A los kirchneristas sólo los persigue la Justicia, y no por leer a Mao, sino por violar reiteradamente el Códi go Penal.

COLUMNA

Hebe, de la heroicidad al esperpento

Durante la dictadura Hebe de Bonafini había sido nuestra heroína. Luego marchamos con ella en manifestaciones monumentales que pedían respuestas por los desaparecidos

JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ

7 AGO 2016 – 00:32 ART

La presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.La presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. EFE

Hebe entró en el camerino de Vargas Llosa y cerró la puerta. Era marzo de 2011, y en ese reducido espacio cruzado por espejos quedamos en una extraña intimidad los tres: la mítica titular de Madres de Plaza de Mayo, el flamante premio Nobel y el escritor argentino que lo iba a entrevistar en la apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires. Había sido una semana llena de tensiones: intelectuales orgánicos del Gobierno kirchnerista habían impugnado esa presentación de Mario a raíz de su reconocida ideología liberal, y se decía que grupos de choque irrumpirían en la Feria para impedir esa conversación literaria.

Durante la dictadura Hebe de Bonafini había sido nuestra heroína. Luego marchamos con ella en manifestaciones monumentales que pedían respuestas por los desaparecidos. Ella era entonces una líder ecuménica, dolorida y valiente. Pero a medida que la democracia se afianzó, fue abrazando posiciones más y más intolerantes. Su objetivo ya no eran solo los jerarcas militares que cometieron aquellas atrocidades, sino cualquier actor de las democracias de Occidente. Se regocijó con los atentados a las Torres Gemelas y elogió a la ETA, siempre amparada en una coraza invisible: la inmunidad que proporciona el carácter de víctima famosa.

Néstor Kirchner la conquistó con el impulso que le imprimió al tema de los derechos humanos: cientos de militares que todavía seguían libres fueron juzgados. Néstor jamás se había interesado antes por el asunto, les decía incluso a sus íntimos una frase cínica y antológica (“la izquierda te da fueros”), pero con esa medida entró con toda justicia en la Historia y se ganó a gran parte de la progresía. Hebe se volvió incondicional; las Abuelas de Plaza de Mayo también. Y el entusiasmo le permitió a Néstor usar a esos organismos como escudos humanos para políticas rapaces y autoritarias. A veces el amor enceguece, y Hebe se encegueció. Los Kirchner le permitieron meterse en negocios con el Estado para la construcción de viviendas: la iniciativa terminó en un escándalo, con fuertes sospechas de corrupción. Esa causa flagrante derivó en la Justicia, pero los Kirchner hicieron de todo para apagarla.

A pesar de tanto, yo no sabía cuánta autonomía real tenía Hebe, que siempre se había manejado a su antojo, patrona de sí misma. En el camerino de Vargas Llosa, Hebe explicó la verdad: Cristina Kirchner le había ordenado que no irrumpiera y que permitiera finalmente el acto de la Feria. En ese momento la vi muy mayor, y un rayo de certeza me atravesó el alma: Hebe ya no era libre, tenía una jefa política a la que respondía, y Madres de Plaza Mayo ya no era un organismo humanitario sino un apéndice del partido de Perón. Vargas Llosa y yo pudimos tener nuestro diálogo público sin que mediaran gritos ni empujones, pero yo me fui a casa con un sabor amargo.

Hebe era una líder ecuménica, dolorida y valiente. Pero a medida que la democracia se afianzó, fue abrazando posiciones más intolerantes

A partir de entonces vigilé las apariciones de Hebe, que fue utilizada como ariete por la presidenta: decía las barbaridades que Cristina no se atrevía a verbalizar. Cuando Mauricio Macri ganó las elecciones, levantó el cepo judicial que había sobre los jueces; les prometió públicamente que a partir de ese momento no habría instrucciones desde el Poder Ejecutivo y que eran libres de ejercer su oficio. Cientos de expedientes sobre corrupción despertaron de su siesta y los exfuncionarios kirchneristas fueron imputados unos tras otros. Fajos de dólares, lavado de dinero a mansalva, meganegociados, mansiones obscenas y bóvedas ocultas salieron a la luz, impactaron a la sociedad y dieron la razón a las investigaciones periodísticas de todos esos años. Los periodistas habían sido desacreditados por el poder, y muchos jueces “incentivados” o amedrentados habían aletargado sus pesquisas. Para defender lo indefendible, el kirchnerismo tuvo entonces la estrategia de afirmar que Macri manejaba a los jueces y que Cristina, comprometida en varias causas concéntricas, era una perseguida ideológica. Hebe fue de nuevo su más virulenta portavoz. Dijo que Macri era Mussolini, aunque pocos días después se corrigió: era Hitler. Así como Cristina nunca trepidó en hundir a Madres en el desprestigio, tampoco tuvo el buen tino de llamar a esta mujer de 87 años y pedirle que se presentara ante el juez que la investiga. Pudo haberlo hecho en un acto de piedad, para no exponerla, pero prefirió que la crisis escalara y que Hebe corriera el riesgo de ir presa, o incluso de que los policías que intentaban cumplir la orden judicial tuvieran una refriega con los militantes. La idea era que los periódicos del mundo, que no suelen conocer todos estos matices, titularan: “Feroz represión contra la Gandhi de los derechos humanos, quien denunció una persecución mussoliniana de Macri”. A los kirchneristas sólo los persigue la Justicia, y no por leer a Mao, sino por violar reiteradamente el Código Penal.

Veo en televisión el psicodrama de Hebe, y sigo sintiendo aquel sabor amargo. Empezó luchando contra la impunidad, y terminó creyendo que tenía impunidad para ponerse por encima de la Justicia. Ese largo y lacerante periplo desde la heroicidad hasta el esperpento es la obra maestra de Cristina Kirchner. La izquierda da fueros. Y ella los necesita con desesperación.

*Jorge Fernández Díaz es periodista y escritor argentino

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Hebe le demostró a todos los cuatro de copas que quedan dentro del kirchnerismo cómo se hace un quilombo de ve rdad, con todos los ingredientes que se puedan usar: provocar, victimizarse, aplicar la épica donde sólo había un tra mite burocrático, agitarla y prometer algo que no cumplirá menos de 24 horas después. Kirchnerismo puro.

Son todos idiotas menos Mamá

Domingo, 7 de agosto, 2016

0807_Hebe2Alguien tenía que hacer algo y Hebe le demostró a todos los cuatro de copas que quedan dentro del kirchnerismo cómo se hace un quilombo de verdad, con todos los ingredientes que se puedan usar: provocar, victimizarse, aplicar la épica donde sólo había un tramite burocrático, agitarla y prometer algo que no cumplirá menos de 24 horas después. Kirchnerismo puro.

La usaron. Desde que el 7 de julio Hebe prometió no presentarse ante la Justicia, los miembros de la Congregación de Penitentes No Sobrevivientes al Cristinismo planearon la movida. Harto de armar actos en plazas a los que no concurre ni el vendedor de garrapiñada, pirulines y tutucas, Martín Sabbatella se sumó de entrada. Luis D’Elía, que el último acto que armó fue una ronda en el patio de su casa para presentar un partido al que no tiene vergüenza en llamar “Miiles”, preparó banderas y consultó la agenda: justo tenía libre lo que resta del siglo. El Cuervo Larroque se acercó a la Plaza de Mayo para demostrar que como legislador mucho no entiende de leyes y, si bien habría querido que Máximo Kirchner se acercara a la ronda protectora, a duras penas logró que el primogénito de Cristina se acerque al día siguiente a la sede de las Madres.

Hebe leyó una carta, dijo que no tenía nada que ocultar, se cagó de risa de la policía, y se retiró en un cortejo compuesto por un cordón humano. No conseguía tanta gente en una ronda de jueves desde los indultos de diciembre de 1990. A la mañana siguiente, doña Pastor de Bonafini repetía su voluntad de no presentarse ante el juez, mientras se preparaba para tomarse el palo a Mar del Plata. Un par de horas después Hebe cruzaba el peaje de Hudson rumbo a La Feliz, donde dijo que “el Pueblo salió a la calle”, en referencia a los 44 millones de habitantes que nos congregamos en doscientos metros.

Lo único que quedó claro es que la edad no fue impedimento para manejar millones de dólares, ni para viajar al Vaticano pero sí para moverse diez cuadras más allá de la Rosada y llegar a Retiro.

Antes que nada, es dable destacar el acto inexplicable del juez Martínes de Giorgi, quien parece haber aterrizado en el planeta Tierra por estos días y no sabía que desde hace unas cuatro décadas, todos los jueves se realiza la marcha de las Madres de Plaza de Mayo alrededor de la pirámide ídem en la plaza íbidem. No sorprende su falta de timing: si procesó a Carlos Menem y Domingo Cavallo en 2009, tranquilamente puede haberse enterado recién ahora que en el país gobernó el Kirchnerismo durante doce años, seis meses y quince días. Pasando en limpio, puede afirmarse que es el mismo juez que archivó la causa contra Néstor Kirchner y Cristina Fernandez De por haber abierto una consultora económica: para el doctor, no hubo incompatibilidad, más allá del curro divino que es hacer pronósticos económicos siendo presidente. Para el tordo no pasó naranja con eso de que Ricardo Jaime permitiera que las empresas de colectivos pudieran tener bondis fuera de regla y hasta sobreseyó a Gabriel Mariotto por haber comprado una radio trucha justo cuando estaba de interventor en la ex COMFER. Ver la tranquilidad que tuvo para retirar la orden de detención de Hebe sólo alimenta mis sospechas. Estoy como Cristina con la muerte de Nisman, pero al revés: tengo dudas, aunque tengo todas las pruebas.

0807_Hebe3El mayor problema de todo lo que ha pasado con Hebe de Bonafini en los últimos años es que nos reventó los resortes de lo que corresponde hacer y lo que no. Que no puede ser trasladada porque tiene 87 años, unos tres años menos que la hermana Alba, la no monja del no convento en el que José López fue atrapado con un diezmo de nueve palos verdes. Que no se la puede obligar a ir porque está viejita, cuando todo el despelote se armó en medio de una ronda en la Plaza de Mayo, a diez cuadras del Juzgado donde tenía que presentarse. Que no está bien de la cabeza, algo que podría ser factible, pero que obligaría a que la declaren insana, la desplacen del manejo de cualquier fundación y la manden a un geriátrico acorde. Y todo por un trámite simple, sencillo, que podría no haber demorado más de quince minutos en el juzgado.

Todo se reduce a un sencillo axioma: no importa lo que hayas hecho, siempre podrás zafar gracias a tu colchón de laureles. Obviamente, la ley no es pareja para todos.

Uno de los puntos que más tuve que defender de mi primer libro fue el referente a los laureles y su utilización posterior. En un capítulo abordé la historia de un hombre que cayó detenido por motivos políticos en 1956, luego de apoyar el levantamiento del 9 de junio encabezado por el General Juan José Valle contra su par, el General Pedro Eugenio Aramburu. El tipo recién salió en libertad en 1957 y se metió a laburar como asesor legal de la CGT. En 1976 volvió a caer preso por motivos políticos y, luego de una brevísima estadía en el Regimiento 15 de Infantería, fue trasladado al buque “33 Orientales”, junto a Antonio Cafiero, los viejos de Jorge Taiana y Jorge Triaca, y Lorenzo Miguel, entre varios otros. Luego aterrizó en el penal de Magdalena, donde pasaría otro año y medio sopre a disposición del Poder Ejecutivo –o sea: Jorge Rafael Videla–, tiempo durante el cual falleció su madre sin que lo dejaran ir siquiera al sepelio. Lo largaron con “domicilio forzado”, una medida que estaba muy de moda por aquellos años verdes, mediante la cual un revoltoso se comía una suerte de prisión domiciliaria pero lo más lejos posible de su lugar de origen, hasta que lo liberaron del todo en 1980. Fue allí que aprovechó para mandar hábeas corpus por cualquier desaparecido del que se enterara, algo que hizo que su libertad durara menos de ocho meses. Cuando en marzo del 81 lo largan de nuevo, se puso a presentar nuevamente habeas corpus y un año después terminó detenido en una protesta contra Galtieri en la puerta de la Casa Rosada junto con Adolfo Pérez Esquivel, Saúl Ubaldini…y Hebe de Bonafini.

El hombre del que hablo se llama Carlos Menem, el mismo que siete años después de su última detención asumía la presidencia de la Nación para, meses después, comenzar su ronda de indultos navideños que se continuó para las fiestas de 1990. Y esta historia la cuento por dos motivos: primero, porque es cierta. Y segundo, porque demuestra que no todo lo que se haya hecho antes da impunidad perpetua por una cuestión de agradecimiento histórico. A modo de yapa, cabe agregar que no se conocen declaraciones de Néstor ni de Cristina en contra de los indultos. Estaban ocupados siendo menemistas.

Yendo a Hebe, durante los primeros años de la nueva democracia se opuso a la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas porque quería que estuviera manejada por las Madres. Como contraposición, durante los noventas también se opuso a las reparaciones económicas de más o menos 400 mil dólares por víctima de la dictadura y, más tarde, también fustigó la creación del banco de datos genéticos. Hebe nunca quiso una verdad que superara la verdad de ser víctima.

0807_Hebe4Llegado el kirchnerismo, las Madres que quedaron con Hebe pusieron en marcha una imprenta, una radio y una universidad. Todo financiado con la nuestra, pero administrado por ellas. Como contraprestación a la sociedad que tanto le dio, Hebe tomó la opción de no pagar un puto impuesto nunca. Obviamente, la AFIP tomó cartas en el asunto: se convirtió en auspiciante.

Recibieron plata de la Secretaría de Derechos Humanos, de la Secretaría General de Presidencia, de Jefatura de Gabinete y, obviamente, del ministerio de Obras Públicas. Municipios, provincias, todo resultó válido para recibir dinero público. Para que se pueda dimensionar: la radio de las Madres –que arrastra la misma audiencia que un especial sobre los gustos sexuales de Alejandro Dorio– recibió 6 millones de pesos por año de pauta oficial. Seis palos por año que nadie sabe a dónde fueron a parar.

Por si les parece poco todo esto que cuento muy por arriba, les recuerdo el último escándalo de Hebe: la estatización de la Universidad de las Madres, un engendro adoctrinador en el que dieron clases hasta terroristas de la ETA prófugos de la Justicia española. Para no perder la costumbre, acá tampoco pagaron un impuesto ni por error, evadieron las cargas sociales de los laburantes docentes y no docentes y dejaron una cuenta sin garpar de 200 palitos. Para marcar la diferencia con otros emprendimientos exitosos de Hebe, prohibió la conformación de un centro de estudiantes. Y si te quejás de los aumentos de tarifas, te tiro el dato: no pagaron el servicio de energía eléctrica durante los nueve años que administraron ese antro.

Hebe apostó a la ausencia del Estado de Derecho. La misma ausencia de Estado de Derecho que aniquiló a sus hijos.

La muerte de un ser querido no da impunidad, así hayan sido los propios hijos. Fíjense cómo le fue al ingeniero Juan Carlos Blumberg, que no cometió ningún delito y lo borraron del mapa por no ser Ingeniero, y después me cuentan. O busquemos a todos los familiares de las víctimas de Cromañón, del choque del Sarmiento, o los herederos de la violencia subversiva o militar que siguieron sus vidas haciendo lo que podían con el dolor que cargan y no salieron a violentar las leyes.

En un Estado de Derecho, somos todos iguales ante la ley. Y ése es el principal problema que ha tenido el kirchnerismo y del que los propios peronistas tendrían que hacerse cargo, por omisión ideológica: justicia social –y, por decantación, justicia a secas– e igualdad no son iguales. Justicia es darle a cada uno lo que se merece. Igualdad, es tratar a todos por igual. Y acá quieren aplicar una justicia histórica subjetiva por sobre la igualdad jurídica. No es de extrañar. Después de todo, es lo que han hecho con todos nosotros para colocarse en un lugar al que nunca pertenecieron: el de la defensa de los derechos humanos.

0807_CFK2La teoría del globo de ensayo no es mala, ésa que tiró el propio Schoklender al decir que el quilombo del jueves se dio porque estaban practicando para cuando –eventualmente– se la quieran llevar en cana a Cristina. Es cierto que se complica la idea de hacer un cordón humano desde El Calafate hasta avenida Comodoro Py 2002, pero esos son detalles que pueden verse más adelante.

Y ya que hablamos de Cris, la expresi apareció tres días al hilo en las redes sociales. Mientras se producía el quilombo de Hebe, salió a putear a la Justicia por lo que más le importa: su propio culo. De Hebe no habló. Horas más tarde, estuvo en la Facultad de Sociales de la UBA para conmemorar los 50 años de la Noche de los Bastones Largos. Allí aseguró que “se vienen noches de bastones muy largos”. No, de Hebe tampoco habló. Ayer sábado, volvió a tuitear como una señora aburrida para cuestionar los procedimientos judiciales en la causa Hotesur y afirmó que los verdaderos responsables de la movida del Dólar Futuro fueron los miembros del actual Gobierno. Se ve que tiene pruebas de Mauricio Macri obligándola a firmar decretos a punta de pistola.

En medio de toda esta ensalada, están los que creen que no se debe someter a la Justicia al que te cae simpático y que realmente estamos atravesando una dictadura, con lo que demuestran que cumplen con el ABC del manual del idiota, vocablo cuya más antigua acepción reza que “es un espíritu engreído por sus propias particularidades”. Individualistas que prefieren la ignorancia a la instrucción del ciudadano, el que vive en comunidad. Así, al tirarnos por la cabeza que todos somos egoístas por no aceptar la imposición de sus ideas, hacen gala de su individualismo refugiados en un discurso universal. Son los que disfrazan sus intereses (en este caso, intereses judiciales) en supuestos “intereses de la sociedad” para hacernos solidarios en las malas, cuando se hicieron bien los boludos en las buenas.

Es el paroxismo de la definición que Chantal Delsol realizó sobre los que llamó “aduladores del pueblo”: aquellos que oponen el bienestar al bien, la facilidad a la realidad, el presente al porvenir, las emociones e intereses primarios a los intereses sociales.

Lo increíble es que son verdaderamente democráticos a un nivel tan alto que no les dio para el republicanismo. ¿Cómo despreciarían esa democracia que, con todas las cosas que nos prometió y no cumplió, fue el caldo de cultivo ideal para que tengamos por deseo un mesías por encima del respeto a las instituciones?

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Domingo. Lo cierto es que en este país un tipo con muchos laureles en materia de Derechos Humanos terminó preso por sus cagadas como presidente. ¿Cuál sería el mérito de la expropiadora de viviendas bajo el amparo de la legislación dictatorial?

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El kirchnerismo actuó por fuera del sistema republicano cuando eran gobierno y lo sigue haciendo ahora. No se s omete a la ley.

Tienen motivos para estar nerviosos

Héctor M. GuyotLA NACION

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CFK: ignorancia en economía o delirio extremo

EDICIÓN IMPRESA COLUMNISTAS 08.08.16 | 00:00

Javier Milei, Economista

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CFK: ignorancia en economía o delirio extremoCFK: ignorancia en economía o delirio extremo

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La ex presidente Cristina Fernández de Kirchner decidió volver al ruedo dando su visión de la economía, tanto en lo concerniente al ‘paraíso’ dejado por su gestión como por los desastres infernales causados por el actual gobierno. En este sentido, la ex mandataria señaló que el programa precios cuidados había sido un éxito y que la herencia dejada ha sido formidable, en un contexto donde existía pleno empleo y desendeudamiento. A su vez, también señaló que el problema de la corrupción obedecía a la tiranía del sector privado que somete a las más bajas tentaciones a los angelicales funcionarios públicos.

De más está decir que la economía argentina distaba mucho de ser un paraíso. En los últimos cuatro años de gestión, el PIB por habitante quedó estancado y el promedio anual de inflación del período trepó al 30%. Por otra parte, la creación genuina de puestos de trabajo era nula, por lo que el nivel de pleno empleo se logró combinando un aumento obsceno en el número de empleados públicos y maquillando los datos de la PEA (población económicamente activa), algo que de ajustarse las cifras de desempleo por estas medidas la tasa se ubicaría en el 18%. En cuanto al desendeudamiento, la deuda en el momento previo al default estaba en torno a los USD 140.000M, la cual, aún con la quita que se le ha realizado (60%), al final del mandato ascendía a USD 250.000M. Por último, no es cierto que la corrupción sea responsabilidad del sector privado, de hecho, si el Estado no existiera, la corrupción no existiría ya que la misma no sería más que un mero problema entre privados.

Al mismo tiempo, habría que recordar que todo esto tenía lugar en un contexto donde había cepo cambiario (la brecha llegó a pasar el 100%), el desequilibrio fiscal (sin la cosmética) era de 8% del PIB, las reservas internacionales netas (limpias de encajes de los bancos, swap con China y deuda con importadores) eran nulas, había un desequilibrio en las tarifas de 15 veces, un exceso de pesos (Money Overhang) de cerca de 4% del PIB (desequilibrio similar a los de 1959 y 1975) y una bomba en el mercado de futuros por más de USD 20.000M. De hecho, éstas últimas dos bombas, de no haber sido desactivadas exitosamente por el BCRA, hoy estaríamos padeciendo una tasa de inflación en torno al 500% anual (la bomba de los futuros implicaba llevar la tasa de emisión al 80% anual y como en los casos mencionados la inflación se multiplicó por seis veces, la cuenta sale sola).

Sin embargo, ello no es todo. El daño causado durante el régimen kirchnerista es mucho más grave que la montaña de mentiras y los desequilibrios de corto plazo. El mayor daño fue el causado en la estructura del capital. Durante doce años se destruyó el capital físico, el humano, el institucional y el social, motivo por el cual ha caído el stock de capital por habitante condenándonos a tener una menor productividad y por ende ser más pobres.

La estimulación del consumo sin contrapartida en términos de ingreso permanente ha reducido el ahorro y con ello la inversión, de modo tal que nos hemos consumido una parte importante del capital físico. Por otra parte, en materia educativa, los resultados en las pruebas PISA dan cuenta de la pésima calidad en nuestro capital humano, donde el 70% de los evaluados no llega a cubrir los conocimientos mínimos y menos del 0,5% puede alcanzar niveles de excelencia. En lo institucional, los K tomaron una visión relativista de la justicia (la cual miraba de reojo por debajo de la venda dando crédito a quien violaba la ley) que no solo invertía la responsabilidad en los crímenes, sino que además, el respeto de los derechos de propiedad se volvió un objeto elástico.

Por último, respecto al capital social, la exacerbación de la puja distributiva encarada por el kirchnerismo ha llenado a la sociedad de envidia y resentimiento, generando un daño cultural que ha llevado a muchas personas a desconectar la relación entre el nivel esfuerzo y los resultados.
Todo este desastre no fue gratis. Hoy el PIB por habitante (dólares constantes) está por debajo del de 1998. De hecho, de no haberse hecho nada nuestro ingreso sería el doble (tendencia) y si consideramos que tuvimos el mejor contexto internacional de la historia nos perdimos de alcanzar un PIB/c tres veces más grande (esto si que es magia). En definitiva, que Cristina Fernández de Kirchner reclame el Nobel de Economía para su gestión es más disparatado que pretender clonar a Adolf Hitler para luego galardonarlo con el Nobel de la Paz.

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Una superpotencia a la deriva

POLÍTICA / 31 de julio de 2016

James Neilson analiza el escenario político en los Estados Unidos ante las próximas elecciones. ¿Hillary o Trump?

Por James Neilson

Una superpotencia a la deriva

Siempre y cuando el país más poderoso del planeta no nos depare más sorpresas mayúsculas en lo que queda del año, a partir del próximo 20 de enero tendrá como presidente ya a un personaje que, según sus muchos detractores, es un fanfarrón ignorante, ya a una señora que, en opinión de los suyos, es una delincuente corrupta que, para conseguir la candidatura de su partido, no vaciló en violar las reglas internas para poner fin al desafío planteado por Bernie Sanders, un rival tenaz. Si bien el consenso internacional es que sería mejor que la demócrata Hillary Clinton se instalara en la Casa Blanca porque parece ser menos peligrosa que el republicano Donald Trump, en su propio país el que sea una representante cabal del muy desprestigiado establishment le juega en contra.
En Estados Unidos son cada vez más los que quieren un cambio existencial, una especie de contrarrevolución que, imaginan, serviría para restaurar el mundo de anteayer, el del sueño norteamericano en que cualquier persona honesta podría triunfar. Puede que el cambio propuesto por “el Donald” sea torpe y fantasioso, pero lo que ofrece Hillary, aparte de la novedad de ser una mujer que aspira a un cargo que hasta ahora se ha visto monopolizado por varones, es más de lo mismo, lo que para muchos sería insoportable.
El desenlace de la contienda electoral, que durará hasta el 8 de noviembre, dependerá menos de las hipotéticas cualidades positivas de los dos sobrevivientes de las primarias o de los programas de gobierno respectivos que del desprecio, para no decir odio, que los votantes sienten por su contrincante. Para una proporción sustancial del electorado, será cuestión del mal menor, razón por la que se prevé que será una campaña extraordinariamente sucia. Para desviar la atención de sus propias deficiencias, que son enormes, tanto Trump como Clinton se dedicarán a subrayar las ajenas. Es como si hubieran firmado un pacto de destrucción mutua asegurada, uno que ya está provocando daños acaso irreparables al tejido social norteamericano.
De más está decir que a ninguno de los dos le será difícil encontrar grietas en la armadura del otro. Mientras que el Donald es un demagogo rabioso y a menudo incoherente que algunos comparan con Benito Mussolini, lo que es injusto puesto que el magnate parece tener más en común con Silvio Berlusconi pero que así y todo nos dice mucho acerca del clima fétido político que cubre la superpotencia, Hillary es desde hace casi tres décadas miembro de la elite más o menos progre washingtoniana y neoyorquina que, a juicio de los muchos que temen por el futuro, ha aportado a la evidente decadencia nacional.
A través de los años, la esposa de Bill ha sido blanco de una cantidad llamativa de acusaciones de todo tipo. Entre las más recientes están las de violar la ley al usar un servidor privado para e-mails oficiales y negligencia como Secretaria de Estado. No habrá sido su culpa que yihadistas asesinaran al embajador norteamericano en Libia, pero fue duramente criticada por atribuir la humillación no a la ineptitud de los servicios de inteligencia sino a la difusión por internet de un burdo video antiislámico. Así, pues, cuando Hillary alude a su experiencia en cargos gubernamentales, Trump puede responder diciendo que es en buena medida merced a la debilidad de la política exterior del gobierno de Barack Obama, en el que desempeñó un papel clave, que el mundo está hundiéndose en el caos.
Como no pudo ser de otra manera, Trump está más que dispuesto a aprovechar las oportunidades brindadas por la trayectoria accidentada de Hillary para basurearla. Por improbable que parezca, en dicha empresa cuenta con la ayuda entusiasta de muchos seguidores de Sanders, la víctima izquierdista de las maniobras apenas lícitas que fueron empleadas por Hillary y sus amigos del aparato partidario demócrata para despejarle el camino hacia la candidatura.
Aunque los simpatizantes de Sanders no quieren para nada a Trump, comparten con él la hostilidad hacia la globalización y la patria financiera de Wall Street. Cuando, al ponerse en marcha la semana pasada la convención demócrata en Filadelfia, su jefe los exhortó a votar por Hillary en noviembre, lo abuchearon. Para intentar reconciliarse con los rebeldes jóvenes que hicieron del septuagenario Sanders, un veterano de mil causas progresistas, su ídolo, la candidata ha olvidado su largo compromiso con el libre comercio, dando a entender que ella también está a favor de medidas proteccionistas. Lejos de ayudarla, tanta flexibilidad la ha perjudicado al brindar la impresión de que carece de principios firmes.
Tal y como están las cosas, aquellos que algunos meses atrás se aseveraban convencidos de que un sujeto tan ridículo como Trump no tendría posibilidad alguna de convertirse en presidente de Estados Unidos tienen motivos de sobra para preocuparse. Ya saben que subestimaron la intensidad del rencor que sienten los rezagados. Tardaron en entender que la voluntad del multimillonario de romper con la asfixiante “corrección política”, que suponían hegemónica, le conseguiría una multitud de adherentes nuevos. Creyeron que el Donald cometió un error estratégico fatal al proponer construir “un muro” entre su país y México para frenar la inmigración ilegal, pero, en términos políticos por lo menos, la sugerencia resultó ser un acierto; los angustiados por el ingreso descontrolado de millones de personas procedentes de otras partes del mundo incluyen a muchos hispanos. También lo ayudó otro “error”, el de querer impedir la entrada de musulmanes a Estados Unidos “hasta que sepamos qué está ocurriendo” en Europa, el Oriente Medio y el Norte de África. En cuanto a su oposición locuaz a la libertad de comercio, le ha asegurado el apoyo de millones de trabajadores amenazados por la globalización.
Últimamente, los horrorizados por el ascenso del multimillonario pintoresco de propuestas que les parecen estrafalarias han tenido que acostumbrarse a la idea alarmante de que pudiera triunfar en noviembre. Si lo que para ellos aún es una pesadilla se transforma en realidad, se debería menos a los eventuales méritos de Donald que a la incapacidad, acaso inevitable, de las elites tradicionales para manejar una transición traumática que es en buena medida producto del dinamismo tecnológico y económico de su propio país. En Estados Unidos, y también en Europa, se ha difundido la sensación de que el viejo establishment ha traicionado a la gente común que, para defenderse, está optando por probar suerte con alternativas que las elites califican de “populistas” o “ultraderechistas”. En vista de que hoy en día el establishment norteamericano está conformado mayormente por individuos acomodados de opiniones progresistas que suelen estar más interesados en asuntos como el presunto derecho de los transexuales de estados retro como Carolina del Norte a usar los baños reservados para personas cuyo género ha sido determinado por la biología que en el bienestar de la mayoría de sus conciudadanos, es comprensible que estos se sientan abandonados a su suerte.

Por un margen muy amplio, Trump es el candidato preferido de la clase obrera y media blanca que ha sido marginada por la evolución de su país; Hillary es la de cierta elite progresista blanca más las “minorías” hispana y negra. ¿Podría Trump arreglárselas para congraciarse con más hispanos y negros sin ofender a sus propias bases? Con el propósito de agregarlos a la clientela electoral de quien, mal que les pese a muchos, es su hombre, los estrategas republicanos están tratando de persuadir a los referentes de dichas minorías de que ellas también son víctimas de la inmigración masiva, el recrudecimiento de los prejuicios raciales y la muerte lenta de la industria manufacturera norteamericana. Para frustrarlos, los demócratas insisten en que Trump es un racista xenófobo, un militante del poder blanco que, de tener la oportunidad, se erigiría en un dictador fascista, de tal modo contribuyendo a agravar todavía más las nunca muy buenas relaciones que se dan entre los distintos grupos étnicos o culturales que conviven en Estados Unidos.
En teoría, la rebelión contra las elites que está agitando a todos los países avanzados debería ser protagonizada por izquierdistas resueltos a ver repartidos con mayor equidad los frutos económicos disponibles, pero, con las eventuales excepciones de España y Grecia, los líderes han resultado ser “derechistas”. Es que en casi todos los países, los movimientos considerados izquierdistas se ven dominados por profesionales de clase media o alta cuyos intereses personales y estilo de vida no coinciden con aquellos de la mayoría que sufre las consecuencias concretas de la inmigración masiva, el multiculturalismo y el progreso tecnológico. Aunque en sociedades democráticas los políticos no tienen más opción que la de jurar estar resuelto a luchar por la igualdad, a juzgar por los resultados, los esfuerzos en tal sentido de los comprometidos con diversas formas del progresismo han sido vanos. No extraña, pues, que en Estados Unidos y Europa abunden quienes se creen víctimas de una gran estafa y por lo tanto buscan algo distinto, aun cuando se trate de algo tan extravagante como el renacimiento voluntarista previsto por Trump.

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