Matar a Branca: La insólita acusación kirchnerista al periodista

#PERFILELECTORAL, OPINIÓN / 15 de Agosto de 2017

Diego Brancatelli es desconocido por la militancia cristinista. Las acusaciones de “impostor”. La incoherencia de sacarse de encima al único que preguntó.

Por Nicolás Lucca

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“La responsabilidad de si no somos Gobierno hoy no la busquen en mí, sino en todos los errores que se cometieron antes. Yo no soy funcionario, soy un humilde periodista”. Así se descargo el periodista deportivo y panelista Diego Brancatelli tras ser apuntado como supuesto responsable del resultado electoral del último domingo. Primer dato insólito: si están seguros de que ganaron ¿de qué sería culpable?

La supuesta responsabilidad se le atribuyó desde las redes sociales, donde Brancatelli siempre oficia de blanco preferido de los opositores al kirchnerismo por sus comentarios como panelista del ciclo Intratables que se emite por América.

Sin embargo, a “Branca” comenzaron a pegarle los propios. La punta de lanza de la política de comunicación en redes del kirchnerismo, Anita Montanaro, quien dijo “Brancatelli es ellos, déjense de joder”.

No fue el primer ni único caso. Una de las cuentas más activas en el universo kirchnerista publicó un video del filósofo Darío Sztajnszrajber en el que se puede ver una exposición sobre cómo se contribuye al poderoso desde una oposición poco inteligente.

La idea es pintar a Brancatelli como una suerte de Herminio Iglesias del siglo XXI. De hecho, se ha usado abundantemente esa comparación según la cual es lo mismo un panelista entrevistando que un dirigente y candidato de un partido prendiendo fuego un ataúd con el logo de la competencia.

Y así se van extendiendo las puteadas contra Brancatelli (pueden chusmearlas en el buscador de la red social) a quien, de pronto, señalan como un agente infiltrado en las filas del kirchnerismo, un ser funcional a la derecha, un empleado macrista al que le pagan por hacer de kirchnerista en un show con el objeto de caricaturizar al kirchnerista promedio. De ser así, el papel le sale muy bien.

Lo insólito es que, si uno repasa los hechos, lo único que hizo Brancatelli fue preguntarle, cara a cara, a María Eugenia Vidal por todos los argumentos que el kirchnerismo utiliza para pegarle al macrismo. En ese marco, el desapego hacia Brancatelli sólo se explica si el plan de acción era mentir sin dar derecho a réplica. Si tan seguro está el antimacrismo de las críticas que sostienen, ¿cuál sería el problema de preguntárselo cara a cara a una de sus mayores figuras? ¿O acaso Brancatelli no le enrostró a Vidal todos y cada uno de los puntos por los que cuestionan al oficialismo? Todo pareciera tener una respuesta: es preferible repetirlo en Twitter y Facebook que preguntarlo de frente. Porque en la cara no vale. Mirá si responden, todavía…

Comparar a Brancatelli con Herminio es un chiste, y lo sabemos todos. No era candidato a nada y no realizó ninguna incitación a la violencia en un contexto de odio. Sólo preguntó lo que para algunos son mentiras, pero otros presentan como verdades absolutas. De pronto, pareciera que no eran ni tan absolutas ni tan verdades. De pronto, pareciera que eran conscientes de que no eran ni tan absolutas ni tan verdades. De allí la bronca a Brancatelli de parte de los kirchneristas: los puso en evidencia.

Culparlo por un resultado marca dos problemas. El primero ya fue detallado: de qué sería culpable si dicen que ganaron. El segundo presupone que un votante de Cristina no tiene idea de quién es esa mujer, ni de qué hizo durante ocho años de gobierno, y que por una pregunta se horrorizó y decidió votar a la contra. No hay forma de que eso suceda ni remotamente, ya que es el principal problema que tuvo Cristina para sumar votos: la conocen demasiado.

En todo caso, deberían felicitarle a Brancatelli el coraje de preguntar cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Pero en tiempos de relatos, una verdad no puede manchar una buena historia. Los que facilitan la mancha, son traidores por acción u omisión. No se bancaron la respuesta y la culpa no es del que respondió sino de quien le dio el pie para que lo hiciera.

Siempre resultó más fácil matar al mensajero.

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Un país normal se vislumbra después de las PASO

Si en octubre se reiteran los resultados, el Gobierno igual tendrá que negociar para aprobar las leyes, pero lo hará desde una posición de fuerza

MARTES 15 DE AGOSTO DE 2017
Andrés MalamudSEGUIR

PARA LA NACION

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Menos zen y más rock, dijo María Eugenia Vidal, y cambió la historia. Brancatelli cobró, pero fue Cristina la que pagó. Hasta entonces, su campaña bajo el radar había permitido que los errores los cometieran sus oponentes: Massa contuvo poco, Randazzo esperó mucho, Bullrich habló poco, pero fue mucho.

Cuando tuvo que enfrentar a una de su tamaño, Cristina apenas arañó el empate.

Cambiemos había tenido la opción de encabezar su lista bonaerense con un cerebro argentino, el de Manes, pero prefirió sin. La campaña quedó dependiente de la estrategia de Marcos Peña y el carisma de Vidal. Los candidatos aparecieron lo justo e innecesario. Pero todo lo que no se vio por televisión se caminó en los pueblos bonaerenses. Cambiemos volvió a militar y fiscalizar la provincia como si fuera la última vez, con un desvelo que reflejaron mejor las redes sociales que los medios de comunicación. El bajo perfil de los candidatos, cortado al talle del Presidente, terminó requiriendo un esfuerzo mayor de la gobernadora. Lo hubo.

Y cuanto mayor el esfuerzo, mayor la recompensa. Si este resultado se repite en octubre, la victoria en siete de las ocho secciones electorales producirá una Legislatura mucho más favorable para Vidal. Los concejos deliberantes también serán amigables para los 70 intendentes oficialistas y más inhóspitos para los demás. Aunque Cristina se termine imponiendo en la categoría senadores, los 101 municipios donde Cambiemos salió primero sugieren que la grieta, más que profunda, es asimétrica.

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Foto: Eulogia Meale

Pero la victoria de Cambiemos fue mucho más que bonaerense: fue nacional.

En 2015, Macri llegó a la presidencia ganando apenas en nueve provincias. Para peor, sus aliados conquistaron sólo cinco gobernaciones. En las PASO del domingo, que al ser elecciones intermedias favorecen la fragmentación, Cambiemos sorprendió llegando primero en once distritos. Además de las cinco que gobierna, el oficialismo nacional se alzó con seis provincias ajenas. En contraste, de los dieciséis gobernadores panperonistas sólo nueve revalidaron su hegemonía. Peor les fue a los partidos o frentes provinciales: fueron superados en los tres distritos que administran. La Argentina se tiñó de bipolaridad: frente a las once pole positions de Cambiemos se irguieron trece peronistas. El cementerio de terceras fuerzas está cada vez más sobrepoblado.

El bipolarismo nacional surge de abajo: la mayoría de las provincias revela una dinámica próxima al bipartidismo, un sistema en el que dos partidos compiten por el poder y el que lo alcanza gobierna solo. En la práctica, las elecciones son disputadas por frentes más que por partidos, pero las diferencias técnicas son poco relevantes. Sólo en cinco de las veinticuatro provincias existe una tercera fuerza que haya superado ahora el 15% de los votos: en las otras diecinueve, la competencia es prácticamente bipartidista. Y los dos partidos son siempre los mismos: Cambiemos salió primero o segundo en veintitrés provincias, y el peronismo (en sus diversas encarnaciones) también. En la ancha avenida del medio, como ilustra el politólogo Luis Tonelli, Macri estacionó un metrobús.

Las idiosincrasias provinciales son importantes, pero no hacen verano. Córdoba, por ejemplo, es peronista portador sano: el peronismo lo conserva para consumo propio; al Congreso y la Rosada manda "cambiemitas". De manera similar, Santa Fe es gobernada por una coalición liderada por el socialismo, pero sus dirigentes hacen sapo cuando quieren proyectarse nacionalmente. El domingo, cuatro provincias se destacaron porque un partido consiguió más del 50% de los votos: Santiago del Estero, Formosa, Tucumán y San Luis. Sorpresivamente, en el caso puntano el sodomizado por los votos fue el gobierno.

Es cierto: por plata se juega en octubre. Las PASO no distribuyen bancas, aunque sí expectativas. Criticadas por gobernantes y periodistas afines, cumplen tres funciones: selección, reducción y recálculo. La competencia para seleccionar candidatos se dio en el 25% de los casos, que fueron escasamente reportados por la prensa. La reducción de la oferta partidaria fue mucho más relevante: en la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, se presentaron dieciséis partidos y sólo seis superaron el umbral para participar en octubre. Esto disminuirá la contaminación visual en el cuarto oscuro, preservará los bosques y simplificará la vida del elector. Finalmente, las PASO fungen como primera vuelta y habilitan el voto estratégico. Con Miguel De Luca mostramos que en 2011, 2013 y 2015 un número relevante de electores cambió su voto entre las PASO y la general. Cuando el candidato favorito demuestra pocas chances, es gratificante votar contra el candidato menos malo de los que quedan arriba.

La homogeneidad del oficialismo y la heterogeneidad de la oposición enseñan otra lección: que el bipolarismo argentino es siempre asimétrico. El único partido nacional es el del presidente. Por eso dominó el Frente para la Victoria hasta 2015 y domina Cambiemos desde entonces. Enfrente del oficialismo se despliega siempre un mosaico variopinto al que sólo el acceso a la presidencia le otorgará unidad.

Así como algunos peronistas ganaron y otros perdieron, también hubo resultados disímiles dentro de Cambiemos. Tres dirigentes de Pro y otros tantos de la UCR quedaron posicionados como candidatos viables a gobernador en 2019. La presencia del vicegobernador bonaerense Daniel Salvador y la del cordobés Mario Negri en el palco de triunfo fueron una muestra de confianza y, al mismo tiempo, una búsqueda de equilibrio. Pro, la UCR y la Coalición Cívica, en un acuerdo que favorece a todos, incrementarán sus bancas legislativas a expensas del peronismo y de terceras fuerzas. Radiante, un boina blanca aseguraba que el radicalismo ya no es un partido municipal porque ese papel quedó reservado para el FPV. Exageraba: además de las intendencias del conurbano sur, el kirchnerismo hizo buenas elecciones en Santa Fe, Buenos Aires y la Patagonia, excluyendo por alguna razón a Santa Cruz. Las malas lenguas le adjudican también Formosa. Contra las expectativas de Massa, Randazzo y Urtubey, Cristina sigue liderando el pedazo más grande de peronismo. Hasta octubre. Después, empieza otro partido.

Si en octubre se reiteran los resultados, el Gobierno pasará de hiperminoritario a minoritario. Parece poco, pero hay mucha plata de diferencia. Con algo más de 100 diputados, quedará a veintipocos del quórum; con alrededor de 24 senadores, alcanzará el tercio del cuerpo y pondrá fin a la mayoría calificada del peronismo. Aun así tendrá que negociar para aprobar las leyes, pero lo hará desde una posición de fuerza y le saldrá más barato.

Cambiemos asumió en 2015 con dos desafíos históricos. El primero era terminar el mandato, algo que ningún presidente que no sea militar o peronista consigue realizar desde hace 90 años. El segundo es reelegir: el peronismo nunca perdió dos elecciones presidenciales consecutivas, y la democracia necesita tanto de partidos que sepan gobernar como de partidos que sepan aguantar el llano. Estas PASO vituperadas y mal queridas podrían estar alumbrando un país, como algunos gustan decir, normal. Quizá convenga concentrar las críticas en las dictaduras y no en las elecciones.

Politólogo e investigador en la Universidad de Lisboa

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Las lágrimas del Ladriprogresismo que apoyó a los KK desde siempre, aún con las evidencias del afano y la cor rupción más grande de la historia sufre por el avance de Cambiemos…vamos bien!

POLÍTICA

La dimensión histórica del triunfo macrista

ernesto-tenembaum-fotofirma.jpg?token=barPor Ernesto Tenembaum 15 de agosto de 2017

(Nicolás Stulberg)
(Nicolás Stulberg)

Siempre es difícil percibir un cambio de trascendencia histórica por parte de quienes conviven con esa transformación. Es audaz, además, asegurar sin la suficiente perspectiva que un fenómeno de esa dimensión se está produciendo. Sin embargo, hay algunos elementos que habilitan, como mínimo, a preguntarse si lo sucedido el domingo es solo un resultado electoral sorprendente o si ese triunfo augura un cambio de naturaleza estructural en la política argentina.

Los efectos inmediatos del domingo son evidentes. Hasta ese día, el análisis político dominante giraba acerca de las posibilidades de Mauricio Macri de terminar su mandato de manera ordenada. Las preguntas eran: ¿Podrá gobernar? ¿Podrá terminar su mandato? ¿Podrá evitar una crisis?. Todo cambió. La pregunta orientadora es otra: ¿Cómo hará la oposición para evitar que Macri sea reelecto?

La estructura nacional de Cambiemos, la alianza que fundó Macri, supera el 30% de los votos en 17 de las 24 provincias del país. Sólo en dos, Tierra del Fuego y Santiago del Estero, los números son inferiores al 20%. Cambiemos se ha conformado como un partido nacional

El panorama para el Gobierno no puede ser más favorable. El 36% de votos que recolectó lo ubica a solo cuatro puntos de ganar en primera vuelta la presidencial. Encima, ese caudal de votos fue recogido por candidatos que, en general, pertenecen a la segunda línea del equipo oficial. Los dos años que pasaron fueron durísimos, y nada habilita a pensar que esa situación se continúe en los dos que vienen. El peronismo está descabezado y dividido. Y, aun cuando Cristina gane en octubre la provincia de Buenos Aires, le quedaría un camino muy arduo para reconstruir su poder nacional. ¿Quien sería, por ejemplo, el candidato a gobernador que competiría con la muy popular María Eugenia Vidal?

A principios de año, Macri explicaba: "Acabo de terminar el peor año de mi Gobierno. Ahora estoy empezando el segundo peor año, que terminara con un triunfo electoral. De ahí en más todo va a ser más sencillo: cada año, un poco menos de déficit, un poco más de crecimiento, un poco menos de inflación". Entre las habilidades del ser humano no está incluida la capacidad de pronosticar el futuro, pero la verdad es que, hasta aquí, lo ha hecho de manera bastante precisa.

Pero todo esto refiere apenas a los efectos coyunturales de la victoria del domingo. Hay algo más trascendente que está pasando, o que, al menos, parece estar pasando. La estructura nacional de Cambiemos, la alianza que fundó Macri, supera el 30% de los votos en 17 de las 24 provincias del país. Sólo en dos, Tierra del Fuego y Santiago del Estero, los números son inferiores al 20%.Cambiemos se ha conformado como un partido nacional, esto es, una organización que tiene un cura en cada parroquia, con miles de concejales, diputados provinciales, legisladores nacionales, ministros, secretarios de Estado y recursos infinitos. A partir de diciembre, será la primera minoría en la Cámara de Diputados y, probablemente, también en el Senado.

Macri no sólo está conduciendo hoy el único partido nacional que existe en el país. Además, es el primer presidente surgido de las familias más ricas del país, desde Marcelo Torcuato de Alvear, o sea, desde 1922, casi un siglo.

El hecho en sí es impresionante. Desde que en la Argentina existe la democracia abierta, solo se crearon dos partidos nacionales. Uno lo fundó Hipólito Yrigoyen, otro Juan Domingo Perón. Si este proceso continúa, Cambiemos puede transformarse en el primer partido político nacional fundado desde la emergencia del peronismo en 1945.

De hecho, la extensión territorial de Cambiemos supera hoy a la de cualquier otro partido. El peronismo, como corriente histórica, es mucho más fuerte. Eso es indiscutible. Pero hace mucho tiempo que no se presenta unido. Y basta ver el país coloreado para percibir que el kirchnerismo tiene llegada en algunos lugares, el peronismo tradicional en otros. Pero nadie se extiende por todo el territorio como el macrismo. Por momentos, el histórico peronismo parece una confluencia de intereses entre liderazgos provinciales. En algunos lugares, como Santiago del Estero y Misiones, está incluso liderado por radicales. Cambiemos es, en cambio, una organización nacional, cada vez más profesional, con una conducción clara y una identidad que empieza a insertarse en las clases medias de todo el país.

Ya hace muchos años que el macrismo gana por una diferencia arrolladora en los barrios más pobres de la ciudad: diez por ciento de ventaja en Villa Soldati y Lugano, quince por ciento en la Boca y Barracas. Ahora, se proponen trasladar ese modelo a todo el país.

Quien quiera subestimar el fenómeno, tiene todo el derecho a hacerlo, pero no parece ser lo más atinado para entenderlo, sobre todo para los que pretenden combatirlo. La crítica a Macri, del estilo Roberto Navarro, Horacio Verbitsky, Mempo Giardinelli o Maximo Kirchner produce mucha algarabía en las filas propias pero se ha demostrado no solo imprecisa sino, además, muy funcional al supuesto enemigo. Si supieran ellos cuanto celebran en en la Casa Rosada sus intervenciones.

Macri no solo está conduciendo hoy el único partido nacional que existe en el país. Además, es el primer presidente surgido de las familias más ricas del país, desde Marcelo Torcuato de Alvear, o sea, desde 1922, casi un siglo. Es el primer presidente de la historia democrática que proviene de uno de los grupos económico más concentrados. Es el primero que fue presidente de un club de fútbol, el primero que no es radical ni peronista, el primero de centro derecha que llega por vía democrática, el primer ingeniero. Existe un lugar común según el cual un plan de ajuste del nivel de vida de la población solo se puede imponer por vía represiva. El domingo, Macri demostró que esto no es así: aún cuando un plan afecte el consumo popular, quien lo implementa puede ganar, al menos, una elección.

En todo su recorrido, además, Macri ha ido de menor a mayor. Son conocidas las historias en Boca Juniors y en la ciudad de Buenos Aires. Los detalles son sorprendentes. Ya hace muchos años que el macrismo gana por una diferencia arrolladora en los barrios más pobres de la ciudad: diez por ciento de ventaja en Villa Soldati y Lugano, quince por ciento en la Boca y Barracas. Ahora, se proponen trasladar ese modelo a todo el país. En el acto de celebración del domingo, Macri explicó que están arrancando "los mejores 20 años de la historia del país". Es decir: anunció que piensa quedarse por cinco mandatos. Hasta hace unos días, hubiera sido un delirio. ¿Lo será? El primer objetivo será la zona Sur del Conurbano bonaerense. Desde el mismo día que terminó el conteo de votos, una multitud de recursos será destinado a perforar la zona en la que Cambiemos tiene más dificultades para instalarse. En dos años, se sabrá si pudieron hacerlo.

Fue la ex Presidente la que le sirvió el triunfo en bandeja, una vez más, como cuando designó a Anibal Fernández o humilló a Daniel Scioli.

Tal vez no lo logren. Pero no parece un poder tembloroso ni temporario el que se empieza a instalar en el país. Por lo pronto, parece ya muy anclado en las zonas rurales y en los centros urbanos.

En todo este proceso, Macri ha tenido la inmensa suerte de convivir con el kirchnerismo. Ellos, que lo odian, no se atreven a pensar siquiera cuánto han colaborado con él. Basta analizar la última elección: ¿Qué pasaría hoy en el país sin Cristina hubiera competido, como era lo natural, con Florencio Randazzo en la interna del Frente para la Victoria? Hubiera sido un triunfo kirchnerista difícil de remontar en octubre. El clima sería completamente distinto. Pero no: fue la ex Presidente la que le sirvió el triunfo en bandeja, una vez más, como cuando designó a Aníbal Fernández o humilló a Daniel Scioli.

Mientras Macri suma -a Elisa Carrió, a peronistas como Claudio Poggi en San Luis o Joaquín La Torre en San Miguel-, Cristina se desprende de Randazzo, del PJ, del Movimiento Evita, para citar sólo los últimos casos. Uno trata de seducir a los diferentes, como haría cualquier político. La otra expulsa incluso a los iguales. Si hasta Diego Brancatelli ha caído en desgracia.

Una vez más: el tiempo dirá cual es la profundidad del fenómeno. Macri tiene que gobernar la Argentina, el país donde todos los presidentes -con la única excepción de CFK- terminan antes de tiempo, o presos, o exiliados. Dos días después de la elección en que Cristina ganó por el 54%, era razonable pensar que su proyección sería eterna. Conviene desconfiar entonces de cualquier análisis influido por la foto de un resultado electoral. Sin embargo, aún con esos reparos, hay elementos suficientes que obligan a mirar con interés y profundidad el proceso político actual y habilitar las preguntas necesarias sobre una coyuntura que está cambiando a un velocidad inesperada.

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Cristina, último capítulo

JUEVES 10 DE AGOSTO DE 2017
Alexander GüvenelSEGUIR

PARA LA NACION

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No es fácil sostenerse en política sin poder y menos para Cristina Kirchner , que no se preparó para ese momento. El plan original era el intercambio de la banda presidencial en la sociedad conyugal; plan que finalizó con la muerte de su esposo en octubre de 2010. No va a ser fácil tampoco para sus militantes, que hasta octubre de 2015 no imaginaban un futuro sin el liderazgo de Cristina y trataban de encontrarle la razón al interregno de un insulso Daniel Scioli. "Cristina eterna", "Vamos por todo" y "Abrazame hasta que vuelva Cristina" son sólo algunos de los elocuentes eslóganes que grafican ese sentimiento.

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Foto: LA NACION

Bajo esta particular circunstancia de su vida política, Cristina planteó la campaña para las elecciones que se avecinan. La falta de poder, o la brutal disminución del mismo, la hizo volcarse por una estrategia electoral desconocida para ella: escuchar. Claro que se propuso subir al escenario y darles voz a las víctimas del gobierno de Macri, aun cuando muchas fueran militantes o candidatos de su nuevo frente Unidad Ciudadana. Hubo en esta suerte de paso de comedia un reconocimiento de la necesidad de recoger votos por fuera del núcleo duro y aprovechar que los "brotes verdes" están tomando impulso recién ahora, y tardarán aún más tiempo en llegar a la mayoría de los sectores de la economía. Fue en un contexto de baja actividad y sinceramiento de tarifas públicas donde la oposición, que argumenta sobre los números que el propio Indec mostraba hasta hace un par de meses, intentó hacerse fuerte, y por eso ahora trata de sostener un discurso que el paso del tiempo va mostrando como algo "viejo" ante una actividad que mes a mes se incrementa y unos salarios que van alcanzando y, en algunos casos, superando una inflación que apunta a ser la mitad que la de 2016.

A pocos días de las PASO, es importante señalar que cualquier resultado electoral, aun los de aquellos encuestadores que, pese a los errores cometidos en las elecciones de 2015, siguen dando una ventaja de varios puntos a favor de Cristina en la provincia de Buenos Aires, concluirá con un Congreso Nacional más favorable a Cambiemos a partir de diciembre. Aun con la imposibilidad de obtener la mayoría en las Cámaras, la voz del oficialismo será más potente, tanto dentro como fuera del recinto. La opinión pública ejercerá su influencia para continuar con las políticas de un Ejecutivo que será prácticamente la única fuerza a nivel nacional, luego de una profunda fractura en un peronismo que llevará años reconstruir sin los resortes del poder.

Cristina Kirchner obtendrá su banca en el Senado, al igual que Carlos Menem conservará la suya hasta diciembre, sin posibilidad de reelección por decisión de la Cámara Electoral, que le impidió participar de estas elecciones. La diferencia entre ambos es que el ex presidente goza de un amplio respeto en su provincia de origen, mientras que la ex presidenta es muy discutida en su provincia adoptiva (Santa Cruz), la única que podría cobijarla en un intento de reelección al Senado, donde, con suerte, jugaría el mismo papel secundario que el riojano más famoso. El rechazo público al menemismo en dirigentes de todas las corrientes políticas, incluido el justicialismo, no se extendió al ámbito personal, donde la mayoría de los dirigentes de su partido guardó respeto por la figura del ex presidente. Esto no sucede con la ex presidenta; el rechazo que gobernadores y dirigentes peronistas sienten por quien, con el poder de la billetera, les propinó un destrato pocas veces visto en la política argentina entre dirigentes que comparten un mismo espacio político, no tiene retorno y están dispuestos a destinar esfuerzos para lograr su aislamiento.

El futuro de la ex presidenta se vislumbra así en una solitaria banca, prácticamente sin aliados políticos entre sus pares y unos pocos en la Cámara de Diputados, donde podrá hacer incendiarios discursos que sólo se verán por Senado TV, a diferencia de las múltiples cadenas nacionales atizadas con inauguraciones varias de mejores tiempos. Con sus enemigos políticos sentados a escasos metros, sin relación personal con casi ninguno de ellos, con unos pocos líderes municipales que (por ahora) le responden y sin proyección política más que la nostalgia de algunos militantes (similar a la que llevó a Carlos Menem a obtener el primer lugar en las elecciones de 2003 para luego bajarse del ballottage), sería oportuno que Cristina Kirchner se prepare para transitar su último capítulo en la vida política de la Argentina.

Politólogo y miembro del Club Político Argentino

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La campaña de la nada

Jueves, 10 de agosto, 2017

Bajar los precios, mejorar la educación, subir los salarios, eliminar el desempleo, pobreza cero, eliminar la inflación, combatir la inseguridad, subir los salarios, mejorar la salud. Lindas definiciones que todos quieren pero que nadie explica cómo alcanzar. Y los políticos en campaña (y fuera de ella cuando son oposición) son de pedir lo que no tienen idea de cómo conseguir, como quien desea la paz mundial. Es un latiguillo gastado la poca credibilidad de un político en campaña. No por ello vamos a dejar de destacar el nivel paupérrimo del contenido propuesto por los candidatos en estas elecciones, que tienen un nivel de compromiso ciudadano similar a una reunión de consorcio un feriado.

Más de dos mil millones de pesos destinados a la encuesta electoral más grande de los sistemas presidencialistas mundiales, en la que todos –y por todos me refiero a los que pagamos impuestos hasta cuando compramos un caramelo– financiamos desde las boletas de candidatos que, si tuvieran tan buenas ideas, conseguirían quién se las financie, hasta los spots propagandísticos en los que demuestran por qué necesitan del Estado: nadie pondría un peso en ellos.

pinoPino Solanas recurrió a la estrategia de mostrar videos a personas comunes para registrar sus reacciones. Allí se puede ver a un hombre con look laburante del año 1985 con una tablet en la que observa a Pino decir “este gobierno no maneja ni la inflación, ni la inseguridad, ni la inversión”. Luego, el hombre mira a cámara con cara de “por qué grita el abuelo”, pero, con prudencia, decidieron subtitularlo con “creo que voto a Pino”. El asunto es preocupante. Uno puede entender que no tenga un asesor publicitario potable, dado que ni siquiera paga las expensas de los locales que alquila en cada elección –literal– pero ese señor hizo carrera como cineasta. Independientemente de ello, no hubo ninguna otra propuesta más que “voten al señor que grita para que siga gritando”.

Todos esperamos que los hombres de la izquierda vernácula nos diviertan en tiempos electorales. No defraudaron. Y si bien el “Démosle fuerza a la izquierda con Manuela” es una adulteración, no hacía falta ir tan lejos para encontrar la propuesta más onanista, título que se lo podríamos entregar con honores a “que todos trabajen 6 horas y cobren 25 mil pesos”. Sobre todo en un país en el que un joven profesional cobra por encima de esa cifra por 8 horas. Una a favor: Alejandro Bodart propone quitarle el presupuesto a la Iglesia. Adhiero. Y podrían empezar por dar el ejemplo haciendo campaña sin la plata del Estado.

Lejos de frenar en el muestrario de propuestas de quienes suponen que prohibiendo los pobres se elimina la pobreza, los muchachos que se prenden en cualquier lucha también proponen la prohibición de los despidos a las empresas. A veces creo que están a un minuto de proponer que todos prendamos los acondicionadores de aire para frenar el calentamiento global. No sé qué tipo de trauma padecieron en la niñez, pero pocas cosas me generan más ternura que los que suponen que las empresas surgieron por generación espontánea. Una cosa es estar en contra del capital y otra, muy distinta, es desconocerlo. Uno no puede odiar lo que desconoce, pero es el caso de estos muchachos. Al menos podrían mirar alrededor y fijarse como resultan políticas similares. Los porteros de edificio –perdón, encargados– tienen un estatuto que fija que el causal de despido justificado –sin tener que vender el edificio para pagar la indemnización– es una condena firme en causa penal dolosa grave. ¿Resultado? Prácticamente no existen edificios nuevos con porteros –perdón, encargados– desde hace años.

En idéntica dirección van las propuestas de ocupar las instalaciones de la empresa que se va, que quiebra, o que decide hacer con su patrimonio lo que se le antoja porque es de ellos. Los muchachos se quedan dentro de la empresa, y exigen que se les entreguen todos los bienes para ser administrados como cooperativa. Nadie se pregunta por qué, si tan viable es el sistema, no ponen plata entre todos y crean una empresa desde cero.

massaMatías Tombolini fue blanco de una campaña de desprestigio montada por el que tuvo la idea de mostrarlo preocupado por llenar las dos heladeras del penthouse que tiene por cocina. Independientemente de ello, promete algo tan falso como su problema para pagar las expensas: en estas elecciones no se vota un ministro de Economía, se votan diputados y senadores. O sea, legisladores que lo mejor que pueden hacer para que la plata alcance es renunciar a sus dietas y a los pasajes de avión gratuitos, negarse a contratar un plantel de asesores, y devolver el porcentual de impuestos correspondiente a los contribuyentes.

Pero Tombo es uno más del espacio de la campaña de sentimentalista que encaró el massismo, en la que también apelaron a un curioso spot radial en el que dicen que “es hora que un lugar que vende droga pueda ser allanado”. Como si no pudiera ser allanado. Como si no se llevaran a cabo cientos de allanamientos por día. En este mismo momento, mientras usted lee esta nota, se está realizando un allanamiento en algún lugar del país. Es un principio legal que está hace un tiempo en nuestro aparato jurídico: desde 1853. Pero bueno, a Sergio Tomás le pareció buena idea proponer esto ante la imposibilidad de prometer cosas tangibles y reales, como una reforma tributaria o un tratamiento que equilibre el humor de Pignanelli.

carrio-lousteauResultaron interesantes los spots de Martín Lousteau, quien aportó datos concretos, un gran faltante en estas elecciones. Sin embargo, el uso que se le pretende dar a esos datos es un atentado al desarrollo individual. Si bien en uno de los videos se puede ver el mensaje subliminal del un bigotito nazi sobre el rostro de Carrió formado por la cabellera del exembajador en Washington, en otro que circula por las redes sociales aparece Lousteau argumentando que los porteños hoy pagan 3,3 veces más de impuestos que hace 50 años. El dato es escalofriante, pero no me hizo tanta mella como la propuesta de “discutir qué hacer con todo ese dinero”. Nunca devolverlo, jamás pagar menos impuestos, ni en pedo dejarnos respirar un poco, never in the puta life permitir que vivamos un poco mejor gracias a nosotros y a pesar del Estado.

Así es como llegamos al plato fuerte de estas elecciones. Cambiemos vs. Kirchnerismo, Mauricio vs. Cristina, el lado oscuro contra el lado luminoso de la fuerza, membrillo contra batata. Pedimos campañas que no sean personalistas, soñamos con propuestas por sobre personas, y nos entregaron esto: candidatos que necesitan ser llevados de la mano por figuras más relevantes ante la incapacidad de emitir una opinión sin prender fuego todo, y candidatos que hacen campaña contra todo lo negativo que dejaron ellos.

Hemos visto a Elisa Carrió candidatearse por la Capital Federal e iniciar su campaña en Rosario, Santa Fe, y recorrer varios distritos de la provincia de Buenos Aires. Su imagen es todo lo que hace falta. Lo mismo ocurre con la gobernadora de la provincia, María Eugenia Vidal, a quien tienen de tutora de Gladys González y Esteban Bullrich.

vidalEs como si fuera una pesadilla del Jaime Durán Barba que, en el libro La Política en el siglo XXI, critica como arcaico el maniqueísmo: el oficialismo ha encarado la campaña como la lucha de buenos contra malos. En lo personal, no lo veo ni bien ni mal, pero no deja de llamarme la atención lo poco disruptivo del mensaje en un país en el que el discurso maniqueista es tan argentino como el dulce de leche, la birome, y hablar sin saber.

Cada vez más notamos que las campañas legislativas se dirimen por valores. Y un valor no es reprochable más que en la contraposición con otro valor, tan reprochable como el anterior. Todo depende de los parámetros mentales, la educación, la experiencia de vida de cada uno. O sea, de qué tan cascoteados vengamos. Y en base a esto es que los acomodamos para armar una escala de menor a mayor importancia. Nuestra escala de valores, tan personal como una huella digital, pero relativamente homogénea en algunos puntos en particular: todos estamos de acuerdo en que el derecho a la vida es inalienable. Bueno, al menos todos los que no somos psicópatas. También están los que creen que unas decenas, centenas o miles de muertos y detenidos es un precio justo para vivir en libertad. Tienen una escala de valores tan distinta a otras que consideran que el individuo es un accesorio a un proyecto, modelo o movimiento.

En 2009, con las brasas del conflicto con el campo aún humeando, el kirchnerismo centró su mensaje en el discurso peronista industrial romántico. Dolidos por el conflicto, campo e industria dejaron de ser dos sectores productivos para convertirse en dos valores contrapuestos. La utilización de imágenes cuidadosamente seleccionadas apuntaba a la nostalgia del votante por un tiempo que no vivió y que en su imaginario de recuerdos impostados, figura como más feliz. No prendió. La falta de terapia por la derrota política se convirtió en derrota electoral.

cfkEn frente estaba el spot de Francisco De Narváez, donde aparecían tres personas, una en un complejo de viviendas estatales, otra en una calle común, otra en el campo, buscando voluntarios para fiscalizar las elecciones. En medio de un tsunami de inseguridad, la campaña apuntaba a la responsabilidad de los que se quejan sin accionar, pero también expuso el argumento de que los votos se pueden robar. Ni Kirchner ni De Narváez plantearon en sus spots más representativos otra propuesta que no sea apelar a valores. Ganó el que logró más identificación.

En 2013 vivimos la dicotomía de legalizar el hiperpersonalismo o avisarle que no le renovábamos el contrato al final del término. En un contexto en el que nadie del oficialismo desmintió los dichos de Diana Conti de una reforma constitucional que permitiera una Cristina Eterna, el país vivía una avanzada anti institucional transmitida en directo, pero no fue eso lo que más pegó en el ciudadano. Si así hubiera sido, la movilización en contra del intento de democratización de la Justicia habría sido tan masiva como todas las demás. Sergio Massa hizo un spot con las mismas cosas que propone hoy, pero con un mensaje clave: frenar la reelección indefinida. El kirchnerismo, por su parte, llamó a votar “por la alegría”. Uno planteó un valor de unidad nacional; el otro, una ponderación del masoquismo, salvo que alguien pueda sentir alegría con la política. Ganó un tercer valor, republicano, que recurrió a una opción para frenar a otra. Pero Massa todavía cree que ganó él.

Estas elecciones contamos con el caso de Florencio Randazzo, quien apela abiertamente a un valor: el de cumplir. Y la verdad que cumplir con obligaciones no es un valor, sino un deber. El kirchnerismo, desde el frente Unidad Ciudadana, cae en el mismo problema que Cambiemos respecto de sus candidatos: no pueden depositar la campaña en ellos. En Cambiemos, porque no los conoce nadie. En Unidad Ciudadana, porque los conocen demasiado. De allí que hablen de la inflación del gobierno de Macri o de la recesión económica en afiches sin caras. Poner la foto de Cristina al lado llevaría a suponer que es una joda pagada por el gobierno.

Soy de los que prefieren las ideas por sobre las personas. Pero como no vivo en un termo, sé muy bien que una buena idea no es tan buena en manos de determinados personajes. Incentivar la investigación de la salud humana es una gran idea, salvo cuando la lleva a cabo Mengele.

En un país acostumbrado a votar personas, los partidos se vieron obligados a mostrar otras cosas. Hubiera sido interesante que apelaran a ideas más que a valores. Pero las ideas de lo que se cree que se debería hacer son espantavotos de un electorado que quiere más Estado y menos impuestos al mismo tiempo. Y hacía allí vamos, al menos discursivamente. Porque en la política moderna es mejor permanecer y transcurrir que perdurar.

Giovedì. El problema de tener que elegir entre el bien y el mal es que todos creen que optaron por el bien.

Publicado por Lucca
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