Impunidad conceptual de La Doctora

Miércoles 27 de mayo, 2015Por: Mundo Asís

El cristinismo envuelve y aplasta al opositor envuelto y aplastado

escribeBernardo Maldonado-Kohen

“No dejó las convicciones en la puerta de la Casa Rosada. Fue peor, las metió adentro”Oberdán Rocamora

Después del nutrido festival de “números vivos”, el cristinismo se muestra legitimado y dominante. En el final (que se extiende). Pese a sus desastres seriales.
Envolvente, el cristinismo es también aplastante.
Deja a la oposición-envuelta y aplastada. Entra en su juego. Lo complementa. No termina de afirmarse.
Cae en la actitud suplicante. Unificación o continuidad.
La impotente alternativa brota desde La Franja de Massa. Desde la señora Malena Galmarini, hasta Francisco De Narváez. O el mismo Roberto Lavagna. Insisten en la construcción coral del argumento unificador. Pero Mauricio Macri, por decisión estratégica, prefiere no atenderlo.
A esta altura no es sólo para bajar el precio a los aliados potenciales como Sergio Massa o Narváez. Ya no.
Macri esgrime la novedad relativa de la pureza étnica para confrontar. Sin importarle que lo responsabilicen por el triunfo eventual, en la primera vuelta, de Scioli o Randazzo. Quien La Doctora elija para hacerle la suplencia presidencial. O co-gobernar. Si es que prospera el proyecto de llevarla como diputada por la Provincia Inviable. Para elevarla como presidenta del Parlamento.
En tal caso habrá dos poderes superiores en la Argentina. El Ejecutivo y el Legislativo. Con un espacio, apenas nominal, complementario, para el Judicial.
“Si sale la Presidencia Legislativa, para Lorenzetti no va a haber lugar”, asegura la Garganta.

Sed de poder

La Doctora tiene más sed de poder que todo aquel que pretenda suplantarla.
Sea suyo o profano. Mantiene envueltos y aplastados, en principio, a los sucesores de su propia escuadra. Scioli, y -en menor medida- Randazzo.
Pero conste que se trata de peronistas. Pueden obedecerle hasta finales de octubre. Lo pactado, en adelante, tendrá la seguridad de lo escrito en el agua.
Por ahora, Randazzo tiene que ocuparse más de conseguir apoyos en el Frente para la Victoria que entre el resto mayoritario de la sociedad. Y ganarse la consideración de La Doctora. Para ganarle a Scioli con el favor de la tropa propia. Necesita aferrarse, hasta la sobreactuación, a los lineamientos de La Doctora. Si tiene suerte, ajustará luego su mensaje para la gente normal. Y emanciparse -en algún momento- de ella.
En cambio Scioli está algo más aventajado que Randazzo. Cuenta con el apoyo superior de los caciques del peronismo. Soportan los llamados de Zannini, que se arriesga a recibir respuestas similares a la del gobernador Gioja.
“Con Scioli gano, con otro no sé”.
Pero Scioli, como Randazzo, también debe mantenerla imposiblemente mansa a La Doctora. Al extremo abusivo de reconocer que Kicillof es indispensable. Novedad que no reconforta a Miguel Bein, que ahora se muestra en público menos crítico.
“Por derivaciones del Teorema de Baglini”. Lo dijo Bein en el almuerzo del Cicyp.
“Solo cuando uno se acerca al poder se vuelve razonable”.

Tergiversaciones escogidas

Resulta admirable la capacidad De La Doctora para mitificar las epopeyas inventadas.
Abusa de la impunidad conceptual. Para envolver -y aplastar- al periodismo crítico. El enemigo señalado, para devaluar con mayor eficiencia al opositor real.
Gracias a la impunidad de concepto, La Doctora se luce con las emotivas tergiversaciones. Con los desbordes teatralizados. Conmueve a los adictos sensibilizados, como horroriza a los detractores.
Síntomas de la sociedad dividida y enfrentada.

“¡Recuperamos YPF!”, clama La Doctora, conceptualmente impune. Sin réplicas.
Por la catastrófica expropiación. Sin graves reproches ni cuestionamientos, se pasó de las compadradas ministeriales de Kicillof, a la capitulación más humillante del mismo Kicillof. Al extremo de elevarlo a Brufau, el CEO de Repsol, como el gran héroe nacional de España. Por el milagro de conseguir, para las arcas exhaustas, 6.500 millones de dólares, procedentes desde el país exangüe (cliquear), Argentina, internado en terapia intensiva.

Se advierte que, de tanto envolver y aplastar con la tergiversación, se arriba a la conclusión que La Doctora y El Furia fueron siempre valientes defensores de los derechos humanos.
Y que no fue ninguna convención del conjunto de pícaros que percibieron las ventajas del humanismo.
Entonces reinstalaron las ceremonias de la carnicería en el primer plano. Declararon a la Esma como territorio liberado, apresaron a una apreciable cantidad de septuagenarios y descolgaron un par de cuadros falsos. Mientras tanto, en simultáneo, se entregaban a la devastación recaudatoria, asociada a la idea eterna de la impunidad.
Al respecto, desde el periodismo artesanal, se acuñaron algunas frases dolientes.
“Con la izquierda adentro se puede robar mejor”.
U otra igualmente grave.
“Del roban pero hacen se pasó al roban pero apresan y castigan”.

Sin embargo la impunidad conceptual celebra la máxima idiotez geopolítica que produjo el extinto.
La grosería diplomática de Mar del Plata, presentada como otra gran proeza. Papelón internacional que legitima el anticipo del aislamiento.
Fue cuando El Furia armó la patota con Chávez, el otro extinto, liado principal, para desairar al estadounidense Bush. Y organizarle patológicamente en las calles, desde el Estado, una manifestación adversa.
Inicio del descalabro que profundizó el descenso de Argentina en el “clima de negocios”. Y en la proclamación del antimperialismo pueril, improvisado, adolescente y a la bartola.
Tristezas del país defaulteado y desacatado. Desprestigio de una caída libre que de ningún modo se simula con la irrupción tonificante de China.
A propósito, China pone el dinero grande en Brasil, para financiar una ruta desde el Atlántico al Pacífico. Y la pone también en Nicaragua, para construir el canal que desplace en importancia al canal de Panamá.
Mientras tanto, la legitimidad del yuan, China se la confía a Chile.
Aquí, en la desmesura patagónica, China distrae unos cuantos miles de millones de yuanes para financiar el negocio demorado de las represas. Las que tuvieron más anuncios como nombres. Pero de paso edifican, como si se tratara de una propina para caja de empleados, una base satelital inexplicable, que depende de sus fuerzas armadas.
Esta Argentina, para China, es, en importancia, como cualquier otro país subastado de África.

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No debería sorprender que quien confía en eternizarse a través de un Centro Cultural Kirchner, que contiene u na sala Néstor Kirchner, en la que se ofrece una exposición sobre Néstor Kirchner, olvide que el 25 de Mayo los argen tinos recuerdan algo más que la asunción de Néstor Kirchner.

Martes 26 de mayo de 2015 | Publicado en edición impresa

El análisis

El núcleo de la despedida: todo es Kirchner

Por Carlos Pagni | LA NACIONSEGUIR

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No debería sorprender que quien confía en eternizarse a través de un Centro Cultural Kirchner, que contiene una sala Néstor Kirchner, en la que se ofrece una exposición sobre Néstor Kirchner, olvide que el 25 de Mayo los argentinos recuerdan algo más que la asunción de Néstor Kirchner. O que se sirva del marco de una fiesta nacional para pedir el voto para la propia facción. Es lo que le ocurrió ayer a la Presidenta.

Esa clausura endogámica es algo más que egocentrismo. Expresa una estrategia de poder. Cristina Kirchner intenta consolidar una base social propia para seguir interviniendo en el proceso político una vez que haya dejado la Casa Rosada.

Su objetivo principal no es consagrar al sucesor. Es condicionarlo.

Pocas veces la Presidenta innovó tan poco como en su presentación de anoche. Como nunca, se repitió a sí misma. Dijo cómo quiere que sean recordadas las administraciones de ella y de su esposo: reivindicación de los derechos humanos, reestructuración de la deuda, rechazo al ALCA, construcción de escuelas, reparto de libros y computadoras. El molde de ese mensaje es conocido: "Menem lo hizo". Como todo caudillo que debe dejar el poder, no destinó sus palabras a conquistar a alguien, sino a retener a los que tiene.

Habló, como viene haciendo desde que perdió las elecciones, para "nosotros". Es decir, para los consumidores de impuestos, los que no están preocupados por la creación de la riqueza, los que dependen del Estado para seguir viviendo. Desde que se frustró la posibilidad de una nueva reelección, los demás, "ellos", ya no tienen lugar en su planteo.

Envuelta en una oratoria melodramática, volvió a fijar una posición conservadora. Denunció que la opción entre cambio y continuidad es una falacia. Todo aquel que quiere una modificación busca, según ella, una regresión. A 2001, a los 90, a la dictadura. Hay infiernos para todos los gustos.

Es un argumento conocido. El PT, en Brasil, se sirvió de él hasta el hartazgo. Los que proponen cambios pretenden, en realidad, despojar a los ciudadanos de los beneficios recibidos durante una era de bonanza. La Presidenta se limitó a esbozar esa extorsión. Decir que "cambio es el nombre del pasado", invirtiendo la fórmula de Kirchner, hubiera sido demasiado.

El enfoque que Cristina Kirchner volvió a exponer ayer plantea más dificultades a los candidatos del propio grupo que a los rivales. Para ganar las elecciones, el peronismo necesita prometer algunas mutaciones. Reducir la inflación, luchar contra la corrupción, combatir la inseguridad. Cosas por el estilo. Pero esas propuestas suponen una relativa toma de distancia de una gestión que ayer, de nuevo, quedó sacralizada. La Presidenta no puede tolerar esa herejía. Y es lógico: diferenciarse es hacer un ejercicio de la crítica. Y para ella, crítica es complot.

PERJUDICADO

El principal perjudicado con este enfoque proselitista es Daniel Scioli. Si el universo kirchnerista se repliega sobre los que sueñan con canonizar la experiencia de los últimos años, el gobernador de Buenos Aires corre el riesgo de que sus simpatizantes migren a otro club. Es la apuesta de Florencio Randazzo. Y no debe extrañar: es la apuesta de la Presidenta y su círculo inmediato. Las opciones que ella ha tomado en las últimas semanas corroboran ese sesgo. Los candidatos preferidos de Cristina Kirchner no fueron Daniel Filmus o Diego Bossio. Son Mariano Recalde y Aníbal Fernández. Es natural que sea así. Más que alguien que represente a la sociedad, está buscando alguien que la exprese a ella misma. Esa autorreferencialidad caudillesca se salva con una fórmula infalible: "Mi único heredero es el pueblo". Ayer la Presidenta rozó esa declaración. Muerto Kirchner y retirada ella, el destino de las políticas que hay que defender ya no depende de un líder. "Depende de ustedes". Es lo que sucede con el plan de salvación en ausencia del Mesías.

Scioli registra cada vez más esta dificultad. Y lo tiene malhumorado. La semana que pasó, por primera vez en mucho tiempo, tuvo un arranque de ira. Alguien de su máxima confianza, que solía calmar a Menem en trances similares, lo contuvo. La irritación de Scioli tiene sus motivos. No pudo viajar a Salta ni a Chaco por temor a que en los festejos por el triunfo del PJ lo abuchearan. En el caso de Salta, el que le advirtió el peligro fue el propio Juan Manuel Urtubey: "Mejor no vengas, Daniel. Te pueden hacer cualquier cosa".

Para que el paisaje se vuelva más desolador, llegaron las insinuaciones de Axel Kicillof. El martes de la semana pasada el ministro dialogó durante una hora y media con el empresario Rubén Cherñajovsky. Este gran importador de Tierra del Fuego lo había ido a visitar para exponerle las dificultades del sector por la falta de dólares. Pero, sabiendo que se trata de uno de los mejores amigos de Scioli, Kicillof dedicó casi toda la reunión a enviar un mensaje a La Plata. Fue muy explícito: "Tu amigo cree que yo ignoro los problemas. La inflación, el cepo, los buitres. Pero yo conozco todo. Tenés que explicarle que él necesita aquí, en el ministerio, alguien que entienda. Hay muchas dificultades que hay que conocer. Y tiene que ir de a poco, con gradualismo". Curiosa plasticidad la del ministro de Economía. Unos días antes se había declarado parte de un proyecto colectivo y prometió esperar que le indiquen qué se espera de él más allá de 2015.

Cherñajovsky transmitió el recado de inmediato. Y el miércoles, Scioli contestó: "Kicillof es alguien que por su experiencia puede tener lugar en cualquier gobierno". La respuesta no lo libera del dilema. ¿Cómo desairar al ministro del que depende para llegar hasta las elecciones con la provincia controlada? ¿Cómo atraer el voto independiente hablando de la continuidad de Kicillof?

Cristina Kirchner está a años luz de ese problema. En el último segmento de su discurso de ayer pidió el voto para las políticas de su gobierno. No para los candidatos de su partido. Es el núcleo de su despedida. Y hace juego con su hora inaugural. La de una presidenta que recibió el bastón de mando, primero, de su esposo, y después, de su hija. Como en el nuevo centro cultural, también en su política todo es Kirchner..

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Es inútil pretender que las cosas salgan bien cuando hacemos todo lo posible para que salgan mal

AGUAFIESTAS

Manga de inútiles

El escándalo del fútbol refleja otras mayores incapacidades de la dirigencia nacional. Fin de ciclo, de Chile a Argentina.

TENIAMOS PATRIA

TENIAMOS PATRIA | Foto: Pablo Temes

Qué notable capacidad para arruinar casi todo: lo que mejor hacemos, la pasión de multitudes, los colores del corazón. El verdadero superclásico argentino es convertir una fiesta en un desastre, que pudo haber sido un velorio. Un país que fue y debería ser fabuloso quedó transformado en un ejemplo mundial de fracaso colectivo, mediocridad, soberbia, cobardía y desazón.
Sería un error poner el foco en Boca, el fútbol, la Conmebol, Berni, el Cata Díaz o las bocas tapadas para que no se note el desconcierto y la incredulidad. Pudo haber pasado en cualquier cancha, cualquier otro día, en cualquier otro deporte o en un recital. Pasó en la AMIA, Cromañón, en la tragedia de Once, con la crisis energética y con la inflación. Arruinamos a Madres de Plaza de Mayo, a la Universidad de Buenos Aires y hasta a la pobre estatua de Colón. Se trata de una sociedad que involucionó a tal punto que es incapaz de resolver las cuestiones más simples y esenciales, de preservar sus recursos más valiosos. Que prefiere engañarse a sí misma, deslindar responsabilidades, negar la realidad, invertir fortunas en proyectos absurdos, derrochar tiempo y posibilidades. Todo, rodeado de un marketing tan patético como efectivo, tan caro como seductor: conectamos, igualamos, somos buena gente, solidarios, incluimos, construimos, informamos, recreamos, educamos y sanamos. Fuimos potencia, la casa estuvo en orden, qué lindo fue dar buenas noticias. Ganamos, siempre ganamos. No importa el resultado, quién o cómo lo mida: para eso destruimos el Indec, ¿para qué lo queremos? Siempre estamos mejor.

Sería un error desconocer que también hay otra Argentina. Que trabaja, innova, se esfuerza, lucha, se sacrifica, apuesta e invierte en el largo plazo, que se rompe el alma cada día para estar aunque sea un poco mejor. Que mira esta apabullante decadencia con vergüenza e impotencia. Que no le encuentra la vuelta y que, por suerte, ya no se raja tanto como antes –prefiere pelearla desde acá–. Pero está bastante resignada: no espera nada bueno ni demasiado nuevo de sus gobernantes. Ya la han engañado muchas veces. Si hasta intuye que son todos iguales. O parecidos. Qué más da.

Castillos en el aire. Ante la frustración colectiva, nos ilusionamos con muy poco. Y tendemos a focalizar en proyectos individuales, en salidas egoístas, en zafar. Como si eso fuera acaso posible, de ese modo pretendemos minimizar el impacto de los groseros errores del Estado, de las patéticas dificultades de coordinación que tenemos los argentinos como sociedad. Ejemplo: frente al flagelo de la inseguridad, instalamos rejas y alarmas, nos mudamos a un edificio con sereno, a un barrio privado o ponemos una garita para que un policía retirado, a menudo casi un Fayt de las fuerzas de seguridad, ahuyente a los cretinos que nos vienen a robar. Les damos celulares a los chicos para que nos manden mensajes a cada rato, adaptamos nuestra vida cotidiana, limitamos nuestros movimientos, nuestra vida cultural y nuestra espontaneidad. ¿Arreglamos el problema? Para nada: invertimos fortunas para tener la sensación de que hacemos lo posible para minimizar una amenaza que está siempre latente, al acecho. Y en cualquier descuido, sin duda, nos va a afectar.

Sin embargo, este comportamiento alcanza niveles totalmente absurdos y costos absolutamente exorbitantes cuando los protagonistas son nuestros dirigentes políticos. En ellos prevalece un personalismo extremo, y esto involucra tanto a los que están en el Gobierno como los que pugnan por llegar desde la oposición. Se creen la solución, pero en verdad son una parte fundamental del problema.

El extremo más patético y enfermizo es la intención de quienes están ahora de “salvarse”, logrando impunidad de cara a lo que se viene. Eso implica acumular todo el poder posible, incluyendo el del veto, para seguir influyendo en la agenda pública a partir del 10 de diciembre próximo. CFK se va de la presidencia con poder, pero el poder se le va de las manos. Un hecho inédito en el país: desde el regreso a la democracia, nadie finalizo su mandato reteniendo tanta autoridad. No se resigna a abandonar ese viejo sueño de poder eterno, aunque en la práctica sólo puede construir meros castillos en el aire.
El sociólogo chileno Manuel Garretón acuñó el concepto de “enclave autoritario”: mecanismos institucionales generados por un líder saliente para seguir influyendo después de abandonar la presidencia y, en particular, lograr impunidad. Esto permitió entender los dispositivos contenidos en la Constitución pinochetista de 1980, que siguió vigente durante los primeros quince años de la transición y que alteraba con disposiciones de naturaleza autoritaria el normal funcionamiento del sistema democrático. Por ejemplo, un sistema electoral binominal para que las fuerzas de derecha estuviesen sobrerrepresentadas (que fue desarticulado recientemente); la imposibilidad de que el presidente llamase a retiro a los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas; la designación de senadores vitalicios para vetar cambios institucionales; y la asignación directa de un porcentaje de los recursos del cobre para financiar a las Fuerzas Armadas, entre muchas otras.

Malas noticias para Cristina: ni siquiera Augusto Pinochet logró los resultados esperados: terminó asediado con causas judiciales, totalmente desacreditado en Chile y en el exterior. Su debacle precipitó la despinochetización de la sociedad chilena. Las fuerzas de derecha se fortalecieron con su inesperada democratización, y hasta llegaron al gobierno con Sebastián Piñera.
Lo que está haciendo ahora CFK, a la luz del ejemplo chileno, no tiene mayor sentido. Se trata simplemente de los caprichos típicos de quien atesoró demasiado poder y, ante la inminente pérdida, se desespera. Mientras tanto, dedica tiempo y esfuerzo a diseñar una estrategia de retirada que a la corta o a la larga no servirá para nada. El que venga construirá autoridad desde la presidencia, ella lo sabe mejor que nadie. Fue protagonista de un poder que ella misma construyó de la noche a la mañana cuando falleció Néstor, y antes fue testigo de cuando su difunto marido logró acumular influencia “desde arriba”, entre 2003 y 2005.

Tal vez tenga un as en la manga y logre su cometido. Difícil. Esas mangas se tajean fácilmente, por ahí penetran esos raros gases tóxicos que te nublan la vista, te cierran la garganta. Es imposible evitar las consecuencias de tanta desidia. Es inútil pretender que las cosas salgan bien cuando hacemos todo lo posible para que salgan mal

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TELEPOLITICA DEGRADANTE La noche triste de Tinelli

Por Beatriz Sarlo | Los tres presidenciables invitados dieron cierta pena en el principal show televisivo del país. El pobre rol asignado a sus mujeres.

Tinelli es tan importante como para sentarse en la mesa del poder.

Tinelli es tan importante como para sentarse en la mesa del poder. | Foto: Cedoc

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El programa de Tinelli es producto de dos factores combinados: por un lado, la estética y la ideología de la televisión más mercadocéntrica de la Argentina (el rating es nuestro dios y nuestro rey); por el otro, tres candidatos a presidente que decidieron ser parte de las mercancías ofertadas en esa vidriera.

El negocio de Tinelli es clarísimo.Tiene un guiño del kirchnerismo para comenzar su programa con una parodia de las cadenas nacionales de Cristina. Tal permiso sobreentendido lo pagó con sus declaraciones a PERFIL de que ella es una gran mujer y una muy buena presidenta, palabras que, a su vez, retribuyen lo acordado con el Hijo Máximo sobre la AFA y otras candentes cuestiones del deporte para todos y todas.

Tinelli es tan importante como para sentarse en la mesa del poder. Será un Cristóbal López de los años que vienen; un adivino de los meganegocios quizá prevea que el conflicto con el canal de la “corpo” pueda entrar en período de negociación. Cristina aprendió que “Alica alicate” le dio el triunfo a De Narváez en 2009.

Pero la cuestión no es el chancho sino quien le da de comer. Es decir, quienes se convierten en alimento de la insomne máquina tinelliana. Scioli, Macri y Massa aceptaron inaugurar el “Bailando 2015”. Ellos creyeron, probablemente con la cínica verdad de los hechos inevitables, que abrazarse con Tinelli y obtener treinta puntos de rating era una oportunidad que no debía perderse. Sobre todo, no podían permitir que estuviera allí alguno de sus competidores mientras uno u otro se quedaba en su casa como un marmota. Significaba dar demasiada ventaja a quienes barrieran el piso del estudio con la gracia de sus esposas.

La alternativa era que se pactara que ninguno iría a lo de Tinelli. Pero ese pacto era peligroso, porque a último momento alguno de los firmantes podía traicionar y aparecer en el programa. Era peligroso también porque abría la posibilidad de una venganza del conductor (sea la que fuera). Por otra parte, ni Scioli, ni Macri ni Massa son peces nuevos en el estanque de la telepolítica, es decir que no cambiaron de atmósfera.

Fieles a sí mismos. Los candidatos tuvieron intervenciones diferentes. Scioli fue idéntico a sí mismo. Macri entonó un himno a la felicidad, dando una prueba más de que es flojo de oratoria y repetitivo cuando quiere interpelar la imaginación. Massa, quizás ansioso por cómo le está yendo en el FR, fue quien más forzó el espectáculo hacia el lado político.

Lo más triste que ofrecieron los candidatos fueron sus propias mujeres, que estaban en el lugar tradicional y reaccionario: simpáticas sonrisas iluminando la banalidad. Respondieron como si estuvieran tomando un trago con sus amigas y así nos enteramos de que Macri sigue diciéndole a Awada “negrita hechicera”, como lo tuiteó hasta el cansancio cuando se casaron; que ni Scioli ni Massa son muy románticos, e informaron sobre la cota de fogosidad entre las virtudes matrimoniales de cada uno. Quien más perdió fue Malena Galmarini, la mujer de Massa, que gusten o no sus posiciones, puede hablar de política y no sólo hacer revelaciones dignas de un programa de la tarde. La que más conservó su estilo fue Karina Rabolini, porque habló y “confesó” menos. En fin, sus maridos las colgaron de la ganchera de la carnicería.

Que los candidatos hayan bailado y se hayan zarandeado no es sino un capítulo más del apogeo de la danza al que también contribuye la Presidenta. También habrían estado cómodos en los vetustos programas de Roberto Galán. Todo sea por el poder y la gloria.

No es esperable un debate profundo entre estos tres sujetos de la política. Ya los hemos escuchado: prefieren el monólogo a la polémica. Ni Scioli ni Macri son oradores normalmente dotados; por reiteración mediática, nos hemos acostumbrado a sus respectivas albóndigas de lugares comunes. Y Massa compite mal con quienes le van a tirar a la cara los “logros” de sus gestiones o su pasado kirchnerista.

Los tres eligieron mostrarse por separado, como ya es un formato que el periodismo político volvió costumbre: nadie dialoga con nadie, cada uno emite su monólogo en solitario, como si fueran prisioneros en la torre de sus respectivas campañas o en la mesa que ocupan dentro de la escenografía de un canal de noticias. Van a tener que trabajar a destajo los productores de televisión que desean un debate presidencial. Los políticos argentinos hablan mucho de diálogo, pero sentarse a compartir el plano les parece cosa del diablo. Por otra parte, como observó Margarita Stolbizer, la concentración en esas tres figuras inclina la mesa hacia el lado de los grandes jugadores.

La noche del lunes fue triste, y me atrevería a decir que no tiene mucha competencia por el podio de la degradación política.

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Nada nuevo bajo el sol. Recurrir a conspiraciones es una maniobra torpe y remanida de populismo autoritario

Editorial I
Conspiraciones: cuando todo tiene que ver con todo
Las teorías conspirativas a las que nos tiene acostumbrados la Presidentasólo apuntan a su victimización y a la consolidación de un poder autoritario
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En su reciente viaje a Moscú, Cristina Fernández de Kirchner leyó tres veces un artículo de opinión sobre la muerte del fiscal Nisman que le dio pistas para interpretar lo sucedido aquel fatídico 18 de enero. Dando rienda suelta a su afición por las teorías conspirativas, la Presidenta publicó un largo ensayo en su sitio web, vinculando al fallecido fiscal con los fondos buitre, la justicia neoyorquina, los intereses financieros, los medios "concentrados" y la DAIA.

"You see, everything has to do with everything" ("como verás, todo hace juego con todo") reza el sitio bilingüe de la primera mandataria. "Estamos ante un modus operandi de carácter global, que no sólo lesiona severamente las soberanías nacionales interfiriendo y coaccionando el funcionamiento de los distintos poderes de los Estados, sino que genera operaciones políticas internacionales de cualquier tipo, forma y color", acota.

De regreso en su país, la Presidenta denunció más "agresiones y atentados contra la soberanía popular" por medio de "formas más sutiles de intervención foránea en las democracias" sudamericanas, durante un acto en la Casa Rosada en el que descubrió dos retratos de Néstor Kirchner y de Hugo Chávez.

El destino ruso de su periplo íbero-eslavo debió gravitar al momento de atar cabos, pues fue en la Rusia zarista donde se difundió la primera conspiración sionista destinada a justificar los linchamientos multitudinarios y el expolio de bienes -conocidos como pogroms- que sufrían los judíos hacia 1902. Y fue en la Rusia soviética donde se desarrollaron los tres juicios de Moscú (1936-1938), que condenaron a muerte a miembros del Partido Comunista, forzados a declarar su falsa participación en distintas conjuras.

En Los protocolos de los sabios de Sion del período zarista, se advertía sobre la confabulación sionista para adueñarse del mundo. Esa historia fue completada con el Plan Andinia, un supuesto complot para desmembrar la Patagonia, creando allí un nuevo estado judío. El padre de nuestro actual canciller fue interrogado en prisión por los militares acerca de ese absurdo plan. Ahora es el hijo de don Jacobo Timerman quien emula a los uniformados rastreando otra conspiración parecida. ¿Síndrome de Estocolmo?

No es la primera vez que la presidenta argentina recurre a una teoría conspirativa para victimizarse ante conflictos institucionales o movilizaciones populares que pudiesen debilitar su poder. Desde los "golpes de Estado" a los "golpes de mercado", pasando por los golpes mediáticos, judiciales o financieros, el kirchnerismo siempre recurre a la figura de los intentos "destituyentes" para inculpar a sus opositores, y no pocas veces valiéndose del abuso de la cadena nacional y hasta apuntando, con nombre y apellido, contra empresarios o periodistas que hubieran cometido el pecado de cuestionar las políticas del gobierno nacional.

Teorías conspirativas hay muchas y la mayoría son inofensivas. Desde los extraterrestres de Roswell al Santo Grial de El código Da Vinci, pasando por la maldición de Tutankhamon y las profecías de Nostradamus.

Pero cuando son lanzadas desde el poder, tienen un carácter político, bien concreto, práctico y operativo. Las verdaderas democracias no utilizan esas técnicas rudimentarias para dominar a la sociedad, pues, por definición, respetan las instituciones, la libertad de expresión y los derechos de las minorías como forma de convivencia y fórmula de progreso con inclusión.

Las teorías conspirativas se invocan para justificar un control total sobre todas las formas de vida social, sin división de poderes, alternancia o contrapesos. En el régimen totalitario, se exalta la figura de un personaje con poder ilimitado, que utiliza la propaganda oficial en su provecho y considera a la Constitución Nacional como una herramienta reaccionaria para frenar la voluntad popular. Todos los actos de gobierno son magnificencias de la primera magistratura. Debajo de cualquier cartel o spot publicitario debe aclararse que quien entrega, construye, provee o regala es la "Presidencia de la Nación". Sin ningún rubor, pues en las emergencias, se requiere la suma del poder público para defender a la Patria.

Las supuestas conspiraciones han servido para acrecentar su poder tanto a gobiernos de derecha como de izquierda. Fueron modelos del primer grupo Francisco Franco, Adolfo Hitler, Benito Mussolini y varios dictadores latinoamericanos. También usaron el mismo instrumento José Stalin, autor de los juicios de Moscú; Fidel Castro, padre del "paredón", o Hugo Chavez, su discípulo de menor cuantía.

La teoría conspirativa, en su versión populista, tiene un anverso y un reverso. En lo interno, se exalta el ser nacional hasta convertir la argentinidad en paradigma de la perfección universal. Somos un país con buena gente, esforzada, honesta y trabajadora. Somos un país que merece feriados innumerables, fútbol para todos, subsidios sin límites, empleos militantes, jubilaciones sin aportes, alumnos sin aplazos y hasta delincuentes sin castigo, porque también son buena gente.

Según la teoría conspirativa, nuestras desgracias se originan en una confabulación internacional en la que confluyen tres enemigos del ser nacional: uno exterior, uno interior y otro anterior.

El enemigo exterior es el mundo occidental, donde existe división de poderes y libertad de prensa. En particular, donde esas instituciones funcionan con mayor perfección: el mundo anglosajón. Allí están el juez Griesa y los fondos buitre, y allí estuvieron Spruille Braden y el vizconde Runciman, el destino manifiesto de Monroe y el gran garrote de Teddy Roosevelt, los mineros de Rivadavia y las maestras de Sarmiento.

El enemigo interior es el peor de todos, pues traiciona a su patria. Es el famoso "cipayo" o "vendepatria". En una interpretación posmoderna, compatible con los cargos y sueldos de La Cámpora, son "cipayos" quienes no comulgan con el "modelo", quienes marchan por la muerte del fiscal Alberto Nisman, denuncian la corrupción y apoyan la independencia de la Justicia.

El kirchnerismo también ha reinventado la definición del "enemigo anterior". La generación del 80, según la teoría conspirativa, malversó la independencia integrándonos al imperio británico, primero, y al estadounidense, más tarde. No hubo entonces una revolución educativa, ni ferrocarriles, ni caminos, ni puertos, ni oportunidades para millones de inmigrantes. Para el kirchnerismo, el cónclave conspirativo incluye a los militares y civiles de la última dictadura, a los radicales "gorilas", a los menemistas privatizadores y hasta a los propios kirchneristas expulsados luego de la muerte de Néstor Kirchner.

Si quedan dudas respecto de quiénes nos han conducido por el mal camino desde 1810 hasta la fecha, el relato oficial pretende persuadirnos, a través del multimedios kirchnerista, de que en las raíces de nuestra historia hay un destino común que nos enlaza con la República Islámica de Irán, la Federación Rusa, la República Popular de China, la República Socialista de Vietnam, la República Bolivariana de Venezuela y la República de Cuba, cuyos sistemas político institucionales no admitirían jamás complots, confabulaciones o conspiraciones.

Nada nuevo bajo el sol. Recurrir a conspiraciones es una maniobra torpe y remanida de populismo autoritario. Fundar acciones de gobierno en un holismo improvisado es una actitud adolescente para ampliar la grieta que este gobierno, desde hace 12 años, se ha empeñado en abrir entre los argentinos. Para tener Patria, se requiere diálogo y respeto por las instituciones, no falsas teorías para encubrir dolorosas realidades..

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