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Donnelley

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DIARIOS A CELULARES: en la espera de transporte público.

DIARIOS A CELULARES: en la espera de transporte público. | Foto: Cedoc Perfil

Cada vez más, la Panamericana se va transformando en una especie de Franja de Gaza. Un blanco de combate entre el Gobierno y el sindicalismo trotskista del Partido Obrero y el PTS. A ellos les responde Cristina Kirchner cuando dice “a mi izquierda sólo está la pared” y “a mí nadie me corre por izquierda”. Y ante el cierre de la imprenta Donnelley sube la apuesta aplicándole a la empresa, y por primera vez, la Ley Antiterrorista.

Los que conocen la trama sindical de la zona norte del Conurbano dicen que el parque industrial de Pilar ya es un mundo aparte y que la problemática alcanzó otro estadio a partir del conflicto de Kraft (ex Terrabusi), cuando en 2009 cortaron la Panamericana. Hoy Berni y los gendarmes apertrechados van todos los días de un ramal a otro de la Panamericana para desactivar cortes de tránsito por motivos sindicales. Pero la conflictividad es mayor cuando se trata de empresas norteamericanas, como la mencionada Kraft, la autopartista Lear o la imprenta Donnelley, porque el PO y el PTS confrontan mejor cuando además se trata de una multinacional.

Esa misma lógica llevó a Cristina Kirchner a asociar el cierre de la imprenta Donnelley con una maniobra de los fondos buitre para presionar al país y “poner de rodillas” al Gobierno. Es de esperar que Cristina Kirchner no crea realmente la trama que, según expuso, une en una delgada línea a Donnelley con Paul Singer y su fondo Elliott, porque si lo creyera realmente la Argentina estaría en problemas aun mayores.

Pensar que Donnelley cierra para presionar al Gobierno a pagarles a los holdouts es un disparate. Donnelley cierra porque viene teniendo pérdidas crecientes desde 2010 por causas que son claramente comprensibles si se estudia un poco su tipo de industria. En 2013 Donnelley perdió 25 millones de pesos, tuvo ventas por 311 millones de pesos y costos por 336 millones, dato que omite la Presidenta en su exposición. Es cierto que las ventas de Donnelley no cayeron porque en 2010 fueron de 183 millones. Pero estos datos omiten la inflación (gran problema en el periodismo no especializado que compara números de tres años sin tener en cuenta que hubo en el período más de 100% de inflación). Las ventas de Donnelley aumentaron el 60% en pesos entre 2010 y 2013, pero sólo los aumentos de las paritarias de los gráficos en esos tres años fueron de 109%, casi el doble de las ventas.

También es cierto que los activos de Donnelley son mayores que los pasivos: en el último balance, al 30 de junio de 2014, fueron 175 millones de activos, 151 millones de pasivos y 24 millones de patrimonio neto. Pero la pérdida de 2014 terminaba siendo mayor que el patrimonio neto, porque si hubieran seguido hasta fin de año habrían acumulado otros 40 millones de resultado negativo.

El Gobierno también manipuló las declaraciones del presidente de la Federación de la Industria Gráfica (Faiga), Juan Sacco, quien dijo que no hay crisis en un sector donde existen 6.200 talleres y 70 mil trabajadores. Pero Sacco se refería a las empresas que van desde las casi vulgarmente llamadas “fotocopiadoras” hasta las que imprimen embalajes de productos (que con el e-commerce hasta pueden crecer). La industria gráfica relacionada con las publicaciones y los catálogos de publicidad –las que Sacco llama “rotativas” porque se imprimen en máquinas homónimas– sí está atravesando una crisis, donde se suma una sustitución de mensajes que antes tenían como única plataforma el papel y en parte hoy utilizan plataformas digitales. Las fotos que acompañan esta columna, que muestran con un siglo de distancia a personas esperando un transporte público leyendo el diario y ahora con los celulares, son una buena síntesis de que una parte de la industria gráfica se tiene que reconvertir, lo que no quiere decir que tenga que dejar de existir, ni mucho menos, sino adaptarse a las escalas posibles en cada época.

El mejor ejemplo es el teatro, que hoy está pasando por una etapa de esplendor: hace cien años, las salas eran para más de mil personas y había varias funciones todos los días; hoy las salas tienen menos de 500 butacas y hay varias funciones sólo los fines de semana. El modelo de negocios cambió: hay más teatros más chicos.

Donnelley pidió reducir su personal de 406 a 283 solicitando un procedimiento preventivo de crisis, pero el Ministerio de Trabajo no se lo aprobó. El año pasado, Donnelley también quiso vender su empresa, e incluso un importante impresor local mostró interés. Pero luego de realizar un análisis de la empresa, llegó a la conclusión de que sin poder reducir personal era inviable. Fuentes de la industria gráfica argumentan que, por la crónica falta de rentabilidad, las maquinarias de Donnelley están en pésimo estado, y además de contar con más personal del que la producción actual requiere, una parte de él está sobrecategorizado y el índice de ausentismo es del 20%. Es el único punto donde los empresarios coinciden con el discurso de la Presidenta del jueves, quejándose de grupos de izquierda ortodoxa que “toman posiciones ultras que terminan perjudicando a los trabajadores”.

Esto sucede en mayor proporción en plantas de multinacionales, como Donnelley, porque sus ejecutivos extranjeros no se sienten igual de comprometidos con el futuro. Los tres miembros del directorio de Donnelley Argentina son Luiz Jarlsson Bring, de origen escandinavo y que vive en México (desde donde supervisa las plantas de Latinoamérica), Roberto Rivas, venezolano, y Claudio Raúl Vergara, el único argentino. Vale mencionar que Bring y Rivas se fueron de la Argentina el sábado pasado y Vergara se mudó de su casa de la zona norte del Conurbano a un departamento porteño.

Que haya serias responsabilidades de la dirigencia sindical, que siempre se opuso a cualquier adecuación de la empresa, exigió sobrecategorizaciones y cubrió a los que no querían trabajar, no quita responsabilidad a los directivos de Donnelley por la forma en que están cerrando sin hacerse cargo de conducir un proceso de liquidación prolijo. Para ello, si bien es cierto que no cuentan con la liquidez suficiente, sí existen activos a valor de mercado que podrían permitir recuperar ese dinero si la casa matriz fondease a su subsidiaria y quisiera irse del país de la mejor manera.

Los activos reales de Donnelley en Argentina son el terreno de 60 mil metros cuadrados sobre la Panamericana, con 20 mil metros cuadrados de construcción, que fue valuado en 15 millones de dólares y, dadas las dificultades que atraviesa la venta de inmuebles, se podría rematar en 12 millones de dólares, alrededor de 150 millones de pesos, más las maquinarias, que –aunque viejas y mal mantenidas– podrían venderse en alrededor de 50 millones de pesos. Mientras que las indemnizaciones de todo el personal suman 90 millones de pesos, hay deudas bancarias por 50 millones de pesos y con proveedores por otros 40 millones. Obviamente, si en lugar de una quiebra Donnelley hubiera optado por una liquidación ordenada de su filial, habría tenido que invertir tiempo de sus ejecutivos, muchas tensiones y financiar un proceso de pago de indemnizaciones al contado y realización de sus bienes en uno o dos años.

Ahora se abren otras posibilidades: que la planta continúe funcionando con una forma de cooperativa con ayuda de fondos del Gobierno, o que un empresario cercano al kirchnerismo (un Ciccone más prolijo), que pueda tener influencia sobre el Ministerio de Trabajo y la Justicia, se haga cargo de la empresa y la reestructure, lo que antes no se pudo. De los 406 trabajadores de Donnelley, alrededor de 200 estarían solicitando que se liquiden los bienes y les paguen la indemnización, alrededor de 100 van a trabajar y están haciendo funcionar la imprenta de forma autogestionada, y otros cien estarían indecisos.

El modelo cooperativo al estilo de lo que hizo Moreno con la papelera Massuh no parece ser muy aplicable, porque la comisión interna de Donnelley es más confrontativa que ejecutiva. La hipótesis del empresario amigo (ya se habla de que hay varios interesados y hasta se menciona el nombre de Szpolski) con ayuda del Estado es la que tendría más posibilidades. El problema allí será del principal cliente de la ex Donnelley, la Editorial Televisa/Atlántida, que podría no querer ser abastecida por una imprenta en proceso de readecuación y al mismo tiempo le preocupe una respuesta del Gobierno si buscara otro proveedor. En lo inmediato, la mejor noticia para Televisa/Atlántida sería que el Estado diera continuidad a la empresa reconvirtiendo la quiebra en un concurso hasta que se encuentre una solución definitiva.

El argumento de la Presidenta sobre que el cierre de Donnelley está motivado por los fondos buitre para conspirar contra Argentina choca con que Donnelley también en Estados Unidos viene cerrando plantas de impresión (en 2013 despidió a alrededor de 2.000 empleados). Lo mismo pasa con el argumento de que el fondo de inversión BlackRock está en contubernio con el fondo buitre Elliott, de Paul Singer, porque le compró a este último el 6% de acciones de Donnelley que hoy tiene, ya que choca con que BlackRock fue uno de los que presentaron cartas a favor de la Argentina y en contra de Griesa en la Cámara de Apelaciones de Nueva York.

BlackRock es un private equity (compra empresas) y Elliott es un hedge fund (compra bonos); además, no todos los hedge funds son fondos buitre: a BlackRock se la puede conectar fácilmente con otras empresas porque es el mayor fondo de inversión privado del mundo y tiene acciones en centenas de empresas. Por ejemplo, es dueña del 4% de Telefónica, y –por el absurdo– sería como responsabilizar a BlackRock si mañana Telefe decidiera cerrar sus estudios en Martínez.

¿La Presidenta sabrá lo que está diciendo? Ojalá sea otro efecto histriónico para mantener viva su épica de confrontación con los fondos buitre y correr ella misma por izquierda al Partido Obrero y al PTS. Pero, se lo crea o no, el Gobierno parece estar dispuesto a todo y decidido a encaminar la economía argentina cada vez más hacia recetas desesperadas.

Quedan 481 días hasta el 10 de diciembre de 2015. Serán muy movidos.

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Para recordar a todos estos Soretes que nos inundaron con su moralina y KKismo berreta…falta poco para que reniegue hasta la lacra de 678..a esperar

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Breve manual para robar en la función pública…mucho Argento versado en la temática puede crear la Maestría s para entrenar a los pibes …

Breve manual para robar en la función pública

Viernes, 8 de agosto, 2014

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Foto: Télam

“Si no la ponemos nosotros, no la ponen los empresarios y nadie mantiene todo esto”, dijo la Presi como si cada obra la pagara de su bolsillo. Extrañamente, la guita sale del Estado y va a parar a algunos selectos bolsillos, pero de un modo difícil de entender. Robar en la función pública es todo un arte en el que no todos saltan a la fama internacional, pero muchos hacen su mejor esfuerzo para luego quedar en el más cruel de los anonimatos.

Durante la gestión de Romina Picolotti, el país se dividía entre los que ya llevábamos un posgrado en putear al kirchnerismo y los que no se enteraban que nos gobernaba la selección nacional de amigos de lo ajeno. La gestión de Picolotti era casi monacal en comparación con lo que hemos visto después. O sea, cuando Cristina le ordenó a Sergio Massa que le pidiera la renuncia a Picolotti, Ricardo Jaime ya tenía un yate, un departamento en Brasil, quichicientas propiedades y más cuentas que cuaderno de tareas de alumno castigado. Sin embargo, Picolotti no se fue por sus manejos: la mina del look de corte de agua y ausencia de jabón fue cuestionada durante 2 años y medio por haber nombrado a más de trescientos empleados en su Secretaría, en su inmensa mayoría, familiares, amigos, familiares de amigos y amigos de familiares.

También le habían echado en cara su incapacidad, pero convengamos que eso nunca fue parámetro para el Gobierno que bancaba a Guillermo Moreno. Sin embargo, en un país en el que la Presidente recibe los diarios en papel de manos de un canillita que se mueve en avión, sólo un idiota puede creer que Picolotti la rajaron por ladri: la renuncia le fue requerida justo en la misma semana en la que Alberto Fernández, principal mentor de Picolotti, criticó al Gobierno.

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Foto: CeDoc

Por aquellos meses de 2009, a las denuncias de enriquecimiento ilícito del Gobierno se les ponía el sello de ingreso y el de archivo en la misma Mesa de Entradas del Juzgado en turno y delante del denunciante. Néstor compraba dos millones de dólares un día antes de una devaluación y pocos se preocupaban. A nadie le pareció sospechoso que el ya expresidente justificara su transacción con un “necesitaba comprar un hotel”, dado que todos hemos comprado un hotel cinco estrellas alguna vez en la vida. Julio De Vido ya tenía su chacrita de varias hectáreas en el norte de la provincia de Buenos Aires, y Felisa Micelli ya había pasado a la posteridad por ahorrar de a miles los dólares que guardaba en el baño de su despacho para no gastar de más.

Sin embargo, el caso de Picolotti y su afición por no poner de su bolsillo ni las propinas, sirve para ejemplificar en menor escala lo que pasará con casi todos los funcionarios que se la dieron de patriotas con la ajena: quedarán en el olvido y sólo nos acordaremos de ellos cuando nos enteremos de que, una vez más, están de paseo por Comodoro Py.

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Foto: CeDoc

El comportamiento de la funcionaria que respetaba tanto al medio ambiente que llevaba todo un ecosistema en su cabellera, pinta de cuerpo entero a cualquier funcionario promedio que, a pesar de tener un suculento salario y robar lo que tenga a mano, considera que es justo que todos nosotros le paguemos hasta la niñera de sus hijos.

Hemos visto funcionarios honestos, boludos, corruptos, inteligentes, corruptos boludos, corruptos inteligentes, honestos boludos y honestos porque no les salió otra cosa. Estos últimos forman parte de un grupo interesante, aquel que es honesto porque no se enteró/no supo cómo chorear. Faltó a clases justo ese día y nunca entendió cómo llevarse la torta, la bandeja y, si pinta, a la camarera que la trae a la mesa. Una buena para ellos: cuando alguna mente memoriosa los recuerde, automáticamente dirán “pero era honesto”.

La explicación de por qué se chorea aún cuando ya se tiene todo, es bastante simple: son coleccionistas de guita. Al billete lo ven como un objeto de colección al que hay que admirar. He conocido tipos que, como quien charla del clima, afirman que acomodan sus dólares por modelo, número de serie o Estado emisor. Les gusta verlos, olerlos, tocarlos, saber que están ahí. De esa base para arriba, el resto sigue el mismo patrón.

Tienen treinta propiedades, pero la que más les gusta es la que todavía no compraron. El negociado que más disfrutan es el que está por venir. En un eterno devenir del futuro inalcanzable, nunca están satisfechos: al no coleccionar figuritas, nunca llenan el álbum, siempre hay cosas nuevas y deseables para sumar a la colección.

De chicos se comieron los piojos o eran niños bien, no hay diferencia en el resultado. Los primeros llegan como gordo en huelga de hambre a un asado. Saben que se llenaron con la segunda entraña, pero está todo ahí, para comerse. Y como está para comerse hay que deglutirlo aunque no se pueda respirar. Los segundos todavía no superaron el trauma de la minita que los humilló al recordarles que el auto se los compró papi y están desesperados por tener su propia fortuna, su propia colección.

No la tocan, no la gastan, no la reproducen, sólo la acumulan. Como buenos coleccionistas, no quieren desprenderse de una sola pieza. De allí que los gastos diarios propios y ajenos -cuando quieren impresionar a alguien o mostrar qué tan grande tienen el complejo- son solventados por la caja chica, que de chica sólo tiene el nombre.

El fondo de gastos comunes -la cajita, para los gomías- es un estándar de la administración que abarca desde un destacamento policial en Carmen de Patagones hasta la mismísima presidencia. Un mecanismo dispuesto desde que el mundo existe para que cada dependencia del Estado tenga dinero en efectivo para gastos diarios. Lógicamente, no incluye una cena de camaradería de la promoción 87 del turno mañana mercantil, pero todo se dibuja si se tienen los comercios amigos correspondientes. Ciento cincuenta resmas de hojas y cartuchos de tinta para una repartición que no tiene impresoras, o noventa y dos bidones de agua para el dispenser de una oficina con tres personas, todo vale mientras el proveedor amigo nos dibuje la factura a cambio del pago de IVA. El negocio es redondo, dado que el buen hombre podrá usar ese IVA facturado para vender sin ticket esas ciento cincuenta resmas que no le dieron a nadie.

La caja chica no es sólo un agujero por el que se van millones -cientos de millones- todos los meses sin mayor control que el de las facturas truchas, sino que es el pilar de todo el resto, el entrenamiento básico, las inferiores que hay que pasar para poder chorear en primera.

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Foto: CeDoc

La hermana boba de la caja chica es la locación de servicios, un mecanismo que el Estado también usa para negrear -contratar sin aguinaldo ni vacaciones pagas a personas para que hagan el mismo trabajo que podría hacer un Planta Permanente con todos los beneficios de la ley- pero que también utiliza como si se tratara de una obligación para hacer más billetines. Es la perfección de lo que antiguamente llamábamos ñoqui, un tipo que es contratado para que no trabaje y, al cobrar la contraprestación por el servicio que no realizó, separe la guita del monotributo y entregue el resto a la persona indicada. Es el mecanismo favorito para satisfacer a los militantes de menor rango, pero también viene joya para hacer guita. Un área que necesita de quince empleados, cuenta con diez de planta permanente. Toman a los cinco que faltan, se les paga el monto equivalente a un salario mínimo y se contrata a otros quince por mucha guita. No van nunca. Saquen la cuenta de cuánta se desvía por mes y multipliquen hasta el infinito de reparticiones públicas.

Por todo esto no la rajaron a Picolotti, dado que obra en el Manual del Buen Funcionario. Lo que asusta es que, si la mina nos parece una boluda ratona, es imposible dimensionar la que se han choreado en otros modus operandi.

Licitación directa. Es algo más suculento que la caja chica, aunque opera casi del mismo modo, dado que funciona para comprar de forma rápida pero por montos muy superiores. Al igual que la cajita feliz, se pueden dejar por escrito que se compraron quinientas computadoras que si se recibieron sandías no pasa nada. La mayor escala también aplica a los proveedores, que están registrados en un padrón y son felices por tener un socio que los ayude a blanquear.

Licitación (a secas). Es el mecanismo más entretenido, dado que conlleva tantos pasos a cumplir que el funcionario siente que realmente ganó el dinero por el empeño que le puso al choreo. Gracias a que Cristina hace una cadena nacional por cada paso, además de enterarnos que el Anses le dio un crédito a un jubilado para que se compre un caballo pura sangre, podemos comprender el mecanismo de la licitación: primero se hace el anuncio de la obra que se desea llevar a cabo, se reciben las ofertas y se elige al ganador tomando como parámetros menor costo, mayor beneficio o ambos.

En la habitualidad, esta Disneylandia que nos pinta la ley es un poco diferente y, antes de hacer el anuncio, ya se arregló con uno o con todos los oferentes. Las aperturas de sobres para demostrar transparencia son para la tribuna. Es como que la profesora nos pase las respuestas del examen y luego lo rindamos delante de todos. Si no se pudo arreglar para que los perdedores presupuesten más de quien debe ganar, se le pide al garantizado ganador que le agregue beneficios a su oferta para justificar el mayor costo. Beneficios que nadie comprobará y, si alguien se anima, no faltará quien pueda explicar su ausencia con el aumento de costos de las paritarias y la inflación.

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Foto: Marcelo Papuccio

Como ejemplo podemos poner que la inmensa mayoría de las obras públicas que ha llevado el kirchnerismo adelante las han ganado siempre los mismos tres: Electroingeniería, CPC (Cristóbal López) o Austral Construcciones (Lázaro Báez).

Por eso tardaron tanto en llamar a licitación para la red 4G de celulares: porque no había negocio para propios y amigos, no existía una posibilidad cierta de hacer una gran fiesta y, obviamente, porque las compañías están tan entongadas que acá podemos llegar a comunicarnos con palomas mensajeras sin que a ningún funcionario le caliente.

Tras la sobrefacturación, obviamente, aparece el retorno, ese porcentaje hermoso que excede al costo de la obra y que oficia de mecanismo polimodal en la modalidad favorita para el choreo de los últimos años: los subsidios. Todas las modalidades descriptas precedentemente, no son copyright del kirchnerismo y aún no entiendo cómo no fue declarado patrimonio cultural de la clase dirigente argentina, dado que no reconoce afiliación partidaria ni época histórica.

De más está decir que el subsidio y la empresa con mayoría estatal -o directamente empresa del Estado- no son inventos, tampoco, del Modelo de Redistribución de Culpas con Crecimiento Marginal. Sin embargo, por la proximidad del ejemplo, nos viene joya. El sistema de subsidios que vivimos hoy en día proviene de la eternización de una medida adoptada tras la devaluación de enero de 2002. El aumento de costos de los prestadores de servicios -transporte, energía, etcétera- obligaba a la suba proporcional de los importes a cobrar, los cuales debían ser pagados en su mayoría por asalariados que perdieron dos tercios de su poder adquisitivo de un día para el otro.

Ante este panorama, aparecieron los subsidios para completar la diferencia de guita entre lo pagado y el costo del servicio. La idea -y esto se puede encontrar en el Boletín Oficial- era que los mismos fueran disminuyendo con el paso del tiempo, el aumento de los salarios y la recuperación del consumo. Pero con los años el consumo se transformó en el Alá del fundamentalismo nacional y los subsidios crecieron a la par de la inflación. La calidad cayó por razones obvias: los subsidios son para mantener el servicio, no para mejorarlo ni ampliarlo.

Esto último no se vio reflejado en los números y se pagaron subsidios que alcanzan para tener un tren transoceánico hasta la base Marambio. Así, lo que se originó como un tecnicismo para compensar la diferencia entre costo e ingresos, se convirtió en un mecanismo para lucrar con la diferencia entre subsidio y costo. Los resultados los podemos ver cuando nos cortan la luz en las cuatro estaciones, cuando las fábricas tienen que dejar de producir para que un ama de casa de Balvanera pueda prender la cocina y cuando los trenes le hacen competencia a Lázaro Costa.

Las empresas del Estado quedaron para lo último, dado que es lo máximo a lo que puede aspirar un delincuente que se precie. El primer puesto en la consideración no es en vano, ya que dentro de una empresa del Estado está todo: caja chica hasta para pagar las putas, licitaciones para tirar al techo y subsidios para mantener un precio tentador para los consumidores financiados por personas que nunca podrán disfrutarlo.

El hambre demostrado para pegarse un panzazo de entrada quedó en evidencia cuando se chusmea qué pasó con el tendido eléctrico Pico Truncado-Puerto Madryn, en el cual se denunció un sobreprecio del 400%. O sea, en una obra se pagó lo que deberían haber salido cuatro obras del mismo tipo. Este tipo de maniobras también explica por qué siguen choreando a pesar de amasar la que no podrán gastar en cincuenta vidas. Primero, porque les gusta acumular guita. Segundo, porque si a la siguiente obra se paga lo que corresponde -o un sobreprecio menor- alguien se daría cuenta que en la anterior se choreó, y fuerte. La glotonería de billetines se les prorroga por el cagazo a que vuelva el anonimato el cual relacionan, indefectiblemente, con la malaria.

Es la necesidad de permanecer en el poder en segundas líneas, de saltar de un bando al otro sin tapujos, de acomodarse a último momento con quien tenga chances de llegar al poder, porque para el coleccionista de guita, tener que desprenderse de una sola moneda para pagar un chicle les da la misma sensación de quien vende la tele para bancar el alquiler. Sensación de empobrecerse.

Y en el medio, en cambio, queda nuestra sensación, esa que nos dice que cuando con nuestro sueldo pagamos un café unos veinte mangos, en realidad estamos pagando el nuestro y el del funcionario, que de tan patriota, se merece no gastar su salario astronómico. Después de todo, vivir de la ajena es un trabajo arduo.

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Viernes. Un día como hoy nacía este humilde espacio. Arranca la séptima temporada.

Publicado por relatodelpresente
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“Patria o Buitres no es sólo una consigna”, dijo La Doctora. Tiene razón. Es una trampa para captar incaut os. Para tergiversar el fracaso y transformarlo en otra epopeya.

Hacia otro 14 de junio

De la mano de La Doctora, El Cenador y El Gótico.

Hacia otro 14 de junio

“…el 14 de junio de 1982 cuando el gobernador argentino, el ex general Mario Benjamín Menéndez, se rindió ante el jefe de las ‘Task Force’, Jeremy Moore”. Del Fuego/ noticias

Tío Plinio querido,

“Patria o Buitres no es sólo una consigna”, dijo La Doctora.
Tiene razón. Es una trampa para captar incautos. Para tergiversar el fracaso y transformarlo en otra epopeya. Una derrota venerable y heroica.

El cristinismo, tío Plinio querido, suele aplicar, con bastante suceso, la metodología envolvente.
Y en el ocaso acaba de producir su envoltorio superior. Para envolver a quien lo impugne. Hasta convertirlo en un opositor envuelto.

Para no ser calificados de buitres, o de vulgares vendepatrias, lo que corresponde a los críticos envueltos es callarse. Y otorgar. Ceder el campo libre de la argumentación. Para que prosperen los delirios.
Los paquetes que arma el cristinismo carecen entonces de desperdicios. Útiles para estrellar al país sin contemplaciones pero con énfasis. Con rigurosa tranquilidad. Sin resistencias ni reticencias. Contra el paredón del sentido común. De la sensatez más elemental.

Machu Pichu

No obstante la Argentina, tío Plinio querido, tiene perspectivas favorables. Porque La Doctora se va. Tiene fecha de vencimiento.
Hacia otro 14 de junioExpira, a más tardar, en diciembre de 2015. Falta aún un trecho demencial de estancamiento.

Aguardan alrededor de 150 discursos más. Con aprietes a selectivos fantasmas y con victimizaciones sobreactuadas, ante la magnífica euforia de los “pibes para la liberación”. A un promedio de dos o tres discursos por semana.

Es un retroceso de quince dilatados meses, salpicados de diversos frentes de tormenta. Con la mishiadura de la recesión que se niega. Con la inflación que galopa. Mientras los terroristas irresponsables, buitres de afuera o de adentro, agitan el índice de desempleo.

De todos modos, merced a la patología imperante, hay quien se abusa de la mansedumbre eventual del opositor envuelto.
Hay quien advierte que la confrontación contra los providenciales buitres, tío Plinio querido, es altamente redituable. Tanto, que podría facilitarles la utopía de quedarse.

Por la convicción y la tenacidad, los cristinistas resultan admirables. Van siempre para adelante. Contra el imperio de los buitres o por otra ley de abastecimiento. Aceleran siempre, así tengan por enfrente al foso.
Se las ingenian para extraer beneficios hasta del propio fracaso.

Hacia otro 14 de junio“Piedra en la piedra, y el hombre ¿dónde estuvo?”, pregunta Pablo Neruda, en Las alturas del Machu Pichu.

Error en el error, y el peronismo ¿dónde estuvo?
El peronismo vegetal hoy sepulta transitoriamente su historia. Es una hiedra que se aferra a los desplantes de La Doctora. Con la instrumentación de Kicillof, El Gótico. Y con la falta de estrategia que se le atribuye a Zannini, El Cenador.

El grotesco ya adquiere derivaciones alarmantes. Requieren más del servicio de la medicina clínica que de la psicología. Lo que nada tiene que hacer aquí es la ciencia política.
En Paraguay, por ejemplo, La Doctora se atrevió a decir que “el problema no es sólo de la Argentina, es un problema del mundo contemporáneo”.

¿No será mucho? Cuando La Doctora se manda no tiene el menor freno inhibitorio.
Al globalizar tanto la derrota, lo que se globaliza es la magnitud del ridículo. Y el mundo contemporáneo se nos c… de risa. Se da vuelta por respeto, para reírse mejor.

Maldito Ferembach

La “malvinización”, como concepto, se encuentra, tío Plinio querido, dolorosamente banalizado. Duele aceptarlo.
Por formación y educación, usted también fue malvinero. Se lo evoca pendiente de las informaciones que transmitía el pobre patriota José Gómez Fuentes.
Hacia otro 14 de junioCreyó en aquellas apelaciones emotivamente románticas, que condujeron hacia el terrible 14 de junio de 1982.

Acuérdese, el Papa Juan Pablo Segundo bendecía al pueblo compungido por las calles de Buenos Aires, mientras en las islas mataban y desalojaban a los soldados.
Al malvinizar la cuestión administrativa de los buitres, que fue manejada con escandalosa improvisación y frivolidad, la Argentina del 2014 construye, tío Plinio querido, su propio 14 de junio.

De la mano de La Doctora, del Cenador y del Gótico.
La decisión de defecarse olímpicamente en la sentencia del juez Griesa ya se percibe con claridad meridiana.
Ahora, a la reconocida mala praxis, a la impericia y la dilación, debe agregarse la ostensible mala fe. La tendencia hacia el desacato frontal es explícita.

Pero en Nevada emerge Cam Ferembach. Es otro juez que transforma a Griesa, comparativamente, en un anciano venerable. Un abuelito dulce que reprende con dureza la rebeldía nacional.
En su impulso destituyente, impulsado con seguridad por los terroristas de la imprenta Durelley, y tal vez estimulado por los sobres de Paul Singer, el maldito Ferembach viene a entrometerse en aspectos vinculados a la entrañable corrupción nacional y popular.

El malvado Ferembach pretende indagar en la centena de empresas que se le atribuyen a Lázaro, El Resucitado.
Justamente en la plenitud de la etapa lazarista del cristinismo (cliquear). Cuando se multiplican los bolsones ocultos en las sombras y se alude a la prosperidad trunca de La Rosadita.

Con el emblema del capitalismo triunfal que vino desde el sur. Arrancó con Austral Construcciones, por pura casualidad histórica, entre mayo y junio de 2003.
Hacia otro 14 de junioDespués que Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas) cometiera el invalorable acierto histórico de optar, cuando revoleaba el poder, por Néstor, El Furia.

Entonces es Ferembach quien avanza, desde Nevada, en los asuntos recaudatorios que supo manosear el fiscal Campagnoli.
Es otro problema que cuesta atribuírselo “al mundo contemporáneo”. Es espantosamente local, un dilema apenas familiar.

Una profanación del sistema jurídico del imperio que se lanza a manosear la verdadera esencia cultural del kirchnerismo.

Final con Serpientes y Chanchos

Dígale a tía Edelma que la relación política de La Doctora con El Gótico, según Medea, va a terminar astrológicamente mal.

Tan mal como la que terminó La Doctora con Alberto Fernández, El Poeta Impopular.
A la larga, como la tía Edelma y la Otilia lo saben, una Serpiente como La Doctora (o como Máximo) siempre concluye, con el antagónico Chancho, a los desprecios limpios.
Hacia otro 14 de junioAcuérdese que El Poeta Impopular es un Chancho de Tierra. Enternece el pobrecito cuando exhibe su dramático desconsuelo por los canales de cable.

Y dígale a tía Edelma que, para su evaluación, tenga presente que El Gótico es un Chanchito de Metal.
Que según Medea a veces atrae el encanto de lo opuesto. Aunque se termine, generalmente, para el demonio.
Sea dicho aunque la Otilia -siempre fatal- tenga pesadillas después que se aluda a Satán.

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El “pobrismo”, otro credo lanzado desde el Gobierno KK…basura progre para continuar el relato berreta…mi entras tanto bancamos a ChorizoVudú…!!!

Debate. El kirchnerismo habla ahora de “valores villeros”, en un intento de congelar una ideología reaccionaria, en lugar de destinar políticas serias y eficaces para revertir la pobreza.

El “pobrismo”, otro credo lanzado desde el Gobierno

El “pobrismo”, otro credo lanzado desde el Gobierno

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  • Jorge Ossona Historiador, MIEMBRO DEL Club PolItico Argentino

Un proyecto del oficialismo firmado por los diputados nacionales Andres Larroque y Juan Cabandié propone declarar al día 7 de octubre, en homenaje al natalicio del padre Carlos Mugica, “Día de los Valores Villeros”.

La primera curiosidad es el conjunto de valores “villeros” a reivindicar: la solidaridad, el optimismo, la generosidad, la esperanza, la humildad y el valor de lo colectivo.

Así planteados, el conjunto parece responder a la idealización “pobrista”.

Según esa concepción, bien anclada en la tradición católica, los “pobres” son en esencia gente buena, generosa y solidaria que imita el pasaje de Jesús por esta Tierra. Desde la cinematografía contemporánea así lo dejó testimoniado Vittorio de Sica en su memorable película “Milagro en Milán”. Alli se describe la lucha de un barrio popular italiano de posguerra en contra de los especuladores territoriales. Desde una perspectiva opuesta, otro director italiano, Ettore Scola, en “Feos, malos y sucios” exhibía un panorama en las antípodas: en la lucha por la supervivencia, los miserables de un asentamiento vivían una existencia hobbesiana matándose entre ellos y aliándose con sus propios explotadores en contra de otros pobres.

Pobres “buenos” y “malos”. Clases laboriosas y clases peligrosas.

El proyecto oficialista, sin embargo, es menos importante en sí que por aquello que devela. Sin quererlo, sus inspiradores están reconociendo ladensidad no sólo sociológica sino cultural de la nueva pobreza emergente en el país durante los últimos treinta años. Argumentarán que nadie ha hecho más por los pobres, después de Perón y Evita, que Néstor y Cristina. Pero lo cierto es que luego de una década de “modelo de matriz diversificada con inclusión social” y del “crecimiento más impresionante de los últimos doscientos años”, la pobreza se exhibe como un dato estructural que se autoreproduce.

Hasta los cálculos más optimistas y próximos al Gobierno la estiman en un 18 % de la población; otros, con rigurosidad metodológica equivalente la extienden a más del 25%.

Podrá decirse que fue tal el daño motivado por el “neoliberalismo” que diez años no han alcanzado para revertir la situación. Una mirada menos concesiva podría interpretar los magros resultados como un producto de un designio menos económico que político.

En la nueva era democrática y postindustrial, la pobreza fue descubierta como un insumo de primera magnitud para la producción de votos seguros desde bases territoriales sustitutivas de las sindicales.

Llegados a este punto, cabe formular una breve consideración acerca de los valores villeros reivindicados. Comencemos por la “humildad” y la “esperanza”. El pobrismo identifica a los pobres como el polo positivo de la sociedad. Se trata, una vez más, de u na de las vertientes del discurso católico traducido secularmente por el peronismo.

Ambos conceptos, sin embargo, no pueden escindirse del contexto histórico local. En la ”sociedad móvil y democrática” según Luis Alberto Romero, la “humildad” aludía a trabajadores ávidos de seguir, merced al nuevo impulso oficial, la carrera “esperanzada” del ascenso y de la “dignidad”. La “solidaridad” no era sino la fórmula clásica de construcción de lo colectivo desde asociaciones barriales, vecinales y profesionales. Desde los 80, “humildad” fraguó en “pobreza”. La “solidaridad”, en diferentes estrategias de “supervivencia” que responden a organizaciones formales o informales jerárquicas y autoritarias. Dichos grupos o entidades están regidas por códigos subculturales que, sobre la base de la reciprocidad, configuran una ciudadanía menos individual que colectiva; disposición ideal para el diseño de contingentes de votantes previsibles.

La única coherencia posible respecto del idealizado “valor por lo colectivo”.

El mentado “optimismo” –probablemente extraído de una mirada superficial de ciertas actitudes extendidas en la cotidianeidad de los barrios- no deja de expresar un cierto “inmediatismo” festivo procedente de la alegría por el mero hecho de sobrevivir ante la naturalización de la miseria y de una inseguridad que ha reforzado una visión “fatalista” de la existencia.

Hay otro sesgo del proyecto que merece una última reflexión.

El pobrismo procede de inspiradores que no son precisamente pobres; que no viven ni con ni como los pobres, ni probablemente querrían hacerlo. Tal vez, se inspire en cierto romanticismo pseudoprogresista extendido en algunas franjas culposas y frecuentemente acomodadas de nuestras clases medias.

El reconocimiento de la pobreza “ville ra” como fenómeno “cultural”, en cambio, hasta podría interpretarse como la expresión de un neoconservadurismo discriminador y reaccionario contrario a la citada tradición inclusiva perfeccionada por el peronismo histórico. Una suerte de estigmatización resignada, en este caso, de signo positivo; pero como el amor y el odio, siempre a un tris de habilitar otras en sentido inverso. Ciertas militancias iluminadas, bien distintas a aquella encarnada por el sacerdote Mujica, representan –los “pobres” reales bien lo saben- unaversión posmoderna de la caridad filantrópica del siglo XIX.

Una vertiente de los más tecnocráticos “modos estatales de regulación de la pobreza” que renuncian de antemano a erradicar sus raíces profundas.

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