Veinticinco años después del comienzo del derrumbe, el Muro de Berlín terminó de caer ayer en Cuba. El resta blecimiento de las relaciones con Estados Unidos apagó el último rescoldo de la Guerra Fría.

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La relación EE.UU. – Cuba

Jueves 18 de diciembre de 2014 | Publicado en edición impresa

El análisis

La decisión que cambia todo

Por Carlos Pagni | LA NACION

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Veinticinco años después del comienzo del derrumbe, el Muro de Berlín terminó de caer ayer en Cuba. El restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos apagó el último rescoldo de la Guerra Fría.

Entender esta novedad exige observar distintos tableros. Es el punto de partida de un reacercamiento de Washington a América latina, en un momento en que otras potencias, como China, elevan su perfil en la región. Es el paso más largo que haya dado el régimen de los Castro hacia la liberalización de su economía, que coincide con la crisis de su gran aliado, el chavismo, víctima de la caída del petróleo.

Es el reconocimiento norteamericano a los invalorables servicios cubanos a la pacificación de Colombia. Es el primer gran triunfo diplomático del papa Francisco en su propio continente, que permite olvidar la frustrante mediación entre el gobierno y la oposición venezolanos. Y es una de las dimensiones de ese regreso hacia sí mismo que Barack Obama ha emprendido desde que la derrota electoral comenzó a liberarlo de la carga del poder.

Visto en la perspectiva del corto plazo, el reencuentro entre Estados Unidos y Cuba cambiará la dinámica de la VII Cumbre de las Américas, que se celebrará en Panamá el próximo 10 de abril. Desde que el presidente anfitrión, Juan Carlos Varela, invitó a Raúl Castro a la reunión, Obama comenzó a correr el riesgo de participar sólo para dar explicaciones. Un récord que ya batió George Bush en Mar del Plata.

Ayer se modificó ese panorama. Después de reconocer que la estrategia de aislar a Cuba estaba equivocada, la Casa Blanca anunció una reducción drástica del embargo dispuesto hace 50 años, lo que significa una corriente de personas, comercio e inversión que cambiarán la fisonomía de la isla. El giro se basó en la premisa según la cual no hay democracia sin mercado. En el discurso de ayer, que acaso sea uno de los más trascendentes de toda su gestión, defendió el argumento de que no existe método más eficaz para democratizar una sociedad que independizar a los ciudadanos del asfixiante peso del Estado, expandiendo su capacidad de decisión. Con esa concepción Obama interpelará a los líderes populistas que irán a Panamá, donde habrá una representación importante de la sociedad civil cubana. Y también desafiará a la oposición conservadora de su país, para la que deponer el embargo es ceder ante la dictadura castrista. El republicano Marco Rubio fue ayer el vocero de esa tesis.

Ayer, desde la oficina de Roberta Jacobson, la subsecretaria para las Américas del Departamento de Estado, monitorearon la reacción que produjo la noticia no sólo entre los gobernantes de la región, muchos de los cuales participaban de la cumbre del Mercosur en Paraná, sino también en las redes sociales. La curiosidad va más allá de la preparación del encuentro panameño. Obama confesó que, al aliviar el bloqueo, pretende remover uno de los rasgos más antipáticos de la política exterior de su país frente a América latina.

Esa introspección no se produce en el vacío. La conversación entre Obama y Castro coincide con el derrumbe en el precio del petróleo, que pone en tela de juicio la protección venezolana sobre Cuba. El aumento de las remesas trimestrales a la isla de 500 a 2000 dólares es un maná imprescindible para el régimen. El chavismo gravitó en el Caribe gracias al envió de 500.000 barriles diarios de un crudo 60% más barato que el que se adquiere en el mercado. Esa donación, de la que Cuba es beneficiaria junto a otros 13 países, ahora es inviable. Tal vez por eso Estados Unidos ofrecerá un programa de energías renovables en ese vecindario.

La crisis de Venezuela ofrece también un marco simbólico a la jugada norteamericana. Es decir, corrobora la confesión de Eduardo Galeano. El autor de Las venas abiertas de América latina dijo que esa obra fue escrita sin conocimiento de la economía y la política. Es el libro que Chávez le regaló a Obama.

La tormenta venezolana es la escena de otros movimientos. Hace 15 días todo el gabinete económico de Nicolás Maduro viajó a Pekín para acordar un trueque de divisas por activos petroleros y mineros. Rafael Correa ya había apelado a ese remedio. Y Cristina Kirchner va en la misma dirección. En los 18 meses que lleva como presidente, Xi Jinping ya visitó dos veces la región. Vladimir Putin también se está acercando. En julio pasado los dos visitaron La Habana.

El reingreso de los Estados Unidos a la diplomacia regional por la puerta de La Habana es una respuesta a estas iniciativas. Pronto habrá otras. Por ejemplo, la búsqueda de un candidato de consenso para reemplazar, en mayo próximo, al secretario general de la OEA, Miguel Insulza. Pero sería un error evaluar la noticia de ayer olvidando el servicio que está prestando Cuba al principal aliado de los Estados Unidos en América del Sur. El proceso de paz colombiano sería imposible si los Castro no oficiaran de garantes. Mucho más desde que Chávez falleció. Se entiende, entonces, que Juan Manuel Santos haya sido, junto al Papa y al primer ministro de Canadá, Stephen Harper, uno de los abogados del restablecimiento de relaciones.

A una distancia mayor de la operación, Dilma Rousseff también se beneficia con estas novedades. Ella pretende recomponer durante su segundo mandato las relaciones con los Estados Unidos, que declaró interrumpidas cuando se supo que el gobierno de ese país había intervenido sus comunicaciones telefónicas y las de la turbulenta Petrobras. La aproximación entre Washington y La Habana reduce el costo de esa reconciliación ante la izquierda brasileña. Dilma se mostró muy entusiasta: saludó a Obama, Castro y el papa Francisco por haber logrado "un cambio en la civilización".

Cristina Kirchner no fue tan simétrica. Como, a diferencia de Dilma, ella se va, tiene poco para recomponer. Por eso ayer festejó el "reconocimiento de la dignidad cubana" y admitió "una decisión inteligente" de Obama. Para otorgar este segundo premio utilizó la fórmula de sus grandes resignaciones: "Por qué no decirlo". La misma con la que reconoció, en marzo de 2013, que había sido elegido "un papa latinoamericano". La Presidenta celebró la liberación de tres espías cubanos presos en los Estados Unidos. Pero olvidó la del incógnito espía estadounidense y la del ciudadano Alan Gross, cautivos en La Habana. No deben haber sido decisiones inteligentes. También tuvo un pequeño lapsus cuando dijo, como si fuera una vecina de Oklahoma, "bienvenida Cuba". Eso sí, se atribuyó haber enseñado a Obama el lugar común de Einstein "es de necios hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes", que el presidente demócrata utilizó ayer. Axel Kicillof aplaudió a rabiar el aforismo. ¿Lo habrá entendido?

El papa Francisco puede haber recibido el entendimiento, en el que intervino en persona, como un regalo de cumpleaños. Cuando Obama y Castro lo anunciaban, comenzaron a sonar las campanas de todas las iglesias de La Habana. No es la primera vez que un Castro busca la cobertura de la Santa Sede en una encrucijada. En 1998, cuando el paraguas soviético se había cerrado, Fidel invitó a la isla a Juan Pablo II. En las tratativas, que se realizaron con el auspicio de Bill Clinton, tuvo un rol decisivo Carlos Menem. Ahora que Venezuela está en dificultades apareció Jorge Bergoglio, un protector más familiar: ambos Castro se formaron con jesuitas. Más allá de esos detalles, la diplomacia cubana insiste en un criterio: "Cuando una conciliación la oficia el Vaticano no hay riesgo de que parezca rendición".

Con el acontecimiento de ayer, Obama sigue construyendo su legado. Como todo político privado del poder, él también se vuelve más celoso de su identidad. El presidente de los Estados Unidos está volviendo, para espanto de los victoriosos republicanos, a su agenda original. Los demócratas repitan estos días el mantra reaganiano de los ?80: "Let Reagan be Reagan" (deja a Reagan ser Reagan), "let Obama be Obama". La fórmula incluye la legalización de inmigrantes; la defensa de medidas preventivas del cambio climático que acaba de hacer John Kerry en Lima; y las negociaciones nucleares con Irán.

En el anuncio del reencuentro con Cuba hubo, sin embargo, una peculiaridad. Obama dedicó un largo párrafo de su discurso al reconocimiento de un error. Un ejercicio que otros presidentes no pueden hacer. Incluso Castro..

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El enriquecimiento ilícito de quienes integran la clase social de los delincuentes no es objeto de investigacio nes serias ni penalidades justas, sino de maniobras que garanticen su impunidad.

Opinión

Miércoles 17 de diciembre de 2014 | Publicado en edición impresa

En provecho propio

La clase social que Marx olvidó

Por Marcos Aguinis | LA NACION

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"El 14 de marzo, a las 2.45 de la tarde -dijo Friedrich Engels a los pocos admiradores que se habían reunido dos días después en ese año de 1883 en el cementerio de Highgate en Londres-, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo y, cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre. Es imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Pronto se sentirá el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca."

1984240w300.jpg Foto: LA NACION

Es verdad, sus estudios e investigaciones fueron realizados con la ambición de un científico que anhela ser objetivo pese a los escollos de la subjetividad. Pero ocurre que la ciencia es un laberinto empedrado de misterios y teorías que parecen inobjetables y pueden ser más adelante corregidas, refutadas o complejizadas. La ciencia no es dogma, aunque muchos marxistas cometieron el error de convertir sus investigaciones y sus sueños en una teología. Hoy Marx sigue siendo respetado, pero también es merecedor de críticas honestas.

Entre sus aportes se distingue la lucha de clases como el motor de la historia. Fue inspirado por la dialéctica de Hegel y en su espíritu oscilaba el anhelo profético de la redención mesiánica, que encarnó en la multitudinaria clase del proletariado industrial. Para Marx, la clase social es una forma de estratificación que ata a un grupo de individuos por el hecho de compartir características comunes que los vinculan social, cultural o económicamente, sea por su función productiva, su poder adquisitivo o por la posición que ocupan dentro de la burocracia. Estos vínculos pueden generar o ser generados por intereses o motivaciones que se consideran comunes y que tienden a reforzar la solidaridad interpersonal.

En otras palabras, la sociedad de clases constituye una división jerárquica basada principalmente en las diferencias de ingresos, riquezas y acceso a los recursos materiales. Pero -esto es muy importante- las clases no son grupos cerrados y un individuo puede moverse de una a otra. Para Marx, la adscripción a determinada clase está determinada básicamente por criterios económicos, lo cual marca una diferencia con otros tipos de estratificación social, como los basados en castas, etnias, jerarquías litúrgicas u otras razones que, en principio, no son económicas, aunque la adscripción a un determinado grupo pueda conllevar condicionantes económicos.

Para Marx, las clases sociales también se entienden por su "conciencia de clase", basada en la creencia de que tienen una comunidad de intereses. Aparecen así como estructuras antagónicas en un contexto histórico de conflicto. En sus textos, ha efectuado una minuciosa descripción de las clases sociales que cobraron relevancia a partir de la Revolución Industrial, el gran ascenso de la burguesía y la multiplicación demográfica del proletariado. Pero no alcanzó a visualizar otro grupo de individuos provenientes de diversos sectores, con historiales variopintos, enlazados por comunes intereses económicos, una singular hipocresía ética, largas uñas para apoderarse de los aparatos burocráticos y convertir el Estado en un instrumento de sus ambiciones. Para ser claro, opto por llamarla la clase social de los delincuentes.

Esta clase social crece y prospera donde flaquean las leyes de la democracia. Se apodera de los recursos que, con enorme esfuerzo, fue construyendo la civilización desde los fundacionales tiempos de Hammurabi, Moisés y los genios de las antiguas culturas griega y romana. Destroza los instrumentos de la igualdad ante la ley y no esquiva ninguno de los recursos que proveen los instintos perversos. La clase social de los delincuentes quiere todo el poder y toda la riqueza. Siempre "va por todo".

Prospera con rapidez en los regímenes totalitarios, de derecha o de izquierda. Con afeites apenas convincentes, también emerge en los regímenes sólo autoritarios, casi siempre se agrupa en torno a una figura central, ante la que se arrodilla y obedece de forma acrítica, completamente sometida, sin dignidad ni vergüenza. Esta clase de los delincuentes conforma una elite a la que se le permite cualquier desaguisado. Suele tejer alianzas internas y externas de todo tipo, entre las que no se les tiene asco al crimen, la mentira, la droga u otros tizones del infierno. Gracias a su anatomía piramidal y el tejido de estrechos vínculos que genera el intercambio de privilegios y favores -además del secreto en que deben mantenerse ocultas sus fechorías-, se brindan un apoyo interno recíproco, impúdico y calculado. En nuestra vapuleada Argentina hay casos por demás evidentes, como la indeclinable protección a Amado Boudou, Ricardo Jaime, Lázaro Báez y otros cuyos nombres hasta producen sarpullido en muchos adherentes del partido oficialista. Pero así funciona esta clase social que Marx no alcanzó a incorporar en sus obras.

Muchos casos del extremo a que ha llegado esta clase han existido en las monarquías absolutistas, la Italia fascista, la Alemania nazi, el régimen colaboracionista de Vichy, las cavernas del maoísmo, los asesinatos de Pol Pot, las historias criminales del castrismo y, con edulcorantes apenas operativos, en el autoritarismo "inmaduro" de Venezuela y la semidictadura de Nicaragua.

Manipulan los fondos públicos de forma indiscriminada. Por esa razón crece la desigualdad social, una minoría de empresarios "amigos" se apropian de las obras públicas, escasas decisiones se ajustan a la ley y prevalecen los caprichos del que está un escalón más cerca del ídolo. El enriquecimiento ilícito de quienes integran la clase social de los delincuentes no es objeto de investigaciones serias ni penalidades justas, sino de maniobras que garanticen su impunidad. Como dijo Karl Marx, están hermanados por la forma de adquirir sus rentas y tener una clara "conciencia de sí misma".

Otro dato mayúsculo es su defensa del Estado como garantía de la justicia, la inclusión, la productividad y el bienestar de las mayorías. Mentira. El Estado es el instrumento del que se apropia la clase social de los delincuentes para narcotizar al pueblo y hacerle creer que trabaja en su favor. Pero no es así. Trabaja a favor de quienes integran esa clase llena de codiciosos con cara de ángeles. Sólo a favor de esa clase. Manipula y distorsiona la información, tergiversa las estadísticas, hipnotiza con eslóganes y no cesa de enriquecerse a costa de todos. Por esa razón siempre quieren que el Estado, en vez de ser el controlador ecuánime del mercado, sustituya al mercado, para que el grueso de las riquezas caiga sobe sus cabezas como una lluvia de oro.

La democracia se jibariza bajo el dominio de esta clase social hasta el extremo de quedar reducida sólo a las elecciones, ya que los poderes Judicial y Legislativo son objeto del mayor sometimiento posible. Incluso el Poder Ejecutivo queda en manos de pocos o de sólo uno. La clase social de los delincuentes tampoco deja que las elecciones sean puras. Impone el fraude mediante los aparatos de propaganda facciosa permanente que paga el conjunto de la sociedad. Además, utiliza el soborno mediante el disfraz de los subsidios. En efecto, no aspira a resolver el drama de la pobreza, la desocupación, los "ni-ni", el descrédito mundial ni la peste de la inseguridad, sino a mantenerlos mediante subsidios inacabables y corruptores, con máscaras de falsa solidaridad.

Ojalá Karl Marx hubiera vivido en estos tiempos para agregar algunas páginas que describan mucho mejor que este artículo las pústulas de esa clase social que en sus tiempos no llegaba a los niveles del strip tease que ahora exhibe..

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CFK no es muy diferente que Menem. Sólo modificó el presunto modus operandi que se le imputa en las distintas causas abiertas en la justicia federal. Menem fue acusado de cobrar comisiones a las empresas privadas, mientras que Fer nández de Kirchner es investigada por concesionar obra pública a sus socios, familiares y amigos.

EDICIÓN IMPRESA COLUMNISTAS 17.12.14 | 00:00

Cristina escribe su epílogo

Román Lejtman / PeriodistaRomán Lejtman / Periodista

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Seducida por su infatigable imaginación política, Cristina Fernández siempre creyó que Amado Boudou sería Presidente de la Nación y que su gestión de gobierno implicaría una bisagra histórica en la construcción institucional de la Argentina. CFK se ubicaba junto a Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín, ingresando al panteón político de la mano de Néstor Kirchner, su marido, creador y socio del acervo familiar.
Pero Cristina fracasó en la Casa Rosada y sus decisiones personales ya causan efectos penales. No importa que Eugenio Raúl Zaffaroni aparezca mezclado entre los militantes de La Cámpora sonriendo como una esfinge. Carlos Menem tuvo a Rodolfo Barra en la Corte Suprema y es poco probable que escape a la prisión domiciliaria cuando termine su mandato en la Cámara de senadores.
CFK no es muy diferente que Menem. Sólo modificó el presunto modus operandi que se le imputa en las distintas causas abiertas en la justicia federal. Menem fue acusado de cobrar comisiones a las empresas privadas, mientras que Fernández de Kirchner es investigada por concesionar obra pública a sus socios, familiares y amigos. Desde una perspectiva teórica, la actual administración es más sofisticada, aunque kirchneristas y menemistas coinciden en un hecho irrefutable: todos se hicieron ricos durante sus años en Balcarce 50.
La transición política ha comenzado y Cristina no da señales de entender que los restos de su mandato sólo deben servir para asegurar la continuidad institucional. Ya no tiene legitimidad popular para emprender reformas estructurales que son resistidas por la sociedad. CFK ganó su última elección hace más de tres años y la mayoría de los legisladores que maneja cuentan las horas para apoyar un nuevo modelo peronista.
Mientras tanto, el gobierno de Cristina continúa quebrando todos los récords históricos de corrupción. En treinta y un años de democracia, nunca había sucedido que un Presidente esté investigado por presunto enriquecimiento ilícito y abuso de poder, que un Vicepresidente esté procesado por falsificación documentos públicos, abuso de poder y negociaciones incompatibles con la función pública, que un ministro de Justicia esté imputado por incumplimiento de los deberes de funcionario público, que un fiscal vinculado al gobierno esté procesado por prevaricato, que la mayoría oficialista proteja a un juez federal corrupto en el Consejo de la Magistratura y que un socio privado de la familia presidencial sea investigado en Estados Unidos por lavado de dinero.
Es cierto que hay una guerra sin cuartel entre la Casa Rosada y los tribunales. Pero el gobierno dispara con operaciones mediáticas, escuchas clandestinas y presión política, en tanto que los fiscales y jueces federales sólo han decidido cumplir con su trabajo y exhibir las evidencias que hasta ahora dejó once años de kirchnerismo puro y duro. Es la cadena oficial versus las pruebas en contra.
Anoche, Oscar Parrilli juró como nuevo secretario de Inteligencia y su lugar será ocupado mañana por Aníbal Fernández, que cederá su banca de senador a Juan Manuel Abal Medina, si se respeta la lógica institucional. Cayeron Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher, capos políticos de los espías civiles que ya no satisfacían las ambiciones persecutorias de Balcarce 50. Fernández llevará la agenda oficial y buscará calentar su candidatura a Presidente, mientras que Parrilli se pondrá a disposición del general César Milani, jefe en las sombras del aparato estatal que hace inteligencia sobre todos los miembros del Poder Judicial, el Congreso y los medios de comunicación que investigan y cuestionan la ética de la Presidente y su administración pública.
CFK ya inició la cuenta regresiva y en Tribunales aguardan el momento justo para demostrar que su poder ha terminado. Para los simples mortales, es imposible frenar el rayo de la justicia y la libertad del periodismo, aunque se pinchen todos los teléfonos que funcionen en la Argentina.
Alea Jacta Est.

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Populismo glam versus populismo bizarro. Populismo al fin. ¿Nunca nos cansaremos de repetirnos?

Cuando los buitres tienen razon (*)
16-12-2014
La semana pasada en los tribunales de Nueva York, los Buitres pidieron el embargo de parte de las reservas internacionales del BCRA para cobrarse su crédito contra Argentina porque consideran, en esencia, que el BCRA es lo mismo que el gobierno. Y no se equivocan.

Primero. Durante los 90 el BCRA tenía prohibido financiar al gobierno tanto en pesos como en dólares. Las reservas internacionales estaban destinadas exclusivamente a respaldar los pesos emitidos por la autoridad monetaria. Desde 2002, el BCRA pudo comenzar a otorgar Adelantos Transitorios (préstamos) al gobierno por el equivalente al 10% de la recaudación de impuestos. Desde 2003 se le agregó el 12% de la base monetaria y desde marzo de 2012, ya con el fisco en franco déficit, a la anterior financiación se le agregó un margen adicional de 10%, otra vez, de la recaudación de impuestos.

El margen adicional debería haberse cancelado 18 meses después de ser otorgado, o sea, a fines de 2013 y ser renovado sólo en circunstancias extremas de la economía internacional y/o nacional. Sin embargo, se renovó manu militari sin mediar ninguna discusión profesional sobre el tema. Es más, los Adelantos Transitorios que el BCRA le otorga al gobierno para financiar parte de su déficit, desde diciembre de 2013 (mes en el que el margen adicional debería haberse cancelado), están 10% por encima de aquel límite legal.

De esta manera, los últimos datos del BCRA permiten ver que el financiamiento en pesos del BCRA al gobierno que era cero a fines de la década “neoliberal”, hoy ya llega a los $230.000M (US$27.000M).

Segundo. El asalto a las reservas internacionales del BCRA el gobierno lo comenzó a principios del 2006 de la mano del ex menemista, ex kirchnerista, actual massista Martín Redrado cuando le regaló a Néstor Kirchner US$10.000M para que cancele la deuda con el FMI (gran error, las deudas son del fisco, no del BCRA).

La avanzada sobre las reservas continuó con el reemplazo a principios de 2010 del autor de la Biblia de todo banquero central “Sin Reservas” por la experta en temas sociales Mercedes Marcó del Pont. Se creó el Fondo de Desendeudamiento y hoy los préstamos en dólares del BCRA al gobierno (letras intransferibles) llegan a los US$50.000M Tercero. Durante los 3 primeros años (2010-2012) la “letra” legal (resoluciones y decretos) del Fondo de Desendeudamiento decía que esos dólares se destinaban a pagar deuda con organismos internacionales y con privados. Pero desde 2013, debido al descontrol del gasto público y el déficit fiscal subsiguiente, los presupuestos comenzaron a establecer que si el dinero del Fondo fuera mayor a los pagos de deuda, el “excedente” se destinaría a financiar gastos de capital con la condición de que el impacto fuera neutro desde el punto de vista monetario.

Con respecto a este punto, hay problemas graves y difíciles de dilucidar. Primero, el “excedente” ¿se mide respecto sólo de los pagos de deuda a privados en dólares o también incluye los pagos de deuda en pesos (a privados)? Segundo, dado que el dinero es fungible ¿cómo hacer para diferenciar que el excedente del Fondo de Desendeudamiento se utiliza para gastos de capital y no para financiar ñoquis en el Estado como los nombrados, por ejemplo, por Boudou, Vicepresidente procesado en una causa y que va a juicio oral por otra? Tercero, ¿impacto monetario neutro es que la base monetaria (pesos emitidos por el BCRA) no aumente o que la base monetaria más Lebacs es la que no tiene que cambiar?

Con éste derrotero, hoy el total de fondos que el BCRA le ha transferido al gobierno en los últimos 5 años (2010-2014) ya llega a los $500.000M, con lo cual, el total de préstamos del BCRA al gobierno alcanza a los US$77.000M (casi 2/3 del activo del BCRA), idéntico monto al déficit fiscal acumulado durante La Década Ganada por US$77.000M. O sea, el 100% del exceso de gasto del Estado respecto de la recaudación, al final, lo terminó pagando el BCRA que concluyó siendo la alcancía o el monedero de Cristina (el dinero es fungible y las caídas de la deuda pública por las ganancias de capital debido a las quitas por los canjes de deuda se compensan con las subas de la deuda pública por pérdidas de capital debido a la capitalización de intereses, el ajuste por CER y la devaluación del dólar en el mundo).

Claramente hoy el BCRA, desde el punto de vista económico es un “alter ego” (pantalla) del gobierno, independientemente de lo que la Justicia americana diga. Así como el gobierno ha usado reservas para pagar la deuda que de manera autoritaria decidió pagar (y la que no) o financiar déficit fiscal, parte de las reservas del BCRA deberían ser embargadas para pagar la deuda en default y salir de él. O sea, si el gobierno está dispuesto a usar reservas para comprar el Boden 2015 como la semana pasada ¿por qué no destinarlas para acatar el fallo de Griesa y sacar al país del default que ha profundizado la recesión que ya venía desde finales de 2011, sin que tenga un fin a la vista?

Para finalizar. Durante los 90’s la deuda pública pasó de US$60.000M a fines de 1990 a U$S 145.000 M a fines de 2001, US$85.000M de aumento. Durante La Década Ganada pasó de US$137.000M a US$214.000 M, US$77.000M de suba (igual al déficit fiscal acumulado). Muy parecidos. La única diferencia ha sido que durante los 90 se tuvo la decencia de ser explícito en el desastre fiscal que se estaba haciendo, yendo al mercado a convencerlo de que nos prestara. En cambio. en La Década Ganada, se nos escondió el mismo descalabro fiscal noventista, a través de la inflación, la devaluación, las prohibiciones para importar, girar divisas al exterior, hacer turismo fuera del país y repagar deuda externa privada.

Se podría decir que durante los 90’s el colapso de 2001-2002 fue una muerte súbita con un preludio de vivir anestesiado con la deuda externa. La muerte que nos propuso La Década Ganada es lenta, con una inflación que pasó despacio de 3% a fin de 2003 a casi 40% poco más de 10 años después y una devaluación que ya ronda por 3er año consecutivo el 30%.

En esencia nada ha cambiado en lo profundo desde el punto de vista fiscal entre ambas décadas. Es el exceso de gasto público que carcome la recaudación, la emisión (inflación), las reservas (devaluación), el crédito interno (la deuda pública interna está creciendo de manera exponencial) y si puede, no debería caber dudas que el gobierno intentará colocar deuda externa. Esto ocurre de manera sistemática en el último medio siglo sin importar la ideología del gobierno de turno. Toda gestión político-económica siempre es acompañada por un desborde fiscal que termina en defaults y/o devaluaciones seguidas de un ajuste fiscal.

El default de la deuda pública de fines de 2001, desde lo conceptual, es idéntico al vaciamiento que el gobierno ha hecho del BCRA en la última década. Después de la hiperinflación de 1989-1990 Argentina creció 7 años. Después del colapso de 2001/02 crecimos 8 años. Durante los 90’s tuvimos 4 años de recesión, desde 1998 hasta 2001, previo al ajustazo de 2002. En La Década Ganada ya hace 3 años, desde 2012, que la economía cae. Populismo glam versus populismo bizarro. Populismo al fin.

El problema siempre es el gasto público. Primero gasta la recaudación. Cuando la inflación ya es récord, aflojan con la emisión monetaria. Una vez que las reservas han llegado a un mínimo sostenible dejan de gastarlas. Cuando la colocación de deuda interna ya generó una recesión feroz, comienzan a pensar en endeudarnos externamente hasta que el default es inevitable. He aquí los cinco pasos que inexorablemente sigue el gasto público en el último medio siglo haciendo colapsar todos los programas económicos que se han lanzado.

¿Nunca nos cansaremos de repetirnos?

(*) http://www.lanacion.com.ar/1752586-cuando-los-buitres-tienen-razon

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Caer con las botas ideológicas puestas. Mostrarse como una gladiadora capaz de enfrentar a grupos más poderoso s que Ella. Usarlos como excusa para probar su presunta inocencia o los supuestos ataques especulativos del mercado. Est a es la estrategia

EDICIÓN IMPRESA OPINION 15.12.14 | 00:00

El objetivo final de la Presidenta

por Luis Majul / Periodista
Cristina , Presidenta , Macri , Kirchnerismo , Scioli

Cristina Kirhcner acto 13 dic(Captura de pantalla) Cristina Kirhcner acto 13 dic

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El objetivo final de Cristina Fernández es transformarse en la Gran electora del año 2015. Ambicioso y complicado, es un plan político que apunta en varias direcciones. Una: mantener el poder más allá de su obligada salida de la Presidencia. Dos: evitar un humillante derrotero por los tribunales de Comodoro Py. Y tres: pasar a la historia como la Gran Transformadora de la Argentina, muy cerca de Juan Domingo Perón, y asociada a la figura de su compañera Evita. El discurso de la fiesta de la democracia pasada por agua tuvo esa impronta.

Ella se puso una vez más en el centro de la escena y de la agenda para sermonear a los propios, castigar a los extraños y colocarse como la gran víctima de los fondos buitre, los enemigos de la patria y los grupos y medios concentrados.

En este contexto, un posible acuerdo con los holdouts en los próximos días parece más lejano que posible. Caer con las botas ideológicas puestas. Mostrarse como una gladiadora capaz de enfrentar a grupos más poderosos que Ella. Usarlos como excusa para probar su presunta inocencia o los supuestos ataques especulativos del mercado. Esta es la estrategia que, según sus seguidores más fieles, le ha permitido a Cristina mantener una imagen positiva de más del 40% e incluso amenazar con una candidatura al Parlasur que, en teoría, la pondría por encima de todos los postulantes a Presidente.

Se trata de un poco de verdad mezclada con mucho de magia. Vamos por partes. Es cierto que la Presidenta todavía ostenta un alto porcentaje de imagen positiva. Pero cuando se les pregunta a los encuestadores porqué, la respuesta que más se repite es porque ya la dan por ida. "Es la valoración piadosa y comprensiva hacia una Presidenta a la que le pasó de todo, a nivel político y personal, y a la que le falta menos de un año para terminar. Es consideración humana. No intención de voto",me dijo la responsable de una de las encuestadoras que menos se equivocó en los últimos años. Es decir: le puede servir para condicionar a Daniel Scioli y también a Florencio Randazzo, pero no para transformarse en la jefa de la oposición, o en la gran referente del Frente para la Victoria y el peronismo.

Para eso, necesitaría competir en las elecciones, en serio. No de manera retórica. Y quizá no tenga tantos votos como sus incondicionales dicen que tiene. Algo parecido le sucede en el plano judicial. Si se observa la foto de la semana pasada, muchos se podrían quedar con la falsa idea de que la Presidenta va a terminar de acorralar a los fiscales y los jueces federales con una retahíla de denuncias, juicios políticos, recusaciones y carpetazos. Pero si se analiza con detenimiento cómo funciona el Poder Judicial en la Argentina, y como trabajan, por ejemplo, los jueces Claudio Bonadio, Ariel Lijo y María Servini de Cubría y los fiscales Carlos Rívolo y Carlos Stornelli, se podrá concluir que el vicepresidente Amado Boudou y a la propia jefa de Estado se pasarán una buena parte de los próximos años tratando de probar su inocencia o evitando la privación de su libertad. A ella, lo que más le preocupa, no es su propio pellejo, sino el de su familia.

En especial el de su hijo Máximo Kirchner, cuya firma aparece vinculada con las empresas hoteleras a las que se investigan y con las transacciones comerciales sobre las que ahora hurga Bonadio con energía inusitada. Para ponerse a tono con lo que vendrá, la jefa de Estado comparó la acusación de estupro que recibió Perón, con la supuesta persecución judicial y mediática de la que ella sería víctima. No se trata de una comparación feliz.

A la Presidenta se la investiga para saber si su socio, Lázaro Báez, intentó lavar dinero de dudoso origen. Y si la operatoria de alquilar habitaciones para sobrefacturar servicios constituye un delito contemplado en el Código Penal. También en Montevideo, Nevada, Suiza y Austria, los abogados que trabajan para los fondos buitre litigan para saber si empresas de Báez y Cristóbal López fueron los vehículos para enviar al exterior dinero negro. Sobre la historia con mayúscula y el lugar que Cristina Fernández pretende ocupar se irán encargando las futuras generaciones. Esta semana, de cualquier manera, hubo una pequeña muestra de para dónde va soplando el viento.

En una entrevista para La Nación, Mauricio Macri definió a parte de la política de derechos humanos del kirchnerismo como un "curro" y dio como ejemplo el fraude millonario de la Fundación Sueños Compartidos que manejaron, con distintos niveles de responsabilidad, Hebe de Bonafini y Sergio Schoklender. En otro momento, una buena parte de la dirigencia no hubiera dudado en calificar a Macri de nazi o fascista. Sin embargo, la reacción ante sus declaraciones fue, en términos generales, favorable. Y hasta Julio César Strassera, el fiscal que ayudó a condenar a las juntas militares, se manifestó de acuerdo con la mirada del jefe de gobierno. "Si todavía no empezó la campaña y ni Daniel ni ‘El Flaco’, después de ese ataque, abrieron la boca para defender nuestra política de derechos humanos ¿qué podemos esperar cuando se oficialicen las candidaturas para el año que viene?", se preguntó un dirigente social que se define como un cristinista puro.

Sobre esas omisiones trabaja la Presidenta para transformarse en la jefa de campaña y la gran electora. Lo hace contrarreloj, porque cada minuto de pasa su poder de decisión se licúa más.

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