagar su deuda. En el calor de la discusión, mi amigo, exaltado, le grito: “¡Pero vos sos un h… de p…!”. “Es una opinión”, le respondió el agredido.
La reciente respuesta del Gobierno al comentario del Papa sobre el “escándalo de la pobreza” en la Argentina me recordó aquella discusión, pero empeorada. A la acusación implícita: “¡Ustedes son unos h… de p…!”, la respuesta oficial fue: “¡Estamos de acuerdo!”.
Resulta curioso cómo le cuesta a la sociedad argentina identificar las causas que generaron el estancamiento económico y el aumento de la pobreza de estos años. Es como si la política económica no tuviera nada que ver con la pobreza y ésta fuera consecuencia, casi exclusiva, de la falta de solidaridad de los ciudadanos o de una mala “política social”.
Es cierto, obviamente, que las políticas de gasto social y de protección a los sectores más vulnerables de la población ayudan a combatir la pobreza. Es cierto, también, que siempre es preferible una sociedad más solidaria y generosa. Pero la pobreza es la consecuencia directa de políticas que no generan riqueza y de gobiernos que administran mal los recursos para la producción de bienes públicos de calidad.
Los países que tienen menos pobres y un gran nivel de vida para sus habitantes no son países que hacen buenas colectas o diseñan acciones solidarias eficientes. Puede ser que tengan esas cosas, pero no son determinantes. Los países con menos pobres son los países con más riqueza y mejor administrados.
Y esa mayor riqueza es una respuesta a un conjunto de políticas que incluyen muchas de las medidas y cuestiones que los argentinos, en general, y este gobierno en particular, despreciamos o subestimamos. Desde la separación de poderes, “el imperio de la ley” y la defensa clara de los derechos de propiedad, hasta la estabilidad de la moneda y la administración transparente de los recursos colectivos.

Las sociedades “progresistas” no son las que reparten mejor su pobreza. Son las que crean e incentivan la producción de riqueza. Las que atraen capitales y recursos humanos de alta calificación. Las que reparten con eficiencia y justicia la riqueza.
Un gobierno que impulsó –más allá del INDEC– la aceleración de la tasa de inflación desde 2006 para aquí, con su política de expansión desenfrenada del gasto. Un gobierno que desestimula la producción y el comercio con impuestos expropiatorios, controles de precios, y restricciones de todo tipo. Un gobierno que expropia ahorros privados, generando una violenta fuga de capitales como respuesta a eventuales futuras expropiaciones. Un gobierno que defaultea implícitamente deuda –mintiendo en las estadísticas oficiales que ajustan dicha deuda– produciendo, como respuesta, el cierre del mercado de capitales y tasas récord de rendimiento de los títulos públicos. Un gobierno que limita exportaciones e importaciones. Un gobierno que centraliza recursos y gastos, de manera de afectar el desarrollo regional. Un gobierno que, en síntesis, desalienta la producción es, claramente, un gobierno destructor de riqueza y, por lo tanto, creador de pobreza.
A este panorama hay que sumarle, por supuesto, políticas sociales mal diseñadas y despilfarros varios.
Desde el esquema de precios de los servicios públicos que subsidian a los sectores medios y altos, pasando por un sistema de transporte público e infraestructura que discrimina en contra de los sectores de menores ingresos.
Con obras sociales mal administradas, por decir lo menos. Con “perdones” impositivos a los corruptos, mientras se les cobran impuestos no evadibles a los sectores de menores ingresos. Con un sistema tributario en el nivel provincial y municipal, diseñado en contra de empresas de menor tamaño. Con impuestos al trabajo que obligan a las pequeñas y medianas empresas a mantener empleo no registrado, dejando fuera del sistema a un porcentaje importante de la población activa. Con sobrecostos en la obra pública, etc. etc.
Los problemas de la pobreza argentina responden a la peor combinación. Políticas económicas que desalientan la creación de riqueza, alientan el ahorro fuera del país, reducen el mercado de capitales y de crédito, disminuyen la inversión y entorpecen la producción y la creación de trabajo. Y políticas sociales, de subsidios y de producción de bienes públicos regresivas. Este no es un problema de poca solidaridad y colectas con baja recaudación. En todo caso, es un problema derivado de una sociedad y de políticas “no productivas” y, después, “no progresistas”.
Es por eso que el adjetivo del Papa “escandalosa” para la pobreza local no pudo ser más preciso. Y es por eso que no se puede admitir que la respuesta del Gobierno sea: “Estamos de acuerdo”.

El columnista invitado

Las provincias, fábricas de pobres

José Luis Espert
Para LA NACION

Domingo 9 de agosto de 2009 | Publicado en edición impresa

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¿Cómo es posible que después de seis años de puro distribucionismo para garantizar la “movilidad social ascendente”, casi todos los gobernadores que se reúnen con la Presidenta pidan más plata, entre otras razones, para luchar contra la pobreza, ya en el 35%? Hasta tal punto llega la paradoja que Francisco de Narváez, el gran ganador de las elecciones del 28 de junio, ha dicho a quien quisiera escucharlo que hoy, el principal objetivo de la política económica debería ser la lucha contra la pobreza y la indigencia.

¿Qué hicieron los progresistas kirchneristas con casi $ 340.000 millones más de gasto público ($ 190.000 millones la Nación y $ 146.000 millones las provincias) respecto del momento anterior al comienzo del “período de crecimiento económico más importante en toda la historia de la Argentina”, como no se cansa de repetir la Presidenta, para que el tema de la pobreza siguiera al tope de la agenda política y económica?

El problema de fondo es que la manera de combatirla, por parte de nuestros gobiernos, no hace más que perpetuarla. Es el intervencionismo distribucionista el que, al cerrar la economía, agrandar al Estado hasta límites inimaginables, distorsionar todos los precios con personajes como Guillermo Moreno y depredar ahorros (depósitos y jubilaciones de capitalización) de manea serial, genera mucho empresario rentista del Estado, políticos corruptos, un pueblo con poca propensión al esfuerzo y continuas crisis económicas.

Específicamente, en el plano fiscal, el intervencionismo distribucionista crea películas cargadas de cinismo, como las que vemos hoy en el diálogo político: gobernadores que no recaudan nada, que viven de la coparticipación y las transferencias a discreción de la Nación (que reciben sin hacer ningún esfuerzo serio), y sin embargo, piden cada vez más y más dinero al gobierno central argumentando alguna ley o decreto que la Casa Rosada no ha respetado a pie juntillas, por lo que se ha devengado una supuesta acreencia a favor de la provincia.

Entre 2003 y 2009 y a precios constantes, las provincias van a recibir $ 441.000 millones de ingresos por coparticipación, $ 151.000 millones más (suba del 52%) que en los 7 años previos (1994-2000). Además, por transferencias discrecionales desde el gobierno central harán caja por otros $ 131.000 millones, $ 72.000 millones (120%) más que entre 1994 y 2000, lo que totaliza la enormidad de $ 223.000 millones adicionales.

Sin embargo, los gobernadores andan penando por cuanto despacho oficial se les abra en Buenos Aires porque parece que la Nación no giró varios miles de millones que les correspondían, cosa que no está clara, porque desde 1992 se han hecho tantos cambios (siempre avalados por los hoy quejosos gobernadores y la escribanía del Congreso) que ya no se sabe a ciencia cierta cómo debería repartirse la torta de los impuestos que se recaudan a escala federal (IVA, Ganancias, cheque). El reclamo ya ocurrió cuando la convertibilidad languidecía y antes también con Alfonsín, o sea, desde casi siempre.

A los gobernadores nunca les alcanza ningún dinero. El problema es que, en promedio, el 60% de los ingresos lo perciben sin esfuerzo recaudatorio, porque gotea de manera automática desde el Banco Nación o porque le juran fidelidad eterna al presidente de turno. Lo que se gana sin esfuerzo se dilapida.

Además, cuanto más pobre es la provincia, más profunda es la redistribución de impuestos, cosa que agrava el desmanejo de los recursos. Por ejemplo, Chaco, medalla de bronce de la redistribución fiscal, históricamente a nivel local sólo recaudó entre el 9% y el 10% del total de sus ingresos (el 90% le llega “de arriba”) y, sin embargo, siempre tuvo los registros más altos de pobreza e indigencia del país, a los cuales ahora hay que agregarles el dengue.

Pese a la redistribución de impuestos entre provincias, la sociedad chaqueña sigue empobrecida y sus gobiernos se suceden sin solución de continuidad y proponen la lucha contra la pobreza como elemento central de su política económica. Hay muchos otros ejemplos, como el del Chaco (Formosa, Santiago del Estero, Catamarca, etc.) y todos tienen, como mínimo, dos denominadores comunes: no recaudan casi nada a nivel local y sufren de manera lacerante la pobreza y la indigencia.

Entonces, si recibir dinero sin esfuerzo ayuda a perpetuar los sistemáticos reclamos provinciales por mayores fondos del gobierno federal y, al mismo tiempo, no soluciona los problemas que debería, por ejemplo, la subeducación y la pobreza, ¿por qué no cambiar?

Por ejemplo, ¿por qué no eliminar la coparticipación de impuestos y las transferencias discrecionales desde la Nación a las provincias ($ 100.000 millones en 2009), bajar alícuotas o eliminar algunos impuestos federales, atender la educación de manera centralizada (piedra preciosa para el crecimiento sostenido) y luchar contra la pobreza en las provincias con transferencias directas desde el gobierno central a las familias pobres, en vez de que las administren los gobernadores y su séquito de punteros, asesores y amigotes? Luego, si a ellos les gusta tener enormes gabinetes o legislaturas con miembros que ganen como Leo Messi, que les cobren impuestos de manera salvaje a los ciudadanos que después se van a cruzar por la calle, a ver si pueden.

Es obvio que la eliminación de todo el sistema de transferencias habría que hacerla en el marco de un nuevo programa económico, opuesto al “modelo productivo”, que permita a las provincias (cuna de la producción agropecuaria) disfrutar de los precios internacionales de los bienes que producen y la libertad de comerciar, para lo cual habría que eliminar las retenciones y las prohibiciones y limitaciones a exportar. Esto blanquearía un desempleo encubierto en las provincias cercano al 4% de la PEA, con lo que el desempleo verdadero no estaría en el 13% de hoy, sino en el 17% (obviamente, lejos de la ilusión del “Indek” del 8,4%). Para esto deben existir subsidios explícitos y transitorios.

Sin embargo, cuando nuestros políticos hablan de “apoyar las economías regionales”, lo hacen en el sentido de sacarle dinero a la Nación a cambio de votos a favor del presidente de turno, para luego ir a su provincia, repartirla y que el sector privado les prenda una vela (y algo más) todos los días. El político del interior jamás pedirá para su provincia el desmantelamiento del infierno de regulaciones para exportar que los Kirchner han armado. Eso es clientelismo y del bien retrógrado. No es progresismo.

En la Argentina, al revés de lo que tratan de hacernos creer los Kirchner y todos sus satélites públicos y privados, no hay política económica más progresista que la liberación del comercio exterior porque en las provincias está el núcleo de la generación de materias primas básicas y los mayores niveles de pobreza.

El autor es economista y socio de Espert y Asociados.


el mensaje papal golpeo en el plexo del gobierno

La pobreza quedará

El hombre, cercano a uno de los funcionarios que habitan en la Casa Rosada, lucía desconsolado, sin la euforia de otros momentos, la que, tras el resultado electoral del 28 de junio, pertenece definitivamente al pasado. Su relato tenía aires de catarsis.

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Por Nelson Castro | 08.08.2009 | 23:44

El hombre, cercano a uno de los funcionarios que habitan en la Casa Rosada, lucía desconsolado, sin la euforia de otros momentos, la que, tras el resultado electoral del 28 de junio, pertenece definitivamente al pasado. Su relato tenía aires de catarsis. “La verdad es que lo que se vive aquí es desalentador. Nadie sabe a dónde vamos. Hoy parece que vamos para allá, cuando ayer parecía que íbamos en la dirección exactamente opuesta. ¿Hacia dónde iremos mañana? No hay un plan claro. Todo es el día a día. Y encima, este tarifazo de gas que es absolutamente indefendible en la forma en que se ha hecho. Con esto hemos tirado por la borda seis años de gobierno.”
Los Kirchner siguen atrapados en su propia red. Allí el principal problema es la contradicción. Esta contradicción es la que afecta la credibilidad del Gobierno y genera incertidumbre, impidiéndole aprovechar buenas oportunidades.

Veamos un ejemplo. Al comienzo de la semana, el Gobierno pasó un test importante: el pago de los 2.250 millones de dólares correspondientes al vencimiento de los BODEN 2012. Esto tuvo una buena repercusión en los mercados. Como consecuencia de ello, en la semana el Banco Central dejó de vender dólares –por el contrario, compró– y la fuga de capitales se frenó.
Ya es vox populi que Amado Boudou pretende volver a los mercados internacionales en busca del financiamiento que permita hacer frente a la crisis y revivir el crecimiento de los primeros años del kirchnerismo. El plan contempla reabrir el canje de la deuda que aún subsiste con los bonistas (holdouts), una propuesta de pago al Club de París y un pedido al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que la Argentina entre al llamado Capítulo IV, según el cual los técnicos del organismo financiero quedan habilitados para hacer una evaluación de las condiciones económicas del país y ver si éste califica para acceder a algunas de las líneas crediticias del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo. La Presidenta ha escuchado a algunos asesores calificados del ministro de Economía, quienes le insistieron sobre lo imprescindible de hacer eso. Pero éste es un punto muy conflictivo para el matrimonio Kirchner. Ocurre que el hacerlo significará, inmediatamente, dejar al desnudo toda la manipulación y distorsión de los ya tristemente célebres índices del INDEK. Y esto es algo que no parece estar en los planes de los Kirchner. Muy por el contrario, los hechos de esta semana –el más significativo de los cuales fue el desplazamiento de Cinthya Pok de su oficina de la sección Encuesta Permanente de Hogares– demuestran que aquella frase dicha por el actual director el Instituto, Norberto Itzcovich, quien expresó que había “Moreno para rato”, refleja una realidad indiscutible.
Por todo esto es que un grupo de profesores de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires ha advertido que no piensa participar en la comisión asesora del INDEK anunciada por Boudou, y hasta el mismo rector, Rubén Hallú, quien al principio semostró entusiasmado con la iniciativa del Poder Ejecutivo, debió emitir un comunicado para aclarar que la UBA no se prestará a ser usada para convalidar el grotesco que se vive allí. ¿Lo cumplirá?

Pero sigamos con el método de la contradicción permanente del Gobierno. Es la hora del gas. No se sabe bien qué va a pasar con las tarifas de electricidad. Con respecto al gas, en cambio, está claro que los aumentos exorbitantes que se vienen constatando no afectan sólo a los más pudientes. Por lo que se sabe, más allá de alguna queja, todos ellos están pagando. La mayoría reconoce que venía abonando cifras irrisorias por consumos grandes. Los que están protestando, en general, no son precisamente ricos. El Gobierno viene haciendo oídos sordos a esto y respondiendo, falazmente, que los aumentos no superan el 150%, o que los aumentos afectan sólo al 10% de la población o que hay un problema emocional.

La realidad de varias resoluciones judiciales le está demostrando al Gobierno que su obstinación lo lleva por mal camino. “Esto está generando un clima similar al de la Resolución 125”, alertaron varios intendentes, tanto opositores como afines al Gobierno de distintas provincias en las que los reclamos de la gente son muy fuertes. “El secretario de Energía o el jefe de Gabinete deberían venir acá y enfrentar a los vecinos que me vienen a tocar la puerta de mi casa o me paran por la calle y me exigen que haga algo destinado a parar esta locura”, expresaba con angustia el intendente de Chabas, Osvaldo Salomón, que supo pertenecer al Frente para la Victoria.
En este clima, la semana que viene, en el Congreso, las cosas prometen ser muy duras para el oficialismo. “Nadie quiere dificultar la gobernabilidad, pero estas cosas así no van”, expresan al unísono legisladores del peronismo y de la oposición. Todos necesitan que el Gobierno llegue al fin de su mandato. Pero no de cualquier manera.

“Eramos pocos y apareció el Papa”, dijo una voz del Gobierno que no llegaba a comprender en la tarde-noche del jueves la destemplada aparición del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, para dar un comunicado que se pareció más a una amonestación a la prensa que a cualquier otra cosa. Al Gobierno le molestó algún titular que indicaba que el Papa hablaba del “escándalo de la pobreza” en la Argentina. De haber actuado en forma más reflexiva, hubiera podido saber varias cosas que le habrían evitado al Dr. Fernández ese momento de nerviosismo que claramente lo afectó. Fue una de las pocas veces en las que se lo vio titubeante.
No hay dudas de que el Papa habló de la Argentina. Un chequeo por Radio Vaticano lo indicaba claramente. En su página web, el titular que encabezaba decía: “Argentina/colecta: el Papa alienta a los cristianos a realizar un esfuerzo solidario que contribuya a reducir el escándalo de la pobreza”.
Es poco probable que la carta, firmada por el Sumo Pontífice en su residencia veraniega de Castel Gandolfo, sea la manifestación de alguna intencionalidad política de animadversión hacia el Gobierno. Más bien, es el reflejo de que, aquel viejo axioma que dice que “del Vaticano viene lo que al Vaticano va” se ha cumplido una vez más. Y al Vaticano fueron, en marzo pasado, los obispos argentinos en la visista ad limina. Y allí, con toda franqueza y crudeza, le expusieron, entre otras cosas, el tema de la pobreza. El cardenal Bergoglio viene hablando del escándalo de la pobreza desde hace rato. Lo mismo vienen haciendo monseñor Casaretto y la totalidad de los obispos y sacerdotes a lo largo y a lo ancho del país. Es un tema que la Iglesia conoce muy bien. Cada fin de semana los pedidos para ayudar a quienes poco o nada tienen pueblan las misas de todas las parroquias del país.
Por eso es que lo más inquietante de toda esta situación es la de quedarse en la esfera de la intriga sobre si hubo o no alguna intencionalidad política alrededor de este mensaje del Papa y de no ir al meollo de la cuestión.

En la Argentina los gobiernos pasan y la pobreza queda.
Todos los dirigentes hablan de la pobreza, pero cada vez hay más pobres.
Al pobre se lo exhibe impúdicamente durante cada campaña política. Salvo contadas excepciones, no hay dirigente político que no se saque una foto besando a un chico pobre o visitando una villa de emergencia, como ahora todos denominamos a las villas miseria. Es en esas campañas políticas cuando abundan colchones por acá, chapas por allá y asfalto un poco más allá.
La Argentina supo ser un país de promisión. Hoy para muchos, en cambio, es un país de resignación.
En el mundo, la Argentina representa el ejemplo de un país en involución. Sus índices de desigualdad social son peores que los que tenía hace 50 años.
Lo que en la práctica ocurre es que hoy al pobre se lo ayuda para seguir conviviendo con la pobreza y no para salir de ella. Son dos cosas bien distintas. Por lo tanto, el pobre termina siendo un botín político. Veamos, por ejemplo, la pelea que hay entre el Gobierno de la Nación y el de la Ciudad de Buenos Aires alrededor de la Villa 31. Ahí interesa ver quién le hace pagar el costo político a quién y no lo que le sucede a la gente.

Abocarse a la búsqueda de las soluciones de la pobreza profunda exige esfuerzos enormes que deben ser acompañados por toda la sociedad. Conocimos la realidad de la Villa Zabaleta tras la denuncia de las amenazas de muerte que sufrió el padre Pepe por haber hecho pública la impunidad con que allí se trafica droga. Tratar con los chicos de esos sectores es una tarea ciclópea. Hay que darles educación del mejor nivel y para ello es necesario disponer de una logística de recursos humanos y de infraestructura que hoy faltan. En la escuela de esa villa, por ejemplo, no hay un teléfono porque no se logra que Telefónica tienda una línea. Por lo demás, salvo esa escuela, la presencia del Estado es casi inexistente. ¿Cómo se entiende eso?
Otro caso: los docentes e instructores de Pelota de Trapo, una obra fantástica que lidera Alberto Morlachetti , que rescata chicos de la calle y los educa con resultados excelentes, sufren amenazas y aprietes de todo tipo con total impunidad, ya que las autoridades, más allá de algún repudio de compromiso, poco hacen par acabar con esas acciones.
Estos ejemplos –hay miles– muestran que ahí están los desafíos reales para enfrentar la pobreza, y no en la anécdota de la discusión sobre si la carta del papa Benedicto XVI tuvo alguna intencionalidad política, porque, de ser así, la anécdota pasará y la pobreza quedará.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

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Acerca de Hari Seldon

Seldon nació en el 10º mes del año 11.988 de la Era Galáctica (EG) (-79 en la Era Fundacional) y murió en 12,069 EG (1EF).Es originario del planeta Helicon.Profesor de Matemáticas,crador de la PsicoHistoria.
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