la lista de operaciones y mentiras de la alianza del kirchnerismo con la SIDE es interminable.

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Por Jorge Fontevecchia | Más allá de las operaciones contra periodistas y medios profesionales no cooptados, la lista de operaciones y mentiras de la alianza del kirchnerismo con la SIDE es interminable.

Kirchner y Stiuso. Dos caras de la misma moneda.

Kirchner y Stiuso. Dos caras de la misma moneda. | Foto: Cedoc

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Ya Menem usaba a Stiuso y a la SIDE para sus campañas de desprestigio contra adversarios. En los más pacatos 90, las acusaciones preferidas eran sobre las supuestas inclinaciones sexuales. El oprobio era ser homosexual: entonces, a mí me inventaron la concurrencia al bar gay Spartacus y al director de noticias de TN y El Trece, el romance con un compañero del canal.

Con el kirchnerismo, la acusación pasó a ser haber estado a favor de la dictadura. Entonces, yo pasé a ser colaboracionista de los militares, Joaquín Morales Solá, vocero de Bussi en Tucumán, y el CEO del Grupo Clarín, beneficiario económico de la tortura.

Pero la esencia del procedimiento fue la misma: fabricar un falso carpetazo contra alguien, protocolo en el que la SIDE se especializó. Hay que reconocer que no sólo los servicios de inteligencia argentinos fabrican casos, los norteamericanos son especialistas en guerra psicológica y Julian Assange, tras revelar los cables secretos de su diplomacia, fue rápidamente acusado de violencia sexual. Pero, desde Nixon y Watergate, esas prácticas quedaron reservadas para enemigos extranjeros y que los servicios secretos se metan con los adversarios internos en Estados Unidos ya es inaceptable.

La publicidad oficial fue la exacerbación de los sobres con dinero a periodistas que repartía la SIDE

Guerra psicológica para dañar la imagen del oponente o para extorsionar también hacen los fondos buitre que difundieron el enriquecimiento patrimonial de varios funcionarios kirchneristas. Si esos datos son todo lo que tienen los detectives que contrató Paul Singer, lo estafaron porque las declaraciones juradas son públicas y parte del aumento de patrimonio que denunciaron es fruto de la inflación: 100 pesos de 2003 son sólo 10 de hoy.

Pero si bien los servicios de inteligencia siempre plantaron pruebas falsas, hay que reconocerle a Néstor Kirchner una originalidad: nunca antes se había agregado a esas operaciones de desprestigio el contar con una cadena multimediática propia que difundiera sistemática y repetitivamente estas mentiras como si se tratara de periodismo y medios profesionales.

Con mente emprendedora, Kirchner les agregó a los servicios lo que en las escuelas de gestión empresarial se llama “integración vertical”: una línea de producción completa que incluía la fabricación de la mentira y luego su distribución en medios que parecieran periodísticos. La SIDE y la prensa militante son dos caras del mismo ecosistema, complementarias y potenciadoras.

Seguramente, Kirchner engañó a muchos periodistas que genuinamente estaban militando y creyeron que las carpetas que fabricaba la SIDE acusando a adversarios eran ciertas.

Otro ejemplo de sembrado de pistas falsas fue Jorge Asís, al sostener que la foto que en primicia publicaron PERFIL y la revista Noticias no era de Stiuso. Asís dijo: “Otra vez Stiuso los embocó”, supuestamente haciéndonos creer que esa foto era suya. Pero el “embocado” fue Asís, asumiendo que lo dijo de buena fe y que “las horas de conversaciones con Stiuso” que dijo tener fueron una fanfarronada.

Más allá de las operaciones contra periodistas y medios profesionales no cooptados, la lista de operaciones y mentiras de la alianza del kirchnerismo con la SIDE es interminable. Cuando Carrió era una amenaza electoral seria, le fabricaron dos cuentas no declaras en Suiza a Enrique Olivera, su principal candidato en la Ciudad de Buenos Aires en las elecciones legislativas de 2005. Lo mismo sucedió con De Narváez cuando pasó a ser el candidato más votado de la oposición para las elecciones legislativas de 2009 y le fabricaron un caso de drogas con la efedrina. Y cuando a Massa le tocó ocupar el lugar de principal enemigo electoral en las elecciones legislativas de 2013 entraron a robar en su casa al “rey de las cámaras de seguridad”, completando la cadena de repeticiones con el mismo modus operandi para debilitar adversarios: SIDE más operación más campaña en medios “militantes”.

Ya en la época de Menem había una cadena de periodistas que cobraban mensualmente de la SIDE: los medios que compra Cristóbal López –los de Hadad y Ambito Financiero– fueron los más “infiltrados”. Pero Kirchner agigantó el accionar de agentes como Stiuso porque agregó a los “sobres de dinero” a periodistas un collar de medios propios. La publicidad oficial a medios “militantes” fue la exacerbación de ese sistema.

Al ejemplo del tipo de medios que compra Cristóbal López vale agregar los de Sergio Szpolski, quien directamente tenía como apoderado a Darío Richarte y, como gerente de Finanzas, a Juan Gallea, ambos ex SIDE.

El relato K fue engordado durante años con operaciones de inteligencia que construyeron falsedades que rellenaban los agujeros de esa lógica. Tanto éxito debe de haber ensoberbecido a Stiuso. Haberle hecho creer que toda la realidad se podía fabricar con buena planificación y una propaladora. También tanta eficacia de la ficción convertida en realidad debe de haber vuelto incrédula de todo a Cristina Kirchner, llegando a confundir la realidad con la ficción, algo verdaderamente enloquecedor aun para el más sano y estable. E incluso afectar al propio fiscal Nisman, quien además era operado también por los servicios de contrainteligencia de Irán y de Estados Unidos.

Los medios que compró Cristóbal López, y los de Szpolski, fueron los más “infiltrados” por los servicios

Néstor Kirchner tenía perecidos con Stiuso en su goce por la construcción de la realidad. Se decía que a Kirchner le gustaba ser un gran editor de medios. Esa visión reduce la acción del ex presidente a la de un curador entre las diferentes perspectivas de la realidad. La de Kirchner se parecía más a la tarea de un dios que creaba esa realidad. El periodismo siempre le resultó una tarea menor. Algo que se podía comprar pagando con sobres a los periodistas o con publicidad oficial a advenedizos –y a veces no tan advenedizos– dueños de medios.

Es importante que la sociedad aprenda a distinguir entre medios profesionales y mercenarios, y entre periodistas que cuidan su capital simbólico y desesperados, irresponsables o resentidos. Desarrollar una audiencia más entrenada es parte del proceso de pleno desarrollo de la democracia.

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Por Jorge Fontevecchia. En 2011 Nisman desestimó la denuncia de Eliaschev, hoy la revista Veja habla sobre la relación con Irán con las mismas fuentes que él.

Nestor Kirchner y Nisman: el ex presidente eligió al fiscal.

Nestor Kirchner y Nisman: el ex presidente eligió al fiscal. | Foto: Cedoc Perfil

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Cuatro jueces ya desestimaron la denuncia de Nisman: Rafecas, dos de los tres integrantes de la Sala I de la Cámara Federal, Ballesteros y Freiler, y de alguna manera también Servini de Cubría, quien en enero consideró que no justificaba habilitar la feria judicial por la denuncia de Nisman. Juzgar que una denuncia al presidente y canciller de un país no justifica no esperar a que los jueces vuelvan de vacaciones es implícitamente una opinión sobre la propia denuncia. La decisión de Servini de Cubría se produjo cuando no se hablaba de “tregua” entre la Justicia Federal y el kirchnerismo sino, todo lo contrario, de que “el partido judicial” iba corporativamente en bloque contra el Ejecutivo.

Que Servini de Cubría no le habilitara la feria, que Canicoba Corral, el juez de la causa AMIA, se mostrase escéptico frente a la denuncia de Nisman y que Lijo, el juez a quien le solicitó la indagatoria de la Presidenta y su canciller, siguiera de vacaciones deben haber sido indicios para Nisman de la suerte judicial que podría correr su denuncia. Vale recordar que tras su muerte, el fiscal Pollicita dio curso a la denuncia de su colega pero no solicitó la indagatoria de la Presidenta y su canciller ni aceptó concurrir al Congreso como iba a hacer Nisman.

Si Nisman investigaba en 2001, quizás veía que las fuentes de Veja hoy eran las mismas que las de Eliaschev

Asumamos por un instante la posibilidad de que la denuncia de Nisman fuera poco fundada, el pedido de indagatoria a la Presidenta y al canciller fuera precipitado, y todo presentado de apuro al ver el fiscal que el Gobierno había echado a Jaime Stiuso, su principal referente en la Secretaría de Inteligencia, concluyendo que su propio puesto estaba en riesgo y tenía que producir un acto mediático de envergadura, más allá de la consistencia jurídica que lo respaldara, para garantizarse la permanencia en su función.

Y asumamos también, sólo con fines de ir descartando hipótesis, que a Nisman lo único que le interesara fuera mantener durante todos los años posibles su poco fatigoso y bien remunerado puesto de fiscal especial de una sola causa y casi sin ningún avance, para disponer de recursos con los que llevar adelante una vida hedónica. Que por eso desestimó la denuncia de Eliaschev sobre el pacto con Irán publicada en tapa por PERFIL en marzo de 2011, cuando haber ido en contra de un gobierno en pleno apogeo de su poder sí le hubiera impedido mantener su zona de confortabilidad. Y que si Stiuso hubiera continuado en la Secretaría de Inteligencia y Nisman no hubiera sentido temor por correr igual suerte, su denuncia recién se hubiera presentado cuando el kirchnerismo dejara el poder o, dependiendo de las circunstancias, nunca.

Obviamente nada de esto quita validez al fondo de la denuncia porque, si estuviera poco fundada, sería debido a que Nisman no se dedicó como debía a partir de comienzos de 2011, cuando Eliaschev lo denunció en este diario, y tardó cuatro años para presentar un escrito endeble sólo con escuchas de marginales de la política, mientras ahora la revista Veja publica semana tras semana sospechas que hacen más verosímil la existencia de un móvil espurio en el pacto con Irán, conectando la valija de Antonini Wilson y los viajes entre Caracas y Buenos Aires con los viajes entre Caracas y Teherán. Esas fuentes podían ser las mismas de Eliaschev, a quien si Nisman hubiera dado importancia antes, podría haber resultado fundamental para la investigación.

Nada en esta hipótesis salva al Gobierno de responsabilidad, igual que en sus acusaciones contra Stiuso: lo único que hace es autoinculparse y aumentar la gravedad de su accionar. Así como Néstor Kirchner eligió a Stiuso para que se encargara de la investigación sobre el atentado a la AMIA y en ese carácter se lo presentó a Nisman, también Kirchner eligió a Nisman para esa fiscalía especial. Hasta se podría conjeturar que eligió a propósito un fiscal consumista y hedonista para tenerlo agarrado siempre “a tiro de carpetazo”, y el propio Stiuso poder tenerlo dominado gracias a que Nisman no tenía las conductas personales requeridas para un fiscal.

Más allá de la repulsión que produce el uso de la vida personal para desacreditar políticamente a los sujetos, nadie puede ocupar un puesto público de relevancia y tener la ingenuidad de que su vida personal no sea utilizada por sus adversarios.

Mucho menos quien es blanco de los servicios de inteligencia locales e internacionales. Muchas situaciones desentonan en la vida personal de Nisman con las expectativas sociales sobre cuáles son las conductas a cumplir para el rol de fiscal. Otro ejemplo –más patético– es el caso de Oyarbide, un juez que ya no sólo es esclavo de los servicios, sino hasta de la propia policía.

Se podría conjeturar que eligió un fiscal con debilidades personales para tenerlo controlado por los servicios

Toda función debe responder a lo que se espera de ella. En un clásico de sociología: La presentación de la persona en la vida cotidiana, Erving Goffman escribió: “Los individuos se preocupan por mantener la impresión de que actúan de conformidad con las numerosas normas por las cuales son juzgados ellos y sus productos. Debido a que estas normas son tan numerosas y tan profundas, los individuos que desempeñan el papel de actuantes hacen más hincapié del que podríamos imaginar en el mundo moral (…) no están preocupados por el problema moral de cumplir con esas normas sino con el problema amoral de construir la impresión convincente de que satisfacen dichas normas”. “Durante la interacción se espera que el individuo posea ciertos atributos, capacidades e información que, tomados en su conjunto, encajen con un yo que sea a la vez coherentemente unificado y apropiado a la ocasión”.

Nisman, en retrospectiva, no parecía contar con los atributos ni con los comportamientos adecuados para una investigación de la complejidad como la del atentado a la AMIA. Y la responsabilidad política de ese nombramiento es de Néstor Kirchner.

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La Doctora necesita terminar con el Caso Nisman para ser candidata y decidir el destino de Scioli.

ECONOMÍA Y POLÍTICA 25.03.15 | 09:14

Cristina atraviesa el último mes de centralidad

por Carolina Mantegari para JorgeAsisDigital.com
Cristina Kirchner , presidenciales 2015 , Nisman , Scioli

Presidenta Cristina Kirchnernull Presidenta Cristina Kirchner

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Introducción

Ahora candidata

En treinta días, por importancia territorial y gravitación mediática, la atención va estar concentrada enteramente en la disputa urbana de Gabriela Michetti, La Princesa de Laprida, y Horacio Rodríguez Larreta, El Carismático de Flores Sur. Aspirantes a la sucesión del presidenciable Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, en el Artificio Autónomo de la Capital.

En adelante transcurre el turno del festival de las elecciones provinciales. En Salta, Córdoba, Santa Fe, Chaco, Tierra del Fuego, Neuquén. Hasta arribar a la sublime pedantería de las PASO, las primarias abiertas y obligatorias, ensayo de orquesta para la función electoral definitiva, la de octubre, con la respectiva segunda vuelta en noviembre. Coronación del año perdido.

En tanto Presidenta, La Doctora atraviesa el último mes de centralidad. Aunque le quedan varios meses de centralidad discutiblemente asegurada, si es que se anota, también, como candidata a gobernadora o diputada.

Osiris Alonso D’Amomio
Director Consultora Oximoron

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La Presidenta, ayer, en un discurso que se extendió 3 horas y 39 minutos

Cuentan que La Doctora lo dijo con su natural tonalidad épica:

“Si me hago cargo de la campaña, pongo el próximo gobernador de Buenos Aires. Y también al Presidente”.

Lo más probable, al clausurar el informe, es que La Doctora vaya como primera diputada por Buenos Aires, La Provincia Inviable.

Entonces le quedan pocas semanas para lucir su hegemonía, a través de las compulsivas cadenas nacionales. Y para imponer sus legisladores incondicionales, en todos los distritos. Ya sin el riesgo de que aparezca otro Juan Carlos Mazón, que en realidad estaba despedido desde hacía meses. Desde cuando Mazón, algo harto, les dijo a Parrilli y a Zannini:

“Ustedes trabajan para que Macri sea presidente, y yo sólo trabajo para el peronismo”.

El ejemplo de Mazón muestra que en el peronismo una golondrina no hace un pepino. Porque en definitiva las listas van a armarse en Olivos. Dictados por La Doctora, en consulta permanente con Máximo, En el Nombre del Hijo, el ascendente y acaparador De Pedro, El Wado, y Zannini, El Cenador. Lo que alarma es que los blandos gerentes provinciales se adapten a esta llamativa versión del federalismo. Y de la democracia interna.

Aparte de centralidad, La Doctora por las dudas necesita fueros. Aunque ninguno de los eventuales sucesores mantenga, según nuestras fuentes, el objetivo de encerrarla. Ni Macri ni Massa, Titular de la Franja de Massa, seguro. Menos aún Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, si es que se pone generosa y lo deja participar.
Son los expedientes judiciales que se emanciparon. Y siguen invariablemente su curso.

Para decepción de los masivos apresurados que no soportan siquiera su voz, Oximoron confirma que La Doctora no planifica irse. De ningún modo. Ni ceder una miserable migaja de su poderosa influencia. Al contrario, la dama se propone, según nuestras fuentes, mantener su presencia. Hasta la exasperación.

Y al sucesor La Doctora le deja una bomba, pero no sólo económica, como sostiene Héctor Méndez, El Frate. Se trata sobre todo de la bomba humana. La casi totalidad de los ministerios sembrados por cristinistas adheridos a la euforia de la planta permanente. Para continuar con el control de los resortes del Estado, enteramente a su servicio.

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Utópico punto final

En este último mes de centralidad, La Doctora aspira a que los incondicionales consigan encontrarle el utópico punto final al Crimen de Nisman. Con las espantosas derivaciones que transformaron el magnicidio en una tragedia amarillenta, colmada de banalizaciones supremas, ante la confusión de criminólogos, autopsistas y expertos en espasmos cadavéricos.

Es imprescindible para La Doctora que se resuelvan armónicamente, siempre a favor del gobierno, dos instancias que se entrelazan alrededor del mismo conflicto.

Que la Sala II de la Cámara de Casación, el 8 de abril declare constitucional aquel acuerdo inconcluso con Irán. Y que la Sala I de la Cámara Federal reconfirme la sentencia del juez Rafecas. Con la Constitucionalidad del Tratado no queda el menor espacio para dilatar la cuestión del encubrimiento que impulsó el desventurado fiscal Nisman, al que mataron, y luego el fiscal Pollicita, al que desestimaron.

Si se logran las dos soluciones favorables para el cristinismo apenas resta sentenciar que el pobre Nisman, para algarabía del relato, se suicidó. Sólo quedaría enfrentar la repulsión social de los caudalosos sectores de la sociedad que están convencidos que a Nisman lo mandaron para arriba.

Con el tema Nisman resuelto, con mayor convicción La Doctora podrá entregarse al acotamiento final de Scioli.

Voto cautivo

“Hace doce años que Scioli se esfuerza por demostrar que es kirchnerista y no lo consigue”, confirma la Garganta.

Por su parte Scioli prosigue con su lenguaje virtual. Planta diferencias mientras se compromete a la máxima lealtad que proclama.

Por ejemplo La Doctora impulsa a Julián Domínguez, y Scioli le responde con las declaraciones de Insaurralde, que abandona las vacilaciones y anuncia lo peor para el cristinismo. Que el próximo presidente será Scioli.

La Doctora explicita la preferencia por Randazzo, lo humilla para la cadena nacional, y Scioli le responde con la divulgación de la encuesta de Poliarquía que lo favorece. Y que lo pone, incluso, alucinantemente por encima de Macri y de Massa. Ellos a su vez disponen de otras encuestas que lo desmienten. Logran, entre los tres, que las encuestas pierdan credibilidad.

“La Presidente tiene el 25 por ciento de voto cautivo que le pertenece”, confirma la Garganta.“¿Por qué se lo va a regalar a Scioli?”.

Si Scioli representa, para ella, por si no bastara, su fracaso personal.

La magnitud del desatino ya ni siquiera sorprende. Como si fuera posible o normal, se extiende el patológico rumor de que La Doctora nunca lo va a aceptar como candidato por el Frente para la Victoria. Que va a bajarlo de las PASO. Que lo va, en definitiva, a “marangoniar”. Trátase del neologismo para traducir. Porque La Doctora -según la vertiente- planifica cometer con Scioli la misma ingratitud que se cometió con Gustavo Marangoni, El 5 de Boca, que lanzó su fiesta de campaña con la presencia de la señora Karina Rabolini, La Cabrita.

Sólo que se crea probable una interdicción semejante se brinda la imagen del exceso inadmisible en materia de concentración de poder. Ni Perón, ni Menem ni Kirchner se habían atrevido a tanto. Demuestra la ausencia definitiva del federalismo interno. En Olivos desembocan las aguas del Jordán. Para que se enjuaguen de poder los seleccionadores que patentizan la absoluta desaparición del peronismo, el movimiento convertido en un partidito vegetal.

“Que Scioli, de últimas, junto a Insaurralde, vaya con Duhalde”, se burla otra Garganta.

De resultar plausible la teoría, le importa muy poco a La Doctora la identidad del próximo presidenciable por el Frente para la Victoria. Ella, la dueña de los votos, y El Elegido será, apenas, un complemento.
Sea Randazzo, El Loco, acaso El Elegido más probable, junto a Kicillof, El Gótico, o con De Pedro.

Esquizofrenia social

Macri y Massa tienen que saber que van a confrontar con La Doctora. Mas que con Scioli, o eventualmente con Randazzo.

Se pondrá la campaña al hombro y con toda la potencia del Estado para defender su gobierno. Y sobre todo su libertad.

Gane o pierda, el cristinismo no se va a disolver pronto. Con legisladores leales y propios, y sobre todo con la bomba humana de la Planta Permanente.

Aún electoralmente competitivo, el cristinismo impone un cuadro de vulgar esquizofrenia social.

Se encuentra mayoritariamente sostenido por los que sacan, y mayoritariamente enfrentado con los que ponen.
En un verdadero modelo de inclusión habría que incluir, también, a los ricos. Como para tentar a los inversores. Sobre todo a los ahorristas internos que no saben qué demonios hacer con su dinero. Dónde ponerlo. Porque cuando no existe la menor confianza la decisión de invertir se dilata. Se posterga. Hasta que el Riesgo Doctora cese.

Que parta, aunque no vaya, en lo inmediato, según nuestras fuentes, a partir.

Carolina Mantegari
Consultora Oximoron/Redacción final
para JorgeAsisDigital.com
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Aníbal Domingo Fernández es un gran cuadro político: el nuevo gran crítico de la “derecha recalcitrante arge ntina”, fue ultramenemista, ultraduhaldista, ultranestorista y ahora es ultracristinista de izquierda. Un Peroncho de Le y.

lanacion.com|Opinión|

La muerte de Alberto Nisman

Jueves 19 de marzo de 2015 | Publicado en edición impresa

Aníbal Fernández, un hombre capaz de cualquier cosa

Por Luis Majul | LA NACION

Twitter: @majulluis | Ver perfil

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Aníbal Domingo Fernández es un gran cuadro político. El funcionario todoterreno, de experiencia inigualable, que cualquier líder de gobierno en funciones querría tener dentro de su equipo. El gladiador de saco y corbata que conoce cada metro cuadrado de la Casa de Gobierno y cada recoveco de cualquier oficina del Congreso. El hombre del conurbano que sabe de memoria cómo se mueve la Policía Federal, porque la manejó, y quién es quién en la interna del verdadero poder. Aníbal Fernández es único en su especie: porque además de todo lo anterior y de manejar una de las lapiceras más grandes después de la de la Presidenta, ladra, muerde, descalifica e insulta. Y también es único porque es capaz de hacer cualquier cosa por el proyecto y en nombre de la lealtad. Y cualquier cosa no es una metáfora o una manera de decir. Es, de verdad, cualquier cosa. Como el jefe de gabinete de Francis Underwood, el presidente norteamericano en la ficción de la serie House of Cards.

Aníbal Fernández, el nuevo gran crítico de la "derecha recalcitrante argentina", fue ultramenemista, ultraduhaldista, ultranestorista y ahora es ultracristinista de izquierda. "Un soldado de Cristina", como suele aclarar ante sus amigos. Por eso nadie va a oír de su boca una crítica o una opinión diferente a lo que dice o hace la jefa. Ni siquiera, por ejemplo, con respecto al mantenimiento en el cargo del vicepresidente Amado Boudou, a quien el jefe de Gabinete no respeta ni un poquito. En efecto, Aníbal piensa que Boudou es un tipo con pocos pantalones. Que le tendría que haber presentado la renuncia a la Presidenta hace mucho tiempo. Que la debería haber liberado de la pesada mochila que significó para ella sostener a un vice procesado por haber querido quedarse con una imprenta encargada de hacer los billetes argentinos. Él, como es macho y es de Quilmes, incluso se lo dijo en la cara al propio Boudou, un cheto de Mar del Plata y de Puerto Madero. Sin embargo, jamás se permitió sugerirlo delante de Cristina.

Es que no forma parte de su código aconsejar a la Presidenta. Ya lo explicó el nuevo jefe de la Secretaría de Inteligencia, Oscar Parrilli: "A la Presidenta no se le habla ni se le sugiere. Sólo se le obedece". Por eso Aníbal tampoco le dijo a Cristina lo que opinaba sobre el desempeño de Jorge Capitanich como jefe de Gabinete, aunque siempre creyó que "Coqui" no le llegaba ni a los talones. Entonces, cuando la jefa del Estado lo designó secretario general y le dio rienda suelta para abrir la boca y marcar agenda, Aníbal, a Capitanich, se lo terminó de comer "en un pancho", para usar el lenguaje del personaje en cuestión. Y lo dejó más pintado de lo que estaba. El día que volvió a la Jefatura de Gabinete, Fernández sonreía como un niño. Había regresado al lugar del que, sentía, nunca lo debieron haber despedido. Y su lealtad se volvió a multiplicar, una y otra vez, para que la jefa no tuviera duda de que él estaría ahí, inoxidable y sin temblar, ahora que los tiempos parecen cada vez más difíciles y los más débiles dudan.

La muerte del fiscal Alberto Nisman de nuevo lo puso a prueba. Y Aníbal cumplió. Y volvió a justificar lo injustificable. En especial, las apuestas detectivescas de la jefa del Estado, que fueron desde el suicidio hasta el asesinato, de la sugerencia de una relación íntima entre Nisman y su empleado Diego Lagomarsino hasta la idea egocéntrica de que todo era un complot para terminar con ella. En las últimas horas, al incomparable jefe de Gabinete los hombres de la Presidenta que forman parte de la mesa chica le encomendaron una misión delicada y piantavotos. Uno de esos recados que ningún político con fantasía de ser elegido aceptaría hacer: ensuciar al fiscal muerto (pero ensuciarlo bien sucio) para terminar de embadurnar dos causas; la del fallecimiento de Nisman y la que se abrió contra la Presidenta y el canciller Héctor Timerman por el presunto encubrimiento del atentado contra la AMIA. Entonces Aníbal fue más Aníbal que nunca. Aprovechó el impacto de las fotos de Nisman con unas cuantas señoritas que fueron distribuidas a algunos medios por miembros de la Policía Federal, las mezcló con la última declaración de Lagomarsino en la que reveló que su jefe se quedaba con una parte de su salario y empezó a repartir estiércol con un ventilador gigante, sin medir los adjetivos, las repercusiones y el hecho de que ayer se cumplieron dos meses de la muerte del fiscal. Definió a Nisman como un "sinvergüenza". Lo consideró un ser incalificable que se dedicaba a "salir con minas" y "pagar ñoquis". Pegó más abajo todavía y entonces dedujo que usó la plata de la Unidad Fiscal Especial AMIA para eso y no para la investigación. Y encima lo contrapuso con el dolor de los familiares de las 85 víctimas. Cuando terminó de decir esas barbaridades, los usuarios de Twitter pagos del cristinismo lo felicitaron una y otra vez, y los habitantes del microclima en el que se mueve le volvieron a decir que era el mejor de todos.

Ahora que los aplausos se detuvieron y el ruido de la militancia se empezó a acallar, es hora de decirle a Fernández que lo que hizo constituye no sólo un acto de cobardía política. También representa un acto de poca hombría para la vida en general. Porque es de poco hombre insultar, acusar y denigrar a alguien que no puede responder. Él debería saberlo, porque se la pasó repitiendo el mismo axioma ante cualquiera que osara "mancillar la memoria" del ex presidente Néstor Kirchner. Y también debería saber que sus insultos fueron percibidos no como una más de sus barbaridades sin filtro, sino como una falta de respeto. Como un signo de soberbia, prepotencia y mala educación.

Alguien debería decirle que cualquier cosa que Nisman haya decidido hacer con su vida privada no necesariamente servirá para descalificar su tarea como fiscal. Que facilitar la publicación de las fotos con chicas en una fiesta no transformará el Memorándum de Entendimiento con Irán en otra cosa que no sea un mamarracho. Que no logrará disipar del ánimo de millones de argentinos la indignación que sintieron por la reacción de la Presidenta y el Gobierno a horas de la muerte del fiscal. Alguien de su propia fuerza política debería decirle, sin que le temblara la voz, que Aníbal es un grosero y un irrespetuoso. La primera definición de un gran maleducado..

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Es difícil olvidar aquella prédica tan didáctica y fundante, que obligaba a desconfiar de los presidentes que intentan copar el Poder Judicial, eligen a la prensa como enemigo o planean perpetuarse en el poder de diferentes maneras.

EDICIÓN IMPRESA COLUMNISTAS 18.03.15 | 00:00

La doctrina “Verbitsky”

Ernesto Tenembaum, Periodista

Verbitsky , Menem , Corte

La doctrina "Verbitsky"La doctrina “Verbitsky”

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El libro fue escrito hace más de veinte años, o sea que, dado el vértigo de los tiempos que corren, es casi una reliquia, en el mejor sentido del término. En esos momentos, el entonces presidente Carlos Menem había anegado o controlado casi todos los organismos de control, la Corte Suprema de Justicia, la procuración general de la Nación y tenía cómoda mayoría en el Congreso. La mayor parte de los jueces y fiscales federales había sido designados por él y obedecían las órdenes de su Gobierno. Solo le faltaba, a Carlos Menem, lograr la reelección –la conseguiría en breve– y doblegar a la prensa, que denunciaba sus atropellos.

El libro se llamó ‘Hacer la Corte’ y es realmente recomendable leerlo en este contexto.

Su autor, Horacio Verbitsky, describía allí el progresivo control que el menemismo había comenzado a ejercer sobre la Justicia, y construía un alegato notable y duradero a favor de la división de poderes y del ejercicio del periodismo independiente. Para muchos de los que nos formamos profesionalmente en aquellos años es difícil olvidar aquella prédica tan didáctica y fundante, que obigaba a desconfiar de los presidentes que intentan copar el Poder Judicial, eligen a la prensa como enemigo o planean perpetuarse en el poder de diferentes maneras.

Pocos libros periodísticos tienen vigencia veinte años después de haber sido escrito. ‘Hacer la Corte’ constituye, sin dudas, una de esas excepciones, entre otras razones por la notable actualidad de alguno de sus fragmentos, como el que se refiere a la embestida del gobierno menemista contra la prensa, que por entonces era “uno de los bastiones que aun se resistía al asedio de Menem”, según el autor. Es una perlita que explica muchas de las pasiones de aquellos años, y su proyección hacia los que siguieron.

El texto recorría los momentos pico de tensión entre el gobierno de Carlos Menem y la prensa. “El Gobierno retiró la publicidad oficial a Página/12 y Menem querelló a sus directivos y a varios de sus periodistas; la Corte Suprema condenó al autor de este libro por desacato a uno de sus miembros en una vieja causa desempolvada de urgencia y en la Casa Rosada se fraguó una causa penal en su contra…La Asociación de Entidades Periodísticas (Adepa) se preguntó si lo que perseguía el Gobierno no era en realidad la investigación periodística de hechos de corrupción. Romper el espejo, o ensuciarlo, ha sido la reacción tipo del Gobierno en estos años”.

El autor de ‘Hacer la Corte’ defendia allí, además, al grupo Clarín. Textualmente: “También el grupo Clarín fue objeto del furor presidencial desde que informó en abril de 1992 que existía una causa judicial contra el grupo Vicco, por una defraudación al Banco Central de u$s 40 millones. Incluso algunos preferidos de Menem, como Bernardo Neustadt y Constancio Vigil, fueron denigrados en la televisión estatal cuando pidieron la renuncia del señor Vicco por el caso de la mala leche”. Verbistsky concluía: “El espectro de las fobias oficiales es tan amplio que no se explica por la ideología: al Poder Ejecutivo no le molestan las opiniones políticas de la prensa sino la información que publica”.

En otro párrafo, muy notable a la luz de hechos que ocurrieron más tarde, el autor ofrecía su opinión sobre las primeras denuncias contra la dueña del grupo Clarín por supuesta apropiación de niños secuestrados durante la dictadura, aunque evitaba curiosamente esa palabra –‘dictadura’– en su crónica. “El ex jefe de la Alianza Libertadora Nacionalista, Patricio Guillermo Kruger (n. del a.: ironía para referirse a Guillermo Patricio Kelly), tenía un programa semanal en el que insinuaba supuestas irregularidades en la adopción de dos niños por la directora de Clarín. De ese modo, el Poder Ejecutivo presionaba al diario sin asumir la responsabilidad… Las averiguaciones de Clarín indicaron que el señor Kruger recibía órdenes del jefe de Estado… Ministros y secretarios del Poder Ejecutivo confiaron que las citaciones para participar de ese programa eran transmitidas directamente por el doctor Menem o por su secretaria de audiencias”.

El autor, luego, abundaba: “En 1993, el Gobierno colocó a la prensa en el centro de la campaña electoral, caracterizándola como la verdadera oposición a derrotar. Al elegir a los periodistas como contendientes políticos intentó deslegitimarlos como fuentes de información independiente. La información es un crimen, el compañero disidente un traidor, la crítica una conspiración, la prensa una herramienta opositora, simplificaba. Un ministro del Poder Ejecutivo explicó en privado que el Gobierno no perdonaría la tapa de Clarín del 2 de mayo cuando interpretó que el proyecto de flexibilización laboral anunciado por Menem aumentaría la jornada laboral a 10 horas y habilitaría el domingo como día laborable”.

Verbitsky luego enumeraba los intentos del menemismo para regular el mercado del papel prensa, disminuir la influencia de los monopolios periodísticos e implantar una nueva ley de medios. Inmediatamente, se refería a las palizas que habían recibido, en aquellos días, el periodista Marcelo Bonelli a la salida de radio Mitre y Hernán López Echagüe, de Página 12. Y citaba los argumentos de una demanda de Menem contra la prensa: “Resulta un negocio más redituable a nivel editorial ser opositor que informar objetivamente”.

“El objetivo no era un solo diario sino el conjunto de la prensa”, razonaba.

Una de las maravillas de los libros es que su destino es independiente de la conducta, buena o mala, coherente con su contenido o no, de sus creadores. ‘Hacer la Corte’ formó a una generación de periodistas que, gracias a ese y otros textos, aprendieron a rechazar cuando la televisión oficial denigra a disidentes, o cuando los periodistas son apretados en las calles o en la Justicia, o cuando se elige como enemigo al periodismo y se lo confunde adrede con la oposición, o cuando el Poder Ejecutivo reacciona de manera destemplada ante fallos que comprometen a sus integrantes.

En ese sentido merece un homenaje y, sobre todo, una relectura de tanto en tanto. Es un ayuda memoria y un gran aporte para enteder algo de lo que ocurrió en esta última década.

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NESTOR KIRCHNER

NESTOR KIRCHNER | Foto: Pablo Temes

La revista de libros de The New York Times ha reconocido la originalidad delictiva de la acumulación de capital en manos de la banda de Putin y sus capitalistas amigos. La nota nos ignora y no hace mención alguna a las inteligentes maniobras de acumulación de capital en manos de argentinos que, poco antes, no tenían ni un peso o sólo poseían una fortunita mediocre consistente en dos o tres departamentos y casitas en una pequeña ciudad austral. ¿Los especialistas de New York Times Review of Books desconocen los trabajos de sus colegas criollos sobre la acumulación de dinero en manos de los amigos de Néstor? ¿Por qué nos pasan por alto? ¿Simplemente porque la Argentina no es un país importante? Pero temas como el del juego, bien investigado por Federico Poore y Ramón Indart, también merecen una nota en la prensa internacional. O los más extensos El pacto Menem-Kirchner y Las bóvedas suizas del kirchnerismo, de Juan Gasparini. Más las denuncias de Lanata y Wiñazki. ¿Están celosos de Emilia Delfino de Perfil o de la investigación premiada de Hugo Alconada Mon y Mariela Arias, de La Nación? Ni unas pocas líneas sobre la presentación de Margarita Stolbizer que apunta a facturas falsas emitidas por Lázaro Báez con el noble fin de poner en blanco dinero negro y aliviar así la contabilidad de Hotesur. Aunque sea para quitarles crédito, deberían tenerlos en cuenta.

No nos hagan sentir tan periféricos, por favor.
“Con la ayuda de una inescrupulosa banca offshore, Putin y su banda se apoderaron del dinero que pertenecía al Estado ruso, lo depositaron en el exterior; después, lo reintrodujeron e invirtieron en Rusia; así, bocado a bocado, fueron capturando recursos públicos”, escribe Anne Applebaum en su reseña del libro de Karen Dawisha, que porta el estruendoso título La cleptocracia de Putin. Dawisha describe el camino seguido por una megaacumulación de capital público que pasó a manos de una nueva “clase”.

Ya en 1991, más de 4 mil millones de dólares de origen estatal fueron entregados a compañías o depositados en bancos gerenciados por amigos de Putin. Así comenzaba una gigantesca acumulación capitalista de nuevo tipo, cuyo origen era la apropiación de fondos públicos. Un banco importante, el Rossiya de San Petersburgo, se especializó en negocios entre la nueva burguesía y el crimen organizado. Anoten: servicios de inteligencia, fondos públicos, nueva burguesía, crimen organizado.

La acumulación fue inmensa, a la medida de un país rico en petróleo y gas. Pero lo que hiela el corazón de los argentinos es que el método de esta acumulación nos resulta conocido: privatizar recursos del Estado, derivarlos a cuevas financieras internacionales, repatriarlos para realizar inversiones locales.

Lo que le ató las manos a Néstor no fueron vacuos prejuicios morales, sino que su capitalito inicial era más bien restringido. La KGB, cuyas cuentas manejaba Putin, controlaba miles de millones de dólares. Nuestro Néstor tuvo que comenzar su camino con los reducidos, pero famosos, quinientos millones (¿o más?) de Santa Cruz. ¿A dónde habría llegado Kirchner en un escenario digno de su iniciativa y su audacia?

El ascenso de Lázaro Báez pudo haber comenzado con esos 500 millones patagónicos. Todavía hoy no se sabe bien dónde está parte de ese dinero, que Kirchner depositó en la banca extranjera.

Provenía de las regalías petroleras que el gobierno nacional le pagó a la provincia cuando Kirchner era gobernador. Néstor los salvó de la crisis argentina, pero nunca presentó una contabilidad clara. Se dijo que habían sido usados para cubrir los déficits del distrito, sin más datos; Cristina afirmó que también se invirtieron en obra pública, sin dar detalles (a ella no se le puede repreguntar, dado que tampoco se le puede preguntar).

Randazzo también dijo, en 2009, que se gastaron en obra pública. Pero agregó que el objetivo de quienes preguntaban era “desgastar al gobierno con falsedades”.

Lázaro Báez, fiel camarada de los Kirchner y consejero de su hijo en finanzas, está para indagatoria. Se lo imputa de haber comprado por medio de un testaferro un campo de cinco millones verdes. Todo falso: un ciudadano honorable como Leonardo Fariña acaba de desmentirlo ante el juez Casanello. Pero los billetes que vuelan alrededor de Lázaro siguen siendo objeto de curiosidad judicial acá y en sede extranjera.

Volvamos a Putin, un vivaracho fuera de serie a quien no se le escapa el destino de cinco rublos. Con la acelerada acumulación de capital robado al Partido Comunista primero y al Estado más tarde, fundó un imperio económico que incluye a la gigantesca Gazprom, de donde sacó fondos para otras múltiples inversiones. Un jefe de la KGB, como fue Putin, es un cuadro de primera línea, ya sea para servir a su país como para delinquir.

La viveza criolla produjo millonarios de la noche a la mañana, como en el caso de Lázaro, nuestro conmovedor self-made man. Por eso, no deberían ningunearnos en la revista de libros de The New York Times. Menos mal que podemos ver el canal digital Rusia Hoy, que la Presidenta celebró como ruptura del monopolio de las noticias. El canal ruso en cualquier momento hace una miniserie sobre el tema para competir con la telenovela turca. Tengo el título: Game of Thieves

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