La última justificación del afano por Brienza Intelectual K :”…sin la corrupción pueden llegar a las funcio nes públicas aquellos que cuentan de antemano con recursos para hacer campañas políticas”…gracias Chorean por la De mokracia!!! LAKRAS!

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Argentina: «La cifra de 30.000 desaparecidos fue un invento de los exiliados en España»…me entero ahora…

Fernández Meijide: «La cifra de 30.000 desaparecidos fue un invento de los exiliados en España»

La ex ministra y miembro de la Comisión para los Desaparecidos afirma que solo se han documentado 7.954 casos

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Graciela Fernández Meijide durante la entrevistaGraciela Fernández Meijide durante la entrevista – ABCBUENOS AIRES– 24/03/2016 a las 17:37:39h. – Act. a las 13:04:31h.Guardado en: Internacional

El debate sobre el número de desaparecidos durante la última dictadura argentina (1976-83) sigue sin cerrarse. Pasaron 40 años del golpe militar del 24 de marzo de 1976 y, según quien hable, arroja una cifra u otra. En la etapa de los Gobiernos del matrimonio Kirchner se declaró oficial el número de 30.000 pero la Comisión para la Desaparición de Personas (CONADEP) creada por el presidente Raúl Alfonsín, comprobó 7.954 casos. “¡Cómo que no se sabe! Claro que se sabe, son todos los publicados por la CONADEP”, exclama Graciela Fernández Meijide, miembro de aquella comisión, ex ministra de Acción Social del Gobierno de Fernando de la Rúa y madre de Pablo, el hijo que, con 17 años, los militares borraron de la faz de la tierra.

Autora de “Historia íntima de los derechos humanos en Argentina” Meijide averiguó de dónde salió y a quién se le ocurrió la idea de poner sobre la mesa el número de 30.000 desaparecidos. “Los exiliados en España habían formado la Comisión Argentina de Derechos Humanos. Entonces, no existía la figura de desaparición forzada. Eduardo Luis Duhalde me contó allí que pusieron ese número para poder apelar a la figura de genocidio y denunciar lo que estaba pasando”.

Duhalde, nombrado posteriormente Secretario de Derechos Humanos en el gobierno de Néstor Kirchner, decidió convertir la ficción en versión oficial y colocó la cifra de 30.000 en un nuevo prólogo que escribió, por delante del de Ernesto Sábato, en el Nunca Más, el libro que recoge, con nombres y apellidos, a todas y cada una de las víctimas del régimen militar. “¿Dónde están los nombres de esos veinte mil más? ¿Dónde sus familias y las denuncias?. Colocan las placas vacías porque no pueden poner un nombre”, comenta en alusión al parque de la Memoria de Buenos Aires que visitó Barack Obama.

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La Argentina berreta del mundo KK…el vicepresidente que truchaba facturas de viáticos…que banda de chorizos !

Las lecciones que deja Boudou

Cuando desde lo más alto del poder alguien falsifica facturas de hotel en provecho propio, el problema no es sólo de él, sino de todo el sistema político

MARTES 24 DE MAYO DE 2016

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De haberle hecho caso a Voltaire el ex vicepresidente Amado Boudou no ocuparía hoy el triste podio de ser el político más repudiado de la Argentina y el que con mayor desenfado menoscabó la investidura, dentro y fuera del país. Está procesado en más de 20 causas penales, que van desde el intento de apoderarse de la empresa que imprime billetes de curso legal hasta la malversación de caudales, además de violación de la Ley de Ética Pública, falsear los datos de su propio documento nacional de identidad y fijar como domicilio particular un médano en la playa en San Bernardo. La advertencia de Voltaire es sabia: "Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero". Una advertencia que le habría ahorrado demasiados episodios bochornosos al país y, no menos importante, muchos millones de pesos a los contribuyentes.

El último escándalo que se le conoce, revelado hace unos días en las páginas de LA NACION, reitera una conducta que está emparentada con lo que se conoce como trastorno obsesivo-compulsivo, pero en el caso de Boudou estuvo orientada al engaño, a maniobras fraudulentas y a la obtención de dinero de manera ilegal.

En París, siendo entonces ministro de Economía y partícipe de un encuentro de ministros y presidentes de bancos centrales del G-20, falseó facturas para justificar viáticos por 9395 euros. Dos meses antes, huésped en el mismo hotel de cinco estrellas, el Bel Ami, representando esta vez a la Argentina en el Club de París, hizo llegar al Palacio de Hacienda otra factura falsa por la suma de 19.937 euros. Con la asistencia de su secretario privado, Héctor Eduardo Romano, volvió a utilizar en París la táctica de las facturas apócrifas; saldó en efectivo los honorarios de dos traductores profesionales, pero el monto final que pagaron los contribuyentes argentinos fue mucho mayor.

La trayectoria de Boudou es un asombroso caso de supervivencia como lo prueba el hecho de que nadie, dentro o fuera del kirchnerismo y de todo el arco político acepte considerarlo como uno de los suyos. Su elección como candidato a la vicepresidencia, más que una sorpresa y una decisión tomada en soledad por Cristina Kirchner, terminó siendo un salto al vacío. Lo fue desde la noche en la residencia de Olivos en que ella, mientras creía ver ingresar el espíritu de Néstor Kirchner por una puerta entreabierta, lo eligió como su compañero de fórmula. Al hacerlo, sorprendió al propio kirchnerismo, sobre todo a Juan Manuel Abal Medina, hasta ese momento el candidato in pectore del movimiento nacional y popular.

En medio del festejo agridulce, la entonces presidenta de la Nación tuvo un momento de sincericidio. Admitió cuál fue el verdadero argumento por el que eligió a uno y no a otro. Citó la estatización -en realidad, una confiscación- de los fondos jubilatorios como uno de los principales logros de su gestión y, para evitar malos entendidos, mencionó dos veces que la propuesta se la había acercado Boudou cuando todavía estaba a cargo de la Anses. Elogió las cualidades personales de su ministro de Economía, su valor, y agregó: "Ese es el hombre que me va a acompañar." La mención del enorme traspaso de fondos públicos fue también un gesto hacia Néstor Kirchner. Nadie estaba más convencido que el ex primer mandatario de que no se puede hacer política sin dinero, sin importar de donde éste proceda.

Lo mismo cree Boudou que, por su temeridad, ambición de poder y falta de escrúpulos, bien puede ser asimilado a los personajes mediáticos de la llamada ruta del dinero K. La diferencia es que, pese a la difícil situación judicial que atraviesa y al unánime rechazo de la sociedad, insistió hasta el último día en retener su cargo como escudo protector. Y lo consiguió. Fue un vergonzoso replanteo de roles en un sistema presidencialista en el que el viceprsidente integra parte del Ejecutivo y preside el Senado de la Nación, pero su principal ocupación consistió en defenderse en los tribunales.

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No hay que olvidar que, en una de las causas, Boudou está acusado de haber adquirido, junto con otras personas, la empresa calcográfica Ciccone a través de distintas maniobras que van desde su intervención en la AFIP para el levantamiento de la quiebra de la compañía hasta la concreción de negocios con el Estado nacional. El fin último no era otro que contratar con el Estado la impresión de billetes y documentación oficial. Para el juez Ariel Lijo, Boudou hizo todas las maniobras "aprovechando su condición de funcionario público, primero como ministro y después como vicepresidente".

Por conveniencia y necesidad, Cristina Kirchner terminó siendo su único apoyo. También, una suerte de rehén cuando, ya como vicepresidente de la Nación, Boudou fue acusado en la Justicia por haber adquirido, junto con otras personas, la empresa Ciccone a través de distintas maniobras. ¿O acaso alguien puede seriamente pensar que la máxima autoridad del país podía ignorar semejante operación y lo que ésta escondía?

Cuando desde lo más alto del poder alguien llega al colmo de falsificar recibos de hoteles para apoderarse de unos miles de euros el problema no es sólo de él. Es una mancha que alcanza al sistema político y a la sociedad. En una democracia no solamente hay que temerle a la maldad de los malos, sino al silencio de los honestos.

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Despertaron tras un sueño de doce años y por fin abrieron los ojos. Lo que vieron los sorprendió: parece que en el Conurbano a la gente la asaltan, la secuestran y la matan por dos pesos.Los peronchos no tienen cura!

El Manifiesto de los caraduras

Análisis

Intendentes peronistas de la Federación Argentina de Municipios

Intendentes peronistas de la Federación Argentina de Municipios

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Despertaron tras un sueño de doce años y por fin abrieron los ojos. Lo que vieron los sorprendió: parece que en el Conurbano a la gente la asaltan, la secuestran y la matan por dos pesos. Valientes, se animaron a denunciarlo en una carta a la gobernadora Vidal: “Queremos hacerle llegar nuestra profunda preocupación respecto de los hechos de inseguridad que se vienen suscitando y el crecimiento del narcotráfico de estupefacientes en todo el territorio de la provincia de Buenos Aires”, escribieron esta semana. “El país se encuentra atravesando una ola de violencia y de delitos extrema, preocupante; muchos argentinos están muriendo o despojados de todos sus bienes, víctimas de hechos de inseguridad”. Humildes a pesar de tamaño descubrimiento, firmaron como “Federación Argentina de Municipios”. Pero no deben quedar anónimos: los autores son los 54 intendentes peronistas de la Provincia, encabezados por Julio César Pereyra (intendente de Florencio Varela desde 1992) y Verónica Magario (ahijada política de Fernando Espinoza, diez años intendente de La Matanza). Los mismos -o sucesores de los mismos- que el año pasado sólo se preocupaban por tener un comisario amigo en la Policía de su distrito, sin importarles que algún malpensado sospechara que lo único que querían era tener control sobre la caja negra.

No fueron los únicos en alzar la voz: Daniel Scioli pidió “un nuevo marco jurídico que tenga tolerancia cero al uso de armas”. Ocho años como gobernador bonaerense, parece, no le alcanzaron para hacer algo.

Las caras bien duras.

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Como los militares, los K no escondieron las huellas de sus delitos porque creyeron que se quedarían para siemp re

¿El fin de los 70?

Brasil y Argentina, procesos políticos que siempre se asemejan.

DILMA Y CRISTINA en otra época de Brasil y Argentina.

DILMA Y CRISTINA en otra época de Brasil y Argentina. | Foto: Cedoc Perfil

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No es a Dilma a quien echan en Brasil sino a Lula. Así como ella fue presidenta por Lula, deja de serlo también por él. Es a Lula, a su gobierno y a su partido, el PT, a quien se juzga por corrupción. Dilma es un significante del PT y de Lula. Lo fue en las buenas y lo es ahora en las malas.

Brasil y Argentina son gemelos, un espejo donde a veces uno, otras el otro, se adelanta un par de años, nunca más. Los juicios por corrupción que la Justicia brasileña empezó a apurar hace dos años, en Argentina comenzaron ahora con el nuevo gobierno. Allí la Justicia cambió la política, aquí la política cambió la Justicia pero el núcleo es el mismo.

Como Macri, al asumir Temer propuso mantener los planes sociales –allí Bolsa Familia aquí Asignación Universal– y al mismo tiempo reducir gradualmente el Estado promoviendo más mercado. Tiene la misma lógica porque comparte la misma zona geopolítica: el populismo fue posible por el aumento del precio de las materias primas y se agotó junto con sus mayores precios.

La lucha de fondo en Brasil y Argentina es contra la reencarnación de los 70 en formato de populismos

Como fueron posibles Getulio Vargas y Perón en el contexto de las guerras mundiales del siglo pasado, al igual que las dictaduras en Brasil y Argentina de los 60 y 70 como respuesta de Estados Unidos a la ex Unión Soviética tras la Revolución Cubana, o la llegada de la democracia promovida también por la política de Estados Unidos a favor de los derechos humanos que el Pentágono le dejó llevar adelante a un presidente débil como James Carter porque hería a la Unión Soviética y a Cuba donde más les dolía, sumado a que las guerrillas sudamericanas ya habían sido derrotadas militarmente tras la estrategia opuesta en la época de Kissinger/Nixon.

Las grandes olas de la economía mundial también les marcaron el paso a Brasil y Argentina: ambos países tuvieron hiperinflación en los 80, fin de la inflación y convertibilidad en los 90 junto con privatizaciones, para coincidir en lo que va de este siglo XXI con la emergencia del populismo al calor del crecimiento del consumo de nuestra soja por parte de China.

Ver a Temer o a Macri como causas y no como consecuencias sería el mismo error que ver a Cristina y Néstor Kirchner o a Lula y Dilma escindidos del contexto que les da y dio posibilidad de surgir. Argentina siempre profundizó un poco más cada ciclo: las dictaduras fueron más feroces, las privatizaciones más amplias y la corrupción, más escandalosa. Los brasileños dicen que es por nuestra herencia hispánica más guerrera versus la portuguesa, más negociadora: los hombres no hacen la historia como quieren sino con la predeterminación de lo dado: una geografía, unas condiciones naturales, una cultura y sus contingencias.

Pero sería un error reducir sólo a la economía (aumento del precio de las materias primas) las condiciones para que Lula y Néstor Kirchner hayan podido establecer un largo período de populismo en Brasil y Argentina. La cultura antinorteamericana, y por desplazamiento anticapitalista, que generó el traslado de la Guerra Fría a Latinoamérica a partir de la Revolución Cubana y la simpatía que generó el Che Guevara entre quienes en los 70 eran muy jóvenes marcaron a la generación que le tocó gobernar cuarenta años después. Lula y Néstor Kirchner se subieron y profundizaron una grieta preexistente: nacionales y populares versus cipayos. En parte fruto de que lo que simbolizó la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría en Europa al comienzo de los 90 recién se está produciendo ahora en Latinoamérica con la visita de Obama y el levantamiento de las sanciones a Cuba, sumado a que quienes eran jóvenes en los 70 y condujeron recientemente en Brasil y Argentina están pasando a retiro por una cuestión también biológica, como ya sucedió con los militares que gobernaron en los 70 que, al tener más edad, fueron y van muriendo.

Como una señal del destino que parece indicar el fin de los 70, en lo que respecta a su estela simbólica y su papel como principio rector de las categorías vigentes de la política, pocos días antes de que Dilma fuera suspendida en Brasil falleció quien fue su torturador cuando, a los 22 años, en 1970, fue detenida durante la dictadura en su país. Se trata del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, director de Operação Bandeirantes (el centro de informaciones del Ejército) y jefe de interrogatorios del Doi-Codi (otro centro de inteligencia y represión).

Queda la posibilidad de que el populismo de los últimos doce años en Brasil y Argentina fuera el retorno en forma de “comedia” de lo que en los 70 fue drama y violencia real, en lugar de la simbólica reciente. Siguiendo aquella frase de Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, sobrino de Napoleón: “Primero como tragedia y después como farsa”, parafraseando la idea de Hegel sobre que la historia se repite dos veces.

Como los militares, los K no escondieron las huellas de sus delitos porque creyeron que se quedarían para siempre

Y probablemente la Argentina esté recién ahora entrando en el siglo XXI de la política por el efecto retardado de nuestro colapso de 2001-2002, que nos mandó varios casilleros hacia atrás. Más difícil es preverlo en Brasil porque falta ver si Temer es un punto de inflexión sólido o apenas una transición hacia unas nuevas elecciones, y si el PT termina o no siendo arrasado por el desprestigio de la corrupción, como parece estar sucediendo en Argentina con el kirchnerismo. El futuro del populismo, tanto en Brasil como en Argentina, su extinción o regreso, dependerá del éxito económico que obtengan los gobiernos que lo reemplazan.

Ayer procesaron a Cristina por su causa menos emblemática, pero todo indica que pronto lo será también en aquellas de corrupción. Sorprenden los métodos primitivos y groseros de los Kirchner con los que pretendieron esconder sus delitos. Sólo es imaginable en mentes que creyeron que nunca iban a dejar el poder. Salvando las distancias, es el mismo error y la misma omnipotencia de los militares de la dictadura que pensaron que podrían salir impunes. Un indicio más de que los extremos se parecen. Ojalá en unos años confirmemos que lo que está sucediendo es el fin de los 70.

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