El régimen venezolano solo podrá seguir en el poder con la represión

EDITORIAL

El camino de Maduro

El régimen venezolano solo podrá seguir en el poder con la represión

Otros

Conéctate
Enviar por correo
Imprimir

EL PAÍS

31 ENE 2019 – 20:00 ART

Nicolás Madura, el miércoles en un encuentro con militares en Caracas.Nicolás Madura, el miércoles en un encuentro con militares en Caracas. REUTERS

El plazo exigido por la Unión Europea para que Nicolás Maduro convoque elecciones antes de reconocer al presidente interino, Juan Guaidó, parece estar cumpliendo los objetivos diplomáticos implícitos de la iniciativa: reducir los riesgos de una confrontación interna generalizada, dando ocasión a una salida política con o sin mediación de terceros, y evitar una irreparable división internacional que hubiera proyectado el conflicto más allá de las fronteras de Venezuela. Pero, por más que el tiempo haya comenzado a correr contra Maduro, ningún desenlace puede ser excluido. Su propuesta de convocar elecciones legislativas, no presidenciales como le reclama la UE, revela que ha tomado conciencia del callejón sin salida en el que se encuentra, pero no de la fuerza de la oposición ni de la determinación de la comunidad internacional.

El compromiso de la cúpula de las Fuerzas Armadas venezolanas con Maduro, mantenido formalmente desde el inicio de la crisis, no conserva el mismo significado antes y después de la elección de Guaidó como presidente interino: el papel que desempeñan hoy los ejércitos es solo el de contrapoder a una Asamblea en la que la oposición es mayoritaria, no el de árbitro absoluto de la situación, según había venido sucediendo en el pasado. Cualquier intervención a gran escala contra Guaidó o sus partidarios podría inclinar la balanza interna a favor de Maduro, pero al coste de aislar definitivamente al régimen y profundizar la bancarrota del país. Y por lo que respecta a la situación de los generales y altos mandos militares, la amnistía ofrecida por Guaidó los enfrenta a la alternativa de consolidar en la nueva etapa que puede abrirse en Venezuela los beneficios de los exorbitantes privilegios con los que el chavismo los ganó para su causa, o, por el contrario, seguir incrementándolos a sabiendas de que ligan su suerte a la de un presidente crecientemente debilitado.

OTROS EDITORIALES

Hora decisiva en Venezuela(25/1/2019)

Las recientes medidas del Tribunal Supremo contra Guaidó, impidiéndole salir del país y bloqueando sus cuentas, no pueden ocultar que el margen de maniobra del que dispone Maduro es sustancialmente más estrecho que en las crisis precedentes. En ese sentido, las detenciones de periodistas internacionales, como ha ocurrido con tres reporteros de la agencia Efe, son, además de un atentado intolerable contra la libertad de expresión, una muestra de la debilidad de su régimen. La legitimidad democrática que la revolución bolivariana solía invocar cuando sus partidarios ganaban en las urnas no se encuentra ahora en manos de Maduro, puesto que la argucia de inventar una cámara paralela para ser investido no ha privado de su representatividad a la Asamblea que ha elegido a Guaidó. Por otra parte, este no es uno más de los líderes de la oposición a los que Maduro detenía y llevaba ante una justicia sometida al Ejecutivo, sino un presidente interino respaldado por la mayoría de los representantes electos de los venezolanos.

No es posible descartar que Maduro se haya propuesto sobrepasar el plazo que le ha señalado la UE, imaginando vanamente que ese desafío estéril equivaldría a una victoria. En realidad, solo se trataría de la forma menos inteligente de encajar una derrota definitiva. El riesgo de que la situación política se agrave si la violencia irrumpe en las movilizaciones pacíficas convocadas por Guaidó es elevado, y puede multiplicarse a partir del momento en que, concluido el ultimátum europeo, el presidente interino sea reconocido y la Asamblea asuma la responsabilidad de convocar a los venezolanos a las urnas. El tiempo de Maduro ha quedado atrás, por más que siga disponiendo de resortes para prolongar la agonía de Venezuela. Si finalmente consiguiera sobreponerse a la crisis sería apoyándose en la represión. Es decir, forzando la voluntad de la mayoría de los venezolanos que, representados en la Asamblea que ostenta la legitimidad democrática, le han señalado el camino: dejar paso a un presidente elegido con garantías.

Anuncios
Publicado en Actualidad

“Cuando un líder saquea su estado, oprime a su gente y subvierte el imperio de la ley, es asunto de todos.” La Dictadura de Maduro debe caer!.

cover-image
This week we assess the power struggle in Venezuela between Juan Guaidó, who recently proclaimed himself interim president, and the man he would replace, Nicolás Maduro. Many, especially on the left, argue that outsiders should leave Venezuelans to sort out their differences. But the world’s democracies are right to seek change. Venezuelans have been made wretched by six years under Mr Maduro and the region is struggling with the exodus of over 3m of its people fleeing hunger, repression and the socialist dystopia created by the late Hugo Chávez. As countries pile in for Mr Maduro or against him, they are battling over an important idea which has lately fallen from favour: that when a leader pillages his state, oppresses his people and subverts the rule of law, it is everybody’s business.
3e8f7c7c-0886-4861-a95b-53003e83058b.pngZanny Minton Beddoes, Editor-in-Chief
Publicado en Actualidad

Sí, Venezuela es una catástrofe socialista

THE NEW YORK TIMES

Sí, Venezuela es una catástrofe socialista

OPINIÓN – Por Bret Stephens

28 de enero de 2019

Un mural del presidente Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela (Meridith Kohut / The New York Times)
Un mural del presidente Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela (Meridith Kohut / The New York Times)

La palabra "socialismo" es evidente por su ausencia en gran parte de la cobertura noticiosa de la crisis política de Venezuela. Sí, todo observador sensato está de acuerdo en que el país más rico de América Latina, situado en la cima de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, es un caso de desastre económico, un desastre humanitario y una dictadura cuya desaparición no puede llegar lo suficientemente pronto.

Pero… ¿socialista? ¡Ni pensarlo!.

O eso dice una línea argumental que insiste en que el buen nombre del socialismo no debe ser empañado por los resultados de la experiencia. Sobre Venezuela, lo que es más probable que se lea es que la crisis es producto de la corrupción, el amiguismo, el populismo, el autoritarismo, la dependencia de los recursos, las sanciones y los engaños de Estados Unidos, e incluso los residuos del capitalismo mismo. No menciones la palabra con "S" porque, ya sabes, está funcionando muy bien en Dinamarca.

Curiosamente, no es así como los admiradores del régimen venezolano solían hablar del "socialismo del siglo XXI", como lo apodó Hugo Chávez. El difunto presidente venezolano, dijo el británico Jeremy Corbyn, "nos mostró que hay una forma diferente y mejor de hacer las cosas. Se llama socialismo, se llama justicia social, y es algo hacia lo que Venezuela ha dado un gran paso". Noam Chomsky se mostró igualmente entusiasmado cuando elogió a Chávez en 2009. "Lo que es tan emocionante de visitar por fin Venezuela", dijo el lingüista, es que "puedo ver cómo se está creando un mundo mejor y puedo hablar con la persona que lo ha inspirado".

Tampoco muchos de los admiradores de Chávez estaban demasiado preocupados por los lados más tenebrosos de su régimen. Chomsky se retractó de algunos de sus elogios a medida que Venezuela se volvía más abiertamente dictatorial, pero otros en la izquierda no eran tan aprensivos. En un largo obituario en The Nation, el profesor de la Universidad de Nueva York Greg Grandin opinó que “el mayor problema que enfrentó Venezuela durante su gobierno no fue que Chávez fuera autoritario, sino que no lo fue lo suficiente”.

Por lo menos Grandin admitió implícitamente que el socialismo en última instancia requiere coerción para lograr sus objetivos políticos; de lo contrario, forma parte de la naturaleza humana que la gente encuentre escapatorias y soluciones para mantener como puedan la mayor parte de sus propiedades.

Eso es más de lo que se puede decir de algunos de los antiguos defensores de Chávez, que preferirían olvidar cuán cerca estaba Venezuela de la escritura socialista ortodoxa. ¿Gasto gubernamental en programas sociales? Verificado: De 2000 a 2013, el gasto aumentó al 40 por ciento del P.I.B., desde el 28 por ciento. ¿Aumentar el salario mínimo? Verificado. Nicolás Maduro, el actual presidente, lo hizo no menos de seis veces el año pasado (aunque no hace ninguna diferencia frente a la hiperinflación). ¿Una economía basada en cooperativas, no en corporaciones? Verificado de nuevo. Como Naomi Klein escribió en su adulador libro de 2007, "La Doctrina del Choque", "Chávez ha hecho de las cooperativas una prioridad política máxima… Para el 2006, había aproximadamente 100.000 cooperativas en el país, empleando a más de 700.000 trabajadores".

Y, para que no se nos olvide, todo esto se hizo cuando Chávez ganó una elección tras otra durante los años de auge petrolero. De hecho, uno de los principales puntos de venta del chavismo a sus seguidores occidentales no era sólo que era un ejemplo de socialismo, sino también de socialismo democrático.

Si las prescripciones en materia de políticas públicas eran familiares, las consecuencias fueron asimismo predecibles.

El exceso de gastos del gobierno creó déficits catastróficos cuando los precios del petróleo cayeron en picado. Las cooperativas de trabajadores terminaron en manos de compinches políticos incompetentes y corruptos. El gobierno respondió a sus problemas presupuestarios imprimiendo dinero, lo que provocó la inflación. La inflación llevó a controles de precios, lo que provocó escasez. La escasez provocó protestas, represión y destrucción de la democracia. De ahí la hambruna generalizada, la escasez crítica de médicos, una explosión en la criminalidad y una crisis de refugiados que rivaliza con la de Siria.

Todo esto solía ser bastante obvio, pero en la época de Alexandria Ocasio-Cortez hay que explicarlo todo de nuevo. ¿Por qué el socialismo nunca funciona? Porque, como Margaret Thatcher explicó, "al final el dinero de los demás se agota".

¿Y ahora qué? La administración Trump dio exactamente el paso correcto al reconocer al líder de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como el presidente constitucional legítimo de Venezuela. Puede reforzar su seguridad personal al advertir a los generales venezolanos que si Guaidó sufre algún daño ellos sufrirán también. Puede mejorar la posición política del nuevo presidente al proporcionarle acceso a fondos que pueden ayudarle a establecer un gobierno alternativo y atraer a figuras vacilantes en el grupo de Maduro para que cambien de bando. Puede poner a Venezuela en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, y advertir a Cuba que volverá a la lista si continúa ayudando al aparato de inteligencia de Caracas.

Y puede ayudar a preparar inmunidad legal y un avión para Maduro, su familia y otros miembros destacados del régimen si aceptan renunciar ahora. Seguramente hay un recinto en La Habana donde esa banda pueda pasar sus días sin tiranizar a una nación.

Mientras tanto, la lección más grande de la catástrofe de Venezuela debe ser aprendida. Veinte años de socialismo, animados por Corbyn, Klein, Chomsky y compañía, llevaron a la ruina de una nación. Puede que ellos no se sientan muy avergonzados, y mucho menos perjudicados personalmente, por lo que ayudaron a hacer. Ahora bien, el resto de nosotros debemos ocuparnos de que nunca nos pase esa tragedia.

Copyright: 2019 New York Times News Service.

Publicado en Actualidad

Ricardo López Murphy: “Una elite muy poderosa se enamoró de los modelos derrotados” – In fobae

https://www.infobae.com/economia/2019/01/27/ricardo-lopez-murphy-una-elite-muy-poderosa-se-enamoro-de-los-modelos-derrotados/

Publicado en Actualidad

Un debate económico entre dos populismos – Infobae

https://www.infobae.com/opinion/2019/01/15/un-debate-economico-entre-dos-populismos/

Publicado en Actualidad

¿Por qué la Argentina resulta tan volátil?

¿Por qué la Argentina resulta tan volátil?

10 Ene 2019 – 00:02

¿Por qué la Argentina resulta tan volátil?

Por Enrique Blasco Garma

El 2018 fue otro episodio de nuestra increíble incertidumbre. En enero de 2018, la encuesta REM del BCRA presagiaba una inflación del 16,5% para todo el año, crecimiento del PBI de 3%, y un dólar a diciembre de $22. Terminado el año, ningún país mostró desvíos tan pronunciados de la realidad.

Para entender el problema pensemos la economía como un sistema de flujos y stocks. En cualquier sistema de corrientes de agua, las fluctuaciones de los flujos elevan o reducen los niveles de los stocks. Para que no haya desbordes, los reservorios de almacenamiento deben poder variar, para acomodar las variaciones de las corrientes. Cuánto mayores las reservas de volumen para acomodar las fluctuaciones más estable el sistema. Cuánto más reducidas, más inestable el sistema.

Por décadas de desencantos y frustraciones, la Argentina enfrenta una realidad de reservas sumamente estrechas. Cualquier variación de los flujos de ingresos y pagos desnuda reservas inexistentes. Cayó la demanda extranjera de deuda pública y también la producción del agro, afectada por una reconocida sequía, y no hubo quien aportara reservas (créditos) para cubrir el bache. El Estado gastó un poco más de lo previsto y no tuvo quien prestara una suma reducida. Esta falta de reservas y créditos viene ocurriendo desde hace demasiado tiempo. Todas las crisis resultan de esa ausencia tan pronunciada.

Muchos países enfrentan déficit mayores que los nuestros sin consecuencias dramáticas. EE.UU. y Japón, los países con crédito más amplio, acusan déficit fiscales del 3,5% del PBI, una deuda pública del 106% y 252% del PBI, respectivamente. Mientras la deuda pública argentina es muy reducida. Por suerte, en 2018, el FMI nos suministró un socorro de tamaño inusual, salvándonos del abismo.

La ausencia de reservas y créditos emerge de la desprotección a las propiedades en el país. Los dirigentes políticos no reconocen que, si bien las elecciones se ganan con los votos de la gente, la convivencia y prosperidad se ganan respetando las propiedades de la gente. Permanentemente desconocen compromisos que respaldan propiedades. El Gobierno alienta un blanqueo de capitales para atraerlos. Una vez conocido el resultado impone tributos inesperados, que había prometido no aplicar. En 1994, el estado estableció un sistema de jubilaciones privadas; en 2008 se apoderó de los ahorros aportados. Privatizaron empresas y luego las expropiaron, de hecho o derecho. Alentaron depósitos bancarios en dólares, en 1992; en 2002 los pesificaron. La ley de 1992, prometieron precios de combustibles y tarifas competitivas; a partir de 2003 fue echando atrás los incentivos.

Otra fuente de incertidumbre es no aceptar que utilizamos al dólar como la moneda de muchas transacciones. Los gobernantes insisten en no reconocer el sistema bimonetario decidido por la gente.

Que gobiernos democráticos desconozcan los derechos de propiedad de su pueblo se traduce en desconfianza y la ausencia de reservas del país. Por eso somos tan volátiles, inciertos, y continuamente nos empobrecemos.

(*) Miembro del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso

Publicado en Actualidad

Negación de la realidad y doble moral detrás del voto por Cristina – LA NACION

https://www.lanacion.com.ar/2209148-negacion-de-la-realidad-y-doble-moral-detras-del-voto-por-cristina

Publicado en Actualidad