El viejo proyecto de colonizar la Justicia no se archivó ni se olvidó. Está en marcha.El círculo de la impun idad se cierra.

Miércoles 29 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa

Detrás de buenas teorías, los peores propósitos
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

El kirchnerismo se irá del poder con una admirable capacidad para entretener. En las últimas semanas ha logrado desplazar el problema más grande y sin solución que tiene, que es la economía, para instalar discusiones tan frívolas como pasajeras. Acaba de imponer en la agenda pública el tema de los delincuentes extranjeros, que tiene una importante repercusión social. Aunque necesitó pelearse hasta con algunos amigos, lo cierto es que de esa manera corrió de la discusión el contenido esencial del nuevo Código Procesal Penal. El fondo de esa reforma es el traslado a los fiscales de la investigación penal en un sistema en el que los fiscales dependen casi directamente de la Casa de Gobierno.

Los fiscales son, según la reforma constitucional de 1994, casi un cuarto poder en el sistema institucional argentino. La Presidenta suele leer en público el artículo de la nueva Constitución que les asegura a los fiscales una independencia absoluta en su función.

Hasta ahí, todos estamos de acuerdo. Pero, como suele hacer el kirchnerismo, detrás de las buenas teorías esconde los peores propósitos. La misión y el trabajo de los fiscales no están regulados; dependen, por lo tanto, de la voluntad casi omnímoda del jefe de los fiscales, el procurador general de la Nación. Alejandra Gils Carbó, una cristinista de militancia fiel y comprobada, ocupa ahora ese cargo. La suerte de los fiscales, de su independencia, de su destino laboral y hasta de su permanencia en el cargo puede resolverse en una amable conversación entre Cristina Kirchner y Gils Carbó.

El fiscal José María Campagnoli acaba de preguntarse públicamente quién o quiénes colaboraron con el proyecto de reforma del Código Procesal Penal. La pregunta es pertinente. Nadie lo sabe. A diferencia de la proyectada reforma del Código Penal, en las que trabajó una comisión multipartidaria presidida por el juez Raúl Zaffaroni, nadie, ni siquiera la Presidenta, dijo nada sobre los autores de los cambios al Código Procesal. La primera precisión que debe hacerse es que este Código sólo regirá para el 70% de los delitos que se cometen en la Capital Federal y para los delitos que son propios del fuero penal federal (narcotráfico, corrupción de funcionarios nacionales o agresiones al medio ambiente, entre otros pocos). Cada provincia tiene su propio Código Procesal Penal y los delitos ordinarios se rigen por esas normas propias y distintas.

El caso de los extranjeros es una modificación de hecho a la ley 25.871, que legisla sobre migraciones y que tiene, desde ya, alcance nacional. Al revés, la reforma del Código Procesal Penal sólo tendrá vigencia en la Capital Federal. En realidad, el caso de los extranjeros que cometen delitos está bien regulado ya en aquella ley sobre migraciones. Una sola diferencia es notable. La vieja ley estipula que los extranjeros deben ser juzgados en la Argentina y luego extraditados si el juez considera necesaria esa pena adicional. El proyecto de Cristina Kirchner establece que podrán ser expulsados en el momento en que se los descubra cometiendo un delito. Una condena que antes estaba en poder de los jueces pasaría entonces al poder arbitrario de la policía; bastaría con que ésta le demostrara al juez que alguien estaba cometiendo un delito. Nada más. De todos modos, el texto del proyecto cristinista es condicional. "Podrá", dice, no "deberá". Conclusión: un escándalo por muy poca cosa o por cosas repetidas.

El problema de la delincuencia extranjera, que sigue siendo una minoría en el inmenso océano del crimen en la Argentina, no está en el final, sino en el principio. Aquella ley sobre migraciones estipula con muchos detalles cuáles son los requisitos para que un extranjero ingrese al país. Con sólo hacerla cumplir, el país no "estaría infectado de delincuentes extranjeros", según la fórmula de Sergio Berni. Es increíble que los argentinos deban hacer interminables colas en las aduanas de los aeropuertos para mostrar lo que compraron en el exterior, mientras los extranjeros pasan por Migraciones sin que esta agencia sea eficaz en la revisión de sus antecedentes penales. Ningún extranjero viene a la Argentina para aprender a delinquir; antes ya eran delincuentes. El debate es, entonces, tan innecesario como superficial.

Ése es el teatro. Entre las bambalinas quedó rezagado el aspecto más importante: el de los fiscales. Los fiscales carecen de un organismo independiente, como lo es el Consejo de la Magistratura para los jueces, para revisar sus nombramientos, conductas y eventuales destituciones. El ex jefe de los fiscales Esteban Righi creó por resolución un consejo consultivo para que los ayudara a evaluar eventuales sanciones a los fiscales. Fue una buena decisión, que le sustrajo a él parte del poder absoluto, pero es una instancia que ni siquiera tiene el respaldo de una ley.

La suerte de los fiscales depende, al fin y al cabo, de la adhesión social que concitan cuando son perseguidos por el poder que manda. Sucedió en los últimos días con Campagnoli. Ya en tiempos de Menem, una fuerte reacción social le impidió a éste desplazar al fiscal Carlos Stornelli, que investigaba el caso del contrabando de armas que terminó por llevar a la cárcel al ex presidente.

El sistema "acusatorio", que intenta ahora desplazar el poder de la investigación de los jueces a los fiscales, no es teóricamente malo. Sólo necesita de una independencia real, y no formal, de los fiscales. Es la condición que no existe en el sistema judicial actual. Los fiscales que deberán investigar los casos de corrupción de funcionarios nacionales, en lugar de los jueces, carecen de la protección de éstos. Un anexo de la reforma dispone, incluso, que Gils Carbó podrá cambiar a los fiscales que investigan las causas ya abiertas sobre la deshonestidad de los funcionarios. El círculo de la impunidad se cierra.

Además, el artículo 5 del proyecto de reforma estipula que sólo podrán plantear el principio de la cosa juzgada fraudulenta (o irrita) los perjudicados por una sentencia. Obviamente, no los beneficiados (como sería el caso del enriquecimiento ilícito de los Kirchner) ni, lo que es peor, los fiscales. Una reciente libro, Cosa juzgada fraudulenta, del penalista Federico Morgenstern, exhibe con solvencia todos los casos en los que, según la legislación vigente, se puede reclamar que una cosa juzgada no lo sea. El nuevo Código Procesal de Cristina encoge fatalmente los márgenes para esa revisión. Revisión que, como hemos visto, atañe sobre todo a las causas por presunta corrupción de funcionarios nacionales.

Otro artículo potencialmente peligroso es el que dispone que podrá negarse la excarcelación de detenidos en casos de "conmoción interna". Es un artículo casi copiado de una vieja ley de la última dictadura. ¿Qué significa "conmoción interna"? ¿Quién la definirá? ¿Quiénes y qué delitos podrían ser encuadrados en esa norma tan general? Nada se dice sobre eso. Ninguna precisión. En principio, quedaría en poder de un juez, al que toque en cada oportunidad, establecer si existió o no "conmoción interna". La ley antiterrorista, anunciada para reprimir el terrorismo internacional, comenzó por ser aplicada a un periodista argentino porque revelaba cosas que al poder no le gustaban. ¿Y si sucediera lo mismo con la "conmoción interna"?

El viejo proyecto de colonizar la Justicia no se archivó ni se olvidó. Está en marcha. Ni siquiera se salva la Corte Suprema de Justicia. Algunos colegas de Zaffaroni le pidieron a éste que postergue su renuncia con motivo de los 75 años. La Constitución obliga a los jueces de la Corte Suprema a jubilarse a esa edad, pero no precisa en qué momento de los 75 años. Puede ser en el momento de cumplirlos, como entiende Zaffaroni, o puede ser también antes de cumplir los 76 años. Zaffaroni rechazó esos pedidos. Es cierto que él ya se está yendo, como lo ha dicho. La jubilación de Zaffaroni dejará una vacante en la Corte. Nadie se preocupa por eso. El radicalismo no le dará al Gobierno los dos tercios que necesita para designar a un juez de la Corte.

El asunto cobra otra dimensión cuando algunas versiones indican que el juez Carlos Fayt podría jubilarse en el curso del próximo año. Fayt, que tiene 96 años, es el único juez de la Corte beneficiado por una acordada que estableció que tenía derechos adquiridos porque asumió con la vieja Constitución, en 1983, que no les ponía límites de edad a los miembros del más alto tribunal de justicia. Muerto Enrique Petracchi, que estaba en la misma situación de Fayt, todos los jueces actuales de la Corte están comprendidos por la disposición de la nueva Constitución, que fija los 75 años como la edad de la jubilación.

Una eventual salida de Fayt dejaría dos vacantes en la Corte Suprema. El Gobierno podría intentar una negociación con el radicalismo para nombrar uno cada uno. Sergio Massa cuenta los días que le quedan a Cristina Kirchner, pero la Presidenta gobierna como si no tuviera los días contados.

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Crónicas de la Dekadencia Argenta: Los dirigentes y militantes de una supuestamente nueva “juventud maravillosa ” han pasado a controlar gran parte del aparato estatal

Martes 28 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa

Editorial I

La embestida de La Cámpora

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Parte I

Durante años se debatió en la Argentina y en el exterior si el kirchnerismo era una variante light del chavismo. Algunos argumentaban que su acercamiento a Hugo Chávez y sus desplantes internacionales eran sólo una postura para la tribuna progresista; otros, que su verdadera estrategia era imponer el modelo chavista de manera más lenta para evitar las resistencias naturales de una sociedad menos dócil que la venezolana. En realidad, durante la vida de Néstor Kirchner el kirchnerismo no fue más que una variante del clásico populismo latinoamericano con “capitalismo de amigos”, pretensiones hegemónicas y autoritarismo creciente, todo ello impulsado y sostenido por un fuerte viento de cola para la economía. Luego de su muerte, el kirchnerismo se transformó.

El inefable Guillermo Moreno solía repetir la siguiente descripción de los distintos grupos que cohabitaban dentro de esta nueva versión del kirchnerismo: “El primero somos nosotros, los nacionalistas, que llevamos el proyecto a fondo. En segundo lugar están los desarrollistas, como De Vido o Marcó del Pont, con los que coincidimos, pero que son timoratos y se quedan en formalismos. El tercer grupo es el de los desfachatados, como Boudou , que hacen lo mismo que en los 90: acercarse al peronismo por los cargos y los negocios. Al final están los chicos de La Cámpora, que no sirven para nada”. Lo cierto es que, varios años después de esa caracterización que formuló el ex secretario de Comercio, los jóvenes de La Cámpora han pasado lentamente a copar muchas de las principales estructuras de la administración pública nacional.

Contrariamente a lo que pensaba Moreno, los “chicos” de La Cámpora sí han servido para no dejar ningún espacio vacío en el organigrama del Estado y ocupar cargos desde donde acumular cada vez mayor poder político y económico, sin importar la idoneidad de sus ocupantes.

Nunca dejará de llamar la atención la elección del personaje político en el cual los integrantes de este grupo se inspiraron para bautizar a su agrupación. Héctor Cámpora es un símbolo del servilismo político, que llegó en 1973 a la Casa Rosada en nombre de Juan Domingo Perón y tuvo que retirarse 49 días después por la puerta de servicio. El líder del peronismo, ya en la presidencia de la Nación, no sólo no le agradeció los servicios prestados, sino que, en medio de la crisis política que afectaba a su gobierno, pocos días antes de su muerte, lo despidió de la embajada de México en la cual había sido designado.

La ideología de La Cámpora se inspira en el neomarxismo gramsciano propuesto por Ernesto Laclau, recientemente fallecido en Sevilla. Hasta su muerte Laclau vivió cómodamente en Inglaterra, en una democracia liberal donde se respetan aquellos derechos individuales como la libertad de prensa y el derecho de propiedad que propuso limitar en nuestro país. Es la típica hipocresía de muchos intelectuales de izquierda.

Los líderes de La Cámpora son, junto a Máximo Kirchner, Andrés Larroque, Eduardo “Wado” de Pedro, Juan Cabandié, José Ottavis y Axel Kicillof. Este último es quien ha concentrado mayor poder y es quien, con gran pericia y habilidad, conduce la economía argentina hacia el desastre.

El caso de Kicillof es interesante: un marxista dogmático a cargo de una economía relativamente grande y desarrollada. Fuera de Cuba y Venezuela es difícil encontrar una situación similar. Y, como en muchos izquierdistas latinoamericanos, debajo de un ropaje revolucionario se esconde un pequeño burgués. Sus inversiones inmobiliarias en Uruguay y sus ahorros en dólares reflejan sus verdaderas preferencias. Marxista, pero no tanto.

En su versión actual, el kirchnerismo es la apoteosis de la decadencia argentina. Frente a esta caída que se acelera día tras día, la postura adoptada por gran parte de la dirigencia política, gremial y empresarial es de una preocupación algo displicente. Resumida en algo así como “Dejemos que estos muchachos jueguen un rato más, pronto se van a ir y volveremos a la Argentina de siempre”. Es como seguir bailando en el salón del Titanic después de haber escuchado cómo el iceberg rajaba el casco.

Esta actitud de convertirnos en meros testigos del desastre es muy peligrosa. Los muchachos de La Cámpora no pierden tiempo. Iluminados por una ideología retrógrada y perimida, parecerían no intentar avanzar en dirección de Caracas, sino directamente hacia su casa matriz, en La Habana. Claro que, más allá de su discurso, sus principales objetivos pasarían por ocupar espacios de poder bien remunerados. Su “revolución” se encuadra más con el capitalismo de amigos que con los ideales de algunos líderes guerrilleros que suelen exaltar probablemente sin saber demasiado sobre ellos. Pero para alcanzar esos propósitos, poco les importan los derechos y garantías de una Constitución que sueñan con cambiar porque reniegan de todo lo que pueda asociarse con las doctrinas liberales.

Al igual que en el pasado, los resultados de este nuevo intento de transformar radicalmente la sociedad argentina serán desastrosos. La única novedad es que, al menos por ahora, La Cámpora no ha recurrido a la violencia para imponer sus objetivos. Pero no porque hayan abjurado de ella como metodología, sino por una cuestión de economía de esfuerzos. La violencia ya no es necesaria, las Fuerzas Armadas están siendo “renovadas” y cooptadas desde el poder, y los dirigentes y militantes camporistas controlan gran parte del aparato estatal y paraestatal, y ahora van por la AFIP y la Anses.

De la mano de esta “juventud maravillosa”, la Argentina se encamina inevitablemente a la decadencia y a una pobreza desconocida. Poco a poco irán socavando lo que queda de la sociedad que hemos conocido, que con muchos defectos era vivible y aseguraba al menos ciertos derechos esenciales. Es necesario que la sociedad tome real conciencia de este peligroso retroceso y que se activen todos los resortes institucionales para frenar los ataques contra la República.

Miércoles 29 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa

Editorial I

La embestida de La Cámpora (última parte)

Sus dirigentes, que conciben la militancia como la ocupación de puestos bien remunerados, han sido decisivos para el elefantiásico crecimiento del Estado

Cuando el próximo gobierno asuma, como parte de una pesadísima herencia, encontrará firmemente enquistados en distintos niveles de la administración pública a miles de nuevos empleados, la mayoría de ellos militantes o allegados de la organización kirchnerista La Cámpora, cuyos líderes siguen dando signos de ambición, carencia de escrúpulos y falta de idoneidad.

A lo largo de 11 años, el kirchnerismo llevó los cargos permanentes a la impresionante cantidad de 376.000. En sólo nueve meses de 2011 se efectuaron 7000 incorporaciones en todo el país, y la mayoría fueron cubiertas por recomendados de La Cámpora. Cuando al Gobierno le resta muy poco tiempo en el poder, coronará 2014 habiendo incorporado en su transcurso 7500 nuevos empleados públicos a la planta permanente. Muchos de ellos militan en la citada agrupación kirchnerista y todos gozarían de estabilidad laboral y, por lo tanto, no podrán ser despedidos. Como un lastre, se agregarán a la planta permanente de 376.145 agentes públicos nacionales, cuya masa salarial asciende a 85.000 millones de pesos.

Como señalamos en nuestro editorial de ayer, los integrantes de La Cámpora conciben la militancia como la ocupación de puestos bien remunerados, al mejor estilo del llamado “capitalismo de amigos”. Ningún espacio importante en el organigrama estatal debe quedar vacío u ocupado por quienes no integran esta agrupación. También se han enquistado en diversas empresas privadas merced a las acciones que el Estado heredó de las AFJP.

No debe sorprender que la decisión tomada y ejecutada por el Gobierno no haya reparado ni siquiera mínimamente en la conveniencia o no de esas incorporaciones en función de su utilidad o necesidad. En efecto, haciendo alarde de su habitual irresponsabilidad, lo único que tiene en cuenta el kirchnerismo es su propia y excluyente conveniencia, no la del país o la sociedad, y mucho menos las consecuencia futuras de sus actos.

En el caso que nos ocupa, hay que tener en cuenta en primer término que el incesante aumento del empleo público en los últimos años no se ha volcado hacia mejores servicios. No se ha traducido, por ejemplo, en una mayor cantidad de médicos, enfermeras, policías o bomberos, pero sí en un mayor gasto. Más del 45 por ciento de la población argentina mayor de 18 años recibe mensualmente en forma directa ingresos que provienen del Estado, incluyendo los subsidios.

Pero además, el hecho de que la mayoría de las incorporaciones definitivas correspondan a militantes o simpatizantes de La Cámpora habla de una clara intencionalidad política. Si las lealtades políticas sobreviven al cambio de gobierno, las próximas autoridades encontrarán en el seno de la administración pública a un verdadero ejército que, según el caso o las órdenes, puede trabar o poner serios obstáculos en el funcionamiento de la administración pública.

Otro factor para tener en cuenta es que los integrantes de La Cámpora que ocupan puestos oficiales en el Estado y en sus empresas se caracterizan básicamente por su escaso profesionalismo o experiencia y por su obediencia a quienes les consiguieron cargos que jamás habrían obtenido en la mayoría de los casos por su propia idoneidad y mérito. Su revolución se reduce al modelo que marcaron empresarios amigos del poder como Rudy Ulloa, Lázaro Báez o Cristóbal López. Su épica es de cartón y su vocación, la acumulación de poder.

Meses atrás, en la Cámara de Diputados de la Nación, una resolución de su presidente, Julián Domínguez, del oficialista Frente para la Victoria, permitió el pase a la planta permanente de 12 jóvenes empleados, todos camporistas, que sólo contaban con dos años de experiencia, pero que a partir de entonces percibieron un haber mínimo de 22.000 pesos mensuales, más extras por títulos académicos y por personal a cargo. Se los ubicó en sitios clave de la Cámara baja, como la Secretaría Parlamentaria.

En el Senado, y a partir del arribo del vicepresidente Amado Boudou, se han incorporado a la Cámara alta 2000 puestos extras.

Como hemos dicho en esta columna, delante de nuestros ojos se lleva a cabo un copamiento del Estado por parte de una facción partidaria que no perdona áreas. Se verifica, por ejemplo, en el Indec, la Cancillería, el Ministerio de Justicia, la Inspección General de Justicia, el flamante Ministerio de Cultura, la Anmat y en casi todas las reparticiones y dependencias, además de empresas con participación estatal mayoritaria, como Aerolíneas Argentinas.

Sin duda, éste será uno de los más nefastos legados del kirchnerismo. No sus relatos y sus pretensiones de estar escribiendo la historia, sino un Estado elefantiásico al servicio de militantes sin escrúpulos, capaces de vender su fidelidad a cambio de un sueldo. Al fin y al cabo, no son más que mercenarios, con ínfulas, poder y suculentas cajas para administrar. Por esos motivos, fácilmente pueden cambiar de amo en el futuro..

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generar empleo e ingreso sustentables, desarrollarnos, es un desafío para el que, habiendo fracasado por izquie rda y derecha en las tres décadas de democracia, no tenemos precedentes ni guiones probados.

EDICIÓN IMPRESA COLUMNISTAS 28.10.14 | 00:00

No viviremos de rentas

Por Eduardo Levy Yeyati / Economista y escritor. Profesor de la UBA y la UTDT. Director de Elypsis

Para Levy Yeyaty, la encrucijada que enfrenta el país es más compleja que el debate cotidiano entre endeudamiento o devaluación, reducción del gasto o suba de tasas. Es sobre cómo volver a crecer y recuperar capital humano.
Levy Yeyati , Vaca Muerta , país

Un amigo y colega me dijo hace un tiempo (o al menos eso entendí) que una de las razones de nuestro fracaso es que fuimos ricos demasiado pronto, a principios del siglo pasado, y dejamos de serlo. Y hoy, como aristócratas sin dinero, nos cuesta acostumbrarnos a no vivir de rentas, al lento trabajo de hacernos de abajo. De ahí, nuestra relación conflictiva con el esfuerzo y el ahorro, o nuestra propensión a buscar atajos y comprar buzones como el peso fuerte de la convertibilidad o la soja.

Dejemos algo en claro desde un principio: Vaca Muerta no nos va a salvar así como no nos salvó la soja. No viviremos de rentas.

A estas alturas, decir que Argentina enfrenta una encrucijada es casi un lugar común. Default, inflación y recesión; incertidumbre y desconfianza. Parecería que el partido que se inició a fines de 2002 con grandes aspiraciones termina con todos atrás cuidando el 1 a 0 en contra. Ahora que el viento de cola se dio la vuelta y nos encuentra sin ahorros y con deudas pendientes, la encrucijada es más compleja que el debate cotidiano entre endeudamiento o devaluación, reducción del gasto o suba de tasas; es sobre cómo volver a crecer, cómo recuperar nuestro capital humano, cómo recobrar el lugar de articulador regional que la Argentina nunca debió haber cedido. Bajar la inflación y levantar el cepo es arduo pero factible. En cambio, generar empleo e ingreso sustentables, desarrollarnos, es un desafío para el que, habiendo fracasado por izquierda y derecha en las tres décadas de democracia, no tenemos precedentes ni guiones probados.

Simplificando, uno podría pensar el desarrollo en términos de cuatro insumos críticos en los que venimos acumulando déficits.

El primer insumo es físico: infraestructura, energía, logística. Por un tiempo vivimos de la renta del stock heredado, y el dinero de las inversiones que no hicimos nos dio la ilusión de una riqueza que no teníamos. Pero hace años que esta renta no nos alcanza y el costo de la desinversión se paga con déficit fiscal y escasez de dólares y menor productividad y empleo. En este frente, no es difícil identificar y priorizar las demandas, sobre las que hay bastante consenso; lo difícil es asegurar los fondos (dados los montos, esencialmente privados) y sobre todo la capacidad del estado para gestionar esta agenda.

El segundo insumo es humano: trabajar sobre la calidad y el formato de una educación que no deje jóvenes en el camino y que sintonice con la tercera revolución industrial. ‘Emprendimiento e innovación: un cuento de hadas para América Latina’, rezaba esperanzado un panel del congreso de economía de una universidad del conurbano bonaerense. "Cómo hacen los ‘canguros’ para dar de comer a los trabajadores no calificados de los talleres del conurbano", me preguntaba un distinguido colega en relación a mi prédica a favor de un modelo productivo intensivo en conocimiento, en línea con países como Australia. Parte de la respuesta a este subdesarrollismo fatalista está en una reforma educativa que sea a la vez inclusiva y progresiva, elevando la calificación laboral para no bajar las aspiraciones de desarrollo. La educación tienen efectos diferidos: lo que no hagamos hoy marcará nuestro avance o retroceso en diez o veinte años. Lo bueno es que por fin hay conciencia del problema y abundan propuestas e ideas; lo malo es que hasta ahora la política no ha pasado de la enunciación. En todo caso, nuestro capital humano, como nuestra riqueza de granero del mundo, es hoy más un recuerdo que una realidad. Tampoco en esto viviremos de rentas.

El tercer insumo es institucional: Es mucho lo que se suele poner bajo este paraguas: reglas de juego, transparencia, regulación. Prefiero concentrarme en algo menos obvio pero más urgente: la jerarquización del funcionario público y de la capacidad del Estado. Sin funcionarios capaces, con funciones, incentivos y retribución apropiados, seguiremos teniendo este Estado grande y bobo, corrompido en el sentido económico y en el organizacional: un Estado que ya no puede cumplir con sus funciones. ¿Cómo vamos a implementar un plan de infraestructura o una reforma educativa, a regular monopolios y mercados, a promover la innovación y la creación de empresas sin gente que escriba los contratos, gestione los recursos, elabore los análisis, supervise la ejecución? ¿Cómo vamos a tener un Estado ya no grande o pequeño sino presente, sin funcionarios idóneos, orgullosos de pertenecer a una élite pública? En el Estado argentino sobran las cigarras políticas dispuestas a saltar de puesto en puesto o a atrincherarse para defender la causa, pero faltan funcionarios de carrera que entiendan y empujen el paciente trabajo de hormiga del desarrollo. El próximo gobierno heredará un Estado enfermo y una de sus prioridades será curarlo.

El cuarto insumo, intangible pero esencial, es el liderazgo. Nuestro déficit de institucionalidad tiene su origen en una dirigencia ausente. Del mismo modo que los políticos priorizan el tren que los mantendrá en carrera más allá de ideas y partidos, los tomadores de decisiones en el sector privado miran desde afuera, callan y aceptan para proteger sus intereses, o se indignan y protestan cuando éstos peligran. Pocos tienen conciencia de su rol y su responsabilidad, de las consecuencias críticas de sus decisiones sobre el resto (en jerga económica, sus externalidades). Puedo equivocarme, pero no conozco casos de desarrollo sin liderazgo. Sin referentes públicos y privados que asuman la responsabilidad de mirar más allá del presente y del interés propio, sin delegar en terceros el debate por el desarrollo argentino ni supeditar el futuro del país a un resultado personal. Sin liderazgo político nos perdemos en el ‘yo quiero lo que vos querés’ y el encuestismo adaptativo, en la convalidación de expectativas infundadas y de la ilusión del rentismo permanente. Sin liderazgo privado caemos en el juego de suma negativa del sálvese quien pueda, en la prebenda y el lobby de lo viejo. Sin liderazgo no hay cambio. Y la Argentina necesita cambiar.

En estos días de escepticismo conviene mirar a través de la coyuntura y la andanada de malas noticias para pensar el futuro. El urgente del fin de la recesión y del ostracismo financiero, del control de daños y la casi inevitable recuperación, pero sobre todo el otro, más duradero, de la producción y el desarrollo. Con una premisa en mente: no viviremos de rentas.

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Cuatro años de la muerte (irresponsable) de Néstor Carlos Kirchner, El Furia…“Un fuera de serie. Hacía po lítica hasta cuando dormía. Pero le gustaba mucho la guita. Demasiado”, sintetiza la Garganta.

COLUMNISTAS 27.10.14 | 11:54

Líder de culto y fenómeno delictivo

scribe Oberdán Rocamora

Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

puto y ladrón/ lo queremos a Perón” (consigna anónima)

“Un fuera de serie. Hacía política hasta cuando dormía. Pero le gustaba mucho la guita. Demasiado”, sintetiza la Garganta.

La “guita”, en principio, era sustancial para “hacer política”. Después, con el poder acumulado, la “guita” pasaría a convertirse en el gran obstáculo. No había manera de gastarla. Se desconocía, incluso, dónde ocultarla.

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A cuatro años de la muerte (irresponsable) de Néstor Kirchner, El Furia, correspondería celebrar al militante apasionado. A quien no “dejó las convicciones en la puerta de la Casa Rosada”.

Aquí, precisamente, reside la clave del dramatismo que atormenta a La Doctora, la heredera. Que en mayo de 2003 El Furia ingresaba en la Casa de Gobierno con sus “convicciones” reconocidas. Dispuesto a aplicar su metodología de interpretación del poder, inspirada en la “pasión recaudatoria” (cliquear).

Es el origen de los “desastres seriales” por los que La Doctora debe responder hoy. En momentos de alta sensibilidad, cuando el temor de los adversarios se diluye. Y se animan a impugnarla hasta los empresarios.

El Furia supo construir admirablemente el poder mientras, en simultáneo, consolidaba el Sistema Recaudatorio de Acumulación.

Mecanismo que el portal exploró desde sus comienzos, con el propósito exclusivo de entenderlos. Se remite a los textos iniciales que componen “La Marroquinería Política”, o “El Descascaramiento”. Editados mientras El Furia vivía. Cuando “podía defenderse”.

Construcción y evaporación

En nuestros seminarios privados, suele rescatarse la epopeya del fenómeno kirchnerista. Sobre todo entre mayo de 2003 (cuando El Furia accede al gobierno e inventa Austral Construcciones con Lázaro, El Resucitado) y octubre de 2005. Cuando le perfora la provincia (inviable) de Buenos Aires a Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas). Y conquista la hegemonía total.

Junto a Hugo Chávez, El Furia se dio el horrible gusto diplomático de humillar a George Bush, El Junior, en Mar del Plata. Fortalecidos, ambos extintos, por la prepotencia respectiva del petróleo y de la soja.

Para no ser menos, La Doctora se animó también a maltratar a Obama, El Keniano, en el pleno reciente del Consejo de Seguridad. Con argumentos políticos que no ocultaban el desborde del resentimiento. Por no haber evitado la expresión de la justicia de Estados Unidos. Por no haberla salvado -El Keniano- de la dilatada siesta de la mala praxis, que depositó a la Argentina en el descenso del default y sus derivaciones previsibles. El maldito discovery, que habilita a los sabuesos irascibles de Paul Singer, El Buitrero, para husmear entre cuentas inquietantes.

“Partes sustanciales de un todo complejo, más amplio”. Restos de recaudaciones producidas mientras El Furia, en simultáneo, construía la propia mítica que lo completa. Sopapeaba a Bush,“maltrataba corporaciones culposas”, abusaba de la centralidad desde el conflicto, obligaba olímpicamente al heroico general Bendini a subirse al banquito y retirar los retratos impresentables.

Durante sus mandatos, La Doctora no pudo disfrutar de la complacencia de la gran prensa que supo festejar a su marido. Aunque mantuviera, a su lado, en el arranque, a Alberto Fernández, El Poeta Impopular. La pobre enfrentó severas derrotas, se enroló en causas perdidas, pero registró sus propias recuperaciones. Hasta debió improvisarse para el rol de La Jefa.

En los citados seminarios, así como se trata la epopeya de la hegemonía, desfila también la transformación del poder que se evapora. Sin darle siquiera importancia al clavel inerte de Boudou, El Descuidista, reconocido como el primer gran error de la estadista viuda.

Debe estudiarse la instancia que se extiende desde abril de 2012 hasta octubre de 2013. O sea, desde que en el estadio de Vélez se lanza el movimiento de buscapinas “Unidos y Organizados”.

Cuando La Doctora decide la tontería abrupta de “ir por todo”. Junto a los incondicionales incentivados a fuerza de presupuesto de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora. Hasta que Sergio Massa, el titular de la Franja de Massa, le perfora, a su vez, Buenos Aires, la provincia inviable.

En cuatro años, La Doctora supo mantener, como pudo, los trapos. Pero no supo sustituir el trípode de poder con que gobernó, como dueño, su marido. Junto a Hugo Moyano, El Charol, y Héctor Magnetto, El Beto. Suponer que con el sindicalismo adicto de Yasky y Caló, y con los buscapinas de Unidos y Organizados, podía suplir los servicios que le brindaba Moyano, es tan absurdo como suponer que con las publicaciones satelitales de Szpolski y Gvirtz, y con las escenografías de Grossman, podía suplirse el extinguido favoritismo que le dispensaba Magnetto. Y menos aún con Magnetto -o sea Clarín- en contra.

Es el medio como enemigo (cliquear). Resignado, dispuesto a informar para no morir.
Así sea tardía, que sea bienvenida la información.

“Con Néstor era distinto”

Aparte de una fortuna tan indescifrable como oscura, El Furia le dejó a La Doctora un gobierno con destino clavado de naufragio. Pero cabe consignar que ella aprendió a encarrilarlo. Contó con la inestimable docilidad del peronismo en estado vegetal, que se adaptó a la ficción del rol de conductora. De Jefa.

Entonces La Doctora se lanzó a jugar al solitario con la política. Nadie puede culparla que continúe, aún hoy, con el juego en soledad. Confronta con la tendencia hacia la destrucción, contra la indignación de los sectores gravitantes de la sociedad que no encuentra -por suerte- quien los represente.

Con la iniciativa acaparada, La Doctora se dedica a envolver a los opositores envueltos con las construcciones épicas que sirven para simular el gran fracaso. Mientras se entrega a la seducción generacional de los jóvenes brillantes, que colaboran -junto al peronismo vegetal- para introducir el país en la ciénaga. Sin que se note, en exceso, las marcas del fango. Pero se ampara el negacionismo que indica que no existe el fango, como tampoco existe el default, ni el desacato, ni el estancamiento de la inflación.

Por si no bastara, La Doctora sabe que a sus espaldas prospera, entre los canallas que se colgaban del vestidito negro y dicen defenderla, otra interpretación.

“Con Néstor era distinto. Con Néstor esto no pasaba”. Aunque aquella pasión recaudatoria de El Furia signe las verdaderas pesadillas actuales del gobierno. Por aquella ilustrativa franqueza que lo inducía a abrazar las cajas fuertes que ansiaba llenar.

Cuatro años después, La Doctora trata audazmente de reconstruir a El Furia como el máximo líder popular. Una versión desgarbada de San Martín contemporáneo, un objeto de culto para venerar. Mientras en simultáneo, la gran prensa sobrecargada de información, prefiere presentarlo, por derivaciones de la pasión recaudatoria, como un fenómeno delictivo.

El Furia sostiene, acaso, la compleja combinación de ambas interpretaciones antagónicas.
No deja de ser -la suya- una proeza.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com

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La Doctora ya sabe que, si no se arregla con los buitres, no va a llegar a ninguna parte. Aparte teme que la com pliquen aún más los trascendidos sobre las derivaciones de la pasión recaudatoria del Extinto

Bernardo Maldonado-Kohen para JorgeAsisDigital.com. Jueves, 23 octubre , 2014. / A- A+

La Argentina vuelve a ser negocio

Sobre todo si se atenúa el poder de La Doctora.

La Argentina vuelve a ser negociopor Bernardo Maldonado-Kohen
especial para JorgeAsísDigital

El nombre del Fondo de Inversión, por ahora, se mantiene en reserva. Basta con consignar que arrancan a partir de diciembre con mil millones de dólares disponibles para la Argentina. A los efectos de invertir en distintos rubros. Cuentan con siete mil para la región, y sus responsables mantienen acceso a los otros cuarenta mil millones. Globales.
Cuentan, por supuesto, con los perfiles completos de los tres protagonistas de la miniserie que consagra el Portal (que siguen). Tomografías informativas de Daniel, Mauricio y Sergio. Sonlos tres que coparon el centro de la pantalla (cliquear).
Aunque al decirlo se enoje Randazzo y sostenga, como De la Sota, que los tres protagonistas son los candidatos que imponen los grandes medios.

Con dos de los tres héroes, según nuestras fuentes, el operador del Fondo ya entró en contacto. Consta que una vanguardia instrumental, de los pragmáticos inversores de referencia, se encuentra en Buenos Aires. Al cierre del despacho es probable que se produzca el regreso de la avanzada hacia Nueva York. Para volver hacia mediados de noviembre. Medialuneros abstenerse.

En la evaluación, sus responsables no dudan de la previsibilidad que transmiten las tipologías estudiadas de Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, o de Sergio Massa, El titular de La Franja de Massa, Renovador de la Permanencia.
Les intriga, en cambio, hasta la vacilación, el escenario político y económico que se presente si el ganador es Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol. Al que conocen, casi tanto como a Sergio Massa.
Aceptan, en el plano personal, que Daniel les genera una total confianza. Como si les garantizara cierta responsabilidad. Pero indagan inquietos sobre el poder de decisión que conservaría, en ese caso, La Doctora (“como la llaman ustedes”).
En otras palabras, los fondistas quieren saber con anticipación lo que descuentan que nadie les puede asegurar.
En definitiva, está latente la sospecha de asistir a las vísperas de una imitación del recetario ruso. Como si Scioli, con su positivismo vitalista, representara una versión argentina de Dmitri Medvédev. Para que La Doctora se reserve el rol de Vladimir Putin, y continuar con el ejercicio inalterable e imprevisible del poder.
La Argentina vuelve a ser negocioEl tema merece un informe de Consultora Oximoron. En una cultura fuertemente presidencialista, donde el presidente maneja las claves esenciales. Aunque La Doctora imponga desde el vicepresidente hasta los ministros o los diputados, las secretarias y hasta los choferes.

Los fondistas descuentan, también, que Scioli puede ser el próximo presidente sólo si gana en la primera vuelta. Significa confirmar que el airesolista tiene, en adelante, una tarea imposible. Superar la frontera de los 40 puntos y que el segundo no llegue a los 30.
Más que una hazaña, en términos de hoy sería una utopía. Porque en la segunda vuelta Scioli pierde con cualquiera de los dos. Macri o Massa.
Sondean además sobre la presunta preferencia de La Doctora por tenerlo de sucesor a Macri. Una variante aquí bastante tratada, sin tomarla en serio.
Si el ganador resulta Macri será por exclusiva voluntad de la sociedad. Nunca por el deseo de La Doctora. Sería como adherir al gastado lugar común que indica que De la Rúa fue presidente porque lo prefirió Menem.

Elefantes inadvertidos

Sorprende, pero a esta altura no debe llamar la atención, el conocimiento minucioso, detallado y medular, que los fondistas mantienen sobre la actualidad doméstica. Se explica con superior claridad cuando entre los inversores externos se mezcla un invariable argentino informado. Tan osado como experto. Con experiencia y menor de 50 años. Carteras propias de clientes y rebosantes de contactos.
Los fondistas descuentan que el conflicto con los buitres se va a arreglar, a más tardar en enero. Pese a la dilatada siesta de la mala praxis, y a los réditos del antimperialismo bipolar (cliquear). Se les va a comprar la sentencia a los buitreros de Singer por 1.600 millones de dólares, y habrá que asumir el costo político. Aunque luzca como una capitulación poco elegante. Sin el cuidado estricto por el relato, según la gilipolleada planteada por el señor Vanoli. Fue durante su desborde oral, registrado en la reunión divulgada por el JP Morgan, a la que el funcionario asistió por sus ganas de estar cerca de los astros. Lo que suele describirse como un “cholulo”.
Imaginan que La Doctora ya sabe que, si no se arregla con los buitres, no va a llegar a ninguna parte. Aparte teme que la compliquen aún más los trascendidos sobre las derivaciones de la pasión recaudatoria del Extinto, que culminaron en las travesuras adolescentes de Lázaro, El Resucitado. La Argentina vuelve a ser negocioIndujeron a La Doctora a la faena de rebajarse ante Ricardo Echegaray, El Intocable de la AFIP (cliquear), con una firmeza que instruía aunque ocultaba la desesperación. Para pedirle (ordenarle) a Echegaray que saliera al ruedo enemigo de la prensa. Con el objetivo de equiparar los vicios de El Resucitado con otros mil empresarios que se encuentran en las mismas condiciones por utilizar facturas falsas.
Para que pase inadvertido un elefante en la calle Florida, La Doctora optó por llenar la peatonal de elefantes. Y para que Echegaray, como al pasar, desmienta que La Doctora es socia de Lázaro. Sin percatarse que a los medios le iba a interesar mucho más esa oración que los miles de elefantes.

El muñeco Kicillof

Para colmo, por su conocimiento de la Argentina, los fondistas se permiten la transgresión de corregirnos.
Fue respecto a la publicación de “Axel, el volteador de muñecos”, cliquear. Texto que los fondistas elogian, aunque lo consideran incompleto. Porque argumentan que falta un dato esencial.
Que el muñeco volteador, Axel, fue volteado por La Doctora.
Al incitarlo a demoler el acuerdo que los banqueros habían alcanzado con los buitres. Lo que La Doctora demolió fue la oculta ambición presidencial que movilizaba a Kicillof.
La Argentina vuelve a ser negocioAseguran que Axel, en el estudio de Gottlieb-Cleary (los abogados que representan a la Argentina) se mostraba eufórico con la magnitud del arreglo. Con los ojos brillantes se ilusionaba como un bolche sensible, con su retorno triunfal a Buenos Aires. Con la resolución del conflicto de los buitres en la mano, para ofrendárselo a La Doctora. A los efectos de sumar la solución eficaz al catastrófico acuerdo con Repsol, que posibilita la construcción de un monumento a Bruffau en la Plaza Cibeles. Y al vergonzoso acuerdo con el Club de París, donde le encajaron punitorios hasta por la aorta y se comprometió a pagar dos mil novecientos millones de más. Apenas restaba, a su vuelta, la consagración de Axel como candidato presidencial.

“Creyeron que La Doctora demolió el acuerdo para evitar la idea del Jorge Brito victorioso y salvador. No. Lo que La Doctora no toleraba era precisamente la imagen del Kicillof triunfal. Victorioso y salvador. Y lo bajó a la tierra con un arrebato”.
Al demoler el muñeco Kicillof ,que se ufanaba en Nueva York, es cuando se adquiere mayor solidez la resignación de acordar con Scioli, y convertirlo en el próximo Medvédev. Entonces el acuerdo no se decidió en Roma, en el almuerzo de contención espiritual con San Borocotó.
Un Scioli, absolutamente entregado y sin fichas, es, en el fondo, mucho más manejable y conveniente que un agigantado Kicillof, que cubría la mayor parte de los casilleros con tropa propia. Al servicio, siempre transitorio, de La Doctora. La Muñeca Brava que decidía, en otro arrebato, voltear a Kicillof. Como volteó el acuerdo con los buitres para ingresar, a “conciencia pura”, en el descenso del default, sin calcular la onda expansiva que se le venía en la cabeza con el discovery. Con la acumulación de datos de tanta pasión recaudatoria que signa las actuales decisiones de estadista, aferrada a la corrupción de Estado, en el plano doméstico y en el internacional.
La Argentina vuelve a ser negocioPero los fondistas, a pesar de todo, se disponen a ponerla. La Argentina mediata vuelve a ser negocio. Y si el obstáculo de La Doctora se resuelve, se asiste al renacimiento del clima de inversiones.
Una ensoñación, acaso, de los neo-liberales. Conspiradores,“papagayos de la ortodoxia” (cliquear), que se aferran a la viabilidad. Que confían, a pesar de las turbulencias que vienen con el desastre, por cualquiera de los tres que están en el centro hegemónico de la pantalla. Incluso con Scioli, El Medvédev.

Bernardo Maldonado-Kohen
para JorgeAsisDigital.com

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