Los malos finales de los gobiernos peronistas

Por Luis Alberto Romero | Para LA NACION
En la película La caída se reconstruyen los últimos días de Hitler. Encerrado en su búnker, con las tropas soviéticas a pocos metros, trazaba planes fantásticos y daba órdenes a ejércitos inexistentes. Entre ellas, la llamada Orden Nerón: había que dinamitar puentes, ferrocarriles, diques y fábricas; nada debía quedar en pie, nada debía sobrevivirlo. Sobre todo le obsesionó que París fuera incendiada. Pocas de esas órdenes se cumplieron, en parte porque ya no había quien pudiera ejecutarlas, y en parte porque lo evitaron dirigentes como Albert Speer, que pensaba en la futura Alemania y también en su futuro personal. Poco después se precipitó el Untergang (caída, hundimiento) nietzscheano, y las pulsiones apocalípticas del Führer quedaron satisfechas.

Mutatis mutandis, algo de esto ronda hoy en la imaginación de muchos. Si bien quieren proteger al Gobierno hasta la conclusión de su período, temen una cierta pulsión incontrolable de quien, jugando al límite, termine arrastrando a todos. La analogía no debe ir más allá de eso. Pero incita a comparar este momento de final de régimen con otros finales peronistas, en 1955, 1976 y 2001. No porque las situaciones se repitan fatalmente; jamás funciona así la historia. Pero una parte del éxito del peronismo a lo largo de seis décadas se ha basado en una afirmación que, a fuerza de repetida, terminó por imponerse en el sentido común: "Los peronistas saben gobernar; los otros terminan mal". ¿Es realmente así?

El primer peronismo no terminó con un cataclismo, sino por largo desgaste. La crisis de 1949 indicó que la fiesta inicial terminaba y que había facturas por pagar. Luego vino la crisis de 1952, año duro, con ajuste de cinturones, pan negro y la muerte de Evita. Perón capeó el temporal con inteligencia, logró contener la inflación y encaró un nuevo rumbo económico. Se preocupó por la productividad, estimuló al campo y llamó a los inversores extranjeros. Hubo protestas y resistencias en el frente interno, pero no llegaron a mayores, pues Perón detuvo sus reformas. Así, la crisis no estalló, pero tampoco se resolvió.

Más complicada fue la política. Perón obtenía cómodamente más del 60% de los votos, pero el resistente tercio opositor desmentía claramente su pretensión de unanimidad nacional. La maquinaria peronista se lanzó a eliminar disidencias. El adoctrinamiento, la peronización forzosa y la Sección Especial convirtieron el autoritarismo popular en dictadura. Un resultado fue empujar a la oposición hacia el golpe militar. También hubo otros costos. En el Ejército cayeron mal el adoctrinamiento y la faccionalización; la lealtad institucional no se quebró, pero se resintió. En la Iglesia, el rechazo a la peronización se sumó a otra cuestión más grave: los avances del gobierno sobre las organizaciones católicas y su audaz política en cuestiones de familia.

Ninguno de estos conflictos llevaba a un final inevitable. Perón tenía la legalidad institucional, el respaldo militar y un sólido apoyo popular. Lo que no tenía ya era el entusiasmo, la concentración y los reflejos de su comienzo. Se dejó dominar por sus obsesiones y por un ánimo autodestructivo. Cometió el pueril error de embestir groseramente contra la Iglesia y eso bastó para entibiar los ánimos de sus sostenes y amalgamar a sus diversos opositores, hasta entonces muy divididos, que así pudieron derribarlo. Perón no concebía resistir a costa de arrasar con el país y se retiró mansamente. Había desatado incendios, pero conservó su posición de "bombero piromaníaco".

El segundo gobierno peronista, en cambio, terminó en un cataclismo. El incendio que se había iniciado en 1955 llegó a su clímax en 1973; entonces una gran mayoría de argentinos convocó al bombero y le confirió amplios poderes. Perón había dejado atrás la facciosidad y actuó como un ponderado jefe de Estado. Acordó con todas las fuerzas políticas, pero no pudo resolver dos problemas en su propio territorio: un conflicto violento en el seno de su movimiento y un conflicto de intereses sectoriales en la sociedad. Perón murió antes de que la crisis llegara a su punto culminante, pero había dejado como sucesora a su esposa Isabel. Si estaba pensando en liquidar la segunda experiencia peronista, no pudo haber elegido mejor.

Isabel destruyó lo que Perón había construido. Alejó a dos sostenes clave, Gelbard y Balbín, ignoró a los peronistas experimentados y entregó todo el poder a López Rega. Potenció a la Triple A -que había comenzado a actuar en vida de Perón- y así deslegitimó irremediablemente al gobierno constitucional. Desnudó sus limitaciones cuando pretendió imitar a Evita, amenazando con el látigo a la antipatria y a su frente interno. Enfrentó la crisis económica desbocada con dos leyes -la de abastecimiento y la de terrorismo político y económico- tan aparatosas como inútiles, pues sólo podrían usarse contra algún chivo emisario. Remató su faena con el "rodrigazo", un giro de 180 grados que no le trajo ningún amigo, pero la enfrentó con los sindicatos, quienes le ganaron la pulseada. De ahí en más, todo fueron pasos para un final anunciado, que parecía deseado. Nadie pudo haber hecho más para que la alternativa militar arrancara con un clima favorable.

El gobierno de Carlos Menem no terminó en catástrofe porque concluyó un poco antes del inevitable colapso de la convertibilidad, que cayó sobre quienes lo sucedieron. Entonces presidió el gobierno un radical, particularmente ineficiente, acompañado por ministros y legisladores radicales, así como por un vicepresidente, ministros y legisladores entonces ex peronistas, la mayoría de los cuales ha retornado hoy a su tienda de origen. Conviene tener presente que en 1999 quince provincias, incluidas las mayores, siguieron gobernadas por peronistas ortodoxos; que éstos controlaban el Senado; que el nuevo gobierno convivió con la Corte Suprema armada por Menem, y que el ejecutor final de la crisis, el denostado Domingo Cavallo, había sido durante cinco años ministro de Economía de un gobierno peronista. En suma, a los peronistas les cabe una buena parte de la responsabilidad de la crisis de 2001. Justo es reconocerlo, fueron dos peronistas, Duhalde y Lavagna, quienes lograron salir de ella, bien o mal.

¿Puede sorprender que un gobierno peronista, que inicialmente conoció las delicias del éxito, esté llegando a esta situación límite? Todo lo que hoy vemos suena bastante familiar. Por ejemplo, la apelación a los discursos patrioteros y paranoicos o a leyes más propias de un gobierno totalitario, para tapar malamente las evidencias de una crisis económica y social galopante. Sobre todo, impresiona el desprecio, la soberbia con que se consideran las salidas alternativas y la marcha acelerada hacia un futuro sin salida. Y hasta la reminiscencia de una suerte de operación Nerón.

Muchos de quienes hoy rodean a la Presidenta ya especulan con el pos-2015, pero no se animan a abandonar el búnker, atemorizados por su poder de fuego. Ella no conoce el freno y no es fácil saber por qué. Quizá sea cálculo político, similar al de Perón en 1955: un final wagneriano, que esconda sus culpas, y luego una resurrección como la del ave Fénix. Quizá sea ceguera ideológica y pulsión destructiva, ya no moderada por su difunto compañero. Quizá simplemente, como Isabel, obtusa terquedad.

En suma, estamos ante otro final peronista, que dejará a sus supervivientes un país complicado, para decirlo de manera suave. Decididamente, los peronistas no han gobernado bien. No son los únicos, pero eso no los hace mejores. Por suerte, y a diferencia de 1955 y 1976, hoy no existe la opción militar, que transformó aquellos finales en verdaderas catástrofes; ya en 2001 -como en 1989, bajo un gobierno radical- el país salió de la crisis sin rupturas insanables. Ojalá nuestro actual gobierno deseche las pulsiones catárticas que hoy parecen animarlo y no haga las cosas tan difíciles para sus sucesores. Ojalá que quienes acostumbran votar a "los que saben gobernar" esta vez lo piensen bien.

El autor es miembro de la Universidad de San Andrés y del Club Político Argentino .

Publicado en Actualidad | Deja un comentario

El peso argentino sufre por reducción de la reservas internacionales

Por

KEN PARKS

Actualizado viernes, 29 de agosto de 2014 0:02 EDT

BN-EH684_Argent_G_20140828132654.jpg

El Banco Central de Argentina ha intervenido en el mercado de divisas para apuntalar el peso.Bloomberg News

BUENOS AIRES—Las reservas internacionales de Argentina están empezando a bajar después de su segunda cesación de pagos en casi 13 años, lo que aumenta la presión sobre el peso y una economía que se cree está en recesión.

La cesación de pagos ha golpeado a un país ya afectado por la estanflación, una combinación tóxica de crecimiento económico débil e inflación alta. La reservas argentinas están disminuyendo debido a la fuga de capitales, pagos de deuda y la intervención en el mercado de divisas, lo que ha generado temores de que el país se quedará a la larga sin el efectivo que necesita para pagar a sus acreedores y comprar importaciones, una situación que podría paralizar la economía.

En el mercado oficial, el peso ha pasado de 8,20 por dólar antes del default del 30 de julio a 8,404 al cierre del miércoles, su mayor descenso desde una devaluación a principio de año. El declive se produjo pese a que las reservas de divisas y oro del Banco Central se redujeron en US$353 millones en la última semana, a un mínimo de dos meses de US$28.600 millones.

La depreciación del peso en el mercado paralelo no regulado ha sido más pronunciada, de 12,30 por dólar a fines de julio a 14,40 el miércoles, según sitios web locales. La creciente brecha entre la tasa oficial y la del mercado negro normalmente es una indicación de que los argentinos prevén una mayor devaluación del tipo de cambio oficial.

OA-BC194_wsjamd_NS_20140828194931.jpg

Los argentinos bromean con que el peso ha pasado del "dólar Messi" al "dólar Mascherano", en referencia a los números de las camisetas de los futbolistas Lionel Messi y Javier Mascherano, 10 y 14, respectivamente.

La situación, que ha puesto bajo presión a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y al oficialismo, pone de manifiesto las decisiones políticas cada vez más difíciles que afronta su gobierno antes de las elecciones presidenciales del próximo año. La Constitución le prohíbe postularse para un otro período.

El jefe de gabinete de Kirchner, Jorge Capitanich, atribuyó la reciente caída de las reservas a pagos de deuda, incluyendo US$642 millones al Club de París, un grupo de países acreedores, así como a un descenso de los precios de la soya y el oro, y las importaciones de combustible.

No obstante, los analistas dicen que al menos parte de la disminución de las reservas se debe a la venta de dólares por parte del Banco Central para intentar apuntalar el peso. La entidad ha indicado que vendió dólares en tres de las últimas cinco jornadas.

La mayoría de los analistas proyecta que la presión sobre las reservas aumentará a medida que avanza el año debido a los pagos de deuda y los menguantes ingresos de dólares de la temporada de exportaciones de soya, que usualmente alcanzan su máximo durante el segundo y tercer trimestres. El banco de inversión Jefferies LLC considera que las reservas de Argentina terminarán el año en entre US$22.000 millones y US$25.000 millones, en tanto que el banco francés BNP Paribas hace poco redujo su previsión de US$23.600 millones a US$21.600 millones.

El Banco Central también aumentó la incertidumbre al rebajar una de sus tasas de interés de referencia en un punto porcentual a 26% —muy por debajo de la tasa de inflación estimada de 40%— apenas dos semanas después del default. La medida intensificó la presión bajista sobre el peso al sugerir a los argentinos que el gobierno estaba más interesado en impulsar la economía que en controlar la inflación o su moneda.

El martes, el banco revirtió su curso y volvió a elevar la tasa a 27%. En su intento por proteger las reservas internacionales, la entidad también limitó la cantidad de dólares que provee a los importadores, según fuentes al tanto. El banco no pudo ser contactado de inmediato para que hiciera comentarios.

"Verá más controles (…) sobre las importaciones y flujos (de capital) para mantener las reservas. Eso obviamente tiene un impacto sobre el crecimiento. En esencia, lo que ve es un gobierno que está dispuesto a cambiar crecimiento por reservas", dice Sebastián Vargas, economista de Barclays Capital.

En el último mes, más argentinos han intentado cambiar sus pesos por dólares, sacando provecho de normas que permiten a los contribuyentes comprar cantidades limitadas de la moneda estadounidense. Esas compras ascienden a US$239 millones en lo que va del mes, por encima de los US$205 millones de todo julio.

"El Banco Central necesita hallar una combinación de un tipo de cambio (oficial) más débil y tasas internas más altas para quitarle presión a la demanda de dólares", dice Alejo Costa, jefe de estrategia en renta fija de la firma de corretaje e inversión Puente, en Buenos Aires.

Las tasas de interés de referencia tendrían que estar al menos tres puntos porcentuales por debajo de la inflación para darles a los ahorradores suficiente incentivo para mantener su dinero en pesos en lugar de en dólares, afirma Costa.

Hasta el default —que se produjo debido a una batalla judicial entre el gobierno argentino y acreedores que no aceptaron canjes de deuda después de la cesación de pagos de 2001— los inversionistas eran optimistas sobre la perspectiva de que Argentina resolviera sus disputas con los acreedores para conseguir en los mercados de crédito internacionales el dinero que necesita para estabilizar la economía. El Producto Interno Bruto de Argentina se contrajo ligeramente en el primer trimestre frente a un año antes, según cifras del gobierno. Los economistas prevén que la economía se contraiga en alrededor de 1% en todo 2014.

Hace unos meses, Argentina acordó pagar US$9.700 millones al Club de París y le dio cerca de US$5.000 millones en bonos a la petrolera española Repsol SAREP.MC +0.69% como compensación por la expropiación de su filial YPF. Muchos creían que el gobierno de Kirchner no tardaría en hacer lo mismo con un pequeño grupo de fondos de cobertura que habían demandado a Argentina en los tribunales de Estados Unidos para cobrar una deuda que data de 2001.

Sin embargo, Argentina entró en cesación de pagos sobre US$539 millones en intereses que vencieron el 30 de julio, cuando el juez a cargo de la disputa bloqueó la distribución de ese dinero a tenedores de bonos reestructurados después de que el gobierno se negó a pagar US$1.600 millones a los fondos de cobertura que no aceptaron los canjes.

Argentina ahora enfrenta reclamos adicionales sobre sus menguantes reservas de dólares por parte del Club de París y Repsol, pero aún no puede pedir prestado en el exterior para aumentar sus reservas debido al default.

"Los desequilibrios macroeconómicos/default probablemente frenarán la inversión directa extranjera, restringirán nuevas emisiones (de deuda) y alentarán la fuga de capitales", escribió en una nota a clientes Siobhan Morden, estratega de renta fija de Jefferies.

La pregunta ahora es cómo Argentina eludirá una crisis de su balanza de pagos antes de que Kirchner termine su mandato en diciembre de 2015, dice Morden.

Publicado en Actualidad | Deja un comentario

La Patria es el otro, el culpable también

Viernes, 22 de agosto, 2014

0822_Cris3

AFP

Sólo el sadismo más extremo justificaría el hecho de mandar una cadena nacional a la hora de la cena. No hay otra forma de explicar la necesidad de salir por todos los medios de comunicación en el momento en que cualquier ser humano se dispone a relajarse, aislarse del mundo y de la familia poniendo la tele mientras morfa y pone cara de que le interesa lo que le cuentan.

Tan molesto resulta el horario que ni la Presidenta estaba disponible para hablar y salió grabada en un video filmado apenas pasado el mediodía. Podría haber salido en directo, podría haber mandado la cinta en cualquier momento de la tarde, pero no, había que hacerlo a la hora de la cena. Se podría suponer que el anuncio era catastrófico, importantísimo, que generaría revuelo internacional, que cambiaría el rumbo de nuestras vidas. En cambio la Presi dividió el discurso en dos y destinó la primera parte a repetir los mismos diez párrafos que menciona desde el acto del 20 de junio -que la deuda fue creada por fulanito, que creció durante la era de los marcianos, que Obi-Wan Kirchner la reestructuró para librarnos del Imperio, que nos quieren voltear por ser los más mejores, etcétera- y la otra parte la utilizó para leer catorce artículos que estaban colgados en Facebook desde el día anterior. Y mientras nosotros puteábamos, ella cenaba con una delegación de árabes. Sadismo puro.

Si bien quedé sorprendido porque la Presi se quebró y pidió disculpas por estar nerviosa en un video grabado, más me llamó la atención la idea de repetir lo de siempre: cuando las papas queman, se manda un proyecto de ley al Congreso para que “los representantes del pueblo argentino” le den la razón. Lo hizo con la 125, lo hizo con la reforma judicial ¿Cómo no batir su propio récord y meter a Estados Unidos, Europa y la deuda externa en un mismo combo?

Está claro que la intención no es comunicar, porque en los días que corren existen métodos mucho más efectivos para hacer llegar los actos de gobierno a los ciudadanos que utilizar nueve de los doscientos canales que tiene la televisión del año 2014. La idea es canalizar la necesidad de que les den la razón después de mandarse el moco, como cuando teníamos 14 años y puteábamos porque el profesor “nos bochó” después de habernos pasado el año mirando culos. Por eso Kicillof también habla seguido, no para dar ideas o anunciar un plan de acción, sino para putear por lo mal que lo tratan a pesar de todo lo que hizo.

0822_Kici

Telam

Y ahí lo tenemos al animal devenido en sex-symbol de bolsillo, afirmando que los buitres son como los dibujitos animados, que la deuda era una bola de nieve, que la derritieron, la hicieron bolita y ahora la usan los militantes para jugar en el Patio de las Palmeras. Por suerte para Chikillof, su ego inversamente proporcional a sus cualidades de ministro marca ACME está salvaguardado por el apoyo de Cristina -que leería de economía en Wikipedia si los artículos no fueran tan largos- y por el amor incondicional de los analfabestias que aceptaron ir a la Bolsa de Comercio luego de que les prometieran que el Hombre de la Bolsa no vive allí.

Lamentablemente, el Pitufo Sexy no se avivó que esos mismos pibes eran los que llamaban “compañero” a Boudou y ahora creen que la vicepresidencia está vacante. Y si la comprensión de estados de situación le funcionara, al menos, a media máquina se habría preguntado qué tanto vale el apoyo de muchachos que minutos antes aplaudieron a Cristina cuando dijo que Argentina tiene una de las situaciones financieras más sólidas del mundo luego de afirmar que deberíamos armar un sistema financiero en pesos made in Ciccone.

De todos los curas que había en la congregación nos tocó el ateo, el médico curandero, el parrillero vegano, el economista que no cree en el mercado. Todavía no entiendo cómo no pusieron a un activista de Greenpeace al frente de YPF, a Hebe de Bonafini en la Cancillería o a Luis D’Elía en el Ministerio de Cultura.

0822_Cris

Foto: @MarcosBrindicci

Es notorio cómo el Gobierno que más ha dicho en contra de los mercados sea el que más ha dependido de los mercados para subsistir. Sin embargo, insisten y aparece Capitanich para afirmar que una ley que autorice a que el ex tenista Augusto Costa decida cuántos chocolatines Jack debe fabricar Felfort, “impulsará las inversiones y favorecerá al empresariado”.

La discusión entre Estado sí, Estado no, ya estaba zanjada en casi todo el mundo, mientras que acá no concebíamos la idea de que una empresa privada pudiera habilitarnos un teléfono de línea. Durante sus primeros 120 años de historia, la sociedad argentina no tuvo problemas en adaptarse al contexto internacional imperante. Fuimos capitalistas burgueses centralistas en el siglo XIX. Nos adaptamos al capitalismo empresarial del siglo XX y ahí nos quedamos. No hubo problemas estructurales en aplicar en el país la mentalidad imperante en un mundo en el que, a cambio de asegurarnos el ingreso y permanencia en la clase media, aceptábamos ese híbrido de laburante con amenities que aceptamos como base de nuestro sistema de valores.

El mentado Estado de Bienestar se convirtió en moda y vanguardia y, como todos los sistemas capitalistas modernos, surgió en la capital del Imperio: si el capitalismo burgués vio la luz en el Reino Unido, el Estado de Bienestar exitoso se consolidó en los Estados Unidos, mal que le pese a quien le pese. Fábricas poderosas, surgimiento de multinacionales y la idea de un capitalismo nacional que tomara como prioridad el mercado interno y, una vez conquistado, buscara apabullar en los demás países, tampoco es un invento argentino. Era la norma del mundo.

Los movimientos sindicalizados compuestos en su inmensa mayoría por sujetos que no llegaron a ver el surgimiento de estos modelos en sus respectivos países al haber sido expulsados por guerras, sintieron como conquistas lo que tarde o temprano iba a pasar: el cuidado del trabajador para garantizar el capital principal de la empresa. Empresas que concentraban toda la línea de producción y no tenían ganas de perder empleados por problemas de salud o agotamiento y tener que entrenar a un reemplazo. Se perdía tiempo, dinero y producción.

Este modelo de producción que adoptamos como elixir de vida, fue combatido por quienes hoy lo mencionan como mantra proteccionista para justificar cualquier verdura. Lo odiaron e intentaron aniquilarlo. Obviamente, eso tampoco es copyright argento, dado que la insurgencia ocurrió en todos y cada uno de aquellos países en los que a la pendejada le dolía darse cuenta de que eran hijos de cómodos aburguesados.

El capitalismo bursátil que hoy reina en el mundo surgió en los ’80. Los problemas que sacudieron al país durante la década del ’90 fueron idénticos a los sucedidos en otras partes del planisferio, sólo que acá nos hacemos los boludos. Cuando la desocupación coyuntural tocó el 18% durante un trimestre de los 40 que gobernó Menem, en Brasil consideraban adoptar el canibalismo para paliar el hambre de años de desocupación estructural.

Sin embargo, a los problemas que el país no supo/no pudo/no quiso enfrentar, este Gobierno pretendió arreglarlos con soluciones para problemas que ya no existen. Proteccionismo para fábricas de ensamblaje de importados, restricción de exportaciones que no se volcaron al mercado interno. Sólo en carnes perdimos 10 mil millones de dólares en nueve años. Diez mil millones que podrían haberse usado para que se construya todo lo que prometió Cristina, o para que funcione todo lo que inauguró.

0822_Cris2

AFP

Todo lo que regularon para ir en contra del capitalismo financiero mundial, lo fundieron. En 1999 cerramos el gasoducto a Bolivia porque ni lo usábamos, acá se exportaba gas. En 2004 aplicaron las retenciones a los hidrocarburos, en 2005 empezamos a importar, en 2009 reabrimos el gasoducto para poder prender una hornalla e hicimos un acto para festejar la reconexión de la Patria Grande. Como si el Modelo fuera el Joven Manos de Piedra con parkinson, todo lo que tocaron lo hicieron mierda sólo con aplicar remedios obsoletos para la coyuntura internacional a la cual pretendieron insertarse.

Quisieron curar el sida con penicilina. Lógicamente, no funcionó y la frustración los sobrepasa al ver que el Modelo se va a la casita con default, inflación, desocupación estructural y aumento de la pobreza. Como frutilla del postre, ni siquiera tienen a la vista un candidato que les garantice la continuidad del sentimiento de pertenencia. Huérfanos voluntarios, se sienten a la deriva con la partida inevitable de mamá Cristina.

Pocas veces quedó tan a flor de piel la mentalidad sin fuerza de voluntad de buena parte del padrón. La multiplicidad democrática de voces se convirtió tan sólo en un coro gregoriano sin permitirse siquiera la posibilidad de meter un canon de vez en cuando. Miles de boludos repitiendo lo que dice el puntero del barrio, que junto con otros cientos se lo escucharon a un cuadrazo que lo dijo por orden del Chino Zannini que dice que se lo escuchó a Cristina cuando se cepillaba los dientes.

Por eso prende el delirio de hablar de soberanía de la deuda en vez de deuda soberana. Si agarrasen un libro de vez en cuando, o le preguntaran a los profesores después de las charlas del centro de estudiantes, sabrían que deuda soberana es deuda pública, y que de soberanía no tiene un carajo: si se debe, no es nuestro.

También es por eso, por la necesidad de sentirse alguna vez parte de algo con sentido, que no tendrían problemas en defender a rajatabla cualquier banana que se le ocurra a Cristina. Si putearon a la Iglesia porque nombraron Papa a un Bergoglio colaboracionista de la Dictadura y, 24 horas después, estaban chupando cirios y colocando al Papa Peronista de fondo de pantalla, tranquilamente podrían bancar un proyecto de ley que habilite al Consejo de la Magistratura a destituir a un juez federal de los Estados Unidos bajo el principio de la soberanía judicial.

Pero, fundamentalmente, apoyan lo que sea porque tienen miedo. Miedo a tener que asumir que la vida vuelve a ser una mierda. Miedo a reconocer que nunca dejó de serlo, pero que durante doce años se sintieron Donald Trump de paseo por La Salada porque pudieron entrar en el Plan Canje de Calefones de 2009.

Obviamente, ya sabían que la culpa del presente continuo es del mercado, de los capitalistas internacionales, del señor que vive en un duplex en Oslo, del sionismo israelí, de la tía Giuseppina que quiere cobrar la jubilación en euros, del cipayo del portero que putea porque quería armarle la fiesta de 15 a la nena, de los agrogarcas, de Magnetto, de la burocracia sindical -siempre que no sea de los gremios amigos-, de la derecha peronista, de la izquierda troskista, de la clase mierda a la que pertenecen, de Campanella, del imperialismo yanki, del almacenero formador de precios, de la Dra. Pignatta, de los medios hegemónicos, de las multinacionales siempre y cuando no se traten de mineras, de los que gobernaron el país hace 25 años, de los que gobernaron el país hace 36 años, de los que quieren comprar 50 dólares para salvar algo, de los que sueñan con comprarle un juguete decente al hijo, de los que se preguntan por qué tienen que dejar en impuestos el 60% de lo ganado al año, de los que tienen la osadía de reclamar un servicio decente, de la CIA, del Mossad, de Salustriana, de los que quisieron sacar un crédito hipotecario, de los que sencillamente quisieron comprar un libro importado, y de los que son tan idiotas para creer que este Gobierno es un modus operandi del choreo sistemático, cuando todos sabemos que Cristina amasó su fortuna siendo una exitosa abogada sin matrícula.

A todo esto se le suma la indefectible cagada de que ya no estará Cristina para señalarles a quién culpar. Desahuciados emocionalmente, razonarán todo su desencanto en que a Cristina no la dejaron hacer lo que quería hacer, aunque ni ellos sepan de qué se trata.

La culpa, obviamente, será nuestra.

0822_Cris1

Viernes. “Errar es humano, culpar a otra persona es política”, afirmaba un tal Hubert Humphrey mientras culpaba a los Kennedy por comprar votos.

Publicado por relatodelpresente
Todo el contenido publicado es de exclusiva propiedad de la persona que firma, así como las responsabilidades derivadas.

Publicado en Actualidad | Deja un comentario

Quedan 481 días hasta el 10 de diciembre de 2015. Serán muy movidos.

Donnelley

like.png 13
dislike.png 0

Este artículo fue leído 8026
veces

DIARIOS A CELULARES: en la espera de transporte público.

DIARIOS A CELULARES: en la espera de transporte público. | Foto: Cedoc Perfil

Cada vez más, la Panamericana se va transformando en una especie de Franja de Gaza. Un blanco de combate entre el Gobierno y el sindicalismo trotskista del Partido Obrero y el PTS. A ellos les responde Cristina Kirchner cuando dice “a mi izquierda sólo está la pared” y “a mí nadie me corre por izquierda”. Y ante el cierre de la imprenta Donnelley sube la apuesta aplicándole a la empresa, y por primera vez, la Ley Antiterrorista.

Los que conocen la trama sindical de la zona norte del Conurbano dicen que el parque industrial de Pilar ya es un mundo aparte y que la problemática alcanzó otro estadio a partir del conflicto de Kraft (ex Terrabusi), cuando en 2009 cortaron la Panamericana. Hoy Berni y los gendarmes apertrechados van todos los días de un ramal a otro de la Panamericana para desactivar cortes de tránsito por motivos sindicales. Pero la conflictividad es mayor cuando se trata de empresas norteamericanas, como la mencionada Kraft, la autopartista Lear o la imprenta Donnelley, porque el PO y el PTS confrontan mejor cuando además se trata de una multinacional.

Esa misma lógica llevó a Cristina Kirchner a asociar el cierre de la imprenta Donnelley con una maniobra de los fondos buitre para presionar al país y “poner de rodillas” al Gobierno. Es de esperar que Cristina Kirchner no crea realmente la trama que, según expuso, une en una delgada línea a Donnelley con Paul Singer y su fondo Elliott, porque si lo creyera realmente la Argentina estaría en problemas aun mayores.

Pensar que Donnelley cierra para presionar al Gobierno a pagarles a los holdouts es un disparate. Donnelley cierra porque viene teniendo pérdidas crecientes desde 2010 por causas que son claramente comprensibles si se estudia un poco su tipo de industria. En 2013 Donnelley perdió 25 millones de pesos, tuvo ventas por 311 millones de pesos y costos por 336 millones, dato que omite la Presidenta en su exposición. Es cierto que las ventas de Donnelley no cayeron porque en 2010 fueron de 183 millones. Pero estos datos omiten la inflación (gran problema en el periodismo no especializado que compara números de tres años sin tener en cuenta que hubo en el período más de 100% de inflación). Las ventas de Donnelley aumentaron el 60% en pesos entre 2010 y 2013, pero sólo los aumentos de las paritarias de los gráficos en esos tres años fueron de 109%, casi el doble de las ventas.

También es cierto que los activos de Donnelley son mayores que los pasivos: en el último balance, al 30 de junio de 2014, fueron 175 millones de activos, 151 millones de pasivos y 24 millones de patrimonio neto. Pero la pérdida de 2014 terminaba siendo mayor que el patrimonio neto, porque si hubieran seguido hasta fin de año habrían acumulado otros 40 millones de resultado negativo.

El Gobierno también manipuló las declaraciones del presidente de la Federación de la Industria Gráfica (Faiga), Juan Sacco, quien dijo que no hay crisis en un sector donde existen 6.200 talleres y 70 mil trabajadores. Pero Sacco se refería a las empresas que van desde las casi vulgarmente llamadas “fotocopiadoras” hasta las que imprimen embalajes de productos (que con el e-commerce hasta pueden crecer). La industria gráfica relacionada con las publicaciones y los catálogos de publicidad –las que Sacco llama “rotativas” porque se imprimen en máquinas homónimas– sí está atravesando una crisis, donde se suma una sustitución de mensajes que antes tenían como única plataforma el papel y en parte hoy utilizan plataformas digitales. Las fotos que acompañan esta columna, que muestran con un siglo de distancia a personas esperando un transporte público leyendo el diario y ahora con los celulares, son una buena síntesis de que una parte de la industria gráfica se tiene que reconvertir, lo que no quiere decir que tenga que dejar de existir, ni mucho menos, sino adaptarse a las escalas posibles en cada época.

El mejor ejemplo es el teatro, que hoy está pasando por una etapa de esplendor: hace cien años, las salas eran para más de mil personas y había varias funciones todos los días; hoy las salas tienen menos de 500 butacas y hay varias funciones sólo los fines de semana. El modelo de negocios cambió: hay más teatros más chicos.

Donnelley pidió reducir su personal de 406 a 283 solicitando un procedimiento preventivo de crisis, pero el Ministerio de Trabajo no se lo aprobó. El año pasado, Donnelley también quiso vender su empresa, e incluso un importante impresor local mostró interés. Pero luego de realizar un análisis de la empresa, llegó a la conclusión de que sin poder reducir personal era inviable. Fuentes de la industria gráfica argumentan que, por la crónica falta de rentabilidad, las maquinarias de Donnelley están en pésimo estado, y además de contar con más personal del que la producción actual requiere, una parte de él está sobrecategorizado y el índice de ausentismo es del 20%. Es el único punto donde los empresarios coinciden con el discurso de la Presidenta del jueves, quejándose de grupos de izquierda ortodoxa que “toman posiciones ultras que terminan perjudicando a los trabajadores”.

Esto sucede en mayor proporción en plantas de multinacionales, como Donnelley, porque sus ejecutivos extranjeros no se sienten igual de comprometidos con el futuro. Los tres miembros del directorio de Donnelley Argentina son Luiz Jarlsson Bring, de origen escandinavo y que vive en México (desde donde supervisa las plantas de Latinoamérica), Roberto Rivas, venezolano, y Claudio Raúl Vergara, el único argentino. Vale mencionar que Bring y Rivas se fueron de la Argentina el sábado pasado y Vergara se mudó de su casa de la zona norte del Conurbano a un departamento porteño.

Que haya serias responsabilidades de la dirigencia sindical, que siempre se opuso a cualquier adecuación de la empresa, exigió sobrecategorizaciones y cubrió a los que no querían trabajar, no quita responsabilidad a los directivos de Donnelley por la forma en que están cerrando sin hacerse cargo de conducir un proceso de liquidación prolijo. Para ello, si bien es cierto que no cuentan con la liquidez suficiente, sí existen activos a valor de mercado que podrían permitir recuperar ese dinero si la casa matriz fondease a su subsidiaria y quisiera irse del país de la mejor manera.

Los activos reales de Donnelley en Argentina son el terreno de 60 mil metros cuadrados sobre la Panamericana, con 20 mil metros cuadrados de construcción, que fue valuado en 15 millones de dólares y, dadas las dificultades que atraviesa la venta de inmuebles, se podría rematar en 12 millones de dólares, alrededor de 150 millones de pesos, más las maquinarias, que –aunque viejas y mal mantenidas– podrían venderse en alrededor de 50 millones de pesos. Mientras que las indemnizaciones de todo el personal suman 90 millones de pesos, hay deudas bancarias por 50 millones de pesos y con proveedores por otros 40 millones. Obviamente, si en lugar de una quiebra Donnelley hubiera optado por una liquidación ordenada de su filial, habría tenido que invertir tiempo de sus ejecutivos, muchas tensiones y financiar un proceso de pago de indemnizaciones al contado y realización de sus bienes en uno o dos años.

Ahora se abren otras posibilidades: que la planta continúe funcionando con una forma de cooperativa con ayuda de fondos del Gobierno, o que un empresario cercano al kirchnerismo (un Ciccone más prolijo), que pueda tener influencia sobre el Ministerio de Trabajo y la Justicia, se haga cargo de la empresa y la reestructure, lo que antes no se pudo. De los 406 trabajadores de Donnelley, alrededor de 200 estarían solicitando que se liquiden los bienes y les paguen la indemnización, alrededor de 100 van a trabajar y están haciendo funcionar la imprenta de forma autogestionada, y otros cien estarían indecisos.

El modelo cooperativo al estilo de lo que hizo Moreno con la papelera Massuh no parece ser muy aplicable, porque la comisión interna de Donnelley es más confrontativa que ejecutiva. La hipótesis del empresario amigo (ya se habla de que hay varios interesados y hasta se menciona el nombre de Szpolski) con ayuda del Estado es la que tendría más posibilidades. El problema allí será del principal cliente de la ex Donnelley, la Editorial Televisa/Atlántida, que podría no querer ser abastecida por una imprenta en proceso de readecuación y al mismo tiempo le preocupe una respuesta del Gobierno si buscara otro proveedor. En lo inmediato, la mejor noticia para Televisa/Atlántida sería que el Estado diera continuidad a la empresa reconvirtiendo la quiebra en un concurso hasta que se encuentre una solución definitiva.

El argumento de la Presidenta sobre que el cierre de Donnelley está motivado por los fondos buitre para conspirar contra Argentina choca con que Donnelley también en Estados Unidos viene cerrando plantas de impresión (en 2013 despidió a alrededor de 2.000 empleados). Lo mismo pasa con el argumento de que el fondo de inversión BlackRock está en contubernio con el fondo buitre Elliott, de Paul Singer, porque le compró a este último el 6% de acciones de Donnelley que hoy tiene, ya que choca con que BlackRock fue uno de los que presentaron cartas a favor de la Argentina y en contra de Griesa en la Cámara de Apelaciones de Nueva York.

BlackRock es un private equity (compra empresas) y Elliott es un hedge fund (compra bonos); además, no todos los hedge funds son fondos buitre: a BlackRock se la puede conectar fácilmente con otras empresas porque es el mayor fondo de inversión privado del mundo y tiene acciones en centenas de empresas. Por ejemplo, es dueña del 4% de Telefónica, y –por el absurdo– sería como responsabilizar a BlackRock si mañana Telefe decidiera cerrar sus estudios en Martínez.

¿La Presidenta sabrá lo que está diciendo? Ojalá sea otro efecto histriónico para mantener viva su épica de confrontación con los fondos buitre y correr ella misma por izquierda al Partido Obrero y al PTS. Pero, se lo crea o no, el Gobierno parece estar dispuesto a todo y decidido a encaminar la economía argentina cada vez más hacia recetas desesperadas.

Quedan 481 días hasta el 10 de diciembre de 2015. Serán muy movidos.

Publicado en Actualidad

Para recordar a todos estos Soretes que nos inundaron con su moralina y KKismo berreta…falta poco para que reniegue hasta la lacra de 678..a esperar

TapaNoticias1964.jpg?fit=624%2C1200

Publicado en Actualidad