"¿A quien vas a creer? A tus ojos mentirosos o a mis sinceras palabras…

Noviembre 7, 2009

Perspectivas economicas 2010…Tudu Bem…Tudo Legal…don Carlos sigue blanqueando empleados y participando en el sorteo de AFIP…va por el 2do auto!!! GRACIAS kk’S

Archivado en: Actualidad — Hari Seldon @ 2:53 pm

¿Crecerá la Argentina en 2010? (*)
04-11-2009

La bolsa sube, el riesgo país se hace trizas, parece que el Gobierno colocará deuda externa y que reinicia conversaciones con el FMI, hay muchos indicadores de consumo que cada vez son menos negativos y los precios de nuestros commodities de exportación se han duplicado respecto de los mínimos de la primavera de 2008. En definitiva, daría la sensación que en 2010 nos dirigimos hacia ese condenado destino de éxito que el compañero Duhalde nos pronosticara en el aciago 2002 ¿Será tan así?

En primer lugar y para despejar la duda más elemental: en 2010 no hay riesgos de estallidos del estilo 1989 o 2001. En efecto, a pesar de la poca política contracíclica que el matrimonio Kirchner le ha dejado hacer al BCRA durante el último lustro, aquella permitió que hoy la posición de reservas internacionales comparada con los vencimientos de deuda del gobierno y los depósitos a plazo fijo (los que se fugan cuando hay pánico) es tan holgada que hacen que la probabilidad de un colapso financiero sea bajísima. Lo mismo que la recaudación de impuestos comparada con los pagos de deuda pública. También ayuda, a la actual fortaleza financiera de la Argentina, la revolución agrícola de los últimos 20 años porque genera una oferta de dólares tan grande que, ante situaciones de incertidumbre como las que vivimos entre agosto de 2007 y 2009, el dinero de los argentinos que se fuga al exterior no toca los depósitos ni reduce los préstamos bancarios a las empresas, todo lo cual le pone un piso bajo a las hipotéticas caídas a la actividad económica cuando hay salida de capitales.

Además, los K tienen bastante claro el peligro que implicaría defaultear la deuda pública con bancos que tienen bonos del gobierno cubriendo un tercio de sus activos. La descapitalización consecuente no dejaría tranquilos a los depositantes que correrían hacia monedas duras como el dólar para refugiarse. Dejar de pagar la deuda pública es incitar a una corrida bancaria y no hay muchos gobiernos que sobrevivan esta última. Los K han demostrado que lo saben.

Para 2010, el escenario internacional más probable es de recuperación. Hay una gran discusión acerca de si la economía mundial hará una V, una W o una L, pero nadie pronostica otro año de recesión. Eso juega a favor de la Argentina no sólo por el lado de nuestras exportaciones (aportarán 1% de crecimiento en 2010) sino porque el buen clima económico genera apetito por asumir más riesgos para invertir en playas muy oleadas como las nuestras. La fuga de capitales se ha detenido (lo estamos viendo con la baja del riesgo país y la espectacular suba de bolsa) y esto implica un impacto expansivo sobre la demanda interna de consumo más inversión de entre 2% y 3%.

Si bien hoy la venta de no durables (alimentos) sigue firme, mientras se recupera la de autos y la construcción está cayendo cada vez menos, hay algunas dudas que ponen un techo bajo de no más de 2% a 3% a la tasa de crecimiento de 2010. Una es la social. Es obvio que los sindicatos de izquierda y los piqueteros más extremos ven que los Kirchner se han radicalizado y al mismo tiempo han perdido el favor de la clase media urbana y de los productores agropecuarios, razón por la cual sus únicos apoyos parlamentarios son versiones menos moderadas y más radicalizadas de progresismo. Los borocotós no mueven el amperímetro de las votaciones parlamentarias, aunque sí caldean el ambiente.

La izquierda actúa en consecuencia pidiendo un lugar más visible en el firmamento kirchnerista, lo cual conspira contra el espíritu inversor de los empresarios (caso Kraft) como recientemente expresaron con claridad en el coloquio de IDEA. Además, la tasa de inflación "pinta" cercana a la de hoy, de entre 15% y 20%, con lo cual, lo máximo que pueden esperar los salarios reales es que queden iguales a los de 2009. Todo esto en un contexto donde el desempleo, la pobreza y la indigencia ya superan con comodidad las cifras de años comparables de la convertibilidad. Caldo de cultivo para que la izquierda revoltosa tome la calle, hay. Y eso es lo que estamos viendo.

En segundo lugar está el problema fiscal… otra vez. El Estado argentino recauda un récord bicentenario de casi $400.000 millones por impuestos y tiene déficit fiscal. Un dislate total. Hoy la recaudación crece al 10% anual y el gasto público al 25%. Si seguimos así, en 2010, el problema de caja será de más de US$ 10.000 millones ¿Se pueden conseguir? Sí, pero quitándole tanto cash al sector privado vía impuestos o menos crédito bancario a las empresas que debilitará mucho a la economía. Al mismo tiempo, si se ajusta el gasto público, en el corto plazo también es recesivo y socialmente complicado. Perder reservas o poder colocar más deuda externa rompe la anterior dicotomía. A esto último apunta el ministro Boudou. Por ahora, con más teatralización (de su amiguisimo con los mercados financieros internacionales) que sustancia.

Un gobierno con gran pérdida de apoyo popular, aliados parlamentarios en la izquierda que toma la calle y complica la vida de las empresas, indicadores sociales muy deficientes, alta inflación y un fisco desequilibrado, son un lastre importante para el fuerte empuje sobre la demanda interna de consumo e inversión que provocan el parate en la fuga de capitales y la mayor demanda de exportaciones por el fin de la recesión mundial. Se puede crecer algo el año que viene, pero la sensación térmica no será que la expansión es muy fuerte. Y si lo fuera, será porque el Gobierno logró el milagro de financiar un enorme déficit fiscal con más deuda externa y esto es pan para 2010 y hambre para más adelante.

En última instancia, dado que no estamos discutiendo para 2010 el extremo de un incendio o la situación polar de una recuperación a tasas chinas, sino "alguna" tasa de crecimiento, todos los economistas podemos tener razón sobre el número que arriesguemos dado que el Indec ha sido destruido y transformado, en los hechos, en un apéndice de la Secretaría de Medios que conduce el inefable Enrique "Pepe" Albistur.

(*) Artículo publicado en La Nación.com www.lanación.com.ar el 04-11-2009

Del Olivera Blog…buenas reflexiones

Archivado en: Actualidad — Hari Seldon @ 2:41 pm

lunes, noviembre 02, 2009

Iniciativa

La argumentación oficial (o pro-kirchnerista) anda ahora en una meta-celebración: la recuperación de la iniciativa política antes que el avance en sí mismo en la corrección de las desigualdades sociales que supimos profundizar del Rodrigazo en adelante (por justicia, algunos festejan ambas cosas, es cierto, pero aún en estos casos la fragmentación de la oposición se vive con extraña alegría y se apuesta a un bipartidismo desbalanceado como forma de perpetuación).

Los momentos de fiesta son malos para intentar reflexiones de eficacia, sostenibilidad, estrategia y pavaditas por el estilo. En las fiestas se celebra y hasta la resaca no se para. Pero los blogs irrelevantes no tenemos porqué alcoholizarnos (tampoco nos sentimos invitados) y podemos dar un paso al costado para mirar.

La recuperación de la iniciativa tiene una serie de rasgos comunes muy interesantes, a saber:

  1. La sorpresa de la iniciativa (y no, que figure en la plataforma sólo puede conformar a Barone y Russo porque si por plataforma se tratara, seríamos otras cosa).
  2. La rapidez en la ejecución. Sea por ley o por decreto, las iniciativas no se discuten en el sentido sustantivo de incorporar las mejoras (y no, lo de impedir a las telefónicas entrar en el negocio audiovisual es de una ingenuidad que sólo la militancia puede comprar: no sólo Telefónica va a mantener Telefé sino que Telecom va a terminar comprando un canal de televisión a través de un tratado bilateral de inversión… ¿por qué pensás qué compra un holding español?).
  3. Como consecuencia de lo anterior, y el bajo capital humano en el sector público, la bajísima calidad en la implementación. Ejemplos sobran: todavía el fútbol-para-todos-que-pagamos-todos no tiene avisadores, estatizamos las AFJPs regalándoles las comisiones ya cobradas por los próximos 30 años y sin control sobre la utilización de los fondos, mejoramos a los chicos pobres empeorando a jubilados… y así podemos seguir.

La eficacia de la política económica sigue siendo desastrosa. Las medidas de subsidios, sea transporte vía Jaime, sea ONCAA, son un escándalo de proporciones gigantescas. Los subsidios cuestan ya 3% ó 4% ó 5% del PBI y uno tiene la sensación (si, sensación) que la mitad están mal dados por ser generoso. Como además no tienen control ni seguimiento, puede ser mucho peor.

Tal vez sea la revolución social pero, con Carlos Díaz, me parece que hay que pensar mejor en la calidad y no sólo en la cantidad de las iniciativas. OK, las hicimos como el tujes pero en algún momento habrá que plantearse mejorarlas y limpiarlas de paja. Porque la historia enseña que la sostenibilidad de las reformas no está asegurada en la Argentina.

No sea cosa que creamos que el endeudamiento (la única fuente de sostenibilidad de 2010 en adelante y una de las formas de la disfunción social argentina, junto a la inflación) da para mucho.

Publicado por Miguel Olivera en 20:30 0 comentarios Enlaces a esta entrada

Equlibrio

"Algunos amigos que leyeron los primeros borradores de este trabajo me reprocharon que presentara a la Argentina anterior a Perón como una época de dorada felicidad, mientras exageraba en cambio mis censuras a la actuación de dicho presidente. El libro parece "reaccionario". Quizá se deba esa impresión a mi empeño por seguir el consejo de los historiadores de que no se juzgue el pasado con criterios actuales. Por otra parte, suele resultar cómodo achacar las dificultades de posguerra a maquinaciones de extranjeros o a los antiguos oligarcas, pero dudo de que puedan introducirse reformas sociales duraderas mientras se sigan difundiendo nociones incompletas o distorsionadas sobre el pasado, o que tales reformas tengan que ir acompañadas de políticas económicas ineficientes. Ideas grotescas (y hasta levemente paranoicas) acerca de la historia económica de la Argentina han contribuido a suscitar muchas políticas extrañas, que ni han acelerado su crecimiento ni han cooperado al logro de sus objetivos políticos y sociales. Mis preferencias por el mecanismo económico de la Argentina anterior a Perón no me impiden compartir con mis amigables críticos su desaprobación de muchos aspectos del clima sociopolítico de entonces. Pero sería insensato negar por esa única razón muchas de las conquistas sociales y económicas alcanzadas en aquellos años. Un mayor empeño en la reforma social, sobre todo en los prósperos años que precedieron a 1930, y una más esmerada atención a las necesidades de las masas rurales hubiesen reducido los problemas políticos y económicos de la Argentina de posguerra; pero la política oficial de posguerra tenía aún muchas posibilidades de acción, y a sus errores es también imputable el deterioro del desenvolvimiento argentino. (…) Si la reforma social no va acompañada de eficaces políticas económicas, al menos en las sociedades mixtas, suele resultar muy efímera. Por otra parte, culpar de todos los problemas actuales a un régimen depuesto en 1955 parece tan poco razonable como atribuirlos tan solo a los extranjeros y a los oligarcas."

Carlos Díaz Alejandro
Julio de 1970
Ensayos sobre la historia económica argentina

Publicado por Miguel Olivera

El Buen Zurdo indignado con Tinelli …pero sin ninguna niguna propuesta de izquierda para solucionar la insegur idad…el modelo Cubanito …o le chavizado es màs seguro?

Archivado en: Actualidad — Hari Seldon @ 2:34 pm

CONTRATAPA

El derecho a la vida

El señor Tineshi es un referente nacional y al mismo tiempo uno de los signos más claros de la decadencia argentina. Un síntoma visible del derrumbe. M. Caparrós.

aamsz=PIX Por M. Caparrós
05.11.2009

Durante años me resistí a escribir sobre el señor Tineshi porque me apenaba perder el tiempo en ese maestro de la pérdida del tiempo, lanzar idioteces a propósito de ese propagandista de la idiocia pero hoy, ay, me convencí de mi error persistente. Ya no puedo seguir negándolo y negándome: el señor Tineshi es un referente nacional. Más preciso: el señor Tineshi es uno de los signos más claros de la decadencia argentina, un síntoma visible del derrumbe. Hay que aceptarlo: que el señor más escuchado de la escena patria sea uno que no consigue decir lo que querría decir nos dice cómo estamos.

Hace dos días el señor Tineshi lanzó, en su kermés de bataclanas, la proclama más vista y revista, repetida y petida de la televisión argentina de los últimos tres días, quince horas y veintiséis minutos. Dijo, como ya todos saben, que “acá están matando a la gente por la calle de una manera impresionante y todavía estamos discutiendo si metemos presos a los de 16, de 17, si los derechos humanos… ¡El único derecho humano es el derecho a la vida!”, remató, acogiéndose al abrigo traicionero del lugar común.

Que se te cumplan los deseos era una vieja maldición gitana; sería bueno que el señor Tineshi recibiera de los hados satisfacción completa a su pedido: que su único derecho humano fuera el derecho a la vida. Y que, por lo tanto, perdiera su derecho al trabajo –gran momento–, su derecho a la propiedad –bruto remate–, su derecho a la libre circulación –duro para la 4×4– o, incluso, su derecho a la libertad y lo encerraran en un cuartito oscuro durante, digamos, treinta días –o nueve años, ya que estamos–, o una semana y media, lo que le parezca al carcelero. Todo para complacerlo –y que su único derecho sea el de la vida.

Así entendería, quizá, las vidas de muchos de los turritos que andan matando por ahí: pobres hijos de puta pobres que sólo tienen lo que el señor Tineshi desea con exclusividad, el derecho a la vida –y muy poco, y casi ningún otro. Es una obviedad –para eso estoy– decir que nunca nadie lo vio así de convulsivo exigiendo los otros derechos de esos tipos. Y nunca así de convulsivo exigiendo, un suponer, soluciones para los diez bebés que se mueren cada día en la Argentina por causas evitables o para los diez adultos que se mueren cada semana en la Argentina por el mal de Chagas porque no tienen derecho a su salud y no reciben la asistencia que él, gracias a dios y a su dinero –el del señor Tineshi, no el de dios– sí consigue. Pero claro, la inseguridad es igualitarista –y tiene la mala idea de no amenazar sólo a los pobres.

Así, quizás, en sus horas de cavilaciones –en el ejercicio de su derecho único a la vida–, el señor Tineshi repensaría lo que siguió diciendo en su kermés: que no importa si la solución es de derecha o de izquierda, que “lo único que quieren todos los habitantes es vivir en paz en este país, quieren paz y justicia, nada más que eso”, y que “alguien haga algo”. Éxito de la Gran Macri: la solución no es de izquierda ni derecha, no le metamos ideología, “desideologicemos”. Como si –una vez más– ideología fueran las ideas de la izquierda y las de la derecha fueran sólo lógica, el sentido común.

Pero resulta obvio –y aburrido repetirlo tanto– que cualquier solución que se plantee para cualquier problema supone una ideología, porque las soluciones serán distintas según quién las proponga desde dónde. En el tema de la inseguridad, la derecha lo tiene claro: quiere una policía que tire a matar y miles de chicos pobres encerrados, como viene sintetizando uno de sus líderes, el comandante Scioli. La propuesta es cerril –y demostró su ineficiencia tantas veces. El problema es que la izquierda no parece tener nada para ofrecer en cambio.

Es una de esas paradojas que, en la política argentina, crecen silvestres: este nivel de violencia existe porque los gobiernos más derechistas de nuestra historia reciente –militares, Menem– armaron una economía y una sociedad que excluyó a millones de personas y los condenó a una vida sin modelos, sin expectativas, sin zanahorias para seguir en la carrera ordenadita. Pero es la derecha la que aprovecha el resultado de su propia brutalidad para ganar apoyo pidiendo mano dura, represión, pena de muerte: si no fueran tan tontos, algún espíritu maquiavélico podría pensar que lo hicieron a propósito desde el principio. Yo no, pero lo cierto es que la tranquilidad pública es terreno de la derecha y la “izquierda”, la “centroizquierda”, el “progresismo” –¿para cuándo un nombre que no tengamos que decir entre comillas? ¿No sería hora de empezar a buscarlo?– se callan la boca. Es un frente amplio: desde este gobierno de centro hacia su izquierda, nadie dice nada sobre el tema –porque no saben qué decir.

Un clásico: las ¿izquierdas? se limitan, en general, al diagnóstico sabido. Hablan de “sensación de inseguridad”, y es cierto que los medios la inflan todo lo posible, pero –más allá de sus bases concretas– ya es una sensación compartida por la mayoría y cuando una sensación tiene tal presencia pasa a ser una realidad social: “La objetividad es la subjetividad del mayor número”, escribió hace mucho el compañero Gramsci. Y, sobre todo, las ¿izquierdas? insisten, con razón, en que las exclusiones y desigualdades producen este grado de desintegración y de violencia, pero ese análisis no implica medidas que funcionen en un plazo más o menos pensable. Por supuesto: si hubiera más trabajo, más escuelas, más futuros, muchos chicos dejarían de creer que lo único que pueden hacer en la vida es agarrar un fierro, pero eso –si pudiéramos conseguir que sucediera o sucediese– tardaría con suerte diez o veinte años. Y, mientras tanto, las ¿izquierdas? se quedan sin saber qué más ofrecer para calmar el miedo colectivo; lo cual no sólo las deja fuera de uno de los debates más encendidos del momento sino que, además, entrega el terreno a la derecha segurista: a los que usan el aumento de la delincuencia para afirmar agendas represivas y, junto con ellas, a los políticos que quieren aplicarlas.

Ellos sí tienen claro qué proponer, decíamos: mandar a los jueces a enterrar a los chicos, a la policía a matar más. Las ¿izquierdas? deberían pensar qué les oponen: imaginar, pese a su repugnancia natural y loable, formas de reducir la violencia social. Para empezar, producir un debate inmediato decisivo sobre el papel de la policía en todo esto. Este diario inició hace unos días una serie fecunda sobre los robos de autos, los desarmaderos y la participación de funcionarios y policías en el negocio –que muy pocos ignoran. Es imposible hablar con pibes chorros o abogados o periodistas del ramo o jueces varios sin que te cuenten cómo cierta policía del conurbano manda chicos a robar: cómo la policía es una de las grandes responsables del auge del delito, porque no sólo no lo contiene sino que lo produce. Allí ya hay una diferencia básica entre derecha e ¿izquierdas? No es sólo una cuestión de preferencias y prejuicios: que la policía, como quiere la derecha y grita Scioli, mate a algunos chorros más, no arregla nada cuando es esa misma policía la que los manda a afanar o apaña sus afanos. Y, por lo tanto, las ¿izquierdas? deberían pensar formas urgentes de transformarla para que pase de amenaza a garantía. No es fácil, pero es indispensable.

Es sólo un dato en una cuestión más que compleja. Hay varias ciudades latinoamericanas que han encontrado formas de disminuir su delincuencia sin transformarse en máquinas de matar marginales o de controlar cada movimiento de sus ciudadanos. En la Argentina también se han hecho esfuerzos –parciales– de ese tipo: creo que las ¿izquierdas? tienen que convocar a esos grupos y personas, interesarse en lo que hacen, pensar, discutir, y organizar una propuesta para ofrecer a la sociedad. Salir de esta etapa diagnóstica y proyectar y ofrecer un tratamiento urgente. Digo, para que la solución no consista en más muertes y más violencia de este Estado de taifas y, sobre todo, para que la derecha no aproveche el problema que creó para seguir creando el mismo tipo de problemas y gobernar gracias a ellos y hundirnos más todavía en esa espiral de donde, se ve, nos resulta tan difícil salir. Digo, para cuidar también, entre tantos derechos desdeñados, el derecho a la vida.

Algunos creen que matar al mensajero eliminará el mensaje.

Archivado en: Actualidad — Hari Seldon @ 2:22 pm

Reflexiones sobre la pelea de Kirchner vs. Grupo Clarín (y otros)

"La pelea del grupo K con el grupo Clarín, que no ha terminado, no dejará ganadores absolutos, es imposible. Por lo pronto tiene una colateralidad desagradable. La tarea del periodismo está siendo enjuiciada", dice en su profundo análisis el autor, ‘el Bigote’ Acosta.

POR RAÚL ACOSTA | 07/11/2009 | 09:08

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ROSARIO (La Capital). La reciente declaración de la señora K (su interpretación del trato periodístico a los pobres de a uno o los pobres en montón) es una más de la saga que apunta a demoler al periodismo opositor. Una de las peores consecuencias del gobierno K es el ataque/venganza al periodismo político. Definamos, para la nota apenas, que llamamos periodismo político a la crónica, reportaje o análisis de los hechos específicamente políticos de una sociedad. La totalidad alude a los tres poderes, sus interrelaciones y los actos de sus protagonistas. Investigación y ensayo tienen, por construcción, otros tiempos. También otras reprimendas.

En la crónica la principal queja a estos, los cronistas, es el olvido o la diferente consignación. "Yo estaba y no me mencionaste. Dijiste que habló bien fulanito pero yo, menganito, hablé mas y mejor".

En el reportaje la causal más común de los enojos es la presencia u olvido de algunos temas. "Cómo me vas a preguntar sobre ese asunto. Che, te olvidaste de preguntarle sobre ese asunto".

En el análisis hay recriminaciones envidiosas. "Dijiste que Juan puede ser diputado y yo no. Aludiste a la alianza entre Perico y Andrés, pero no tenés pruebas".

Crónica (¿qué contó?) reportaje (¿qué preguntó) y análisis ( ¿qué interpretó?) son inevitablemente subjetivos. Siempre. Los escritos y sus autores deben, como los actores políticos a los que refieren, soportar la crítica y la objeción.

Desde el gobierno K el asunto es directo. Nunca es igual la crítica de un ciudadano que la de un funcionario. Y la más común, que unifica las objeciones, enojos y amenazas es esta: "¿Quién te paga para que digas eso?". Junto con la pregunta, que siempre es intimidatoria, la conclusión en una frase. "Yo sé cómo arreglar esto" (hay advertencias similares, parecidas, más duras y más graves). Quien piensa así porque así actúa es un consuelo flaco. Desde la llegada de los K el asunto es plural y caliente.

En general toda crítica, toda opinión genera aceptación y rechazo. Los deportistas se enojan (dejan de dar entrevistas), los estudiantes se enojan (escrachan, toman facultades, hacen asambleas en la calle), los políticos también se enojan. La diferencia está en un solo punto: los políticos deciden la forma de gobierno, la administración de la cosa pública, los dineros y, en algunos casos, hasta las actuaciones policiales y las gabelas. En muchos casos dependen de un sueldo del pueblo y de un nombramiento sin reválida popular

La mención a Catón es de fórmula. Se sabe que en todas las sociedades el enojo acompaña a la crítica (de eso se trata) y el poder exige silencio como primera actitud para convivir con él. En Argentina, apenas establecido el reinado de los K, desde el oficialismo como de la oposición, creció la intolerancia.

Debe preocupar a la sociedad y especialmente a quienes, me cuento allí, observamos la realidad y sacamos nuestras conclusiones, el grado de intolerancia. Escribir con temor al enojo del amigo del poderoso, del conocedor de secretos incalificables o del pariente del dueño del poder no es sano, no es bueno, no es positivo.

El tema merece reflexión: hay un grado creciente de intolerancia. Tenemos, en Argentina, un importante crecimiento de la intolerancia social. Creer que el cargo otorga impunidad y cierra la crítica, sostener que hay que pedir el silencio de alguna voz por la propia conveniencia es "totalitario". Las leyes, tácitas o explícitas, dictadas por conveniencia personal, se vuelven inconvenientes mañana. Para la sociedad son, siempre, leyes malignas. Atender este asunto es prevenir la muerte de la democracia, quitarle miedos, sacarla de terapia.

La pelea del grupo K con el grupo Clarín, que no ha terminado, no dejará ganadores absolutos, es imposible. Por lo pronto tiene una colateralidad desagradable. La tarea del periodismo está siendo enjuiciada. A caballo de las declaraciones del líder del grupo K sus seguidores abrieron una compuerta de desconfianza. Según este sector del poder, transitoriamente a cargo de todo el poder, la opinión en contrario es crítica interesada. Beligerante. Enemiga. Merecedora del castigo. Muchos opositores adhieren a este desatino. Asienten. Callan. Se regocijan. Llevado a extramuros, a los senderitos de la trocha angosta, lo que surge en cualquier población es la intolerancia, la amenaza. No es bueno resolverlo a trompadas, con quejas a "los dueños de la pelota", en tribunales, que parecen ser los métodos de muchos. Bueno sería, por el contrario, el debate alzado, la diferencia de opiniones que no humille ni denigre. El raciocinio, al cabo.

El periodismo político está siendo atacado por una enfermedad mortal para la democracia. Hoy la irracionalidad del poder y su contagio, virulento, avanza sin dejar pueblo y medio sin virus, sin fiebre. Insistamos. La crónica da cuenta de los hechos. El reportaje muestra a este, al personaje, y el análisis despliega las presunciones, certezas y conclusiones del analista, que son eso, conclusiones del analista. Está instaurado el derecho a réplica. Debería ejercerse. Animarse a ejercerlo antes que concentrarse en la amenaza privada. Eso, solo eso, es lo saludable.

Algunos creen que matar al mensajero eliminará el mensaje. Ese criterio, matar al mensajero, que se ha exacerbado desde lo más alto del poder, terminará con la democracia, que postula la crítica como esencial. A la señora K le falta, apenas, pedir que castiguen físicamente a los periodistas que opinan en contrario. Tiene adherentes su desatino. Nadie garantiza, a quienes se aprovechan del impulso maligno que brinda la paranoia oficial, que el viento de la arbitrariedad los deje en pie. La historia, la historia del periodismo político también, indica que caen con más estrépito.

Modelo KK de supervivencia politica

Archivado en: Actualidad — Hari Seldon @ 2:00 pm

LAS ALIANZAS DE LOS KIRCHNER PARA SOBREVIVIR

Bienvenidos a Moyanolandia

El jefe de la jefa del Estado y el de los camioneros y la CGT refuerzan su concubinato y suman desprestigio. Conducen de la misma manera: administrando miedo y dinero. Y editando la realidad a su antojo.

Por Alfredo Leuco | 06.11.2009 | 22:36

La gran paradoja nacional es que Néstor Kirchner y Hugo Moyano son los dos hombres más poderosos de la Argentina y, simultáneamente, dos de los más desprestigiados. Esta aparente contradicción aparece si uno se fija en la tabla de posiciones de la imagen positiva. Tanto el jefe de la jefa del Estado como el líder de la CGT están a punto de irse al descenso. Sin embargo, hay un consenso social que indica que Kirchner y Moyano son los dirigentes que más capacidad de daño tienen. Y esa es la clave de la asociación, por ahora lícita, entre ambos. Son más que compañeros peronistas, socios o cómplices, según el cristal con que se mire. Kirchner y Moyano, espalda contra espalda, controlan y comparten la propiedad de la calle y de la caja. Ambos son capaces de convocar a grupos de choque organizados y de disponer del efectivo suficiente como para operar en cualquier dirección. “Son los dueños del país”, suele quejarse mucha gente. No es para tanto. Pero sí es cierto que de sus decisiones depende gran parte de lo que ocurra en nuestra bendita Argentina. El concubinato entre Néstor y Hugo es sólido porque tienen intereses complementarios. Y eso que vienen de las antípodas armadas del peronismo de los 70, la Juventud Peronista vinculada a Montoneros y la JP de la República Argentina, parida por José López Rega.

El patrón del peronismo, que renunció en forma indeclinable pero está por volver también en forma indeclinable, y el mandamás de los trabajadores conducen de la misma manera: administrando miedo y dinero. Ambos disponen de infinitos fondos que no son propios pero utilizan como propios y son más temidos que queridos en el mundo político y sindical. Si hay que apretar a los diarios y revistas que no son obsecuentes con el Gobierno, allí están los muchachos de Moyano dispuestos a bloquear las puertas de las empresas, amenazar con tiros al personal de seguridad y a atemorizar a los cooperativistas distribuidores. Si hay que entregarle mil millones de pesos de las obras sociales para que Moyano las maneje como se le cante, allí está la arbitrariedad de Néstor para designar en un santiamén nada menos que al apoderado del gremio de camionero. Los Kirchner ponen al zorro a cuidar el gallinero y Moyano pone todo su aparato para limitar peligrosamente la libertad de prensa, para rogar que Néstor vuelva a la presidencia del PJ y sea presidente en 2011 o lo que guste mandar. A este intercambio de favores contantes y sonantes, Graciela Ocaña lo bautizó Moyanolandia. “Alerta que camina el moyano-kirchnerismo por América latina.”, podría ser la consigna-chicana. Es la República del Temor. La Argentina triste y peligrosa en la que mandan los que tienen el látigo y la chequera más grandes. Al revés de la creación de Walt Disney, Moyanolandia en nada se parece a un parque de diversiones. Es el reino de la impunidad. La triste democracia patotera.

En los últimos tiempos, Hugo Moyano fue marcando la cancha. No sólo porque apareció al lado de Daniel Scioli visitando el nuevo estadio del Independiente de sus amores y donde también recluta parte de su fuerza de tareas rápida. No está dispuesto a aceptar ningún tipo de apertura democrática para que el Gobierno le otorgue la personería gremial a la CTA ni reconozca como sindicato por afuera de la UTA al cuerpo de delegados del subte. Esta es una de las madres de la batalla. Y explica la intransigencia del ministro Carlos Tomada, apuntalada como promesa de Kirchner a Moyano. Moyano quiere el monopolio de la representación sindical. Que ningún cordero se escape de su corral. Si Néstor Kirchner cumpliera la promesa que le hizo a Víctor de Gennaro apenas asumió, navegando frente al Perito Moreno con Lula como testigo, Moyano lo tomaría como una declaración de guerra. Kirchner no come vidrio. Sabe que el gobierno de Cristina quedaría flameando en el viento frente a piquetes de camiones, marchas de taxistas o colectivos paralizando la cadena productiva.

El propio Emilio Pérsico, convertido ya en un lugarteniente de Néstor Kirchner y principal aliado de Moyano, confesó: “Como peronista estoy a favor de que exista una sola CGT y un solo sindicato por actividad”. Con el paso del tiempo se han licuado las peleas históricas que sectores de la izquierda peronista tenían contra los burócratas sindicales a los que solían llamar vandoristas.

Moyano hace ostentación de su poder cuando cierra con candado las puertas de la CGT y la UTA y tira la llave. También cuando controla la principal empresa estatal de transporte, Aerolíneas Argentinas, a través del hijo del diputado Héctor Recalde, su gran abastecedor de ideas.

Es verdad que la pérdida de un millón de dólares diarios por parte de Aerolíneas, su increíble tour para ver a la selección de Diego en Montevideo y otras groserías similares sólo generan más cuestionamientos sociales al gobierno y a Moyano. Pero la relación con la opinión pública no es algo que les preocupe. Son conscientes de los altísimos niveles de rechazo que tienen: Néstor arriba del 75% y Hugo, más del 85%.

A esta altura, Moyano encarna un nuevo tipo de sindicalismo equidistante de los combativos de izquierda del subte o Kraft y los jerarcas millonarios de derecha, tipo Armando Cavallieri. Muchos de los gremialistas llamados gordos cimentaron sus fortunas en connivencia con las patronales, justificando el empobrecimiento de los trabajadores y ganando elecciones amañadas con listas únicas. La familia Moyano también tiene un patrimonio difícil de explicar. Dicen que su compañero de ruta, Juan Manuel Palacios, tuvo que dejar el gremio de los colectiveros porque estaba tan flojo de papeles en sus propiedades que se fue a vivir a Miami. Pero los camioneros están entre los trabajadores que más ganan de la Argentina. Y tienen cada vez mejores hoteles y hospitales para sus afiliados. Por eso Moyano es querido por sus bases. Será el único orador de un acto multitudinario en la cancha de Velez donde exhibirá su capacidad organizativa y disciplinaria.

El gran problema de los Kirchner sigue siendo la negación de la realidad. Están convencidos de que lo que no se nombra no existe. Como bien dice Edi Zunino en su libro Patria o medios, se transforman en malos editores porque intentan manipular, ocultar o maquillar la verdad. Hacen lo mismo que ellos les critican a los medios de comunicación. El caso más notorio tal vez sea el tema de la inseguridad. Hace tres años que está al tope de todas las demandas en las encuestas. Sin embargo, hay que buscar muy profundamente en los archivos o en Google para encontrar menciones autocríticas, reconocimiento de la problemática y propuestas de soluciones para un drama cotidiano de robos y asesinatos que existe y que mucha gente cree que existe mucho más de lo que realmente existe. Ese es el diagnóstico y sobre eso hay que operar para encontrar los remedios. No alcanza con decir que los índices de violencia y asaltos todavía son inferiores a los de Brasil, Colombia o México. Consuelo de tontos. Los Kichner miran para otro lado. Sus prejuicios les hacen ver una demanda justa por más seguridad y por el derecho humano a vivir en paz y con tranquilidad como una bandera ideológica de la derecha de la mano dura o como una factura que los medios les pasan como parte del plan destituyente. Por eso el principal reclamo de los argentinos les estalla en las manos a Cristina y Néstor. No lo ven como un problema que tienen que solucionar. Lo ven como una mentira que tienen que desnudar. Eso explica que en muy poco tiempo se hayan tenido que comer cachetazos de los cuatro argentinos mas populares. Mirtha Legrand hizo una apelación demoledora a la presidencia de la Nación mirando directamente a la cámara. Que la diva de los almuerzos, expresión de cierto sentido común y también de los prejuicios de la clase media, haya convocado a salir a la calle para reclamar seguridad es un dato político importante. “Nos están matando todos los días. Es una cosa terrible, no se puede vivir así, no se debe vivir así”, fueron sus palabras.

Marcelo Tinelli, también desde su tribuna televisiva, “editorializó” sobre el tema, conmovido por la situación del ex futobolista Fernando Cáceres. Se puso serio y dijo: “Están matando a la gente por la calle de una manera impresionante. Sólo queremos paz y justicia. Que alguien haga algo para que no tengamos que tener un muerto por día, dos, tres o diez”.

Desde aquel recordado “se viene el zurdaje”, Mirtha Legrand siempre expresó sus prevenciones con los Kirchner. Pero Marcelo Tinelli mezcló momentos de excelente relación y de brutales diferencias con ellos. En un platillo de la balanza hay que colocar cuando Tinelli inauguró un gimnasio en Bolívar y hasta se fotografiaron los tres jugando con una pelota de voley. En el otro, el día que caracterizó a Alberto Fernández como “el López Rega de Kirchner”, aunque luego se arrepintió y pidió disculpas. Durante el tiempo en que fue propietario de Radio del Plata les puso el pecho a las terribles apretadas que sufría desde el Gobierno para que censurara a los periodistas más críticos de su programación. Si hasta un aliado clave de los Kirchner como Diego Maradona dijo que “es una bomba de tiempo salir a la calle porque nadie hace nada” para combatir el delito. Lo de Susana Giménez, en su momento, levantó mucha polvareda cuando reclamó que “el que mata tiene que morir”.

Mirtha Legrand puso además el dedo en otra llaga. Le pidió a Cristina que “use la cadena nacional para llevar tranquilidad a todos los argentinos”. Es parte de la misma deformación de políticos devenidos comunicadores o constructores del relato. El abuso de un mecanismo excepcional como es que todos los canales y las radios sacrifiquen sus programaciones para dar paso a las palabras de la Presidenta puede terminar como el cuento del pastorcito y las ovejas. Las cadenas utilizadas todo el tiempo y para todos los temas terminan por quitarles impacto. Ojalá nunca venga el lobo. Pero si alguna vez la población debe estar realmente atenta a algo que necesite comunicar la Presidenta, el sistema, por repetido y rutinario, habrá perdido potencia e impacto.

En este mismo plano de las desmesuras que le produce el odio al periodismo, Cristina llegó a decir que los medios son poco menos que responsables de la pobreza y que utilizan a los “negros” cuando lloran y que luego los estigmatizan como revoltosos. Fue el propio Aníbal Fernández, jefe de Gabinete, el que descalificó como “stalinistas” a los piqueteros que cortaron la avenida 9 de Julio y ella misma la que puso afuera de su gobierno las responsabilidades por el aumento de la pobreza. Después de 6 años de gobierno kirchnerista, con mayorías parlamentarias, con superpoderes, con excelente viento de cola producto de los precios internacionales, con tasas casi chinas de crecimiento y con una oposición débil y fragmentada, decir que los medios son culpables de la pobreza es una injusticia que falta absolutamente a la verdad. Es cierto que hubo algunos dueños de medios y empresarios importantes que usufructuaron las políticas neoliberales y antiproductivas de los 90. Pero da la ¿casualidad? que la mayoría son aliados estratégicos de este gobierno. Otra gran paradoja nacional.

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